El artefacto

El artefacto biotecnológico había cambiado la vida de Chema y Clara para siempre. Lo que empezó siendo un extraño objeto había pasado ahora a ser un elemento omnipresente en su hogar, el epicentro de su existencia. Pero empecemos por el principio y retrocedamos nueve meses. La pareja de treintañeros, después de muchas dudas, había decidido por fin dar el paso hacia la paternidad. Esa misma noche, en su pequeño piso degustaron un sabroso sushi acompañado de un Ribera del Duero envejecido en barrica de roble. El postre consistió en una exitosa fecundación in vivo sobre colchón viscoelástico. Semanas más tarde el test de embarazo reveló HGC, más comúnmente conocidas cómo hormonas del embarazo, en las gotas de orina de Clara.

La visita al Centro de Atención Primaria y la ecografía de rigor sólo confirmaron lo evidente. Al final de la visita el doctor Corrales les explicó algo insólito.
— ¿Han oído hablar alguna vez del exoembarazo?
— ¿Exoembarazo? — contestó Clara.
— Entiendo que no. Se trata de una nueva tecnología que permite el desarrollo embrionario humano fuera de la placenta materna. Podrían ser padres sin necesidad de que Clara tuviera que pasar por el embarazo y el parto. Un dispositivo placentario autónomo se encargaría de todo eso.
— ¿Es esto una broma? ¿Una cámara oculta? — dijo Chema.
— Lo digo totalmente en serio. Es una técnica que ya se está aplicando en algunas clínicas de Estados Unidos. En España se trata de una prueba piloto que hacemos desde Sanidad en colaboración con los laboratorios Ovogénesis, los creadores del dispositivo.
— ¿Y qué ventajas tiene? — contestó Clara.
— ¿Ventajas? — dijo el doctor sonriendo — Durante los nueve meses puede beber alcohol, practicar deportes de riesgo, no tiene que controlar su alimentación ni vigilar su peso. Olvídese de posibles problemas de espalda, vómitos, problemas para dormir, estrías, desajustes hormonales. Y desaparece el problema del aborto natural así como todos los riesgos del parto, nada de bebés prematuros, ni cesáreas de urgencia. Además podrá seguir trabajando hasta el último día, para los autónomos como tu es algo también a tener en cuenta. Como ven todo son ventajas. Algún día todos los embarazos serán así.
Chema y Clara ser miraron aún perplejos. Estaban asimilando algo que parecía sacado de un capítulo de la serie Black Mirror. El doctor prosiguió con la explicación.
— Es una tecnología bastante cara pero esta vez no tendría coste para vosotros. Las diez primeras parejas que quieran acogerse a esta iniciativa no pagarán ni un euro. P ero no tienen porqué contestar ahora, piénsenlo tranquilamente y léanse estos documentos. Tienen una semana para tomar la decisión.
Antes de llegar a casa Clara y Chema llamaron al ambulatorio para confirmar que querían acogerse a la innovadora tecnología gestacional. En la misma llamada le dieron cita a Clara para extraerle el óvulo fecundado.

Semanas más tarde llegaban al piso de la pareja dos operarios transportando una gran y frágil carga. Sacaron con sumo cuidado varias capas de embalaje, dentro se escondía el artefacto. Chema y Clara lo vieron y de alguna forma tuvieron una sensación similar. Habían dado la espalda a lo que les hacía más humanos, la gestación dentro del cuerpo materno. Además los padres de ambos no iban a encajar bien la noticia. Los operarios colocaron con sumo cuidado el artefacto encima de una base metálica. Conectaron la base a la corriente eléctrica y se activó un sonido que recordaba al aparato del aire acondicionado. En ese momento Chema no puedo evitar pensar en todas las veces que había comprado artículos electrónicos por internet. Pero esta vez no se trataba de un nuevo gadget tecnológico, ni un videojuego, ni un electrodoméstico. Los operarios recogieron y se dirigieron a la puerta cuando Chema les barrió el paso.
— Esperen un momento, ¿ya se van? ¿no va a venir el doctor Corrales?
El operario más mayor, con los brazos tatuados, les contestó.
— Todo lo que necesitan saber está en la instrucciones. Básicamente se trata de controlar la temperatura de la habitación e inyectarle cada 24 horas el cóctel de hormonas, nutrientes y oxígeno — dijo el operario de los brazos tatuados.
— Pero, tenemos muchas otras preguntas… ¿Nos escuchará nuestro hijo desde ahí dentro? ¿Echará en falta estar dentro mío? ¿Qué pasa si algún día olvidamos darle el cóctel? ¿Cómo será el momento del nacimiento? — preguntó Clara.
— Sinceramente no lo sé. Tienen un teléfono 902 para consultas y averías donde le contestarán las 24 horas del día. Sobre la última pregunta sí que les puedo contestar porque lo he visto. ¿Saben cómo nacen los pollitos? Pues es exactamente lo mismo.
Clara y Chema se quedaron mirando al artefacto, un huevo gigante de color blanco.