Vida Sencilla

Su cuerpo, en toda su extensión, arraigado e impreso encima de una silla sin más esfuerzo del que requiera, por ejemplo, vivir para el ente más simple que puedas imaginar. Quizás ellos no lo tuvieran tan fácil, pero ella que iba saber si también se esmeraba en cumplir con aquello que tuviera asignado sin mayor designio en la agenda del mañana. Se podía afirmar que estaba alcanzando una simpleza tan mundana en su pragmática rutina que había conseguido mimetizar su presencia hasta diluirse, o más bien desaparecer con su entorno. Como todos aquellos seres que pasan desapercibidas para el ojo humano pero que siguen ahí, aunque no le demos ningún valor, además no importaba todo lo que pudiera desear estaba a una distancia de varios “clicks”.

No disponía de unas cualidades que le hicieran destacar, pero tampoco busco tenerlas, no servía de nada atormentarse con aquello que nosotros mismos decidimos dejar apartado a un lado del sendero. Por ello se centró en aquello que pudiera reconfortar o hacer más suaves los envistes del tortuoso camino. Una de esos alivios era la comida, que sorpresa, como si nadie hallara la paz una vez saciado el apetito voraz. Es algo inevitable somos nuestros propios esclavos, pero aun peor, somos los mayores inquisidores que podamos tener. Otra paradoja más del homo sapiens, más homo que sapiens.
Busco en una especie diferente lo que la suya no le trasmitía, halló un punto de apoyo en aquellos mudos de perjuicios y llenos de tranquilidad, en concreto los felinos, sin distinción, de pasos lentos y cautelosos con una sutileza única al acechar su próxima comida, parecía que podían aislarse de este mundo por un instante y solo concentrarse en su objetivo hasta tal punto que daba la sensación de que dejaban de respirar, existir. Quizás esto es lo que pretendía alcanzar aun sin ser consciente, este podría ser su cometido existir para dejar de existir, que contradictorio. Esto no significaba que sintiera desprecio por la vida, sino que odiaba simplemente la suya, quizás porque no fuese tan buena actriz para el papel que le habían asignado en esta función, todos al fin y al cabo interpretamos el papel de nuestras vidas, solo que algunos llenan plateas mientras que otros se dedican a ocuparlas, unos asumen la farsa mientras que otros viven de ella…
Una de las pocas cosas que entendía y tenía clara de este mundo es que podíamos ser más irrelevantes que esas formas de vida sencilla que lo componen todo, sin duda, con objetivos más fundamentales de los que nosotros nos podamos llegar a marcar durante nuestra existencia, seguramente esta afirmación fuese una máxima para consuelo de su fracaso. Pero como aquellas cosas más extraordinarias basto un momento de impasse para sentir aquello que emergía de su ser, le daría un motivo para cada suspiro y se alegraría de aquello que no fue. Así que aquel día tomo la decisión más importante que pudiera tomar, convertirse en uno de esos elegantes depredadores preparándose para cazar su captura más importante, en este caso es el más desconocido de los que puede haber en este mundo, el más escurridizo y de difícil enfrentamiento aquel que en un momento de paréntesis se pude llegar a vislumbrar en un esfuerzo de concentración. Esa presa es justamente aquella que se había fundido en un mar tan angosto que solo la locura de las olas embravecidas daba pie a que ahí la vida se batía.
Estaba preparada para asumir todo lo que viniera, a luchar hasta el último soplo de aire. A vivir hasta que quedara un mañana.