SERENDIPITY: NUESTRO PROPIO DRAMA ECOLÓGICO Y TEATRO EVOLUTIVO

Yo me comencé a darme cuenta de esto en realidad cuando tenía 13 o 14 años en el 87 o 88 y viaje por primera vez con amigos y sin adultos. Recuerdo que esa vez llegamos a la selva en transur por la vía vieja al mar, la de la gran cascada que cae directamente sobre la carretera. Nos hospedamos en una primitiva cabaña que mi padre y sus amigos habían construido en medio de la selva del Choco Biogeografico colombiano, la cabaña de los profesores. A pesar de las ceremonias y el esmero de primera mano de Don Filemon, el sabio hierbatero del pueblo, la primera noche al estar a la orilla del río solo y abrigar como el universo por medio del resplandor de las estrellas se fusionaba con el eco perpetuo de la selva y eran una sola cosa conmigo mismo en el infinito… especulé que al otro día debíamos devolvernos para Cali, ya que “esto” estaba muy peligroso. Ese “esto”, el Todo, tan sorprendente y aterrador en aquel momento era la ecología albergada en sensación al extremo intertropical.
10 años después, recuerdo que le decía al Sabio, Ecólogo y Profeta holandés Marnix Beking (mi profesor de ecologia en la U) que inventara una investigación en los Farallones de Cali hacia el Choco Biogeografico, y él me respondía que esta solo la lograría conceptuar bien alguien que conservase la virtud de haber nacido y criado cerca de allá, que era un ecosistema muy complejo y que el problema residía en que copiábamos muchas teorías de gente como él, entonces en la practica y sobre todo, agrego yo, en la comunidad no había sincronía con el espacio, ni con el tiempo, “estamos reimprontados”. Nunca olvidare la primera clase de Marnix cuando después de contar algunos de sus logros como biólogo, filosofo y ecólogo en cabeza de la facultad de Ecología, nos dijo a todos que el no sabia que era eso (ecología), que lo único que podíamos hacer era caminar y que hiciéramos preguntas, pero sobre todo que NO preguntáramos el nombre de las cosas, sino que pensáramos interrelacionalmente.
LA IMPRONTA DEL PAISAJE
Mucho antes de ello, mi abuelita Emilia, trajo del extranjero a finales de los años 70 un TV de color rojo y esquinas redondas como sacado de “La Naranja Mecánica”. Ese TV sicodélico, el primero a color en la familia, fue un gran referente en mi vida.
En aquel entonces, siendo yo de preescolar, en las mismas playas del río Aguaclara hallaba centenares de ranas muy chicas de diversos colores. Con mi mama y mi hermana hacíamos lagunas de piedras y arena a la orilla del río para separar especies por figuras y color; también allá, mi madre, me enseño como armar y encender un mechero, colocar un toldillo y sobre todo lo mas importante: como atravesarme el río nadando por la corriente apuntando siempre en diagonal; con Héctor Fabio aprendí a sumergirme en los remolinos y tocar el fondo de ellos; sin embargo, solo hasta que fui con Carlos Hinaoui y Jorge Lobatón la primera vez sin adultos en el 87 o 88, concebí que era la selva. Unos años después con Archi, Sabina y María los cuatro en uno mismo, disfrutando de nuestro tiempo libre de adolescentes y mirando la rutina de la gente desde lo impredecible de cada día en los valles, en los cerros y en los Farallones imaginábamos con extravagancia por primera vez para nosotros la palabra “Ecología”. Poco a poco se exteriorizaba el Genius Luci del paisaje local arraigado en el alma de todos desde que nacemos y que la mayoría aun tenemos en corto circuito.
Pero me “integre desintegrandome” al final de los años 70 y en los 80 embriagado por la novedad del verde de la natura que aparecía por primera vez virtual en las pantallas de TV. Siento que asimile sin querer algunos asombrosos paisajes de películas de dibujos animados “muy rosa” como “Bamby”, “Asterix”, “Oso Yogui”, “los Pitufos”, “Abeja Maya”, etc., sus panoramas “improntaron” mi desarrollo y mi sentido de ubicación. Por fortuna, muy pequeño y paralelo a la TV también dormí muchas veces en la selva de Aguaclara en el pacifico colombiano. Sin embargo, aun recuerdo intacto el contraste entre las dulces historias de la TV y la complejísima y aterradora selva. El problema no era que la selva tan cercana a mi casa fuera aterradora y los bosques importados de la TV eran agradables, el problema era que la selva era desconocida, mientras el bosque de la TV era algo familiar. por eso decidí ser profesor de ecología para compartir nuestros propios saberes locales desde la investigacion científica.