La fuente de inspiración

De repente sintió como la realidad le inundaba de nuevo, poco a poco estaba saliendo de aquel refugio mental que se había construido. Casi de inmediato, un zumbido lo atravesaba todo, llegaba hasta sus oídos, pero se extendía a lo largo de todo su cuerpo. Aquel sonido parecía que estaba avisando de su llegada a la realidad desde un sueño muy profundo. Lentamente la niebla desapareció delante de sus ojos. Ante él, el techo se iluminó tenuemente , a medida que iba despertando la intensidad de la luz aumentaba de forma suave pero constante, como si intentará que sus ojos se habituaran al ambiente de la forma más confortable. De forma casi inmediata, su mente empezó a ser bombardeada de preguntas. ¿Dónde estoy? ¿qué hago tumbado en esta cama?…y quizá la más importante, ¿quíen soy yo?. Lentamente empezó a recordar quién era, él era Pablo Méndez, sí…eso sí que lo recordaba pero ¿qué había pasado? ¿Por qué estaba allí?. …tenía miedo, mejor dicho pánico.
Casi de inmediato un holograma de una persona que parecía un enfermero se proyectó en la habitación delante de él. De forma muy amable le dijo:
- Pablo tranquilo, todo está bien, no se preocupe, estábamos esperando que despertará de un momento a otro
Él tenía muchas preguntas, tenía todas la preguntas y quería respuestas…
El enfermero viendo su cara compungida le dijo: tranquilo, todo a su debido tiempo. Y se acercó hacía él para colocar una sonda electrónica sobre su pecho. De inmediato notó como el sueño le inundaba de nuevo. Le habían sedado. Antes de que pudiera quejarse, la realidad o quizá la ficción, ya se había desvanecido de su alrededor.
Al despertar de nuevo, pudo ver que había varias personas a su alrededor. Eran caras conocidas, sí, caras conocidas, pero…espera estaban como envejecidas. Reconocía a su mujer Elsa, su hermano Juan y esa..¿quíen era esa?. Un momento…esa era su hija, pero ya no parecía una adolescente, era una mujer adulta. Todos ellos tenían lágrimas en los ojos, y le miraban con alegría y ternura.
Primero, frunció el ceño con cara de incredulidad, pero luego miró sus manos, eran manos más viejas, con arrugas. Buscó desesperadamente un reflejo en el que poder mirarse, pero antes de que pudiera hacer nada…la doctora le dijo:
-Pablo, sufrió un accidente en el laboratorio y entró en coma. Nos ha costado mucho tráerle de vuelta, pero finalmente le tenemos aquí.
Su mujer, no pudo contenerse más y se acercó para abrazarle y besarle.
- Cariño, ha pasado mucho tiempo…ha sido mucho tiempo de espera …casí veinte años.
Su corazón se agitó y dió un vuelco, las alarmas de los monitores clínicos que controlaban sus constantes se dispararon…por fín lo entendía todo.
Como en la novela-ensayo que había estado preparando, era un viajero del pasado que visitaba el futuro, pero a diferencia de su novela, su viaje había sido sólo de ída, un viaje de casi veinte años.
Después de una lenta recuperación de tres meses empezó a salir a la calle. Estaba asombrado de la revolución tecnológica que se había producido en su ausencia. No podía dar crédito a todo aquello: coches voladores, hologramas y robots humanoides, fusión nuclear, teletransporte, viaje a otros planetas y galaxias…cada día era un descubrimiento nuevo. Todo parecía sacado de una novela de ciencia ficción.
Su hija vino a recogerle aquel día a casa para el homenaje. Cuando llegó se sorprendió por la cantidad de gente que había y lo emocionados que parecían. Pudo ver a algunos de sus antiguos colegas, pero también mucha gente desconocida.
Su hija empezó el discurso:
- Hoy estamos aquí, para homenajear a mi padre, el profesor Méndez, una de las mentes más brillantes que se han conocido nunca. Y como hija suya no puedo estar más orgullosa.
El profesor estaba confuso, el no recordaba ser una mente especialmente destacada. Él pensaba que su trabajo en el laboratorio había pasado más bien desapercibido. ¿Qué había pasado entonces?
Su hija prosiguío:
- Cuando ocurrió el accidente tenía dieciséis años y mi padre había entrado en coma. Aquel accidente, nos derrumbó. Un día mirando entre sus cosas, descubrí su libro de notas y ensayos, y empecé a leerlo sin poder parar. Aquellas ideas eran tan…diferentes, tan frescas, tan nuevas…lo describía todo, pero de una forma totalmente nueva. Decidí entonces, que la obra de mi padre debía conocerse.
Después de publicarlo, se agotó de inmediato y todo empezó a cambiar….
Todas aquellas ideas nos transformaron por dentro, transformaron nuestra sociedad hasta lo que somos hoy. Nos permitió alcanzar un grado de desarrollo tecnológico y confort social inimaginable hasta entonces.
Papá, - dijo mirándole a sus ojos
- Gracias por dejarnos subir a tus hombros y mirar el mundo con tus ojos .Gracias por ser nuestra fuente inagotable de inspiración.