Conciencia

Perspectiva era la palabra. Había que cambiar de perspectiva. Mudar la mirada. Mutarla. Obviar los aspectos humanos y adoptar una actitud flexible y humilde ante la magnitud del fenómeno, o mejor acaso la entidad, que se nos presentó. La conexión al fin se había producido. No estábamos solos o al menos ésta fue la interpretación para la vulgata.
El cambio de conciencia se había iniciado a finales del siglo XX. El aleteo de una mariposa es la metáfora que hubiesen utilizado entonces. Una frase de apenas cuatro segundos en un programa de televisión de trece capítulos, pronunciada por el astrofísico más famoso de la época, tuvo un efecto catártico a largo plazo. "Somos polvo de estrellas". Por vez primera se conectaba la materialidad de cada hombre, de cada ser vivo, del entero planeta con la explosión de supernovas eones de tiempo atrás. Así pues desde el punto de vista material éramos lo mismo. La frase en cuestión no produjo ninguna reacción al principio, pero fue extendiéndose como un virus a lo largo del tiempo, de forma que inoculó en los hombres la clara conciencia de su origen y, con ellos, el del resto de seres vivos. Hubo otros jalones en este despertar, la publicación en 1961 de Solaris de Stanislaw Lem, llevada al cine en 1972 por Andréi Tarkovski; o el estreno en 1968 de 2001 Odisea del espacio, dirigida por Stanley Kubrick sobre un guión escrito por él mismo y por Arthur C. Clarke.
Ambas obras podrían tomarse como las profecías del nuevo tiempo. El encadenamiento de reproducciones y evoluciones desde el alba de los tiempos hasta el niño estrella final, producto de la fecundación de Júpiter por el espíritu humano, en la obra de Kubrick, junto a la hipótesis del océano consciente capaz de materializar sueños, pesadillas o deseos de los astronautas que lo orbitan en Solaris, traía consigo una consecuencia, toda la vida, la humana incluida, era la condensación de la energía estelar, y todo lo considerado objetivo resumía la evidencia de un hecho, la conciencia nacía de la interacción de las energías cósmicas y la percepción. Nos hallábamos preparados para asumir que cada conciencia, no era sino un quanto de la conciencia universal.
Por otra parte la interconexión global, consecuencia de las revoluciones tecnológicas del cambio de milenio, permitió el manejo de cantidades ingentes de información y la creación de una realidad virtual que llegó a convertirse en una alternativa a la realidad objetiva, si es que esto significaba algo todavía. La superación de las grandes crisis de los años veinte del siglo XXI, que a punto estuvieron de llevar al planeta a la aniquilación, y el final de las guerras yihadistas prolongadas hasta mediados del siglo, cimentaron una auténtica asamblea mundial y el conjunto de agencias que nos gobiernan actualmente. El descubrimiento de la posibilidad de vida orgánica en Encélado y Europa, realizado a principios del siglo, fue retomado como objetivo científico de primer orden.
El Big Data y la creación de realidades virtuales, nos permitió democratizar un hecho conocido por místicos y chamanes desde tiempos inmemoriales. La propia realidad tal como la percibimos es la construcción que nuestra mente fabrica con las interacciones sensoriales que mantiene con el resto del Universo. Ya en los años sesenta del siglo XX, hombres como Aldous Huxley, Albert Hofmann o multitud de jóvenes habían jugado a alterar los estados de conciencia, experimentando con drogas psicoactivas; pero las autoridades de la época, temerosas de un movimiento que no controlaban ni comprendían, acabaron persiguiéndolo.
Por último, la unificación en los años veinte del presente siglo de las teorías relativista y cuántica, produjo la nueva revolución tecnológica de la lógica difusa y las modernas técnicas de propulsión mediante deformación espaciotemporal.
Todo ello permitió estudiar en tiempo real y sin riesgo físico Encélado y Europa y, finalmente, conectar con Júpiter. El cambio de perspectiva fue fundamental, se inició la investigación del interior del planeta con ondas de sónar y lo que Júpiter devolvió cambió nuestra concepción de la realidad de forma radical. Series numéricas sencillas. Inicialmente los números pares, los múltiplos de tres, de cinco,... luego, los primeros cien números primos, y, de pronto, la serie de Fibonacci acarreó la revolución. La atmósfera del planeta se agitó creando un enorme vórtice que acabó en la imagen del nautilus, la espiral áurea. El ojo de Júpiter, una sideral tormenta, no sólo devolvió los números de la serie, sino que envió una catarata de imágenes y datos que nuestros ordenadores comenzaron a decodificar. Lo sabía todo sobre nosotros. En breves instantes nos devolvió nuestra matemática, nuestra ciencia, nuestra música, nuestra historia, todos nuestros idiomas, todos nuestros conocimientos, todo... Y, por fin, el mensaje que la comisión central interagencias decidió mantener en secreto.
Lo afirmaba una antigua canción sefardí. "Se vive como se sueña, sólo".