Control del polvo

A fines del siglo pasado, la empresa telefónica para la cual yo trabajaba, estaba realizando un cambio de los equipos de tecnología electromecánica para reemplazarlos por los de tecnología electrónica digital, que constituyó uno de los avances científicos más importantes en la tecnología de las comunicaciones y fue el paso inicial para la globalización del mundo actual. Por tal motivo, se me encomendó verificar si las instalaciones de aire acondicionado existentes podían seguir siendo utilizadas para la ambientación del local donde se instalarían los mismos.
Efectuado el estudio técnico, si bien esas instalaciones satisfacían las necesidades de los equipos telefónicos anteriores, estos nuevos equipamientos tenían una disipación de calor mucho mayor. Por otra parte, se necesitaba un estricto control de la temperatura y humedad y se exigía que el local tuviera un bajo nivel de polvo, por lo que se requería además un alto grado de filtrado, que evidentemente el sistema original no lo disponía.
De esa manera, proyecté incrementar la capacidad de los equipos de aire acondicionado, utilizando la misma cabina de tratamiento de aire, instalando nuevos ventiladores, serpentinas de enfriamiento y empleando filtros de alta eficiencia. En cuanto a los conductos de distribución de aire existentes en el local, consideré que su disposición y dimensiones eran adecuadas y no se hacía necesario efectuar modificaciones, si bien trabajarían con una mayor velocidad de circulación del aire.
La instalación de los equipos telefónicos fue contratada directamente a una firma japonesa que había traído especialistas de ese país para el montaje de esa nueva tecnología. Uno de los aspectos fundamentales para ellos era proteger a los equipos del polvo atmosférico, por lo que habían instalado alfombras en el piso, y para ingresar al local todas las personas se debían quitar previamente los zapatos.
Una vez montado el equipo telefónico en la etapa de pruebas, se puso en marcha la instalación de aire acondicionado y previo a sacarme los zapatos al entrar, constaté que no se lograba enfriar adecuadamente el local, porque algunos lugares estaban más calientes que otros, debido a que no había una apropiada distribución del aire.
Si bien el aire salía bastante frío, su distribución era escasa. Prácticamente tenía el mismo caudal que con el sistema anterior, que había funcionado durante tantos años para acondicionar los equipos telefónicos viejos. Era evidente que algo pasaba con el nuevo ventilador instalado en la cabina de tratamiento de aire, que estaba ubicada fuera del local acondicionado.
Cuando entré en la cabina y observé el funcionamiento del ventilador me di cuenta inmediatamente que el rotor giraba en sentido inverso y que por lo tanto, el caudal era sensiblemente inferior al que realmente debería suministrar. Ello sucede cuando en una red de suministro eléctrico trifásico se conectan mal las fases de alimentación de corriente al motor.
Por lo tanto, me dirigí presurosamente a buscar un operario de mantenimiento eléctrico del edificio, y luego que él efectuara dentro de la cabina la simple permutación de conexión de los cables de suministro al motor del ventilador, al conectar nuevamente el ventilador, noté con gran placer que al girar el rotor en el sentido correcto, la cantidad de aire que movía era mucho más elevado. Estaba muy contento, por haber llegado a solucionar ese problema en forma tan simple y expeditiva.
Mientras contemplábamos satisfechos con el operario nuestra tarea, sentimos que nos golpeaban la puerta desde afuera de la cabina. Por la mirilla vimos numerosos ojos oblicuos haciendo gestos y percibimos gritos incomprensibles en idioma japonés. Cuando salimos rápidamente y entramamos al local de montaje de los equipos telefónicos, observamos con terror que todo estaba envuelto en una nube de polvo, mientras los gritos y amenazas en japonés se incrementaban.
Lo que había pasado era que dentro de los conductos de aire, se había acumulando el polvo dante todos esos años de funcionamiento de la instalación anterior Cuando se efectuó el ajuste eléctrico, no bien comenzó abruptamente a funcionar el nuevo ventilador con más caudal de aire, el polvo que se había depositado, fue arrastrado y diseminado inmediatamente por las rejas de distribución en el local.
Entonces, esquivando a los enardecidos japoneses que me querían linchar, logré llegar rápidamente a la llave del ventilador para apagarlo y así cesó casi inmediatamente el ingreso de polvo. Tardó bastante tiempo en disiparse el mismo, ayudado por aspiradoras, plumeros, trapos humedecidos y otros elementos utilizados para limpiar el local.
Por suerte el incidente no pasó a mayores y no afectó a la nueva instalación telefónica. Luego de una limpieza completa de los conductos, el aire acondicionado funcionó correctamente. En la práctica había demostrado científicamente y sin proponérmelo, que los nuevos equipos telefónicos electrónicos eran más resistentes al polvo, que lo que preveían las especificaciones de fabricación.