Al límite

Aquel fue otro estrepitoso día.
Desperté sobresaltado veinte minutos más tarde de lo habitual, -¡horror no sonó la alarma del despertador!. Tomé una ducha rápida de agua fría para despejarme y un calentísimo café. El amanecer radiante predecía un caluroso y sofocante día.
Salí a toda prisa hacia la oficina, normalmente el tiempo del trayecto es de cuarenta minutos en coche, hoy lo intentaré hacer en treinta y cinco. Noté como el corazón se aceleraba, el estómago se estremecía y mi espalda totalmente contracturada, la tensión era tal que pensé que estallaría.
El tráfico era el habitual, -¡ pero por Dios porqué todos los semáforos están en rojo!…. Al menos la reunión estaba prevista para las nueve y toda la documentación estaba organizada y preparada.
No pasa nada Nacho, me decía a mí mismo para tranquilizarme, sólo te retrasas unos minutos, nada más va a fallar hoy.
Sólo quedaban unos diez minutos de trayecto, ¡genial! pensé y puse esa cara de felicidad que no se puede disimular, estaba nervioso y excitado, de pronto sonó el móvil, era mi jefe, estaba malhumorado, preguntaba, preguntaba y preguntaba…¿Por qué no has llegado todavía?, ¿tienes todo preparado para la exposición del proyecto?, ¿dónde has guardado los informes?...
Colgué sin contestar, agobiado y abrumado, sentí que el corazón se disparaba y el estómago se estrangulaba, enfurecí, mis ojos se salían de sus órbitas, por alguna extraña causa mi cuerpo llegó a un límite sin control. Aparqué el coche como pude y sin apenas poder caminar me dirigí a la oficina. De camino, mi cuerpo se comportaba de manera extraña, sentía cómo mi ser salía de mí a gran velocidad y volvía haciéndome caer al suelo del impacto. Tenía tanta energía acumulada que buscaba salidas para expandirse y liberarse, se creó en torno a mí una espiral de campo energético con ondas de mayor y menor nivel de energía en diferentes sentidos y con un promedio de distancia que aumentaba y disminuía sin control.
Paralizado en el presente todo daba vueltas, viví el futuro dos horas más allá del minuto en el que me encontraba, perdido en el limbo sin poder parar de correr hasta que volví a mi ser y sentir que tenía cuerpo.
Un cuerpo agotado por la sobrexcitación, me temblaban las piernas y caí al suelo de nuevo.
Mis compañeros me miraban alucinados, y asustados o preocupados llamaron al 112. El pronóstico fue el esperado un caso más de agobio por stress.