¡DANZAD, ESTRELLITAS, DANZAD!

- ¡Ahhh! – se despereza Sirio, la más brillante. Abre un ojo, abre el otro y mira a su alrededor.- Siempre la primera –exclama.

Deneb, hacia el oeste, contesta:

- También estoy ya aquí, hermana. ¡Hay tanto que hacer!

Y otras les siguen, bostezando. La noche incipiente se llena de luces. Como la hermana mayor, abren y cierran los ojos: su luz titila en la noche.

El viejo búho, tan sabio, las contempla, y canta al manto azul y plata que cubre el bosque: ¡Uhu, uhu!

Y las estrellas bailan al son que cruza la noche. Su danza es lenta, tranquila. Giran todas juntas, hermanadas, abrazadas.

La pequeña Polaris está triste. Cree que es la única inmóvil. Llora en su soledad y el rocío, tras viajar toda la noche, cae mucho más tarde, de madrugada.

- No te preocupes -susurra Júpiter-. Tú eres el eje del mundo.

- Pero también bailas tú –entre llantos responde Polaris.

- Sí, pero al son de una sardana. Yo voy y vuelvo, con mi propia escolta, mis pequeñuelos ganímedes.

Todas las estrellas entonan, mientras prosiguen su movimiento:

- La madre Tierra es la bailarina. Grande y redonda, gira y gira. Nosotras solo la seguimos.

- ¿Y yo? –insiste Polaris.

- En el eje estás, pero lenta te meces. Por ti, el Norte se conoce -Replica nuevamente Júpiter.

- ¡Uhu, uhu! –sigue resonando la copla del sabio búho. Y un cervatillo, despierto a deshoras, pregunta:

- Pero en Primavera todo es diferente, otras son las estrellas.

El viento acompaña el canto, y lleva la respuesta del viejo bosque, aun más sabio que el búho.

- Más de una danza hay. Pues la madre Tierra también baila, y gira alrededor del Sol.

- ¡Uhu, uhu! –saluda el búho la puesta de la Luna.

- ¿Por qué, por qué? Grande a veces, como un gajo o invisible otras –El cervatillo muestra su asombro con ojos redondos.

La brisa responde con su ulular entre las ramas del bosque:

- Bebe de la luz de las estrellas. Si mucha sed tiene, solo ella se ve; si saciada reluce, tímida muestra solo una parte.

- ¡Uhu, uhu! –da el búho la bienvenida a Venus, que como en un chotis, sigue al astro-rey.

- ¡Amanece, amanece! –anuncia el lucero del alba.

- ¡Shh, shh! A dormir, claman las estrellas.

Ya por oriente sale el majestuoso Sol.