¿Y tú me lo preguntas? Ciencia…eres tú.

Suena la alarma del móvil a las cinco en punto. Me doy una larga ducha seguida de un minucioso afeitado. Mientras me acompaso al ruidito del cepillo eléctrico de los dientes, veo reflejada en el espejo mi incipiente calva. Me viene a la cabeza el día que Gutiérrez llegó al trabajo con los implantes, ¡qué ridiculez! La cafetera de cápsulas que me dieron por lo de la banca online es una pasada. Por fin me tomo la última dosis del antibiótico. ¡Y la herida aún sin cicatrizar! Bajo en el ascensor. Cojo el primer taxi que pasa. Hay días que pillas todos los semáforos en rojo. Suerte que lleva GPS porque este tipo no tiene ni idea, por un pelo no se equivoca de autopista. Miro el taxímetro. Ocho eurazos y casi ni hemos salido. En el aeropuerto dudo entre ir al mostrador o sacar la tarjeta de embarque en la máquina. Hay mucha gente, a la máquina. Tanta prisa y al final llego pronto. Paso los controles. La que lía el tío del marcapasos. El escáner detecta mi botellita de colutorio. ¡Qué pesadez! Si se pudiera cruzar el charco en AVE. Tomaré una coca-cola. Pago con tarjeta. Paso de ir cargado de monedas. Sentado por fin en el avión. A relajarse ocho horitas. Pondrán una peli pero, por si acaso, saco mi E-book y el Ipod. Las explicaciones de siempre y en el cielo. Los barcos parecen pulgas. El niño del asiento de delante no para de hacer ruiditos con la Gameboy mientras el padre habla por el móvil y la madre ve un capítulo de CSI Miami en la tablet. Ya hemos llegado. Ni me he enterado a pesar de que se me ha olvidado tomar la biodramina. Hace ocho horas estaba en casa y ahora en Nueva York. Es casi la misma hora que cuando salí de España. Cojo el airtrain y luego conecto con el metro. Directo a Times Square. No aguanto más de emoción. Menuda pasada. Qué dispendio de luces. ¡Y eso que son las doce de la mañana! Tengo que ir al hotel. No voy a cargar todo el día con la maleta. Mi habitación está en la planta treinta y dos y el ascensor va a toda leche. ¡Flipante! Voy a comer algo. ¿Hamburguesa o comida China? Este japo de take away resuelve mis dudas. Toca el Empire State. Me siento King-Kong. Ya no me da para más el cuerpo. ¡Viaje tope friki! La visita al museo de la NASA en Washington, no me la quita nadie. Quiero ver el trocito de luna que hay allí. ¡Se puede hasta tocar! Por fin en la cama. Enciendo la tele. ¡Se ve Telecinco! Conecto el portátil y el móvil a la Wi-Fi del hotel. Mandaré unos whatsapp, llamaré a mi novia por Skipe y a dormir. ¡Mañana será otro día!