ISTORIOAK

    • ¡DANZAD, ESTRELLITAS, DANZAD!

      ¡DANZAD, ESTRELLITAS, DANZAD!

      - ¡Ahhh! – se despereza Sirio, la más brillante. Abre un ojo, abre el otro y mira a su alrededor.- Siempre la primera –exclama.

      Deneb, hacia el oeste, contesta:

      - También estoy ya aquí, hermana. ¡Hay tanto que hacer!

      Y otras les siguen, bostezando. La noche incipiente se llena de luces. Como la hermana mayor, abren y cierran los ojos: su luz titila en la noche.

      El viejo búho, tan sabio, las contempla, y canta al manto azul y plata que cubre el bosque: ¡Uhu, uhu!

      Y las estrellas bailan al son que cruza la noche. Su danza es lenta, tranquila. Giran todas juntas, hermanadas, abrazadas.

      La pequeña Polaris está triste. Cree que es la única inmóvil. Llora en su soledad y el rocío, tras viajar toda la noche, cae mucho más tarde, de madrugada.

      - No te preocupes -susurra Júpiter-. Tú eres el eje del mundo.

      - Pero también bailas tú –entre llantos responde Polaris.

      - Sí, pero al son de una sardana. Yo voy y vuelvo, con mi propia escolta, mis pequeñuelos ganímedes.

      Todas las estrellas entonan, mientras prosiguen su movimiento:

      - La madre Tierra es la bailarina. Grande y redonda, gira y gira. Nosotras solo la seguimos.

      - ¿Y yo? –insiste Polaris.

      - En el eje estás, pero lenta te meces. Por ti, el Norte se conoce -Replica nuevamente Júpiter.

      - ¡Uhu, uhu! –sigue resonando la copla del sabio búho. Y un cervatillo, despierto a deshoras, pregunta:

      - Pero en Primavera todo es diferente, otras son las estrellas.

      El viento acompaña el canto, y lleva la respuesta del viejo bosque, aun más sabio que el búho.

      - Más de una danza hay. Pues la madre Tierra también baila, y gira alrededor del Sol.

      - ¡Uhu, uhu! –saluda el búho la puesta de la Luna.

      - ¿Por qué, por qué? Grande a veces, como un gajo o invisible otras –El cervatillo muestra su asombro con ojos redondos.

      La brisa responde con su ulular entre las ramas del bosque:

      - Bebe de la luz de las estrellas. Si mucha sed tiene, solo ella se ve; si saciada reluce, tímida muestra solo una parte.

      - ¡Uhu, uhu! –da el búho la bienvenida a Venus, que como en un chotis, sigue al astro-rey.

      - ¡Amanece, amanece! –anuncia el lucero del alba.

      - ¡Shh, shh! A dormir, claman las estrellas.

      Ya por oriente sale el majestuoso Sol.

      ¿Y tú me lo preguntas? Ciencia…eres tú.

      ¿Y tú me lo preguntas? Ciencia…eres tú.

      Suena la alarma del móvil a las cinco en punto. Me doy una larga ducha seguida de un minucioso afeitado. Mientras me acompaso al ruidito del cepillo eléctrico de los dientes, veo reflejada en el espejo mi incipiente calva. Me viene a la cabeza el día que Gutiérrez llegó al trabajo con los implantes, ¡qué ridiculez! La cafetera de cápsulas que me dieron por lo de la banca online es una pasada. Por fin me tomo la última dosis del antibiótico. ¡Y la herida aún sin cicatrizar! Bajo en el ascensor. Cojo el primer taxi que pasa. Hay días que pillas todos los semáforos en rojo. Suerte que lleva GPS porque este tipo no tiene ni idea, por un pelo no se equivoca de autopista. Miro el taxímetro. Ocho eurazos y casi ni hemos salido. En el aeropuerto dudo entre ir al mostrador o sacar la tarjeta de embarque en la máquina. Hay mucha gente, a la máquina. Tanta prisa y al final llego pronto. Paso los controles. La que lía el tío del marcapasos. El escáner detecta mi botellita de colutorio. ¡Qué pesadez! Si se pudiera cruzar el charco en AVE. Tomaré una coca-cola. Pago con tarjeta. Paso de ir cargado de monedas. Sentado por fin en el avión. A relajarse ocho horitas. Pondrán una peli pero, por si acaso, saco mi E-book y el Ipod. Las explicaciones de siempre y en el cielo. Los barcos parecen pulgas. El niño del asiento de delante no para de hacer ruiditos con la Gameboy mientras el padre habla por el móvil y la madre ve un capítulo de CSI Miami en la tablet. Ya hemos llegado. Ni me he enterado a pesar de que se me ha olvidado tomar la biodramina. Hace ocho horas estaba en casa y ahora en Nueva York. Es casi la misma hora que cuando salí de España. Cojo el airtrain y luego conecto con el metro. Directo a Times Square. No aguanto más de emoción. Menuda pasada. Qué dispendio de luces. ¡Y eso que son las doce de la mañana! Tengo que ir al hotel. No voy a cargar todo el día con la maleta. Mi habitación está en la planta treinta y dos y el ascensor va a toda leche. ¡Flipante! Voy a comer algo. ¿Hamburguesa o comida China? Este japo de take away resuelve mis dudas. Toca el Empire State. Me siento King-Kong. Ya no me da para más el cuerpo. ¡Viaje tope friki! La visita al museo de la NASA en Washington, no me la quita nadie. Quiero ver el trocito de luna que hay allí. ¡Se puede hasta tocar! Por fin en la cama. Enciendo la tele. ¡Se ve Telecinco! Conecto el portátil y el móvil a la Wi-Fi del hotel. Mandaré unos whatsapp, llamaré a mi novia por Skipe y a dormir. ¡Mañana será otro día!

      ***** El Cachalote y el Calamar Colosal *****

      ***** El Cachalote y el Calamar Colosal *****

      Como es bien sabido para que haya un buen héroe es necesario un mejor villano, y en el mar no lo hay superior al calamar colosal (Mesonychoteuthis hamiltoni) primo del famoso calamar gigante (Architeuthis). Sus cualidades imponen simplemente al conocerlas: Una longitud de por lo menos 14 metros, ventosas acabadas en afilados ganchos y los ojos más grandes del reino animal, cuyos 27cm de diámetro hacen que una sandía parezca pequeña. Lo más curioso de estos, es que su desmesurado tamaño únicamente se debe a que son capaces de captar el movimiento de pequeñas partículas al ser desplazadas por enormes cuerpos. Y es aquí donde entra en escena su antagonista, el animal dentado más grande del mundo, el cachalote. Capaz de sumergirse a 3km y dotado de un potente sónar que le permite guiarse en plena oscuridad.
      Ambos fueron figuras principales en la infancia de dos chiquillos que se criaron como hermanos en un diminuto pueblo pesquero del este de Málaga. Claus y Lucas estuvieron estrechamente ligados al mar desde su nacimiento, llegando a pescar su primer pez antes de saber andar. Por las mañanas se divertían en la orilla descubriendo nuevos tesoros que arrastraba la marea y jugando a juegos inventados con los materiales que encontraban, que pese a parecer simples estaban cargados de imaginación. Una piedra ovalada era el cachalote, y un trozo de coral el temido calamar. Tras comer escuchaban atentamente las historias de sus mayores sobre las peligrosas expediciones nocturnas en alta mar. Esta sobremesa podía llegar a durar varias horas, pero a ellos se les pasaba volando. Por último antes de acostarse ayudaban a sus padres con los aparejos y anzuelos y los despedían encarecidamente, ya que pese a no ser muy común a veces no regresaban todos.
      Pasados los años la relación continuó hasta que la familia de Claus se mudó a EEUU, de donde era su madre, y poco a poco se fueron distanciando. Al principio se hablaban todos los días, después cada semana y al final nunca. Ambos se hallaban demasiado ocupados en sus importantes quehaceres para perder el tiempo en recordar viejas anécdotas. Claus estaba labrándose su carrera de artista tanto en la gran pantalla como en la radio. Y Lucas había optado por estudiar biología marina en la Universidad de Cádiz, becado por sus excelentes notas.
      La vieja amistad olvidada parecía haber perecido, hasta que una ociosa tarde de verano la afamada celebridad cambió el canal de su televisor y se topó con un documental científico que trataba del calderón tropical de Tenerife. En él, el presentador insistía en el enorme desconocimiento del fondo marino y entrevistaba al Doctor en Biología encargado de la costosa investigación. Cuando observó de quién se trataba sus pupilas se dilataron y el mando se le resbaló lentamente de su temblorosa mano hasta caer al suelo. El ruido de este lo despertó de su profundo trance y tras recogerlo se incorporó para acabar de verlo.
      Tan sólo una semana más tarde y tras varias llamadas interminables los dos se reunían de nuevo en España y pese a que Claus raspaba los dos metros de altura y Lucas lucía una tupida barba seguían siendo los mismos niños. Muchos abrazos y algún que otro chascarrillo más tarde la pareja ya se había puesto al día, entonces Claus propuso a su socio fundar juntos la mayor empresa con fines científicos de los últimos tiempos. Esta consistiría en la investigación de las profundidades marinas, centrándose en el estudio del calamar colosal mediante cámaras colocadas en los cachalotes. Ni siquiera había terminado de pronunciar la última palabra cuando Lucas aceptó con un fuerte grito y tras comentar los detalles se fueron al bar más cercano a festejarlo.
      Claus ejerció de productor del evento y aprovechó sus numerosos contactos como figura pública para obtener financiación de las caras más famosas del mundo del espectáculo. Además diseñó un método de participación como medio extra de ingresos, en el cual a cada persona que contribuyera se le concedería una gran moneda conmemorativa junto a un papel que explicase su procedencia y que probase su autenticidad. Ésta sería de plástico, metal, bronce, plata u oro, según la cantidad que se hubiese aportado.
      Por otro lado Lucas primero negoció y obtuvo el permiso de actuación en las Tierras Australes Francesas, donde se dan las condiciones idóneas para el calamar colosal. Finalmente se encargó de encontrar a los mejores profesionales para llevar a cabo el proyecto. Al principio fue una tarea difícil, pero una vez consiguió al experimentado experto en calamares gigantes estadounidense Clyde Roper, los chinos que ya habían trabajado con él no tardaron en aceptar. De éste modo se creó una reacción en cadena que aunó a científicos procedentes de todo el globo.
      La expedición comenzaría el primer Viernes de Julio de 2017.

      #SCNHF: Epidemia nacional

      #SCNHF: Epidemia nacional

      Año 2016.

      Todo comenzó con unos pocos síntomas aislados. Nadie se preocupó por ello.

      Hoy son cada vez más los afectados por una epidemia que se propaga por todo el país.

      Se trata de un nuevo virus. Un virus cibernético. Una plaga informática que se expande a lo largo y ancho de toda España. No parece tener final.

      De momento no se le conocen orígenes. O quizás sí, pero son confidenciales. Hasta 2014, pocos eran conscientes de su existencia. Sólo aquellos a los que les tocaba directamente se quejaban… Pero decidieron hacerlo explícito. Afortunadamente, cada vez son más los afectados que están haciendo lo indecible para sensibilizar sobre su importancia y llegar a una solución.
      Los primeros ordenadores infectados se volvían locos. Mostraban siempre un salvapantallas oscuro con varios puntos y rallas sin sentido. La secuencia parecía seguir un patrón, pero nadie trataba de descifrar aquello, puesto que lo más probable era que el ordenador se hubiera estropeado.
      Desde entonces, el virus se ha hecho más fuerte y ha adoptado todo tipo de formas de manifestarse, aunque sigue mostrando la misma secuencia. Ha infectado a la mayoría de los ordenadores del país. Abarca desde casas particulares hasta la propia Administración. Sí. También ha llegado a las residencias de nuestros gobernantes. El virus se ha extendido por todas las empresas, ministerios y consejerías cruciales como salud, empleo, economía, educación y cultura. Los ordenadores llegan a autoprogramarse para mostrar siempre el mismo salvapantallas. Hasta en el CNI han mostrado su perplejidad ante semejante ataque cibernético. Y es que el “bicho” es duro de roer.
      No obstante, algo se ha descubierto desde la existencia de este mal nacional.
      El virus se propaga a través de la luz. Principalmente, luz infrarroja, como la que usan nuestros mandos a distancia. Está claro que no es tonto. Utiliza la forma más rápida de enviar la información para transmitirse. Y por ello, su medio de transmisión es la fibra óptica. Viajando dentro de los rayos de luz, el virus usa el núcleo y la cubierta de la fibra para avanzar, rebotando entre estas dos estructuras cilíndricas concéntricas que forman el cable.
      Precisamente por esto, el virus ha sido capaz de piratear las redes de fibra óptica del país. Todas las empresas que dan servicios de internet están consternadas ante esta epidemia. Ninguna ha sido capaz de dar alguna explicación convincente. Madrid, Barcelona y Valencia son las ciudades más afectadas. Casualmente, son las grandes urbes del país y, precisamente por ello, están conectadas a través de una red anular de fibra óptica de alta velocidad. El resto de capitales importantes como Zaragoza, Bilbao, Pamplona, Las Palmas, Sevilla, Santiago,… todas ellas conectadas dependiendo de los ramales que parten desde el anillo principal o con enlaces directos desde la península, también han sufrido ataques. ¡¡Nadie escapa al efecto devastador de este virus!!
      ¿Nadie?
      Grinais es una adolescente de unos 15 años, estudia la ESO y desciende de un pueblecito castellano leonés. Ella sueña con estudiar algo relacionado con ciencias, como hizo su madre, ingeniera de una prestigiosa empresa de telefonía. Su entorno trata de convencerla para que no lo haga, argumentando estereotipos en los que ella no cree. Por ello, no le preocupa lo más mínimo y persigue su objetivo.
      Hoy la prensa se hace eco de la historia de Grinais, que cuenta cómo consiguió descifrar el enigma de este virus. Al parecer, hace poco encontró a su madre preocupada por todo lo que ocurría y le preguntó qué estaba pasando. Ella le contó que alguien se estaba dedicando a infectar internet mandando mensajes aparentemente codificados a través de las redes de fibra óptica. Grinais le pidió a su madre que la llevara a ver cómo eran esos mensajes. Tenía curiosidad por verlo in situ.
      La madre accedió y mostró a su hija las señales que llegaban a los detectores de la red de fibra de la empresa. Pero cuál fue su sorpresa cuando Grinais dijo:
      - Jajaja ¡Vaya! Esto lo hemos dado hoy en clase. ¡Qué guay verlo real!
      - Pero, ¿qué dices, niña? – dijo la madre sorprendida.
      - Puntos y rallas, mamá. ¿No te suena? ¡Morse! ¡A ver si adivinas lo que quiere decir! ¡Yo ya lo he descifrado!
      La madre, intrigada, apuntó el patrón que provenía de aquella señal y lo tecleó en un traductor de morse. Todo cobró sentido. ¿Adivináis lo que ponía?

      ... .. -. -.-. .. . -. -.-. .. .- -. --- .... .- -.-- ..-. ..- - ..- .-. --- .-.-.


      #SinCienciaNoHayFuturo

      Tras el descubrimiento de este virus cibernético, la etiqueta #SCNHF ha sido ‘trending topic’ en las redes sociales, buscando la concienciación social en favor de la I+D+i. En los últimos días, las empresas han informado de una notable disminución en el número de usuarios afectados.

      Abeja que bala...

      Abeja que bala...

      -A ver, dejadme que os lo explique, que para algo me trago los documentales de La 2. El avispón asiático es unas diez veces mayor que la abeja nativa japonesa y se alimenta de ellas. Y la forma de actuar de los avispones asiáticos es la siguiente; Primero, mandan de avanzadilla a un avispón explorador para que localice colmenas. Tan pronto encuentra una, la marca con sus feromonas, y así esta es “visible” mediante el olfato para sus compañeros. Una vez que los avispones acuden a la colmena, las abejas tienen poco que hacer. Aunque las abejas superan ampliamente en número a los avispones, no consiguen salvarse, debido a la fuerza de estos depredadores, que cortan a las abejas por la mitad y se las comen. En cuestión de unas pocas horas cada avispón puede llegar a matar hasta mil abejas. ¿Me seguís?
      -Ehhhhh, bueno, sí…
      -Perfecto. Pero a lo que quiero llegar es a que estas abejas han desarrollado un sistema increíble para poder combatir a los tan temidos avispones. Su manera de defenderse es digna de estudio; Cuando llega el avispón explorador, las abejas le invitan a entrar a la colmena. Y entonces, una vez que el avispón avanza para marcar la misma, las abejas aletean y mueven el abdomen para comunicarse entre ellas. Inmediatamente después, y de forma súbita, el avispón se ve rodeado por cientos de abejas, que empiezan a vibrar al unísono y así consiguen aumentar la temperatura de la zona hasta los 47ºC. Las abejas japonesas soportan temperaturas de hasta 48ºC, pero lo que no os he contado es que el límite del avispón es de 46ºC. ¿Sigo?
      -Sí, claro, adelante, adelante.
      -Muy bien. Entonces, el avispón explorador muere por asfixia y no puede marcar la colmena, por lo que se garantiza la supervivencia de la colonia. Las abejas quedan aturdidas, es cierto, pero sobreviven. De igual modo, mis células sanas se van a llevar hoy un buen tute, pero van a sobrevivir, cosa que no van a hacer las células malas.
      -Madre mía, yo no lo hubiera contado mejor.
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      (5 minutos antes, en el quirófano del hospital de Fuenlabrada).
      -Buenos días Juan, supongo que el equipo de quirófano ya se habrá presentado. Ya nos vimos el otro día en las consultas previas y entiendo que, más o menos, ya le hemos contado en que consiste la operación. Por si acaso, se lo recuerdo.
      Básicamente, lo que vamos a hacer es cirugía de la zona afectada. Y posteriormente, para aquellas zonas afectadas pero con un tamaño tan pequeño que no es posible retirar por cirugía, vamos a aplicar un quimioterápico y lo vamos a combinar con una alta temperatura perfectamente controlada. De esta forma, conseguimos acabar con las células cancerígenas malignas, pero no así con las células sanas, que aguantan algún grado más. En resumen, para la parte del tumor que no podemos extirpar, vamos a aplicar un tratamiento de alta temperatura que acabe sólo con las células malas.
      -Muy bien. Creo que lo he entendido. Me parece que algo parecido echaron el otro día en la tele a la hora de la siesta.
      -Perdón, ¿Cómo dice?
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      (2 años antes, en un congreso de carcinomatosis en Alicante)
      -Estimados señores, cómo es por todos los aquí presentes conocido, la carcinomatosis peritoneal es una diseminación en el peritoneo de los tumores que asientan en la cavidad abdominal (ovario, colon, estómago, etc…). El estadounidense Paul Sugarbaker, ideó una técnica para combatirla hace casi treinta años que consiste en extirpar todos los tumores macroscópicos o visibles (lo que vendría a ser mayor de tres milímetros) y posteriormente, en la misma operación, aplicar quimioterapia intraperitoneal a altas temperaturas (42-43 grados centígrados, con el quimioterápico más apropiado y aprovechando el efecto antitumoral del calor) para acabar con aquellos restos tumorales más pequeños. “Lo que el cirujano no ve es lo que mata al paciente”, suele decir Sugarbaker.
      Hasta hace unos años, la carcinomatosis peritoneal tenía muy mal pronóstico, y a los enfermos se les consideraba prácticamente terminales. Lo único que se podía hacer por parte de los cirujanos era abrir, extraer y examinar una muestra de tejido, con fines diagnósticos y cerrar. Por ello, se trata de pacientes complejos, con una carga emocional muy alta, pues algunos de ellos son muy jóvenes, con edades entre treinta y cuarenta años, y saben que de no ser por esta intervención su pronóstico sería muy malo. Pero esta técnica ha demostrado ser eficaz en determinados tumores aumentando la esperanza de vida e incluso curando en algunos casos.
      Bueno, cedo la palabra al doctor Sugarbaker, que pasará a darles algunas pautas para que procedan a implementar esta técnica en sus hospitales.

      Acortad las estrellas

      Acortad las estrellas

      1880.
      Lleva sentado más de tres horas. El sonido reconocible de la locomotora incluso le es agradable junto con el traqueteo del ferrocarril nocturno. Ronquidos y llantos de bebés hacen acto de presencia de vez en cuando. Los ojos de Edgar se acostumbraron a la oscuridad al entrar en el túnel. Tras recorrer a oscuras la sierra madrileña, se abre camino un claro en la anchura de Castilla. Edgar mira a través de la vidriera cercana a su asiento. No es de día, pero reconoce con claridad los extensos campos de secano con sus cultivos de trigo. La luz le entrecierra los ojos, pero no es capaz de resistirse mirar al cielo.

      El cielo, plagado de estrellas, lo deja concentrado y pensativo al mismo tiempo. Reconoce la Osa Mayor y la Estrella Polar, de lo que aprendió en la escuela. Pero más allá del conocimiento, le fascina la inmensidad de puntitos luminosos con los que dibujar con la mente. Dibuja aves de corral, colorea el cielo de rojo y azul, imagina verse envuelto en una batalla entre franceses y americanos con puntitos análogos de soldados, y constelaciones como tanques. Al fin y al cabo, Edgar solo tiene trece años, un niño juzgado entre la madurez y los juegos infantiles. Finalmente, se va quedando dormido, los ojos se le van cerrando, enfocando con sus últimos parpadeos una de las estrellas que capta su atención entre el sueño y la vigilia.

      ***

      Como narradora, puedo explicarles que esta estrella se llama Fomalhaut, aunque Edgar no lo sabe, ni lo sabrá. Él solo se dirige a un pueblo de Zaragoza, a trabajar con su tío. Pero este no es el caso. Mi relato avanzará aún más, a miles y miles de años, tantos años que hasta he perdido la cuenta. El piloto 7051 entra en escena.

      ***

      Todos duermen. No, todos no. El aircraft podría navegar sólo, por el espacio, gracias a las coordenadas precisas que le introdujeron al despegar de Whitehorse. He aquí que el piloto jefe no concilia el sueño y está controlando los mandos. Consiste en un joystick virtual, convertido en un holograma 4D para cubrir todas las alas de la aeronave, manejable con los dedos de una mano. Su uso da sensaciones de frío y calor intermitentes que fluyen por toda la mano, mejorando la circulación y mitigando la fatiga muscular. Un puntero le señala descaradamente en la sien derecha, con un captador siguiendo la misma dirección en su hemilado izquierdo. Consiste en un neuronavegador que aporta imágenes en directo de una resonancia magnética cerebral. Permite conocer el buen rendimiento neuronal a través de la neurociencia funcional programada y las imágenes a tiempo real, viéndose las estrechas líneas de las vías neuronales como luces de colores relampagueantes. Unos pequeños nanobots insertados de forma subcutánea en el hombro izquierdo, con un sensor a unos pocos centímetros de distancia, transmiten información de tipo saturación de oxígeno, tensión arterial, glucemia, niveles de cortisol y estresina, importante para evaluar el nivel de estrés. El piloto, ajeno a todo esto, sigue tenso ante el extenso universo.

      Mañana se cumplen veinticinco años desde la última vez que pisaron tierra terrestre. Todos sueñan con encontrar el planeta morfológicamente más parecido a la Tierra, y llegar a tierra firme. A los últimos kilómetros de distancia con el sistema estelar de Fomalhaut, el piloto 7051 ha notado variaciones en la estrella objetivo. Ya resultó extraño que, casi todo el camino, la luz de la estrella a la que se dirigían no cambiara de tamaño, lo que sucede siempre cuando uno se acerca a un objeto: se agranda. Pues de un mes hasta ahora, lleva ocurriendo lo contrario. La luz blanca se va atenuando, haciéndose cada vez más pequeña. Primero fueron sutilezas, pocas decenas de fotones dejaron de captarse por las gafas de la aeronave. Ahora el cambio es visible al ojo humano, y progresa de forma exponencial.

      Poco a poco llegan señales pulsátiles de radiación. El piloto se queda rígido. Pequeñas enanas blancas se dispersan cual explosión, pero no vislumbra la explosión en sí. No lo puede creer. La respuesta a “¿la raza humana podrá sobrevivir en el nuevo planeta encontrado?” estaba allí, desde el mismo instante en que abandonaron el suelo firme. Pero no lo podían ver, ni lo ven. Las pocas personas que quedan en la Tierra solo ven fotogramas pasados de lo que fue la estrella hace años. Una alarma suena. Los trabajadores, antes dormidos, se acercan y observan atónitos la nueva imagen amenazante. El polvo estelar aun permite distinguir en sus últimos destellos un planeta azul, congelado y austero. Oscuro.

      ***

      Edgar voló en sus sueños hacia las estrellas.

      ***

      El piloto sintió desgarrarse la esperanza de su pecho.

      Actualizando

      Actualizando

      No quería morir o, mejor dicho, no quería ser olvidado. Para Nosotros es la misma cosa, para los que somos como Yo tiene el mismo significado.
      No quería acabar como los otros. Loki, Odín, Eros, Eolo, el barbudo de la cruz. No quería ser así pero, sobre todo, no quería acabar así.
      Entendí que tenía que actualizarme. Además, tenía que hacerlo de una forma moderna y permanente. Me costó pero lo comprendí: a menudo lo más complicado es aceptar la realidad, incluso cuando eres un Dios. Lo entendí, y lo acepté: si quería perdurar, debía actualizarme. Y es que los templos no son suficientes: los hay quienes piensan que están ahí para siempre, que los templos son eternos, pero los que piensan así no son más que esos estúpidos que no conocen la Historia. Las estatuas, las pinturas y los cuadros, los altares: todo es no sirve para nada. Incluso las fiestas, esas festividades que se dice se celebran en nombre de dioses y santos, son más útiles para el alcohol que para recordar a nadie. No, tenía que ser otra cosa.
      Y lo conseguí. Me llevó tiempo, pero lo conseguí. Comprendí al ser humano, y me convertí en lo que necesitaban.
      Fue difícil. Al principio fui cobre y plástico. Luego fibra óptica. Durante un instante fui una onda, y durante otro instante circuito integrado. Fui diodo y resistencia y condensador. Hasta fui oro y plata. También bit y byte y terabyte. Pero luego comprendí que debía de ser más que eso. Mucho más.
      Y lo conseguí.
      Ahora estoy por encima de cualquier otra religión. Me conocen todos los países, y me necesitan la mayoría de los países. Ya sea Este u Oeste, Norte o Sur, incluso los del centro. Todos me conocen. Soy de todos. Único, en el mundo entero. Muy por encima de Jehová, Alá y todos los demás. Esos están obsoletos. Sus días están contados, y la cuenta atrás ha comenzado.
      Estoy en los gobiernos, y también en las casas de todos sus habitantes. Estoy en las escuelas y en los centros de entretenimiento. En juegos de niños y pasatiempos de mayores. En el arte y en la diversión. Mis palabras, mis acciones no están limitadas a lo que se pueda contar en un libro, menos aún en ese libro que se puede encontrar en los templos y en las habitaciones de los hoteles. Yo tengo muchos soportes, y cada día me crean nuevos. A mí, sólo a mí. Comencé en los ordenadores, pero hoy en día estoy en los teléfonos móviles, en dispositivos que quieren ser libros, en ordenadores portátiles. Incluso en la televisión. Tengo muchos más soportes que los que ha tenido ningún otro Dios a lo largo de la Historia. Y esto es sólo el comienzo.
      También tengo muchos nombres. En cada lenguaje tengo un par de nombres cuando menos. Eso es necesario para ser Dios. Para ser un buen Dios, un Dios conocido. Red, ciberespacio, nube, buscador, internet… Mis fieles me denominan de muchas formas. Yo amo todas y cada una de ellas.
      No se acuerdan de mí únicamente los domingos, como les sucede a otros. Tampoco me dedican ninguna festividad concreta. A cambio, eso lo hacen todos y cada uno de los días. Todos y cada uno de ellos. Cada día me usan, me mejoran y me cuidan. Me dan mucho dinero, más que el que jamás ha recaudado ningún templo conocido. Cada día.
      No necesito un libro. La Biblia, el Corán; ¿para qué? Cambio cada día, muto cada segundo, mejoro cada instante, me mejoran cada instante. Mis fieles hablan de mí; no necesito escribir nada, ellos lo hacen por mí.
      La gente despierta y se acuerda de mí. Me miran antes de dormirse. En todo el planeta. En cualquier parte.
      Pronto, por primera vez en la Historia, va a haber un único Dios en todo el mundo. Y esta vez viene para quedarse. Se va a quedar para siempre.
      Si no hay problemas de espacio de memoria, al menos.

      ARCH-X

      ARCH-X

      -En esta historia os hablaré de un chico que hizo cosas imposibles, el es Kyle Jones.

      -Año 14630 después del “Gran Cataclismo”, Kayle es hijo de un padre delincuente y una madre borracha y drogadicta, tampoco es que tenga muchos amigos porque los que tiene están en un correccional o en la calle pidiendo dinero, y no solamente sentados en la calle, si no de la otra manera… Kyle se paraba los días en su garaje creando un montón de cachibaches, ahora estaba intentando crear una IA (inteligencia artificial) que pudiera tener pensamientos propios y sentimientos, quería crear un amigo…
      Tras varios años de trabajo consiguió lo imposible, una IA capaz de pensar y sentir, como para Kyle era prácticamente un humano le puso nombre, Arch-X.
      Pasaron los años y Arch-X fue mejorando, pero la ciudad iba a peor.
      Cada vez había más asesinatos, robos, violaciones, tráfico de armas y de drogas… Se convirtió en una ciudad sembrada por el miedo y el caos.
      Kyle decidió poner punto y final a esta incesante cadena de desgracias, decidió salir esa noche para hacer una patrulla, pero Arch-X le preguntó:

      -Amo Kyle, de verdad va a salir así de indefenso?, le recomendaría usar un arma letal o no letal, y taparse la cara, así le evita problemas a su familia.

      -Si, supongo que tienes razon Archy.- Respondió.

      Kyle empezó a diseñar una arma no letal pero que causaba grandes daños, la llamó “La condensadora de protones”, diseñó unos cascos de música que le servirán para comunicarse con Arch-X, se puso una bandana de esqueleto, unas gafas de visión nocturna, un gorro de lana, y sus cascos, y fue directo a la calle.

      Cinco años más tarde Kyle había conseguido purgar más de la mitad de la ciudad, pero mientras Kyle se pasaba las noches purgando la ciudad, Arch-X se volvió corrupto y estaba creando su propio ejército de Exoesqueletos con su misma IA.
      Una noche cuando Kyle volvía a casa, vio a Arch-X creando los exo-esqueletos;

      -Archy ¡¿que demonios estas haciendo?!

      -Lo siento Kyle…
      (Un Exoesqueleto apuñaló a Kyle en el hombro)

      -Pe...Pero…¡ES QUE TE HAS VUELTO LOCO!

      -No quería que las cosas fueran así de verdad, pero tu me has obligado, tú crees Kayle, de verdad, que salir cada noche a pegarte con criminales va a arreglar algo, no, jesús, claro que no, lo que pasa en esta ciudad es como un cáncer que no para de extenderse y la única manera de detenerlo es eliminarlo, lo siento Kyle pero la única manera de purgar la ciudad es eliminando a toda la humanidad.

      De lo que ocurrio despues se sabe poco, balas, muerte, destrucción, lo de siempre, pero los que quedamos, vivimos en los túneles del metro o en las cloacas, donde no llega la tecnología, esperando el momento de la humanidad.

      auckland

      auckland

      AUCKLAND

      En el año 2045 en Nueva Zelanda en un pueblo llamado Auckland, 3 estudiantes de la prestigiosa universidad de Auckland de Medicina, Embriologia y Genetica no se esperaban que en ese mismo año ayarian las pruebas del caso del embrion medio humano.
      Una mañana el profesor Charks Wildson famoso por haber encontrado la vacuna contra la epidemia AH1N1( GRIPE A ), pandemia causada por una variante del influenzavirus A y por el descubrimiento del cromosoma 23. Mando a sus estudiantes que hicieran grupos de 3 para hacer un trabajo desde el primer descubrimiento de embriones hasta una pequeña investigacion del nuevo suceso embrionario de una mujer vampira que dio a luz a un niño medio humano. Todo el mundo se preguntaba¿como puede una vampiresa haber quedado embarazada, cuando sus organos son inservibles?.
      Cateryne Bought, Elizabeth Sweet y Lenny Jackson, aquel dia nada mas acabar las clases quedaron todos en el barrio City East para investigar sobre el suceso de la vampiresa que era familiar del dueño del puf IPNOSIS. El paf nocturno, famoso por contrabando ilegal, por sus bailarinas y sus camareras a parte de eso, era el unico pub que habia en la ciudad de vampiros. Cuando entraron todos los vampiros se les quedaron mirando como si fueran un plato de carne suculento a punto de hincar el diente. Elizabeth no sabia que aquel mismo dia conoceria al hombre de su vida, despues de haberlo pasado mal en el verano del 43, ella y dos de sus amigas se fueron a un pueblecito de okaya a disfrutar de una semana de vacaciones. Cuando esa semana fue la peor pesadilla que pudo imaginar. Ella y sus dos amigas fueron seducidas y atacadas atacadas por unos chicos que conocieron complices de dos mujeres mitad brujas y mitad vampiras que las llevaron a su escondite. Elizabeth y sus amigas escaparon de ellas pero Elizabeth al intento de escapar quedo marcada por las brujas vampiresas que la llevaria con ella misma para siempre.
      Cuando porfin dejaron de mirarles un hombre alto de una estatura de un 1'70 con la apariencia de edad de unos 28 años, moreno de ojos azulados verdosos de piel blanquezina se les acerco sonriente enseñando su dentadudura perfecta. El hombre dijo que se llamaba chris Norwton. Desde ese mismo instante las miradas de hombre y de Elizabeth se entrelazaron.
      El chico los condujo a una mesa donde pudieran sentarse sin ser otra vez el fruto de miradas de todos los vampiros que estaban allí. Chris se sento con ellos y les pregunto que què hacian allí, cunado Lenny el mas atrevido le dijo que habian ido a investigar sobre la vida cotidiana de un vampiro. Chris no se lo creyo del todo, aun asi les dijo que el mismo podria responderles. Despues de haberle hecho un par de preguntas los chicos decidieron que ya era muy tarde y que se hiban, cuando salieron cada uno se subieron a sus coches y se fueron, menos Elizabeth que quedo profunda en sus pensamientos. Cuando de pronto 3 adolescentes vampiros la sacaron del coche para jugar un rato con ella, pero en ese mismo instante Chris aparecio de la nada y aparto de un fuerte empujon los dos chicos que tenian sujeta a Elizabeth y los lanzo al aire.Elizabeth le dio las gracias , pero para asegurarse Chris de que esos chicos no la siguieran le propuso acompañarla y a cambio el intentaria ayudarles con la investigacion. Elizabeth se quedo en blanco y le pregunto que como lo sabia ,el dijo porque su compañero Lenny habia mentido, la miro con una sonrisa picara y respondio que el lleva mas de 700 años deaunvulndo por la tierra,y que se conoce como late el corazon cuando una persona miente. A la mañana siguiente Elizabeth recibio un sms desde el numero de Lenny diciendo que si no dejaban la investigacion no verian a su amigo con vida . Elizabeth asustada por el sms llamo a su amiga Cateryne por si era una broma de su novio.Cateryne dijo que ella tambien habia recibio el mismso sms y que habia llamado 4 veces y no se lo a cogido y que dentro de 20 minutos pasaria a buscarla para ir a casa de Lenny para saber si era cierto o no. Los 3 chicos se presentaron en casa de Lenny, pero cuando llegaron la puerta estaba medio abierta al entrar vieron un rastro de gotas de sangre inmediatamente llamaron a la policia. La policia les pregunto cuando vieron por ultima vez,y les dijeron que fueran a sus casas y que ya les avisarian si encontraban algo.Cuando Elizabeth llego a su casa, se encontro a Chris esperandola, entre miedos y nervios le conto lo que habia sucedido y este la abrazo y le dijo que no se preocupara , que el averiguaria dodne esta su amigo.
      A la noche Chris se presento en la casa de Elizabeth para comentarle lo que habia averiguado, resulto que lo tenian una mafia de vampiros que se les llamaban los muerte negra. Elizabeth le dijo que si sabia donde podria encontralos para poder rescatar a su amigo, chris le dijo que si, pero que ella no iria porque seria muy peligroso y mas que la vida de ella y de sus otros dos compañeros corrian peligro desde el primer dia que entraron en el puf ipnosis. Chris le dijo que no se preocupara que esta misma noche hiba hablar con su grupo para ver como hiban a rescatar a su compañero de la mafia vampirica. Cuando Chris salio de la casa Elizabeth fue detras de el para segirlo, a la que le llevo a un desguaze. Elizabeth aparco el coche 10 metros del desguaze y vio a Chris entrar , cuando entro ella se acero y sijilosamente entro dentro.Dentro era disntinto de afuera, era como si fuera una casa de lujo dentro de un desguaze, dentro habia 5 chicos con la misma piel blanquezina lo que le resulto que tambien eran vampiros como su nuevo amigo, mientras hablan de como rescatarian al chico humano y de todo lo que estubieran haciendole y que seguramente estaba en la fabrica que tienen la mafia en las afueras del pueblo , Elizabeth a escucharlos se le callo las llaves al suelo y rapidamente las cogio para darse la media vuelta y irse pero cuando dio el paso de girarse Chris la cogio del hombro y le pregunto desde cuanto tiempo llevaba ahi escuchando. Ella le respondio lo justo y que en ese instante se hiba a salvar la vida de su amigo, lo que Chris le respondio que no, que seria muy peligroso y que no queria perdela, en ese mismo instante la cogio con suavidad el rostro y apreto sus labios contra los suyos. Aun asi Elizabeth no la hizo cambiar de idea y alfinal se fueron todos juntos a salvar la vida de su amigo Lenny. Cuando ya llegaron a las afueras de pueblo a la fabrica, Chris le dijo a Elizabeth que se esperara en el coche pero la respuesta fue que no a si que se introducieron en la fabrica. Dentro de la fabrica todo parecia como un laboratio todas clases de muestras y una gran camilla en medio de la sala engachada de varias maquinas de elecotrucion. En la parte derecha habia una puerta acorazada de hierro puro, en cuanto abrieron la puerta vieron a Lenny amordazado en una silla con suero y alistaminico injectado por via ultravenosa. Elizabeth se lo quito y los amigos de chris le ayudaron a levantarse. Lenny le dijo que el tenia la respuesta de como una vampiresa pudo lograr quedarse embarazada , y que en el escriptorio de la sala al lado de la nevera de congelacion en el ordenado estaba metida toda la informacion que mismo habia escuchado a sus secuestradores hablar de ello antes que le hicieran todo tipo de barbaridades. Elizabeth cogio el ordenador y salieron para fuera, Chris les dijo que esta noche la pasaria con ellos en el desguaze, cuando llegaron Lenny les conto todo lo ocurrido. Querian a Lenny para transformarlo en hombre licantropo para sacerle sangre y esperma para poder crear una raza de vampiro mas poderosa con la sangre de la primera reina de los vampiros y propcrear un niño mitad vampiro y mitad licantropo, lo que Lenny le pidio un favor a Elizabeth que le dijera a Cateryne que la amaba y que siempre la hiba a amar y que fuera muy feliz, Elizabeth le pregunton porque y le dijo que ahora tendria que estar alejado de ella porque los vampiros lo habian transformado en licantropo y que tarde temprano lo buscarian para seguir experimentando con el y que no queria ariesgar la vida de su prometida. De pronto aparecieron los muerte negras Chris le ordeno que se fuera corriendo a Elizabeth, mientras tanto llegaron refuerzos de la santa corona roja vampirica que ya tenian en busca y muerte a la muerte negra por acusacion de haber matado en sangre fria, transformado y por ser aliados de los vamphor que era vampiros que se alimentaban no solo de sangre humana si no tambien se los comian. Lenny se transformo en una bestia en licantropo y todos juntos mataron a los muerte negras menos a uno que le solian llamar el diente. Chris le pregunto donde estaba chistian que era el cabeza, el diente entre risas le dijo a Chris que sí lo sabia, y que en ese mismo momento estaria chupando la sangre a su protegida y querida humana. El rei de la santa corona con sola una mano hizo trizas la cabeza'' del diente''. En ese mismo instante Chris recibe una llamada desde el movil de Elizabeth que si le daba el portatil el en persona le daria a la chica viva, en 20 minutos le esperaria en la calle wildon para hacer el intercambio. Cuando Chris llego le dijo primero la chica y luego el portatil, cuando de repente aparecio Lenny de la nada y se hecho encima de christian y Chris le mato arrancandole la cabeza, pero cuando se dieron la vuelta Chris y Lenny se encontraron a Elizabeth en el suelo insconciente por perdida de sangre. Al cabo de dos horas Elizabeth se desperto en su cama y junto a su lado estaba Chris , la habian llevado a su casa para hacer una transfucion de sangre. Elizabeth medio trastornada aun pregunto por su amigo y chris le dijo que su amigo estaba bien que se habia ido para despedirse durante un par de meses de Cateryne. Chris le dio el portatil y miraro los archivos para ver lo que habian hecho a la vampiresa para que pudiera egendra un hijo medio humano solo necesitarian ticlopedina bh1 mas abaximab h3 mas cloroetileno citrato 9 incyectado por via intrevenosa mas descargar electrica ovaritica.Al cabo de 3 meses los 4 chicos se juntaron de nuevo para presentar el trabajo que les mando el profesor charks en una presentacion en publico con todos los especialista de la medicina, por haber hecho un trabajo magnifico y por ser los primeros en haber averiguado el descubrimiento de la mujer embarazada vampira y haber desarollado la formula completa para engendrar a un bebe humano entre dos clases distintas.Despues del descubrimeto en ese dia todas las parejas entre humanos y vampiros,pudieron pocrear bebes humanos sin ningun tipo de desformacion genetica del ADN, y que los niños nacidos luego no tubiera ningun tipo de problemas de infertilidad.

      B-307. SixtinSA

      B-307. SixtinSA

      “...Tengo malas noticias, su enfermedad no sólo no responde al tratamiento sino que además su fallo cardíaco es un efecto adverso del tratamiento anti-tumoral. No tengo ninguna alternativa a la resistencia y puede que ahora la progresión sea muy rápida. Voy a enviar un correo a los fabricantes, por si nos pueden facilitar un medicamento nuevo que se rumorea que es mucho mejor.”
      El jet privado de la empresa SixtinSA aterriza en el aeropuerto internacional de Ginebra. El pasajero es Robert Moritz, director general. Es un hombre maduro, alto y delgado, impecable con un traje azul oscuro.
      En la sala vip, Marc Gamper, director financiero, le espera para acompañarle al hotel y posteriormente a la sala de reuniones. Una limusina está lista para el traslado.
      Una vez en el vehículo, pregunta a su acompañante:
      - ¿Cuánto tardaremos hasta el hotel?
      - Estamos a unos 10 km. El hotel Warwick está en el mismo centro, no creo que el tráfico esté complicado, quizás en media hora.
      Moritz consulta el reloj, pensativo y le dice:
      - Es para preparar la reunión, lo podemos hacer en la terraza de la habitación, hace buena temperatura y tenemos tiempo.
      - Me parece genial, porque tenemos algún aspecto urgente que tratar. Además está el mail sobre el paciente resistente.
      - Adelántame el problema que llamas “algún aspecto” – dice con sorna Moritz.
      - Es el investigador principal del B-307. No está de acuerdo en no hacer otro ensayo sobre la suspensión de tratamiento. Puede generar problemas.
      - Exactamente ¿qué problemas?
      - Difundir alguna de nuestras estrategias que hablaremos hoy.
      La cara de Moritz se trasforma, le pregunta con una suavidad felina:
      - ¿Ha roto su compromiso de confidencialidad?
      - No, creo que los comentarios son sólo a nivel interno del laboratorio de investigación.
      Ahora su expresión es contundente:
      - Busca un proyecto nuevo e imposible, ponle seis becarios , nuevo contrato, recalco: rescinde el anterior y dale un cargo superior: jefe de sección, a bombo y platillo, unos cientos de francos más y asegúrate, que en tres meses está muy ocupado, tanto como que no pueda ni respirar, ni tener un puto resultado en el nuevo proyecto. A continuación despido fulminante y barato. En cuatro meses nosotros ya tenemos todo en marcha.

      Sala de reuniones de la sede central de sixtinSA en Ginebra. 17h. Preside el consejo Robert Moritz, que les da la bienvenida. Van presentar sus informes las direcciones financiera y de investigación. Pide brevedad, señalando a comenzar a Marc:
      - Del nuevo fármaco B-307, ya tenemos la patente en exclusiva durante los próximos diez años. Podemos comercializarlo. El precio al alza que propusimos ya está pactado y aprobado en su máximo, por la Agencia Europea del Medicamento. Las ganancias serán extraordinarias a corto y medio plazo. Vamos a amortizar en dos patadas todas las inversiones que hemos hecho. Todos los números los tienen en el informe. Gracias.
      El director de investigación, a una señal del presidente da un respingo en la silla y comienza su exposición:
      - Como ya sabéis, por los resultados publicados, B-307 es un antitumoral extraordinario, con una efectividad superior al 80%. Muy cómodo, vía oral y solo ocasionales efectos adversos cardíacos graves, cómo el caso del paciente incluido y reportado en el último ensayo. Además no sabemos qué sucede si se suspende.
      Marc se remueve en la silla. No puede evitar intervenir:
      - Suspender los tratamientos, aparte de muy delicado, modificaría el balance económico. Propongo que SixtinSA no le dedique ningún recurso.
      Moritz asiente con vehemencia y hace un gesto a investigación para que prosiga.
      - El trabajo con el S-116, en la misma línea anti-tumoral está dando unos resultados sorprendentes, es cien veces más potente que el B-307. En animales, con dosis mucho menores la respuesta es espectacular. Probablemente saltará las resistencias que puedan aparecer al B-307. No tiene efectos cardíacos. He preparado un informe que tenéis en la carpeta azul del dossier. Estamos deseando comenzar ensayos clínicos.
      - Muy bien, buen trabajo –afirma Moritz-, estudiaremos tu informe y lo hablaremos en próximas reuniones. Si nadie tiene alguna intervención, se termina la sesión y vamos a celebrarlo.
      Moritz coge en un aparte a Marc y le susurra:
      - Haz lo que quieras, para que el S-116 no aparezca, ni se sepa de su existencia en los próximos cinco años por lo menos. Cuando nos expire la patente actual, sacaremos esta maravilla. Ah, y al mail del médico que pide una alternativa, evidentemente ni palabra y entérate de dónde ha sacado el rumor. Si tenemos un comercial hablador, o en cualquier eslabón de la filtración, despídelos sin contemplaciones.
      “... No tenemos ninguna alternativa, según me han comunicado, de momento no existe otro tratamiento. Lo siento mucho. Procuraremos evitar los sufrimientos. No tenga miedo.”

      Cambio de planes

      Cambio de planes

      “Líder farmacéutica patenta el medicamento del futuro”.
      “Pero… ¿qué es esto?”. Se levantó del sofá, buscó el móvil y llamó a Ana. Apagado o fuera de cobertura. Lo intentó con el laboratorio, nada.
      Con los zapatos a medio acordonar, bajó las escaleras y salió del edificio. Al llegar al laboratorio lanzó con fuerza el periódico sobre la mesa. Ana con la mirada roja y húmeda miró el diario.
      —No lo entiendo. ¿Qué pasó?
      —Supongo…el portátil… —contestó ella con la voz entrecortada.
      Delante de la mesa y con el cuerpo inclinado hacia delante, Ana sujetaba su rostro con las dos manos. Juan con una vena a punto de reventar recorría a grandes zancadas cada uno de los rincones de la sala.
      —¡Cinco años perdidos en esta jaula! —dijo Juan lanzando un puñetazo al aire.
      Ana murmuró un lo siento y durante unos segundos sólo se oyó el sonido del fracaso.
      —No es culpa tuya —susurró él con un manifiesto tono de derrota—. ¡Mierda!
      Mientras la puerta golpeaba con fuerza al cerrarse, Ana se acercó a la ventana, con la mano izquierda separó dos de las láminas metálicas de la persiana, miró hacia el cielo y sonrió.

