El día de la marmota

Llego pronto al laboratorio, enciendo el ordenador y voy guardando mis cosas en la taquilla. Me pongo la bata despacio, y conforme voy abrochándome el primer botón apareces por la esquina, con cara risueña. Eres la única persona que conozco que está tan despierto por las mañanas. Un simple intercambio de buenos días y desapareces de nuevo por la puerta. Llego al segundo botón y estás introduciendo las muestras de tu PCR en el termociclador. Un qué tal y un ¿Tu experimento cómo va? y vuelves a desaparecer. Realmente no sé si te doy miedo o simplemente ya hemos agotado todos los temas de conversación para conocidos.
Tercer botón. Te estoy viendo desde mi puerta. Tu compañera lee la tesis mañana y estáis grabando un video bailando para ponerlo al final de la exposición. Pareces otro, se te caen los mechones de ese pelo del que tanto te quejas en los ojos y te ríes. ¡Anda si te sabes reírte!
Cuarto botón. De cañas un viernes todos juntos. Te miro desde el otro lado de la mesa y sigo bebiendo sorbos de tinto que igual me da el valor para decirte que me invites a comer otra vez, que necesito volver a hablar aunque sea del tiempo.
Último botón. Desde que han inventado esto de los tejidos inteligentes, te has quedado impregnado en mi bata de laboratorio. ¡Qué ideas futuristas estas! Pero a mí me permite revivirte cada día, igual que revivo el abrazo de mi abuela cuando me pongo la bufanda verde.