El éxodo rural

Llegó tal punto en el cual las personas vivían una vida miserable, encarcelados por el dinero, la comida y la energía. Demasiada gente, consumo, redundancia de lo innecesario. Sin propósito la sociedad avanzaba sin sentido, consumiéndose en una creencia irreal de bienestar que se nos vendió para el bien de algunos.
Madres empezaron a ver morir a sus hijos al no soportar los niveles de contaminación e inadecuada alimentación. Empezó un movimiento masivo para dejar las grandes urbes, se vendieron las casas para aprovisionarse de lo necesario para empezar de nuevo lejos de este mundo de codicia. En cuestión de meses ya no quedaban caravanas para comprar, el sistema empezaba a desmoronarse, las familias se iban instalando cerca de las rutas donde los agricultores pasaban regularmente a ofrecer sus productos, pero el dinero no daría para siempre y todos empezaron a cultivar los campos abandonados que iban encontrando, a recoger el agua de la lluvia, y a construirse refugios con lo que encontraban o se habían podido llevar. Había algo bonito en ello, el instinto de supervivencia creaba un sentimiento de hermandad que a pesar de las dificultades hacía tirar adelante estas nuevas sociedades.
Los que quedaban en la ciudad ya no lo hacían por voluntad propia sino porque no tenían más opción. Las drogas y la pobreza se habían apoderado de gran parte de la población, estos ya no pudieron escapar y se quedaron vagando hasta morir de hambre.