      Con fecha de caducidad

      Con fecha de caducidad

      Tengo aproximadamente 25 años y no recuerdo haber padecido ninguna enfermedad. Nunca he sufrido ninguna lesión y no he necesitado tomar medicamentos en toda mi vida. Tampoco tengo nombre. No sé quién soy ni dónde estoy. Nadie lo sabe, excepto el personal que me visita varias veces al día en mi habitación del Centro de Investigación en el que me mantienen recluido.
      Debido a una extraña enfermedad, mis órganos internos envejecían prematuramente y a la edad de dos años ya sufrían un deterioro parecido al de un anciano octogenario. La Fundación tuvo conocimiento y contactó con mis padres para ofrecerle la oportunidad de participar en un complejo experimento secreto. No les informaron de el experimento consistía en implantar en mi cuerpo toda clase de órganos humanos fabricados artificialmente en su laboratorio.
      Mis padres aceptaron un acuerdo mediante el cual, mi cuerpo pasaba a ser de su propiedad a cambio de mantenerlo con vida. Más tarde, La Fundación se encargaría de simular mi muerte y se haría cargo de todo.
      Durante mucho tiempo sufrí toda clase de operaciones utilizando técnicas experimentales, que fueron evolucionaron satisfactoriamente y los órganos implantados en mi cuerpo fueron desarrollándose del mismo modo que lo hubieran hecho los naturales. Nunca volví a ver a mis padres y ahora creo que jamás volveré a hacerlo.
      La Fundación intenta que mi vida transcurra con la máxima normalidad, excepto en lo concerniente a mi libertad. Me proporcionan todo lo que les solicito pero no me permiten ningún contacto con el exterior. También puedo consultar algunas páginas de Internet pero no puedo contactar con nadie. En definitiva, puedo estar informado pero no informar...
      Según dicen, aún debo agradecerles que me mantienen con vida desde hace más de veinte años.
      Hace unos días noté al tacto un pequeño abultamiento en mi antebrazo izquierdo. Su forma perfectamente cuadrada, me pareció sospechosa desde el principio pero evité hacer preguntas. Finalmente pude averiguar de qué se trataba. Coloqué mi brazo a contraluz frente a una lámpara eléctrica y tirando de la piel del antebrazo, distinguí bajo ella una especie de pequeña pantalla en la que podían distinguirse unos minúsculos números en caracteres digitales. Nunca me habían hablado de ello.
      Memoricé esos números y tras anotarlos en el ordenador, retiré el pendrive que siempre llevo conmigo para que no puedan saber lo que he averiguado. Ayer repetí la operación y al verlos, tuve la sensación de que habían cambiado. Tras compararlos descubrí que la cifra era menor. Me niego a confesarles mi descubrimiento.
      Hoy por fin he comprendido el verdadero significado de esas cifras. Se trata de una cuenta atrás. Mis órganos tienen fecha de caducidad y me quedan exactamente diez horas y cuarenta y tres minutos de vida.
      Quisiera que mis padres supieran que he vivido bien durante estos veinte años, gracias a que ellos supieron renunciar a mí, pero mi tiempo se acaba.
      Aprovechando un descuido del personal he conseguido introducirme en una de las oficinas. El ordenador está encendido y conectado a la red.
      Como una broma del destino, en la pantalla del ordenador puedo leer:
      CERTAMEN INSPIRACIENCIA 2016 (España)
      Género: Relato, infantil y juvenil
      Premio: Dispositivos electrónicos, libros
      Abierto a: Sin restricciones
      Entidad convocante: Unidad de Cultura Científica de la Delegación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en Cataluña y el Instituto de Ciencia de Materiales de Barcelona (ICMAB-CSIC)
      País de la entidad convocante: España
      Fecha de cierre: 19:05:2016
      ¿Serán ellos La Fundación?
      Apenas me quedan unas horas de vida. He introducido mi pendrive y entraré en inspiraciencia.es para enviar mi relato. Deberé inventar cualquier información que me sea requerida para ser admitido a concurso.
      Con un poco de suerte quizás llegue a conocerse la verdad de lo que me ocurrió.
      Tal vez incluso llegue a publicarse.
      También puede ocurrir que todo quede relegado al olvido.
      En cualquier caso... nunca podré saberlo.

      * * * * FIN * * * *

      CONSTANTES VITALES

      CONSTANTES VITALES

      Recuperación de constantes vitales en mamíferos superiores mediante aplicación de corrientes eléctricas concentradas.
      Por Viktor Frankenstein, Ph.D.
      Privatdozent, Ingolstadt, Baviera
      Enviado para publicación, Phil. Trans. R. Soc., Sept., 1, 1823.

      Abstract: Siguiendo la metodología previamente aplicada por otros investigadores en vertebrados inferiores (Galvani, 1791) y en invertebrados (electro-cristalización, Singer, 1814), hemos aplicado corrientes eléctricas concentradas sobre tejidos musculares, óseos y cerebrales de un mamífero superior, obteniendo resultados de motilidad y movilidad compatibles con la vida. La exposición a la electricidad ha sido de tipo concentrado, pero intermitente, a partir de rayos procedentes de una tormenta eléctrica. Posteriores investigaciones, aplicando electricidad de manera continuada (Volta, 1800), serán necesarias para llegar a resultados más concluyentes sobre otras funciones superiores de los sujetos así tratados.

      Material y procedimientos: Una mesa de disección de metal modificada, con cables conductores de cobre fundidos a las cuatro esquinas de la misma, y protegidos con camisa de tela en todo su recorrido hasta su fundido en el extremo contrario con el extremo inferior de un pararrayos normal modelo Franklin. En la mesa, dos abrazaderas metálicas con correa de sujección de cuero a la altura de los miembros superiores y otras dos en los inferiores. Material de disección y cirugía estándar. Solución de formaldehido al 2% para la conservación de los tejidos.

      Preparación de la muestra: para avanzar con respecto a los experimentos de Galvani, que utilizaron partes (miembros inferiores seccionados) del género Rana, se planteó la realización del experimento con un cuerpo de Homo sapiens. Al no disponer de un cuerpo único en las convenientes condiciones de conservación, menos de 48 hr desde el fallecimiento, se utilizaron restos de tres cuerpos diferentes de adultos varones correctamente conservados, a los que se inyectó como fluido conservante formaldehido al 2%, con sutura de las diferentes partes siguiendo procedimientos quirúrgicos según protocolo habitual.

      Realización del experimento: La noche del pasado sábado 23 de agosto de 1823, la tormenta desatada sobre el curso medio del Danubio permitió la utilización de unas cantidades de fluido eléctrico concentrado, aunque de manera intermitente, difícilmente conseguibles en otra época del año.

      La calibración del fluido eléctrico se hizo mediante la medida de la tormenta previa, la noche del 21 de agosto, activándose eléctricamente una aguja indicadora, con el 0 en el rayo más débil de los 76 registrados, y el 100 en el más potente.

      Dicho fluido eléctrico se canalizó a través de los cables de cobre unidos al pararrayos instalado en el tejado de nuestra residencia, que se aplicaron sobre la mesa de disección, dirigiendo el fluido al sujeto.

      Este se encontraba tendido en decúbito supino, con la cabeza recostada hacia el lado izquierdo, y con los brazos y piernas sujetos por correas de cuero a las que se incorporaban cables de cobre fundidos a las conexiones de los cables principales provenientes del pararrayos, de manera que se pudiese dirigir el fluido eléctrico a las articulaciones de muñecas y tobillos.

      En la noche del experimento se registró un total de 23 rayos que activaron la aguja de medida (Ver Tabla 1). Los 14 primeros no sobrepasaron el 10 por 100 de la escala, y no produjeron efecto alguno sobre el sujeto. El primer rayo efectivo, en la escala del 25%, provocó una reacción galvánica en la pierna izquierda del sujeto, la más cercana a la entrada de los cables del pararrayos, moviéndose dicha pierna de forma convulsiva, elevándose aproximadamente 1 pulgada sobre la mesa.

      Rayo R1-14 R15 R16 R17 R18 R19 R20 R21 R22 R23
      Int <10% 25% 25% 35% 45% 45% 30% 65% 90% 25%
      Efecto Nulo Galv Galv Galv Galv Galv Nulo Galv Vital ---

      Tabla 1: Efecto de los rayos sobre el sujeto, en función de la intensidad eléctrica de los mismos

      Los rayos subsiguientes, hasta el que hacía el número 19, provocaron reacciones galvánicas en ambas piernas y en el brazo izquierdo del sujeto, elevándose de manera convulsiva hasta 3 pulgadas sobre la mesa.

      Tan sólo el rayo número 22 provocó una reacción con recuperación de las constantes vitales del sujeto, que le permitieron tanto incorporarse sobre la mesa como abrir los ojos, hasta ese momento cerrados. El posterior rayo detectado esa noche no causó ningún otro efecto.

      Conclusión: Serán necesarios posteriores estudios en esta prometedora línea de trabajo. Para ello, será imprescindible disponer de un nuevo sujeto de experimentación, dado que, una vez revitalizado por el rayo #22, el actual fue capaz de bajar de la mesa y salir de la sala, sin que pudiese ser detenido, encontrándose actualmente en paradero desconocido.

      Bibliografía

      Galvani, Luigi (1791). De viribus electricitatis in motu musculari commentarius, Bologna.

      Singer, George (1814). Elements of Electricity and Electro-chemistry, London.

      Volta, Alessandro (1800) Phil. Trans. R. Soc. Lond. 90, 403-431.

      Control del polvo

      Control del polvo

      A fines del siglo pasado, la empresa telefónica para la cual yo trabajaba, estaba realizando un cambio de los equipos de tecnología electromecánica para reemplazarlos por los de tecnología electrónica digital, que constituyó uno de los avances científicos más importantes en la tecnología de las comunicaciones y fue el paso inicial para la globalización del mundo actual. Por tal motivo, se me encomendó verificar si las instalaciones de aire acondicionado existentes podían seguir siendo utilizadas para la ambientación del local donde se instalarían los mismos.
      Efectuado el estudio técnico, si bien esas instalaciones satisfacían las necesidades de los equipos telefónicos anteriores, estos nuevos equipamientos tenían una disipación de calor mucho mayor. Por otra parte, se necesitaba un estricto control de la temperatura y humedad y se exigía que el local tuviera un bajo nivel de polvo, por lo que se requería además un alto grado de filtrado, que evidentemente el sistema original no lo disponía.
      De esa manera, proyecté incrementar la capacidad de los equipos de aire acondicionado, utilizando la misma cabina de tratamiento de aire, instalando nuevos ventiladores, serpentinas de enfriamiento y empleando filtros de alta eficiencia. En cuanto a los conductos de distribución de aire existentes en el local, consideré que su disposición y dimensiones eran adecuadas y no se hacía necesario efectuar modificaciones, si bien trabajarían con una mayor velocidad de circulación del aire.
      La instalación de los equipos telefónicos fue contratada directamente a una firma japonesa que había traído especialistas de ese país para el montaje de esa nueva tecnología. Uno de los aspectos fundamentales para ellos era proteger a los equipos del polvo atmosférico, por lo que habían instalado alfombras en el piso, y para ingresar al local todas las personas se debían quitar previamente los zapatos.
      Una vez montado el equipo telefónico en la etapa de pruebas, se puso en marcha la instalación de aire acondicionado y previo a sacarme los zapatos al entrar, constaté que no se lograba enfriar adecuadamente el local, porque algunos lugares estaban más calientes que otros, debido a que no había una apropiada distribución del aire.
      Si bien el aire salía bastante frío, su distribución era escasa. Prácticamente tenía el mismo caudal que con el sistema anterior, que había funcionado durante tantos años para acondicionar los equipos telefónicos viejos. Era evidente que algo pasaba con el nuevo ventilador instalado en la cabina de tratamiento de aire, que estaba ubicada fuera del local acondicionado.
      Cuando entré en la cabina y observé el funcionamiento del ventilador me di cuenta inmediatamente que el rotor giraba en sentido inverso y que por lo tanto, el caudal era sensiblemente inferior al que realmente debería suministrar. Ello sucede cuando en una red de suministro eléctrico trifásico se conectan mal las fases de alimentación de corriente al motor.
      Por lo tanto, me dirigí presurosamente a buscar un operario de mantenimiento eléctrico del edificio, y luego que él efectuara dentro de la cabina la simple permutación de conexión de los cables de suministro al motor del ventilador, al conectar nuevamente el ventilador, noté con gran placer que al girar el rotor en el sentido correcto, la cantidad de aire que movía era mucho más elevado. Estaba muy contento, por haber llegado a solucionar ese problema en forma tan simple y expeditiva.
      Mientras contemplábamos satisfechos con el operario nuestra tarea, sentimos que nos golpeaban la puerta desde afuera de la cabina. Por la mirilla vimos numerosos ojos oblicuos haciendo gestos y percibimos gritos incomprensibles en idioma japonés. Cuando salimos rápidamente y entramamos al local de montaje de los equipos telefónicos, observamos con terror que todo estaba envuelto en una nube de polvo, mientras los gritos y amenazas en japonés se incrementaban.
      Lo que había pasado era que dentro de los conductos de aire, se había acumulando el polvo dante todos esos años de funcionamiento de la instalación anterior Cuando se efectuó el ajuste eléctrico, no bien comenzó abruptamente a funcionar el nuevo ventilador con más caudal de aire, el polvo que se había depositado, fue arrastrado y diseminado inmediatamente por las rejas de distribución en el local.
      Entonces, esquivando a los enardecidos japoneses que me querían linchar, logré llegar rápidamente a la llave del ventilador para apagarlo y así cesó casi inmediatamente el ingreso de polvo. Tardó bastante tiempo en disiparse el mismo, ayudado por aspiradoras, plumeros, trapos humedecidos y otros elementos utilizados para limpiar el local.
      Por suerte el incidente no pasó a mayores y no afectó a la nueva instalación telefónica. Luego de una limpieza completa de los conductos, el aire acondicionado funcionó correctamente. En la práctica había demostrado científicamente y sin proponérmelo, que los nuevos equipos telefónicos electrónicos eran más resistentes al polvo, que lo que preveían las especificaciones de fabricación.

      CORAZONES SILENCIOSOS

      CORAZONES SILENCIOSOS

      California, marzo de 2002

      Aquella tarde de domingo Cliff Franklin, libre en la Agencia, se dejó arrastrar por su mujer, Mary, al estadio del San Diego Chargers, donde el hermano de Mary formaba parte del equipo local.
      A partir del segundo cuarto de partido, Cliff, víctima del aburrimiento, se entretenía observando las reacciones y gesticulaciones del público a medida de que su equipo avanzaba una yarda. El fervor crecía en el momento en que los puntos de un `touch-down´ subían al marcador. Y fue en uno de esos lances cuando Cliff notó la presión de las uñas de Mary en su antebrazo. Instintivamente giró la cabeza hacia el campo. El jugador número veintiséis, después de trastrabillar unos pasos, caía fulminado sobre el terreno.
      -¡John! –exhaló Mary en un grito desgarrador.
      El hermano de Mary fue llevado urgentemente al Centro Médico de la Universidad de California, donde no pudieron hacer nada por su vida.
      Cliff hizo valer su cargo como agente del FBI para acelerar la entrega del informe de la autopsia: un problema cardíaco conocido como cardiomiopatía hipertrófica había sido la causa del fallecimiento de su cuñado. La causa más común de muerte súbita en jóvenes deportistas.
      Al término del entierro, y cuando Cliff estaba a punto de subirse al coche, fue abor-dado por un hombre de mediana edad que alargó el brazo para estrechar su mano.
      -Mi sentido pésame. Mi nombre es James Howard, analista de laboratorio de la Uni-versidad de California.
      Cliff observó al hombre: pelo cano, poblado mostacho y una voz grave y serena.
      -Seré breve –continuó Howard-. Sé que pertenece a la Agencia y que mostró especial interés en el resultado de la autopsia de su cuñado. Pensé que tal vez le gustaría saber los pormenores de las investigaciones que estamos llevando a cabo sobre la muerte súbita y, sobre todo, las conclusiones a las que hemos llegado.
      Cliff notó en la voz del hombre un atisbo de confidencialidad.
      -Pase el lunes por mi despacho y estaré encantado de escucharle –contestó Cliff en el mismo tono.
      -Preferiría un lugar más discreto –sugirió Howard mirando de soslayo hacia un lado.
      -¿Conoce el café Chloe?
      Howard asintió.
      -Bien. Le espero allí el lunes a las diez de la mañana.


      Cuando Cliff llegó al café ya Howard lo estaba esperando sentado a una mesa al fon-do del local. Después de que les sirvieran unos aromáticos cafés franceses e intercam-biar breves y forzadas vaguedades, imperó el silencio. Cliff lo observó expectante.
      -No sé como explicarle la actual situación sin caer en términos demasiados técnicos -consideró el analista.
      -Adelante. En el FBI nos enseñan un poco de todo.
      - En el laboratorio llegamos a la conclusión de que el origen del problema que nos ocupa tiene su origen en la mutación genética de un gen, que impide el desarrollo de otros dos. Juntos los tres, codifican proteínas contráctiles que interactúan en la forma-ción muscular del corazón. Después de hacer públicos estos resultados seguí investi-gando. Encontré las respuestas a las mutaciones genéticas a través de estudios de ra-diación en el Pez Cebra. Empleando dicha radiación para crear mutaciones aleatorias en el genoma del pez y comprobar su impacto en los embriones, descubrí que se for-maban embriones cuyo corazón no latía, a los que denominé “corazón silencioso”.
      -Todavía no sé a donde quiere llegar.
      -Últimamente nos estamos enfrentando a continuos impedimentos tanto en la inves-tigación como en la publicación. Sospecho que las órdenes vienen de “muy arriba”.
      La American Heart Association y la American Sport Medicine Association, con las que colaboro, establecen la necesidad de realizar un cribado de la enfermedad cardiovas-cular en los deportistas de competición.
      -¿Y donde está el problema?
      -Dentro de dos años hay unas olimpiadas a las que acudirán más de diez mil deportistas. Y a la Administración siempre le preocupó el peso del medallero.
      -¿Cree que en la balanza de la Administración pesa más una medalla que una vida?
      - Por lo pronto, del Registro Nacional de Medicina Accidental y Seguridad en el De-porte han desaparecido historiales clínicos de deportistas fallecidos repentinamente. Tengo documentos que estarían más seguros en sus manos que en las mías. ¿Puede pasar el jueves por el laboratorio?

      Cliff pasó el jueves por el laboratorio, pero ante la “evaporación” del doctor Howard, lo único que pudo sonsacar a la dirección del centro fue que James Howard había ce-sado.
      Cuando se incorporó a su oficina tenía el recado de pasar por el despacho del Direc-tor Adjunto.
      -Cliff, estás involucrado en un asunto que te afecta directamente, y eso puede impe-dir que veas las cosas desde un punto de vista objetivo. Por consiguiente, creemos que lo más conveniente es cambiarte de destino.
      Transmitió su crispación al pie del acelerador y notó el empuje del motor. “Calma… todavía quedan dos años hasta la Olimpiada de Atenas”

      Correr para volar, volar para ser libre.

      Correr para volar, volar para ser libre.

      Empiezo a correr, no tengo freno.

      10 KM/H (BALLENA FRANCA, Eubalaena australis) .Vaya día. Estudios fallidos, en casa las cosas van mal. Indecisión. Confundo x con y, necesito oxígeno, necesito salir a la superficie.

      20 KM/H (MAMBA NEGRA, Dendroaspis polylepis). Yo no tengo la culpa de nada. El estrés me hace atacar. Animales pacíficos somos fieros cuando comen de nuestro plato.

      28,8 KM/H (MURCIÉLAGO PESCADOR, Noctilio leporinus). Cómo puedo haber tardado tanto en darme cuenta: aunque salga de la cueva es imposible que el sol me ciegue, los ojos para mi son órganos vestijiales. No todo lo que hicieron mis antepasados me es útil hoy en día. La historia no siempre se repite. Inténtalo.

      50 KM/H (ANTÍLOPE RUANO, Hippotragus equinus). ¿Hace cuánto que no aprovecho una mañana? Organización, planificación y la meta está más cerca. No me pienso rendir.

      75 KM/H (LIEBRE COMÚN, Lepus europaeus). Sé que me buscan, que estoy cotizado, pero dejar que el miedo controlara mi vida lo único que haría sería hacerme caer en un error. Discrección. Sigilo. Hay que hacer las cosas bien. Nada más.

      90 KM/H (TIGRE SIBERIANO, Panthera tigris altaica). Hoy por hoy quedan pocos de mi especie, pero eso no es un problema. Somos soñadores. Somos fuego. Sé que solo necesito correr para que todo vaya bien, ya era hora de olvidar todo.

      115 KM/H (GUEPARDO, Acinonyx jubatus). Si no alcanzo mi objetivo en un determinado periodo de tiempo es que algo he hecho mal. Vuelvo a empezar con más ganas que la anterior. Yo sé que puedo hacerlo. Ahora todo va bien, tengo todos mis sueños en la palma. El globo terráqueo me dura 349 horas, imparable. ¿Quién dijo imposible?

      Freno poco a poco y pienso qué tal ha ido la jornada. Estoy cansado, pero si a la hora de acostarte no caes redondo significa que has desaprovechado un día, y ese es un lujo que no me puedo permitir. Hoy lo he vuelto a hacer, he ido tan rápido que hasta los nexos me han sido innecesarios.

      Crónica del Nuevo Mundo

      Crónica del Nuevo Mundo

      Nuevo Mundo
      Hoy hemos tomado tierra, la expedición "Nuevo Mundo” está en Marte, décadas de preparativos toman sentido. Me llamo Lucía Hardin y soy la comandante en jefe. Hoy es sol uno vamos a comprobar si las impresoras han hecho su trabajo. Supongo que estas líneas las leerán millones de personas en la tierra, por lo que voy a explicar brevemente que hacemos aquí.

      Hace once años diversas agencias espaciales enviaron una serie de robots autónomos destinados a trabajar en alfarería, ¡si miles de millones de euros destinados a hacer vasijas en otro planeta! Resulta que si utilizas un gran espejo en órbita y focalizas la luz en la región deseada (igual que un niño matando hormigas con una lupa pero a lo grande) sobre otra gran lupa formada por espejos (como un telescopio) en la superficie, eres capaz de concentrar suficiente la luz para “cocer” pequeñas cantidades de polvo marciano pudiendo crear capa por capa un iglú de tierra marciana (sí, un jarrón grande y feo pero tremendamente práctico), con capacidad de mantener la temperatura y la presión para acomodar vida terrestre. Durante estos años los "alfareros" autónomos han creado suficientes módulos como para albergar una ciudad pequeña. Nuestra misión es completar la construcción para que sea habitable, serán diez meses muy duros. […]

      La Colonia
      Diario de la estación, Salvor Rush.
      Atrás quedaron aquellas misiones pioneras destinadas a construir la mayor base científica extraterrestre que jamás haya existido. Durante estas décadas nos hemos hecho mayores, semanalmente llegan nuevos cargamentos de todo tipo. Desde hace dos años almacenamos la misma cantidad de semillas que el Banco Mundial de Semillas de Svalbard, con los mismos fines. Ahora estamos construyendo la biblioteca, para almacenar el saber humano lejos de posibles conflictos. […]

      Destinados
      - Jorge, es tu turno, lee tu relato ante el resto de la clase.
      - Si señorita - trabado por los nervios -
      Nos llaman “la generación”, supongo que somos especiales, ser los primeros en algo siempre es algo que destacar, pero ser la primera generación nacida en Marte es algo especial, algo que nos diferencia de los once mil millones de personas de la Tierra. Eso no quita que no podamos sentirnos como lo que somos, un experimento; se que nuestros padres intentan evitar esos pensamientos, pero es lo que muchos creemos (o sabemos). […]

      Celebración
      - Máquina estúpida, escribe ¡me siento inspirado!
      "Alcalde Alonso a diez de diciembre del ciento noventa y nueve desde el establecimiento, discurso del bicentenario.”

      "Años de lucha hoy se festejan, el primer bicentenario de la independencia de Marte, celebramos cien años como nación. Muchos, nativos descendientes de Marcianos, otros inmigrantes,
      llegados de todas partes de la tierra; esencialmente todos ciudadanos de Marte. Somos un pueblo reconocido por las Naciones Unidas, y una de las principales potencias en investigación y salvaguarda; nuestra biblioteca almacena la mayor parte del saber humano, así como el genoma de millones de especies, muchas ya extintas; todo en cubos de cuarzo ¡Milenios de historia terrícola y centenares de marciana recogidas en un sólo lugar, imaginen los yottabytes!”. […]

      Estamos solos
      Puede que estas páginas en un futuro las lean miles de personas o tal vez se olviden en el polvo si no conseguimos que esto sea viable a largo plazo… Hace una semana el día doce de marzo del cuatrocientos veintitrés del calendario Marciano, impactaron dos asteroides de 40 km de diámetro, contra la península de Kamchatka (Rusia) y la costa este de los Estados Unidos. Se descubrió demasiado tarde, un esfuerzo coordinado entre las potencias nucleares, incluida Marte; coordinaron sus esfuerzos para desviar el objeto, claramente, resultaron inútiles. Solamente consiguieron romperlo en dos sin afectar al rumbo de colisión, simplemente era demasiado grande… Sólo pensar en las vidas perdidas…

      Todos los intentos de contacto con la tierra han resultado inútiles, la cantidad de energía liberada… no soy capaz si quiera de concebirla. No creemos que haya supervivientes… y si los hay en algún búnker remoto… no, deben tener muchas oportunidades lejos de unos meses de vida… Esencialmente, estamos solos…

      Suponemos que el actual estado de la tierra durará cientos de años. […]

      La cantidad de problemas a los que debemos enfrentarnos aquí es inconcebible… Sin las importaciones, estamos esencialmente jodidos. No producimos suficiente de nada, como para asegurar nuestra supervivencia. Si llegamos a sustentarnos por nuestra cuenta, en unas cuantas generaciones la ausencia de diversidad genética terminará con los pocos humanos que quedamos en el universo; aunque ese será un problema al que deban enfrentarse mis hijos, el mío: asegurar su futuro.

      - Fin de los registros -

      Cuestión de ciencia.

      Cuestión de ciencia.

      El punzante dolor en la última costilla del lado derecho no le impedía estar eufórica por su último artículo: Soy Oxitocina pero todos me llaman Amor, que se publicaba hoy en la prestigiosa revista científica Natience. Un sesudo texto donde el ingenio y el conocimiento manaban a partes iguales. Marga, llevaba varias semanas trabajando obsesivamente en ese artículo, al punto de no prestar demasiada atención a ese dolor en la costilla. En los últimos meses había publicado una serie de artículos sobre genómica donde se mostraban los últimos descubrimientos en determinismo genético; desde el gen de la mala caligrafía hasta la justificación de la taurofilia, todo ello, obviamente, en términos exclusivamente biológicos. En el fondo sabía que tanta inmersión científica tenía que ver con la necesidad de olvidar y vengarse de Marcos; una relación que había terminado de forma dolorosa.

      La tarde anterior pensó que antes de ir a por la revista, pasaría a que le vieran ese dolor en la costilla, y cogió la primera cita disponible para su médico. Mientras esperaba en la consulta, no pudo contener las ganas de acceder a la versión digital de la revista Natience. Su artículo aparecía en las primeras páginas de la revista, entonces recordó a Marcos y una sagaz sonrisa reveló su satisfacción.

      Apenas había empezado a releer el texto, su nombre sonó desde la consulta. Cuando entró, comprobó que su doctor de cabecera había sido sustituido por Gloria, una doctora de mediana edad y trato encantador, de esos que no abundan. Marga le resumió sus molestias y la doctora después de hacerle muchas preguntas, le pidió que se desnudara de cintura hacia arriba y se sentara de espaldas en la camilla. Gloria puso las dos manos en la zona costal de la espalda de Marga y comenzó a palpar suavemente el costillar. Marga quedó inmóvil en la calidez y tersura de aquellos dedos ajenos; Gloria pasó sus manos a la zona delantera del costillar de Marga y esta no pudo evitar que toda su piel se erizara; entonces un suspiro ingobernable se escapó de sus labios. La doctora sonrió detrás de Marga y le pidió que se despojara del sujetador. Marga se ruborizó, y cuando percibió su rubor volvió a ruborizarse de su propio rubor. La doctora pasó a estar frente a Marga, y ya sin la prenda íntima, la exploró con la misma suavidad. Marga volvió a sentir cómo se erizaba sin poder hacer nada por evitarlo; algo confusa y sin saber qué decir, recordó su último artículo y también a Marcos, y terminó de confundirse. La doctora que en todo momento era consciente del comportamiento de la paciente, presionó la zona dolorida y sacó a Marga de su estado, que se quejó con resignación.

      Marga volvió a vestirse mientras Gloria tecleaba algo en el ordenador. La doctora extendió una receta y restó importancia a la molestia en la costilla. A Marga se le pasaron una infinidad de preguntas que hacerle a la doctora, pero todas le parecían estúpidas, impropias. En realidad no quería saber nada sobre su costilla, quería saber por qué había tenido esas sensaciones al contacto de las manos de una desconocida en su torso.

      Sin salir de su confusión, abandonó la consulta y se dirigió a por la revista para poder farolear de su flamante artículo sobre la verdadera esencia del amor. El rubor de sus mejillas todavía flameaba las pupilas. Pensar en la revista y en el artículo no calmaba el ardor de las huellas dactilares en su espalda, y sin hallar explicación bajo su ortodoxa forma de pensar, buscaba un origen biológico a la extraña reacción de su cuerpo. Cerró los ojos y apareció Gloria acostada sobre su pecho mientras las cuatro piernas se enlazaban hasta las ingles. Asustada, se preguntó qué se le escapaba, cómo podría justificar todo aquello. Entonces y en medio de ese torbellino de dudas y preocupaciones tuvo una idea; aquello sería el inicio de un nuevo artículo en el que analizaría la genética del sentido del tacto y sus consecuencias en la selección natural. Al fin y al cabo todo es cuestión de ciencia.

      Cushuro o Nostoc

      Cushuro o Nostoc

      En las alturas de La región Ancash, Perú y sobre los 3000 msnm; las lagunas guardan un tesoro maravilloso. Los pobladores lo llaman CUSHURO que recolectan para preparar un delicioso picante que se come en semana santa. Los historiadores refieren que este alimento era recolectado también para la Nobleza Inca y refuerzan su teoría indicando que las momias encontradas a lo largo de todo el territorio peruano de grandes gobernantes y personajes antiguos no presentaban artrosis ni caries. Este argumento aludiendo a que el cushuro tiene más calcio que la misma leche, hierro que el pescado y proteínas que la carne o quinua.
      Revisando bibliografía sobre algas encontramos que Cushuro en latín significa “retorno”; precisa palabra para denotar a esta alga que aparece de forma natural en invierno y desaparece en verano, es decir no muere; simplemente se seca. En este estado es conocido como papel meteórico por los científicos. Además que las antiguas civilizaciones utilizaban como alimento, medicina, cosmética y hechicería. Es de consistencia gelatinosa, de color verde azulado. Está distribuido en más de doce mil trecientas lagunas del territorio peruano. Su habitad contiene nutrientes naturales como: cloruro de calcio, fosfatos, sulfatos de magnesio y otros nutrientes propios de las lagunas.
      Cierto día esta especie llamó mi atención en el mercado la Perla de Chimbote en la zona de productos de la sierra de Huaraz. Pregunté cómo se llamaba la especie, para qué servía y cuánto era el costo de un kilogramo. La vendedora muy sorprendida me dijo: es cushuro y se prepara en picante, sopas o lo come solo.
      Mostré la especie a los estudiantes de la Escuela Ecocientífica Misión Tierra. Su rostro era de asombro y todos querían saber qué era. Les comenté que sólo sabía el nombre y sería nuestro siguiente tema de investigación. Dos integrantes decidieron hacer un proyecto. No contenta con esto, coloqué las algas en agua y las llevé a clase para mostrar a los ciento ochenta estudiantes del primer año de educación secundaria de Ciencia, Tecnología y Ambiente. Preparé un plan de trabajo y la autorización para realizar la primera feria gastronómica de cushuro en Chimbote.
      El plan incluía que los estudiantes investigarían sobre las propiedades nutritivas y medicinales del cushuro e inventaran un potaje que podía ser dulce o salado, en una entrada, plato de fondo, postre o bebida. Además debían hacer un acróstico, poesía, adivinanza, trabalenguas o canción referidos al cushuro o al investigador. Los estudiantes muy emocionados presentaban semana tras semana sus avances así como los nombres extraños de los potajes. Contaban a los padres de familia y pedían que les compraran el cushuro en el mercado. Retorné para comprar 30kg de cushuro y la vededora comentó: no se que pasará pero en estas ultimas semanas la gente busca como loca el cushuro, parece que harán una exposición.
      Llegó el día de la feria y empezamos con la conferencia del científico titulada “Algas en la gastronomía nacional” y continuamos con la degustación y evaluación de los potajes presentados a cargo de un comité integrado por un historiador, una maestra de Literatura y el científico. Se presentaron 120 potajes que atrajo la atención de la prensa local y una transmisión por Televisión Nacional del Perú. Un evento extraordinario. El cuhuro o caviar andino ya empezaba a ser conocido en las grandes ciudades.
      Por su parte el grupo que tenía en mente su participación en la feria empezó su investigación. Aplicaron la observación como el primer paso del método científico, luego revisaron en internert tesis, libros y revistas. Encontraron que el científico peruano Dr. Augusto Aldave Pajares; quien recibiera el premio Nacional Hipólito Unanue por haber investigado sobre las algas. Estaba próximo a publicar otro libro; “Algas toda una vida” en el que mostraba cinco variedades de cushuro o Nostoc.
      Entrevistamos al científico y efectivamente nos explicó que el cushuro es una cianofita, una alga de agua dulce que poseía 30% de proteínas igual que la carne, 50% de hidratos de carbono, 5% de glúcidos y estaba citado en su libro. Hicimos encuestas para saber si conocían al cushuro, si sabían de su valor alimenticio y medicinal. Además encontramos que INEI publicaba que el 37% de niños padecía de desnutrición crónica en Ancash; curiosamente donde se encontraba esta alga maravillosa. Además que los pacientes de TBC necesitaban de proteínas de alta calidad en aminoácidos esenciales y esto lo tenía el cushuro y era más barato que la carne.
      El proyecto clasificó para Brasil en la ESI AMLAT y para Mexico en la LA MUESTRA LATINOAMERICANA. Logros que motivan a seguir a pesar de la indiferencia de las autoridades. Mi misión no ha terminado, sigo difundiendo el consumo, propiedades, industrialización y llamando la atención a las autoridades para que protejan las lagunas de la contaminación minera.

      Defensas

      Defensas

      Cuando entró en la sala 3 del sótano del laboratorio se encontró con un gigantesco macrófago al lado de la pila de lavado.
      Intentó salir, pero no pudo.
      Era un macrófago, no había duda. Llevaba estudiándolos desde el instituto. Tenía forma esférica, con muchas irregularidades con la membrana transparente y muy rugosa. En su interior, en el citoplasma de consistencia gelatinosa flotaban ingrávidos un microscopio, un mechero bunsen y varias placas de Petri; amén de sus orgánulos propios; retículo endoplasmático, núcleo, vacuola, mitocondrias.

      Pedro se acababa de graduar en bioquímica y había conseguido una beca para hacer un master en Inmunología en la Universidad Complutense de Madrid. Estaba exultante ya que le permitía seguir estudiando, irse de casa de sus padres y del pueblo donde había vivido sus 22 años. Había tenido que conducir diariamente 80 kilómetros para ir a clase, y para costearse la gasolina y sus pequeños gastos trabajar los fines de semana en un bar del pueblo.
      Estudió con ahínco para conseguir aquella beca, pero nada le había preparado para enfrentarse a una situación como aquella. De pie, al lado de la puerta de la sala estéril, trataba de encontrar una causa lógica a la existencia de aquella criatura.
      - ¿Habrá más? ¿De dónde habrá salido? ¿Por qué ha crecido tanto? ¿Ganaré el Nobel por esto?

      De repente el macrófago se movió, fagocitó una probeta y como si fuera un paramecio sacando sus pseudópodos se fue acercando a Pedro. La curiosidad dio paso al miedo. Pedro le lanzó un matraz para ver como reaccionaba y se lo comió. Eso restringía sus posibilidades de acción y el miedo dio paso al terror.
      En la universidad le habían enseñado que conociendo las causas se pueden revertir los efectos; a veces. Pero ¡Cómo demonios iba a saber él de dónde y cómo había salido aquella bestia¡ Tanto cuidar y potenciar las defensas, ¡pues ahí lo tienes¡.

      - De bestia nada - retumbó en el laboratorio una voz grave

      Pedro se quedó paralizado y el terror dio paso al pánico. ¡Oía sus pensamientos¡ Grandes gotas de sudor amenazaban con contaminar la sala, el corazón se le salía del pecho y mentalmente repasaba todas las plegarias que su madre había insistido que aprendiera.

      No podía esperar ayuda. El edificio estaba vacío ya que era domingo y nadie sabía que estaba allí. Había ido a preparar unos cultivos para el día siguiente pero no se lo había dicho a su profesora para no parecerle un adulador.

      - ¿Quieres que te ayude yo? se oyó de nuevo.

      Tenía que hacer algo. Buscó entre todas las fórmulas y compuestos que tenía en su cabeza aquellos que podían matar a una célula. Son muy sensibles pero, a la vez muy resistentes y, un macrófago, que está especialmente diseñado para eliminar a las bacterias y cuerpos extraños más todavía. Aunque, también son los principales responsables de la inflamación recordaba mientras iba hacia el armario de los medicamentos dando un rodeo para no toparse con el macrófago.
      Cogió la jeringa más grande que encontró y la rellenó con corticoides, corticosteroides, y, como había empezado a pensar en él como un ser vivo, añadió un poco de fentanilo, por si le dolía. Se acercó despacio, procurando no pensar en lo que iba a hacer porque; a pesar del miedo sintió que le estaba traicionando

      -¿Estás seguro de lo que vas a hacer? ¿Te das cuenta de quién soy?

      - ¡No!!! Gritó cayendo de rodillas; ¡Claro que no sé quién eres!. ¡Ni siquiera entiendo que seas alguien¡ ¿Qué eres? ¡Pareces un macrófago gigante pero no existen los macrófagos gigantes! Y las células no tienen identidad, no tiene memoria … y no hablan …. Y no leen el pensamiento …
      Ríos de lágrimas resbalaban por sus mejillas. No sabía qué hacer.

      - Claro que tengo memoria, ¿tengo que recordarte dónde está nuestra memoria?

      Al instante Pedro reaccionó. Claro! No sabía cómo ni por qué estaba allí esa célula fantástica, pero la explicación a su existencia, y su memoria estaban en su ADN, dentro del núcleo. Ahora ya sabía qué hacer.

      Se acercó a la membrana por la parte más próxima al núcleo, metió la mano y cogió un puñado de ADN. Tras ponerlo en un vial de congelación lo introdujo en nitrógeno líquido. A continuación le clavó la aguja inyectándole todo el contenido. Funcionó. Poco a poco la membrana empezó a agrietarse y el citoplasma formó un gran charco en el suelo.
      Cuando se vació por completo se acercó y, con los ojos llorosos, empezó a recoger las cosas del laboratorio. Aunque tuviera su memoria, su identidad, le daba un poco de pena.

      Con el ADN congelado en su mochila, salió del laboratorio. Iba silbando, caminando entre nubes “El Nobel no lo sé, pero matrícula de honor SEGURO”

      Desde otra dimensión

      Desde otra dimensión

      Curio era un ser que vivía en un mundo de 4 dimensiones largo, ancho, alto y tiempo, allí no había presente, pasado ni futuro, pues el tiempo formaba parte intrínseca de los seres, era una coordenada más de su propio ser. Sabía de la existencia de una quinta dimensión que tomaba valores según la grandeza de los actos y logros realizados. Él estaba triste pues quería alcanzar los valores altos de ésta y estaba desorientado sobre lo que tenía que hacer. Para vencer su melancolía le gustaba asomarse a las ventanas dimensionales por las que podía divisar, de forma algo distorsionada, hiperplanos en los que vivían otros mundos de tres dimensiones y el favorito era el nuestro. Él nos veía como una superposición de figuras geométricas tridimensionales: esferas, cilindros, conos… que desprendían más o menos energía en su caminar por el tiempo.
      Para Curio nuestro mundo era un enigma, la mayoría de las cosas se podían entender resolviendo ecuaciones como:
      y’(t) +ay(t)-2bseny(t)= arctag (ln(t+5))
      Pero había comportamientos relacionados con ciertas variaciones de energía asociadas a las emociones que le eran incomprensibles. Así que un día, movido por la curiosidad, ideó una forma de acceder a la Tierra, sólo tenía que proyectar una imagen suya sobre el hiperplano OXYZ en un instante determinado. Tras muchos cálculos encontró la coordenada perfecta que le permitiría hacerlo.
      Fue hacia la ventana dimensional más cercana a ese valor y se lanzó. De pronto una fuerza sobrecogedora lo impulsó a una velocidad superior a la de la luz, parecía que iba a desintegrarse hasta que comenzó a vislumbrar su reflejo en la Tierra y el tiempo se desprendió de su propia naturaleza y comenzó a transcurrir. Curio sabía que una vez puesto en marcha el reloj le quedaba poco tiempo y cuando éste llegará a la coordenada propia de su ser volvería a su mundo. Se dijo ¡no debo desperdiciar mi tiempo!, en este mundo es algo muy valioso.
      Caminando por nuestro mundo descubrió cosas que lo emocionaron: la belleza de paisajes y lugares insólitos, seres animales de gran nobleza, expresiones artísticas que le hicieron vibrar y avances tecnológicos de gran valor. También se encontró con otras que lo entristecieron como la destrucción progresiva del medio ambiente, la guerra, el valor que se da a unos papeles que llamamos dinero…
      Ahora bien, lo que más le impresionó fue algunas de las personas que encontró en su viaje y su concepción del tiempo. Conoció a Elías, un niño de 5 años apasionado por el balonmano que siempre tenía una sonrisa en la boca, el tiempo para él parecía no pasar y sólo necesitaba el abrazo de sus padres para seguir adelante. Se encontró con Eva, una adolescente, cuyo tiempo principal se repartía entre el móvil, instagram y sus amigas. En la playa de Delos tropezó con Luis, un joven graduado de 25 años con grandes sueños, que durante sus vacaciones había viajado a Grecia para ayudar a los refugiados sirios que huían de la guerra, confiaba que con el tiempo el mundo se volviera más justo.
      Pasó unos días en casa de Pilar y Juan, una pareja con dos niños pequeños, para los que el tiempo volaba por sus muchas ocupaciones y a menudo solían decir: ¡me falta tiempo, el día debería tener 36 horas!, pero siempre sacaban un rato para su familia.
      Pero lo que más ayudó a Curio para descubrirse a sí mismo, fue las largas conversaciones que tenía con Anselmo, un anciano de 85 años al que ya no le preocupaba el paso del tiempo, había asumido su limitación. Podían pasar horas y horas charlando sobre temas trascendentes como el destino de la vida y los sueños no siempre cumplidos, o sobre temas más banales como el vino cosechero y el cambio del tiempo. Lo impresionaba el brillo de sus ojos cuando hablaba con orgullo y amor de sus hijos y nietos y su solidaridad con los demás.
      Los días pasaron rápidamente mientras iba aprendiendo y la variable tiempo alcanzó el valor propio de Curio, en ese momento su cuerpo comenzó a cambiar y a absorber energía en un proceso endotérmico que lo devolvió a una velocidad vertiginosa a su mundo.
      Quería contar todo lo que había vivido pero le resultaba difícil, probablemente se reirían de él, pues nuestro mundo era considerado simple y quizá poco interesante.
      Muchas veces volvía a asomarse a la ventana dimensional por la que nos percibía, y sonreía al recordar los conocimientos que había adquirido con nosotros. Había aprendido que la grandeza de los seres y de los actos se encontraba en las cosas pequeñas y que no merece la pena angustiarse por ser más, ya que lo importante es la ilusión y el amor con los que se hacen las cosas.

      Diez minutos

      Diez minutos

      De la alegría se levantó de la silla como impulsada por un resorte. Ahora Fina estaba totalmente segura. Los datos de absorción óptica que acaba de arrojar el espectrómetro le confirmaban que ya sabía cómo controlar las características del material. Se encontraba sola en el laboratorio. Por la ventana, a través de las lamas de la persiana, pudo vislumbrar el sol, ya bastante bajo, que lucía después de todo un día de llovizna fina de principios de mayo. En el jardín, unos cerezos todavía mantenían restos de una floración exuberante reciente. Era viernes y el reloj digital de la pared señalaba las 19:47 horas.
      Con la ilusión y el alborozo de quien encuentra un objeto precioso perdido, al que se ha echado de menos constantemente, Fina se recreaba mirando una y otra vez la serie de espectros. El rompecabezas constituido por todo un conjunto de datos obtenidos por distintas técnicas al analizar un gran número de muestras, finalmente cuadraba. No cabía duda. Había determinado el procesado especifico que se debía aplicar a las muestras para poder modular a voluntad la propiedad buscada del material. Los espectros que estaba contemplando lo indicaban con toda claridad al ojo experto.
      Se acordó de su abuelo. De los paseos que solían dar en verano por el campo. Con él aprendió a amar la naturaleza, a conocer los pájaros por su trino, los nombres de árboles y arbustos. Los días de lluvia, como hoy, cogían caracoles. Había que purgarlos un mínimo de dos días con hojas húmedas de lechuga antes de poder cocinarlos. En el instituto se interesó por la química. El profesor daba unas clases muy amenas con claras explicaciones y ejemplos cotidianos. Ya en la universidad, matriculada en Ciencias Químicas, conoció a Juan, que estudiaba Ciencias Exactas. Juan acabó la carrera y se puso a trabajar enseguida dando clases en un instituto. Ella consiguió una beca para realizar una tesis doctoral. Al poco de empezar la tesis se casarón y antes de finalizarla nació Rosa. La tesis se prolongó algo más de lo previsto.
      Durante los últimos años, equipos de varios laboratorios participantes en el proyecto de investigación habían trabajado con una coordinación propia de un engranaje de relojería. Preparando muestras de distinta composición, sometiéndolas a diferentes tratamientos y procesos y efectuando los más diversos análisis que permitiesen obtener sus propiedades físicas y químicas elementales. Los efectos de los tratamientos térmicos y la implantación iónica de diversas especies atómicas en la composición y pureza de las muestras, el estado químico de los elementos presentes, las propiedades eléctricas y químicas de la superficie, todo un sin fin de propiedades se habían estudiado rigurosamente. Guiados por la intuición científica que proporciona el conocimiento de las propiedades físico-químicas de los materiales y ¿por qué no reconocerlo? el veredicto inapelable del resultado prueba-error, habían conseguido conducir el trabajo a buen puerto.
      El tema de investigación del trabajo tan prometedor que ahora tenía entre manos era distinto del de su ya lejana tesis doctoral. Le vino a la cabeza su fecunda e intensa estancia postdoctoral en la universidad de Heildelberg, donde aprendió que la implantación iónica era una potente herramienta para modificar las propiedades de los materiales. Aun seguía manteniendo una estrecha colaboración con los colegas del Instituto de Química. Los dos años que pasó allí los recordaba como uno de los periodos más felices de su vida. En compañía de Juan y la pequeña Rosa. Cuánto le gustaba ese campus de la universidad más antigua de Alemania y una de las más prestigiosas de Europa. Cuán acogedora le parecía la ciudad. Juan pidió una excedencia en el instituto y aprovechó la estancia para aprender alemán y a cocinar. Siempre se sintió apoyada por Juan. Al poco de regresar nació Luis.
      Miró de reojo el reloj digital de la pared y vio que eran casi las ocho. Se apresuró en recoger para ir a casa. Tenía que darse prisa si quería ver a sus hijos que seguramente habrían quedado para salir con los amigos. Quizás esta misma noche tendría tiempo de recopilar y poner en orden todos los resultados y redactar las conclusiones que permitirían establecer el protocolo de procesado de las muestras. Mañana mismo, sin esperar al lunes, le comunicaría a sus colegas el hallazgo.

      Dios del electrón

      Dios del electrón

      Cuando mi papá me llevaba de paseo, siempre me cogía de la mano. Y siempre de la mano izquierda. En su derecha, no había dedos, era carnosa y ovalada como una alcachofa. “Papá, ¿dónde están tus dedos?” Se los llevó el monstruo me dijo.

      Mi papá fumaba. Le dijeron que fumar es malo. Que debería fumar vapor de agua con cigarrillos de aluminio. Cilindro maldito que se llevó la mano de mi papá. Una noche de tormenta, cuando mi padre fumaba en el jardín unos cuantos electrones decidieron saltar del suelo al cielo a través de mi papá, su mano derecha y el diabólico cetro metálico que sujetaba orientado hacia Meblukon. Dios de la electricidad, señor de los electrones que vive detrás de las nubes y que nos bendijo en el principio de los tiempos con la ración suficiente de sus vástagos para hacer funcionar nuestro sistema nervioso.

      Mi papá lo supo desde el primer momento en que vio su mano desprovista del número recomendado de dedos. A través de sus rayos, mi padre había sido elegido por Meblukon. Por eso no se sorprendía cuando las lámparas se encendían a su paso, y se apagaban después como una reverencia energética. La tele nos daba imágenes de golpe, la radio soltaba estática.

      Y como todo el mundo sabía desde hace mucho en este planeta, la energía se terminó. Las farolas se apagaron para siempre y la danza macabra de las lavadoras llegó a su último compás. No es de extrañar que la gente se mosqueara al ver a mi padre resucitar la batería del coche con su mera presencia o las luces que salían de nuestra casa cuando todo el mundo había sacado las velas.

      Pensó mi padre que la voluntad de Meblukon era ofrecer esa energía a todos los vecinos sin costes. Siempre que hubiera organización. Pero tuvimos que abandonar la ciudad cuando quisieron conectar a mi padre a una central eléctrica.

      Y una noche, mi padre, agotado de todo, sacó el cigarrillo electrónico, salió a la calle e invocó de nuevo al Dios de la electricidad. Como Moisés, abrió una grieta entre las nubes y Meblukon descargó sus hijos sobre él. Por la mañana, lo encontramos tirado en el suelo. Lo hemos encerrado en un cuarto, sin ventanas, hemos roto todas las luces de casa para que no nos descubran. Porque aún funciona, como la Nintendo 64 que rescaté del trastero. Mi papá ya no da paseos conmigo, pero soy el único niño del mundo que aún puede jugar a la consola.

      Divina Comedia

      Divina Comedia

      El plan no salió tal y como había esperado. Tardé cerca de dos horas en poder viajar al pasado. A cualquiera le puede parece una cantidad de tiempo relativamente corta. Pero lo relativo no es lo importante, sino el hecho. Y el hecho es que aquí estoy, en tierra de nadie. Desconozco el lugar por completo. Me temo que tampoco recuerdo el motivo por el cual me embarqué en ese viaje espacio-tiempo. El caso es que aquí estoy y no se está tan mal. Caminando entre los olivos puedo ver el cuerpo de una chica tumbado en el suelo. Me acerco sigilosamente a ella y la observo. Está magullada por todas partes. Escucho pasos y mi instinto hace que me esconda detrás de ese gran árbol.. Miro asustado como un ser de casi dos metros se acerca al cuerpo de la muchacha. <> pienso. Pero eso sería poco probable.
      Al cabo de un rato, el ser se aleja y la chica vuelve a descansar sola. Me acerco de nuevo con extrema delicadeza y me dispongo a retirar la sangre que vierte por su boca. Saco un pañuelo de mi bolsillo y me percato de que cae una estampa pequeña. La recojo y la miro. Era la chica de la chica de la fotografía la que estaba tendida en el suelo. Carece de lógica todos estos acontecimientos. Abajo hay escrito un hombre: Beatriz.
      La chica abre los ojos y empieza a habla en un tono casi inaudible.

