El loco del Retiro

Madrid, noviembre 1997.

El frio de las primeras horas de la tarde de un domingo otoñal helaba las manos de Andrea que se obstinaba en leer un periódico andando por el parque. Buscaba noticias de fútbol italiano, de algún 0-0 épico. Desde cuando estaba en España, cada día esperaba que el periódico aliviase su nostalgia.

Un hombre le paró y le preguntó con cortesía si podía leer la pagina de los eventos culturales. Andrea se paró a su vez, y le acercó el periódico. El hombre tenía rubio o casi blanco largo pelo liso, y barba que se enredaba como en largas volutas de humo. Llevaba un blanco jersey de lana gruesa, y una capa roja igual a la de Superman. Mientras con la mirada corría a través de las líneas del periódico, le preguntó a Andrea por su nacionalidad. Descubierta la cual, el hombre empiezó a hablarle en italiano:
<< Che fai qui? Estudi arquitectura? Casi tuti gli italiani qui estudiano arquitectura. No? Fisica…. Ah, bello. El principio de incertitumbre mi piace molto. Ma la física describe solo la fenomenologuía delle cose, perde invece el contacto con la poesía del mundo. Solo la parola, la intuicione, el dubio, permiten la comprensione. >>
Andrea sonrió y contestó, citando al Boris Grushenko de Woody Allen, que “la subjetividad es objetiva”. El hombre entonces le miró a los ojos y le preguntó, directo:
<< Credi en nostro fig-lio?>>
<< No.>>
<< Fai bene, perqué el padre se reincarna molto piú spesso. Sono stato al CERN di Ginebra>> siguió el hombre << e ho sentito un seminario di Carlo Rubia. Bravo hombre, ma pieno di sé. Come tuti i premi Nobel que conocí…>>
Un mendigo se acercó y pidió al hombre dinero. El hombre le echó:
<< ¡Vete, ladrón de tiempo! Estamos hablando de filosofía…>>
<< Viejo loco…>> murmulló el mendigo alejándose.

Auditorium del CERN, Ginebra, 30 de marzo de 1976: Werner Heisenberg Memorial Lecture, por el Prof. J. Mehra, Instituts Solvay de Physique et de Chimie, Bruxelles.

La gran sala estaba llena. Había llegado tarde, tenía todavía su bloque de notas gris abierto a la mitad. Se sentó en una de las últimas filas. La voz del relator hablando sobre los albores de la mecánica cuántica parecía fluctuar sobre los pensamientos de centenares de físicos:
<< Professor Van Hove, Ladies and Gentlemen : It gives me a great pleasure…>>
Eran tres días que no dormía. La última ecuación escrita en su cuaderno relacionaba el d’Alembertiano de un campo escalar en espacio curvo con su propia auto-interacción. Parecía una ecuación de Klein-Gordon para un campo masivo, pero su masa no estaba añadida a mano, surgiendo espontáneamente de la auto-interacción. Según el momento del día o de la noche y del alteración del equilibrio de fuerzas entre su cansancio y su entusiasmo, estaba convencido de estar cerca de una solución brillante a su problema o al descorazonador estruendo del fracaso. Ocho bloques de notas grises estaban apilados en la mesa de su despacho a certificarlo. En cada uno de ellos había un título y un número: “Self-interaction of a particle as a source of metric deformation, I”. El título se simplificaba a la vez que los números romanos crecían. El bloque número 8 se llamaba: “Mass generation, VIII”. Seis meses de trabajo sin descanso. Sin embargo, no conseguía entender si las ecuaciones que escribía tuvieran algún sentido. A veces encontraba errores banales, otras errores de principio. Volvía a empezar. Los libros de historia de la física contaban esto: grandes periodos de frenesí autístico de un físico encerrado en su cabeza y, un día, una idea lo ilumina todo, el momento exacto en que todo cae en un sitio, encuentra su lugar definitivo en el mundo de las ideas. El relator estaba citando a Heisenberg:
<<”It was almost three o'clock in the morning before the final result of my computations lay before me […] I was far too excited to sleep, and so, as a new day dawned, I made for […] a rock jutting out into the sea […] and waited for the sun to rise”.>>
Donde estaba la roca que habría escalado al resolver sus cuentas? Para una idea que llega a su culminación, hay miles que se quedan en el camino, llevándose consigo las cabezas que las pensaron.

(En noviembre de 1997, en el parque del Retiro, me crucé con ese hombre, y pasó lo que conté. No puedo saber lo que pasó en 1976, o en otro año. Pero sí conozco esa sensación al creer de encontrar algo, y no encontrarlo. Y puedo ver en https://www.youtube.com/watch?v=5yIGq-dSrag, en un clip de Youtube de 2012, un hombre que podría tener unos 60 años, con barba blanca, vestido de rojo, bailando en el Retiro, alguien que bién podría haber sido yo….)