HISTORIA EN UNA ESCALERA

El señor punto vivía en su peldaño de la escalera. Era un gran peldaño, podía moverse para un lado y para el otro con total libertad. A veces se encontraba con algún amigo, y charlaban sobre cualquier detalle, o sobre el tranquilo discurrir de sus existencias.
Había dos sitios mágicos en el peldaño, a los cuales el señor punto se acercaba con recelo, donde algunas veces sentía un vértigo y una confusión difíciles de explicar. El primero de ellos se encontraba a la derecha, lejos de donde solía pasar la mayor parte del tiempo. Era un lugar extraño. Cuando se acercaba a él, llegado un punto, algo lo paraba es seco impidiéndole continuar, parecía chocar contra un tope invisible que inexplicablemente le confinaba hacia la izquierda. El segundo de los puntos mágicos, le inspiraba un mayor temor; estaba a la izquierda, lejos también de donde solía vivir. Por allí soplaba un viento fantasmal, parecía surgir de la nada justo delante de él. Cuando con esfuerzo podía avanzar más, llegaba donde el mundo parecía desvanecerse, esto le hacía aferrarse con fuerza a donde todavía podía. Una sensación de vértigo y mareo le sacudían con fuerza, y le hacían desistir de ir más allá, donde todo parecía perder sentido.
La señora circunferencia vivía en el peldaño de arriba. Por allí rodaba alegremente de un lado para otro. Sus amigas compartían su afición por rodar, y cuando se juntaban, jugaban ruidosamente a ver quién corría más, iban de un lado para otro, chocaban entre ellas, tropezaban y dando botes quedaban exhaustas riendo a carcajadas.
También había dos lugares misteriosos en el peldaño de la señora circunferencia. Lejos a la derecha había una pared infinita, infranqueable, se perdía en lo alto. Contra ella era divertido chocar, sin riesgo a perderse en el rebote. El segundo de esos lugares era bien distinto. En él, el suelo desaparecía sin explicación en un vacío insondable. Alguna vez, si se escuchaba con atención se podía escuchar murmullos lejanos. Allí solía acercarse con mucho cuidado de no tropezar. Permanecía allí, imaginando historias sobre lo que habría más allá. Sus fantasías eran de lo más variopinto, iban desde un mundo de líneas rectas, como cuando ella se miraba un poquito de su propia silueta, hasta mundos disparatados, en donde hacía falta más de dos indicaciones para saber dónde estaba algo, y eso si que era un completo disparate.
Un día, el señor punto estaba por la derecha, dispuesto a experimentar una vez más aquel tope que le impedía la marcha, y que tanto le intrigaba.
Ese mismo día la señora circunferencia se encontraba con una amiga suya al borde de aquel abismo que tantas otras veces había visitado, y que tanto misterio desprendía.
Sería el azar, o tal vez la casualidad. La curiosidad mató al gato, solían decir los viejos del lugar. Pero aquel día, la señora circunferencia se asomaba más de la cuenta. -Deberíamos marcharnos ya. Se hace tarde-, le dijo su amiga tocándola ligeramente para llamar su atención. Todo lo siguiente sucedió tan deprisa que apenas pudo ver a su amiga desaparecer en la lejanía, mientras experimentaba una sensación de velocidad y vértigo.
El señor punto comenzó a oír un extraño zumbido, como de un grito ahogado en la distancia. Se retiró instintivamente de aquel tope, con tiempo suficiente para ver con sorpresa como ante sus ojos aparecía y desaparecía otro punto, que tan pronto venía hacia él con una velocidad endiablada, como se retiraba igualmente hasta desaparecer. El proceso se repitió unas cuantas veces, cada vez con menor violencia, hasta que un suspiro de alivio surgió inexplicablemente del punto que se encontraba delante de él.
La señora circunferencia respiró aliviada después de botar unas cuantas veces contra lo que parecía el fondo de un ancho pozo, - ha sido una caída de infarto-, pensó mientras comprobaba que seguía de una pieza. - Este lugar se parece mucho a lo de arriba. Solo que parece muy solitario- reflexionó, y comenzó a rodar hacia la izquierda.
Aquel punto surgido de la nada comenzó a moverse hacia él sin mediar gesto ni palabra. Por más que el señor punto hacía señales de advertencia, no pudo evitar que el aparecido se abalanzarse sobre él sin ningún tipo de contemplación. Le pasó por encima, y se marchó hacia la izquierda como si nada. -Que sensación más extraña- , pensó el señor punto recuperando el aliento. -En estos sitios tan extraños puede pasar cualquier cosa-, dijo mientras volvía por dónde había venido.