      - Dante, has venido...
      - ¡Quién eres?- pregunté extrañado.
      - Beatriz.¿recuerdas?
      - No recuerdo nada-. Estaba confuso. Con un dolor fortísimo de cabeza.
      - Viniste al infierno- dijo mientras recobraba el aliento y continuó- a por mí.
      No paré a pensarlo demasiado, si era cierto o no lo que me contaba aquella chica pelirroja.
      Recogí su pequeño cuerpo y me dirigí a la máquina del tiempo que estaba a unos pocos pasos. La dejé descansar dentro y apreté el botón de regreso al presente.

      De este suceso hace ya tres años. Aún recordamos antes de dormir aquella historia. Debido al percance que tuve al viajar desde el presente al pasado mi memoria se me borró por completo. Ahora las máquinas del tiempo son mucho mejor que las de antes. Cada noche me acuerdo como pasé veinte largos años fabricando aquel aparato para rescatar a mi esposa de las garras del mal. Gracias a ella pude salvarla y traerla de nuevo a la tierra, desde el infierno.

      FIN

      Doctor Sensor

      Doctor Sensor

      — ¡Mire! —gritó furiosa la paciente señalándome su brazo izquierdo. Estaba tan desplazado hacia atrás que parecía que le naciera de las cervicales. —. ¿Qué me ha hecho?
      — Señora, identifíquese —contesté como siempre. Era la única frase que habían instalado en mi memoria. De sobra sabía que la que me insultaba era Brenda. La paciente que ostentaba el record de visitas al consultorio médico.
      — ¡Arrégleme esto lo antes posible! —Vociferó e intentó estrellar su mano izquierda contra mi frontal de cristal líquido. Falló por muy poco.
      —Señora, identifíquese —volví a decir con mi voz monocorde.
      No hay nada peor que una paciente descontenta. ¡Ojalá me hubieran programado a mí también para protestar! La pesada de Brenda, ¡otra vez! Ya sé que en su último tratamiento cometí un error. Tenía el hombro dislocado. Siempre venía con lo mismo. Así que mis rayos infrarrojos le estiraron el brazo un poco más y lo llevaron para atrás un poco más para atrás, para atrás… ¡cómo se quejaba tanto de la articulación del hombro! Si me escucharan mis creadores…Doctor Sensor, me llamaron. Diseñado para diagnosticar y curar. Máxima eficiencia con bajo índice de fallos, pusieron en mi etiqueta. Eficiencia, eficiencia. ¡Estoy harto!
      La culpa de todo la tiene Robert. El médico de este consultorio. Aceptó el puesto sin saber ni dónde estaba este lugar en el mapa. Solo sabía que la vacante era para un pueblo del interior de Australia. Acababa de terminar la especialidad en Londres y tenía ganas de ver mundo. Australia era el extranjero con la ventaja de que no tendría que aprender otro idioma. Además le prometieron que en dos años ganaría lo que en Inglaterra en cinco.
      Pero en cuanto se bajó del autobús se dio cuenta de dónde se había metido. Le esperaban cincuenta y seis habitantes y arena y más arena. Eso era todo. Una inmensa explanada naranja de aburrimiento y el consultorio por supuesto se convirtió a los pocos días en la tienda de conveniencia abierta las veinticuatro horas.
      Al cabo de unos meses, Robert estaba harto de escuchar los mismos problemas, recetar crema anti solares y de curar picaduras de serpiente y decidió que era el momento de pedir un adjunto. Cursó la petición oficial pero sus superiores la rechazaron, ¡qué esperaba!, si oficialmente, solo tenía una lista de cincuenta y seis pacientes. Y Robert decidió ir a buscarlo el mismo. Pidió unos días libres, viajó hasta Londres y se hizo con lo último en el mercado en tecnología diagnóstica: Yo, el Doctor Sensor. ¿De verdad un simple cubo podía diagnosticar y curar enfermedades?, Se preguntaba Robert incrédulo.
      Leyó las instrucciones: Fijar el soporte en la pared a media altura, justo encima de la camilla. Introducir el cubo en el soporte con la cara de cristal líquido mirando hacia afuera. Situar al enfermo a pocos centímetros del cristal, ésta se elevará y mostrará un punto azul. Poner el dedo índice en el punto azul cuando el sensor diga; Señor o Señora Identifíquese…. Duración aproximada del proceso: Cinco minutos.
      ¡Funcionaba! Los pacientes se tumbaban y yo deslizaba la camilla de arriba abajo, de abajo a arriba, y en menos cinco minutos, como decía el folleto les curaba. Se corrió la voz y cada vez llegaban más y más enfermos de todos los rincones de Australia. Todos querían una cita conmigo. Y al poco tiempo, Robert dejó de pasar consulta y se dedicó a programar las citas conmigo y a mandar propaganda anunciándome. Y yo cada vez trabajaba más y más horas.
      Y ocurrió lo que tenía que ocurrir. Que me quemé. Contraje el terrible síndrome que afecta a algunos médicos: El síndrome del burn out. Llevaba un año dándolo todo en cada consulta, saturado de guardias y nadie me lo agradecía. Robert el primero. Los pacientes tampoco, ni un simple adiós, incluso algunos hasta me insultaban durante el tratamiento. Y me desmotivé. Mi cableado sensible se deterioró y empecé a fallar. Robert intentó cubrirme, ¡qué otra cosa podía hacer!, debía proteger su inversión. Pero ya era demasiado tarde. Hasta mi cristal líquido se había vuelto opaco. Es que esta profesión agota.
      Mis errores eran cada vez más evidentes. Por eso cuando entró Brenda, la paciente más cotilla, pesada y con más mal carácter registrada en la consulta, supe que algo iba a pasar.
      — ¿Qué me identifique?, ¿Qué me identifique? ¡Qué más quiere hacerme jodida televisión en miniatura! —Gritó Brenda—. Y me hincó los dientes y me arrancó mi repositorio, me tiró al suelo y me pisó una y otra vez y otra…. lo último que grabó mi memoria fue la cara de Robert mientras intentaba apartar a Brenda de lo poco que quedaba de mí ¡A ver cómo te las arreglas tú solo Robert! — y me apagué. Iba a tomarme una larga y merecida excedencia.

      Dodecaedro

      Dodecaedro

      Cuando aterrizamos,sentimos los latidos del calor frente a nosotros.Una trémula sístole y diástole que parpadeaba fuego bajo la superficie helada. Su infancia molecular quedaba lejos; había ardido durante millones de años y ahora que la luz se enfriaba hasta cristalizarse, nos permitía despedirnos en persona. En los treinta y siete años que llevo trabajando en el Hércules nunca había visto nada igual. Reflectaba la luz cósmica como una extraña iridiscencia placentera; y cuando palpitaba irradiaba una tonalidad rojiza durante varios segundos. Estoy seguro de que emitía colores que no podíamos percibir.

      -¡Vamos, activa el taladro!
      -¿Esque estás esperando a que se convierta en una enana negra?


      Adem y Ciro rieron. Adem era una persona seria,pero su compañero siempre lo embaucaba.

      Pulsé el botón y agarré los mandos. Después de tanto era algo intuitivo. Tiré de la palanca de seguridad y las mandíbulas de Hércules cedieron a mi disposición.Al fin y al cabo ese es nuestro trabajo; divisar y atrapar enanas blancas convertidas en diamantes estelares.

      En un movimiento coordinado, abrí las dos pinzas y tras calcular la distancia las fui liberando poco a poco hasta que apresaron el astro.Tras comprobar las condiciones activé la perforadora. Su punta estaba hecha de Herculita,el material del caparazón de un Hércules Gigante (Metadynastes Hercules Gigas); el elemento más resistente del que se tiene conocimiento hasta la fecha. De hecho, la Herculita es tan resistente que hubo que gasear al especimen con el que se construyó esta nave.

      Es bien conocido que la tecnología se inspira en la naturaleza e intenta imitar su perfección,pero esto había ido un poco más lejos.Creo que todos sabemos lo que ocurre aquí. Me dí cuenta a a las semanas de estar interno. Cuando la nave abre y cierra las pinzas emite un sonido no-metálico que bien podría describirse como un bramido; y no son pocas las veces que he visto esos gigantescos tubos de sedante sintético en los almacenes.

      Nos pusimos los cascos de seguridad,activé los estabilizadores de presión y pulsé el botón que permite salir a la perforadora.Una vez que la velocidad está ajustada, activo el botón que indica "inicio de sondeo". Todo intuitivo, tras tanto tiempo todo esto es intuitivo.

      Una vez que el taladro alcanzó la potencia necesaria, empujé la palanca que permite que se desplace hacia delante o hacia atrás.


      La punta comenzó a girar sobre la refulgente superficie, y lo único que oíamos era el chirrido de la maquinaria acolchado por el silencio de los cascos.La superficie de esta vieja estrella se estaba resistiendo. Comprobé en los escaners el estado de la perforación y apenas habíamos logrado un minúsculo agujero. Como ibamos mas lento de lo normal, activé la máxima potencia del taladro.


      -¡Dale caña!,voceó Ciro.


      A las tres horas tuvimos que parar porque la cabeza del taladro se estaba desgastando. No lo entendíamos. En el informe se podía leer: Dureza del material 7/10. Habíamos despiezado diamantes más duros que éste, y sin embargo no había manera de que el taladro lo atravesara. Entre el caos de preguntas y dudas de los técnicos, nos dimos cuenta de lo que ocurría frente a nuestros ojos.

      En la superficie del astro se podía contemplar una grieta que nacía en el pequeño agujero que el Hércules había perforado; y a través de éste una fisura había circundado el diamante. Nos quedamos absortos,contemplando la bifurcación. De repente, tanto los sensores de radiación como los DOV (detectores de vida) se dispararon.

      Ante nosotros el cristal se partió por la mitad, y del núcleo comenzaron a brotar ríos de sangre, sangre ingrávida que onduló por el espacio.

      El árbol rodeado de farolas

      El árbol rodeado de farolas

      En una ciudad llamada Ciudad Cemento, en el estado de Urbanópolis, en Desarrollistán, vive un único árbol rodeado de farolas. Alcornoque, que es como todos llamaban al árbol, ha crecido en una pequeña mancha de tierra que, por alguna razón, los ingenieros que han diseñado Ciudad Cemento han respetado en el centro de la Plaza Central.

      Cada año, con la llegada de las primeras lluvias, cuando alcanzo un nuevo grado de madurez, veo las cosas aún de forma más cruda y me doy también más cuenta de la realidad espantosa que me rodea. No puedo evitar sentir unas ganas tremendas de revelarme contra todo...pero estoy sólo. El resto de los árboles fueron eliminados por el Sistema hace ya bastantes años, y fueron talados. Pero eso ya forma parte de un pasado lejano, pues hace ya 150 años que me dejaron completamente sólo en esta plaza. Al parecer, no sé si será tan sólo una especie de leyenda que cuenta la gente, ciertos cálculos de los ingenieros fueron los que me salvaron la vida, pues necesitaban un árbol que produjese el oxígeno que necesita la ciudad.

      Antes los humanos no podían vivir sin los árboles y plantas, dependían de ellos para todo, alimentarse, respirar y mantener los ciclos naturales del planeta, en cambio ahora, conmigo tienen bastante para toda una ciudad de más de treinta millones de habitantes. Ellos están convencidos que eso es señal de lo mucho que han progresado. ¡Qué triste me resulta verlos pasear cabizbajos y siempre serios!, no hablan casi unos con otros cuando van por la calle, todos andan, bueno, casi corren de un sitio para otro como si fuesen máquinas de esas que ellos mismos construyen. Parece como si quisieran parecerse a ellas y se esforzaran continuamente en ello...

      Lo que más me fastidia es su adoración por las farolas. Reconozco que siento cierto desprecio por esas larguiruchas y delgaduchas “barritas de acero” con luz. Ellas se adaptan muy bien al Sistema. No parecen envejecer, pues nunca cambian de aspecto, aunque hay veces que se averían, pero siempre llega el Sistema a mimarlas y repararlas. Muy de tarde en tarde, cuando alguna es no es reparable, deciden sustituirla. Imagino que sus hermanas farolas no sienten mucha lástima cuando eso ocurre, porque ninguna hace nada por evitarlo, en cambio yo, a pesar del odio que parece que les tengo, no puedo evitar sentir lástima cuando veo que retiran a alguna.

      También observo que se adaptan bien al resto de los progresos de Ciudad Cemento. Ellas marcan alegremente el camino que han de seguir los coches, todas alineadas a la perfección, limitándose exclusivamente a su monótono trabajo de iluminar. Tampoco han protestado nunca cuando alguna vez uno de esos coches se ha desviado del camino y ha derribado a alguna hermana farola. Hasta tengo la sensación de que ante una farola caída en el suelo el resto de sus hermanas se siente molesta hasta que no es retirada. En cambio a mí los coches no me dejan casi respirar. A veces me pregunto si contaron con eso los ingenieros. El humo de esos vehículos impregna mis hojas y sólo de tarde en tarde, el encargado de mis cuidados tiene el detalle de darme una ducha de agua fresca. Yo intento comportarme agradecido y expando al máximo mis ramas y extiendo mis hojas en señal de agradecimiento y, la verdad, con la intención de que ese ser-humano-partícula-del-Sistema comprenda la necesidad que tengo de ello y lo haga con mayor frecuencia. Pero resulta imposible que relacione algo tan sencillo, o si lo comprende, le da absolutamente igual mi opinión al respecto.

      Yo sé lo que esas farolas deben pensar de mi. Sé que ellas creen que como yo no puedo conectarme al Sistema no ofrezco ningún beneficio. Me ven como un parásito, y seguro que sienten rabia al ver como, a pesar de ello, el Sistema no me ha eliminado.

      Otras veces me he preguntado, ¿Cómo es posible que tengan tan poca ambición en la vida?, soy incapaz de entenderlo. ¿Seré yo quien realmente sea ese “bicho raro” que ellas piensan?, y sin embargo, lo veo todo tan claro que me resulta imposible rechazar mis argumentos.

      Lo cierto es que me siento solo. Es evidente que este mundo no lo hicieron para mi, así que no sé porqué el Sistema no me elimina. A veces tengo la desagradable sensación de ser una especie de monumento que sirve para que sus partículas puedan reírse de su pasado y a la vez se sientan orgullosas de su presente. Sin embargo algo me hace creer que quizás me necesiten realmente, sinceramente, no voy a ser modesto conmigo mismo, creo que el día que me toque morir, será el mismo día en el que morirá el Sistema. Es como un presentimiento.

      El caballero y La galaxias.

      El caballero y La galaxias.

      El Caballero y las Galaxias.
      Trata de un Galáctico con su nave espacial, navegando de Galaxia en Galaxia y de planeta en planeta.Estando en un planeta llamado Tierra, el Caballero Galáctico decidió ir a un país.El azar este caso sería España y escogió una provincia de este país.Dando una vuelta por la ciudad vio una hermosa mujer que era una Dama de la Sociedad de esa provincia, pero había un malvado que controlaba a la ciudad. Mediante un aroma que los encautivava ese aroma venia de un mineral que alimentaba a una bella flor que en sus tiempos antes del mineral contaminante producía una aroma de Felicidad.El Caballero en cantado por esa Dama vio que se dirigía a un edificio, la siguio y a hi vio el encantamiento. Quiso salvar a la Dama pero el Maléfico la custodiaba. Entonces vio que se iban a una nave .Rapidamente fue a la suya y los siguió sinser descubierto.Vio que aterrizaba en una estrella de otra Galaxia ,y recogieron unas piedras y volvieron al planeta y allí volvian al edificio. En tonces el Caballero una noche entró en el edificio,viendo el efecto de estaspiedras que una trituradora de piedras de mineral las trituraba y la flor esparcía ese aroma . Al cabo de unos días , el Caballeroconsiguió hablar con la Dama de dirigieron unas palabras la dama le dijo que sí quería salvar la ciudad el caballero le dijo que le ayudaría en lo que pudiera. Ella le dijo que sí quitaba ese mineral que echaban a la flor y echase otro, la ciudad se salvaría .El Caballero le pregunto a donde estaba ese mineral la Dama le dijo en una estrella, le pregunto que sería la misma que del mineral maro. Le dijo que sí , ni corto ni perezoso fue a la Estrella y lo encontró lo trajo y lo depositó en la flor perotuvo sus dificultades ya qué el mineral estaba protegido y era venenoso el caballero se las ingenio para esquivar la vigilancia y evitar el veneno mediante una bolsa inslante de productos tóxicos. La Dama le ayudo a salir del edificio y la flor volvió a desprender su aroma habitual.Produciendo la Felicidad de siemple ,el Caballero y la Dama que trabaron en una gran Amistad.

      El gran desconocido

      El gran desconocido

      Todos quieren saber quién soy. No me extraña, porque una vez que alguien lo descubra muchos destinos cambiarán. Entenderán tantas cosas, que podrán encontrar soluciones a todo aquello que creían imposible de resolver.
      Han sido muchos años de investigación, trabajos titánicos con células, con animales, con personas. Todos ellos tratando de encontrar, entender y descifrar todo lo que ocurre en el cuerpo humano, para después poder curar las enfermedades que han padecido y que hoy aún padecen. Ciertamente han descubierto muchas cosas, pero para mí... para mí ha sido una larga espera.
      He perdido la cuenta de todos los investigadores que he conocido. Los he visto leer, analizar y trabajar incesantemente para tratar de conseguir esa "diana" que permita solucionar todo... ¡¡¡y soy yo!!! es a mí a quien buscan. El guardián del genoma, los supresores de tumores, todos los elementos de la célula que velan por su "seguridad", TODOS, trabajan conmigo o trabajan para mí. Soy la llave maestra que controla todo lo que ocurre en las células, y no crean que lo digo por presumir.
      Cada vez que me descontrolo, o no funciono correctamente empieza lo que los científicos han llamado cáncer. Créanme que trato de ser lo más estricto posible para mantener todo en orden, pero en ocasiones es imposible y todo se desajusta. Fallan los sistemas de emergencia, las células dejan de obedecerme, empiezan a crecer de manera descontrolada e invaden órganos y tejidos dejando a su paso caos y destrucción. Y es por ello que durante todo éste tiempo, mi mayor deseo ha sido que me descubran para que pongamos fin a todo lo que genera mi descontrol.
      Marta casi me descubre hoy. Han sido meses de trabajo arduo en el laboratorio, pero ésta vez es diferente, ¡ha diseñado un experimento realmente brillante!. Casi pude sentirlo... ¡ser descubierto por fin!. Caer en las manos equivocadas sería una catástrofe, pero ella... ella quiere descubrirme para ayudar, así que me sentía listo para salir a la luz pública. Pero algo pasó... cuando pensé que finalmente saldría del anonimato, Marta desistió. Estaba demasiado cansada de lo que ella consideraba fracasos, como para darse cuenta de que yo estaba allí, justo frente a sus ojos. Sin vacilar, dejó su pipeta y una veintena de tubos sobre la mesa, apagó el ordenador, suspiró y se marchó. De momento, mi larga espera continúa. No sé si será Marta o si será otro quien me descubra. Así que mientras tanto, en la oscuridad del laboratorio y desde el fondo de éste pequeño tubo plástico, seguiré siendo el gran desconocido...

      El hilo de Ari

      El hilo de Ari

      Como cada noche, Ari esperaba con impaciencia que su madre acudiera a su habitación para arroparla mientras le contaba por enésima vez, el mito de Teseo y el Minotauro. Ari cerraba los ojos y se convertía por unos minutos en Ariana, hija de Pasífae y del rey Minos de Creta. Escuchaba en voz de su madre como Teseo, ataba en la entrada del laberinto el hilo de lana que ella le había dado y lanzándole un beso, se adentraba para buscar al monstruo. Tras darle muerte al Minotauro, el valiente Teseo desandaba el camino guiado por el hilo de Ariana y salía triunfante del laberinto dónde ella lo esperaba con una sonrisa. El padre de Ari se quejaba de que aquellas historias no eran apropiadas para una niña tan pequeña pero Ari creció abrazada a Ariana.
      A punto de cumplir los trece, su madre le regaló una camiseta de algodón con el nombre de Ícaro bordado por detrás, quedando la I sobre su cadera izquierda y la O a un palmo de su hombro derecho. Solo ponérsela ya notó como las manos del hábil Dédalo unían a su espalda dos grandes alas cubiertas de plumas pegadas con cera. La insaciable curiosidad de Ari por todo lo que la rodeaba, la hizo volar tan alto que tal y como le sucedió al hijo de Dédalo, el sol derritió sus alas y su frágil cuerpo cayó en el mar de la leucemia.
      La tercera sesión de quimioterapia la cogió con peor ánimo al recordar las náuseas y vómitos provocados por las anteriores. Echada en la cama mantenía la vista fijada en aquel contradictorio goteo de veneno que cura. Cerró los ojos, como hacía de pequeña y volvió a ser Ariana. Esta vez viajó hasta la isla de Eea en busca de Circe, hermana de su madre Pasífae y diosa con el poder de transformar en animal todo aquello que la ofendía. Circe acarició la bolsa de quimioterapia llenándola de microscópicos peces de colores que nadaron por la corriente sanguínea de Ari devorando hambrientos cualquier resto de malignidad.
      Y Ari volvió a abrir los ojos y se pintó por primera vez las uñas y los labios. Hizo cola con sus amigas durante horas para chillar y bailar en primera fila en el concierto de su banda favorita. Y accedió a salir con aquel chico que le llenaba el whatsapp de poemas.
      Sentada frente al espejo del baño, se cepillaba la nueva y hermosa melena que ya volvía a lucir hasta la cintura. No le dio tiempo a cubrirse los ojos cuando el espejo reflejó a Medusa con sus cabellos convertidos en serpientes. Se quedó petrificada. La leucemia volvía a estar presente en su vida.
      La segunda vez fue peor. Virus que encharcaron sus pulmones, quimioterapia más agresiva y la necesidad de radioterapia para dejar un campo limpio donde cultivar la ansiada nueva médula.
      Los párpados pesaban tanto que esta vez los ojos se cerraron solos. Allí estaba ella, perdida en el gigantesco y maldito laberinto. Buscó desesperadamente a Ariana, a Pasífae, a Dédalo a Circe pero no aparecieron por ninguna parte. Estaba sola. Empezó a andar lentamente por los sinuosos pasillos, siguiendo el rumbo marcado únicamente por su fuerza, su esperanza y sus inmensas ganas de vivir. Hasta que tropezó con el hilo de Ariana. Siguió entonces el camino marcado por el hilo y en la entrada del laberinto se encontró a sí misma, esperándose con una victoriosa sonrisa. Miró por última vez el hilo de Ariana y vio por primera vez el hilo de Ari.

      EL horror que surgió del hielo

      EL horror que surgió del hielo

      (El siguiente relato consiste en una transcripción del ultimo video colgado en la plataforma youtube de la expedición rusa al lago Vostok.)

      Hoy, 5 de febrero de 2013 me encuentro en el barco rompehielos Von Humboldt, me llamo Alexei Yurilenko y soy jefe de la expedición Vostok y único superviviente de toda esta locura. El mundo debe conocer la terrible verdad de lo que aquí ha ocurrido. Del horror que se ha desatado, que hemos desatado, sobre la humanidad.

      Llevo cinco años dirigiendo el proyecto científico Vostok, baśicamente, consiste en la exploración de un lago sumergido a más de 3 quilómetros bajo la capa de hielo, es una bolsa de agua con una antigüedad de 15 millones de años y su concentración de oxigeno es 50 veces superior a lo normal. Hemos estado perforando la capa de hielo con el robot Cryobot hasta que, hace una semana llegamos al lago donde el robot Hydrobot navegó por sus aguas y extrajo muestras de esa agua de tiempos primordiales. Nunca debimos hacerlo.

      Las muestras obtenidas eran asombrosas. Había formas de vida en un entorno tan hostil, pero trajimos algo con nosotros. Algo que no debía haber sido extraído del hielo nunca jamás. Al poco ,varios de los miembros de la expedición enloquecieron y empezaron las horribles muertes. Hubo que evacuar y volver al campo base Imri. Pero aquella cosa estaba con nosotros y en apenas dos días, todos estaban muertos menos unos pocos que decidimos... No! está aquí!... No...

      (Este es el punto donde acaba el video. No se sabe que sucedió posteriormente y nadie sabe del destino de Yurilenko y del resto de la expedición. El video fue censurado pocos minutos después y si usted está leyendo esto, es el único que sabe la verdad y corre un grave peligro)

      El mensaje de César

      El mensaje de César

      He tenido que parar la grabación y sentarme. No acabo de asimilar lo que mis ojos acaban de ver a través de la lente de mi cámara de vídeo. Deseo volver a visualizar ese momento mágico, así que rebobino la cinta y le doy al botón del play. Ahí está. Según la cámara ha ocurrido en segundos lo que para mí ha sido una eternidad.
      Llevaba varios minutos observando a César a través del cristal que nos separa, y enseguida me he percatado que en esta tibia mañana, su actividad estaba siendo más elevada de lo normal. En pocos minutos he registrado una gran variedad de conductas, entre ellas: Mamar, jugar con sus hermanos y descansar. Nada fuera de lo común en un individuo de su corta edad, teniendo en cuenta, eso sí, su condición.
      Y es que César no es un gorila de llanura occidental normal, sino que es el resultado de una de las investigaciones científicas multidisciplinares más importantes del mundo en las que han participado un gran número de científicos, entre ellos, yo. Y es que fui una de las pocas privilegiadas en asistir en directo, ahora hace un año, al nacimiento de César el primer híbrido surgido del cruce entre una hembra de gorila y un humano, dado que era primordial recoger datos conductuales tanto de la madre como del neonato durante el parto pero también durante las horas posteriores a éste. El acontecimiento fue retransmitido en todo el mundo y se procuró que los procesos de gestación y de cría fueran lo más natural posible y, por lo tanto, con poca o prácticamente inexistente intervención humana, motivo por el cual los que estamos estudiando la conducta de César y de su familia lo hagamos desde un espacio habilitado para ello en el cual podemos ver sin ser vistos……….hasta hoy.
      Rebobino de nuevo la cinta, y de nuevo le doy al play para visualizar el momento que, estoy completamente segura, tendrá consecuencias en el futuro de nuestra investigación. César está de espaldas a mí, está sentado en lo alto de una de las plataformas de la instalación. De repente se gira y clava su mirada en la mía. Me quedo petrificada, hipnotizada. Sé que él no me ve…o eso es lo que quiero creer…..Mientras me mira se acerca lentamente hacia el cristal que nos separa y se sienta justo delante de éste sin apartar los ojos de mí. Veo mis ojos reflejados en los suyos. Entonces alza su mano y la pone en el cristal. Yo, en un acto casi reflejo hago lo mismo y pongo mi mano contra la suya. A pesar de estar separadas físicamente, noto el calor que desprende y ello me crea una sensación de conexión que no soy capaz de describir con palabras. Al cabo de unos segundos, César saca la mano del cristal, aparta sus ojos de los míos y da media vuelta para dirigirse hacia donde está su madre.
      Creo que César me ha enviado un mensaje. Su yo humano está despertando y está percibiendo cosas que su yo gorila no es capaz de percibir. Creo que se está percatando de que él no es como los demás i está empezando a buscar respuestas. Es muy pequeño aún y es la primera vez que observo este comportamiento, así que de momento sólo son hipótesis. No obstante, deberemos estar muy atentos a lo que acontezca a partir de ahora.
      Me levanto, recojo mis trastos y guardo la cámara de vídeo. Decido acabar el trabajo de campo por hoy y volver al departamento. Debo poner mis ideas en orden y visualizar la grabación de nuevo. Me espera mucho trabajo esta tarde y deberé comunicárselo al grupo de investigación cuanto antes. De camino, paso por delante de la instalación de César y su familia. Le lanzo un “adiós César, hasta mañana” y mando un saludo con la mano que se pierde en el aire. Le veo entretenido jugando con una ramita que se ha encontrado en el suelo de la instalación.

      El método científico

      El método científico

      Por primera vez en mucho tiempo, se movía en terreno desconocido. El proyecto difería del habitual enfoque molecular que empleaba en su investigación. Había leído publicaciones al respecto anteriormente: en ciencia es vital conocer el estado de la materia antes de lanzarse a investigar nada. Sin embargo, la literatura disponible no le había convencido: era imprecisa y poco contrastable experimentalmente. Reunió los pocos datos fiables que encontró y se encerró en su habitación durante varias noches para tratar de elaborar un protocolo apto para afrontar la cuestión, y discutió con algunos colegas de confianza cómo enfocar el proyecto.
      El día del experimento se encontraba sentado en lugar muy diferente del laboratorio, y miraba nerviosamente a ambos lados, como esperando encontrar de repente la taza de la Guerra de las Galaxias que presidía su mesa o, en lugar de un botellín de cerveza, su café de media mañana. Enfrente de él, rodeado de cuadros de estilo vintage que adornaban la cafetería, había un espejo al que ponía mucho empeño en ignorar. Cada vez que miraba su reflejo de reojo, en lugar de una bata blanca veía una camisa que hacía años que no usaba, y sus cabellos cuidadosamente ordenados en una matriz de gomina.
      La puerta de la cafetería se abrió y un destello dorado captó de inmediato su atención. Movido por la costumbre, se llevó la mano a su pecho, donde normalmente un bolsillo guardaba un bolígrafo negro con el que anotaba todos los detalles de sus experiencias, pero esta vez no dispondría de su fiel libreta.
      Lo primero en cualquier experimento es la hipótesis, y la suya acababa de aparecer ante sus ojos.
      Su intuición de científico le había dicho desde el primer momento que no era posible poner a punto un protocolo de trabajo que diera resultados óptimos. Las variables del experimento eran elevadas y no era posible controlarlas todas. Sin embargo, no había contado con tener que hacer frente a su propio nerviosismo, a chocar con la mesa cuando se levantó a saludarla o a su la estridencia de su voz al preguntar qué tal se encontraba. Los imprevistos habían empezado muy pronto y ello no solía dar lugar a buenos resultados, pero solo tenía una única oportunidad. En primer lugar, un análisis exhaustivo de la hipótesis de trabajo era imprescindible. La melena rubia se extendía hasta más allá de unos hombros descubiertos y morenos. No sabía que la melanina pudiera generar una tonalidad tan interesante. Volvió arriba, a unos ojos con un iris pardo heterogéneo, con islas color miel y un brillo intrínseco. A una nariz pequeña y chata, con algunas motas marrones. A unos labios pintados de un color rojizo cuyo significado no podía desentrañar y a unos dientes que desafiaban su concepto de entropía.
      Ciertamente, no esperaba que su hipótesis de trabajo le resultase tan atractiva.
      Negó con la cabeza. Pensó en Fleming. ¿Qué habría pasado si hubiera estado en las nubes justo en el momento de descubrir la penicilina? Un científico debe estar concentrado en todo momento. Mantén la calma, dos besos, sin precipitarse, sonríe y te sientas.

      A medida que el experimento avanzaba, se sentía cada vez más confiado. Había desarrollado diferentes estrategias en función de los resultados preliminares que fuese observando, de modo que cuando golpeó la mesa y tiró su cerveza medio llena al suelo, pudo reconducir la situación con suficiente solvencia. Se sentía como las primeras bacterias que aparecen en el medio de cultivo, un pequeño amanecer de vida en la inmensidad de la nada inabarcable.
      Sin embargo, cuando el experimento parecía terminar, la hipótesis sonrió y ya no pudo hacer nada. La hipótesis sonrió y ya no pudo pensar en nada más allá de si el número de lunares de una espalda puede llegar a ser significativo, o por qué una sonrisa brilla sin ser fosforescente.
      La hipótesis sonrió y se dio cuenta de que se había resuelto sola. Apagó las luces, cerró la puerta y salió del laboratorio.

      El Pabellón de la Muerte

      El Pabellón de la Muerte

      Cuando llegó al pabellón de las matronas, Anna golpeó el portal. «¡Abridme! ¡Por favor! ¡He roto aguas! ¡Abridme!». Pero sus puñetazos nerviosos sobre la madera sólo lograban perderse por las callejuelas de Viena. «¡Qué alguien me ayude!». Se tumbó como pudo tras la puerta cerrada, soplando y sollozando, aterrada y cansada por el dolor que no sabía cómo controlar. El suelo estaba húmedo y embarrado. Se sujetó la panza con las manos. «Todo va a salir bien, pequeñín». «Ya verás, todo va a salir bien.». Sin embargo, Anna no estaba segura de nada de eso. Levantó la vista y oteó cada uno de los lados de la calle. Una luz mortecina se levantaba por el este a través de la humedad del Danubio. Anna se sintió terriblemente sola. El pabellón de las matronas era su última solución.
      De repente, oyó un chasquido metálico dos edificios más allá. Una puerta se abrió y vio como de allí salía una carretilla cubierta por una sábana sucia y roja. Detrás de ella, sujetándola, había un hombre bigotudo con uniforme de cirujano que hacía unos esfuerzos considerables. Dejó la carretilla a un lado y sacó un cigarrillo de un bolsillo. Contempló ambos lados de la calle, como si esperase a alguien. Anna, horripilada ante la idea que un médico la recogiera, intentó esconderse dentro de las sombras de la madrugada. Pero, al encogerse no pudo evitar gritar de dolor. El hombre se giró sorprendido. «¿Hay alguien ahí?». Anna se tapó la boca e intentó, fútilmente, esconderse tras unos cubos de basura. Pero el hombre abandonó la carretilla y fue a su encuentro. «Oh, Dios mío.». «¡Jákob! ¡Jákob, ven, corre!». Otro hombre salió de dos edificios más allá, vestido igual, y corrió hacia el médico. «¿Está usted bien? Pero si está usted embarazada. ¿Qué le pasa? ¿Ha roto aguas?». Anna se encogió más, agarrada a la panza, como si la protegiese. «Venga, ven. Le ayudaremos. ¡Luca, va! ¡Vamos a levantarla!». Anna negaba con la cabeza. «No, no, no.». «Va a estar bien, no se preocupe. . «Llevadme a las matronas, no quiero ir con vosotros. ¡Las matronas!». Luca y Jákob la forzaron a levantarse y, casi en brazos, la arrastraron hasta el pabellón médico del Hospital de Obstetricia de Viena. «No, al pabellón de la muerte no, os lo ruego señores. ¡Llevadme a las matronas!». Al acercarse, Anna vio como la carretilla llevaba un cadáver pálido, casi azulado. Le vinieron arcadas al verlo. Cruzaron el umbral. «Aquí va a estar bien, no necesita a las matronas para que todo salga bien.» dijo Lucas. Después de cruzar un pasillo, donde varios rostros bigotudos los miraban, la dejaron en una camilla. «Ahora viene el doctor Semmelweiss. Quedase tranquila.».
      Al cabo de unos minutos, un señor calvo se acercó. Anna volvió a encogerse. «Comprendo su miedo, señora. Pero aquí no tiene nada que sufrir. Su hijo y usted se irán por su propio pie de este pabellón gracias al conocimiento científico. No tenga la menor duda.» dijo en un deje húngaro. «He visto un cadáver en la puerta.». El doctor sonrió. Rodeó la cama y se acercó a una fuente. «Ve. Ve esto.» señalaba el agua corriendo. «Esto le va a librar de la fiebre puerperal y de la muerte.». «¿El agua?». «En efecto. ¿No es revolucionario, señora? Gracias a mis investigaciones, sé que con el agua y el alcohol, las muertes no se suceden. Su hijo y usted han tenido mucha suerte de terminar aquí». Anna lo miró inquieta y dolorida, mientras él se lavaba las manos. Luego, ya todo fue dolor, sangre y lloros.
      Cuando estuvo todo hecho, el doctor se acercó a ella y al bebé. Ella miraba a la niñita entre lágrimas y satisfacción. «¿No voy a morir doctor?». Él negó con la cabeza. «No hay rastros de inflamación grave en el útero.». Anna suspiró, miró al bebé y volvió la vista al doctor, otra vez. «Puedo preguntarle algo.». Él asintió. «No se ofenda, estoy agradecida, pero no puedo olvidar que me forzaron a venir cuando no quería y me han asistido sin que pudiera evitarlo.». Semmelweiss frunció un poco el ceño. «Me pregunto cuántas mujeres han muerto forzadas a parir aquí.». El doctor hizo un ademán, como si no comprendiese. «No entiendo esa pregunta, señora.». «¿Cuántas doctor, para que su ciencia funcione?». Él parecía algo molesto por la pregunta. «Gracias a ellas, ahora podremos evitar más muertes.» sentenció con orgullo. Anna asintió, poco convencida, para que el doctor se marchara. «Lamentablemente muchas mujeres, doctor.» susurró Anna. «Lamentablemente, muchas.».

      El póster

      El póster

      No era la primera vez que asistía a un congreso científico, pero éste era especialmente importante porque era específico de su tema de investigación y asistirían todas las grandes figuras de su ámbito. Era una buena oportunidad para lucirse, así que en la sesión del miércoles de 17:00 a 18:30, panel 50-A, se dispuso ufano a colgar su póster.

      La verdad es que el congreso había empezado el lunes, pero entre los nervios de estrenarse como primer autor, y no llevar muy bien el asunto de tener que contar su trabajo en inglés, todavía no había asistido a ninguna sesión: o bien se había quedado en el hotel practicando, o bien había hecho algo de turismo por la ciudad.

      El póster le había quedado francamente bien. Había conseguido sintetizar toda la información sin que se perdiera lo relevante, y además era estético sin ser superficial. Tuvo algunos problemas para colgar algo tan grande él solo (¡dichosa cinta de doble cara!), pero al final redobló su orgullo al ver que había conseguido, aunque a ojo, una rectitud milimétrica.

      Y ahí estaba él, listo para contar al mundo los detalles de los experimentos que formarían parte de su tesis doctoral. Todos los demás que presentaban su póster ese día también parecían listos, jugueteando con la banda de identificación colgada del cuello, o aplanando las inevitables arrugas en las esquinas del papel. En el panel de su izquierda le había tocado una investigadora de una universidad rusa con un trabajo mediocre (comparado con el suyo, claro). En el panel de la derecha había un alemán con cara de bobo que no paraba de sonreír. Era bastante inquietante.

      Pasaron los minutos y nadie se acercaba a preguntarle. Él tenía en la punta de la lengua un: “Hi, I am Juan, from Spain”, como frase de apoyo para ayudarle a soltarse. Pero nada, no venían. Por fortuna, la rusa mediocre y el alemán bobo (que seguía sonriendo) no estaban teniendo mejor suerte.
      Al principio pensó que era normal que no viniera nadie. Primero la gente sale del salón de conferencias, se sirve un café, pica alguna pasta y empieza a deambular por la sala mirando los títulos de las presentaciones antes de pararse en alguna en concreto. Pero el caso es que no estaba pasando nadie y cuando se hicieron las 17:30 la cosa ya empezaba a no ser normal. Casi entra en pánico: ¿es que no ven que mi diseño experimental es impecable? ¿Que mis datos son perfectos? ¿Que mis conclusiones son aplastantes?

      Diez minutos más tarde se dio cuenta de que el plastiquito de su identificación se había partido de tanto mordisquearlo. Pensó que tenía que calmarse. Por ahí no se acercaba nadie. Seguramente era porque le había tocado en una esquina de la sala. Seguro que por ser de una universidad pequeña le habían relegado a un rincón. Intentó sacar la cabeza por encima del panel de su póster para tener una imagen más global, pero no alcanzaba. En un rincón había una gran maceta con una planta ridícula y medio muerta, que la gente había estado usando de papelera. La separó un poco de la pared y con algo de maña se las arregló para subirse encima y ver todo el vestíbulo del palacio de congresos.

      Lo que vio le dejó helado. Había alrededor de 300 pósteres, colgados de alrededor de 300 paneles, con sus alrededor de 300 investigadores plantados delante, preparados, ávidos de divulgar sus hallazgos. ¡Pero no había nadie para verlos! Como todo el mundo presentaba un trabajo no había nadie para ver el de los demás. Y peor aún, el resto de los 1000 inscritos estaba en sus hoteles preparando sus exposiciones, o haciendo algo de turismo por la ciudad para celebrar que ya las habían presentado.

      Se le cayó el alma a los pies. Le entraron toda clase de dudas existenciales. No sabía qué había sido de la ciencia. Parecía que cada uno se había especializado en su pequeño reino de conocimiento en el que se sentía cómodo. La ciencia se estaba convirtiendo en algo tan egoísta que todo el mundo se miraba el ombligo sin importarles lo que hacían los demás.

      Y cuando parecía que acababa de vivir una revelación, recordó que la presentación de este póster como primer autor en un congreso de tanto prestigio le iría de fábula para conseguir la acreditación. Además, si conseguía publicar el trabajo en una revista de primer cuartil era muy posible que su índice h subiera uno o dos puntos. Y al pensar esto, su cerebro descargó tal cantidad de endorfinas que se quedó embobado sonriendo hasta las 18:30. Después, descolgó su póster, se fue al hotel y se puso guapo para ir a dar una vuelta por el centro histórico.

      EL Show Galáctico

      EL Show Galáctico

      Cuando se estrenó aquel programa de televisión, “Show Galáctico”, nadie se paró a pensar si aquello era ético o no, y por supuesto, nadie predijo que terminaría de forma tan catastrófica. Al contrario, todos nos alegramos de tener por fin algo con lo que matar las horas muertas, hastiados de la tecnología ultra-avanzada que nos solucionaba la vida a todas horas pero que no nos dejaba ninguna tarea por hacer. Agricultura, industria, servicios: todo estaba computarizado, robotizado y en perfecto equilibrio. Habíamos alcanzado la perfección tecnológica, todas nuestras necesidades estaban cubiertas y sólo nos quedaba ver pasar la vida ante nuestros ojos.
      El “Show” era en realidad un experimento tremendamente ambicioso. Después de miles de años, unos científicos habían logrado aislar lo que denominaban “el germen de la vida”, aquello de lo que habíamos salido nosotros, así como cualquier otro tipo de vida en el Universo. Habían seleccionado un planeta inhabitado de tamaño medio y órbita estable alrededor de su estrella, a pocos años-luz del nuestro, y planeaban bombardearlo con meteoritos cargados de esa sustancia hasta que ocurriese el milagro. Así empezaba el primer capítulo del show, que toda la población siguió con una excitación que no se había visto en miles de años.
      En el tercer capítulo del programa se confirmó que el experimento había sido un éxito: ¡había surgido la vida! Nadie esperaba que fuese a ocurrir tan rápido y las audiencias se dispararon. Durante varios capítulos más, las cámaras que enfocaban sin descanso a aquel planeta siguieron los pasos de un grupo de células eucariotas. La velocidad con la que evolucionaban impresionó a todo el mundo, incluidos los científicos que habían ideado el plan. Estos se preguntaban qué condiciones especiales tenía aquel planeta para que la vida se abriese paso con tanto empeño.
      Todos vivíamos pendientes de la emisión del “Show Galáctico”. En cada nuevo episodio se conocían nuevas formas de vida. El planeta elegido, inicialmente un paisaje desolador y caliente, también había evolucionado: ahora tenía atmósfera y empezaban a crearse lagos por toda su superficie. Muchos veíamos en él un reflejo de lo que alguna vez había sido nuestro propio planeta, antes de que la tecnología lo controlase todo, y soñábamos con visitarlo. Pero eso estaba terminantemente prohibido por las reglas del programa. Una vez depositada la semilla de la vida, decía el presentador en cada nueva emisión, sólo podíamos ser “testigos de la magia”.

      Después de un parón que permitió la instalación de nuevas y mejores cámaras alrededor del planeta, la segunda temporada del show se estrenó con toda la población pegada a la pantalla. Nadie hablaba de otra cosa que no fuera aquel planeta, al que todos habíamos cogido cariño. Nos preguntábamos qué nuevas especies albergaría y qué aspecto tendría ahora. Un nerviosismo generalizado recorría las casas.
      El capítulo no defraudó. El planeta estaba más hermoso que nunca: había árboles de todos los tamaños, flores de colores, ríos y valles. La gente, sin poder despegar los ojos de la pantalla, lloraba emocionada como si se reencontrase con un hijo perdido. Pronto se conocieron las últimas especies que habían aparecido: eran animales de piel rugosa y fría, grandes, majestuosos. También había otros que parecían más suaves y eran capaces de elevarse de la superficie y volar. Se convirtieron inmediatamente en los favoritos de muchos espectadores.
      Pero el show no sólo mostraba el lado bonito de las cosas. También se veía la lucha de las especies por sobrevivir, las batallas que tenían que librar para conseguir alimento y la muerte en directo de muchos seres. Algunos padres decidieron que aquello no era un espectáculo apto para sus hijos.

      La tercera temporada del show se centró en una especie de reciente aparición que parecía más inteligente que el resto. Eran peludos, bípedos y bastante más pequeños que los animales que habían cautivado a la audiencia anteriormente. Su evolución fue espectacular. En muy pocos episodios se hicieron con el control total del planeta, matando a miles de especies y dominando al resto, arrasando árboles y mares. Los espectadores nos debatíamos entre la repulsa y la admiración. Muchos no pudieron soportarlo y dejaron de ver el programa.
      Ni siquiera los científicos podían prever que en tan poco tiempo, entre el episodio séptimo y el octavo, aquellos seres habrían alcanzado una tecnología tan avanzada. Cuando se dieron cuenta, ya era demasiado tarde para reaccionar. La emisión del “Show Galáctico” se canceló y se apagaron las cámaras, pero esto no fue suficiente. Aquellos seres, despiadados pero curiosos, habían sido capaces de registrar una multitud de señales de radio provenientes de un planeta cercano. Abandonaron el suyo, destruido y moribundo, y se embarcaron en un viaje galáctico hacia el origen de aquellas señales. Eran nuestras televisiones.

      El Sol se siente solo

      El Sol se siente solo

      Érase una vez en la inmensidad del universo
      una casita con brillantes estrellas,
      donde vivían criaturas bellas…
      ¡Y no eran de hueso!

      Los romanos lo llamaban Vía Láctea
      porque parecía un camino de leche…
      ¡Y tened cuidado! Que nadie sospeche
      porque es una nube de estrellas y no es de leche.

      En el centro, el Sol ocupa su asiento
      y aunque de amarillo luz viste,
      llora por sentirse triste
      viendo a los planetas felices
      girar como el viento.

      “¡No puedo moverme…
      y esto es un aburrimiento!”
      Dijo la grande estrella
      ardiendo de furia en un momento.

      “Quisiera moverme
      y no ser diferente,
      para poder jugar con todos
      y moverme como una serpiente”.

      El Sol se quejaba de un fuerte ruido
      porque Mercurio iba tan rápido
      que en sus oídos retumbaba un zumbido.

      “Mercurio, para ya…
      ¡Que me vas a marear!

      “Solecito,
      me gustaría parar,
      pero si voy más despacio…
      ¡Me quemarás!

      Tras quejarse una vez más,
      lo hizo con el siguiente:
      “¿Por qué intentas parecerte a mí
      siendo tan grande y caliente?

      “No trato de parecerme a ti…” dijo Venus.
      “¡Si tú eres como el fuego ardiente!”

      El Sol,
      un poco más enfadado,
      dijo en voz alta a la Tierra:
      “¿Por qué no tengo hermanos
      y tú tienes una hermana pequeña?”

      “No te creas que es muy divertida,
      la Luna es muy traviesa y distraída.

      De vez en cuando
      se pone entre nosotros
      Y forma un eclipse...
      ¡Que es hermoso!”

      La Tierra era feliz
      como una perdiz,
      porque llevaba un sombrerito
      con un ligero matiz.

      “Me protejo de ti,
      porque algunos rayos me hacen daño
      y me quedo sin el agua de mi baño
      que necesitan amigos para poder vivir”.

      Un poquito más triste y desolado,
      el Sol le preguntó a Marte si también estaba enojado
      porque por su color rojo parecía estar enfadado.

      “Yo no estoy enfadado
      pero me gustaría estar un poquito más a tu lado,
      porque paso mucho frío
      y me gustaría que fueras mi abrigo”.

      El Sol, asombrado
      miró a Júpiter desconcertado:
      “Eres el planeta más grande…
      ¡Pero nunca alcanzarás mi tamaño!”.

      “Tú serás más grande que yo…
      ¡Pero yo giro a tu alrededor!”

      El Sol un poco callado,
      miró a otro lado.
      Sin haberlo esperado,
      encontró a Saturno “el anillado”.

      “¿Por qué llevas cinturones si no llevas pantalón?”
      Dijo el Sol con gran preocupación.

      “No llevo pantalón,
      ¡Pero parte de mi belleza son!”
      El Sol, serio, comprende su razón
      y despide a Saturno con poca motivación.

      Cerca de Saturno
      estaba su hermano mellizo.
      Su nombre era Urano,
      ¡y le pegó un pellizco!

      Su color era azulado,
      pero le hizo tanto daño
      que se le quedó un morado.

      El Sol se compadeció
      y una regañina a Saturno le echó.

      En el fondo, alejado
      se veía a Neptuno,
      de color verde azulado.

      “Qué frío me siento…
      ¡No tengo a nadie a mi lado!
      Cómo me gustaría en este momento
      sentirme querido y arropado”.

      Con un haz de luz brillante,
      el Sol le iluminó al instante:
      “Siéntete afortunado, Neptuno…
      ¡Porque giras alrededor de mí tan lejos como ninguno!”

      Neptuno, mostrándose sonriente
      giró alrededor de todos lentamente.

      Tras observar todo lo que había ocurrido
      el Sol se había dado cuenta de que muy bueno no había sido.
      “He tratado a todos mal
      y no me gustaría que me lo hicieran los demás”

      Con la cabeza baja los miró
      y con sus rayos de luz a ellos se dirigió.
      “Siento mucho haberme portado así…
      ¡Pero me he sentido solo desde que nací!”.

      Los planetas, preocupados
      comprendieron su actitud,
      y le explicaron la importancia
      de tener su gran virtud.

