El hijo soñado

Nunca pensé que estudiar la herencia genética podría cambiar tan drásticamente mi vida. Mi realidad es irracional y sólo la codicia puede justificar mi presencia. Ya no puedo ver de frente a mis padres y no dejo de pensar que estoy aquí a costa de un hermano desconocido.
Desde chico supe que soy adoptado, pero recién ahora, con mis 23 años, tuve la intriga e indagué sobre mis orígenes. Es evidente que no tengo ningún parecido con mis padres. Siempre fui agradecido porque me brindaron todo, aunque no la verdad. Conocer el origen de mi sangre significa conocer un poco más de mí, por eso los senté y sin dudarlo comencé a preguntarles de dónde provengo.
A veces las mentiras sirven para evitar grandes penas, hoy me cuestiono si sería mejor continuar con el engaño de una madre soltera que me abandonó por falta de recursos. Pero no, me han dicho una parte de la verdad, suficiente para generarme más preguntas que me llevan hoy a no saber cómo seguir adelante.
Mi madre me contó felizmente que me gestó durante ocho meses. Al no poder quedar embarazada, decidieron acudir a una nueva clínica de fertilidad aquí en Madrid. Allí le ofrecieron un “catálogo de hijos”, con imágenes que parecían reales mostrando cómo sería su futuro hijo año tras año. Le aseguraron que no padecería enfermedades genéticas, pero también le predijeron color de ojos, tipo de cabello, estatura y hasta cada detalle del rostro. Emocionada me contó que cuando me vio en ese catálogo, sintió que quería que sea su hijo. Y así, como una compra por internet, luego de un tratamiento simple de implantación, ya me estaba gestando.
No sé si por ignorancia o miedo no preguntaron más. Desconocen quienes fueron mis padres, ni cómo generaron esas imágenes mostrando como sería yo en el futuro. Justificaron todo afirmando que los avances en la ciencia y tecnología son maravillosos. Creo que la mente humana tiene lados oscuros irracionales.
Creerás que mi historia no es drama suficiente, quizás no lo sea, pero la historia de mi hermano desconocido lo es.
El siguiente paso para resolver el misterio de mi origen fue buscar la clínica, pero lamentablemente cerró en el año 2008. En internet no hay rastros, pero mi madre recuerda a Santiago Morales, el anestesista, quien me ayudó a resolver mi pasado.
Junté coraje y llamé a un Santiago Morales, casualmente anestesista de un hospital de aquí. Le expliqué lo poco que sabía de mí y accedió a un encuentro. Pidió vernos en un parque una vez entrada la noche. Parecía de unos 65 años y llevaba mirada triste. Como con prisa empezó a desahogarse contándome los restos que faltaban en la historia de mi vida.
En el año 1975 un grupo de doctores decidieron comenzar un proyecto ostentoso para solucionar problemas de fertilidad, lo cual parecía un negocio perfecto. Mediante fecundación in vitro generaron una serie de embriones, que fueron fraccionados en los primeros estadios del desarrollo, produciendo así clones biológicos. Se continuó el desarrollo de un clon de cada tipo y los implantaron en vientres alquilados. Una vez nacidos los niños, fueron criados lejos de la ciudad. Durante 15 años les sacaron fotos, armando así el “catálogo de hijos” con fotos de cada uno de los 20 niños y 20 niñas que habían creado. Muy pocos sabían la verdad detrás de las fotos. 20 años después del comienzo de su negocio, abrió la clínica, donde día tras día llegaban parejas frustradas en busca de una solución. No sólo les prometían hacerlos padres, sino que les mostraban como serían sus futuros hijos. Así, por una gran suma de dinero, les permitían elegir sexo, color de ojos, estatura y otros rasgos. Comenzaron sólo con 40 tipos de hijos, con las características físicas más llamativas para los posibles clientes, aunque la idea era ampliar el catálogo. Una vez que una pareja elegía su futuro hijo, sólo tenían que tomar otro clon que conservaron, y regenerar el embrión para embarazar a la futura feliz madre.
La empresa empezó perfectamente, muchos padres se acercaron, pero los inversores se alejaron. Por lo que generar nuevos tipos de hijos se hizo difícil. Optaron por lo simple, asegurándose que las familias provengan de regiones lejanas, ofrecieron los mismos clones a más de una pareja. En el 2008 cuando una familia se enteró de la realidad, discretamente cerraron la clínica.
Santiago me contó todo para liberarse del peso del secreto guardado, y quizás, para ayudarme. Ese peso ahora lo llevo yo, sin saber cuántos hermanos gemelos míos andan por el mundo. Hoy llevo la tristeza de saber que mi primer hermano, que sirvió de modelo, vivió sólo 15 años, ya que fue desechado como un pedazo de carne vieja… hoy vivo la pesadilla de ser un hijo soñado…