Al otro lado del cristal

El aroma a peligro saturaba sus sentidos, barriendo su capacidad de respuesta en un remolino de confusión en el que solo el instinto de supervivencia resistía inalterable. El agua se agitaba tras de sí con violentas ondulaciones mientras el tiempo corría aceleradamente marcando el ritmo sus acciones, cada vez más caóticas e imprevisibles.
Movió sus extremidades con furia, alimentando con paladas de pánico las rugientes calderas de su interior, que se encontraban al borde del colapso tras la dilatada persecución. Una inmensa figura arrojaba su amenazadora sombra cargada de fuerza contra los brillantes destellos anaranjados que chispeaban en la superficie. La distancia entre ambas se reducía paulatinamente al tiempo que la sensación de cansancio se intensificaba; el oxígeno se agotaba en su interior, asfixiando sus posibilidades de vivir una hora más.
Cambió de dirección, incapaz de avistar nada tras lo que poder ocultarse. La inmensa extensión de agua no tenía un solo rincón de intimidad en sus profundidades. Una pared de muros cristalinos se adivinaba en el horizonte, con un potente foco de luz mostrando la dirección a seguir como un faro capaz de atravesar la oscuridad de su mundo.
De pronto, sintió un súbito tirón, un lazo que se anclaba a su cuerpo y la arrastraba hacia atrás desgarrando las envueltas que contenían el último soplo de energía dentro de su maltrecha figura. Demasiado débil, se revolvió entre sus ataduras, desesperada. El agua que penetraba por sus poros silenció su último grito.
La sombra del asesino recorrió la escasa distancia que separaba las dos figuras. Rozando su cuerpo palpitante, la envolvió suavemente entre sus pliegues, saboreando los fluidos que se destilaban entre las heridas de su presa hasta dispersar su vida por el líquido elemento, que empezaba a recobrar su estado de quietud tras la agitada persecución.
La luz tras el lejano cristal se apagó.

Tras tomarse unos segundos a oscuras en la sala, un hombre de gesto impasible con el rostro surcado por el cansancio colocó la lente en su posición inicial antes de alejar la silla acolchada y levantarse por primera vez en horas. Abrochándose la bata, avanzó por el pasillo desierto hasta su escritorio.
Bajo la fría iluminación de un halógeno que rompía la oscuridad reinante en la habitación atravesada por grandes ventanales, sacó un cuaderno de color azul marino de un cajón y pasó páginas hasta la última entrada, con fecha de esa misma mañana. Buscó las palabras, incómodo. El bolígrafo giraba entre sus dedos juguetones mientras leía el último párrafo para poner en orden sus pensamientos y comenzar a escribir.
"01/04/2017 - 22:30 : Las bacterias aisladas de la muestra 217 muestran un gran potencial para posibles aplicaciones biotecnológicas. Los experimentos frente a otras diez cepas de la colección a concentraciones aún más reducidas confirman que es capaz de perseguir y acabar con otras bacterias de un amplio rango de especies."
Se frotó los ojos y meditó unos momentos antes de decidirse a cerrar las tapas con un bostezo. Se había hecho muy tarde, y las sesiones de microscopio resultaban especialmente agotadoras para la vista. Se acercó al fregadero y echó unas gotas de jabón en el matraz del que provenía la muestra, para acto seguido agitarlo descuidadamente y verter su contenido por el desagüe. Dejando la bata blanca sobre el respaldo de su silla, se echó la chaqueta sobre los hombros, apagó la luz, y cerró la puerta del laboratorio con llave.
Un reflejo centelleó por un momento en el matraz de vidrio, que sobresalía entre un montón de material sucio junto a la pila. Una gota se deslizó por su boca lentamente, acumulándose allí hasta que un tirón de gravedad la empujó hacia el fregadero, donde se diluyó entre los restos de agua sucia para sumergirse en las profundidades de las cañerías que se adentraban en el edificio.

El hostil entorno rebosaba vida microscópica pese a todo. Minúsculas voces moleculares se alzaban entre la oscuridad, y algo remotamente parecido a un pensamiento surgió en el recién llegado, que permanecía expectante en una siniestra pose. Esperó unos segundos, examinando la situación en las más completas tinieblas, antes de deslizarse por el desagüe silenciosamente.
Las señales de pánico no tardaron en elevarse entre las burbujas. Unos gritos químicos que, al igual que en ocasiones anteriores, no preocuparían a nadie.