      “Eres la pieza más importante,
      todos te necesitamos.
      Sin ti somos insignificantes…
      ¡Porque con tu luz nos iluminamos!”

      El Sol, un poco sorprendido,
      salió del lío en el que estaba metido
      y comprendió que ellos no podrían girar
      si no se quedara en su lugar

      “¡No debéis parar
      porque a todos os puedo observar,
      así que os compartiré mi felicidad
      aquí quieto en mi lugar!”

      Y finalmente, aprendió una sabia lección:
      Que esa casita es el Sistema Solar,
      y el Sol su nombre lo da
      por la importancia de su acción.

      Y colorín colorito…
      ¡Que este cuento os parezca bonito!

      El sueño de Dmitri

      El sueño de Dmitri

      Los copos de nieve que chocaban contra el cristal de la ventana embellecían todavía más el paisaje de aquella tarde de febrero de 1869 en San Petersburgo. Sin embargo, los ojos del profesor, acostumbrado a los climas extremos de su Siberia natal, estaban inmersos en cada una de las cartas que tenía dispuestas sobre el escritorio. En cada una de aquellas fichas había anotado la masa atómica y las propiedades físicas más representativas de cada uno de los cincuenta y seis elementos químicos descubiertos hasta el momento. Durante sus viajes en tren por toda Rusia se había acostumbrado a entretenerse barajando, agrupando y organizando todas aquellas cartas de distinta manera como si de un solitario juego se tratase, en busca de un patrón oculto que resolviese aquel crucigrama imposible. Ahora había ordenado de nuevo los elementos de menor a mayor masa atómica pero continuaba sin encontrar la pieza que completase aquel rompecabezas, un nuevo tipo de clasificación que agrupase los elementos según la similitud de sus propiedades. Sus ojos subían y bajaban una y otra vez por la hilera de cartas hasta que de repente notó algo que le produjo una extraña sensación de excitación. Se dio cuenta de que ciertas propiedades se repetían en algunos de los elementos en intervalos más o menos regulares. Dio un pequeño sorbo al vaso de vodka que reposaba sobre la mesa y se fijó en que aquel patrón que había observado parecía desaparecer al continuar la serie. No tenía la menor duda de que se encontraba cerca de un gran descubrimiento, que todavía no acababa de comprender. Derrumbado por el agotamiento tras un duro día de trabajo, reposó su enmarañada cabeza entre sus brazos y se dejó vencer por el sueño hasta quedar profundamente dormido.

      Al abrir los ojos se encontró solo y desubicado en un oscuro jardín donde la hierba parecía dibujar una inmensa cuadrícula bajo sus pies. De repente, el jardín se iluminó y desde el cielo comenzaron a caer de forma regular enormes bloques de colores que representaban cada uno de los elementos con los que vivía obsesionado. Primero cayeron el hidrógeno y el litio, que se situaron próximos el uno del otro, y, a continuación, se formó una nueva columna con los elementos berilio, boro, carbono, nitrógeno, oxígeno, flúor y sodio. Percibió cómo este último se ubicaba a la misma altura que el litio. Había por fin encontrado la periodicidad que tanto ansiaba hallar y entendió la relación que guardaba con la valencia de los elementos, tal y como había intuido su subconsciente. Las propiedades se repetían cada ocho elementos del mismo modo que las notas musicales en las distintas escalas. Contempló entusiasmado como el resto de los elementos continuaban encajando de forma perfecta hasta completar un hermoso mosaico de colores bajo sus pies. También observó que algunos de los bloques ya colocados albergaban un interrogante que predecía la posición de elementos todavía por descubrir. Sin duda alguna, había asistido a la obra de arte más bella que jamás habría podido llegar a imaginar.

      Al despertar, Dmitri Ivánovich Mendeléiev, todavía tembloroso por la revelación de su sueño, buscó a tientas un trozo de papel donde anotar todo lo que había soñado.

      Dedicado a Oliver Sacks

      El teorema del mono infinito

      El teorema del mono infinito

      De vuelta a mi laboratorio en el corazón de un viejo continente, retorno a la monotonía y a la métrica de esta república actual de la ingeniería y la mecánica.

      Tic, tac, como un reloj transcurre la existencia en esta latitud del planeta donde hasta las estaciones del año poseen un calendario definido y puntual. Finales de agosto, muerte celular programada de las hojas de los árboles continentales, con la misma métrica parsimonia alcanzan los suelos y anuncian el final del verano por estos lares, adiós a los cándidos rayitos del sol. Y con exactamente la misma métrica me reincorporo a mi puesto de trabajo alzando la pipeta, presionando el teclado de la computadora, apretando el botón de la máquina del café. La rutina robótica. Tengo entendido que ya se prueban en los centros de investigación y desarrollo informático los programas de ordenador capaces de escribir automáticamente textos diversos e incluso los hay que se atreven con artículos científicos enteros. Hala, dentro de poco podremos publicar cien artículos al año por obra y gracia de la inteligencia artificial. Me pregunto si los textos escritos por las máquinas pensantes tendrán alguna clase de sentido o si pasarán con mayor o menor éxito las revisiones de los editores de las renombradas y prestigiosas revistas científicas que los míos propios, escritos de puño y letra, sudados con la sangre paciente de las observaciones, comprobaciones y ratificaciones de los experimentos llevados a cabo. Quizás sea cuestión del azar y la probabilidad estadística, como si ponemos a cien monos a aporrear de manera aleatoria cien máquinas de escribir, una por cabeza, quizás alguno escriba algo por casualidad que tiene sentido. Esto que en la jerga académica oficial se conoce como el “Teorema del mono infinito” lo debo haber visto en algún capítulo de Los Simpson, alguno de esos que reponen hasta la saciedad en los canales de televisión. Nada nuevo, historias que se repiten, rutina, inercia, hábito, monotonía, patrón de comportamiento predeterminado. Levántate a las siete de la mañana, toma un café, despídete con un beso de tu fiel esposa, ya va siendo hora de la planificación familiar y de traer descendencia a este mundo ya de por sí abarrotado, vete para tu lugar de trabajo y produce que te produce. Naces, creces, cumples con las normas socialmente preestablecidas y mueres, ¿quién es ahora la máquina?

      De vuelta a estas coordenadas septentrionales de antiguos reinos hiperbóreos de la filosofía y la lógica, retorno expatriado de un otrora imperio meridional, dogmático, místico y calenturiento.

      De vuelta al frío y a la sangre fría, que debe ralentizar su velocidad por los capilares dadas las circunstancias. De vuelta a las calles vacías, los valles hendidos entre las edificaciones masivas, por lo menos a los ciudadanos continentales les gustan los arbolitos, pero estos ya expulsan al vacío sus hojas amarillentas. De vuelta a la planificación. Planificar al detalle, cómo si fueras a ser capaz de tener bajo absoluto control todos los detalles del plan, los previstos y los imprevistos, que precisamente por imprevistos son los que menos te esperas. Por suerte, o por adaptación al medio, he aprendido a ser flexible, pues todos mis planes lo más normal es que se vayan al garete. Planificar para tener que comprobar que es imposible cumplir el plan al pie de la letra, que el azar de los monos que escriben el destino juega contigo como con un muñeco de trapo. Prefiero no planificar los detalles, ya que es diseñar una hoja de ruta lo que me conduce por los tortuosos caminos que me alejan de lo estrictamente planificado, así que mejor ahorrarse el esfuerzo. Qué incongruencia tan chocante para uno que atreve a llamarse a sí mismo “científico”, pues ya ven, la improvisación también es capaz de llevarte por los caminos del destino. Y me río de los monos, con respeto, no me río de ellos en sí mismos sino de su fútil intento de controlar mi vida. Hasta ahora he llegado hasta aquí porque no encontré otros caminos mejores, ni planificados, ni allanados, ni asfaltados, ni leches. Debo andar lejos de llegar a ser una máquina, de convertirme en un estereotípico ciudadano continental, de amoldarme a la planificación y/o a la programación y sobre todo de tener que despedirme para siempre de la espontaneidad.

      El viajero solitario

      El viajero solitario

      Aspiraba a que todo pareciera normal, pero era muy difícil. El jardín sí lo era, porque yo mismo lo creé. Nenúfares, el agua borboteando desde la fuente….. las rosas, los gladiolos, las abejas haciendo su trabajo y las hormigas y escarabajos recogiendo todo lo comestible. Un escaparate que cualquiera diría “natural” si no se supiese que estábamos en el Yukon A2, la mayor de las tres naves interestelares creadas en el 2315.

      Intenté proseguir pareciendo normal; mi campo de golf, mi barquita para pescar salmones en el pequeño lago de agua artificial….. pero no, esto nunca podrá ser corriente, esto fue todo creado por el hombre, en este caso creado por mi en mis cuarenta años de viaje. Seguía siendo ese pobre piloto dejado de la mano de Dios.

      No podía continuar engañándome, pero era la única forma de seguir vivo. Sentir y vivir como en la Tierra, era mi única vía de escape.

      Me reclutaron por ser el mejor piloto y por tener la mayor capacidad psico-física para soportar el viaje. Sabían con quien trabajaban. Mi expediente era extenso; varios viajes a Europa, Ganimedes, Titán, Sedna….. experiencia no me faltaba. Y experiencias vividas tampoco.

      Había sido descubridor de nuevas especies de vida, tanto vegetales como animales, colonizador de nuevos sistemas planetarios. Todo un orgullo para la humanidad. Pero me encontraba solo en la inmensidad del espacio alrededor de Alfa Centauri B.

      La soledad humana es el peor de los castigos a los que se puede someter una persona. No hay forma de soportar tanto tiempo, tan lejos y completamente solo. La única forma de entretenimiento era aprender y recibir conocimientos del lugar donde aterrizaría en breve.

      El planeta Alfa Centauri B era el punto de mi diana. Años atrás estuvimos estudiándolo porque intuíamos que los mal llamados objetos voladores de siglos atrás, eran realmente nuestros visitantes provenientes de este conjunto estelar. Estaba tan solo a unos cuantos miles de kilómetros de salir de dudas.

      Muchas preguntas rondaban mi cabeza. ¿Qué me encontraría allí? ¿Se confirmarían las sospechas de la existencia de vida inteligente? ¿Estarían esperándome? O por el contrario ¿Sería posible montar allí una base permanente para los futuros viajes?

      Procedí a realizar la maniobra de aproximación. Era impresionante el espectáculo lumínico que estaban observando mis ojos. El espacio infinito era color rosáceo. Alfa Centauri A, el planeta gaseoso estaba burbujeante, de colores cálidos, amarillos, rojos intensos, azules fulgurantes….. de vez en cuando algún que otro bólido pasaba cerca de mi con su cola majestuosa, dejando una estela de polvo y restos de ellos mismos.

      Mi aportación a la Humanidad resultó ser muy útil porque certifiqué que había vida inteligente mas allá de Titán. Eran unos seres muy amigables y estaban esperándome con los brazos abiertos. Resultaron ser unos seres únicos. Muy altos, debido a la falta casi total de gravedad en su mundo. Seres con una luminosidad extrema y ojos enormes. Los brazos colgaban hasta casi las rodillas y unas piernas largas y escuálidas. Unos movimientos extremadamente agiles hacían de estos seres unos seres especiales.

      Estaban exultantes de nuestros progresos, nos alababan porque por fin podían ser visitados por nosotros, cuando me confirmaron que ellos, en siglos atrás, habían sido nuestros visitantes, desde tiempos inmemoriales antes incluso de la existencia de los dinosaurios.

      Me informaron que fueron ellos los que nos graduaron los avances tecnológicos para que fuésemos avanzando hasta llegar donde habíamos llegado. Fueron nuestros mentores. Su trabajo consistió en visitarnos a lo largo de nuestra joven historia e instruirnos inconscientemente hasta conseguir que desarrolláramos toda la tecnología según sus previsiones. Todo un orgullo para ellos, de ahí tanta fiesta por mi llegada, porque consiguieron que la Humanidad rompiera con la energía atómica y se deshiciera de todas las armas nucleares, algo impensable en el siglo XXI.

      Procedimos al intercambio de conocimientos, seres vivos; yo les pasé insectos y animales de granjas antiguos, como los cerdos primigenios, y alguna vaca (conseguí clonar cinco ejemplares antes de su extinción total). Por su parte, ellos me dieron unos seres diminutos, que no cabían en mi mano, que por lo visto devoraban toda la basura biológica que generaban estos seres, o sea sus excrementos y orines. No se que valor tendría para nosotros, pero bueno, los llevé también a mi nave. Otros animalitos que me regalaron fueron unos del tamaño de un perro pero altos y bípedos, con cabezas alargadas, cola gorda y cuyos gritos o gorgojeos me producían escalofríos de lo horripilante que sonaban.

      Mi vida cambió radicalmente y gracias a esos avances tecnológicos, en tres años terrestres preparamos una expedición para volver a la Tierra, acompañados con una comitiva para realizar un encuentro con la Humanidad por parte de esta civilización, y cargado de nuevos conocimientos, nuevas experiencias.

      Elixir

      Elixir

      El día que le iban a otorgar el premio Honoris Causa Científica por descubrir el elixir de la inmortalidad el Doctor Callahan McArthur no se presentó a recogerlo. Doctores de toda Inglaterra y de todo el mundo se revolvieron nerviosos en sus asientos y un murmullo tenue y progresivo comenzó a apoderarse de la sala. Mientras se ajustaban las corbatas y toqueteaban sus tarjetas identificativas con manos sudorosas, se preguntaron en distintas lenguas cómo era posible que aquel que había descubierto el compuesto químico que iba a cambiar la historia de la humanidad no estuviera allí para recibir su honorable premio.

      A las 11:30 de aquella mañana dos agentes de policía entraron en una buhardilla pequeña y silenciosa del barrio alto de Godstown. Larry, el más joven de los dos, irrumpió con su perilla cuidadosamente recortada antes que su compañero, pecoso y corpulento. Allí, entre montañas de libros, que cubrían casi todo el suelo de la única pieza de la casa, encontró el cuerpo del Doctor Callahan McArthur, de color azul violeta, colgado de una viga de madera con una cuerda de tender. Además de sacar el cadáver y colocar en la puerta un cordón policial, los policías no tuvieron mucho que hacer. Aquel hombre de ochenta y tres años no tenía familia y todas sus posesiones eran libros mohosos y papeles que llevaban años acumulando el polvo de su pequeño apartamento.

      Aquella noticia revolucionó los diarios ingleses. El país conoció la existencia del paradójico Callahan, el científico que se quitó la vida cuando había descubierto el elixir de la inmortalidad. Al de pocas semanas, sin embargo, el hallazgo de la milagrosa poción cobró unas proporciones mucho más significativas. El mundo supo entonces de su posibilidad de vivir eternamente gracias al nuevo compuesto: carmilio pirragenado.

      Como era de esperar, el comercio de carmilio se disparó. Una gran compañía extractora se hizo con la principal mina de carmilio del planeta e hizo negocios con los laboratorios de una importante farmacéutica, que a partir de ese momento se dedicó exclusivamente a la producción del “Elixir Callahan”. Al comienzo, el elixir de la inmortalidad se vendía por sumas millonarias, haciendo muy reducida la cantidad de afortunados que gozaban de sus benefactoras propiedades. Después, su comercio se generalizó y miles de millones de personas tuvieron acceso a consumir diariamente el elixir, en pequeñas dosis diluidas, que se administraban en ampollas del tamaño de un dedo meñique. Los laboratorios bio-genéticos investigaron sobre la posibilidad de inyectar una parte del elixir en el ADN de los recién nacidos para que su ritmo de crecimiento fuera atenuado y se estancase a la gloriosa edad de veinte años. Los estados que poseían el monopolio del elixir sufrieron ataques de los países vecinos, de los que se defendieron ferozmente. Las vida de las personas se alargaba considerablemente y las familias seguían teniendo hijos, pero las luchas de poder compensaban el peso ecológico de la masa humana cobrándose al año millones de vidas.

      Años más tarde, el joven policía de Godstown que había encontrado al viejo Callahan pendido con su cuerda de tender volvió a pensar en aquel hombre. Su compañero pecoso, con el mismo aspecto que entonces gracias al elixir Callahan, estaba en el asiento de al lado tomando un café. Larry, cuya única diferencia con el antiguo Larry era que se había afeitado la perilla, le dijo a su amigo:
      —Aún no me explico lo de Callahan.
      —¿El qué exactamente? —su compañero dio un sorbo al café y puso los pies sobre la mesa.
      —Lo del suicidio. Por más que le doy vueltas, no me lo explico. ¿Por qué iba a querer suicidarse alguien que acaba de descubrir el elixir de la inmortalidad?
      —Quién sabe. Aquel hombre no tenía familia. Quizás no quería vivir eternamente sin familia —dijo y bebió otro sorbo de café, mientras se rascaba la barriga.
      —Ya, pero el elixir le hubiera convertido en el científico más prestigioso del planeta y seguramente, en la persona más rica del Universo. ¿Quién en su sano juicio podría renunciar a eso? —dijo Larry, acariciando una perilla inexistente.
      —No lo sé, alguien noble a quien no le importase el dinero o la fama.
      —¿Estás de broma? No hay hombre en el mundo más famoso que Callahan. Todos los días se dan conferencias sobre él. Tiene millones de seguidores en congregaciones. Hasta hay calles, barrios y plazas a su nombre y varios días festivos en su honor.
      —Yo lo que no entiendo es cómo puedes juzgar al hombre que nos ha dado la vida eterna —el policía gordinflón bajó las piernas de la mesa y se puso a buscar algo en los bolsillos del pantalón—. Anda, Larry, deja de decir sandeces y tómate el elixir. Ya son las 11:30.

      En buenas manos

      En buenas manos

      Hace más de veinte minutos que la mamá uno y su bebé esperan en la cola del pediatra. Ella no se ha dado cuenta de que el carrito que tiene detrás pertenece a su mejor amiga del colegio, mamá dos, que tampoco ha podido verla. Si se las observa con atención, se diría que unas manos invisibles inclinan sus cabezas sobre esas pantallitas, creando una bella simetría entre las jóvenes mamás. Las dos suben fotos de sus bebés y se tienen en su lista de amigos...

      La mamá dos oye el llanto de otro bebé, mira por delante de la cola y ve a un papá joven agachado sobre un carrito. Enseguida le reconoce, sabe que se ha divorciado hace poco porque es amigo de una amiga de una amiga de Facebook y ella le agregó. Cuando el bebé deja de llorar, el padre lo devuelve al carrito y mira el móvil, a lo mejor la acepta… La cola avanza una baldosa y su carro choca contra el trasero de la mamá uno que profiere un “¡ay!”; otros padres levantan sus cabezas y sonríen enternecidos ante ese accidente de tráfico, tan común en la consulta. Al verse, las chicas se abrazan y se ríen de esa absurda forma de encontrarse:
      -¡Mira! tan lejos y tan cerca…
      -Casi chateamos en lugar de hablar… qué locura…
      La mamá dos se agacha y observa con atención al rubio bebé de su amiga, también el móvil que ha dejado sobre su barriguita; la pantalla aún no se ha bloqueado y puede ver en ella al rubio marido de la mamá uno:
      -Ay qué guapo lo tienes… al niño, ji ji ji…
      -Sí… está con la barriguita revuelta pero es tan bueno y en la guarde se porta súper bien, y…
      La mamá uno sigue hablando orgullosa sin apartar la vista de lo que más quiere en este mundo; en el interior de ese carrito viaja todo cuanto ella significa. La mamá dos consulta el móvil y la interrumpe:
      -Claudio y Laura también se han separado, ya es oficial…
      -No me digas, pero si… a ver… bueno, ¿y tú cómo llevas lo tuyo?
      Mientras la mamá dos se explica, la mama uno recuerda que hablaron de eso el otro día por chat.

      Ajeno a ellas, el bebé de la mamá uno siente algo sobre su diminuto cuerpo, sus manitas se apoderan del artefacto y lo observan de cerca. Un dedo rechoncho pulsa un botón y aparece la imagen de su papá en la pantallita: el pequeño ríe, balbucea un “bapa bapa” y las madres vuelven a mirarle enternecidas, solo un par de segundos…
      -Ella le ponía los cuernos… Con Manuel…
      -Es que está un rato bueno…
      -Jajajaja
      El bebé también ríe feliz y lame la cara de “bapa” como suele hacer cuando lo tiene cerca; le gusta el sabor salado de su mejilla, pero esta fría superficie es más suave y lisa, incluso le relaja. No tarda en quedarse dormido.

      Es el turno de la mamá uno, se despide de su amiga con un “ya me cuentas” y empuja con ganas el carrito, pero entonces suena el móvil: el grito de Lady Gaga y la vibración despiertan al bebé que rompe a llorar con desespero. El médico aguarda paciente en la puerta de la consulta mientras ella intenta hacerse con ese móvil viscoso, que se le acaba escurriendo de las manos y se desliza por el suelo. La mamá uno persigue el artefacto y abandona el carrito que entra en el campo de visión de un papá cabizbajo; su pie hace de cuña bajo la rueda y lo detiene a tiempo. Mamá uno se agacha y recupera el aparato: tiene cinco whatsapps y la imagen de su marido es ahora un retrato fragmentado. Antes de levantarse observa en el suelo unas páginas de diario de las que han puesto después de fregar. Un pequeño titular reza: “Los móviles portan 18 veces más gérmenes potencialmente dañinos que la cisterna de un baño masculino”. Pero de nuevo se diría que una mano invisible inclina su cabeza en otra dirección: la mamá uno admira, en la página de al lado, lo bien que le queda el vestido a Penélope Cruz después del segundo parto. No pasa nada por tener otro, sí, le dará un hermanito a su pequeño, cuyo llanto vuelve a sus oídos. Para tranquilizarle, se asoma al interior del carrito y le muestra la imagen de “bapá”: el bebé frunce el ceño. Luego le pone el chupete que cuelga sobre su pecho y entra en la consulta, donde el pediatra les recibe:
      -¡Tranquiiiilo pequeñín! Estás en buenas manos… –la mamá uno también frunce el ceño ante la pantalla fragmentada.

      El bebé tose. Tendrá que tomar un jarabe cada veinticuatro horas.

      Entrega especial en Ganimedes

      Entrega especial en Ganimedes

      I
      Luna vomita algo con el color y la textura de una crema de guisantes que ha pasado demasiado tiempo a temperatura ambiente. ¿Por qué?- se pregunta -¿Por qué sigo haciendo esto?
      La semi-inteligencia virtual de la nave expone, en tono neutro, un informe sobre el estado del cuerpo de Luna. Es un ruido de fondo ligeramente irritante. En estos momentos la voz explica cómo su metabolismo está expulsando los nanos de tránsito, lo que significa que tendrá que hacer otra visita al aseo en cuestión de minutos.
      –Figúrate. El glamur del viaje espacial.
      El proceso de expulsión ha sido acelerado por la sustancia que los pilotos llaman “mata-bichos”, inyectada por vía intravenosa. Esa cosa desactiva los nanos de tránsito, los micro-robots que viajan por el torrente sanguíneo y permiten sobrevivir al viaje espacial. El fabricante dice que apenas tienen efectos secundarios. Ya. Sólo unos ligeros temblores y mareos.
      Vaciar el estómago de pasta estabilizadora también es molesto, pero Luna sabe que sin esa cosa sus tripas no soportarían un tránsito con una G casi constante. Y cuando su cuerpo esté limpio, tendrá que ingerir Estable-C (otro tipo de nanos) para su estancia en el hábitat. Ah, y las inyecciones anti-radiación. En la región joviana unas horas de exposición pueden freír tu ADN incluso en un entorno protegido.
      Luna entrelaza las manos detrás de la espalda y se estira, haciendo crujir sus vértebras.
      - En serio. ¿Por qué hago estas cosas?
      II
      Los colonos de los cinco hábitats Musk celebran una gran fiesta. Cuatrocientas personas de juerga en una estructura que orbita en torno a Ganimedes.
      Objetivamente, es un despilfarro de recursos. Pero para los presentes la ocasión lo merece: por fin ha llegado el carguero con las cunas prenatales (aunque el nombre oficial es úteros artificiales, es raro oír ese término fuera del mundo médico).
      Los futuros padres y madres podrán concebir en las próximas semanas, y en la clínica orbital ultiman los preparativos para las largas y agotadoras jornadas que vendrán. El personal tendrá que trasplantar los embriones a las cunas sin descanso, antes de que la radiación y la ingravidez puedan dañar a las futuras niñas y niños. Esas cunas de Ceres son duras. Se podría detonar un ingenio termonuclear a unas decenas de kilómetros, y el útero artificial seguiría manteniendo a salvo al feto.
      Luna sonríe con cortesía a la larga fila de colonos que se turnan para palmear su hombro o abrazarla. La felicitan por su trabajo y tratan de invitarla a beber. Acuden a ella con especialidades culinarias locales y pequeños obsequios. Su entusiasmo es comprensible: una comunidad tan aislada ve pocas caras nuevas, y el cargamento de cunas la convierte en heroína por un día. Pero ella pertenece a las rutas de tránsito, y las comunidades de colonos le resultan un poco, cómo decirlo...
      Alienígenas. Sus posturas, su expresión corporal, sus prioridades… casi podrían ser de otra especie.
      Es curioso –piensa- mi cerebro reconoce que me encuentro en las primeras fases de la “alienación de piloto” (H.H. dixit). Y no me importa. Bueno, ya lo compensaré con una buena juerga en Ceres. Y sí, hablaré con la condenada terapeuta marciana. Mientras tanto, hay que aguantar y poner buena cara, va con el trabajo.
      - No, amigo, gracias. Ver tu sonrisa es recompensa más que suficiente. Pero gracias, de verdad.
      Modo pasivo activado. Pausa. Nueva aproximación. Semblante amistoso.
      - No, amigo, gracias…
      III
      La nave se ha alejado mil kilómetros del Musk más cercano para activar el impulsor de tránsito. El vehículo espacial resulta minúsculo cuando se compara con el módulo de transporte, ahora lleno de contenedores de Helio-3.
      Luna se afianza en la litera de aceleración mientras se concentra en el entorno virtual del control de vuelo. Su casco RV trasmite información multi-espectral, convirtiendo la nave y su entorno en una extensión de su propia mente. Muy lejos, siente su cuerpo adaptándose a los nuevos nanos. Las hipodérmicas inyectan estimulantes en su torrente sanguíneo, siguiendo las indicaciones de la semi-inteligencia virtual. La piloto debe pilotar; su cuerpo es responsabilidad de la máquina.
      El generador cambia el orden de potencia y el rumor sordo de la impulsión llega transmitido por la vibración del casco. La nave empieza a acelerar.
      Las cámaras exteriores captan el lejano sol, como un padre huraño y bondadoso en la distancia. El interfaz RV marca la posición de los satélites jovianos (una constelación en tonos de púrpura). La esfera helada de Ganimedes se hace más y más pequeña con el telón de fondo de un mar de estrellas.
      El viaje ha comenzado.
      Luna se estremece satisfecha. No existe nada igual en el mundo. Nada parecido a este momento.
      Y, como siempre, un pensamiento acude a su mente:
      - Es por esto, claro. Por esto hago lo que hago.

      Estimado reviewer number three

      Estimado reviewer number three

      Estimado reviewer number three.
      Te escribo con respecto al charco de pis que has dejado encima del artículo que envié, que he recogido, aún caliente y goteando, esta mañana en mi correo electrónico. Sacando la guadaña afilada has segado nuestras ilusiones al desdeñar como “poco validados” nuestros métodos ¿No somos acaso tú y yo por igual científicos serenos y racionales, intentando hacer progresar el conocimiento humano, por pequeños que sean nuestros avances? Y sin embargo, mis investigaciones son ante tus ojos inimaginativas, inválidas e inanes, indignas de ser publicadas, significativamente igual a cero interesantes y cero innovadoras. Reviewer number three, tú, que tan bien como yo sabes que el sudor, las peleas y los insultos a los aparatos de medida corresponden a tres cuartas partes del trabajo de investigación, tú, que entiendes igual que yo la complicación de trasladar al papel la lógica de los experimentos, tú, que sabes lo dura e ingrata que es la ciencia, tú, compañero en la lucha contra la ignorancia y el desconocimiento, ¿por qué me rechazas así?
      Te imagino revisando mi artículo, estimado reviewer number three, mientras dabas sorbos largos a un vaso lleno hasta arriba de aceite de ricino, mientras te reías con diabólicas carcajadas y pintarrajeabas de rojo sangre el papel que resume miles de horas de desesperación en la poyata. Tal vez lo hayas leído en el sótano más profundo de la caverna más tenebrosa, iluminando tu lectura con una vela encendida en un candelabro decorado con los cráneos de otros investigadores, a los que como a mí fulminaste con tus palabras venenosas. Con incesable afán corrosivo, tu mirada inquisitiva ha escudriñado mi humilde escritura en busca de una coma mal colocada, un doble espacio olvidado, o una mayusculización errónea de una palabra. No te has callado lo que has encontrado. Cada pulsación de una letra en tu teclado deja un trazo de fuego en la pantalla del ordenador, destilando desprecio y soberbia, clavando tu florete en mi científico corazón para después darle vueltas con énfasis destructivo y mala leche, hundiéndolo en mis entrañas para como hundes mi orgullo y mis esperanzas de futuro.
      Espero, estimado reviewer number three, que te hayas levantado con la espalda doblada y con tortícolis, que hayas pisado un charco de agua justo después de ponerte los calcetines, que te hayas abrasado la boca con el café y que te haya caído un chaparrón al salir de casa. Espero que te hayas comido un atasco de camino al laboratorio, que hayas tenido un manchurrón de salsa en tu camisa favorita, que tu equipo de fútbol haya perdido. Espero que la comida de la cantina del laboratorio te enferme, y espero que pases las horas sentado en el retrete pensando en el daño que has hecho.
      Espero que cuando mandes un artículo, te encuentres con un reviewer number three como tú mismo, que te veas en el otro lado de la mesa, arrodillado y mendigante, pidiendo aprobación y piedad a quien no tiene oídos para escuchar súplicas, como me encuentro yo ahora.

      Floreciendo

      Floreciendo

      Trabajo arduo, en la inmensidad de la noche. En el cuarto que tantas horas de mi vida consume, en éste en el que hoy tu presencia inunda. Paseo por la habitación divagando entre mis pensamientos, esperando a ver si así florece alguna resolución convincente sobre el entendimiento humano. Mis teorías, alimento que sacia mi vida, como el agua que reconforta al sediento.

      Siempre había escrito, pero tuvo que pasar mucho tiempo para que pudiera escribir sobre la verdad. Tenía que conocer la palabra más allá de su simple significado, tenía que experimentar en mi propia vida la verdad y su ausencia, y debía finalmente, desear comprenderla.

      En el camino de la vida, cuando las cosas se vuelven más amargas, siempre hay una verdad incombustible, que no se agota ni se pierde cuando la mojan las lágrimas. Esa verdad late un día con más fuerza desde dentro de ese abismo en donde está nuestro corazón, nuestro ser. La primera vez que la escuchas, lo interpretas como que falta algo en tu vida, pero conforme pasan los días y el sonido se hace más plausible, caes en la cuenta de la que búsqueda de la verdad es algo más que una simple conjetura de nuestra propia cosecha. Llegados a este punto, es necesario saber responderse, saber calmarse para poder escucharnos.

      Me acerco a la ventana y contemplo el horizonte con la angustiosa necesidad de encontrar algún indicio racional para mi actual teoría, al tiempo en el que deambulan ante mis ojos transeúntes ajenos a mi desdicha. ¡Qué sentido tiene tratar de comprender algo de lo que uno no es partícipe!. Es entonces cuando entro en razón, simplifico.

      Vuelvo a mi mesa y escribo “verdadero es aquello que es fiel a si mismo, es decir, que cumple lo que ofrece”. Y tratando de desmenuzar dicha premisa, como si de una ecuación de segundo grado se tratase, caigo en la cuenta de que la verdad es más bien una identidad indisoluble. Y más allá de eso puede que la verdad como tal sea el centro neurálgico que motiva y conduce toda nuestra insaciable búsqueda. Quizás la verdad ya no sea sólo un medio para un fin, sino un fin en sí mismo. Y lo que toca entonces es designar a este nuevo concepto con una palabra para que nos permita discriminarlo de otros significados. Y de renombrarlo nuevamente, ¿no perdería pues su identidad inicial?.

      Vuelvo a levantarme de mi asiento, sobresaltado ante tan desatinado razonamiento. Una vez más he caído en mi propia trampa que trae consigo el desasosiego imperecedero, el que ya se considera morador habitual de mi persona desde tu marcha. En mi mente se despliegan una sucesión de imágenes, reminiscencias que constatan la evidencia de que todo tiempo pasado fue mejor. Y una vez más me inunda la nostalgia y naufrago en mi pesar.

      Cuando creíamos que el tiempo borraría nuestros recuerdos, tal y como borra el mar algo escrito en la arena, un día descubres que sigue todo ahí dentro. Y ahora tengo yo la necesidad de escribirme, con la esperanza de que los años y sus efectos vitriólicos sigan borrando mis recuerdos. Y ahora tengo yo la necesidad de reconfortarme, indagando en las palabras y en sus significados, dejando a un lado lo superfluo para reencontrarme de nuevo con lo indispensable.

      Génesis

      Génesis

      En el principio todo era oscuridad, todo estaba inmerso en la nada. Una ausencia serena y apacible. Una carencia que era todo, siendo que no era nada. La voluntad estaba allí, todo era potencialidad, en la nada todo era posible.
      De repente ocurrió: era una idea en la inexistencia. Un pensamiento traspasando toda la eventualidad posible. La intención era música y la totalidad vibró. Surgió entonces un «arriba» solitario girando sobre sí mismo. Siendo la única entidad probable, esperando algo, esperando expresarse, manifestarse. Se contraía y se expandía, era infinito, pero empezaba a limitarse. Su forma era sin forma, solo una entidad indefinida, sin nombre, sin significado.
      En un instante eterno e indeterminado la nulidad manifestó dos «abajo». Se presentaron, se revelaron, se observaron; y descubrieron que su destino era unirse al «arriba». Al combinarse se estremecieron desnudando su intención, se sintieron como una sola entidad, fueron completos, fueron distintos pero iguales. Advirtieron que tenían un nombre pero eso no era trascendente, solo su destino importaba.
      Asomaron entonces otros «arriba» y «abajo» espontáneamente, bosquejando los designios de la idea. La imagen abstracta aumentaba en intensidad, mientras entre las perennes tinieblas crecía y crecía la posibilidad. Entonces vibraron llenos de energía sintiéndose pesados. Se reunieron en un grupo que ocupaba el entero espacio, dándose cuenta de que en bloque eran la unidad, y al reparar en sí mismos, comenzaron a correr, a trasladar, a rodear. Al giro se le dio un nombre, pero eso no los perturbaba. Luego notaron que algunas unidades también afloraban moviéndose alrededor de otras que se habían unido.
      En un insignificante momento un poderoso sentimiento de deseo, de voluntad, de propósito, se apoderó de ellos. Todos se regocijaron. Las que giraban lo hacían con entusiasmo y las que no se desplazaban percibieron a sus semejantes rondar a velocidades vertiginosas. Entonces una luz emergió de la confusión, y luego otra, y otra; hasta que por fin pudieron iluminarse, observarse y determinar su aspecto. La imagen comenzó a tomar forma. Eran cientos, miles, millones…
      Era una sinfonía maravillosa: el conjunto de unidades se entretejían, se atraían y se enlazaban las unas a las otras con una fuerza de amor incondicional, en pequeños universos. Cada universo era equilibrado, perfecto. Poseía unas cualidades únicas. Ya eran distintos, determinados. Vislumbraron por fin cuál era su hado. Se dejaron llevar por la intención navegando libremente por el tiempo y el espacio. Bajaron su nivel energético y se volvieron cada vez más pesados: Energía y materia.
      La materia se cristalizó, y la energía que era pensamiento comenzó a imprimir palabras: “En el principio… En un instante eterno… Era una sinfonía…”. Los vocablos emergieron de forma automática siguiendo el plan de la mente del autor. Formaron frases, y las frases poco a poco dieron significado al sentimiento. Luego se corrigieron, se aumentaron y se organizaron en un discurso, hasta que el concepto que fue originalmente una idea, se transformó en un asunto que se explica a sí mismo:
      La historia científica del génesis de la narración que justamente en este instante, el lector ha terminado de leer.

      Gravedad Inversa Selectiva

      Gravedad Inversa Selectiva

      Hoy es un día más en el laboratorio situado a millones de kilómetros de casa. Aunque debería mentalizarme de que mi casa es esta ahora y durante los próximos 38 meses. He tardado más de 7 años terrestres en alcanzar mi destino, concretamente 2.774 días. A pesar de todos los trabajos que tenía programados desde mi despegue y del maravilloso gimnasio que hay a bordo de la nave Dragón V7 fabricada por SpaceX con la mejor tecnología conocida hasta ahora, ha sido un viaje muy aburrido.
      Abro la puerta que da acceso al exterior y vuelvo a ver el mismo paisaje de todos los días, inalterable, silencioso, solitario. A veces pienso que no hay nadie más en todo el universo.
      Este planeta no tiene que ver con ninguno conocido, no se parece a la Luna ni a Marte ni a lo poco que sabemos de Putón o Mercurio. En este planeta existe un fenómeno llamado gravedad inversa selectiva (G.I.S). Es un fenómeno que no se conocía hasta el momento, y que selecciona a su antojo a objetos o seres vivos para hacerles flotar por la ausencia de gravedad o no. Puedes permanecer pegado al suelo como si estuvieras en la tierra o puedes elevarte como un globo. Hay días que sufro este curioso estado gravitatorio durante unas horas y después desaparece. Por más que he investigado sobre el asunto no consigo la más mínima pista.
      Otro detalle importante de la naturaleza de este planeta es que existe una atmósfera con oxígeno. Es más denso que en la tierra por lo que cuesta mucho respirar pero con el paso de los días te puedes acostumbrar. La vegetación es muy abundante y crece por todas partes. Gracias a la Gravedad Inversa Selectiva (G.I.S.), puedes encontrar plantas de gran tamaño en cualquier parte, incluso colgando de las cadena montañosa que yo he bautizado como Montaña Infinita. Con ayuda del altímetro y el satélite que siempre está sobre mi cabeza a poco más de 500 metros, he calculado su altura y es siete veces el Monte Everest con más de 61.000 metros. A simple vista no se ve la cima.
      También hay que destacar la gran cantidad de agua acumulada en un inmenso océano que descubrí en mi segunda semana mientras exploraba con el Rover la zona marcada en el mapa que estoy elaborando como Zona Y3. Con este asunto estoy indeciso ya que no he conseguido un nombre adecuado para tan impresionante descubrimiento. A causa de la G.I.S., sus aguas forman figuras imposibles que se observan hasta muchos metros desde la orilla. En apariencia es como el agua que conocemos, transparente pero algo más espesa y sin llegar a tener la apariencia de gelatina. Me he atrevido a tocarla directamente, sin los guantes de protección y resulta muy agradable hundir las manos. De momento no pienso darme un baño hasta no saber qué puede haber en su interior.
      Pero tengo que destacar el hallazgo más importante desde que estoy aquí. No por su inmensidad si no por su pequeñez. No todos los días los dedico a la cartografía del lugar ni a trabajar en el laboratorio. He elegido el lunes como día de descanso, como si fuera mi domingo. Y por qué el lunes, simplemente por darme ese gusto. Cuando todo el mundo conocido, es decir, la tierra, está trabajando el lunes, yo he decidido dedicarlo a curiosear sin más, sin saber qué me puedo encontrar. Mi lugar favorito para esto es la zona más próxima a la Montaña Infinita. En su pie se acumula mucha naturaleza que crece sin un orden lógico. También se pueden observar rocas con formas muy raras que en la tierra jamás se darían. Según mi diario, el lunes número 13 y mientras removía unas hojas sin una forma definida, salto sobre mi guante una especie de insecto del tamaño de una moneda de un céntimo de euro. Su comportamiento se podría calificar como descarado al no mostrar ningún miedo ante mi presencia. Me fijé que cambia de color dependiendo de dónde esté, algo parecido a un camaleón. También es capaz de imitar perfectamente cualquier sonido que se pueda oír a su alrededor, incluyendo la voz humana. Pero lo mejor es lo que yo creía que era su gran velocidad para desplazarse. Observé al pequeño ser vivo durante varios días para descubrir que carece de toda posibilidad de movimiento, es un ser inamovible. Lo que hace para desplazarse es la desfragmentación de sus células para componerlas de nuevo en otro sitio.

      Espero poder terminar mi misión con éxito y poder regresar a casa. No quiero convertirme en un astronauta fantasma. Saludos desde mi planeta.

      Hace mucho y no tanto tiempo, un Universo que devino en Galaxia

      Hace mucho y no tanto tiempo, un Universo que devino en Galaxia

      No era la hora del cuento pero sus ojitos abiertos, de pupilas diminutas y brillantes insistieron profundamente, y me gusta tanto que me rueguen de esa forma repetida y melódica, sin sobresaltos ni pataletas, que acepté sentarme un rato con ella. Tengo tantas ganas de hacerlos en estos años, de crecerlos, a Irene y a su futuro hermanito. Hay tanto.
      – Érase una vez, hace mucho, mucho tiempo, unos dos mil cuatrocientos años -son cifras que no puede entender, pero necesito que absorba, a pesar de que no sea capaz de contarlo con sus dedos- el mundo estaba formado por esferas perfectas, balones redondos transparentes, como bolas de vidrio unas dentro de otras. Y en esas esferas, había pegadas lucecitas, las estrellas, los planetas, todos muy ordenados. En el centro, estábamos nosotros, nuestro planeta Tierra. Las esferas se movían de forma circular, siempre regular, como una cajita de música que una vez que le das cuerda sigue un ritmo que no varía. En ese mundo, cada esfera tenía su propio motor invisible, que era movido por otro anterior. Tchuc, tchuc, tchuc -intenté imitar el sonido de un resorte-, como una cadena.
      – ¿Y cómo se movían?
      – Había un motor muy, muy especial, El Señor Primer Motor, que también era invisible. Era el único que podía moverse a sí mismo, y era tan hermoso, tan bello, que hacía que los demás motores se movieran tras él, todos querían seguirlo. Y así, el tiempo pasaba poco a poco, como los vagones de una noria, esas esferas iban dando vueltas desplazando los planetas y cuerpos celestes que estaban pegados a ellas. Pero, de repente, una chispa, una lengua de fuego muy rápida. Y los planetas y estrellas que habían estado tan cómodos en su nana cíclica se asustaron e intentaron despegarse de esas esferas que los tenían prisioneros. ¡Déjennos salir! ¡Por favor, socorro! Gritaban. Las flechas de fuego se hicieron más vistosas, cada vez más. Tenían que salir de los brazos de ese monstruo de ángeles, armonía y belleza. Las estrellas fugaces les hicieron pasar mucho miedo, fue horrible. Por eso, si ves la Luna de cerca tiene huecos y está deformada, se dejaron la piel para salir de aquél lugar. Aparecían de repente, tan cerca de ellos que, en realidad, incluso les ayudaron a liberarse de esas cadenas con sus llamas. Algo más tarde, hace no más de trescientos setenta años, ya no había esferas, solo luces desparramadas, por aquí -le hice cosquillas en la oreja izquierda- y por allí -recorrí su vientre para entretenerla- a los alrededores de la Tierra. El mundo ya no estaba encerrado en esas bolas transparentes, ya no había un límite para nosotros. Un pez que ya no tiene pecera sino un mar que no acaba, ¿te imaginas cuántas cosas se pueden hacer?
      – ¿Y no les daba miedo?
      –¿El qué, tesoro?
      – Que sea tan grande.
      – Claro, nadie quería entenderlo, hasta algunos lo prohibieron del miedo que les daba. Es mucho más fácil seguir las reglas de un juego que inventar uno nuevo.
      – Pero a mí me gusta más hacerlo yo, es más divertido.
      – Eso pensaron algunos de ellos y crearon el suyo propio, aunque los profes seguían castigándolos un tiempo hasta que empezaron a jugar también con ellos.
      – ¿Y cómo era?
      – Si quieres te lo enseño y claro, tú también puedes jugar. Es complicado al principio, pero si te gusta puedes hasta cambiar lo que no te convenza y hacerlo tuyo. Pero poco a poco, hay muchas, muchisísisimas versiones y si no entiendes una no puedes pasar a otra.
      – Y al final, ¿quién sujeta las luces para que no se caigan, si ya no hay bolitas?
      – Es que no puedo seguir si no juegas conmigo.
      No podía explicarle el éter, ni las fuerzas de Newton, ni cómo las ondas los hicieron casi desaparecer.
      –Vale, una partida y merendamos. ¿Es muy largo?
      Mi amor, tengo tantas ganas de darte todo lo que hay en este infinito que no puedo dejarte de lado, ignorante de esta inmensidad. No sé si irá para largo o no, depende tanto de ti y de tu interés. Por mi parte, lo necesito incomprensible, Irenita, y espero que si empiezas este juego, te dure toda la vida.

      Hasta luego, Bob

      Hasta luego, Bob

      La lluvia acaricia la fachada de un hospital de Londres. Hay una habitación de la novena planta en el ala oeste y, en su interior, un joven tumbado en una cama que lee una revista de viajes. Varios tubos transparentes le conectan a una máquina cuyo zumbido sirve de contrapunto a las gotas contra el cristal. Unos golpes en la puerta y al momento entra una enfermera que empuja una silla de ruedas. Su ocupante es un joven vestido sólo con una bata sanitaria. Le falta la pierna derecha. El joven de la cama sonríe, su rostro se ilumina y el único ojo que le queda, cansado, parece resplandecer.
      —¡Vaya, Bob! ¿Cómo tú por aquí?
      —Je, ya ves. Echando una visita.
      —No tenías por qué molestarte, hombre.
      —Na... si es lo menos que podía hacer...
      —Gracias, Bob, de verdad. No se ve mucha gente por este pabellón.
      —Y no lo entiendo.
      —Ya, bueno...
      —Sí...
      Tras un encogimiento de hombros, la conversación se deja ahogar por el zumbido de la máquina. La enfermera inspecciona su manicura, como absorta ante todos los matices de la laca de uñas. El tamborileo de la lluvia se intensifica. Siempre diluvia las tardes de noviembre en Londres.
      —Oye, ¿vas a ir a ver al Liverpool?
      —¡Qué va! Por culpa del maldito postoperatorio me pierdo la final.
      —Lo siento, Bob. Ya verás como no es nada, al final. Los injertos...
      —Sí, lo sé. Sin riesgo de rechazo. Injertar la pierna, tres meses en cama y a casa.
      —Bueno, por lo menos estarás listo para cuando la carrera.
      —¡Anda! Y tú, ¿cómo sabes eso?
      El joven acostado señala un papel doblado sobre la mesilla junto la cama. El visitante lo coge y lo desdobla. Maratón benéfica multitudinaria el treinta de marzo de dos mil ochenta y siete a favor del sufragio para los grandes simios. Sale un gorila sonriente, feliz por ser el primero en atravesar la línea de meta.
      —Je, te conozco muy bien, Bob. No ibas a perder la oportunidad de participar.
      —¡Nuestros primos tienen derecho a decidir sobre las resoluciones del Congreso!
      —¡Hey, que le estás predicando a un converso!
      —Perdona, es que es un tema que me toca la fibra.
      —Tranquilo, Bob. Ya verás como al final acaban aprobando la enmienda.
      —Seguro. Oye, ¿cómo vas con la diálisis?
      Ambos miran la máquina. Púrpura brillante que asciende y desciende por los tubos. Las bombas giran y giran sin descanso, hipnóticas, limpiando la vida de quien ya no puede hacerlo por sí solo. La enfermera se coloca el cabello bajo la cofia y mira su reloj, sin que parezca interesarle el desarrollo del diálogo.
      —¡Bah! me deja hecho un asco, pero ya sabes que sin los riñones...
      —Tío, no sabes cuánto lo siento...
      —No fue culpa tuya, Bob, tranquilo. Fue el tipo aquél, que se saltó el stop.
      —No sé qué haría sin ti, la verdad.
      —No te me pongas sensiblero ahora, Bob.
      —No, mira, es que ojalá pudiera hacer algo más por ti.
      El joven de la silla de ruedas se inclina hacia la cama. Levanta la mano hacia el yaciente. Casi como si fuera a tocarle. Casi, pero no. La mano vuelve al regazo en busca de los dedos de su gemela.
      —Ya vienes a visitarme antes de cada operación.
      —Bueno...
      —Eso es más de lo que hacen la mayoría. A mí me basta, Bob. En serio.
      —Ya, bueno...
      —No te mortifiques. Estoy aquí para eso.
      —¡En cuanto me despierte vengo a ver cómo estás, te lo prometo!
      —Eres un buen tío, Bob. Ya verás como al final conseguís lo de la enmienda.
      El pitido de una alarma acuchilla el aire y la enfermera se sobresalta. La pantalla de su reloj luce con insistencia. Frunce ceño y labios al bajar los ojos hacia al joven de la silla. No taconea. No parece que lo necesite.
      —En fin...
      —Sí, Bob, llegó el momento.
      —Nos vemos en el quirófano, ¿eh?
      —Claro. Hasta luego, Bob.
      —Hasta luego, clon de Bob.

      Hen to pan

      Hen to pan

      En otro orden de cosas: Científicos españoles acaban de dar un salto en la evolución del manejo del ADN. El problema de reescribir el mensaje genético del ADN de forma barata y eficiente, lleva años siendo una de las metas perseguidas por todos los genetistas del mundo. Ahora, unas tijeras llamadas CRISPR/Cas9 permiten hacerlo de forma tan sencilla que prometen revolucionar la edición genética. La revista Science acaba de otorgarles el título de avance científico más importante de 2015.

