Newton, Pitágoras y Mendel

¡Newton, Pitágoras y Mendel; Newton, Pitágoras y Mendel!
Ese fue el mantra que empleé para captar su atención, y vaya si lo hice... El colegio de mi hija siempre convoca a padres intrépidos y desvergonzados para que vayan a contar su profesión a los chicos de la clase. La “seño” sabía perfectamente que tanto mi mujer como yo éramos científicos y, por suerte, trabajábamos como tales, con lo cual la visita era prácticamente una obligación para dar una pincelada exótica a la variedad de oficios del resto de padres. La idea era sencilla, dar a la ciencia la importancia que tiene ante niños de tan solo cinco años con distinto grado de comprensión. Para ello decidimos explicar como el hombre había tenido que inventar la ciencia ya que carecíamos del poder de solucionar los problemas con la magia tal y como hacen las hadas. Al igual que las hadas se repartían sus labores en la naturaleza según sus dones, los científicos también pertenecíamos a distintos gremios en los que nuestros dones nos permitían solucionar diversos retos. En mi caso, como microbiólogo les introduje las maravillas que las bacterias pueden hacer por nosotros en forma de productos fermentados o nuevos materiales, todo claro está, enfocado a la comprensión de una maravillosa mente en formación que aun no ha perdido la capacidad de sorprenderse. No todas las bacterias son el enemigo, les decía, algunas fabrican deliciosos yogures y tapizan nuestras tripas para protegernos, fabricando vitaminas y otros compuestos que nos hacen sentir bien. Por desgracia, también existen otras que son malas y los microbiólogos tenemos el deber de vigilarlas y combatirlas para que no nos pongamos malitos… su atención iba en aumento tras esta información. Las primas mayores de las bacterias, otros microbios a los que llamamos levaduras, también son muy importantes ya que son capaces de fabricar productos que a los papis nos encantan como la cerveza y el vino… unas risas… ¡pues a mi papi le gusta el vino! Cuando llegó el turno de mi mujer, su fascinación fue en aumento ya que su especialidad es la ecología acuática y el elenco de bichitos de los que enseñó fotos dejó boquiabiertos a más de uno, incluyendo una “seño” y un papi microbiólogo… que cosas. Las caprichosas formas que el silicio daba a las algas diatomeas, las temibles mandíbulas de las larvas de odonatos, las placas de quitina de diversos artrópodos que otorgaba a sus portadores el fiero aspecto de un guerrero acorazado, o la armoniosa forma de las posidonias que se mecían suavemente con el vaivén de las olas hechizaron a todos. Los teníamos en el bote con nuestra profesión, solo faltaba el momento final, el truco definitivo para que se disparara la curiosidad de los más avispados y sacara al menos una exclamación de los más retraídos…cambiar una solución de color por medio de nuestra particular magia. Elegimos una solución indicadora roja que ante un descenso de pH se tornara amarilla tras añadirle unas gotas de lejía. Simple ¿no? Por eso es tan maravillosa la mente de los niños, capaces de sorprenderse casi con cualquier información novedosa. Les contamos lo que íbamos a hacer, añadirle unas gotitas de este líquido transparente a aquel tubo de ensayo con otro líquido de color rojo. ¿Creéis que con solo unas gotas puedo hacer que todo el tubo cambie de color? ¡Nooooo! Bueno para tener éxito en este experimento necesitamos vuestra ayuda. Tenéis que cogeros de las manos y decir nuestras palabras mágicas para que el experimento científico salga correctamente. ¡Newton, Pitágoras y Mendel; Newton, Pitágoras y Mendel! La expectación era total. Y añadiendo gota a gota, mientras los incrédulos niños repetían este particular abracadabra, la solución indicadora iba cambiando de color ante la atónita mirada de todos. La ovación y aplauso final de esos curiosos de cinco años me hicieron sentir mayor satisfacción que la mejor de las clases que he podido impartir. Como mensaje final, les dijimos lo importante que es la vida y que la debían cuidar en todos sus aspectos y aprender de ella todo lo posible. Cuando por fin nos íbamos les preguntamos a modo de despedida… ¿Os ha gustado? ¿Qué queréis ser cuando seáis mayores? Y grande fue nuestra emoción cuando escuchamos a toda la clase gritando ¡Científicos!