Halliburton, o el adiós al amor.

El abuelo, que vivió el bombardeo de Gernika escondido en un caserío abandonado junto a su madre y su única hermana, que cuando terminaron las bombas y regresó a casa la encontró ardiendo, que siempre recordó el esqueleto en llamas de su bicicleta con llantas de madera, que pasó la guerra sin su padre, un marino mercante que traía ayuda a los republicanos desde la Unión Soviética y a quien la Cruz Roja Española de Cartagena notificó seis meses después de la destrucción de Gernika que seguían sin noticias de su familia, que lloró la desaparición de Richard Halliburton en el Pacífico, en un viaje de Hong Kong a la Golden Gate International Exposition de San Francisco, echaba pestes de Neil Armstrong y de Stanley Kubrick en todas las comidas familiares:

"¿Cómo iba a ondear la bandera americana en un lugar sin aire? ¿Cómo un módulo lunar de 17 toneladas no dejó ni un minúsculo cráter al alunizar? ¿Cómo no se quemaron como pollos al atravesar el cinturón de radiación de Van Ellen? ¡Maldito Kubrick!, que después de rodar “Lolita” se puso a alimentar los deseos de la NASA para enterrar el comunismo soviético, como si llegar a la luna nos fuera hacer olvidar la guerra de Vietnam y la muerte de Luther King".

La familia, especialmente Fernando, mi tío astrónomo, se reía de las historias conspiratorias del abuelo; entonces él, muy solemnemente se retiraba de la mesa, encendía la pipa, ponía un tango de Gardel en el tocadiscos, se sentaba en su mecedora y abría la edición de Bobbs-Merrill de "The Second Book of Marvels": ese era el único momento del año que compartíamos. Tumbada en la alfombra del salón, con la guacamaya "Panamá" sobre mi espalda repitiendo palabrejas, escuchaba a mi abuelo hablar sobre el templo de Júpiter en Siria, sobre la montaña mágica de Japón…

"Halliburton, ¡el hombre que abrió el siglo veinte! Tu bisabuelo le conoció en Panamá en el año 28, cuando cruzó el canal a nado. Dicen que durante todo el trayecto, que duró 9 días, le acompañó una pareja de guacamayas verdes. Una murió durante el trayecto, la otra guaca es “Panamá”, me la regaló Manuel Cevallos el día que nació tu padre, muchos años después. Yo estaba en Chiriquí trabajando como profesor de física, tu abuela casi muere en el parto. Halliburton le había enseñado a hablar, luego se la había regalado a Cevallos; la guaca ya no quería regresar a los bosques. ¿Sabes? Halliburton fue el buque más ligero de la historia, ¡63 kilos! Pagó 36 centavos de dólar por cruzar el canal. Decía que la Gran Muralla China era la única construcción humana que podía verse desde la Luna".

Hace un mes murió el abuelo, en la cama, a la misma hora en que nació, embarrado de cáncer, murmurando "Maldito Armstrong, ¿Cómo iba a ondear la bandera americana en un lugar sin aire? Elenita, léeme una vez más aquello de la luna y la Gran Muralla China". Quiso que me quedara con su guaca, que ayer cumplió 89 años. Ernesta, mi tía zoóloga, dice que es imposible que Panamá tenga esa edad, que probablemente el abuelo inventó esa historia para mí. Vuelvo de un viaje con mi compañero para decirnos adiós, "Panamá" nos ha acompañado. Marina Abramovic y Ulay decidieron despedirse del amor en el cementerio más grande del mundo, la Gran Muralla China, en cuya construcción murieron alrededor de 10 millones de trabajadores. Ojalá alguien haya podido contemplar el adiós al amor desde la luna.