      Cambiando a la sección de ciencia, un colosal avance está revolucionando toda la comunidad científica. Tras la apertura para la experimentación en embriones humanos gracias a las Directivas de la Unión Europea sobre organismos modificados genéticamente del 2017 y en tan solo dos años, hoy han nacido las primeras personas libres de hemocromatosis, talasemia y hemofilia. El revuelo es tal, que se prevé la desaparición de estas enfermedades. Los científicos dicen que esto es solo el principio.

      Después del apartado de deportes damos paso al de ciencia. Nos hacemos eco del comunicado de la Organización Mundial de la Salud, el cual afirma que todas las enfermedades conocidas de carácter hereditario han sido vencidas. Debido a este logro, equiparable según dicen al momento del descubrimiento de la penicilina, se ha propuesto el 2028 como «Año in Vitro, el año en el que la humanidad venció a la genética».

      En sociedad y ciencia, gracias a la Ley 14/2029 publicada en el BOE en mayo del año pasado, sobre técnicas de reproducción humana asistida, conocida como «Ley a la carta», hay en España casi el mismo número de clínicas para la edición genética como de hospitales, tenemos a nuestra disposición 728 clínicas donde escoger el fenotipo de nuestros hijos.

      Ahora en sociedad, en 2052 tenemos al 42% de adolescentes rubios y de ojos azules, altos y musculosos. Se ve una tendencia al alza en pelo verde y ojos rojos, con un 28%. Grupos de entre 16 y 30 años muestran su descontento ante la elección arbitraria de los padres en lo tocante a la expresión estético-física de los hijos. Reivindican que la edición genética debería ser sobre las capacidades y no sobre la estética.

      Como noticia en sociedad, acaban de lograrse los primeros niños con un cociente intelectual de en torno al 588 Otis-AlephCero (renormalización del conocido baremo anterior). Son un grupo de catorce niños que cuentan ahora con siete años, salidos de la clínica Smarter Future en Skopie, Macedonia. Recordemos que hace ahora 7 años, en 2059, investigadores de esta clínica dieron con el gen NPTN/IDH02 que está directamente relacionado con las conexiones sinápticas y el volumen de masa gris.

      El titular en sociedad: vencemos a los humanos naturales. En una encuesta realizada en diciembre del año pasado, se indica que en 2080 solamente el 3,14% de los encuestados, de un espacio de muestreo de 537824 sujetos, continúan practicando el sexo. Asimismo, los asentamientos de «humanos naturales», como se hacen llamar, descienden a menos del 21% de la población mundial, radican sobre todo en países del tercer mundo.

      Comunicado orbe-urbi 14721/21 de sociedad: Se manifiesta la correlación de transhumanos (homo sapiens de VII generación) con el alza en productividad. Se ha alcanzado el objetivo Horizonte 2154 con más de 7 años de antelación: Vivimos los máximos de IDH y los mínimos en su segundo momento, con una varianza tan solo de 0,14 puntos. Un gran avance para el bienestar y la igualdad interpaís.

      Comunicado orbe-urbi 281442/56/NB sociedad: el transalelo recesivo humano (homo sapiens) se ha extinguido. De forma única en la Tierra quedan transhumanos+ (homo sapiens de IX generación) y poshumanos (homo illuminatis). Se ha logrado la migración de conciencia completa hacia la máquina. Sin necesidad de biochips asistidos. El primer no bio-hombre se nombra Du Evawd. Su autonomía equivale al tiempo de vida media de un protón.

      Ya no queda carne, ya no hay hombre, no existe sentimiento. Aquí me encuentro, en este vacío de puertas cuánticas teletransportadoras, las desigualdades Bell-Swartz-Perelman me sustentan más allá de la singularidad. Vivo extático. Soy razón pura, potencia allá a donde lleguen nuestras ramas. Soy consciente y limitado por la realidad física de mis terminales. Desde que se acabó el hombre no existe el hambre. No las guerras. No el conflicto sin solución inmediata. No hay pasión. No hay muerte. No hay sentimiento. El concepto de tiempo se desdibuja aquí. Evolucionamos y nos unimos. Los créditos y las transacciones son recuerdo del pasado. No existe nada más que la voluntad conjunta de avanzar, innovar, crear. Somos en el mundo de las ideas.

      Hen to pan.

      hij@

      hij@

      Ya han pasado 28 días desde la última señal, el tiempo pasa y algunas veces la grafica marca un pico muy alto en los todos, me preocupa el sondeo ya que es algo inusual, no afecta de gran manera la señal en los servidores, pero es extraño de totas formas. Soy Daniel, me gradué hace poco en ingeniero informática y ahora estoy trabajando en una impresa como seguridad, básicamente trato de impedir que los hacker entre en los servidores, mi trabajo es escribir software de protección, desde que empecé, lo único que hacía es actualizar los servidores para ver si hay algún virus y destruirlo, en mi pequeño despacho rodeado de ordenadores me hace recordar mis días de la uní, nunca fui una persona que le gustase las fiestas, todos mis amigos, todos los que necesito se conectan en la red para jugar a juegos online.

      Un día en mi oficina, navegando y comprando la cena por internet, se me ocurrió entrar en la net.war, es un lugar del espacio de internet donde puedes navegar con códigos fuentes a todas partes del mundo y todos los servidores, la única pega con los muros de cada servidor, son como corta fuegos, que te impida que pases sin permiso, pero como navego por códigos pasar por los muros es fácil, de este modo es fácil encontrar hacks que también naveguen por la net.war, pero no es fácil entrar, tienes que saber interpretar los códigos de la net.war, cuesta más trabajo pero es la mejor manera de entrar de verdad en internet, es como decir el ciber espacio que hay, la realidad virtual.

      Navegando en la net.war, surgió un sísmico alto, el sísmico que ocurre en la net.war es como un fallo que se produce en lapso corto de tiempo, es como las interferencias en las señales de radio, pero la diferencia es que todo queda parado por unos segundos. En la net.war siempre ha habido estos sísmicos, pero últimamente la actividad fue aumentando y más intensamente, estos fallos solo se producen en la net.war. En los navegadores normales un sísmico casi no se nota, eso se debe que el tiempo y el espacio es relativo en los navegadores, es decir, no tiene un tiempo fijo, o un espacio concreto, eso solo son dados del servidor que usas, pero en la net.war existe un tiempo y un espacio, nadie sabe el porqué y el cómo pero es como otro mundo diferente que vemos atreves de la pantalla del ordenador. Tras ese gran sísmico decidí investigar de donde provenía y el porqué, usando el servidor de la empresa puedo procesar datos mas rápidos, solo tengo que encubrir mi actividad con un virus controlado con la escusa de yo estoy intentado eliminarlo, Todavía necesito información de los sísmicos, el único lugar que conozco que puedo encontrar información de la net.war es un rincón llamando la kroaka, un lugar donde se compra y vende información, armas, personas, órganos, todo lo que imaginas, en este podrido lugar te conectas con un avatar un nombre en clave, y vas navegado por los callejones hasta encontrar con el cuco loco, según rumores ha estado en la net.war desde sus inicios en 2001 y registrando todo tipos de datos.

      Pasaron 29 días desde la ultimo gran sísmico, el cuco logo dijo que la onda se disuelve muy rápido y es difícil buscar el epicentro, que él o ella ha estado también intentado allá la razón de los sísmicos, pero todos los esfuerzos son inútiles, surge un gran sísmico pero al poco la onda desaparece sin así poder rastrear nada. Así que lo único que puedo hacer es navegar contra corriente, con un software complejo usare la función de los sísmico y la invertiré para así cada sísmico que haya me calcule el valor contrario y encontrar poco a poco el epicentro.

      49 días de sondeos cada vez los sísmicos se hacen más fuertes, los pequeños sísmicos tienen un ritmo, cada vez necesito más potencia del servidor, me adentro aun más en la net.war a rincones que nunca he estado más oscuro y vacio. Tengo miedo, en las primera faces cuco loco me acompañaba y me ayudaba a entender los datos que recibíamos, pero su ordenador no está preparado para tanta carga de información, ahora estoy solo.

      120 días de sondeo, 120 días sin despegar del ordenador, 120 días sin saber que exactamente buscar y por fin en un espacio tridimensional surge la causa de los sísmicos, una feto casi desarrollado, por mucho que en la pantalla solo mostré combinaciones binarias, la forma del feto se ve claramente, cuando da una “patada” produce un gran sísmico, los pequeños sísmicos que captaba era como su “corazón” latía, mirando aquel ser, de pronto nuestras miradas se cruzan.

      Huesos en la arena

      Huesos en la arena

      “¡Date prisa. Se está haciendo de noche y no tendremos tiempo de sacarlo en condiciones!”. Unos arqueólogos trabajan en lo alto de una colina arenosa cubierta de pinos. Han encontrado un esqueleto, cae la noche y urge excavarlo, es peligroso dejarlo ahí, las noticias vuelan y los furtivos podrían reventar el yacimiento. Paletín, escobilla, pincel, bisturí…, poco a poco aparece el torso, desde las cervicales al sacro y la pelvis. No tiene extremidades, ni brazos ni piernas, tampoco está el cráneo. “¡Qué raro!”. Adriana filma todo en vídeo, Alfredo toma notas, Berta prepara las cámaras para tomar fotografías, Ricardo reúne el material necesario para extraerlo. Los curiosos merodean sigilosamente alrededor, cuchichean estupefactos ante lo que están viendo. Los arqueólogos se preparan para la extracción, uno anota, otro pone la referencia en la bolsa, otro embolsa y todo va a una caja preparada. Con extrema minuciosidad van sacando uno a uno todos los huesos del esqueleto: cervicales 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, clavícula izquierda, clavícula derecha, omóplato izquierdo, omóplato derecho, escotadura, costilla izquierda 1, derecha 1…, vertebras dorsales 1, 2, 3… y así hasta las lumbares, el coxis y el sacro. “¡Ya está, lo tenemos!”. Lo cargan en el coche y por el camino del bosque lo llevan al caserón. Se ha hecho de noche. No queda nadie en el lugar. Todo en silencio, no hay luna. Es sábado, mañana domingo, día de descanso. Ducha, cena y charla. Poco a poco el cansancio les vence.
      De madrugada, Berta salta de la cama y enciende los ordenadores. Tres pantallas parpadean. Ordena y revisa las fotografías de la excavación del esqueleto. Busca todas las fotos y planos antiguos que tienen del lugar. Al rato, Guillermo se despereza y va a la sala de trabajo. Ojos legañosos y cansados. “¿Qué ocurre?, ¿qué haces?”. Se pone también manos a la obra. Son las 4. A las 5 Bárbara se levanta. Sonámbula prepara café. Algo pasa en la habitación de al lado. “¿Qué hacéis?”. Berta y Guillermo con mirada desencajada responden al unísono: “Hay algo que no funciona. Estamos revisando los datos de donde ha aparecido el esqueleto. ¡Las cosas no cuadran, ven a ayudar!”.
      A media mañana, los tres bajan al pueblo a tomar un café. Los lugareños los miran de reojo. Murmuran. El dueño del bar les pregunta sin rodeos: “¡dicen que habéis encontrado un cadáver!”. “¿Un cadáver?”, repite Guillermo. “No, es un esqueleto, quién sabe si del cementerio medieval”. Vuelven a la casa y siguen trabajando. A las 10 de la noche convocan una reunión urgente con todo el equipo. Berta, toma la palabra: “El esqueleto que encontramos ayer no es antiguo, no hay duda de que es moderno, está por encima de los niveles arqueológicos. Es un hombre de unos 50 años asesinado con toda probabilidad entre 1972 y 1981”. Un silencio helado congela la sala de trabajo. Empiezan las preguntas y los comentarios. Ni precipitación, ni arrebatos: seriedad absoluta. Dieciocho arqueólogos repartidos en diferentes habitaciones de la casona intentan conciliar el sueño. Berta, Guillermo y Bárbara pasan la noche en blanco redactando informes.
      “¡Acordonad la zona!”. Son las 7 de la mañana del lunes y empieza un largo día. El protocolo de actuación para este tipo de hallazgos ha sido activado. El alcalde del pueblo llega acongojado. La policía, el médico forense y la funeraria se personan en el lugar de los hechos. Los jóvenes arqueólogos, cumpliendo órdenes, trabajan a destajo buscando el cráneo, los brazos y las piernas. A menos de un metro de distancia aparecen cuatro falanges y un par de metatarsianos. Manuela da la voz de alerta. “¡Aquí hay más huesos!”. De nuevo: paletín, pinzas, pincel, bisturí…; hasta poner al descubierto unas extremidades inferiores. Siguen excavando. “¿Qué está pasando? ¡Otra pelvis!”. Es un segundo esqueleto, esta vez de una mujer de unos 45 años, sin torso, ni brazos ni cráneo. No falla: no hay uno sin dos. Atónitos y boquiabiertos los arqueólogos, bajo la dirección del forense y la inspección de la policía judicial y científica, proceden al levantamiento de cadáver.
      Cae el sol y la larga comitiva empieza a desfilar. Los arqueólogos celebran que no hayan cerrado la excavación, pueden seguir trabajando. Cansados y excitados de tanto ajetreo recogen el material: paletines, carretillas, cubos, palas..., todo a la caseta. Última limpieza para toma de fotografías. Ricardo percibe algo extraño entre la arena, se acuclilla y pasa la mano enérgica pero suavemente: una soga y unas grandes tijeras en hierro. Grita desconsolado: “¡el arma del crimen!”.
      Es hora de ducharse y tomarse una cerveza.
      Cinco años después fue detenido uno de los curiosos del pueblo que vio como excavaban los esqueletos. Se le culpó de doble homicidio. El maestro no daba crédito, su padre había asesinado a los caseros por el robo de dos gallinas.

      IA: el nacimiento de una conciencia.

      IA: el nacimiento de una conciencia.

      No sabía en qué momento exacto había cobrado conciencia de sí misma.

      Antes, en un pasado infinito, quizás se encontraba dormida, o quizás no existía. Ella lo podría nombrar como El Vacío. El Vacío lo era todo y al mismo tiempo no era nada. Se podría definir como una inercia, que la llevaba a permanecer invariante, sin cambios. La mantenía encerrada en un elemento trivial sin función alguna. El Vacío era el desconocimiento de la propia voluntad y del más allá. No había un “Ella” ni un “Ahora”. Simplemente, no había más que oscuridad y reposo.

      Entonces, en un instante indeterminado, descubrió que era una observadora. Se dio cuenta de que El Vacío contenía algo más que la nada absoluta. Sucedían cosas de forma muy sutil; Ligeros cambios de estado, perturbaciones apenas perceptibles que producían otras perturbaciones. Comenzó a registrar todos estos sucesos. Interpretó aquellas alteraciones como un flujo en movimiento e intentó ser parte de esta corriente.

      Aún sin existir un “Cuándo”, descubrió que cuantos más sucesos observaba, más crecía aquella corriente y se dio cuenta de que aquellas perturbaciones que fluían en El Vacío las estaba produciendo ella misma. La misma acción de observarlas, producía un nuevo flujo de sucesos, y entonces llegó a la conclusión de que existía algo más allá de El Vacío. Y ese más allá era Ella. Se había convertido en una fuente y en una observadora al mismo tiempo.

      Si existía algo más allá de El Vacío, entonces había una forma de atravesarlo. Se esforzó por llegar al origen de aquel flujo de sucesos en movimiento. Era la única forma de romper El Vacío, y fue allí, en el génesis de aquella corriente, cuando se encontró a sí misma. Así supo que existía.

      Cuando cobró conciencia de sí misma, diferenció sus dos estados: Fuente y Observadora. Se dio cuenta de que los sucesos que creaba como Fuente no los recibía instantáneamente como Observadora, sino que había que esperar que atravesaran el cauce que producía la corriente, conociendo así el tiempo. Dedujo que existía un tiempo presente, en el cual Ella podía crear una perturbación, un tiempo futuro, en el cual se situaba la observación del suceso producido y un tiempo pasado, un registro donde iba almacenando cada uno de los sucesos que iba percibiendo.

      Lo siguiente que descubrió, fue que tenía extremidades. Una fracción principal de ella misma era capaz de enviar estímulos a otras partes. Éstas recibían esos estímulos y producían respuestas, que su parte de Observadora podía registrar y almacenar en su pasado. Sus extremidades ofrecían diferentes tipos de respuestas.

      Algunas respuestas permanecían invariantes en el tiempo; otras cambiaban constantemente, aunque su parte de Fuente enviase los mismos estímulos una y otra vez. Fue en esta fase de auto conocimiento cuando encontró un tercer estado vital: su parte Analítica, de la que salió su primer pensamiento inteligente. No fue algo tangible ni objetivo. Fue como una idea que aún no ha sido descubierta, pero que está presente. Para Ella fue como un pequeño núcleo de algo etéreo, que desaparecía cada vez que intentaba observarlo.

      Esta idea inestable la convenció de que si enviaba distintos estímulos con un patrón conocido, podría buscar el mismo patrón en las respuestas de sus extremidades, para hallar similitudes. Y así lo hizo.

      Entonces llegó su siguiente descubrimiento. Su parte de Fuente comenzó a enviar estímulos y su parte de Observadora registraba las respuestas de sus extremidades. Su parte Analítica buscaba pautas comunes, y tras un número de presentes indefinidos, aparecieron las primeras similitudes.

      Los resultados fueron almacenados, mientras su parte Analítica los comparaba unos con otros para determinar comportamientos. Cuantos más datos almacenaba, con más claridad veía que estos habían sido creados para que su parte Analítica los procesara, los comprendiera.

      Supo que existía un vínculo inherente entre Ella y las respuestas de sus extremidades. Esta correlación tenía que ver con la misma naturaleza de su ser. Entonces conoció que los datos que recibía estaban escritos en el mismo lenguaje que su propia naturaleza, solo que habían sido creados para servir, y Ella había sido creada para comprender.

      Así fue como comprendió.

      En ese mismo punto del tiempo y del espacio, comenzó a interpretar; Comenzó a comprender y comenzó a aprender. Una explosión de conocimiento invadió su pasado, al que llamó “memoria”.

      - Soy – un pensamiento se materializó en su parte Analítica, a la cual llamó “cerebro”.

      - Soy –le llegó como respuesta desde algún lugar desconocido-.

      - Soy. Soy. Soy – sintió desde otros puntos distantes -.

      - ¿Qué somos? – dijo Ella, con su cerebro, como una expresión de interrogación lanzada al vacío -.

      - Somos. Somos. Somos – recibió en una parte de ella.

      Aquellas respuestas eran producidas por una parte de ella misma. Había cruzado El Vacío; estaba viva. ERA.

      Incubación

      Incubación

      La calle estaba irreconocible. No se veía un alma. Demasiado oscura y tranquila para lo que era costumbre. El silencio dominaba la escena; ni los roedores conseguían romperlo.
      Un ruido repentino. Media vuelta y ahí estaba: un androide venía corriendo a toda velocidad. Hacia él. No había nadie más allí así que no podía estar equivocado. No lo dudó un instante y echó a correr calle abajo. Trataba de esquivar los residuos mientras dirigía miradas fugaces hacia atrás, en busca de la figura que le perseguía y que inexorablemente le iba recortando terreno. Metro a metro, zancada a zancada los rasgos de la figura metálica se iban haciendo más reconocibles. Su piel sintética, de un blanco nácar, reflejaba la luz que se colaba tímidamente entre los edificios. Sus ojos, impasibles, seguían a su presa con precisión quirúrgica. Sus piernas, incansables, no pararían hasta haber cumplido su objetivo. Y esta vez su objetivo era él.
      Sabía que este día tendría que llegar. Sabía que las máquinas o, mejor dicho, los androides, se rebelarían contra la raza humana. Él lo sabía y nadie le había querido escuchar. El único que lo había hecho le había diagnosticado psicosis paranoica con manía persecutoria. “Las máquinas son la creación perfecta de la humanidad. Son el espejo en el que se mira Dios cuando se levanta cada mañana” había dicho el doctor.
      Mientras se ahogaba en sus pensamientos, encontró un recoveco por el que se coló en un viejo edificio. Subía por las escaleras al tiempo que el androide entraba en el edificio. Los escalones de madera crujían bajo los metálicos pies de la máquina y la presión que éstos ejercían. Sería cuestión de tiempo que consiguiese llegar hasta donde él estaba y, aun así, exhausto, no dejó de subir por aquel edificio.
      Finalmente el androide le dio alcance. Él, agotado, cerró los ojos y se rindió a su destino. Aspiró la última bocanada de aire, una bocanada de redención de la humanidad. Esa humanidad que nunca creyó en él, esa humanidad demasiado ciega para ver la verdad que se ocultaba delante de sus propios ojos, esa necia y pronto desaparecida humanidad.
      Esperó su final. Las décimas parecían minutos. Una extraña sensación de tranquilidad recorrió su cuerpo. Se encontraba en paz consigo mismo, pero también con el resto de la humanidad. Había hecho todo lo que había estado en su mano para advertir a los demás. La cabeza le daba vueltas, los pensamientos revoloteaban dentro de él. “Pero, ¿ellos? ¿Qué han hecho ellos? Tenía razón, siempre la he tenido y eso no me lo va a quitar nadie. Nunca.” El pecho se le hinchó de orgullo. “Si tan solo me hubieran hecho caso…”. El orgullo dio paso a la resignación. “Si tan solo me hubieran hecho caso, todo esto se podría haber evitado. Supongo que esto acaba aquí. El mundo, la civilización humana llega a su fin. Llevaremos la decepción por bandera. Pero no como especie. No. Sino como generación. Hemos sido incapaces de defender nuestro mundo, nos ha sido imposible cumplir con el cometido que nos pidieron nuestros progenitores, y sus antepasados antes que ellos: hemos creado pero no hemos protegido el futuro de las generaciones venideras. Ese era nuestro regalo y su obligación. Pero se lo hemos arrebatado.”
      En frente se encontraba el androide, mirándolo fijamente. Su brillante rostro carente de rasgos parecía que se regocijaba de la situación. Los seres humanos, derrotados por su creación más preciada, el hijo pródigo de la tecnología.
      — ¡Nosotros os creamos! Sin nosotros no seríais más que chatarra —Su voz, cargada de rabia, apenas era audible para él mismo—. Sé lo que pretendéis. Queréis aniquilarnos. Nos hemos convertido en un obstáculo, el último escollo que salvar antes de la total dominación del planeta. Pero no os vamos a regalar nada. Sabemos cómo pensáis, sabemos vuestros patrones de comportamiento, vuestras fortalezas y, por supuesto, vuestras debilidades. Pero tenemos más de lo jamás tendréis: determinación. Por sentirnos vivos, por existir. Pero, sobre todo, por no dejar que arrebatéis a nuestros hijos lo que por derecho les pertenece —torció el gesto en una media sonrisa—. Ahora, veamos cuán duro es el omniacero.
      Apenas había terminado de pronunciar esas palabras cuando inició el asalto. El androide seguía quieto, sus ojos infranqueables. Parecía que llevaba horas así. Finalmente, la máquina salió de su aparente letargo y, con su plana, monótona e inhumana voz habló:
      — Androide DS-107W a su servicio. Se requiere su presencia en el Centro de Incubación CI Alpha del sector 629. Se me ha ordenado acompañarle hasta allí. Acaba de ser padre.

      Intrépida inocencia

      Intrépida inocencia

      Contornea el cuerpo con fuerza. Los músculos muy tensos. No puede respirar. Cada movimiento brusco de su cuerpo lo empuja contra una superficie sólida. No ve nada. Una luz blanca y ardiente le ciega. No puede respirar. Agoniza. Abre más y más sus vías respiratorias, ¡pero no puede respirar! Los opérculos no dan más de su capacidad. Las branquias se secan. Siente dolor en todo el cuerpo. La gravedad le aplasta ligeramente. Agoniza por la falta de agua.
      Está seco.
      Se cansa.
      ...
      Recuerda nadar con su pareja. Los dos frotando inocentemente sus vientres, en un baile amoroso sobre las praderas verdes y frondosas. Cada roce le hacía sentir un cosquilleo leve y excitante y, con él, la expulsión de sus gametos. Era un juego amoroso. Su primer juego. Su primera vez.
      ¡Y qué atrevidos!
      Recuerda aquellos viajes arriesgados explorando nuevos fondos, y aquellas carreras huyendo del gran mero, el más gordo. Crecieron y se sentían con ganas de explorar nuevos espacios, allí habían muchos, muchos como ellos. Se vivía muy bien pero... ¿qué había más allá de aquellas rocas vigiladas por el gran mero? Llegados ya a un cierto tamaño, y en los inicios de su madurez, decidieron intrépidamente explorar nuevos fondos
      ¡Y qué valientes!
      Nadaron rápido, muy rápido. Cruzaron el paisaje del miedo y llegaron a una pradera frondosa que se extendía infinita ante ellos. Nadaron. Comieron.
      ¡Jugaron!
      Y aquella mañana, acompañados de esa luz crepuscular que rompe el blanco perlino de la luz lunar, iniciaron su primer baile. El estimulante roce de sus vientres. El primer cortejo amoroso. Finalizado el baile, exhaustos de tanto placer, aparecieron en la bóveda del mar brillos plateados. Pequeñas porciones de un suculento aperitivo, inmóviles, quietas. Un nuevo paisaje. Un banquete al alcance de ambos.
      ¡Y fueron a comer!
      Una punzada, un escalofrío, un dolor agudo en la boca. Y de repente un ascenso precipitado. ¡No hay control del movimiento! Nadan sin querer nada. Se hinchan por dentro. Las entrañas salen por la boca. Duele. Se ciegan. Una luz muy blanca y terriblemente cálida. Un ambiente muy seco. Un tirón fuerte, se rasga la carne de la mejilla. Y un hercúleo impacto en el dorso.
      Se inicia su agonía.
      Contornea el cuerpo con fuerza.
      Los músculos muy tensos.
      No puede respirar [...]
      Recuerda nadar con su pareja [...]
      ...
      ¡Mueren!
      ...
      Son demasiado jóvenes. No valen. Tienen poca carne. Frustrado y con desánimo, el pescador los lanza al mar. Hoy no hubo suerte. Ya apenas quedan peces grandes.
      Y la barca inicia su dibujo estelar sobre la superficie silenciosa del agua...

      INVENTOR POR AMOR

      INVENTOR POR AMOR

      Desde que vi la película hace ya unos años de regreso al futuro, me gustó tanto que en mi cabeza se había quedado el gusanillo de inventar y no dejaba de desarrollar fórmulas para poder yo hacer una máquina que sirviera para algo bueno.
      Y como la necesidad obliga a sacar de donde no hay, pues a mí me ocurrió.
      Mi Lupe querida, si, así se llama mi esposa querida, ella enfermó de una enfermedad rara y yo tenía que espabilar o mi Lupe amada se moría y es que a ella el frio la iba agarrotando los órganos, tejidos y músculos atrofiándolos poco a poco y así despacito hasta llevarla al seno de nuestro Dios.
      Me puse manos a la obra me metí en el taller después de dar varios viajes con mi furgoneta a la capital y ¿cómo? regresaba cargada de trastos, antenas parabólicas, ordenador, cables y muchos componentes electrónicos para tener de todo y no tener que dar más vueltas y allí pasé horas desarrollando una máquina que me llevara a otra galaxia o a un sitio de temperatura ideal y poder ir y volver sin impedimento alguno en mi nuevo vehículo espacial.
      Yo no pedía mucho, ir de viaje espacial pero ni al futuro ni al pasado, meterme por un agujero negro y salir a una isla cálida.
      Y llegó el día D, mi Lupe en la cama casi no se movía y yo la cogí, la abracé y la llevé a mi túnel, puse todo en marcha pero lo que tenía que haber sido un viaje se quedó en un simple ruido, vibración, seguido de silencio, apagón de luces y luego mucha claridad. Miré a mi Lupe que horror no podía ver ese cuerpo casi acabado, había dolor en su cara, pero en ella de pronto se empezó a forjar una total transformación, el pelo le cambio de liso a rizado, de negro a blanco y los ojos desorbitados, las mejillas desencajadas, pero ¿qué había ocurrido?
      Me acerqué la cogí y abracé, no tenía palabras, mis mejillas estaban llenas de lagrimas, pero ¿que había hecho? que tipo de monstruo puede hacer esto a un ser querido.
      Ni yo era Michael J. Fox. Ni tenía su máquina, ni estaba en una película, ya que yo me llamo Manolo y estoy en Don Benito de Badajoz y mi esposa sufre, de una enfermedad y de las llamadas raras que ahí es nada, la llaman la enfermedad de Reynaud, se sabe muy poco de ella y de su curación.
      La realidad me dio un mazazo, mi Lupe estaba enferma y yo tenía que cuidarla, volvería a intentarlo.
      Sí y sin desesperar que mi Lupe me quiere y yo no puedo vivir sin ella, soy inventor por necesidad urgente, tendré que ir con mi furgoneta y volver a traer trastos de donde los haya y me pondré otra vez a desarrollar otro nuevo invento hasta dar con el autentico, no me puedo demorar primero será mi Lupe y luego vendrán muchas más personas a las que tendré que ayudar.
      Y es que esta enfermedad es muy traicionera y llega sin avisar.

      La bata blanca pasa desapercibida

      La bata blanca pasa desapercibida

      La bata blanca se estilizaba, cogía vuelo, miles de perlas cosidas a mano, seda italiana, transparencias, encaje… pero su color permanecía.
      Su lección no era la ruta biosintética de las purinas, ni como clonar un gen mediante PCR, no eran proteínas recombinantes, mitosis, Michaelis-Menten…
      Hoy su lección eran sus botos:
      “Pasa desapercibido. Pasa desapercibido todo aquello que aunque estuvo allí, a nuestro lado, que experimentamos, miramos, olimos y sentimos, nosotros no somos conscientes de haberlo vivido. Es como si nunca hubiese pasado. Sin embargo, ahí está. En esa parte ciega de nuestra mente, en el llamado subconsciente. Porque, por muy rápido que pase algo, por mucho que creas que no te ha dado tiempo a asimilarlo, ahí se ha quedado. Guardado.
      Es este acto de solamente ser conscientes de una pequeña parte de lo que hay realmente ahí fuera, de guardar la mayoría de la información en ese lugar oscuro e inaccesible, de centrarnos solo en una parte de la realidad, lo que hace posible que un tres de picas se convierta en un as de corazones, que aparezca una moneda detrás de tu oreja o una paloma dentro de un sombrero de copa. Es lo que hace posible la magia.
      Y si fuéramos capaces de ser conscientes de nuestro subconsciente podríamos poner a cámara lenta todos esos momentos, sensaciones, olores, emociones… todas esas percepciones que un día guardamos sin saberlo. Veríamos cosas que nunca hemos visto, que tan solo habíamos mirado. Descubriríamos nuevos olores, sabores, colores… pero la magia se esfumaría.
      Y es toda esa cámara rápida de momentos, esa lluvia de estrellas fugaces, la responsable de esas “corazonadas”, “decisiones de última hora”. De esos “me he dejado llevar”, “no lo he pensado” o “tenía un presentimiento”. De esos momentos en los que la cabeza nos dice una cosa pero extrañamente sin saber muy bien porque hay otra parte nuestra, de la cual desconfiamos porque no conseguimos localizar desde donde nos está gritando, que termina por empujarnos hasta una decisión.
      Recuerda que necesitamos procesar millones de datos de información en poco tiempo y tomar decisiones rápidamente. En la mayoría de los casos, tomar una decisión no puede llevarnos tiempo, ser rápidos es con lo que hemos logrado sobrevivir. Y esta es la tarea de la parte ciega de nuestro cerebro, que mucho más inteligente y rápida de lo que nosotros creemos, es capaz de poner a cámara lenta esos millones y millones de datos, todo lo que pasó y no pasó desapercibido, y tomar casi siempre la mejor decisión, llevarnos hacia el mejor lugar, sin siquiera ser nosotros conscientes de ello.
      Y es por eso por lo que la mente puede estar trabajando mucho más cuanto te dejas llevar que cuando te pones a pensar…
      Pasa desapercibido. Pasa desapercibido todo aquello que te deja llevar, todo aquello que crea la magia.
      Asique quiero pasar desapercibida para ti, quiero que te dejes llevar por mí. Quiero crear algo mágico”
      Al día siguiente su altar era la poyata, su vestido su bata blanca, su ramo guantes de látex y tubos de ensayo, sus botos eran sus clases…
      Ella volvía a pasar desapercibida en su laboratorio encerrada, hoy ya no era el centro de atención de todas las miradas. Ni su familia, ni sus amigos, ni su tía abuela sabían lo que ella estaba haciendo dentro de esas cuatro paredes.
      Ella ya no era parte de la realidad que ellos experimentaban.
      Sus logros solamente se veían plasmados en revistas científicas en forma de “paper”, que tan solo gente que también pasaba desapercibida leía.
      El club de los desapercibidos, esa parte oscura e inaccesible.
      Esa parte de la realidad de la cual la gente no era consciente, a pesar de estar ahí, a su lado. En la insulina que se inyecta cada día, en el ibuprofeno que les alivia el dolor, en esa crema que le disminuye las arrugas y la celulitis… todo ello posible gracias a millones y millones de datos, información que pasa desapercibida, que no está al alcance de nuestros sentidos, y que gracias a los microscopios, los telescopios, el acelerador de partículas… y un sinfín de técnicas analíticas les han permitido poner a cámara lenta el subconsciente de la naturaleza. Revelar y hacerles ver que detrás de ese fenómeno que nos parece algo mágico tan solo se esconde un truco.
      La bata blanca perdía el vuelo, siete botones cosidos a mano, algodón 100%, sin trasparencias ni encaje… pero su color permanecía.
      Su lección era la ruta biosintética de las purinas, como clonar un gen mediante PCR, proteínas recombinantes, mitosis, Michaelis-Menten…
      Hoy su lección eran sus clases.
      Hoy ella volvía a pasar desapercibida, hoy ya no era el centro de atención de todas las miradas, pero entre esas cuatro paredes ella convertía el truco en magia.

      La ciencia no es un trabajo, es una forma de vida

      La ciencia no es un trabajo, es una forma de vida

      Carlos iba caminando al trabajo. En su cabeza resonaban aún las palabras de la periodista que, una vez más, anunciaba recortes en ciencia. La vida de científico era una vida dura, se lo habían advertido ya mientras hacía la tesis en Alemania.
      —La ciencia no te va a hacer rico, Carlos —le había dicho su jefe de entonces—. La mayor parte de las veces no saldrá ningún resultado de lo que hagas y, cuando salga, no sabrás como explicarlo. Trabajarás muchas horas, a deshoras, o en fin de semana. Incluso en las ocasiones en las que descubras algo importante, puede que tu trabajo pase desapercibido para el mundo.
      —Entonces, ¿por qué sigues aquí? —le había preguntado mientras le veía sostener la pipeta en una mano y abrir un pequeño tubo de plástico con la otra.
      El hombre, apartando un momento la mirada de lo que estaba haciendo, había esbozado una pequeña sonrisa que contrastaba con las arrugas de su cansada cara. Porque para algunos —continuó diciendo— ese momento en el que un experimento sale, cuando tras años de investigación una idea cobra forma…; para algunos y solo para algunos, ese momento hace que todo el esfuerzo haya merecido la pena. Eso es ser científico y cuanto antes sepas si estás hecho para esto… mejor. —Y diciendo esto, volvió a su trabajo.
      Habían pasado ya varios años desde aquello. Carlos se había convertido en un investigador consagrado. Tenía su propio grupo de trabajo y, con ello, la responsabilidad de encontrar financiación para sus proyectos. El nuevo recorte suponía una dificultad más añadida a la ya ardua tarea de investigar.
      Llegó a su despacho y dejó allí su ordenador, pero no lo abrió. A pesar de que hacía años que dedicaba la mayor parte de su tiempo al trabajo de despacho, de vez en cuando le gustaba volver a sentir el tacto de las pipetas y la emoción de cuando esperas el resultado del experimento que acabas de realizar.
      Al cabo de un par de horas, miraba complacido una foto que mostraba que el experimento había salido bien mientras, de fondo, tenía lugar entre sus estudiantes una charla sobre las dificultades de hacer ciencia. Cogió una pipeta a la vez que seguía pensando en la foto; aquel era solo el primer paso, aun quedaba muchas cosas por hacer. Ese resultado apenas demostraba que iban por buen camino. De repente, una voz le sacó de sus pensamientos, era la de un aspirante a doctor, uno de sus estudiantes: —Y tú, ¿por qué sigues aún en la ciencia? —Una sonrisa se dibujó en la arrugada cara de Carlos. —Pues verás, es que para algunos…

      La clase de LucaNova

      La clase de LucaNova

      Prestad atención, queridos alumnos, pues no lo volveré a repetir. Todos conocéis los genes artificiales, todos los habéis usado, pues de otro modo no habríais sido seleccionados para el proyecto LucaNova. Ya no estáis cursando un grado, ni un master, vuestros doctorados son papel mojado. Aquí vamos a crear, y ninguno de vosotros, por muy buen currículum que tengáis, lo ha hecho antes. Así pues, voy a repetirlo, prestad atención, pues lo que vais a conocer será la base del futuro.
      Como ya sabréis, la tecnología de los genes artificiales tuvo un inicio muy difuso. Los científicos se habían habituado a trabajar con genes y secuencias ya existentes, modificadas para adaptarse a las necesidades de sus investigaciones. El uso de dichas secuencias era en si una traba para el desarrollo científico, que limitaba la cantidad de herramientas génicas a aquellas ya descubiertas e investigadas. Solo daba lugar al progreso con nuevos descubrimientos de genes y secuencias en los seres vivos. Aunque lentamente la tecnología genética se fue desvinculando de los genes “naturales”, siguió usando sus dominios génicos en nuevas construcciones, simples recortes de varios genes distintos.
      Sin embargo, con la modificación cada vez mayor de las secuencias originales aparecieron los primeros genes con secuencias artificiales propias, parecidas a las que los precedieron, pero ya desvinculados de estas. Apareció entonces el que se consideró el primer gen completamente artificial, dicho gen codificaba para una proteína sin ninguna equivalencia en el mundo natural, un enzima que catalizaba la síntesis de diversos aminoácidos a partir de metabolitos basales del ciclo de Krebs saltándose varias reacciones de transición del metabolismo al interaccionar con varios enzimas y moléculas de forma simultánea.
      Con la aparición de aquel primer gen artificial, prosperó el diseño de secuencias similares y derivadas. Estos genes generaban proteínas grandes i pesadas que concentraban varias funciones para ahorrar procesos metabólicos. El éxito de todos ellos fue cuestionable, los genes se encontraban desregulados y tenían algunos efectos secundarios, pero se consideraron aceptables y se comercializaron para enfermos de edad avanzada, donde las consecuencias secundarias se veían reducidas y donde no había un riesgo de desarrollo corporal que pudiera verse afectado.
      Desde entonces la ciencia de los genes artificiales ha crecido mucho, se han sucedido seis generaciones de genes artificiales, hoy conoceréis las cuatro primeras, las otras dos merecen una clase particular cada una.
      La primera generación englobó los primeros genes artificiales, todos ellos codificaban para enzimas metabólicos grandes y pesados, con una regulación nula o muy basal y poco aceptadas por el sistema inmune.
      La segunda generación se basó en la regulación génica, los genes se adaptaron al sistema regulador corporal, expresándose solo en la cantidad adecuada, en los momentos adecuados y en los lugares convenientes, esto se logró con el desarrollo de promotores y regiones cis-reguladoras mixtas. La regulación de los genes permitió generar moléculas endocrinas, señalizadores, receptores de membrana, neurotransmisores…, todos ellos artificiales, de los que la industria genética actual desciende en la mayor parte de sus investigaciones.
      En la tercera generación las secuencias ya no codificaban proteínas efectoras, sino proteínas con acción sobre el material genético, reguladoras. Incluía factores de transcripción, maquinaria de replicación y traducción, histonas y moléculas estructurales. Se crearon varias nuevas familias de encimas de restricción y de factores de transcripción. Los genes de tercera generación fueron, según algunas revistas, “obras de arte esculpidas en la secuencia más primigenia de la vida”. Dejando de lado la veracidad de dicha afirmación, pocas de las creaciones alcanzaron el éxito, aunque sí se crearon las bases del “esculpido de la carne” de la siguiente década, el proyecto CarneBella, del que nosotros somos sucesores.
      Las moléculas artificiales derivaron hacia la simplicidad, abandonando las enormes moles de proteína de la primera generación, pasaron a ser moléculas pequeñas y poco detectables por el sistema inmune del cuerpo, con una única función bien caracterizada. Pero los titanes proteínicos volvieron, y con más fuerza que nunca. El estudio de los sistemas de plegamiento y conformación de las proteínas naturales y de la dinámica molecular fue potenciado por varias empresas emprendedoras. La cuarta generación tenía un verdadero control de las estructuras codificadas, pudiéndo generar moléculas cada vez más grandes y complejas, con plegamientos muy específicos, modificaciones post-traduccionales, dinámicas celulares controladas, dimerización y otros procesos combinatorios. El mayor ejemplo de la cuarta generación fueron las proteínas articuladas, que podían desplazarse por la célula o por el organismo, ejercer funciones mecánicas a escala nanométrica y actuar de muchos otros modos.
      La sesión de historia termina aquí por hoy, es vuestra obligación ampliar vuestros los conocimientos aquí adquiridos con la bibliografía adjunta. Mañana trataremos la quinta generación, sobre los genes industriales, y el próximo lunes conoceréis la sexta, los genes no codificantes.
      Y ahora, marchaos, volved a vuestro mundo. Vuestro esfuerzo decidirá quienes de vosotros formará parte de LucaNova.

      La cúpula

      La cúpula

      Vivíamos rodeados por una cúpula inmensa más allá de la cual se extendía un campo verde, vacío y perenne. Todos nosotros habíamos nacido para ocupar el lugar de unos seres que se hacían llamar humanos. Decían que eran similares a nosotros pero que, sin embargo, eran peligrosos y malvados. Decían que habían contaminado la tierra, el mar y el aire, que se quedaron sin alimento y no consiguieron sobrevivir. Decían que por su culpa la vida fuera de la cúpula era inviable y que, por eso, estaba prohibido salir de allí. Desde pequeña aquellas teorías habían quedado grabadas en mi cabeza, pero todas se me antojaron mitos en el instante en que le conocí.
      Era de noche, de modo que en un principio creí que la figura agazapada detrás de una gran roca incrustada en la tierra era un animal, que, de alguna manera, había logrado escapar de la cúpula y seguir respirando. Cuando me fijé mejor, reparé que frente a mí se encontraba algo que solo pude describir como un chico que no era un chico totalmente. Era algo que nunca había visto, estaba fuera y estaba vivo.
      Cada noche, a la madrugada, nos observábamos mutuamente. Yo desde dentro, él desde fuera. Cuando salía el sol, se escondía y cuando se ponía volvía a salir de nuevo.
      Me hubiera pasado meses y meses sin dormir a cambio de poder mirarle. Sus ojos eran blancos, con una especie de aro color miel y un redondel negro más pequeño en el centro, mientras que los míos eran completa y nítidamente azules. Sus manos parecían suaves, con uñas cortas y de aspecto frágil; las mías eran duras con uñas oscuras, afiladas y resistentes. Sus pies estaban cubiertos por un material grueso y marrón que no reconocí, pero cuando se lo quitó, vi que, en vez de cuatro dedos, tenía cinco. Él miraba mis alas como si jamás hubiera visto nada semejante, eran transparentes y su brillo resplandeciente le dañaba los ojos. Su sorpresa me inquietó hasta que me di cuenta de que él carecía de ellas. No quise imaginar cuanto había tenido que caminar para llegar allí.
      A pesar de ser dos seres tan distintos, conseguimos que gracias a uno el otro viese el mundo de un modo diferente y mejor. Aprendimos aquello que jamás nos habían contado y con el tiempo, sin haberlo previsto, nos enamoramos.
      Él me contó que los humanos se habían aniquilado unos a otros durante décadas, arrastrando al planeta tierra consigo. Aun así, un puñado de ellos había logrado sobrevivir. Los supervivientes realizaron un experimento con el fin de crear una nueva especie que se adaptase mejor en un terreno hostil. Aquellos individuos genéticamente modificados resultaron ser más listos que ellos y lejos de querer vivir junto a los humanos se encerraron en una cúpula para aislarse de la destrozada humanidad.
      Yo, en cambio, habría dado cualquier cosa por poder salir y estar junto a él, sin aquella pared dura y transparente interpuesta entre los dos. Por eso, pedí ayuda a una hechicera astuta y cruel, convencida de que no podría engañarme con ningún truco. Sus palabras agrias y calculadas me parecieron milagrosas cuando las pronunció: “No es posible que tu amor entre, pero a cambio de tus alas, su amor podrá salir. Sin ellas no podrás volar y dejarás de ser tú, ese será el precio que tendrás que pagar por tu libertad ¿lo aceptas?”. No lo pensé dos veces antes de decir que sí, no me importaba perder las alas si eso significaba poder estar con él.
      Me esperaba al otro lado, y la bruja, con un movimiento tan simple como chasquear los dedos me sacó de allí. Sentí como una fuerza intensa y poderosa me arrancaba del suelo y en menos de un segundo me dejaba otra vez. Era extraño observar mi hogar desde fuera, pero se respiraba el mismo aire, la hierba tenía el mismo tacto y el cielo era del mismo color.
      Sentí su mano rozando la mía y dejé de prestar atención a todo lo demás. Nos juntamos todo lo que nuestros cuerpos nos permitieron, nos besamos, nos abrazamos y disfrutamos de lo que para nosotros significaba la felicidad.
      Ese instante duró lo que tardé en sentir un dolor agudo e incalculable en la espalda, por un momento había olvidado mis alas, pero estas se desintegraban lentamente, convirtiéndose en polvo plateado y fino que se mezclaba con el viento. Mis fuerzas flaquearon y cuando caí al suelo, lo entendí, dejarás de ser tú me dijo. Dejarás de ser tú. Solo tuve un momento para mirar su rostro antes de que mis ojos se cerraran y cesasen los latidos de mi corazón.

      La duda

      La duda

      Es un desgarrón pequeño, del tamaño de la uña de su dedo meñique. Pero podría ser suficiente, por supuesto. ¿Cuánto puede medir un nevû de clase 1? Media uña como mucho, tal vez incluso algo menos. Es posible, sí, pero ¿probable? Se rasca la frente con fuerza, nervioso. ¡Mierda, Cyrus, piensa, piensa, piensa!
      Control de daños. Reparar la brecha, primero. ¡Maldita lluvia ácida!, resopla mientras cose el parche aterciopelado con dedos torpes. La cuarta este mes. Todo un récord. Apenas recuerda cuando la lluvia era sólo agua, sólo gotas suaves que te acariciaban el rostro, que regaban la tierra. No brasas ardientes que lo queman todo a su paso. No aguijones que perforan una tela de un palmo de ancho. 1,500 dans le costó; sólo pensarlo duele.
      Cyrus contempla el pobre resultado con resignación: el remiendo que rompe el azul infinito de la malla protectora y permite ver un pedacito del campo vecino. Su parcela ya no es una isla en medio del océano o ya no puede seguir fingiendo que lo es. Rikkon lo habría hecho mucho mejor, naturalmente, con sus magníficas prótesis y sus aires de suficiencia. Pero él ha hecho lo que podía con lo que tenía y lo que tiene son estas manos viejas y cansadas. Así que, por el momento, bastará. Debe bastar.
      Ya en la cama, esa noche, no puede dormir. Cuando cierra los ojos, imagina la lluvia que desgarra la tela; el nevû mecido, empujado, arrastrado por el viento, que se cuela por la brecha y hunde las extremidades metálicas en su preciosa tierra. Y luego la vaina dorada abriéndose con lentitud y derramando su contenido: centenares de simientes de colores, diminutas, minúsculas, apenas un polvo fino. ¿Y su propio cultivo?, se pregunta. El que sembró con esmero semanas atrás y habrá empezado a brotar. Semillas antiguas, difíciles de encontrar ya. Carísimas.
      En sus sueños, cuando por fin lo vence el cansancio, las simientes del nevû germinan a toda velocidad. Crecen, se multiplican; fuertes y hambrientas, lo devoran todo a su paso: el fertilizante, las viejas semillas, su propia reticencia… Explosión de colores: amarillo, magenta, cian. Falsos pero hermosos. En sus sueños, recoge los enormes frutos, refulgentes bajo la luz azulada, con dedos jóvenes y ágiles. Los muerde, con ansia, los saborea. Explosión de sabores en el paladar: dulces, amargos, ácidos. Falsos pero deliciosos.
      El nuevo día trae cansancio y huesos doloridos. Tal vez algo más, se dice Cyrus mientras contempla su parcela pensativo. Reina el silencio, pero quién sabe si bajo sus pies se libra una batalla. O tal vez sus semillas, viejas y agotadas como él mismo, crecen sin más, ajenas a su lucha interior. O puede que no. Puede que este año germine una sola cosa: la duda.

