Luz y magia en la edad media

Les llamo mucho la atención la iluminación de la calles por algo parecido a farolas y en las viviendas con el equivalente a las lámparas. Un posadero les explicó poco después que algunos magos asignados para ello recaudaban para las arcas públicas cada cierto tiempo gracias a aquellos que tuvieran por bien hacer un pequeño donativo. A cambio, según tenía entendido, rodeaban un material especial parecido a una roca común con un hechizo que procuraba que pequeñas cantidades de magia saltaran de una capa mayor a otra de menor energía, produciendo de manera principal en lugar de calor o energía, luz.
El hechizo recibía el apelativo de magioluminiscencia.

Por supuesto, tenía su ciclo con el que se reanudaba el proceso durante algún tiempo, hasta que como cualquier invención que involucraba el movimiento perpetuo alcanzaba su punto de equilibrio según la segunda ley de la termodinámica enunciada por alguien fuera de esta mágica historia que llevaba a conformarse con una vela o un candil.

Eipril, miraba el pedrusco con la expectación de contemplar algo desconocido, Neithan no puedo evitar preguntarse si estaría caliente. Se planteó en un futuro tocar alguna de aquellas rocas cuando ambos estuvieran a solas fuera de las miradas curiosas de la gente, puede que incluso lo lamiese.

Una vez instalados en una habitación acorde a su presupuesto, diminuta con dos puñados de paja mal puestos y que bien podría llamarse zulo en algunos siglos. Llegaron, los ronquidos de Eipril golpearon las paredes instantes después de lanzarse contra la paja y solo fueron perturbados por alguna que otra patada al aire que solía procurar eventualmente en sus primeras fases del sueño.

Por su lado, Neithan le daba vueltas a varias ideas, intentando hacer una bola con el chicle que eran sus pensamientos. Mientras, miraba el musgo adherido a la sucia pared formulado por la humedad maldecida por él y aprovechada por la planta para reproducirse y extenderse desde algún instante cero.

Imprimió nitidez a su insomnio y apartó una a una las ideas banales que le permitían no enfrentarse a lo que desconocía. Coloco en su foco el objeto que emitía luz sin necesidad de arder. Le producía fascinación y dejaba en un segundo plano el efecto espejo del sol que procuraba la luna para velar el tránsito de aquellos que vagaban por la oscuridad.

Ya no era necesario conformarse con algo tan difuso como el gigante blanco o el peso de grandes alforjas llenas de instrumentación con la que procurar la tan deseada luminosidad en el perímetro de una expedición. Sería tan fácil como emplear material pétreo disponible en cualquier camino y un individuo con los conocimientos necesarios.

Neithan continuó vagando por sus diferentes desvaríos que cayeron como una corriente de agua en la profundidad de su mente. El líquido se desvió por otros cauces descendentes aunque gran parte permaneció por la vía principal; en cualquier caso, todos ellos acabaron en la misma desembocadura, permaneciendo como ideas inconclusas, cuando este cayó dormido.