ALGO DEL PÀSADO

Corría el año 3.023. Veníamos de haber pasado unas felices vacaciones en el planeta Tierra. Durante el viaje interestelar con destino a Saturno, encontré un objeto extraño en la aeronave. Era de pequeño tamaño pero tan resistente como el grafito de antaño. Telepáticamente conecté con la base lunar de Titán. Estaba de guardia el crápula de RAJ-O. Un robot empático y servicial. Al instante me dio la solución. Se trataba de una grabación datada en la primera década del siglo XXI. Sin tardanza me dispuse a escuchar. El espectro fonográfico registraba unas bandas de tonos agudos propios de un ser humano del género femenino con su interlocutor masculino. El automatismo del traductor simultáneo, hizo todo lo demás.
- “Retengo el humo unos segundos pero no pases pena. Luego en un intenso soplo de inigualable placer, lo exhalo lentamente. Disfruto apasionadamente de una carne roja regada con caldos de la Ribera del Duero. En la sobremesa, Napoleón me acompaña como fiel amigo. Acto seguido me entrego sin reservas a realizar la fotosíntesis, bajo el seductor sol de la dehesa extremeña. ¡Esto es vida! ¿Sueño o realidad? ” -Oí decir-
Con la mente detuve la grabación. ¿Cómo Napoleón llegaría a Extremadura? Además en aquella época el proceso de la fotosíntesis en humanos no estaba resuelto. Jocosas conjeturas se agolpaban en la mente. Sin duda vínculos invisibles obraban el reencuentro de vidas alejadas en el espacio tiempo. Visualicé la presencia del emperador francés con nuestra anónima criatura. La verdad, un tanto hedonista.
Eché en falta la expresión tan humana de hemorragias de placer. Según la historia Napoleón tuvo tiempo para todo. Claro que el metabolismo al deglutir tales viandas unidas al vino de la ribera de un río... también coadyuvaría al éxito total de la enigmática protagonista con todo un personaje.
Y yo, en mi supina ignorancia de tales artes, enredado en la investigación del universo ignoto… pero la curiosidad del científico hizo que regresara de nuevo a la escucha activa.
“… De repente, una voz inteligentemente artificial me llamó:
- …pase a la consulta del Servicio de Oncología Radioterápica”-
- ¿Fantasía o realidad?”

Me quedé con las ganas de interactuar.
Del lúdico ensueño se pasó al no fumar, no beber alcohol, ni abusar del sol, como factores de prevención. ¿Fantástica realidad?
“… yo pacífica mujer iba a ser bombardeada. Me esperaban 30 sesiones, una careta chula, amén de tatuajes en el torso para lanzarme a la arena como un gladiador.”
Se inició un diálogo
-Buenos días doctor-
-Adelante por favor, pase usted ¿Cómo se encuentra?-
- Perpleja-
-No se preocupe. Voy explicarle la terapia a seguir, fruto de la tecnología punta. Disipe temores y preste atención. Tenemos muchas posibilidades de que todo vaya realmente bien.-
- Sé doctor que en mejores manos no puedo estar. Por eso he esperado a que regresara del congreso de Texas.-
- En primer lugar hablaremos de la simulación del tratamiento. Vamos a fabricar con material termoplástico una máscara personalizada, y con ella realizaremos un TAC en el cual reconstruiremos su cuerpo en tres dimensiones. Así, a continuación podremos virtualmente delimitar el volumen blanco, y hacer una estimación bastante exacta de la cantidad de radiación ionizante que llega a sus tejidos sanos circundantes. La máquina en la que se va a tratar es un acelerador lineal de última generación y lleva incorporado un sistema de imagen guiada que permite una colocación milimétrica en cada sesión.-
La grabación se paró bruscamente. Con la destreza propia de un científico, pude subsanar el problema. Ahora en escena se incorporaba un tal Gabo. ¡Qué locura! En realidad era una cita. Deduje que alguien notorio debió ser en su tiempo.
Concluía la conversación.
-“Gabriel García Márquez, en su obra El amor en los tiempos del cólera, hablaba de la autoridad de la muerte. Usted doctor, con esa sonrisa que abraza, ha relatado la “autoridad de la vida” y de la “esperanza” en la lucha sin cuartel contra la plaga del siglo XXI. La alianza entre la investigación científica y la sociedad española garantizará el éxito tan deseado como trabajado. Porque una Nación sin el talento investigador no tendrá futuro-”
Al final mi felicidad fue plena al pensar que hoy, el cáncer, entre otras tantas patologías terrícolas, había sido definitivamente erradicado por la Ciencia del siglo XXII. La investigación logro el fin perseguido.
Alarmas luminosas y acústicas avisaban de la entrada en la órbita de Saturno. La sorpresa fue mayúscula cuando, ya en el hogar, un androide, guiñando sus parpadeantes ojos demostró con datos que mi estirpe procedía de la unión entre Napoleón con una morenaza extremeña conocida como Guadalupe. No me lo podía creer.
- ¿Por qué mi mujer se había empeñado en poner a nuestra hija Guadalupe?-
Pero eso era otra historia.