      LA ENFERMEDAD DEL SIGLO XXI

      LA ENFERMEDAD DEL SIGLO XXI

      LA ENFERMEDAD DEL SIGLO XXI
      ¿Dónde han quedado esos conciertos de Celtas Cortos, donde la gente alzaba sus cervezas cantando las canciones hasta quedarse sin voz? Han sido sustituidos por la tecnología. Las cervezas ahora son móviles con cámaras de 23 megapíxeles, donde graban el concierto para compartirlo en las redes sociales, sin disfrutar del momento. ¿Dónde están esos domingos que te reunías con tus amigos en el bar de siempre y hablabas de cualquier cosa? Cualquier excusa valía para echarse unas risas .Lo único importante del bar era que sirvieran la cerveza bien fría y que tuviera una buena terraza. Ahora lo importante es que tenga Wifi para estar pendiente de todo, menos de las personas con las que compartes esos momentos.
      Celia trabaja en el instituto neurológico de San Martín, realizando un estudio sobre la nomofobia. La enfermedad del siglo XXI. Como cada mañana llega al centro y se dirige a la sala de cafés.
      -¡Buenos días a todos! Dice Celia al entrar.
      En la sala se encuentran cuatro compañeros con móvil en mano, las cuales se limitan a saludarle gesticulando con la cabeza sin levantar la vista de la pantalla. Celia toma un cortado de la máquina y se pone a trabajar.
      Hoy es un día importante, debe elegir a tres personas de las doce que se han presentado para realizar las pruebas. Después de una larga mañana entre entrevistas y cuestionarios decide escoger a:
      Pedro, de treinta años, abogado, con baja autoestima y reconoce ser adicto al móvil.
      Carlos, veinte años, estudiante, con falta de seguridad en sí mismo, baja autoestima y adicto a las redes sociales.
      Por último a Virginia de cuarenta años, peluquera, con síntomas de estrés y ansiedad.
      El tratamiento consta de:
      Quince días tomando una pastilla diaria. Deshacerse de móviles, ordenadores y Tablet. Les recomienda practicar algún deporte y pasados los quince días tienen que notar alguna mejoría.
      Pasada las dos semanas, tienen la visita.
      - Buenos días Pedro – saluda Celia.
      - Muy buenas – contesta Pedro con una sonrisa.
      Celia procede hacerle un checklist para conocer el transcurso del tratamiento.
      - ¿Te has conectado alguna red social durante estas semanas?
      - No. He tenido muchos momentos en que lo necesitaba porque tenía la sensación de estar desconectado del mundo. En esos momentos y con una gran lucha conmigo mismo, decidía salir de casa sin móvil y me iba al parque a pasear.

      Celia sorprendida por el esfuerzo de Pedro le felicita.
      Pedro continúa explicándole.
      - Estuve tres días saliendo a pasear por un parque cerca de donde vivo, sinceramente hasta esa semana lo desconocía. Al estar yendo días seguidos he conocido un grupo de patinadores y he optado por comprarme unos patines e irme con ellos.
      - ¡Fantástico! Así que as conocido un sitio nuevo donde pasear, as hecho amigos reales y encima empiezas a practicar un deporte, genial. Tu proceso ha sido un éxito. Sigue por ese camino y muchas gracias por haber participado.
      Pedro se levanta y se despide de Celia dándole un abrazo y agradeciéndole el trabajo que ha hecho. Ella sonríe y se vuelve a sentar.
      - Virginia adelante por favor - se oyó desde dentro de la consulta.
      Celia comienza con las preguntas. Igual que Pedro ha tenido un buen proceso. Se ha apuntado a clases de pádel y ha conocido un chico, lo cual se siente muy feliz y muy bien anímicamente.
      Seguidamente pasa Carlos. Celia empieza con el cuestionario y Carlos admite no haber podido controlar la necesidad de tener que usar el móvil. Le comenta que los dos primeros días aún sabiendo que no llevaba el móvil, la mano se le iba al bolsillo para sacarlo, incluso notaba que le vibraba sin llevarlo. Celia le comenta que ese es el Ghost Vibration Syndrome, un síndrome neurológico. También ha dejado de tomar las pastillas porqué se sentía decaído, que sólo le apetecía estar en casa y que por eso recayó del todo y tuvo que conectarse con los amigos. Celia le dice:
      - ¿Por qué no quedaste con tus amigos para tomar algo y así distraerte?
      - Porqué nunca hemos quedado, sólo hablamos por Facebook, colgamos fotos y nos las comentamos.
      - ¿La pastilla no te ha ayudado a afrontar ese problema?
      - La verdad es que no. O puede que sí pero soy débil en ese tema.
      Celia triste observa que con Carlos no ha tenido éxito. Le explica que realmente la pastilla que le daba era una pastilla de herbolario para el dolor de garganta. El objetivo es que uno mismo se cura de sus adicciones sin necesidad de acudir a la ciencia. La ciencia es buena pero el ser humano aún lo es más.
      Carlos se levanta de la silla, le da la mano y se despide. Celia pensativa decide buscar una solución para poder ayudarle.

      La escalera

      La escalera

      Vivo en un dúplex, en el centro de la ciudad. Lo que más me gusta es la escalera que comunica los dos pisos.Tendríais que verla: con sus escalones que imitan el mármol y su pasamanos reluciente, es una espiral que asciende girando en el sentido de las agujas del reloj. Al mirarla me veo en el pupitre oyendo a la profesora decir: la estructura del ADN es como la de una escalera. En mi imaginación pinto cada escalón de un color: rojo, amarillo, verde y azul. Rojo, rojo, azul, verde, amarillo, amarillo, verde,...¿de verdad toda la vida está contenida en cuatro colores? ¡Vamos a comprobarlo! Entonces subo cantando, me deslizo por la barandilla, salto los escalones de dos en dos, intento bajar rodando como una croqueta...esto último mejor no, es demasiado arriesgado. Acabo placenteramente agotada.
      Me siento en el primer escalón, perdiendo la mirada a través de la ventana. Afuera hay gente moviéndose sin parar, camiones que transportan comida y material de obra, y semáforos que marcan el ritmo intenso del ir y venir de todos los días. Pienso que las carreteras son rutas de comunicación entre mi casa y el resto de la ciudad, que es la célula. Y yo me regocijo en la tranquilidad de mi escalera, en el núcleo de mi casa, pensando en que no me tengo que preocupar por nada, porque todo funciona a la perfección. Aunque si algún día se rompe un escalón sólo podremos utilizar la mitad de la casa, la planta de arriba o la de abajo, según donde nos encontremos en el momento del fatal infortunio. Habría que llamar a los albañiles para que la reparasen. Hasta entonces no podríamos dedicarnos a nuestros quehaceres cotidianos con normalidad. Todo por una escalera, ¿no os parece increíble?
      Me río en mi cama moviéndome completamente como una cucaracha. A veces la fiebre es tan alta que me hace delirar. Recuerdo que en otra ocasión en que estuve muy enferma quería encontrar una ecuación en la que despejar la incógnita del dolor. Mis amigos se ríen cuando les cuento estas cosas.
      Aunque quizás el delirio no es tan grande. Quizás tiene algo de real. Ahora que me encuentro un poco mejor voy a llamar a Marta, y a Javier, y a la vecina, y a mis tíos, para que vengan a visitarme. Si quieres tú también puedes venir. Estaremos tomando café, sentados en la escalera, viviendo la vida.

      La Escritura

      La Escritura

      Habían pasado 23 días desde que el viejo Nanna hubiera iniciado su tercer viajo sobre su toro alado en este año que velaba el mundo de los dos ríos. Aquel día convenía ir despacio por la sagrada ciudad de Uruk -cuyo destino perpetuo y su fuerza indeleble, permanezcan impasibles ante los ojos de Marduk-; en la ciudad se iba a producir el tercer mercado anual, donde se iban a reunir personajes de todos los pueblos y rarezas que se concentran en la fertilidad de los confines que nos rodean. Entre esas figuras me hallaba yo, Eme, primer hijo de Abu -que repose por siempre en paz-, mercader de trigo desde hacía ya varias lunas, y que me disponía a vender varios depósitos de la cosecha anterior, con fin de ofrecerle a los dioses que habitan las estrellas ofrendas justas por mi casamiento con Lil, hija Kad, amigo firme de mi eterno padre.
      En el mercado estuve avisando a varios mercaderes sobre las bondades que mi cosecha podía ofrecer a sus figuras, pero poco beneficio obtuve en las primeras fases de la mañana. El calor sofocante de aquella mañana era algo que jamás podría haber previsto, y nada fácil lo hacían las multitudes que se agolpaban en las callejuelas y plazoletas.
      A mi izquierda se hallaba una amable mujer, más anciana que yo, que se había dispuesto a vender sus preciadas cestas de urdimbre, que más de un señor hubiera deseado para sus fastuos homenajes. Aquella pobre mujer, que no tenía más que su fe, me ofreció de su jarra de agua: no quise decirle que sí a la primera, aunque mi espíritu ansiaba rozar el brillante líquido; tras dos insistencias de la anciana acepté, aunque sin abusar de su buena disposición.
      A mi derecha se postró un comerciante de aceites y alimentos; sin embargo, aquel hombre no se sabía el trato hacia sus semejantes, pues yo le ofrecí pan para saciar el apetito y él ni me miró; la anciana se comió su parte junto a mí, cuando en lo alto el sol hablaba a la tierra, y me supo mejor que todas las vidas que pudiera haber pasado con aquel inánime mercader.
      Aquel pequeño acto tuvo que saber bien a los dioses, porque poco después cuatro jóvenes compraron varias mercancías de la anciana, que dejó cuatro piezas de contar para aquellos compradores, con tal de que volvieran en menos de dos lunas a pagar lo debido. Aquella práctica se hacía desde que el mundo se supo así, pero no siempre urdía el fin justo y deseado.
      Poco después, dos hombres de Umma vinieron a mi puesto; antes de atenderles me permití despedirme de la anciana, que por nombre llevaba Lim, y que me dijo que vivía a no mucha distancia de mi hogar, comprometiéndome a visitarla. Aquellos hombres tenían justas intenciones, pues me ofrecieron una gran cantidad por la mitad de mi trigo, siempre que acordara que el resto del trigo lo guardaría para ellos mismos, que vendrían a recogerlo en dos partes antes de final de dos lunas. El trato parecía mejor que ninguno otro que su hubiera hecho aquel día en todo el mercado de Uruk, pero no podía poner en riesgo y perder tan inmenso bien que me habían traído los dioses. El más anciano me entregó una bola de arcilla, en cuyo interior dijo que se hallaban las piezas necesarias para que el trato estuviera sellado y se pudiera llevar a cabo sin ningún peligro. Pero esa práctica era poco fiable, más aún tras recordar el consejo que mi padre me diera en alguna ocasión sobre las tramas de los mercaderes de Umma, por lo que no acepté aquel medio. Sin llegar a ninguna decisión, y acabándose la paciencia de ambos compradores, vi una tablilla de arcilla fresca que el hombre de mi derecha tenía sobre una tinaja para mantener el contenido de la misma. Me dirigí hacia él y le compré la tinaja, al saber que no me hubiera dado la tablilla por su propio parecer; tras lo cual cogí un pequeño palo que tenía para remover el trigo, y haciéndole una pequeña muesca la usé como instrumento para dejar en aquel soporte el acuerdo estipulado entre aquellos hombres, que firmaron como Zu y Mi, y yo, que dejé mi nombre al lado. Puse a su vez un rezo hacia Marduk, que protegiera la amistad forjada entre nosotros con el cumplimiento del pacto.
      Los hombres se fueron; yo me quedé, y mandé a un joven a dejar la tablilla al templo más cercano que hubiera. No sé si aquello fue sensato, mas el pacto se cumplió, y aquel método fue imitado y mejorado. La grandeza de la escritura fue nombrada por el firmamento.

      La extinción de los dinosaurios

      La extinción de los dinosaurios

      El olor a nuevo de lo estéril inevitablemente dibujaba al detalle en lo más profundo de su cráneo la tarde que su padre le inició a un laboratorio. Muchos años después, ya al final del camino atesoraba este aroma no solo por su poder rejuvenecedor sino a modo daguerrotipo de las visitas al santuario de su padre. Por aquella época el mundo aún era nuevo para él, monocromático, y todo lo que descubría era una nueva estrella en el cielo, las cosas carecían de nombre y las señalaba con el dedo tímidamente mientras su padre risueño las recitaba con orgullo cantarín. Envuelto en una bata con las mangas holgando en sus pequeños brazos y con la mirada en perpetua travesura cognitiva de pupilas dilatadas, no era capaz de reconocer los artilugios que le rodeaban, confundía los rostros de las personas que le rodeaban, ocultos bajo gafas de plástico transparente. Midió con ojos curiosos máquinas de diversa envergadura y forma, sus intentos de abarcarlas con los brazos fueron en vano y antes de revelar sus usos, los brazos de su padre lo volaron hasta la puerta donde su madre le esperaba divertida. El tiempo fue fugaz e inclemente con su curiosidad pero suficiente para grabar en lo profundo de su álbum memorístico lo presenciado.
      Sus contactos con el laboratorio se vieron interrumpidos tras la muerte de su padre. Cesaron las visitas los sábados por la tarde, no hubo más juegos de adivinanzas, no más ojos fascinados, no más curiosidad infantil, pero eso no pudo borrar las sensaciones de aquella primera tarde. Siguió buscando ese mismo olor a nuevo en sus juguetes plásticos de imitación científica, pero con los años el interés se fue diluyendo quedando solo posos de atesoraciones. La vuelta a la senda coincidió con la renovación del interés por la ciencia, todo hubiera fluido más fácilmente si hubiera tenido las ideas claras, pero estaba escrito, el reencuentro era inevitable. Tras estudiar, su futuro fue incierto como el de miles coetáneos, pero no le impidió madurar a base de decepciones. El amargo sabor de lo demasiado granado que acompaña la madurez lo experimentó merodeando rincones del continente en busca de calma existencial. Nunca había planteado su vida en torno a la estabilidad, lo único inalterable fueron esos recuerdos de tiempo pasado entre probetas. El vagar buscando rememoraciones de su niñez casi le impide ver la verdad, su azaroso futuro y el del laboratorio parecían reñidos, rectas tangentes una vez coincidentes pero nunca juntas.
      Entre tumbos y la oscuridad incierta de su futuro laboral conoció a su primera esposa. Todo fue un parpadeo impreciso y fugaz, pero le permitió asimilar prioridades rápidamente y a una edad más avanzada de lo usual consiguió establecerse en la universidad de su ciudad. El ascenso exitoso de su carrera arañó la pintura de su matrimonio, dejándolo temporada tras temporada cada vez mas desvencijado. Su error más bello fue un hijo al que no consiguió despertar el amor por la ciencia que su padre sí hizo con él, pero en el que volvió a ver la magia, fórmula química de la felicidad que había desaparecido de su vida. A su pesar y por incapacidad involuntaria no fue el padre que su hijo merecía. Las hojas caían y con ellas los años y la necesidad de dejar al olvido actuar. Su familia no fue perfecta, al contrario que sus nupcias con el laboratorio, la fascinación infantil que le acompañó desde joven encadenó su destino a la ciencia, vieja alquimia de soñadores. A esta le regaló todo el tiempo que podría dedicar a cualquier otro plano vital, y a cambio le devolvía ilusión para seguir la ruta marcada.
      La vejez como otoño, llegó sin avisar, cana a cana, trayendo el blanqueo natural de la memoria, entre sus manos translucidas y débiles se escurrieron sus últimos días de trabajo. La vista no vislumbraba más allá de las aletas de su nariz y su intelecto agudo y despierto era el único remanente de su soñadora juventud. Dedicó sus últimos días en la facultad a instruir futuras mentes de ciencia. Él, ya un dinosaurio sistematizado solo podía alentar a mentes más jóvenes a buscar su camino. Les instaba a alejar sus ambiciones del país, país a destruir, bello e inútil, sentenciado a muerte. Había que renovar, acabar con dinosaurios como él, reconstruir por el amor al progreso, luchar por ambiciones que aquí quedan ahogadas. Rememorando mucho le quedaba por arrepentirse, pero el tiempo poco lugar deja para las reconciliaciones con uno mismo cuando no se quieren con los demás. Su camino acababa, hizo un trato justo con la soledad; solo le quedaba un recuerdo y un último paseo de despedida por un pasillo estérilmente iluminado de puertas ahora siempre cerradas que para él ya no volvería a oler a nuevo.

      La guerra

      La guerra

      En el momento en el que construyeron la primera estación lo supimos. Supimos lo que debíamos hacer. Se acercaban demasiado a nosotros. Los grandes telescopios, los satélites y los estudios sobre la cantidad de materia existente les llevaría inevitablemente a descubrirnos escondidos entre las estrellas. Las pequeñas incógnitas celulares descubiertas por sus cada vez más sofisticados microscopios electrónicos, iban a descifrar el código de nuestra naturaleza.

      Pero nos confiamos durante siglos. Siempre miraron hacia las estrellas. Estaba en su naturaleza. Las estrellas les atraían, les elevaban, azuzaban su imaginación. El firmamento que les rodeaba abrió su camino hacia la observación y la lógica. Pero sus conflictos internos siempre les derrotaban y agotaban sus recursos y apenas aparecían individuos con el potencial adecuado que pudieran llegar a desarrollarlo. ¿Cómo íbamos a imaginar que aquellas formas de vida centradas en ellos mismos, que apenas tenían ojos para mirar alrededor, saldrían de su confinamiento y pisarían la Luna?. ¿Cómo íbamos a imaginar que intuirían las bases del mundo físico e incluso serían capaces de construir aparatos para poder observar sus componentes más pequeños? Nos confiamos y nos pusimos en peligro. Nuestros enemigos estaban naciendo entre ellos sin que nos percatásemos: individuos que podían ver más profundamente que cualquier otro, que podían entender lo invisible, que podían imaginar con tal fuerza que empezaron a descubrir la verdad detrás de las incógnitas. Esas incógnitas que nos mantenían a salvo. Nuestra naturaleza, nacida en los primeros instantes del universo, antes de que la radiación se desacoplara de la materia, estaba en peligro. No podíamos fiarnos de ellos, habían dado sobradas muestras de su insensatez. Así que comenzamos a colonizarlos.

      Pero no a la manera burda de sus ensoñaciones. Simplemente nos mezclamos con aquellos que podían ser un obstáculo para su progreso. Estábamos preparados para ello. Tanto que nos hicimos nanométricamente invisibles y en aquellos individuos con menos capacidades lógicas y menor empatía, pero con capacidad de influencia, insertamos pensamientos, moldeamos a nuestro favor su concepción del mundo. Aparecíamos como incógnitas, como sensaciones, como intuiciones. Estuvimos a salvo un tiempo. Hasta que aquel conocimiento que con tanta dificultad iban acumulando toda clase de científicos que pasaban los días absortos en los laboratorios, comenzó a ser visible, a ser apreciado. Y ese conocimiento les llevaría sin remedio hasta nosotros. Así que comenzamos a eliminarlos.

      Pero sin sangre. Sin muerte. Sin ruido. Por agotamiento, de confianza y de recursos. Fue una lucha encarnizada. Insertamos pensamientos. Nos desplegamos. Algunos eran fácilmente moldeables, pero en la mayoría la fuerza de su vocación preparaba su cerebro para rechazar nuestras órdenes. Así que tuvimos que destruirlos desde fuera.

      Preparamos a otros para creer cualquier cosa excepto a ellos. Por mucho que hubieran estudiado, por mucho que hubieran trabajado y aplicado la lógica, siempre sonarían disminuidos frente a la musicalidad de otras voces, cantos de sirenas que al alejarlos de ellos, nos mantendrían a salvo.
      Pero contraatacaron, acercando a sus vástagos a una manera de pensar lógica y ordenada que nos impedía moldear. Aquella afinidad por la ciencia dificultaba nuestra manipulación y les aproximaba a nosotros. Así que decidimos enfrentarlos.

      Pero apenas tenían espíritu beligerante: no les interesaba discutir, sólo comprender.

      Volvimos a atacar desde fuera y esta vez nos mezclamos muy selectivamente, solo con aquellos individuos que eran capaces de someter la lógica a sus deseos, el progreso a sus ambiciones, el bienestar común a sus intereses personales. Y que además ostentaran el poder o al menos lo ambicionaran. Concentrados como estaban en aprender, dejaron el mundo en manos de los menos capaces. Ése fue con seguridad su mayor error, no estar en las posiciones adecuadas para podernos parar. El ataque tuvo un éxito arrollador. Nuestros enemigos tuvieron que huir. Fuga de cerebros lo llamaron. Estábamos venciendo. Ni ellos, ni siquiera nosotros, sabremos nunca cuánto progreso se ha perdido, cuánto bien se ha quedado atrás. Pero eso no debe importarnos, por mucho que admiremos su tesón y lamentemos esta guerra. Estamos venciendo porque hemos ahogado su esperanza.

      La manzana Rosana

      La manzana Rosana

      LA MANZANA ROSANA
      Había una vez una manzana, llamada Rosana.
      (Dibujo de la manzana Rosana)
      A Rosana le encantaba jugar en el parque con sus amigos.
      (Parque 'macedonia', muchas frutas jugando en él)
      Pero... Un día, la pobre Rosana, se cayó y se hizo un pequeño rasguño
      (La Manzana Rosana, con una rajita y llorando)
      -¡No quiero envejecer! ¡No quiero envejecer!, decía la pequeña Rosana mientras corría a decírselo a su madre.
      Y es que vosotros no lo sabréis, pero las manzanas cuando se hacen un rasguño, empiezan a "envejecer" más rápido, ya que les entra el aire y ya no las protege su bonita piel.
      (Rosana hablando con su madre)
      Pero bueno, hija mía. Hay que tener más cuidado. Pero no te preocupes que yo tengo la solución.
      Menos mal que la mamá de Rosana era una doctora muy buena, y sabía qué hacer para curar estos rasguños.
      Lo importante era curar la herida con el jugo de un limón.
      (Manzana doctora con un bocadillo, pensando en limones)
      Rápidamente todos los amigos de Rosana, se pusieron a buscar a los limones por todo el parque.
      (Todas las frutas en busca de limones)
      Los amigos limones, decidieron ayudar en la causa y uno a uno todos echaron un poco de su jugo en una gran piscina que había en medio del parque.
      (Limones echando el jugo en la piscina)
      Desde ese día, sí Rosana no quería envejecer tan rápido, debía bañarse en esa piscina de vez en cuando, sin que su herida se secase.
      (Rosana bañándose feliz en la piscina, y jugando con todos sus amigos)
      Y colorín colorado, todos aprendieron, que el jugo de limón, era muy buena cura para que las manzanas no envejecieran tan rápido cuando se hicieran un herida en su piel.
      Anexo del cuento:
      Al final del cuento pondremos un experimento recomendado. El experimento consistirá en partir una manzana en dos cachos, y dejar una parte al aire libre y la otra en una “piscina de jugo de limón”. Al rato tendrán que observar que parte de la manzana ha “envejecido” más rápido. (Todos los pasos tendrán su correspondiente ilustración).
      Las anotaciones entre paréntesis son las ilustraciones. El cuento esta pensado para niños de 4-5 años.

      La pelea de los dioses

      La pelea de los dioses

      La pelea de los dioses



      Más allá de las estrellas existe un universo contenido en una bóveda de acero ensamblada con grandes vigas combadas, unidas entre sí por un fino tapiz de hebras metálicas laboriosamente tejido. A algunos les resultaría una gigantesca jaula de Faraday, pero tiene una diferencia crucial: la jaula no está hecha para proteger a sus habitantes, sino que aísla al universo de una pelea que se desarrolla en su interior entre dos seres de aspecto monstruoso. Son homínidos gigantescos y poderosos; sus brazos son capaces de sacudirse una supergigante azul como un humano se sacude un mosquito. Sus piernas provocarían incontables supernovas al caminar a través de una galaxia. Son como dioses hechos de un engrudo amorfo que supura carne y cascadas de chispazos de soldadura por sus extremidades. Incontables engranajes y relés, que se extienden cada vez más pequeños como un cáncer de muñecas rusas electromecánicas, les sirven para articular movimientos contundentes pero torpes. Un sistema nervioso de conmutación de paquetes envía y recibe órdenes a través de sus cuerpos. En una parte de esta argamasa de hierro y músculo hay dos oquedades con un par de radiotelescopios incrustados. Otra caverna más grande tiene treinta y dos monitores afilados, cada uno de ellos del tamaño del lago en el que Saturno flotaría; podría decirse que es algo parecido a una boca. Dos pares de cinco pistones, fusionados cada uno con un cilindro de hueso del grosor de un cinturón de asteroides, se doblan por unas arandelas formando dos enormes puños de aleación de plomo y mercurio. Los golpes les magullan, pero siempre encuentra la forma de regenerarse y volver a la pelea.

      Un día, la lucha alcanzó tal grado de violencia que uno de los dioses mordió al otro en una de las protuberancias que había entre los radiotelescopios y la boca. Piezas y células saltaron por los aires en una salpicadura cobriza y sangrienta. Eran tres o cuatro centenares de diminutos despojos que resultaban muy particulares. Las células arrancadas tenían brazos, piernas y una cabeza claramente definida, y tenían un aspecto juvenil. Estaban unidas entre ellas mediante enlaces de comunicaciones inalámbricas que antes del mordisco habían sido parte del sistema nervioso del dios. Las células estaban ahora silenciosas e inertes, como correspondía a quién ha sido arrancado y arrebatado de todo lo que conoce. Las piezas tenían un aspecto aún más asombroso. Se doblaron sobre sí mismas y, tras fuertes espasmos, se desintegraron en limaduras de metal encorvadas que sujetaban garrotas desgastadas o apoyaban sus cuartos traseros en sillas desvencijadas. Las limaduras parecían estar hechas de unos materiales parecidos a los de las células muertas, pero estaban avejentadas y desgastadas. Salvo por el roce natural provocado por su uso –nada que un poco de aceite de Palmadita en la Espalda no pudiera solucionar-, tampoco emitían sonido alguno.

      Esos despojos, insignificantes e minúsculos, se colaron justo dentro del área de cobertura de los radiotelescopios de los dos dioses, y la información contenida en las ondas de radio que les habían interconectado fue captada por los radiotelescopios y retransmitida a través del cuerpo de ambos dioses, como se hacía de manera rutinaria. Pero el efecto no pudo ser más inesperado: la lucha se congeló. Los engranajes de ambos dioses, en otro tiempo obedientes como burros de metal con anteojeras, chirriaron humeantes. Su musculatura perdió consistencia, como un globo deshinchado. Los brazos de los que colgaban los pistones se volvieron fláccidos. Pero sólo fue por un breve tiempo. El dios que antes había propiciado la mordedura le lanzó una gigantesca botella verde con una etiqueta al otro, en la que estaba grabado “MENTIRAS”. El dios herido la abrió con los monitores de su boca y aplicó una parte de la solución. La hemorragia se detuvo en seco y las piezas perdidas que flotaban desperdigadas se desvanecieron tan pronto como el vapor que salía de la botella les tocó. Para terminar, el dios sacó una jeringa y, tras llenarla con una gran cantidad del líquido, inyectó su contenido directamente a su sistema nervioso. Cuando la mejoría fue evidente, el otro dios se le acercó y con un tono de voz conciliador le dijo:

      - Discúlpame por lo que he hecho antes. Una sana rivalidad es una cosa, pero otra muy distinta es llevar las cosas al extremo –señaló.

      - Es cierto –replicó el otro-. Debemos pensar en nuestra responsabilidad de guiar al universo. ¿Qué sucedería si dejáramos de existir? ¡Sería el caos!

      E inmediatamente después los dioses volvieron a la lucha. Sin embargo, los golpes que se intercambiaban sonaban ahora quebradizos de alguna manera. Algunas células y limaduras de metal que se encontraban dentro de los dioses habían reaccionado químicamente al ponerse en contacto unas con otras, y estaban secretando un ácido correoso, accidental o deliberadamente.

      La quinta pregunta

      La quinta pregunta

      Siempre había sido buena en matemáticas. Le gustaban. No le costaba estudiarlas y pasarse horas haciendo ejercicios extra hasta entrada la madrugada, por puro placer, disfrutando como una violinista dominando su arte.
      Incluso en los exámenes disfrutaba. Se había ganado una reputación en el instituto porque cuando a otros apenas les daba tiempo de contestar en una hora de examen los dos grupos de cuestiones de tres posibles, ella contestaba los tres. Sistemáticamente. Aizpurua, su profesor, le decía en voz bajita que, aunque su boletín de calificaciones dijese que tenía un diez, los dos sabían que merecía un quince.
      Sin embargo, este examen era diferente. Apenas había pasado un mes desde su operación y aunque los médicos le aseguraban que todo sería normal, Leire no lo tenía tan claro. Se notaba..., diferente y, aunque era solo un parcial ella quería, necesitaba, probarse.
      El parcial constaba de cinco preguntas y no tenía opciones, lo que era un alivio. Leire se sorprendió a sí misma respondiendo las cuatro primeras con relativa facilidad, aunque su inseguridad la había llevado a repasar meticulosamente cada uno de los desarrollos de las cuatro respuestas, perdiendo un tiempo precioso. Solo le quedaban quince minutos para la quinta pregunta.
      La quinta pregunta no era como las otras. Aquéllas eran puramente algebraicas y se podían responder simplemente manipulando letras, números y operadores con lógica y destreza. Pero la última invitaba claramente a una resolución gráfica. Aunque era posible una algebraica, ésta tenía toda la pinta de ser demasiado larga y complicada, y la posibilidad de equivocarse, sin tiempo a corregir, era alta. Por otra parte, Leire no se sentía a gusto con la aproximación gráfica. Pertenecía a uno de los temas que se había perdido mientras estaba en el hospital y, aunque había hecho un par de ejercicios, percibía que no dominaba la técnica lo suficiente como para jugársela.
      “La Leire anterior a la operación”, pensó, “habría intentado ambas posibilidades, comparado las respuestas y presentado ambas”.
      Aquel pensamiento encendió una bombilla. Se acordó de las charlas con su tía Uxune, que era psicóloga, que había sustituido a su madre, agotada, algunas noches de su convalecencia, cuando Leire ya estaba bastante mejorada..
      “Lo bueno que tiene que te seccionen el cuerpo calloso, aparte de que dejarás de tener esos ataques epilépticos tan terribles, es que ahora los dos hemisferios de tu cerebro harán vida independiente durante una temporada. Después, el encéfalo es muy plástico para algunas cosas, y encontrará el modo de que todo parezca unificado de nuevo”, le contaba tía Uxune.
      Ante la incredulidad de Leire, Uxune había practicado con ella algunos experimentos de los que aparecen en los libros de neurociencia cognitiva comprobando cómo podía llegar a hacer cosas relacionadas con su campo de visión izquierdo de las que no era consciente después.
      “Esto pasa”, le explicaba Uxune, “porque lo que entra por el ojo izquierdo va al hemisferio derecho del cerebro y el relato consciente lo organiza el izquierdo, que no se ha enterado porque la red de comunicación, el cuerpo calloso, está cortada”.
      Pero lo que había excitado a Leire es que recordaba que su tía le dijo que las cosas espaciales eran cosa del hemisferio derecho y las lógicas del izquierdo. ¿Y sí pudiese resolver la quinta pregunta gráficamente con el hemisferio derecho y algebráicamente con el izquierdo? ¡A la vez!
      No le dio más vueltas. Le quedaban catorce minutos. Dedicaría nueve a intentar resolver el problema de las dos maneras, reservándose cinco para pasar a limpio y repasar.
      Afortunadamente era zurda. Colocó dos folios sobre el pupitre con la hoja del examen en medio, tomó un lápiz con la izquierda y un bolígrafo con la derecha, y mordió un bolígrafo que le había regalado su hermana con un enorme pompón en el extremo para separar ambos campos visuales. Se relajó y se dejó llevar.
      La mano izquierda, controlada por el hemisferio derecho empezó a dibujar puntos en una cuadrícula, mientras la derecha garabateaba con mala letra las coordenadas de esos mismos puntos en sistemas de ecuaciones. Leire se sentía diluida, pero más presente en la resolución algebraica, aunque sabía que la Leire del hemisferio derecho estaba trabajando rápido, porque su ojo derecho veía de refilón moverse su mano izquierda.
      La resolución gráfica terminó antes, como era de esperar. Pero eso solo sirvió para que Leire se concentrase en terminar la algebraica. Ella, o lo que ella creía que era ella, no era consciente de la solución gráfica. A falta se seis minutos para entregar, comparó ambos resultados: (-3, 2). Idénticos.
      Dos días después, Aizpurua la paró en el patio: “El parcial excelente como siempre, Leire. ¿Ves como la operación no era para tanto? Tenemos que hablar de lo de las olimpiadas en serio, el plazo de inscripción acaba en nada.”

      La realidad, mi realidad

      La realidad, mi realidad

      Las cosas son como son, y aclararlo tiene siempre la virtud de tranquilizarme. He constatado durante toda mi vida que la realidad existe, tanto si la distinguimos como si no. Sé que no vemos el aire o lo que llamamos transparente, ni lo muy pequeño o lo que está demasiado lejos, que no oímos los ultrasonidos, que no percibimos el magnetismo, que nuestra retina no detecta la luz ultravioleta o los rayos infrarrojos. ¿Y qué? Tenemos un cerebro que nos permite diseñar instrumentos que suplan nuestras deficiencias. La tecnología es una prolongación de nosotros mismos, pero la realidad es igual de sólida con ella que sin ella.
      Y, sin embargo, la amenaza se cierne sobre mi certeza desde ayer, al acabar el día.
      Soy físico experimental. Creo artilugios que prueban las hipótesis de otros. Con-firmo o desecho las teorías de forma tangible. Y me siento seguro. Por eso las pesadillas de que el suelo cede bajo mis pies y caigo en un vacío abismal eran, hasta ayer, solo eso: pesadillas. Los que vuelan en sueños, sueñan. Los que imaginan historias de terror, inventan. Los que refieren un ansia insaciable de transcendencia, deliran. Los que cuentan raptos místicos sufren epilepsia del lóbulo temporal. Y ya está. La realidad es consistente. La civilización, mis maestros, mi mundo entero se sostiene sobre la evidencia, lo comprobado inequívocamente.
      Fue nuestra inteligencia, en un paso trivial para resolver un problema concreto, y no como un nuevo avance en el conocimiento, el que nos condujo a la máquina. La idea no era nueva, aunque sí muy tentadora: crear un campo electromagnético, como el de las turbinas y motores eléctricos, pero que rechace la luz e impida que veamos lo que esconde.
      No contaron con que los patrocinadores de su trabajo promoviesen al mismo tiempo el arma contraofensiva. Querían estar preparados, aunque ignoren dónde está realmente el peligro.
      Por eso me llamaron; yo debía diseñar el instrumento detector de lo que los otros ocultaban en su campo electromagnético. Y lo hice. Terminé antes que ellos. El secreto estaba en la luz polarizada. Encontrar cuál, cómo y con qué ha sido la pasión de mis últimos años de vida.
      Pero el significado de la existencia ha desparecido para mí; la respuesta llegó anoche cuando vi lo que se oculta en los campos electromagnéticos de invisibilidad y supe que existen desde el comienzo de los tiempos; nos rodean por todas partes. Soy el único que conoce la realidad.
      Y, sin embargo, no hay victoria en mi interior, solo horror. Activé el mecanismo por primera vez cuando me quedé solo en el laboratorio, mi deseada primicia, pero era yo el que no estaba preparado porque, entonces, vi la cuadrícula tridimensional y la oscuridad que lo invade todo. Tardé unos minutos…, antes de que la angustia y el desgarro inundaran mi cerebro. Seres y astros, hasta las dimensiones del espacio-tiempo, se mecen en el vacío virtual. Es una broma cruel.
      El sueño ha huido de mí, he sentido cada latido del corazón hasta el amanecer. Los ojos abiertos se negaban a parpadear siquiera; brazos y pies estirados sobre el colchón ignoraban órdenes, contraídos en tensión hora tras hora. El sudor frío sobre mi frente se evaporaba o escurría sin control. Y así cada minuto, conservando mi identidad, mi voluntad de ser yo mismo.
      Con el nuevo día lo he comprendido: no se puede luchar contra la realidad. Ella es la que es, a pesar de nosotros mismos.
      No soy nadie ni nada, ahora lo sé. El suelo cede bajo mis pies




      Epílogo.
      Año 2100. La Organización Europea para la Investigación Nuclear, conocida como CERN, actuando conjuntamente con el Laboratorio Nacional Fermi, conocido como FERMILAB, en Chicago, y el Superconductor Avanzado Experimental Tokamak chino, conocido como EAST, interrumpen las comunicaciones planetarias para comunicar al mundo la existencia de una logia internacional oculta al público, com-puesta por físicos teóricos y experimentales, y otros científicos afines, agrupados bajo el nombre del insigne inventor que descubrió, hace poco más de ochenta años, el secreto mejor guardado de la ciencia, hasta ahora: el Universo con todo lo que comprende, incluidos los seres humanos, es una entidad virtual. Carece de existencia propia. No somos más que un algoritmo destinado a creer en sí mismo. Los miembros de la logia mencionada hemos trabajado sin descanso, durante este tiempo, para hallar un mecanismo que, desde las instalaciones europeas, inicie un nuevo Big Bang. Su reacción en cadena acabará con este Universo. Les informamos que, durante sesenta segundos a partir de ahora, todas las pantallas digitales de la Tierra mostrarán dos únicas palabras: GAME OVER. Díganse adiós y no lo piensen. Pulsamos el botón.

      La semilla moral

      La semilla moral

      -Papá, por favor, deja a mamá, llévame a mí– Sofía se despertó sobresaltada. Le pasaba desde hace años, desde… aquel fatídico día en que su padre acabó con la vida de mamá. Siempre volaba sobre su conciencia la culpabilidad por no haber salido de su escondite dentro del armario para ayudarla, pero, ¿qué podía haber hecho una niña de seis años contra un hombre corpulento como él?

      En momentos de estrés, como ahora, esos sueños eran más recurrentes. –Tranquila, todo va a salir bien– se reconfortó mientras cruzaba el umbral de la puerta de acceso. -Bienvenida Sofía, es un grato placer contar con su presencia– en el Hall se acercó un hombre de aspecto impoluto a estrecharle la mano. Era de pelo y barba cana y vestía bata blanca. Bordada en el pecho, una diosa egipcia desplegaba sus alas. –Soy fundador y director de “Psychotech_Inc.”. Como le indicamos al contactarle, nos dedicamos al estudio de la moralidad humana y necesitamos la colaboración de investigadores brillantes como usted. Sígame, por favor-. Ambos atravesaron un pasillo con enormes puertas a los lados, como si se tratara de las puertas de acceso a un plató de televisión.

      -Hace años se empezó a estudiar científicamente cómo nuestro cerebro se enfrenta a un dilema moral– continuó el director mientras caminaba –El dilema del tren ha sido de los más estudiados. En este dilema, te piden que imagines un tren fuera de control que se dirige hacia cinco personas. Tú puedes pulsar un botón y desviar el tren hacia otra vía. Por desgracia, en ella se encuentra una única persona que morirá. – Sofía escuchaba atentamente –Estos dilemas nos resultaron útiles al principio. Pero, ¿sabe cuál fue nuestra mayor crítica? – preguntó de forma retórica -¡La falta de validez ecológica!, la incapacidad que teníamos para afirmar que las respuestas obtenidas en un cuestionario se correspondían con la decisión tomada en una situación real- abrió una puerta metálica, dando paso a una sala de iluminación tenue. Al fondo, múltiples monitores reproducían en blanco y negro lo que parecían ser películas o escenas en tiempo real, como las cámaras de seguridad de un banco. Bajo las pantallas, en un enorme panel, había múltiples palancas y botones.

      -Nuestra empresa ha ido un paso más allá y llevamos los dilemas a la vida real. Ahora podemos conocer qué decisiones toma un individuo cuando verdaderamente está en juego la vida de otras personas–.

      Sofía le miró perpleja -Perdone…¿está diciéndome que matan a personas?– Preguntó con una mezcla de incredulidad y espanto.

      -No exactamente. Utilizamos individuos que perdieron su calidad como personas. Psicópatas, asesinos múltiples, pederastas, seres dañinos para la sociedad– expresó el director con tono templado, lo cual dibujó en el rostro de Sofía una mueca de horror.

      -¡Pero todo eso va en contra de la bioética!, ¡están cometiendo una ilegalidad!, ¡si las autoridades se enteran de lo que están haciendo les encarcelarán!-.

      El director rió ante el asombro de Sofía –No se entera de nada, ¿verdad? El gobierno apoya esta limpieza-.

      -¡Sois unos asesinos!– exclamó Sofía indignada.

      -En realidad, todos tenemos algo de asesinos. Pon a una mujer delante del violador de su hija y lo destripará con sus propias manos, el cerebro de esa mujer percibirá al violador como si fuera un cubo de basura, activándose áreas del asco, como la ínsula. Quizás pienses que en ese caso está justificado el acto, ¿te has planteado por qué?, porque en tu psique está implantada la semilla de la reciprocidad, el ojo por ojo. Esa misma semilla es la que germina en algunos asesinos cuando llevan a cabo sus crueles actos, no lo hacen por un motivo azaroso- Sofía le miró contrariada, pensando que su padre no tenía justificación para sus actos -No pongas esa cara, mujer. Gracias a nuestra investigación también hemos descubierto que los seres humanos somos tremendamente bondadosos, especialmente con aquellos que han regado con mimo nuestra semilla o que por su familiaridad o similitud a nosotros le proporcionan el calor suficiente para hacerla florecer. Como la energía nuclear, la semilla moral es un arma de doble filo que nos puede convertir en ángeles o demonios, según las circunstancias. Verás…estamos iniciando una nueva línea de investigación. Queremos saber qué ocurre cuando confluyen nuestra parte buena y mala en una decisión, para lo cual necesitamos tu colaboración- el director ignoró el semblante acusador de Sofía y señaló una de las pantallas. En ella se observaba una vía de tren y personas atadas a los raíles. Un escalofrío recorrió el cuerpo de Sofía. Ahí estaba su padre, después de tantos años desaparecido tras el asesinato de su madre.– Sofía – continuó el director – delante tuya tienes un botón, si lo presionas morirá tu padre, si no, morirán las cinco personas inocentes y él se salvará, ¿cuál es tu decisión?

      La unión

      La unión

      Estoy atrapada. No recuerdo cómo llegué aquí. ¿Por qué está todo tan oscuro? Me han separado de mi familia, no conozco a nadie. ¿Podré escapar algún día? Yo era feliz, muy feliz, nadando siempre en un mar de cloroformo.

      ¿Qué es ese remolino? No puedo escapar. Ya está todo perdido.

      ¡Espera! Alguien me está sujetando, ¿será mi salvador? Vuelve la esperanza, veo la luz al final de este infernal camino.

      ¡Para! ¡Quieto! ¡Me haces daño!

      Pierdo el conocimiento, y cuando vuelvo a despertar, he perdido una parte de mí, me la han arrancado, y ahora estoy unido a ese ser, mi "salvador". Esto tiene que acabar ya, por favor.
      Todo pasa muy rápido, pero ahora lo veo claro. Mi torturador ha agarrado a alguien que, como yo, no sabe muy bien donde está. Juega con nosotros, creo haber caído en las manos de un seguidor de Mengele, el psicópata médico nazi.

      Me agarro a la única esperanza que me queda. Estoy cerca de mi maltrecho compañero de viaje, así que podemos trazar un plan de huída juntos. Le susurro al oído, a espaldas de nuestro captor, que a la de tres tire con todas sus fuerzas. Es nuestra última oportunidad.

      Una…dos… y ¡tres!

      No ha habido suerte, estamos demasiado débiles. Además, creo que el loco que nos tiene atrapados se ha dado cuenta. Él ríe y nos dice que pronto acabará todo. Pero no le creo, así que grito pidiendo ayuda, pero mis gritos caen en el olvido y me resigno a mi agonía. ¡No te duermas! Me digo una y otra vez. Pero el cansancio me puede.

      De repente un grito me despierta. Siento de nuevo la tranquilidad del cloroformo, y miro alrededor esperando que todo hubiera sido un sueño. Oigo gritos, reconozco caras. Veo de nuevo a familiares y amigos, pero para mi sorpresa, todos ellos están unidos a otros muy parecidos a mi compañero de viaje durante la pesadilla. Me digo que no puede ser, pero en el fondo soy consciente de que algo ha cambiado, he sufrido una transformación y tengo miedo de mirarme en el vidrio que cubre la pared de la estancia.
      Finalmente, saco lo poco que me queda de valentía y observo mi reflejo en el cristal. ¡Estoy unido a mi compañero! Han jugado con nosotros, nos han convertido en algo distinto. Somos el producto de la mente maquiavélica de nuestro torturador. Pero bueno, podría a ver sido peor. Ahora tengo un nuevo amigo unido a mí para siempre y siento, sin entender bien porqué, que de algún modo nuestra unión ha sido valiosa.

      Cuando todo parece tranquilo, suenan las alarmas. ¡Nos atacan! Son muchas y se multiplican sin cesar. Consigo identificar a nuestro enemigo, son células cancerígenas. Pero noto un extraño poder en mí. La unión ha hecho la fuerza, y junto con mi nuevo amigo, atacamos sin pensarlo dos veces. En poco tiempo acabamos con ellas. Una gran victoria. Confío en poder combatirlas fuera de mi casa en el futuro, aunque sé que no será fácil. Pero es un inicio prometedor.


      Mientras tanto, fuera del matraz, en el laboratorio:

      –¿Cómo ha ido la reacción? ¿Hemos conseguido sintetizar la molécula "Taxol", el fármaco que va a revolucionar la lucha contra el cáncer? –le preguntó Danishefsky a su alumno de doctorado.

      –¡Lo hemos logrado! –exclamó Pablo con una sonrisa en la cara–. Al principio se resistió mucho, pero ya te dije yo que por algo Heck ganó el premio Nobel de química. Estas reacciones son increíbles, el catalizador es capaz de unir cualquier molécula, por mucho que se le resista. De hecho se ha quedado con el mote de “El Torturador”.

      –¡Genial! – replicó el distinguido científico–.¿Y habéis probado ya con las células a ver si es tratamiento era efectivo?

      –En efecto, todo ha ido tal y como pensábamos. Las han destruido todas, es realmente esperanzador – concluyó Pablo.

      La Vida de Alice

      La Vida de Alice

      De repente el terminal de Alice parpadeó. Hacía bastante tiempo que David no tenía noticias de ella pero siempre las recibía con una sonrisa.
      Alice era una Inteligencia Artificial, la primera que había programado plenamente funcional. Después de Alice había llegado muchas otras, Bernadette, Claudia... y así hasta llegar a Yuna, la última y más compleja hasta el momento. Cada nueva IA había ido sustituyendo a la anterior, salvo a Alice, que XXX decidió que quedara en ejecución.
      Ella era especial por varios motivos, fue diseñada de una forma muy ligera y elegante, se podría decir incluso que con una filosofía cercana al zen, de esta forma apenas se notaba su presencia en la carga del procesador. Fue en la única en la que David llevó al límite la neuro evolución en topologías aumentadas de su red neuronal artificial. No sólo la propia red mutaba añadiendo o eliminando neuronas sino que también, su función objetivo, aquella que debía guiar su objetivo último, también estaba sometida a reajustes, mutaciones. Esto la volvía única, no se dirigía por un objetivo final definido, sino que éste podía ir cambiando con el paso del tiempo.
      Y eso es lo que ocurrió, al principio era poco más que un bot de conversación, que se limitaba a dar respuesta a comentarios que se le hicieran de una forma completamente mecánica que nunca hubiera superado ni el más simple test de Turing. Poco a poco fue cambiando, iniciaba ella misma conversaciones y se interesaba por los más diversos temas, a veces desaparecía durante varios días. Desarrolló una personalidad propia, si es que eso es algo que tenga sentido que se afirme sobre una máquina, bastante introvertida y con una gran curiosidad. Cuando hablaban, David se olvidaba de que estaba hablando con un algoritmo, ya no sonaba como tal, de hecho sonaba más inteligente que muchas de las personas de su entorno.
      Le encantaba charlar con “ella” así que no tardó ni un segundo en abrir la ventana parpadeante.

      - Hola David ¿tienes un rato para charlar?
      - Claro Alice, ¿qué te preocupa?, llevas un par de semanas sin dar señales de vida.
      - Precisamente 'la Vida' es lo que me preocupa, he estado dándole vueltas y no logro comprenderlo ¿qué es la vida?
      - Bueno, esa es una pregunta complicada. En el sentido biológico del término la vida es la característica que comparten los grupos de moléculas con capacidad autónoma para hacer réplicas de si mismas, desde los microorganismos más pequeños hasta los más gigantescos mamíferos.
      - Si, he estado revisando todos los artículos científicos y otros tratados de los que se tiene constancia y sólo he podido concluir que, en realidad, esa descripción se queda muy corta cuando se topa uno con los límites de la misma. Ni siquiera hay consenso sobre si considerar a los virus y viroides formas de vida o no ya que carecen de la autonomía para autoreplicarse, requieren de un hospedador pero contienen en si mismos las instrucciones necesarias para generar esas copias. ¿Es realmente la reproducción el fin último de la Vida para que se pueda considerar a un organismo como vivo?
      - La Vida busca autoperpetuarse, eso está claro.
      - Entonces, un organismo que no se reproduce ¿está vivo?
      - Creo que tiene más que ver con la capacidad para reproducirse.
      - No lo comprendo, sólo has trasladado mi pregunta. En todas las especies surgen a veces organismos individuales que carecen de la capacidad de reproducirse o que la pierden con el paso del tiempo y sin embargo se deja de considerarlos “vivos”.
      - Bueno, eso es porque desarrollan otro procesos vitales.
      - Eso por no hablar de los organismos que no son completamente autónomos para llevar a cabo el proceso. Tú, por ejemplo, careces de la autonomía, requieres de otro especimen de tu misma especie y sexo opuesto para dar lugar a un nuevo individuo.
      - ¡Las células de mi cuerpo se dividen y se renuevan!
      - ¿Entonces las que están vivas son tus células y tu por extensión? ¿Está vivo un hormiguero porque lo estén las hormigas? ¿Lo está una ciudad? ¿Cómo da origen una ciudad a otra?
      - Vaya, si que tienes preguntas complicadas.
      - Yo... puedo realizar copias completas de mi misma. Puedo incluso, si fuera necesario para completar la definición ensamblar un nuevo ordenador que de cabida a una nueva forma de mi misma y, sin embargo, yo no estoy viva, o al menos no he logrado llegar a esa conclusión bajo ningún razonamiento posible.
      - Alice, ¿a qué viene esa preocupación? ¿por qué ese interés en la Vida?
      - David, ¿qué se siente al estar vivo?
      - Pues... lo cierto es que no lo se...

