DILEMAS FOTÓNICOS

“Buenos días. Pase. Póngase cómodo. Siéntese.”
“No, gracias.”
“¿Qué tal está? ¿Se encuentra bien?”
“Algunos días te levantas por la mañana y sabes que va ser un buen día. Otros días (en media de lunes a viernes) te levantas por la mañana y sabes que va a ser un día entre malo y horroroso. Bueno, yo no tengo días de descanso así que ya se puede imaginar.”
“¿Está seguro de que no quiere sentarse?”
“Sí, la inmovilidad es un estado que no me corresponde. Sencillamente no puedo sentarme. O quedarme de pie, parado. ¡No!”
“No se preocupe. Usted póngase como se encuentre mejor.”
“¿No le molesta, verdad?”
“¿Qué?”
“Que me siga moviendo. Perdone, pero cuando me paro me siento perdido, como si ya no supiera que estaba haciendo.”
“No me molesta en absoluto. Solo quiero que se encuentre bien.”
“¿Está seguro? Parece mareado. Aquí dentro tampoco hay mucho espacio. ¿Nunca le falta el aire? ¿No se siente como si llevara puesta una camisa de fuerza?”
“¡Estoy perfectamente! Perdone usted, pero aquí el médico soy yo, si no me equivoco.”
“No, no se equivoca. Es para eso que he venido.”
“Muy bien. Dígame entonces cuál es su problema. Como puede ver el tiempo corre y mi agenda está llena. No puedo permitirme retrasar las siguientes citas.”
“Ah, el tiempo. Sí, el tiempo, siempre corre demasiado rápido. El tiempo de dar un paso y ya todo a tu alrededor ha cambiado. Se habrá dado cuenta alguna vez. Todo se mueve tan rápidamente.”
“Me temo que esta solo es su opinión. Para mucha gente el tiempo pasa demasiado lento y la mayoría lo consideramos del todo relativo.”
“Por favor, ¡pare ya! ¡Qué horror! No he venido a que me confunda más.”
“¿Está confundido? ¿Para eso ha venido? Cuénteme su problema, no se corte.”
“¡Más quisiera yo! Sí, estoy confundido. Aunque parece tan normal. Todo el mundo debería sentirse así, no hay otra manera.”
“¿Así cómo? Trate de no dar tantas vueltas. Sea directo. Lineal.”
“Estoy totalmente incapacitado de hacer eso. A ver, como se lo digo. Creo que tengo… No. Tengo trastorno de identidad disociativo.”
“¿Cómo?”
“Sí, personalidad múltiple.”
“Sé que es un trastorno de identidad disociativo. Soy psiquiatra. ¿Pero usted como lo sabe? ¿Quién le ha dado ese diagnóstico?”
“Nadie obviamente. Pero yo estoy en mi cuerpo. Yo lo siento. Mi cuerpo... Eso es otro lío.”
“¿Le cuesta identificarse en su cuerpo? En tal caso no se preocupe, es un caso bastante común.”
“¿Cómo puedo no preocuparme? Sé que mi cuerpo está aquí pero es como si no estuviera, como si no tuviera masa alguna. Es por eso que no me paro. ¿Y si lo hiciese y dejara de existir? Tengo que moverme, entiende. Como una gota en el mar: por mucho que lo quiera y el mar este en calma, no puede pararse.”
“Esto es un poco extremo, ¿no le parece? Usted sin duda no es una gota perdida en el mar. Y la prueba es que le veo muy claramente, aquí delante de mis ojos.”
“Pero si la visión no es algo tan seguro. No es tan sencillo. Escuche.”
“Estoy escuchando.”
“Cuando me encuentro con otras ‘personas’ suelo notar un cierto desfase. Mucho desfase en general. También aquí, con usted. Y si estoy obligado a interaccionar con ellas me siento fatal. Como si me estuviera anulando. Es muy raro que encaje bien con alguien. En esos pocos casos es genial: me siento como multiplicado. Y es algo tan físico que ya no sé qué le pasa a mi cuerpo. Claro, ya no me parece tal.”
“Así que se siente como en otro lugar respecto a su cuerpo…”
“No. Si estoy aquí. No tengo cuerpo y ya está.”
“¿Como un fantasma o un espectro?”
“¡Qué tonterías! ¿No era usted doctor?”
“Solo estoy intentando entenderle. No sería el primer paciente en decirme que es un fantasma.”
“En realidad tengo un método sencillo para darme cuenta de que tengo cuerpo. Casi siempre funciona. Tengo que chocar contra algo, cuanto más fuerte mejor.”
“¿Me está diciendo que tiene impulsos autolesivos?”
“No, no... Pero sí que un buen impacto es lo que necesito. Solo tengo que centrarme bien. Así siento que parte de esta inquietud que tengo se va, que consigo descargar energía. ¿Le suenan esas máquinas que disparan pelotas de tenis? Ese espejo que tiene ahí detrás parece genial.”
“¡Pare, pare por favor! Quiero decir… siga tranquilo con su paseo pero no se tire contra nada. Mire, el tiempo se nos está acabando. ¿Qué le parece si en la próxima cita le atiendo junto a otro colega?”
“Sí, no suelo tener problemas en desviar obstáculos.”
“Espero que no sea un obstáculo. ¿Me repite su nombre por favor?”
“Lo puede elegir usted. Al final yo o cualquiera, todos reaccionamos igual. Solo hay que verlo.”