OTRA VEZ (basado en hechos reales)

El mismo día que un famoso jugador de baloncesto dijo que la tierra es plana, mi hijo vino cabreado del colegio porque la profesora había dicho que el sol no se movía, y él, al que le encantan los documentales sobre astronomía, decía que no era verdad, así que después de un duro día de trabajo me tumbe en el sofá pensando si la tontería humana es realmente infinita o si el jugador de baloncesto nos vacilaba y la profesora solo trataba de no liar a los críos. Mientras el peque escribía al hacer los deberes: “the sun does not move” (es un centro público “bilingüe”, ya sabéis) me sorprendió la eficacia que había tenido el colegio para enseñarle como contestar preguntas sabiendo que la respuesta es falsa, pero es lo que se espera de él, y pensé que un video tampoco es distinto del profesor, parece que ni al niño ni al jugador de baloncesto les enseñaron a aprender algo a partir de su propia experiencia, hacer un experimento y ver lo que sale, por eso cuando ese baloncestista llegó a adulto tal vez dijo: “ya me habéis tocado los huevos bastante diciéndome como son las cosas”, y como veía que de costa a costa del país solo iba en línea recta, entonces la tierra es plana, por ese motivo entre todas las formas que se me ocurren de demostrarle que está equivocado le diría: “En una residencia hay una ancianita que afirma que los jugadores de baloncesto se ponen pegamento en las palmas para poder coger el balón con una sola mano, y que cuando hacen girar el balón sobre un dedo, solo estiran el dedo y luego añaden el balón con efectos especiales. Y sabe todo esto porque tiene un balón y le ha pedido a todas las personas de la residencia que intenten cogerlo con una sola mano o hacerlo girar sobre un dedo y nadie ha podido conseguirlo”. Espero que, después de partirse de risa, el gigantón pensara que, igual que esa ancianita, él había hecho un experimento valido pero incompleto, como de hecho son todos los experimentos, y que puede encontrar nuevas formas de demostrar si su conocimiento es acertado o no, así que iría a la residencia, cogería un balón con una sola mano, lo haría girar sobre un dedo, la anciana quedaría fascinada, y al salir de la residencia le diría: “Bueno, ahora vamos a la NASA”.
Me pase los siguientes días intentando imaginar como demostrarle que el sol se mueve, ya que no creo que pueda conocer nunca al deportista, y no era capaz de hallar ningún experimento plausible, si fuera demostrar la rotación terrestre seria muy fácil con un péndulo de Foucault o mediante el efecto Coriolis (pero no mirando un desagüe), si tuviera que demostrar que la tierra gira alrededor del sol hablaríamos de cómo pasan las estaciones, o como cambia la altura máxima del sol cada trescientos sesenta y cinco días y un cuatro y un poquito, de paso nos metemos con bisiestos, equinoccios y demás, ¿pero que hay que hacer para saber que giramos alrededor de la vía láctea? Los astrónomos son capaces de calcular la velocidad de rotación del sol tomando miles de datos de estrellas, pero no tengo ni idea de cómo lo hacen, así que después de un par de días cuando mi hijo me preguntó porque nadie en su clase se cree que el sol se mueve (parece que el tema le había afectado más de lo que pensaba) le dije.
-La tierra es más grande que la luna y la luna gira a su alrededor, el sol es muchísimo más grande que la tierra y esta gira a su alrededor, si hubiera algo mucho más grande que el sol ¿no sería lógico que el sol girara a su alrededor?
-Sí.
-Pues ese algo es toda la materia de la galaxia y el gran agujero negro que hay en su centro -sin mencionar la materia oscura de momento-, ahora mismo un montón de astrónomos dirigen sus telescopios para captar imágenes del borde del agujero.
-Hala, pues muy bien, cuando tengas esas imágenes dámelas y se las enseño a mi profe.
-Lo malo es que van a tardar más de un año y tú ya estará en otro curso.
-Jooo.
Creo que quedó bastante contento con la explicación, pero no pudo convencer a su profesora, así que espero que dentro de unas décadas todavía se acuerde y sea capaz de explicarme todo esto él a mí, y, aunque sé que no fue así hace casi cuatrocientos años ni la semana pasada cuando les hicieron el examen, hubiera sido bonito que entregara las hojas con el “the sun does not move” y luego dijera entre dientes: “Eppur si muove… otra vez”.