Eco

Z tocó por última vez a los humanos que iba a asesinar.

Acordes disonantes, cientos de cuerpos inmersos en húmedos roces mientras se mueven en todas direcciones en un ambiente sin gravedad, como una masa de gusanos en un cadáver. Olores y sabores de otros son las percepciones más evidentes, dada la ausencia casi total de luz... Desde luego, es complicado describir según parámetros actuales lo que queda de la humanidad en el año 1.022.188.989.010.784. Aunque tampoco tiene mucho sentido hablar de años cuando ya no existe un Sol alrededor del cual girar. Pero la humanidad persiste, aunque ya no se llamen así ni se parezcan remotamente a nosotros. La humanidad es tozuda, y billones de años de cambios y catástrofes cósmicas no han conseguido arrancar del Universo a esos seres débiles, diminutos y extraños. Hay quien dice que no se puede. Que el Universo no puede existir sin ellos al igual que no puede existir sin partículas subatómicas. Que ha de existir un ojo consciente que lo observe. Esto es sólo una teoría, claro. Lo es hoy y lo será dentro de 1000 billones de años. El peligro de las teorías es que puede haber alguien que quiera probarlas.

Z se desplazó por la fractal red de tubos de La Colmena hasta llegar al ancho tronco de ésta, donde estaba la lanzadera. Se subió a ella e inició su descenso hacia La Fuente.

El espacio abierto le produce a Z la misma sensación de soledad que nos producía a nosotros. No parece haber otras civilizaciones en este vacío que ahora recorremos a la deriva. Al menos, no aparecieron para ayudarnos cuando la antigua Tierra se calentó demasiado para ser habitable, ni cuando ésta fue engullida por el rojo Sol, ni cuando éste volvió a comprimirse y perdió su luz y calor, ni cuando el antiguo sistema solar se disgregó y los planetas y colonias humanas se separaron para siempre unos de otros y empezaron a vagar por el espacio…. ¡Que les den!

La Fuente es lo que queda del planeta que nosotros conocemos como Júpiter. A medida que el antiguo Sol iba perdiendo su luz y calor, la humanidad (lo que quedaba de ella) se fue adaptando a fusionar el hidrógeno de los gigantes gaseosos para obtener la energía que necesitaba. En esta época del Gran Apagón, hacía ya millones de años que la Tierra había desaparecido, engullida por el Sol al transformarse en gigante roja. La humanidad andaba dispersa por los planetas que quedaban del sistema solar: los más exteriores. Aunque el Sol no brillaba ni proporcionaba energía, al menos su gravedad mantenía cohesionado este pequeño vecindario cósmico que nos resultaba familiar. Las principales colonias humanas rodeaban a Júpiter y Saturno libando su hidrógeno. Pero entonces, nuestro pequeño vecindario cósmico empezó a disgregarse…

Era el enésimo intento del Universo para librarse de nosotros. Para necesitarnos… para necesitar un ojo que lo observe, no paraba de hacernos putadas. El paso de otra estrella deshizo lo que quedaba del sistema solar como el soplo de un niño deshace un diente de león. Júpiter y Saturno se separaron para siempre y se convirtieron en planetas errantes, huérfanos, sin estrella. Y, con ellos, la humanidad se separó en dos. Pronto los viajes entre ambos planetas errantes se volvieron imposibles. Después las comunicaciones cesaron también, lo que se atribuyó a la desaparición de las colonias de Saturno. Éstas vivían en una situación más inestable pues este planeta tenía menos hidrógeno y más difícil de usar.

La lanzadera de Z se acercaba a La Fuente. Sin un sol que lo iluminase, lo que quedaba de Júpiter se percibía sólo como un enorme horizonte negro en el infinito manto de estrellas.

Z sintió pena por las “personas” que había percibido en el hangar. Ni él ni ellas verían nunca más a sus seres queridos. Pero al igual que la pena había acompañado siempre al hombre, también lo había hecho la locura.

Las capas de Júpiter ricas en hidrógeno estaban plagadas de estaciones automáticas que fusionaban de manera controlada este gas. Z inició el proceso para bypasear estos controles y convertir lo que quedaba de Júpiter en una enorme bomba de hidrógeno. Sería rápido e indoloro. Privaría al universo del placer de seguir jugando con la humanidad, de seguir esquilmándola, de obligarla a pensar cómo hacer para seguir malviviendo después de su siguiente prueba.

Cuando el irreversible proceso de fusión incontrolada se inició, los implantes oculares de Z mostraron un mensaje que se estaba enviando a toda la colonia: se habían restablecido las comunicaciones con Saturno y sus colonias.

La inimaginable explosión iluminó por un segundo algo parecido a una sonrisa sarcástica en la cara de Z, junto con su último pensamiento: después de todo, el Universo seguiría teniendo un ojo para observarlo.