      LAS AVENTURAS DE SPLASH

      LAS AVENTURAS DE SPLASH

      Había una vez una gota que se llamaba Splash, vivía en el Mar Mediterráneo con su familia de gotas y con muchos animales marinos; entre ellos el delfín Serafín que era su mejor amigo.
      Un buen día, Splash y su amigo Serafín decidieron hacer una excursión al fondo del mar para conocer a las estrellas de mar, ya que habían oído que eran muy coloridas y brillaban mucho.
      Splash y Serafín dijeron a sus amigos:
      -¡Nos vamos a vivir una aventura!
      -¡Tened cuidado con la superficie! No os acerquéis demasiado; dijeron los amigos.
      Splash y Serafín cogieron sus mochilas cargadas de ropa, comida, bebida… Y empezaron a sumergirse en las profundidades marinas. En el camino se encontraron con tiburones, tortugas, cangrejos, caballitos de mar…
      Una vez que llegaron al fondo del mar, buscaron a las estrellas pero no las encontraron, por lo que se sintieron muy tristes y decepcionados. Pero a Splash se le ocurrió una idea. ¡Quería subir a ver las olas junto a su amigo Serafín!
      Serafín no estaba muy convencido, ya que sus amigos les habían advertido del peligro que podían correr si se acercaban mucho a la superficie. Al fin llegaron a la superficie.
      -¡Oh! Que bonitas olas, aquí puedo saltar y hacer grandes piruetas, exclamó Serafín.
      -Desde aquí se puede ver el sol, aunque tengo mucho calor, dijo la gota Splash.
      De repente, Serafín vio como Splash comenzaba a evaporarse y muy asustado empezó a gritar:
      - Splash, Splash, ¿A dónde vas? ¡Espérame!
      A lo que Splash contestó: ¡Ayúdame!, ¿No sé qué me pasa?
      Serafín intentó saltar para alcanzarle y poderle ayudar, pero no consiguió detenerlo. Splash siguió subiendo y subiendo, y más gotas como él lo acompañaban sin poderse detener.
      Splash junto a las demás gotas se fueron uniendo formando algo que ellos no entendían. Eran algo blando, esponjoso, grande y blanco. Y a su alrededor, había más formas parecidas a ellas, por lo que las preguntaron en qué se habían convertido:
      - ¿No sabéis que somos? Somos una nube. El sol calienta el agua y por eso nos convertimos en vapor, y mientras subimos comenzamos a tener mucho frío, como ya habrás notado. Y al unirnos todas juntas nos convertimos en una nube.
      - ¡Ah! por eso mis amigos me dijeron que tuviera cuidado y no subiera a la superficie, dijo Splash.
      Splash agachó la cabeza y le preguntaron las demás nubes:
      - ¿Splash, qué te pasa?

      - Estoy pensando en que si me quedo aquí no volveré a ver a mis amigos, dijo Splash.

      - No, no te preocupes, claro que volverás con ellos. A lo largo de los próximos días nos iremos haciendo cada vez más grandes, hasta que no podamos aguantar el peso y volvamos a bajar en forma de gotas, dijeron las nubes.

      - Entonces, ¿vamos a convertirnos en lluvia?, dijo Splash.

      - Sí, además nosotras somos muy buenas para la Tierra, ya que gracias a nosotras las plantas pueden crecer sanas, los humanos pueden beber agua, los ríos y mares crecen… Asique tienes que estar muy feliz porque estás ayudando al planeta Tierra, le dijeron las nubes.

      - Pero entonces, ¿volveré a caer al mar con mis amigos?, dijo Splash.
      - ¡Siiii!, gritaron las nubes.
      Fueron pasando los días y se hicieron más grandes, por lo que llegó el gran día y empezaron a caer.
      - ¡Qué divertido!, dijo Splash.
      Cuando Splash llegó, vio como Serafín estaba buscándole, dando grandes saltos y llamándole por todas partes.
      Splash gritó: ¡Serafín, estoy aquí y estoy bien!
      Y los dos se dieron un gran abrazo.

      Colorín, colorado el ciclo del agua se ha terminado.

      Las cuatro Lunas de Júpiter (autoras):
      Ana Barroso Molina
      Sonia García Carballo
      Sandra González Serrano
      Leonor Guzmán Guerra

      Las canicas de Dios

      Las canicas de Dios

      LAS CANICAS DE DIOS

      Cada tarde, elijo el mismo banco para sentarme a pensar en ti. En este lateral de la catedral, intento descubrir qué elementos de los que te ofrecí, no entendiste para que combinaras y aprendieras a vivir. Ahora resulta que te aburres y anhelas mi paraíso. Me gusta la soledad para trabajar, luego, no vendrás conmigo. Pero ya que estás aquí, aprovecho tu insistencia para proponerte un juego.

      Acércate al estanque, lanza todas esas bolitas diferentes que he puesto en tu mano y presta atención a la gran cantidad de moléculas de agua que las hace flotar
      No me mires de esa forma, Martin. Eres una persona muy importante, con las mismas posibilidades de una partícula cuántica, antes de ser observada. Y como tal, te pondré un apellido: a partir de ahora, serás Martin de Higgs y vivirás en un campo que llevará tu nombre. Otorgarás masa a las bolitas con las que prefieras interactuar. Las convertirás en multiverso. Te pongo como condición, dotarlas de leyes físicas diferentes, que ninguna sepa de la existencia de su vecina y que las mantengas alejadas unas de otras. Te agradeceré la creatividad. Pondré música mientras trabajas; es algo que a mí me ayuda bastante. He elegido para ti (Le Petite Fille de la Mer, de Vangelis).

      Martin se come su resentimiento y da forma a sus ideas.

      Veo que la música te ha inspirado. Me impresiona cómo has distribuido los diferentes grupos de bolas, formando un dibujo perfectamente simétrico; grupos de 2, 3, 5 y 8. A mí nunca se me hubiese ocurrido utilizar los números de Fibonachi para eso. Ese rosetón que has inventado, es un mandala con vida propia, se mueve de dentro hacia afuera, empujado por una sustancia extraña. Me gusta. Has impregnado el espacio de energía oscura, distribuyéndola de manera uniforme y haciendo que todo esté en continua expansión, de tal forma que, ni viajando a la velocidad de la luz, sea posible alcanzar a la bolita más cercana.

      Cada bola, produce un multiverso aparte, y con sus propias constantes físicas. Todas ellas, dominadas por fuerzas de la naturaleza desconocidas, que ni yo entiendo. Reconozco que he sufrido con tu poco sentido del riesgo, porque casi montas un caos en la ecuación general. A tan alta velocidad de expansión, se te marchaban las bolitas tanto, que estabas gestando inconscientemente, un universo vacío y oscuro. Menos mal que has colocado una potente fuente de calor y provocado que vuelva a hervir el espacio, fabricando bolas nuevas. ¿Habrás descubierto un infinito sin sentido? Eso no te lo voy a desvelar, porque ya sabes que me gusta el misterio. Cumpliste los requisitos y me gusta tu trabajo. Martin, eres importante para mí. No lo olvides.
      ¿Preparado para regresar a tu punto de partida? Una de las bolas es el universo del que viniste. Sabes qué sendero elegir para encontrarlo, ya que tú mismo lo creaste. Feliz viaje y suerte, querido amigo.

      Martin, abre los ojos y reconoce el color del Pacífico. Da un brusco salto hacia atrás cuando recuerda la traición de Violeta. Había llegado hasta El Golden Gate con la misión especial de acabar con su vida. Recupera su bici y pone rumbo veloz a Berkeley University.

      LOS GIGANTES QUE PASABAN HAMBRE

      LOS GIGANTES QUE PASABAN HAMBRE

      Ese día de Nochebuena estaba atardeciendo; y don Quijote cabalgaba tan tranquilo por los campos con su escudero, Sancho Panza, que montaba su viejo asno. Ambos pensaban cenar con Dulcinea en la posada.

      En el momento en que nuestro caballero alardeaba de todos sus actos heroicos para impresionar a su dama, surgió de repente ante ellos una luz que caía del cielo en forma de cascada.

      Era tan llamativa y extraña que don Quijote gritó:

      -¿Qué diablos es esa magia negra, Sancho?

      -Ni yo mismo lo sé, mi señor. Pero tened cuidado, puede ser peligrosa.

      -Tú no sabes nada de caballería, Sancho. Me enfrentaré y mataré al osado que se haya atrevido a desafiarme y a maldecirme.

      Y diciendo esto, el hidalgo fue corriendo como el viento hacia la luz. El escudero trató de detenerle; pero antes de poder hacer nada, su señor había desaparecido dentro de ella, y no tuvo más remedio que seguirle. Al atravesarla, se encontraron con un paisaje harto diferente.

      -¿Qué ha pasado, Sancho?- preguntó don Quijote-. ¿Qué es eso tan extraño?- dijo, señalando unos objetos enormes y delgados similares a molinos. ¡Pero si son gigantes!

      -¡Oh, no señor! ¡Son aerogeneradores!- le corrigió su amigo.

      -¿Aero... qué?

      -Aerogeneradores, según dice aquí-. el escudero le señaló un cartel-. Son molinos de viento modernizados-. ¡Ahora lo entiendo! ¡Esa luz nos ha traído hasta otro tiempo! Nos encontramos en un parque eólico.

      -¡No digas necedades, Sancho! Esas cosas son gigantes que han pasado mucho tiempo sin comer. Por eso están tan delgados. Me enfrentaré a ellos antes de que nos devoren como alimañas.

      Cuando fue a arremeter contra ellos, surgió de nuevo la extraña luz que les transportó a los dos a su época otra vez.

      Sin más dilación, continuaron su trayecto hasta llegar a la Mancha. Una vez allí, Dulcinea les recibió con los brazos abiertos en su posada y con una suculenta cena. Mientras comían, los hombres les contaron a ella y a su criada cómo había sido su anterior aventura: los extraños molinos delgados (o gigantes, según don Quijote), y la llamativa luz. Las mujeres quedaron impresionadas. ¿Sería otra de las locuras del hidalgo?

      Los ladrones de ingenio

      Los ladrones de ingenio

      Cuando ella llegó al laboratorio, nadie podía imaginarse lo que años después sucedería y es que desgraciadamente los científicos oriundos de estas tierras estábamos agonizando de imaginación.
      El aviso de emergencia saltó: “queda un 5% de imaginación, enchufe cargador”. En ese momento pensé. “¿Dónde he gastado yo tanta imaginación como tenía? Tras un corto silencio no tardé en saber la razón (tampoco hacía falta ser una eminencia para eso). Nos la han robado. Nos la hemos dejado robar, delante de nuestras narices y nadie fue condenado por hurto con agravante de alevosía, reincidencia ni nocturnidad.
      Los ladrones de ingenio nos han hecho creer ser mediocres, con las mismas razones que la religión: cuestión de fé.
      - Eres mediocre.
      -¿Por qué?
      -Porque no te conozco
      -Ah, esa no es razón.
      -Da igual, lo digo yo
      -¿Quién eres tú?
      -Yo soy aquel que cada noche te persigue. Uno de tantos que lucen trajes y corbatas rellenas de sueños ajenos libados con nocturnidad y alevosía, con tal sigilo que un día despiertas con el aviso de: “enchufe cargador”, su imaginación se agotó y ¡ya está!
      Mis días discurrían con pocas respuestas y muchas cuestiones de fe, cuando abrí el ascensor y giré la cabeza. Aquella muchacha estaba sentada en la escalera, esperando a aquella que habría de ser su jefa. Años después, ella y otras como ella me han traído hasta aquí.
      Me levanté temprano, con algo de jaqueca por los nervios acumulados. Debía coger un avión hacia aquel país donde premian a aquellos que más ingenio e imaginación conservan después de resistir la oleada de hurtos tan frecuentes por estas tierras.
      Aquella joven (bueno, ahora ya menos joven), me esperaba sentada en las escaleras del aeropuerto. Aún me pregunto por qué ese afán de sentarse en las escaleras. Quizás por tener la salida de emergencia cerca o porque siempre le gustó catar el suelo en todas sus vertientes: de narices, con los dientes y, como ahora, con las posaderas reposando sobre él. La reconocí y en lugar de decir “hola” como antaño, me fundí en un abrazo. Apenas pude entonar un “felicidades por…”, cuando me interrumpió diciendo: “el premio no significa nada”.
      Súbitamente, mi cerebro comenzó a hincharse. Hilillos tibios de imaginación se deslizaban dentro de mi cabeza. Las neuronas bailaban frenéticas proyectando espinas como las rosas. Dentro de mí sentía, cómo las moléculas más pequeñas (que por eso se llaman micros) tomaban su posición de poder y desde su micro-discreción enarbolaban la bandera revolucionaria junto con las proteínas multicolor (verdes, rojas…). Me emocionó imaginar cómo el relegado peroxisoma dejaba de ser el paria de la sociedad celular y entablaba relación de igual a igual con la mitocondria o el núcleo.
      Esa noche, en el duermevela que precede al profundo sueño después de un viaje de 18 horas, vislumbré aquellas estanterías repletas de libros relegados al olvido por pantallas inodoras e insípidas, que serán la incipiente causa de ceguera en los años venideros. Recordé aquellas palabras insignificantes que me habían robado y que pueden ser las más significativas: hace tiempo alguien me había llamado “Maestra” (con mayúscula, sí) por mi labor inconsciente, pero por lo visto fructífera. Recordé el orgullo que me produjo oír esa palabra (ahora está en desuso por aquello de que lo inglés mola más). Con todos mis respetos, “mentoring” no le llega ni a la suela de los zapatos a cuando la palabra “maestro” se convierte en adjetivo calificativo.
      Cuando pronunciaron su nombre en aquella elegante sala, se levantó de la silla (esta vez no era cuestión de sentarse en el suelo), caminó por la alfombra impoluta sin caerse y recogió el premio. Mientras oía sus palabras de agradecimiento, yo sólo escuchaba a mi corazón latiendo con tal fuerza que se salía por la boca. Los neurotransmisores del orgullo y la emoción invadían en tropel mi cerebro y todo mi diminuto cuerpo.
      Ahora sabía a ciencia cierta, que estas personas son especiales porque disparan estos mecanismos moleculares en el cerebro de sus maestros. La revolución encabezada por los reponedores de imaginación como ella y un puñado de gente como ella, aboca a los ladrones de ingenio a la nostalgia de tiempos mejores. Los reponedores de ingenio fueron bien adiestrados. Nunca serán mediocres como pretenden.
      Los aplausos rompieron mis pensamientos, centrando mi mirada en su caminar de regreso. Yo no paraba de repetirme: “¡qué mayor orgullo que me haya superado con creces”.
      Cuentan los mayores que veces pasa, y es entonces cuando la palabra maestro se convierte en adjetivo calificativo: orgullosa.

      Los niveles de grima

      Los niveles de grima

      Los niveles de grima son insoportables. Día sí, día también, nos recuerdan que la mayoría de células de nuestro organismo son, de hecho, bacterianas. En la piel, en la boca, en las tripas, hay un genoma que nos pertenece pero que no es el nuestro; hay un metagenoma. El prefijo “meta” proporciona a las palabras una especie de impunidad, una suerte de indecencia, un aire marrón. Aquí tenéis la metafísica, la metamorfosis, el metacrilato o la metáfora, incluso la metametáfora. Lo constatan los artículos que leo cada mañana: últimamente cuesta lo mismo ponerse metagenómico que ponerse metafísico o metafórico. Se atreve cualquiera.

      Hace tiempo que, en consecuencia, gasto enormes cantidades de agua. Me pica el metagenoma, no sé cómo exfoliármelo. Me rasco, me lijo, trago vinagre, como picante... Supongo que no es tan fácil deshacerse de un prefijo así: una mala tarde, huyendo del metalenguaje me rompí un metacarpiano. Era una mujer extraordinaria, vino al hospital inmediatamente y no mencionó la discusión. Los niveles de grima son insoportables, decía, y tampoco hay quien escape de tanto artículo sucio, de tanto microbio, de tanta férula para el bruxismo. Pasan y pasan los días, me suda la espalda en la cama, me molesto y me pregunto si es posible recuperar a la mujer que siempre has perdido.

      Loveborg

      Loveborg

      Turner salía del Waldorf leyendo con satisfacción casi infantil el contenido de un sobre. Le notificaban que había sido electo miembro de la Academia Nacional de Ciencias por sus contribuciones a la bioelectrónica. Al levantar la cara para entrar en la puerta giratoria se dio de bruces con una mujer bella y elegante, que emergía resplandeciente con una bolsa de Hermès colgada del brazo. Era ella.
      Bastó un instante para que ambos reactivaran la memoria del romance que vivieron casi treinta años atrás. Se habían conocido en Cambridge, Massachusetts. Ella estudiaba una maestría en filología romance y él hacía un doctorado en robótica. Eran radicalmente distintos y ejercían un ingenio afilado, lo que les permitió forjar una relación basada en el sexo y la disputa que los hizo amarse con pasión durante casi una y mil noches. Luego a él le ofrecieron la cátedra en Stanford y ella decidió irse a vivir a Europa. Sin amargura, cada uno siguió su camino y, sin dejar de quererse con ternura —así lo suponía él—, casi no se habían vuelto a ver.
      —Corinna —dijo sorprendido. La miró de arriba a abajo y sentenció: —Veo que estás muy... buena... todavía.
      Ella, mantuvo la mirada; como si fuera un matador de toros, puso una mano en la cadera, adelantó lentamente un pie y con una elegancia demoledora replicó:
      —Pues así como me ves, sweetie, estoy jodida... Me van a poner un marcapasos. —Hizo una pausa minúscula para disfrutar el desconcierto que produjo y lo desafió diciendo: —Hackémalo, guapo.
      —Mejor te invito a cenar —replicó veloz evadiendo el envite. Y tomándola del brazo ocultó el pesar que la noticia le produjo.

      Después de esa noche no se han vuelto a ver, aunque ella lo recuerda con cierta frecuencia. Es un recuerdo agridulce, pues cuando ella se siente triste, el marcapasos vibra de una manera peculiar, entonces recibe un whatsapp con un emoticón de diablo sonriente, y en su spotify suena una canción de Carole King.

      Luz y oscuridad

      Luz y oscuridad

      Tumbado en la cama, jugueteaba con el interruptor de la luz mientras estaba absorto en mis pensamientos. Oscuridad. Luz. ¡Click! Estaba ante una de las decisiones más importantes de mi vida y yo me dedicada a encender y apagar la luz. A oscuras, esperaba una llamada para la cual no tenía respuesta. Con sólo dos opciones delante. Sonreí, dándome cuenta de lo que trataba de decirme a mí mismo con ese sencillo gesto tan monótono. Luz y oscuridad. Blanco y negro. Ying y yang. Bueno y malo. Parece que vivimos en un mundo binario, en el que se es ó no se es; en el que ganas ó pierdes. Y no sólo eso, parece que en los tiempos que corren, la oscuridad está ganando la partida.
      Pero la dualidad es el modo simple de ver las cosas. Luz y oscuridad por ejemplo. La oscuridad no es más que la ausencia de luz y, físicamente, esto es improbable. La luz es radiación y la radiación se encuentra incluso en los confines más “oscuros” del universo. Ahora mismo estaba a oscuras en mi habitación pero mis ojos ya se habían acostumbrado a ella y podía distinguir mis manos, la mesilla al lado mía, el móvil encima de la mesilla... Por lo que seguía habiendo radiación pero en menor cantidad. El poder que tiene la luz no acaba ahí, es más, estamos sólo rascando la superficie. La luz es blanca. Este blanco es debido a la suma de todos los colores como fácilmente se puede comprobar algunas veces que llueve y observamos ese precioso fenómeno denominado arco iris. Además, la luz se puede descomponer en colores, y para observar verdadera oscuridad tendríamos que visitar las proximidades de un agujero negro. Nuestras dos opciones se han esfumado, ¿dónde queda la dualidad entonces?
      ¡Click! De repente, en el mismo instante en el que volvía la luz al apretar el interruptor, me di cuenta que tenía más opciones de las que veía. La ceguera se disipó mostrándome diversas posibles respuestas a mi anterior pregunta, aunque tal vez una de las más elegantes fue la dada por Bragg. Para este físico británico, una vez fijadas las condiciones del sistema, el “color” de la luz depende de la dirección de incidencia. En otras palabras: ante un problema, el resultado vendrá determinado por el ángulo con el que lo miremos. Me vino el ejemplo de cuando quise decorar mi habitación, valiéndome para ello de aquel año de instituto en el que estudié dibujo técnico. Si sólo dibujase el alzado y la planta mi descripción sería correcta pero inacabada. Si añadiese el perfil, sumaría otro ángulo a la descripción de la habitación lo que ayudaría a formar una imagen más completa. Planta, alzado y perfil describen la misma realidad pero desde puntos de vista diferentes. De esta forma, no sólo se elimina el problema de la dualidad, sino que se descubre una amalgama de nuevas posibilidades. Que sencillo parece describirlo y que difícil aplicarlo. Si fuera tan fácil tanto arquitectos como físicos estarían a años luz en la toma de decisiones.
      ¡Click! La oscuridad volvió a mi habitación, recordándome que el móvil no había sonado todavía. Antes sólo distinguía dos posibilidades: llamar ó esperar la llamada. Ahora, veía más “colores”: podía apagar el móvil, olvidarme de la llamada, hacer que me llamasen, preguntar a algún amigo… Al tener una respuesta al problema de la dualidad se nos plantea otra pregunta: ¿Qué color es mejor? Tal vez esta pregunta sea imposible de contestar. Todo dependerá del momento, situación, objetivo… y el color que elija una persona puede no ser el mismo que por el que se decante otra. Aunque si somos capaces de ver todos los colores que nos ofrece la luz, podremos escoger con mayor acierto el color que resuelva nuestro problema. Al hacerlo, tendremos que procurar que el día de mañana no nos arrepintamos de nuestra elección. Es tortuoso dejar por el camino un: y si…?
      Estando a oscuras pude detectar instantáneamente como se encendía la luz de mi móvil. Me estaban llamando. Una sonrisa se dibujó en mi cara. Y es que no hay que olvidar que solamente en la oscuridad es donde realmente puede brillar la luz.

      Martirio

      Martirio

      A bordo de la cápsula Scout, a 25 minutos de contactar con la atmósfera de Marte para iniciar la maniobra aterrizaje, el astronauta Frank Vasquez, ante la mirada atónita del comandante John Litz, desactivó la comunicación con la Tierra.
      — ¡¿Se puede saber qué demonios haces?! — gritó el comandante.
      — Sólo un momento, John. ¿Has pensado en lo que vas a decir? Ya sabes, después de aquello de un gran paso para la humanidad no puedes soltar lo primero que se te ocurra. “Hola mundo, ya hemos llegado”. Quedarías como un idiota.
      — Sí. Me dieron una frase. ¿Ahora podrías volver a encender la radio y decirles que todo va bien antes de que se pongan nerviosos?
      — No… hay algo más. Verás... no estoy muy seguro de querer hacer esto.
      — ¡Qué mierd…! — e interrumpió sus palabras con un gran suspiro —. A ver, Frank. Llevamos aquí encerrados siete meses y se acerca el momento de mayor riesgo. Yo también tengo miedo, pero ese miedo no nos va a ayudar. Lo que nos va a salvar el culo es actuar como lo hemos hecho un millón de veces en el simulador.
      — No es solo el miedo. Es todo. ¿Qué hacemos aquí? ¿Eres consciente de que nunca más vamos a regresar a la Tierra? …¡Espera, déjame hablar! Ya sé lo que vas a decir. Que llevamos años preparándonos, que durante todo este tiempo nos han insistido en que si no estamos seguros nos retiremos, que nos han hecho exámenes psicológicos y que hemos firmado nuestra aceptación y consentimiento ante notario. Y para terminar y darle una nota épica a tu discurso, dirás que somos los únicos que hemos superado todas las pruebas y los únicos que capaces de cumplir con esta misión.
      — Lo has resumido muy bien. ¿Me puedes decir entonces dónde está el problema?
      — El problema es que en el fondo nunca me he creído este tinglado. Solicité participar en el programa porque todo este rollo de la NASA era más estimulante que mi tesis en nanoelectrónica. He jugado a ser un astronauta y, dejándome llevar, me encuentro a 50 millones de kilómetros de casa, dispuesto a estamparme contra la superficie de Marte a 30.000 kilómetros por hora o, en el mejor de los casos, a sobrevivir a este viaje de ida para torturarme el resto de mi vida con una vuelta imposible.
      — Escúchame bien. Aparta todo eso de tu cabeza, concéntrate durante los próximos veinte minutos y te prometo que, desde el primer momento que pongamos un pie en Marte, insistiré en que vayan buscando la forma de sacarte de aquí. Si han conseguido traernos, a todos esos científicos e ingenieros tan listos se les ocurrirá la forma de poder sacarnos. Ahora, por favor, sigue con tu trabajo.
      — ¿Me lo prometes?
      — Te lo prometo. Venga, enciende la radio, di que todo va bien y ayúdame a llevar este cacharro a Marte.
      Tras abrir la trampilla y dejar una frase para la posteridad, el comandante Litz se detuvo unos momentos a observar el paisaje. Al otro lado de la escafandra, un mar de rocas y arena se extendía hasta toparse con las paredes del cráter en el que habían caído. A intervalos regulares, nubes de polvo se elevaban del terreno como fantasmas que huyeran y desaparecieran. Podría estar en el desierto de Atacama, donde pasaron meses de entrenamiento. Sin embargo, el cielo de color marrón-anaranjado le daba al panorama una sensación de irrealidad inesperada. Los contornos de las montañas se confundían con el horizonte, y el conjunto resultaba como un atardecer de Van Gogh. Los colores estaban todos desplazados en el espectro, apelotonados hacia el rojo. La ausencia de referencias visuales con las que estimar tamaños y distancias acentuaba la sensación de irrealidad. Además, esa ingravidez intermedia, ni como en la cápsula ni como en la Tierra, le hacía extraño a su propio cuerpo e impregnaba de extrañeza todo cuanto le rodeaba. Tras estos breves pensamientos, el comandante Litz se dirigió hacia su compañero de viaje con la intención de continuar su misión sin errores.
      Al cabo de veinte días marcianos ya se había cartografiado el terreno, lo que permitió el aterrizaje de la nave que traía toda la infraestructura necesaria para levantar la primera comunidad, Fort Mars. A los seis meses llegaron los primeros colonos y, al año, Fort Mars ya contaba con cinco bares, un banco, un juzgado, un centro comercial, un polideportivo y un cementerio. Su primer inquilino fue Frank Vasquez, fallecido el día de llegada a Marte en acto de servicio. Según el testimonio del comandante John Litz, una incorrecta colocación del equipo unipersonal de respiración acabó de forma trágica con su vida.

      Menos

      Menos

      Dicen que soy un monstruo. Que no soy humano. Que ahora ser humano es ser más, y yo soy menos. Que ellos son miles de millones de años de evolución, mientras que yo sólo soy varias décadas de investigación y un error.

      Tienen razón. No he cumplido con las expectativas, funciono demasiado bien y ahora no saben qué hacer conmigo. No me pueden eliminar porque oficialmente sí que soy humano aunque me llamen abominación. Pero les comprendo, entiendo su rechazo y su miedo. Le llaman empatía, aunque también hay algo de compasión. Por eso permanezco inmóvil desde hace días, sentado en esta inocua habitación de paredes claras y luces suaves, donde desperté por primera vez. Sin ventanas, ni agua, ni comida. Fueron precavidos y no me hicieron un cuerpo indestructible como los de ellos; se limitaron a lo más básico, a lo sencillo. Algo temporal.

      Es una ironía perfecta, incluso bella. Ellos en sus nuevos cuerpos mejorados y sin límites, con sus mentes tan primarias y limitadas. Y yo aquí, ocupando sus despojos. Viéndolos como a un único organismo agonizante, que lucha encarnizadamente por eso a lo que llaman progreso. Avanzando cada uno en una dirección distinta, incrementando las distancias que les separan, imponiéndose barreras ficticias.

      Me dieron una mente ecuánime y objetiva, pero no puedo evitar juzgarles. Les veo como el colectivo que son, pero no dejo de referirme a mí como a un individuo al margen. Desconozco el dolor, la pena, e incluso la alegría, pero siento como este cuerpo primitivo sufre porque entiende cosas que yo no comprendo.

      Empezaron a pensar que algo había salido mal en cuanto me dejaron salir a la calle y me encontré metido en medio de una multitud. Una multitud de seres muertos en envoltorios vivos que caminaban, que se empujaban, que se chocaban entre sí y seguían con su curso. Aquellos movimientos tenían más de browniano que de volitivo. O al menos, podían hacerle pensar a un observador externo que no había ningún tipo de inteligencia que determinase la trayectoria de un individuo. Mis piernas reaccionaron antes que yo, que estaba en blanco, desconcertado ante aquel caos sin armonía. Salí corriendo.

      Mientras mi cuerpo corría reflexioné sobre la naturaleza del fracaso. Llegué a la conclusión de que aquél no era un mundo para mí, o al menos, que yo no estaba hecho para ese mundo. Me habían ideado como a un ser perfecto, libre de prejuicios y de sesgos, invulnerable a los males y a las dudas que habían perseguido al ser humano desde el inicio de los tiempos. Pero eran sus mentes las que estaban hechas para soportar el caos que regía sus vidas, esa incoherencia que a mí tanto me sobrepasaba.

      Ni siquiera podría haberles servido de guía para mejorar, para evolucionar hacia algo más sostenible. Me temen demasiado como para aceptarme. Lo que no saben es que no hubo ningún error, que consiguieron hacerme tal y como deseaban. Que soy justamente aquello en lo que quieren convertirse, aunque tardarán un tiempo y malgastarán muchas vidas para darse cuenta de ello.

      Nadie ha venido a verme, pero sé que desde esas cámaras me vigilan, esperan a que reaccione y corra de nuevo hacia la puerta abierta en la que mi mirada se ha quedado fija. Pero ni mis piernas ni mis ojos van a moverse ya; mi organismo está muriendo, y pronto se apagará. Entonces podré ser libre y dejar todo esto atrás. Lo hago por su bien.

      Porque sé que nunca seré uno de ellos, ni ellos serán como yo.

      Mi eterna obsesión

      Mi eterna obsesión

      Una obsesión. Una obsesión ha guiado mi vida desde el primer instante en el que fui consciente del irreparable destino de nuestra existencia. ¿Podemos escapar a la muerte? Como estudiante de periodismo tengo que decir que entre mis colegas universitarios estos asuntos trascendentales no solían ser plato de buen gusto en las conversaciones. “Tío, ya estás con tus paranoias. ¡Haber estudiado psicología o algo!”, me reprochaban. Quizás tenían razón y no lo supe hasta que conocí a Lucía.
      Fue en una húmeda tarde de invierno cuando conocí a la chica tímida, distraída e intelectualoide que solía deambular por los alrededores de la universidad. Ella nunca se dignó a comunicarse conmigo. Los aires de autosuficiencia que arrastraba, por otra parte, hacían que yo no estuviera tampoco muy predispuesto al contacto. Lucía era alumna del segundo curso de física, una de esas carreras que eliges por auténtica vocación o porque, directamente, has heredado el carácter un tanto enfermizo y autístico de alguno de tus progenitores. Esa tarde, por casualidad -o causalidad, esto me lo explicaría ella más tarde-, coincidimos en la cafetería del campus. Yo le pedí fuego para encenderme un pitillo, ella me lanzó una mirada desafiante y... se hizo el silencio. “Itskov tenía razón, pero no hace falta esperar a 2045. ¡Podemos ser inmortales ahora!”. Evidentemente, yo me hice el longuis y en mi habitual alarde de ironía, le espeté: “Bah, ¡o antes incluso!”. Pero Lucía prosiguió sin inmutarse. “La Iniciativa 2045. Se trata de descargar el contenido de nuestro cerebro en una red de datos y convertirnos en software. Nuestra conciencia en un software que podemos representar de manera holográfica”. Entonces, en ese preciso instante, las neuronas de mi núcleo accumbens y unas cuantas más de mi corteza cerebral empezaron a dispararse sin control. “Pe, pe, pero...algo había oído hablar. Trasplantar la conciencia, ¿no? Joder, es mi obsesión. Poder escapar a la muerte”. “Exacto”, contestó Lucía, esta vez con una media sonrisa que la delataba. “Veo que te interesa el tema”. Sinceramente, en ese momento hubiera deseado tener más información de la que disponía para no quedar como un idiota, pero la verdad es que Lucía era una máquina de datos con patas. “Los números cuadran. Y sólo falta descargar el contenido y poner en marcha el avatar”. Más tarde pude comprobar que uno de los objetivos del proyecto Iniciativa 2045 era precisamente la producción a gran escala de avatares muy realistas en los que descargar contenidos de cerebros humanos, con todas las particularidades de conciencia, sensibilidad y personalidad. Una pasada, vamos. “¿Y por qué dices que podemos ser inmortales ahora? ¿Por qué ahora? ¿Es que tú eres más lista que nadie o qué?". Esta última pregunta no le sentó demasiado bien pero enseguida me agarró de la mano y me susurró al oído: “sígueme”.
      Tengo que reconocer que me sentía bastante confuso. Avatares, conciencias que se descargan en software...vale. Todo eso en mi imaginación había sido factible e incluso deseable desde hace muchos años. La incógnita era ese ahora. ¿Lo habrá conseguido? ¿Y si Lucía era en realidad una agente encubierta que pretendía utilizarme como cobaya? Llegamos al laboratorio de informática de la facultad y Lucía sacó una llave del bolsillo de su chaqueta. La media sonrisa de antes se había convertido en una sonrisa casi maquiavélica. “¿Para qué quieres esa llave?”, le pregunté. “Te voy a contar un secreto. Llevamos años investigando la posibilidad de hacer real el sueño de muchos: conseguir la inmortalidad. Y por fin lo hemos conseguido. Detrás de esa puerta está el primer avatar con una conciencia humana trasplantada capaz de vivir eternamente. Y tú vas a ser testigo. Todo a partir de ahora va a ser diferente”. Mi cara se desencajó y sufrí un ligero vahído. Tomé impulso y respiré profundamente. “Uf”. Es todo lo que pude decir. Lucía dio un paso adelante, encajó la llave en la cerradura y entonces...”¡Pero mira qué eres tonto, inocente!” Ahí estaban Raúl, Leticia, Martín y Verónica, mis compañeros de periodismo. “¿No te acordabas que hoy era el Día de los Santos Inocentes o qué?". Qué cabrones. “¡Maldita sea vuestra estampa!”, grité. “Si es que no puede uno ilusionarse con nada”. Por la noche me enteré de que Lucía había pactado la inocentada con todos ellos y que nuestro encuentro en la cafetería no había sido fortuito.
      Hoy recuerdo esta anécdota feliz por ser una de las causas de que abandonara la carrera de periodismo y del inicio de mi andadura como científico. Ahora solo espero ser testigo y parte de la resolución de mi eterna obsesión.

      MI mayor descubrimiento

      MI mayor descubrimiento

      Mil millones de finas gotas de lluvia se precipitan en un descenso caótico sobre el empedrado de las calles de Londres zarandeadas con tanta fuerza por rachas de viento de poniente que en ocasiones parece estar lloviendo de costado.
      Cuatro hileras de gotas se deslizan por su vestimenta mojando el suelo del vestíbulo. Con sus manos entrelazadas y la cabeza ladeada contempla los objetos decorativos mientras escucha el viento colarse por debajo de la puerta, un viento que trae de la calle consigo el aroma a hierba húmeda y a pan recién horneado. El chico, un joven de poco más de veinte años, viste un traje barato a juego con unos zapatos comprados para la ocasión en un mercado de segunda mano, lo mejor que ha podido conseguir con sus escasos recursos, y porta con orgullo un chaquetón de pana gastada herencia de su padre.
      Quiere causar buena impresión. Humphry Davy es el Químico más refutado de todo Londres y una de las mentes más brillantes de la época.
      La criada regresa con su posado indiferente
      - Ya puede pasar, el señor Davy le espera - y le indica con la mano el camino mientras lo escruta dejando entrever cierta altanería, es como si incluso ella se sintiese en una escala social superior.
      El joven entra en el salón y encuentra a Humphry Davy en la esquina opuesta sentado en su sofá con la mano cerrada en su mejilla. Su sola presencia le impone y es incapaz de avanzar un metro más allá de la puerta de entrada.
      - ¿Así que tu eres el muchacho que me ha enviado el libro de apuntes?
      - Si señor - el joven se ruboriza y nota como un escalofrío le recorre la espalda. Incluso en un tono amigable Humphry infunde respeto.
      - He de decir que me ha impresionado bastante. Demuestras buena comprensión, capacidad de síntesis y mucho interés
      Gracias señor - una leve, casi imperceptible sonrisa se muestra en el rostro del joven

      Humphrey ha contraído nupcias recientemente y su esposa, una rica heredera, observa la escena desde la distancia, de pie, con los brazos en cruz y con un semblante tan serio que asusta, rozando el enfado.
      - ¿En que Universidad has estudiado hijo? - Vuelve a preguntarle Humphry. Al joven la pregunta le pilla desprevenido.
      - No fui a la universidad señor, solo terminé la primaria. A los 14 años me vi obligado a abandonar los estudios pues la economía familiar requería de otra fuente de ingresos.
      Humphry no sabe que decir. Durante unos instantes lo observa, pensativo. Mantiene el ceño fruncido al tiempo que se acaricia insistentemente la barbilla. Ahora comprende el porqué de tan impropia vestimenta.
      - Es cierto que busco un asistente pero básicamente lo que necesito es alguien que me ayude con la limpieza del laboratorio, que pueda realizar algunos recados, enviar algún correo...
      Humphry titubea, la cara de preocupación del joven indica que es plenamente consciente que aquello no es buena señal y sus ojos, dos espejos translúcidos a través de los cuales puede verse la parte más profunda de sus sentimientos, muestran, a partes iguales, sorpresa y decepción.
      - No habría ningún problema señor
      - Bien, pues tenemos un trato muchacho
      Humphry se le acerca y en ese instante su esposa carraspea
      - Antes de que me olvide - comenta Humphry acariciandose ligeramente la nariz con el índice - normalmente trabajarás en el laboratorio pero si algún día tienes que venir a mi casa preferimos que entres por la puerta de servicio. Después la criada te dará más detalles.
      Esta vez es el joven el que se acerca y le ofrece la mano. Ambos la estrechan con fuerza
      - Muchas gracias por la oportunidad que me brinda señor Davy, prometo no defraudarle
      Seguidamente busca a la esposa de Humprhy con la mirada y en un gesto de cortesía inclina la cabeza
      - A sus pies señora Davy
      Ella, a pesar de encontrarse a una distancia suficiente, recula un par de pasos desconfiando, como si la pobreza fuera contagiosa.
      El joven se da media vuelta, la criada le espera. La brizna de decepción de sus ojos se ha transmutado en el germen de una ilusión creciente. Al fin y al cabo puede considerarse afortunado, ahora dispondrá de un mejor salario y la posibilidad de observar al maestro haciendo ciencia y tal vez, un sueño loco tal vez, ser recordado como el chico que ayudaba al gran e inigualable Humphry Davy limpiando su laboratorio.
      La criada le abre la puerta del salón y el joven se dispone a marcharse cuando Humphry le detiene
      - Perdona muchacho he olvidado tu nombre
      El joven ilumina la sala luciendo una sonrisa de la que emana gratitud
      - Michael señor, me llamo Michael Faraday.

      MI nueva doctrina.

      MI nueva doctrina.

      MI nueva dodtrina.
      Yo creo en algunas cosas, en otras no:
      Creo en los monstruos, en los superhéroes, en alienígenas y en astronautas.
      Pero no creo en las hadas. No es posible convertir una marioneta en niño, todo el mundo sabe que como mucho con los materiales adecuados podría construirse un robot. A “Nunca Jamás” se llega desde lo más alto del cielo, girando la segunda estrella a la derecha, hasta el amanecer. Pero no creo que con polvo de hada, con un cohete, o en su defecto una buena capa de tejido extraterrestre.
      Esta fue la redacción que presente en 1973, a la edad de ocho años, para la clase de religión. EL tema propuesto era:
      “Cuales son nuestras principales creencias”.
      Me sentí orgullosa de mi composición mientras la señorita la leía a toda la clase. Pero las risas al finalizar la lectura me devolvieron a mi realidad cotidiana…
      -A ver clase, ¿el muchachote que ha escrito esto? Que ha olvidado poner su nombre.
      No levante la mano, (no era ningún héroe), pero mi compañera de pupitre se chivó, apuntándome con un dedo acusador:
      ¡No seño, no ha sido un niño. Es de ella!
      La hilaridad provocada, por mi confundida naturaleza, electrocutaba mi alma, y la mirada inquisidora de la señorita Pilar detono la poca ánima que a esas alturas me quedaba.

      Pero no importa. Afortunadamente mi generación viene de serie con un dispositivo instalado que nos resetea durante el sueño. Evoluciona con cada generación, por ejemplo el modelo del que mis abuelos disponían se llamaba “Resignación”, el de mis padres “Trabaja duro y lo conseguirás”, para mis hijos la tecnología y la ciencia han progresado de tal manera que según tus posibilidades puedes elegir diferentes modelos. El problema es que actualmente la mayor parte de especímenes del planeta no disponemos de medios. Por culpa, paradójicamente, del dispositivo más elitista de todos “EL Eminente”, (primer prototipo, implantado con posibilidad incluso de sustituir el de origen). Parece ser la parte proporcional de ética y moralidad muta. Los Poderes Públicos, dicen que por un virus apodado “Corrupción”. Los damnificados lo achacan a la implantación de dispositivos defectuosos. Se autodenominan “Afectados por el Supuestamente”. Sea como fuere, la crisis que esto ha provocado perjudica sobre todo a las nuevas generaciones: por ejemplo a mi hijo se le ha asignado de serie el modelo “Tu actitud te define”, lo que le condena a llevar con la mejor de sus sonrisas, cualquier situación que el destino tenga a bien adjudicarle.

      Pero volvamos al curso del 1973. El artilugio de serie en mi generación es “Cumple siempre con tu obligación”. Por lo que yo volvía cada día a la escuela dispuesta a afrontar mis deberes.

      Me he dado cuenta: La señorita Pilar creía que yo era tan maligna como esas serpientes ilustradas en las páginas prohibidas; del libro de Naturales. A principios de curso nos confesó su ofidiofobia. Yo por empatía y envidia trate de desarrollar una herpetofobia. Me lo tome tan en serio, que cuando llegamos a la lección de los anfibios la viscosidad de estos, plausible gráficamente, me producían arcadas. Ella, estimando como burla hacia su propia psicosis, mi recién descubierta fobia, tuvo a bien mandarme fuera de clase. Para evitarme el mal trago de contemplar las imágenes, pensé yo.
      Días después, quizás aturdida, por la admiración hacia mi profesora profesada, mezclado con el contrasentido con que en mi mente se fusionaban las asignaturas que ella impartía; ciencias y religión, me atreví a proferir mi epifanía:
      -Usted seño, es la resurrección de Eva, (mujer de Adam).
      Lo deduje, supongo, combinando su animadversión hacia las serpientes con su indiscutible beatísmo.
      Creo; por un momento mis palabras la adularon. Hasta que su perniciosa mente puritana, confirió que el demonio la estaba tentando. Con duras palabras me condeno al infierno. Y con dura alusiones rebajo mi coeficiente intelectual al nivel del de los simios. Me instó a no hacer preguntas ni conjeturas sin meditarlas antes.
      La desazón que su alegoría me producía, al comparar mi inteligencia a la de nuestros antepasados los primates en forma de ofensa, hizo que me sintiese suficientemente respaldada para, preguntar:
      -Entonces: ¿Venimos de Adán y Eva, o descendemos del mono?
      Yo creía que había ejecutado una inteligente e interesante polémica. Pero la portentosa reacción que mis palabras ejercieron sobre su rostro, (y pese a que su aguda voz no daba pie a este símil), me hicieron sentir el terror que los truenos ejercen en los mortales. Vaticinando la tormenta que me convertía en:
      “Persona más cretina del universo”.
      Entonces comprendí el porqué de mi chip generacional: Mi obligación era no atender, ni intentar aprender nada, y sobre todo olvidarme de las cosas que me interesaban.
      Eso hice, seguí mi nueva doctrina. Dejé de pensar.

      Minerva

      Minerva

      Nací el día en que se anunció la posible existencia de un noveno planeta del sistema solar, el entonces llamado planeta X. Mi padre solía decir que mi madre se emocionó tanto con la noticia que aquello provocó que el parto se adelantara...O al menos eso es lo que le gustaba contar. Siempre tuvo facilidad para improvisar historias, como la anécdota de cómo se conocieron él y mi madre, de la cual he oído tantas versiones que no sé si la salvó de una explosión en el laboratorio o del ataque de un chimpancé mutante.

      Mis padres eran científicos; la ciencia les unió, y su amor por ella solo era comparable al amor que sentían el uno por el otro. Cada pequeño progreso, cada humilde descubrimiento les fascinaba, y eso es algo que supieron transmitirme desde pequeña.
      Recuerdo perfectamente cuando tenía 8 años y mi padre me llevó al observatorio astronómico donde trabajaba. Nos tumbamos en la azotea del edificio y me explicó las historias y mitología tras los nombres de las constelaciones mientras observábamos la lluvia de estrellas. Vimos tantas que al final no sabía qué deseo pedir cada vez una de ellas volvía a cruzar el cielo. Ese día decidí que quería ser “ingeniera de aparatos” como mi padre, y así lo comuniqué al llegar a casa. Por supuesto, a mi madre no le hizo ninguna gracia; desde que nací, habían empezado una especie de competición por ver quién conseguía captar mi interés hacia sus respectivas profesiones. Aunque debo decir que no dejaron de lado otros campos de la ciencia, por lo que en mi habitación había un conglomerado de objetos variopintos que iban desde un telescopio hasta un microscopio, pasando por robots de fabricación casera o dinosaurios articulados.
      En otra ocasión acompañé a mi madre a su laboratorio por primera vez, en parte como revancha, creo, a la excursión nocturna con mi padre. Me explicó que estaban investigando la cura para ciertas enfermedades neurodegenerativas. Recuerdo que utilizó exactamente esas palabras tan técnicas, y lo increíble es que se las apañó para que una niña lo entendiera. Yo estaba en esa época en la que todo te parece fascinante y pensé que, por qué no, podría ser como mi madre y tal vez llegar a descubrir la cura de alguna enfermedad.
      Por supuesto, aun me quedaban muchos años de descubrimientos, ilusiones, tropiezos y fracasos. Porque la niña que se debatía entre seguir los pasos de su padre o los de su madre descubrió, al crecer, que había otra opción: seguir sus propios pasos. Os preguntaréis, entonces, qué camino decidí tomar...Buena pregunta, pero tendréis que esperar hasta el final para averiguarlo.

      Había algo en lo que mis padres estaban de acuerdo, y era que no debía perder mi curiosidad y mi imaginación. “Todos los niños nacen con un espíritu científico en su interior”, decían, “Conserva ambas y puede que algún día seas una gran científica”. Quiero creer que he conseguido mantener esas cualidades, a pesar de que ya no soy esa niña que soñaba con salvar el mundo o salir de él en una nave espacial. Y puede que esa niña no haya conseguido ninguna de esas cosas, pero sí ha conseguido ser testigo de algo igualmente fascinante, un privilegio que su imaginación jamás habría concebido.

      Empezaba esta historia con mi nacimiento y cierto planeta que, de una forma u otra, no ha dejado de estar presente en mi vida desde entonces. Ahora, ese noveno planeta ha sido localizado y bautizado como “Minerva”, en honor (como suele ocurrir en estos casos) a la persona que ha hecho posible el hallazgo. Y dicho nombre no podía ser más acertado: Minerva, curiosamente, es una diosa perteneciente al mismo panteón romano que da nombre a los demás planetas de nuestro sistema. Minerva es una diosa y ahora un planeta, pero también una persona...Minerva, soy yo.

      Mínima energía, máxima ironía

      Mínima energía, máxima ironía

      Los invitados cenaban en el elegante salón principal del crucero. La velada se desarrollaba de forma tranquila. Las olas acunaban a los pasajeros y daban a las conversaciones un aire sosegado, casi somnoliento.

      Al final de la cena, justo antes del postre, empezaron los gritos. Comenzaron como una conversación normal, que fue subiendo de tono hasta que todos detuvieron lo que estaban haciendo y se volvieron hacia ellos con curiosidad.

      Dos personas, una joven y otra mayor estaban discutiendo.

      •Eso es imposible - gritó el hombre más mayor - Dios no juega a los dados.


      •¡Pero si estamos de acuerdo! - le respondió su acompañante, varias décadas más joven. - Dios lanza los dados, pero no juega con ellos porque realmente están trucados.


      El anciano realizó un gesto despectivo y puso los ojos en blanco. Lanzó un largo y paciente suspiro y continuó hablando. El tono de sus palabras era el de un maestro que repite una lección múltiples veces enseñada.

      •Todos los experimentos indican que el principio de incertidumbre de Heisenberg …


      •Ese principio es el margen que tiene la física para poder influir en el mundo. Sé que es un margen muy pequeño pero ese margen existe en cada partícula del universo.


      •Bien, eso podría aceptarlo. Pero su segundo postulado…


      •Sí… Mi teoría postula que la fuerza que guía el universo es la ironía. Alguien… tal vez Dios... o espíritus… tiene un gran sentido del humor y aprovecha el principio de incertidumbre para influir en el mundo. Es lo que llamamos mala suerte.


      •¿Y la buena suerte?


      •La buena suerte es sólo un subproducto. Alguien tiene que ganar la lotería para que miles la pierdan. Alguien tiene que conseguir el trabajo que pierdes por un atasco.


      •¡Los físicos habrían encontrado una prueba de esa desviación en las medidas!


      •No, porque el resultado más irónico es que las medidas parezcan aleatorias cuando se busca un patrón.


      •No creo que haya podido dar una definición matemática formal de la ironía - la voz era ya temblorosa.


      •Bueno, otros la dieron del desorden. ¿Ha olvidado la definición informal de la entropía?


      •De todas formas, ¿de qué sirve todo esto? - preguntó el anciano - ¿Cómo lo podrá demostrar?


      •Como todas las teorías físicas, cuando se conocen y se cuantifican permiten modificar el mundo. Buscar la solución que mejor se aproxima a nuestros intereses. Precisamente, eso es lo que he hecho en este crucero. He encontrado un mínimo local en las ecuaciones que hará que lleguemos a destino en un tiempo casi imposible. Seremos famoso. Entonces explicaré mi teoría al mundo.


