En buenas manos

Hace más de veinte minutos que la mamá uno y su bebé esperan en la cola del pediatra. Ella no se ha dado cuenta de que el carrito que tiene detrás pertenece a su mejor amiga del colegio, mamá dos, que tampoco ha podido verla. Si se las observa con atención, se diría que unas manos invisibles inclinan sus cabezas sobre esas pantallitas, creando una bella simetría entre las jóvenes mamás. Las dos suben fotos de sus bebés y se tienen en su lista de amigos...

La mamá dos oye el llanto de otro bebé, mira por delante de la cola y ve a un papá joven agachado sobre un carrito. Enseguida le reconoce, sabe que se ha divorciado hace poco porque es amigo de una amiga de una amiga de Facebook y ella le agregó. Cuando el bebé deja de llorar, el padre lo devuelve al carrito y mira el móvil, a lo mejor la acepta… La cola avanza una baldosa y su carro choca contra el trasero de la mamá uno que profiere un “¡ay!”; otros padres levantan sus cabezas y sonríen enternecidos ante ese accidente de tráfico, tan común en la consulta. Al verse, las chicas se abrazan y se ríen de esa absurda forma de encontrarse:
-¡Mira! tan lejos y tan cerca…
-Casi chateamos en lugar de hablar… qué locura…
La mamá dos se agacha y observa con atención al rubio bebé de su amiga, también el móvil que ha dejado sobre su barriguita; la pantalla aún no se ha bloqueado y puede ver en ella al rubio marido de la mamá uno:
-Ay qué guapo lo tienes… al niño, ji ji ji…
-Sí… está con la barriguita revuelta pero es tan bueno y en la guarde se porta súper bien, y…
La mamá uno sigue hablando orgullosa sin apartar la vista de lo que más quiere en este mundo; en el interior de ese carrito viaja todo cuanto ella significa. La mamá dos consulta el móvil y la interrumpe:
-Claudio y Laura también se han separado, ya es oficial…
-No me digas, pero si… a ver… bueno, ¿y tú cómo llevas lo tuyo?
Mientras la mamá dos se explica, la mama uno recuerda que hablaron de eso el otro día por chat.

Ajeno a ellas, el bebé de la mamá uno siente algo sobre su diminuto cuerpo, sus manitas se apoderan del artefacto y lo observan de cerca. Un dedo rechoncho pulsa un botón y aparece la imagen de su papá en la pantallita: el pequeño ríe, balbucea un “bapa bapa” y las madres vuelven a mirarle enternecidas, solo un par de segundos…
-Ella le ponía los cuernos… Con Manuel…
-Es que está un rato bueno…
-Jajajaja
El bebé también ríe feliz y lame la cara de “bapa” como suele hacer cuando lo tiene cerca; le gusta el sabor salado de su mejilla, pero esta fría superficie es más suave y lisa, incluso le relaja. No tarda en quedarse dormido.

Es el turno de la mamá uno, se despide de su amiga con un “ya me cuentas” y empuja con ganas el carrito, pero entonces suena el móvil: el grito de Lady Gaga y la vibración despiertan al bebé que rompe a llorar con desespero. El médico aguarda paciente en la puerta de la consulta mientras ella intenta hacerse con ese móvil viscoso, que se le acaba escurriendo de las manos y se desliza por el suelo. La mamá uno persigue el artefacto y abandona el carrito que entra en el campo de visión de un papá cabizbajo; su pie hace de cuña bajo la rueda y lo detiene a tiempo. Mamá uno se agacha y recupera el aparato: tiene cinco whatsapps y la imagen de su marido es ahora un retrato fragmentado. Antes de levantarse observa en el suelo unas páginas de diario de las que han puesto después de fregar. Un pequeño titular reza: “Los móviles portan 18 veces más gérmenes potencialmente dañinos que la cisterna de un baño masculino”. Pero de nuevo se diría que una mano invisible inclina su cabeza en otra dirección: la mamá uno admira, en la página de al lado, lo bien que le queda el vestido a Penélope Cruz después del segundo parto. No pasa nada por tener otro, sí, le dará un hermanito a su pequeño, cuyo llanto vuelve a sus oídos. Para tranquilizarle, se asoma al interior del carrito y le muestra la imagen de “bapá”: el bebé frunce el ceño. Luego le pone el chupete que cuelga sobre su pecho y entra en la consulta, donde el pediatra les recibe:
-¡Tranquiiiilo pequeñín! Estás en buenas manos… –la mamá uno también frunce el ceño ante la pantalla fragmentada.

El bebé tose. Tendrá que tomar un jarabe cada veinticuatro horas.