En busca del movimiento perpétuo

Pedro iba siguiendo el rastro al rito de iniciación de una antigua secta de físicos denominada los Ipsum Lorem. Se decía que, tiempo atrás, habían incrementado secretamente sus conocimientos de física y matemáticas hasta el punto de desarrollar una máquina de movimiento perpetuo. Vendían su conocimiento y sabiduría a las élites, utilizando el artefacto como muestra de su poder y habilidad.

A Pedro le acompañaba su viejo amigo y mentor Abdulá Smith. Sus conocimientos en física antigua y Arameo teórico les habían sido muy útiles. Sin embargo, no fueron capaces de resolver el último acertijo que se les había planteado y Abdulá resultó herido. Ahora tenía que completar la última prueba lo antes posible para pedir ayuda.

Pedro entró en la sala y observó la puerta entreabierta del fondo. Caminaba con cuidado. Ya había activado previamente las trampas al pisarlas, al tocarlas con el codo y, gracias a un ingenioso mecanismo y a un alarde de ingeniería social, con la lengua. Sin embargo, logró llegar hasta el centro de la sala sin activar, aparentemente, ningún mecanismo.

- ¡Bien! - Exclamó, contento de haber podido atravesar la sala.

El grito activó la última trampa. Un panel se deslizó hacia la izquierda, tapando la puerta y dejando al descubierto un grupo de botones con números y letras. Sobre ellos, una única palabra: “Inalcanzable”. Pedro siempre se sorprendía de que los antiguos acertijos que componían las pruebas estuviesen escritos en un idioma moderno, pero nunca tenía tiempo de profundizar en ello. Simultáneamente, se había girado un reloj de arena. Tenía poco tiempo para resolver el acertijo antes de activar la trampa.

Sin duda, la palabra hacía referencia a algo infinito. Inmediatamente, le vinieron a la cabeza los decimales de PI. Tal vez han conseguido demostrar que los decimales de PI se vuelven constantes al final y ellos conocen el último valor. Si han sido capaces de desarrollar una máquina de movimiento perpetuo, sus conocimientos de matemáticas y física deben estar más allá de lo estudiado. De ser así, tenía una posibilidad entre nueve. Sería sorprendente que el último número fuese un cero.

Entonces, recordó las palabras de su profesor de física. “No es imposible viajar a la velocidad de la luz, lo imposible es acelerar hasta ella”. ¡Eso es!, la velocidad de la luz es inalcanzable. Fue directo a pulsar el número dos, pero se detuvo antes de tocarlo. ¿Qué unidades usarían? ¿Metros por segundo? ¿Kilómetros por hora? ¿Pulgadas por quincena?. No, tenía que encontrar otra solución. Tal vez usar el número uno, para indicar que toda velocidad se referencia como relativa a la luz. El tiempo se acababa y no tomaba una decisión.

Entonces, se dio cuenta. “La letra c. La letra c era el símbolo usado para la velocidad de la luz desde tiempos inmemoriales… bueno desde el siglo XIX, pero eso es mucho tiempo en física”. Pulsó el botón justo cuando los últimos granos de arena caían al fondo.

En ese mismo instante, se oyó un chasquido. Una de las paredes, que hasta ese momento no se había diferenciado de las demás en ningún ornamento, se dividió por la mitad mostrando una puerta. Debajo del umbral, aparecieron cuatro personas con túnica negra y capucha. Una de ellas se adelantó y mostró su rostro.

- ¡Abdulá! - Pedro soltó un grito ahogado.

- Sí, he estado siguiendo tus pasos. Tus conocimientos son dignos de un maestro y tu bondad ha sido probada. Hemos decidido que seas el encargado de nuestro más preciado artefacto…

Pedro se fijó en la extraña máquina que estaba a su lado y dejó de prestar atención a las palabras. Se asemejaba a un baúl grande remachado en bronce. Uno de los laterales era de cristal y dejaba ver el interior, donde múltiples ruedas giraban a gran velocidad formando extraños dibujos. En otro de los laterales, varias luces parpadeaban de forma secuencial. Justo cuando Pedro meditaba sobre lo osado que era poner luces en una máquina de movimiento perpetuo, se dio cuenta de las palabras que se acababan de pronunciar.

- Entre tus obligaciones, estará darle cuerda todos los días.