Cinco minutos

— ¿Estás lista?
— Cinco minutos… y termino… — respondió semiautomáticamente, procurando no perder la concentración ni su diana. Sólo se escuchaba el zumbido del ventilador de la cámara y del ordenador a la que se conectaba. En medio del laboratorio, Clara tenía encima del hombro una cámara de gran envergadura con botones de colores distintos y varias pantallas desplegables, posicionada apuntando hacia un tanque de vidrio de la estatura de una persona y varios metros de ancho y largo. El tanque, lleno de agua marina, normalmente tenía en el interior un pulpo pero ahora estaba vacío y lo único que contenía era una pelota del tamaño de una uña flotando a media agua. Mirando fijamente la pantalla principal, con la mano izquierda Clara reajustó el enfoque de la imagen y enseguida disparó con la derecha. Se intensificó el zumbido del ventilador y durante unos segundos el susurro del paso del haz de fotones en las coordenadas señaladas advertía que el más mínimo movimiento de la cámara dañaría la imagen final. Se hizo silencio y entonces, finalmente respiró hondo.
— Voy a guardar la cámara y ya estoy. Al final han sido menos de cinco minutos. — dijo con tono triunfal mientras se levantaba y se dirigía al ordenador.
— ¿Te refieres a los cinco minutos de ahora o a los de hace media hora? — le replicó Lea irónicamente — ¿Qué hacías, de todas formas? ¿No habías dicho que hoy no podrías hacer experimentos? Además, veo que hoy te falta tu compañera de aventuras pulpo…
Desviando la atención de la pantalla, Clara le echó una mirada de falso enojo cómplice — Veo que no se te escapa ni una.
Clara volvió a mirar la imagen que acababa de capturar. Su diana había quedado incluida en el paso del haz pero no estaba centrada. A la próxima lo haría mejor. Suerte que el lóbulo óptico de Octopus es el ganglio central más grande de su cerebro, si fuera cualquier otra región tendría que practicar la puntería mucho más. Con 65 millones de neuronas, no sólo es la región responsable de procesar la información visual sino que además juega un papel crítico en el control motor superior y en la memoria. La peculiar forma de donut del sistema nervioso central de Octopus tampoco ayudaba en estas técnicas de imagen de alta precisión.
— Me ha fallado el software de reconocimiento y traducción de patrones de coloración, el código debe tener algún error. Así que no podía monitorizar eficazmente su bienestar y no he hecho experimento. Además, la tormenta de anoche ha puesto bastante material en suspensión y en el tanque, el agua estaba provocando interferencias en la imagen, así que tuve que recalibrar el blanco. Ya que había sacado la cámara, aproveché para practicar mi puntería y mano de cirujano. — En este momento, recogía ya todo el material de imagen que debía devolver a su lugar, en la sala adyacente al laboratorio. De camino, sugirió — Si quieres puedes ir recogiendo la pelotita diana del tanque con el salabre. Nos iremos antes.
Así lo hizo Lea y al ir a guardarla ya desalada y seca, reparó en un nuevo objeto encima de la mesa. Un pulpo en miniatura de goma blanquecino con zonas opacas, que más bien parecía de juguete, estaba apoyado sobre la mesa con los ocho brazos extendidos y perfectamente equidistantes.
— Oye, ¿por qué tienes un juguete en forma de pulpo con una cara un poco extraña?
Ella soltó una ligera risa y elevando la voz le contestó desde la sala donde aún guardaba el material — Me lo han traído los de la Sección 9 para que le dé un vistazo. Es uno de sus prototipos de robots autónomos Bitpod. Lo han construido mediante impresión 3D y litografía blanda y se mueve sin cables ni baterías. Al parecer esta versión es capaz de interaccionar con el medio.
Lea acercó los ojos al pequeño Bitpod que tenía en la palma de la mano y de repente, sostuvo la respiración. Bitpod retorcía suavemente dos de los brazos pero el movimiento se estaba trasmitiendo gradualmente a los restantes seis brazos y en su interior se había encendido un cableado rojo y azul, como si fueran terminaciones nerviosas.
— ¿Lo has encendido? ¡¿Cómo lo has encendido?! ¡Todavía no me había dado tiempo a examinarlo! — Clara estaba de nuevo en el laboratorio.
— Pues … no lo sé … — le contestó Lea distraídamente, sus ojos no se desenganchaban del pequeño autómata.
— Ahora sí que ya no nos vamos en cinco minutos. — dijo Clara cogiendo Bitpod en sus manos. Entonces se dirigió a larga estantería al fondo del laboratorio en búsqueda del famoso protocolo Ámbar del que tanto hablaban en la Sección 9.