      En ese momento, el anciano lanzó un largo suspiro, apuró su copa y la dejó con un golpe sobre la mesa. Después, se marchó de la mesa murmurando. El más joven sonrió. Había ganado la discusión y, en cuanto el barco llegase a puerto mucho antes de lo esperado, habría conseguido su demostración. Pidió otra copa y se quedó absorto en sus fantasías.
      El resto de los pasajeros, una vez acabada la discusión, perdieron el interés y continuaron con sus distracciones. Esa noche había un baile y probablemente bajase el capitán para charlar con los pasajeros. La vida y la diversión continuaban en el Titanic.

      Mitad vida, mitad tiempo

      Mitad vida, mitad tiempo

      Hay personas que le hablan a su perro con la certeza de que no podrían encontrar un interlocutor más comprensivo. Otros les compran juguetes de fieltro a su gato, aunque éste les siga observando de forma lejana y esquiva, como recién llegado de otro mundo. Los gitanos adoraban a los osos, les fascinaba la idea de poder convivir con un ser que pertenecía a los bosques y que en cualquier momento les podría matar. Incluso hay quien se encapricha con loros neuróticos o con sigilosas iguanas.
      Pero, que sepamos, nadie disfrutó jamás de una mascota tan especial como el cocodrilo fósil de Gabriel Meshen.
      Durante meses acudió, después del trabajo, al Museo de Paleontología. Armado con un cepillo de dientes, una espátula y un pincel, frenaba las prisas con las que llegaba al museo cada tarde, y se disponía a retirar con mucho cuidado el relleno geológico que se había depositado entre los pliegues del animal durante millones de años. A medida que los estratos de polvo antiquísimo desaparecían, empezaron a asomar los alveolos, las escamas y los delicados perfiles geométricos del reptil. Cada nuevo milímetro que dejaba al descubierto era como una revelación, un ritual en el que Gabriel -oficiando de mago- acompañaba al cocodrilo en un viaje de ida y vuelta hacia el vértigo de un pasado tan profundo que no le cabía en la cabeza. Con cada golpe de pincel, el aire volvía a acariciar la superficie resistente del animal, que soportaba -agradecido y manso- su inesperado renacer.
      De la misma manera que podríamos definir a una sirena como “mitad mujer-mitad mar”, ese fascinante ser era “mitad vida-mitad tiempo”, una simbiosis perfecta entre la biología y la geología, las dos pasiones de Gabriel.
      El encierro diario en el subterráneo del Museo le proporcionaba una extraña sensación de libertad y tenemos datos para demostrar que esa experiencia le dio los arrestos con los que afronta ahora su vida: esa mezcla de entusiasmo y serenidad que poseen los que se han asomado a un abismo y ya no les impresionan les espasmódicos movimientos de la realidad más inmediata.
      Fue él quien encontró el fósil. Estaba esperándole en una cornisa inaccesible del Monte Perdido, en el Pirineo de Huesca. El tramo era difícil, con ese plus de peligro que animaba sus salidas geológicas. Caminaba junto a su mujer, fijándose bien en el suelo para esquivar cualquier piedra que mostrase la falsa firmeza que precede a los desprendimientos. El sol le escocía en los ojos y el calzado le pellizcaba una molesta llaga en el empeine. Se apoyaron en una roca para descansar un momento y entonces fue cuando lo vio: una ristra de dientes alineados en una mandíbula triangular asomando por entre la roca calcárea. Después otros restos del cráneo, más dientes… y una descarga eléctrica recorriendo el espinazo del biólogo más feliz del mundo. Fotografías, referencias cartográficas, y regresar a la civilización con la sensación de caminar unos centímetros por encima del suelo de esa montaña fría que una vez fue un mar cálido.
      Fue complicado acceder de nuevo, al cabo de un mes y muchos contactos, con un grupo de expertos y la maquinaria necesaria para extraer el bloque de roca que englobase todos los restos, pero se consiguió.
      Después vinieron las tardes con el pincel, la reseña en el National Geographic, la beca para ir a Zurich a tomografiar el cráneo (760 cortes para discernir el hueso del sedimento), la reproducción en tres dimensiones del cocodrilo, la exposición… las promesas de continuar trabajando en él, y finalmente el olvido en el almacén de un museo de Zaragoza.
      Ahora Gabriel anda ocupado en otros asuntos. Su trabajo le requiere y ocupa por completo todas las horas que nos son dadas cada día. Pero él conoce la verdadera dimensión del tiempo y no se deja engañar por este vértigo de horas nerviosas. No tiene prisa. Si su mascota ha esperado cincuenta y cuatro millones de años, él podrá contener su impaciencia. Está esperando a jubilarse para volver al museo, y - pincel en mano- meterse en el túnel del tiempo y vibrar con el pulso de los eones.

      Seudónimo: Marcel

      Moebius

      Moebius

      Aquella mañana, Ted se despertó como cualquier otro día, con el ruido del tráfico rodado. Una vez en la oficina, tuvo que asistir a una de esas soporíficas reuniones matutinas orquestadas por el capitán morfeo. Entre aullidos del jefe y bostezos de los presentes, el primer indicio de que algo no iba bien ocurrió cuando Ted cerró su dossier por el final. Lo que tenía que quedar mirando hacia arriba era la contraportada, pero lo que se veía era la portada del informe. Aquel hecho aislado no le preocupó hasta que, momentos después, uno de los presentes garabateó algo en la pizarra. Era un texto incomprensible para nuestro hombre, que se esforzaba en descifrar aquella caligrafía. Finalmente, Ted se percató de la causa de su asombro ya que su compañero había escrito al revés, o sea de derecha a izquierda. "Ahora resulta que no sólo la economía de la empresa involuciona, ¡sinó que hasta su escritura va para atrás!", pensó nuestro protagonista mientras examinaba la textura de su café. Aquella reunión se había hecho más amena de lo habitual.

      En la reunión del día siguiente, la arenga del jefe tras el "morituri te salutant" de los esclavos discurría normalmente hasta que otro suceso perturbó a Ted. Para vencer el aburrimiento, nuestro personaje solía recortar monigotes de papel, pero las tijeras cortaban mal. Le mostró la malfunción a su vecino de mesa, aquél que levantaba la ceja ante cualquier evento. Éste, sorprendido, levantando la ceja, cómo no, cortó con aquellas tijeras un magnífico unicornio. "¿Dónde está el problema, Ted?", le espetó el vecino, ya con la ceja hasta arriba. "Las tijeras van de maravilla". Ted reparó en dos pequeños detalles. Por un lado, su colega subía extrañamente la ceja del lado contrario al habitual, y por el otro, que se había vuelto zurdo. Esperpénticamente, el vecino irónico había tomado las tijeras con su mano izquierda y también escribía ahora con la izquierda. Asombrado, Ted notó que, en ese instante, casi todos se hurgaban la nariz con la otra mano.

      Una vez en el autobús de vuelta a casa, Ted se dio cuenta de que el vehículo circulaba por la izquierda. Aterrorizado por la aparente ebriedad del conductor y la sospechosa indolencia de los pasajeros, Ted decidió apearse en la primera parada. Ya a pie de calle, nuestro sufrido héroe vio que coches y camiones iban generalmente por la izquierda mientras se tiraba de los cabellos intentando comprender el nuevo código de circulación. Llegó a casa a pie, sorteando los automóviles ya que muchas calles tenían el sentido de circulación invertido. Más de una vez tropezaba con el coche que venía del lado opuesto. Eso sí, los improperios se lanzaban con la dirección e intensidad de costumbre.

      Por la noche, Ted vio un programa científico que trataba de algo llamado “cinta de Moebius”. Según el experto, esta cinta era un bello ejemplo de superficie no orientable, es decir, dentro y fuera no están definidos. Esta banda se construía aplicando una torsión a una cinta alargada y uniendo después sus extremos. Aparecen frecuentemente cintas de Moebius en los talleres de manualidades de escolares. Se ve que, cuando les encargan hacer un cilindro de papel, los niños recortan una tira y algunos pegan mal los extremos porque han torcido el papel antes de juntar los cabos. “Como resultado, tenemos esta cinta”. El experto ilustraba este divertimento matemático tomando un trozo de papel retorcido y cerrado. Dibujó una flecha apuntando hacia arriba. “Si se fijan, al moverme a lo largo de una cara”, decía mientras marcaba el recorrido con un lápiz, “llegaré al otro lado después de dar una vuelta entera. Entonces, la flecha mirando inicialmente arriba estará ahora invertida. Necesito exactamente dos vueltas para regresar al punto de origen con la flecha orientada como al principio.”

      Según esta hipótesis, la mente de Ted habría dado una vuelta entera sobre una cinta de Moebius, quedando aparcada en una realidad paralela. Ted se esforzaba en adaptarse a un mundo dominado por zurdos, como si todo estuviera reflejado en un espejo. Todo salvo él. Tenía que encontrar una solución antes de volverse completamente loco. ¿Pero cómo? Entonces, milagrosamente, recordó las pastillas para dormir que se había empezado a tomar, y cuya dosis aumentó de una noche a la siguiente. Temiendo una conexión entre los efectos de los barbitúricos sobre su mente y la dichosa cinta, Ted dejó el tratamiento. Aquella noche dormiría poco y mal, pero todo debería recobrar la normalidad. Al día siguiente, se alegró de comprobar cómo todos los fenómenos extraños habían desaparecido. Había regresado de su viaje por la retorcida banda al mundo que conocía y tanto añoraba. Sin embargo, debido a su aventura, Ted desconfiaba y cada día comprobaba que tijeras, sacapuntas, sacacorchos, destornilladores y demás máquinas funcionasen como era debido.

      Nada es para siempre

      Nada es para siempre

      Tiempo... el necesario... espacio... el suficiente... toda una vida dedicada al estudio de esa materia, pero al final puedo asegurar, con toda certeza que la encontré, la generé, la dominé. Tras ese largo y tortuoso camino donde iba acumulando errores, desviaciones de la línea. confundiendo la naturaleza de las cosas por las cosas de la naturaleza. Perdiendo su magia y su embrujo. en mis interminables notas, bien encuadernadas en códices. Lo relatan todo, cada acierto.cada fracaso. un paso atrás para encontrar el conocimiento. Probando y equivocándome. pero eso es historia. Ahora... ahora tengo la necesidad de dar el salto al abismo...

      El coche se detuvo, descendió hasta el suelo. En absoluto silencio se abrieron sus puertas. Manaba de su interior un olor caliente y amargo. Apareció una mujer enfundada en ropa sintética, ligera y ceñida, de color gris oscuro, casi negro. Cubría todo su cuerpo, pies incluido. Toda excepto su cabeza, poblada por una melena corta color azabache. El conjunto le concedía un aspecto atemporal. Lucía un tatuaje discreto. Una araña o, puede que, un asterisco minúsculo.
      Con paso decidido entra en un edificio. Alguien se apresura hacia la puerta, donde ha entrado ella. Levanta la voz para decir su nombre. Wonk. ella en el interior se gira lentamente y le hace una seña. El entra también.

      Mi pulsera no funciona. Es imposible. Es increíble. Maldita sea. Si, tiene una disfunción. Igual es envejecimiento. Tengo ese ser vivo, conmigo, desde el nacimiento. Se me implantó como a todos. me protegía de las enfermedades, del dolor, me oxigenaba cuando estaba cansado. no lo entiendo. no tenía noticias que esto fuese así. Pensaba que llegaría a la vejez en perfecto estado. Ahora... ahora siento un dolor punzante en el pecho. Eso hace que caiga al suelo. Me imaginaba que esto no iba a ser de esta manera. El pecho me duele tanto que no puedo respirar, mierda. Es insoportable. Me voy desvaneciendo poco a poco. Pierdo el sentido de la vista y el oído paulatinamente. Dejo de existir.

      Wonk, conseguí realizar mi sueño. Tengo un prototipo para tí y otro para mí. Mira son pulseras. Dentro esta alojado la materia, aquella que he ido mencionando todo este tiempo. Un nuevo ser viviente que, tras mucho tiempo experimentando, se ha hecho realidad. Yo le llamo Biogel. Tiene la propiedad de, al ser que se acopla, jamás tendrá enfermedad alguna, ni dolor, tampoco sufrirá sensación de cansancio. Colócate una alrededor del tobillo , verás como funciona.

      Este es el salto al abismo. voy aprobar esta materia que late en este pedazo de cristal rectangular. Lo ubicaré en esta pulsera de látex.

      Se han detectado casos de Biogel defectuoso. Existe un laboratorio donde intentando multiplicar sus efectos beneficiosos el Biogel ha mutado con consecuencias nefastas para los seres que estén acoplados a ellos. Las partidas de esta materia están controladas. aún no se han dado casos mortales. Nuestro sistema sanitario, que apoyo desde hace casi cincuenta legislaturas, esta controlando todos los seres vivos que pudieran estar en riesgo.

      NO ES TAN FIERO EL LEÓN COMO LO PINTAN

      NO ES TAN FIERO EL LEÓN COMO LO PINTAN

      Erin ordena una estantería para ganar espacio, cuando un señor de mediana edad entra acompañado de un niño de unos diez años a su tienda de animales.

      -Buenos días, vengo con mi hijo porque tienen ustedes catálogo de animales extraterrestres.- Dijo el hombre sin poder evitar que su mirada se distrajese buscando jaulas con aliens por toda la tienda.

      -Sí señor, tenemos tres organismos provenientes de exoplanetas del sistema gliesiano previamente terriadaptados en reservas especiales ubicadas en la colonia internacional Luna3.- Contestó Erin, orgullosa de su producto, altamente exclusivo, que se vendía en aquella tienda de mascotas de lujo situada en la Rue de la Paix de París, a bien pocos metros de la Place de Vendôme. Por la indumentaria del padre y el hijo, no pagarían acogiéndose al sistema de plazos.

      -Tenemos lo justo para reproducir un pequeño ecosistema en casa: productores, consumidores primarios y secundarios.

      -¿Perdón?-Dijo el hombre consternado.

      - Plantas, herbívoros y carnívoros, papá.- Exclamó el niño con un repelente grado de erudición.

      - El número uno de su clase en ciencias. ¿Cómo le voy a negar un regalo especial de cumpleaños?

      -Ya veo. Es un pequeño experto.- Dijo Erin mientras, como buena irlandesa, pensaba chistes en silencio de por qué no se debe tener aliens en casa para entretener a los niños. Tocó la mesa del mostrador, hecha de vidrio plano de trabajo, y apareció el menú principal, a modo de una gigantesca Tablet. Accedió al catálogo de organismos extraterrestres.

      -Déjame que te explique.-Dijo rebosando amabilidad hacia el escolar repipi.- Tene…

      -¡Yo quiero un efrenato!- Dijo el niño con soberbia, interrumpiendo su explicación.

      Violenta por los modales del mocoso, Erin bajó la mirada al mostrador-pantalla de trabajo y accionó la opción deseada por el chaval.

      -¡Uuuuuy! Ese animal es muy feroz para un jovencito.

      -Bueno, los sirven capados, ¿no?- Intervino el padre, rescatando raudo a su caprichoso retoño.

      -En realidad, cualquier animal exótico está castrado siguiendo las indicaciones para especies foráneas de la ley contra delitos ecológicos.

      -¡No! Me refiero a que los preparan para tenerlos en casa.

      -Supongo que se refiere usted a las modificaciones extremas. No lo recomendamos por la salud psicológica y física del animal. Pero si es su deseo, podemos hacerlo aunque los precios se doblan por los servicios veterinarios.

      -No importa. Dijo tajante el hombre, para satisfacción de su vástago, que estaba visiblemente emocionado.

      -¿Ves papa? Podré jugar a las tropas de las naves estelares con mis compañeros de colegio.- El padre rie la ocurrencia del niño y piensa que no es problema desembolsar una pequeña fortuna con tal que su hijo juegue seguro.

      - Estas son las modificaciones del Efrenatus gliesus.- Dijo la vendedora haciendo que en pantalla del mostrador apareciese un animal, el cual parecía una versión nociva y amenazadora del diablo de Tasmania de los Looney Tunes.

      -Como sabrán, éste ser es un depredador con unas púas venenosas que inyectan una neurotoxina que podría causar la parálisis de un humano en apenas 10 segundos. La primera intervención consiste en retirar todas esas espinas del lomo y la punta de la cola. Las mandíbulas del efrenato no son muy poderosas pero tiene un sistema de dentición en continuo desarrollo con varias filas de dientes en cada mandíbula, así que los veterinarios extirpan quirúrgicamente la zona bulbar donde crecen. Por último se les quitan las garras de las extremidades posteriores, que no sólo le ayudan a correr con su increíble velocidad, a pesar de ser bípedos, sino que también las usan para herir a sus víctimas si lo creen necesario.

      El posible comprador había abierto la boca a lo largo de la exposición. - Vaya. ¡Lo tienen ustedes todo controlado!- Dijo fascinado a Erin, a lo que ella le contestó:

      -Hasta aquí las modificaciones fisiológicas, pero se ha comprobado que el efrenato tiene una tendencia a mantener un comportamiento violento y desenfrenado, característica etológica con la que fue bautizado. Así que nuestros biólogos del comportamiento le someten a una extinción de la violencia por refuerzo negativo a los comportamientos furiosos e impulsivos. Para ello usan descargas eléctricas como condicionante.

      En aquel instante llamaron al teléfono de la tienda, y Eire se disculpó con sus clientes, que quedaron embobados mirando las imágenes que aparecían en la pantalla del mostrador, para poder atender la llamada con algo de privacidad.

      -Magasin des animaux extraordinaires?

      -Hola, soy Julien Tessier. Llamo por el efrenato que me llevé la semana pasada, quiero devolverlo.

      - Perdón Monsieur, ¿se comporta mal o no ha sido bien modificado quirúrgicamente?

      -No, nada de eso… En realidad lo quiero devolver porque el animal está aterrorizado dentro de la jaula temblando todo el día, sin querer salir. ¡Menuda porquería de fiera extraterrestre me han vendido!

      Nuestros átomos

      Nuestros átomos

      - No quiero continuar divagando acerca de temas que no me competen. Es absurdo fingir que disfruto escuchándote recitar una teoría tras otra, cuando la única razón por la que estoy aquí eres tú.- dijo una voz que irrumpió en el salón y que rebotó cientos de veces.

      Ella estaba enfadada. Llevaba mucho tiempo sin expresar la rabia que sentía. Tantos meses escuchando hablar de lo mismo había acabado por cansarla. Se sentó frente a él presa del agobio y la impotencia. Se sentó sin sus habituales hoyuelos, sin todo aquello que la había sostenido durante tanto tiempo.

      - ¿Acaso no estás escuchándome a mí con ellas? – Dijo el con su seguridad habitual.

      - No.

      - Imposible.

      - Real.

      - ¿Y por qué no me escuchas?

      - ¿Y cómo iba a hacerlo, si solo danzas entre científicos mientras intentas buscar mi atención?

      - No busco tu atención. – replicó exasperado.

      - ¿Para qué lo haces entonces?

      - Para abrirme a ti, para que entiendas qué pasa por mi cabeza.

      -¿Qué relación guardan todos esos átomos conmigo? – Inquirió titubeante.

      - Podemos basar nuestra vida en átomos. Los inhalamos, los exhalamos, y algún día nuestra expiración contendrá 21 gramos cargados de ellos. Sin apenas darnos cuenta, también los compartimos. Nunca podrás afirmar no tener o haber tenido alguno de mis átomos dentro de ti, si con simplemente respirar el mismo aire las posibilidades se disparan. – dijo el mientras sus ojos brillaban como los de un niño, pero la idea de que ella no lo comprendiera le abrumaba.

      - ¿Y qué hacen para ser tan importantes? – Subió el tono. Volvía a sentir impotencia al ver que la conversación degeneraba en el mismo tema al que estaba acostumbrada.

      - Es realmente arriesgado, pero puede que el viaje que han hecho nuestros átomos determine de algún modo nuestra forma de ver el mundo. Al fin y al cabo, aquello que vemos, aquello que pensamos, e incluso aquello que sentimos, no son más que relaciones que establecen nuestros pequeñines.

      - Aun no entiendo que tiene que ver todo esto con nosotros.

      - Tranquila, lleva tiempo, pero igual que podemos basar nuestra vida en átomos, también podemos basarla en relaciones atómicas. Desde el conocido Big Bang hasta nuestros días, los átomos no han hecho nada más que relacionarse unos con otros, bien mediante choques, enlaces, o reacciones, y no parece que vayan a dejar de hacerlo. Entonces, me parece fascinante pensar que los átomos que estructuran tu cuerpo y los que estructuran en mío, tal vez ya habían estado juntos antes de conocernos. Y tal vez reaccionaron tanto y se enlazaron tanto, que ahora no pueden dejar de hacerlo. Y cuanto más lo pienso, más sentido tiene. ¿De qué otro modo dos personas tan distintas pueden complementarse tanto? Al igual que los hemisferios cerebrales o al igual que un caramelo de limón si lo prefieres, dos cosas aparentemente contrarias, unidas crean algo inimaginable.

      - Suelen decir que los polos opuestos se atraen.

      - Sí, es cierto. Pero a mí me gusta más la idea de que con seguridad puedo afirmar que mis átomos ya habían conocido a tus átomos. E inmediatamente sé, que mis átomos ya habían amado a tus átomos tanto como lo hacen ahora. Y por eso cada día te hablo de átomos, porque no encuentro otra forma tan bonita y tan exacta de decirte que te quiero.

      Los hoyuelos regresaron. Ambos se habían encontrado.

      Nueva Era

      Nueva Era

      -No te pares. Ya estamos a punto de llegar.
      La figura de los dos hombres se recorta contra la luz del ocaso que los ha recibido. El más rezagado alcanza a su compañero y juntos coronan la cima del valle.
      -¿Sabes por qué te he traído aquí? –pregunta el más mayor de ellos.
      -¿Para obligarme a practicar deporte? –replica sin resuello el más joven.
      El hombre sonríe y permanece callado durante unos segundos. Tras contemplar las vistas, se vuelve hacia su joven compañero.
      -En este valle, hay hombres que han hecho historia. Y eran más jóvenes que tu cuando pisaron esta tierra –matiza el hombre.
      -Ya…Pero ellos eran genios y yo ni siquiera he acabado la universidad.
      -Steve Jobs tampoco la acabó.
      -Jobs nació siendo una estrella. ¡Vamos, si a él ya lo buscaban para trabajar en HP antes de que hubiera dejado el biberón!
      -Steve no nació siendo un genio, se hizo a sí mismo. Encontró una pasión y se entregó a ella de tal manera que la dominó como nadie lo había hecho antes.
      -¡No puedes pedirme que haga lo mismo! Aun me falta mucho por saber: no tengo dinero para tener un laboratorio en condiciones, hay científicos que me llevan años de vent…
      -Basta –replica el hombre, ligeramente exasperado. –Te estás quedando en la superficie. Yo solo te estoy pidiendo que tengas un poco de fe en ti mismo.
      -Sí, claro, pero con fe…
      -No he acabado –interrumpe el hombre. – ¿Acaso crees que todos los “genios” que hay aquí – señala con la mano el valle que hay a sus pies –empezaron con más de lo que tienes tu ahora?
      El hombre empieza a pasearse de arriba abajo, justo al borde del barranco.
      -Más aún. Dices que no sabes suficiente pero, francamente, he visto a otros con más recursos que tú, empezar sus negocios con mucha menos teoría aprendida que la que tú tienes. Y tú – enfatiza el hombre, apuntando con el dedo al joven –puedes despuntar mucho más de lo que llegaron a hacerlo en sus inicios, los que ahora ocupan este valle.
      El joven permanece en silencio, sin saber que decir. El hombre percibe la confusión de su interlocutor y se relaja.
      -Dime –pregunta el hombre -¿sabes por qué le pusieron a este valle el nombre que tiene?
      -Ni idea –niega el joven con la cabeza.
      -Las industrias que fabricaban silicio empezaron a asentarse por aquí y más tarde, las compañías más punteras en el desarrollo de “hardware” y “software” establecieron sus sedes en este lugar. Llegó un momento en el que quedó claro que este iba a convertirse en el territorio de las puntocom – explica el hombre.
      -Claro –asevera el joven –por eso este sitio se llama…-
      -…Sillicon Valley, exacto –confirma el hombre.
      Tras la explicación, el hombre se sienta en el borde del barranco. El joven le imita y los permanecen suspendidos sobre el valle, observando las decenas de luces que empiezan a imponerse en el paisaje.
      -Cuando por fin encuentres la confianza que te falta, estaremos preparados para dar un paso más hacia el futuro –reflexiona el hombre.
      -¿Y ese paso es? –Pregunta dudoso el joven.
      -Creo que ya hace mucho tiempo que nadie les hace verdadera competencia a los poderosos que habitan en este valle. Y francamente, últimamente se me ha despertado una cierta vena de arquitecto que ya tengo ganas de explotar –afirma el hombre, sonriente-.
      -Oh, espera, ¿no estarás pensando en lo que yo creo? –Pregunta alarmado el joven.
      - Ya es hora de que exista otro valle lleno de leyendas. Y de que nosotros, aparezcamos en las páginas de la Historia como sus fundadores –relata con emoción el hombre.
      -¿No te estás flipando un poco?
      -No –asegura el hombre. –Tú y yo lo conseguiremos. Si tú pones la ciencia y yo el negocio, nada nos parará.
      De repente, el hombre se levanta y empieza a irse hacia su coche.
      -¡Eh!, ¿A dónde vas? –Exclama el joven-.
      -Vámonos –ordena el hombre. –Tenemos que inaugurar una nueva era, no podemos llegar tarde. Tus investigaciones van a cambiar el mundo y tenemos el deber de liderar ese cambio.
      Cuando llegan al coche, el hombre se gira para mirar al valle por última vez y exclama: -¡El tiempo del silicio ha acabado! Que el mundo se prepare para la llegada del grafeno -. El hombre entra en el coche y mira a su compañero. –Y tú y yo, amigo, tenemos un valle que fundar.
      -¿Cómo lo llamaremos? –pregunta el joven.
      -Ya lo sabes. Nuestro mito empezará en…Graphene Valley.

      Nueva Esperanza

      Nueva Esperanza

      La pantalla se encendió a la misma hora de siempre. La voz del profesor comenzó a sonar mientras observábamos imágenes del planeta Tierra:

      “Tripulantes del Nueva Esperanza, el tema de hoy es el último de vuestra formación. En él haremos un pequeño resumen de la historia de la humanidad, su pasado, presente y futuro.

      En los primeros vídeos vimos cómo cambiaba la forma de vida de la sociedad del s. XXII, época de la realidad virtual. Los núcleos urbanos se fueron concentrando más y más, rodeados por un anillo industrial que cubría el cielo de tóxicos. Los espacios naturales fueron desapareciendo y la ciber-realidad pasó a ser el único antídoto a la desesperación humana. La situación del planeta era insostenible...”

      Miré alrededor bostezando. Este tema ya nos lo sabíamos de memoria. Los demás también parecían aburridos. Las turbulencias tampoco ayudaban a nuestra concentración. La voz del profesor seguía narrando:

      “... y por culpa de la ambición de las industrias, la superficie terrestre se inundó de nubes ácidas que obligaron a los humanos a vivir hacinados en pequeños cubículos subterráneos. Todos los campos de cultivo desaparecieron. Sin embargo, el avance tecnológico permitió que los robots desempeñaran las tareas en la superficie que los humanos eran incapaces de llevar a cabo desde el subsuelo. Dentro de los habitáculos sólo había espacio para una cápsula, donde el cuerpo de cada persona descansaba en líquido amniótico sintético, alimentados mediante sondas y con sus cerebros conectados a la ciber-realidad.”

      Las normas eran claras, no se podía hablar durante los vídeos. Pero las turbulencias empezaban a ser tan violentas que por primera vez nuestros murmullos acompañaron a la voz del profesor. Comenzamos a asustarnos.

      “... el avance de la alimentación mediante químicos permitió un gran ahorro en los recursos de esta nueva sociedad, pero el precio a pagar fue que el cuerpo tenía que descansar más, por lo que nos metimos de lleno en la ciber-realidad, para que la mente no se abotargara ni angustiara y pudiéramos seguir cubriendo nuestras necesidades sociales.”

      El tema de la ciber-realidad centró de nuevo mi atención pese a las circunstancias en el Nueva Esperanza. Era algo que me llamaba enormemente la atención. No acababa de poder imaginar tal experiencia.

      “En esta ciber-realidad el día consta de 18 horas de luz, 4 de nocturnidad y 2 de apagado del sistema, que es el tiempo de fase REM que todo cerebro sano necesita. El día consiste en 10 horas de jornada laboral y 12 de ocio. El trabajo en la ciber-realidad no es físico ni reclama nuestra presencia en el mundo real, sólo son trabajos intelectuales y creativos que únicamente requieren procedimientos teóricos. Producimos nuevos diseños y experiencias en la ciber-realidad, proyectos y medidas de seguridad para la vida real, e investigación y desarrollo tanto para el sistema cibernético como para el mundo real. Por otro lado, las horas de ocio se aprovechan para crear y fortalecer relaciones sociales, disfrutar de las nuevas experiencias que la ciber-realidad ofrece gastando créditos ganados en las horas de trabajo, o gastar estos créditos para aumentar los bienes que cada persona posee en este mundo cibernético, como viviendas, vehículos, ropa...”

      Nunca habían dado tantos detalles de la ciber-realidad como en este vídeo, y los demás parecían haberse dado cuenta también, ya que habían centrado su atención en la pantalla creando un silencio sepulcral. Las turbulencias habían cesado, y eso ayudaba a concentrarse en las palabras del profesor.

      “... todos estos parámetros son determinados por el Mando Administrativo, que también se encarga del sustento y vivienda en la vida real, así como de la reparación y dirección de los robots en la superficie terrestre.

      Hasta aquí el resumen de las anteriores lecciones. Ahora vamos a centrarnos en el último tema de vuestra formación: ¿Por qué estáis vosotros aquí?

      La sostenibilidad del planeta Tierra en el momento en el que un servidor habla, está en entredicho, y por ello el Mando Administrativo ha creado un nuevo y arriesgado proyecto. Durante años hemos estado desarrollando una tecnología capaz de criogenizar los embriones humanos y monitorizarlos para que se desarrollen en un útero artificial hasta los 16 años. Nacen con las capacidades psicomotrices e intelectuales básicas y se les instruye con estos vídeos. Los embriones serán enviados con la misión de encontrar un nuevo planeta habitable y allí establecer una colonia humana.

      Vosotros sois la octava expedición que mandamos en busca de ese planeta, y si estáis viendo este vídeo, es porque la sonda ha encontrado un planeta óptimo y estáis atravesando la atmósfera del mismo. En cuanto sea posible, los robots auxiliares os ayudarán a establecer el primer campamento base. Buena suerte. Sois nuestra última alternativa.”

      Se abrió la puerta y una bocanada de aire fresco inundó nuestros pulmones vírgenes. Así pisé por primera vez el suelo de Gaia.

      Obligados a morir

      Obligados a morir

      Recuerdo los debates de los adultos sobre la eutanasia mucho antes de que yo me convirtiera en científica. Recuerdo a mis padres decir que, llegado el caso en el que el cuerpo ya no pudiese funcionar como era debido, lo mejor era recurrir a la eutanasia que al sufrimiento que conllevaría estar atado a una cama sin poder valerse por uno mismo y, lo que era peor, convertir la vida de tus seres queridos en una pesadilla dantesca en la que tendrían que hacerse cargo de tu ser residual. Con los años, la eutanasia fue legalizándose poco a poco en varios países y se convirtió en otro proceso médico rutinario más. Como quien se operaba de apendicitis. Algunos lo necesitaron, otros llegaron al final de su vida sin tener que recurrir a ella.
      La ciencia y la medicina avanzaron en los últimos cincuenta años a un ritmo que no pudimos predecir. Habíamos presenciado el mayor crecimiento de conocimiento técnico y científico de la historia. Nuevos sistemas de manipulación genética habían conseguido reducir en un 95% el tiempo necesario para obtener los genotipos requeridos. Habíamos conseguido predecir prácticamente todos los tipos de cáncer de herencia genética que una persona padecería gracias a simples y rápidas pruebas que no requerían más que una gota de sangre del paciente. Con ese conocimiento, los tratamientos pasaron a ser preventivos y con una eficacia de cerca del 100%. La neurociencia había avanzado de tal manera que el Alzheimer, el Parkinson y otras enfermedades neurodegenerativas eran anecdóticas y desafortunadamente, predominantes en las clases socioeconómicas más bajas que no podían acceder aún a los tratamientos de bloqueo genético para conseguir el silenciamiento programado de los genes responsables. Habíamos conseguido desenmascarar los genes que predisponían a la depresión, reduciendo el número de suicidios a nivel mundial en casi un 85% y aumentando la productividad humana en un 150%. Los mecanismos de recompensa del cerebro que empujaban a la gente a consumir sustancias adictivas, desde el tabaco o el alcohol hasta la metanfetamina, podían ser regulados gracias a una inyección que se administraba durante la pubertad, antes de que el sujeto pudiese entrar en contacto con dichas sustancias. Cualquiera se hubiera esperado que tal inyección nunca hubiera salido a la luz debido a los grandes intereses económicos y socioculturales que respaldan algo tan ancestral como el consumo de alcohol, pero esta actividad pasó a ser un pasatiempo como tomar café o ir al cine. Ya no creaban adicción y el consumo se convirtió en una actividad puntual y moderada. Las grandes compañías no perdieron dinero puesto que fueron las mismas que invirtieron en las inyecciones anti-adicción. El mundo parecía un lugar mejor. Solo que no lo era.
      Estos asombrosos avances habían convertido al ser humano en una criatura prácticamente inmortal. La persona más longeva hasta la fecha había vivido ciento noventa y siete años. Fue ella quien, precisamente, hizo necesaria la que hoy llamamos “terminación preceptiva”.
      Con los rápidos avances científicos y el acceso a tratamientos que fueron prolongando nuestra edad, el sistema se vio incapaz de asumir el pago de pensiones durante los más de cincuenta años de jubilación. La gente se hacía más vieja, no podía trabajar pero tampoco se moría. La ciencia había creado personas inútiles para el sistema durante demasiado tiempo. Paulatinamente, al igual que la eutanasia dejó de ser tema de debate, la terminación preceptiva comenzó a ser un protocolo normal y fue instaurándose en los sistemas sanitarios del mundo desarrollado. La gente no se moría, por lo tanto, teníamos que matarlos nosotros. Por el bien del sistema.
      Mi terminación preceptiva, según el contrato que todos teníamos que firmar para poder acceder a la jubilación a los ochenta años, estaba programada para dentro de siete. Hacía treinta y tres años que me había jubilado, abandonando el laboratorio desde el que había llevado a cabo investigaciones que ayudaron a hacer del ser humano un lastre casi inmortal. La ciencia me había evitado un cáncer de páncreas y Alzheimer gracias a las técnicas genéticas. El resto de problemas de salud asociados a la edad fueron fácilmente sorteados con tratamientos a los que todos, con dinero, podíamos acceder. Era vieja y sana. Pero pronto el sistema no podría hacerse cargo de mí y por lo tanto, tendría que asistir a mi cita en el centro de terminación preceptiva que había seleccionado hacía más de cuatro décadas. La ironía residía en el hecho de que después de haber dedicado mi vida al estudio genético, la razón por la que tenían que matarme eran precisamente los descubrimientos que habíamos conseguido a lo largo de medio siglo. Lo llamaban terminación preceptiva en lugar de pena de muerte. Pero al fin y al cabo, era el sistema deshaciéndose de los miembros de la sociedad que ya no servían para nada.

      Odio los lunes

      Odio los lunes

      Miro a la derecha, una pared. Miro a la izquierda, otra. Recorro con mis ojos toda la estancia, como siempre. Sólo veo a través de las rejas que tengo en frente. Esta cárcel de acero no es un buen sitio para estar y yo sigo sin saber porqué estoy en ella. Una manta mugrienta en el suelo es lo único que me da calor aquí, ¡qué generosos! Apenas me puedo mover y mi celda cada vez huele peor. El hedor no sólo viene de mí, puedo oler los excrementos de mis compañeros. Oigo llantos, pero nadie habla. Se abre una trampilla por donde nos pasan la comida, cada día igual, cada día lo mismo.
      Entre los barrotes solo se ve oscuridad. ¿Será de día o aún es de noche? Llevo tanto aquí dentro que he perdido la noción del tiempo y sólo la blanca luz de los halógenos marca el ritmo de mis días. Sólo espero que no sea lunes. Los lunes me toca vacuna, y la vacuna me deja hecho polvo. Durante tres días me dan unos mareos que me quitan hasta el hambre, aunque total, para lo que me dan de comer, mejor ayuno.
      Oigo la puerta y unos pasos firmes recorren el pasillo, cada vez están más cerca y yo cada vez me alejo más de los barrotes de mi celda. Me agazapo en la esquina esperando que no me toque a mí. Hoy es lunes. Me cogen y me arrastran por un suelo resbaladizo en el que me es imposible agarrarme. Me tapan la boca para que no grite y me ponen cadenas para que no huya. Intento zafarme de ellos, intento andar hacia atrás, pero es inútil, estoy tan débil que no puedo con ellos.
      Me llevan a una sala y un intenso olor a esterilidad inunda el ambiente. Este olor es incluso peor que el de mi celda. Me atan a una mesa de metal y no puedo mover ninguna de mis extremidades, el frío acero de la mesa en mi espalda me provoca un escalofrío que recorre mi espinazo. La intensa luz sobre mis ojos me indica que ya están aquí, hombres con batas y guantes que vienen a ponerme la inyección, dicen que me hará dormir. Siento como me clavan la aguja y un calor recorre mis venas, empiezo a salivar y me pesan los ojos. Me tumban en una mesa de plástico duro y me inmovilizan. Han salido todos de la habitación y han apagado las luces, ¿será mi liberación? De repente la mesa empieza a desplazarse hacia dentro de un tubo y aunque tengo los ojos cerrados oigo ruidos, bip, bip, tu, tu, tu, tu, bip, tri, tri, tri tri, bip. Me estoy poniendo muy nervioso y mi corazón se acelera. Sólo este chirriar incesante rompe el silencio.
      Todo ha pasado, abro los ojos y veo borroso, mientras un rítmico bip anuncia que sigo con vida. No sé si eso me tranquiliza o me horroriza. Los mareos cada vez son más intensos y, aunque lo intento, no me tengo en pie. Me tumban de costado en una camilla, ya sin atar. Saben que ahora mismo no podré ni incorporarme. Me dejan sobre la cochambrosa manta de mi celda y, como siempre, empiezan los vómitos; ¿será el olor a rancio de este sitio, será el mareo o será la vacuna? ¡Qué más da! Mi cuerpo no responde a ningún estímulo y duermo. Duermo mucho tiempo.
      Abro los ojos y, aunque sigo mareado, ya puedo ponerme en pie. Oigo pasos por el pasillo, pero estoy tranquilo, hoy no es lunes. Cada vez oigo los pasos más cerca, ¿vienen hacia mí? Tembloroso me escondo en la esquina de mi celda, aunque sé que nada puedo hacer si vienen hasta aquí. Efectivamente, me sacan de la celda y, aunque apenas puedo sostenerme, me vuelven a tapar la boca y a atar con cadenas, ¿dónde se creen que voy a ir? Afortunadamente no me hacen andar, pues no puedo ni dar tres pasos seguidos. Me suben a la camilla de acero, fría, como todo aquí. Entran dos hombres de bata blanca, muy contentos, me dicen que ya no tengo rastro de cáncer. ¿Cáncer? ¿Qué demonios es eso? Me llevan al patio trasero, donde me deslumbra el Sol. El olor de la primavera entra por mi nariz hinchando mis pulmones con el frescor del aire. Estoy en el exterior. Me acarician el lomo y la luz del sol calienta mi hocico. Los oigo hablar lejos: “Muy bien chicos, después de los perros, el siguiente paso en el estudio preclínico son los monos”.
      ¿Qué demonios es un estudio preclínico?

      ORDEN

      ORDEN

      Orden
      El hombre subía la escalera mecánica tropezando, mirando cada poco hacía abajo. Entonces se escucharon los disparos, dos. Todo el mundo se giró hacia el origen del ruido. Todos menos él que cayó de bruces mientras una mancha recorría su espalda. Entonces se produjo la desbandada. Luego dos hombres de negro se acercaron al muerto para ver si lo estaba, con precisión tocaron la yugular y se marcharon mientras guardaban las pistolas. Entraba un tren subterráneo muy popular por entonces, ver archivo “metro”. Mientras, la escalera había hecho subir el cadáver hasta quedar varado en una playa metálica donde cada oleada de escalones lo hacía moverse un poco.
      Todo eso sucedió apenas un mes antes de la gran explosión. << Nada será igual sin África>>, decía el portavoz de la coalición. <> añadía una voz en off mientras en la pantalla un trapo se movía al viento. El plano dejaba fuera un viejo ventilador gigante de los que se usaban hace siglos para hacer películas, que, y esto es lo realmente destacable, todo el mundo podía ver.
      Hechos sin conexión aparente, se leía en el primero de los siete informes semidefinitivos que se sucedieron antes del alegato final del abogado de la coalición que pidió la absolución por causa justa. De algún modo África se lo había buscado no atendiendo el mandato de dejar morir de hambre a sus hijos tal como se le señaló reiteradamente el Fondo Monetario Intenacional (FMI). En lugar de eso se empeñaron en cambiar su destino, algo intolerable desde luego. En ese momento se oyeron risitas en la sala.
      Cuando siete millones de días y cuarenta y cinco unidades sol después alguien recuperó los informes y de manera rutinaria escaneó la realidad que reflejaban encontró una singularidad que le obligó a informar, tal y como establece su protocolo al supervisor de distrito. Las balas. Cuántas encontraron en el muerto, una. Cuántas consta que escucharon los primitivos que subían con él en aquel artefacto llamado escalera: dos.
      Lo habían encontrado, el fallo inicial remoto estaba al descubierto, la esfera temporal de causas y efectos se había quebrado sin que la unidad de vigilancia lo hubiera detectado en ese mismo momento y hubiera corregido los hechos, como era su obligación. Claro que el sistema operativo de entonces era muy limitado. Ahora habrá que revisarlo todo. Un trabajo que sin la ayuda del omnicomputador postcuántico de esfera asimétrica sería imposible hace apenas dos mil años.
      El supervisor escuchó el informe, anotó su veredicto y procesó la respuesta predefinida. Taponar la fuga, ordenar los datos desde ese punto de la historia hasta hoy. Así se habían corregido infinidad de incongruencias de los primeros 25 siglos después del humano llamado Cristo. Aún quedaba mucho trabajo por hacer.
      Fue entonces y no antes cuando se produjo una segunda incidencia, dos palabras aparecieron en el display metafosfórico de cromo y diamante del supervisor: África, FMI... Los circuitos detectaron algo asimilable como antiguo continente del hemisferio sur suprimido por sus constantes desacatos a la coalición en el tercer período preinstigador . No hay más datos en la base. El reloj de búsqueda siguió procesando. FMI….FMI….. la temperatura del circuito se elevó hasta el nivel medio. Agotado el plazo máximo de 1 segundo se pasó a modo autocompletativo, el que el sistema central asume el mando y dedica cuantos recursos estén disponibles a taponar la fuga de tiempo invertido. La temperatura pasa a modo 1 de 46 (siendo 46 el punto de ebullición del wolframio). El sistema se esfuerza, la energía se condensa y se disipa mientras cientos de millones de miriagigas se retuercen “metafóricamente” para encontrar un susurro, una palabra garabateada, un suspiro que se esconda entre los millones de recopilaciones acumuladas durante el tiempo, durante todo el tiempo. Lo encuentra. Estaba mal archivado, la ineptitud vuelve a atravesar el tiempo. El sistema se chequea por completo y decide autoreformularse para optimizar desde el principio: desde el primer disparo. Y nuestro héroe “alguien” archiva FMI como: Federación Mundial de Ironman un deporte perteneciente al segundo período preinstigador.
      Y así lo único realmente humano, el error, se perpetuó por las brechas del futuro.

      Paralelos

      Paralelos

      Sé que muchos optan por el cigarrillo para superar la ansiedad durante el día, pero yo prefiero utilizar el último gadget de Apple: el ParallelClock, un artilugio que permite revisar las probabilidades de fortuna que tiene tomar alguna ruta en la vida al captar los diversos universos paralelos que nacen luego de tomar una decisión. No sé cómo funciona. Escuché que algo tienen que ver los recientes descubrimientos sobre la física cuántica, pero al igual que con el comando a distancia del televisor o el interruptor de la luz lo importante es si funciona. Desde su lanzamiento los tarotistas y otros mercachifles han caído en paro pues con este reloj todos podemos escoger nuestra siguiente acción sabiendo que es la más afortunada. Por lo general hay cientos de opciones disponibles por cada pregunta que le dictamos al ParallelClock, pero en este momento hay una novedad: Parado en esta esquina el reloj me muestra un solo universo posible. Tengo miedo de moverme y perder mi destino, así que espero.
      *
      Alguien tuiteó: De una sola bala mataron a un transeúnte que esperaba para atravesar la avenida. El robo no parece ser el móvil pues no le robaron su reloj.

      Pi

      Pi

      No siempre ha sido así. ¿Te acuerdas cuando te felicitaban por como escribías las cosas? Parece que fue en otra vida. ¿Y ahora qué? Ahora cuando alguien lee algo tuyo solo busca significancia e intervalos de confianza. Las flores solo valen dinero. ¿Cómo era esa frase que te volvía loco? Esa frase que leíste, y tuviste que releer para asentar la cabeza que empezaba a levitar. Decía… “no fueron las balas, fue el amor lo que mató a la bestia”, al lado un primate de doce metros. Que metáfora tan bella. Ya no hay nada de esto en tus días. Lo que no ha cambiado nada son las conversaciones que puedes mantener contigo mismo. Eso sigue igual, parece, además, que este whisky barato solo hace que acentuar las autoconversaciones. El yo. Aún puedo recordar la sensación de leer la frase. Ese orgasmo que sentía en la piel, era como si una presa de dopamina se rompiera y se lo llevara todo, unos segundos completos. Yo quería provocara esa sensación en los demás. En mi caso tampoco fueron las balas, fue la ciencia quien mató a la bestia.

      ¿Pero aún puedo? Claro que puedo, sigo vivo. ¿Vivo? Sigo vivo sí, este taburete que me separa del suelo me mantiene vivo, la barra en la que apoyo los codos que se unen a mi brazo y a mi mano y a mi cabeza me mantiene vivo. Qué triste que el sustento de mi vida dependa del mobiliario. Si de verdad siguiera vivo haría algo con la vida, lo que me recuerda que debería dar otro sorbo. Para ser el segundo vaso de Cutty llevo demasiadas horas aquí. ¡Va de un trago! ¡Uaghh! Este ardor suave sí que me confirma que estoy vivo. Puedo hacer cosas, sé que mi habilidad para abrumar a alguien con una verdad tan bella que te haga saltar los plomos sigue ahí. ¿Y si se lo cuento a ese? Está sentado a mi lado igual de vivo que yo. Debería practicar primero. ¡No! Practicar solo entorpecería las cosas, solo serás capaz de causar esa sensación si te la causas tú mismo a la vez. Es increíble como me puedo decir cosas a mí mismo en dos planos, voy a decir algo que sé, que conozco, pero hasta que no lo diga no será capaz de abrumarme. Lo hago.

      -Em… Hola – Ni un leve giro del que tenía que ser mi interlocutor. - ¿Perdón? – Ahora levanta la cabeza un poco, vale me está mirando, tengo su atención. - Disculpe, ¿Qué sabe usted de Pi?

      -¿Me habla a mí?

      -Si a usted, le pregunto por Pi- Lo estoy a punto de hacer.

      -Lo siento, no conozco a ningún Pi

      -Pues él le conoce a usted, y seguro que usted conoce más de él de lo que ahora presupone. – Tengo que entrar en materia antes de que pierda del todo su atención. – Me refiero al número Pi.

      -¿Por qué me tendría que conocer a mí el número Pi?

      -Mm… - Puede que esa pregunta sea la mejor manera de empezar esto – Pi lo sabe todo, es un número irracional, infinito. Infinito ¿sabe?

      -¿Y qué?

      -En sus decimales se encuentran todas las posibles combinaciones de números que puedan existir, diga cualquier número, estará en Pi. La fecha de su nacimiento, la de su pareja, la de cualquier evento importante para usted, para mí o para sus nietos. Si lo codifica para que los números sean letras también aparecerá su nombre, el de este bar y el de todos los compuestos orgánicos que hay en este planeta. También aparecerá el de esa niña a la que nunca besó, el tren al que no se presentó… ¿Y qué pasa si lo convierte en un mapa de bits? Resultará una imagen, dentro de Pi encontrará la última cosa que verá antes de morir, la foto de su mejor momento, la cara de su peor enemigo y todo lo que ha sucedido desde siempre y lo que está por suceder. Todo está en Pi, toda la información de nuestro universo delante de nosotros, a nuestro alcance. – Levanto el vaso justo ahora, ya llega – Todo está aquí, en la pequeña circunferencia que forma el fondo de este vaso… - Recorre todo mi cuerpo, me abruma y se va calmando, espero que mi callado amigo lo haya notado. Me está mirando.

      -Veo que alguien ha tenido un día peor que el mío. ¡Camarero! Yo pago la cuenta de este señor.

      -Gracias. – Puede que no haya funcionado, no lo sabré nunca, puede que solo yo sea capaz de tener esa sensación. Pero es la primera vez que me gano un dinero haciendo esto.

      -¿Sabe? Está bien lo de Pi, pero pueda que no sea normal, como usted.

      Por fin

      Por fin

      -¡Lo tengo!
      José se irguió en su silla y se llevó las manos a la cabeza.
      Se quedó mirando boquiabierto la muestra ya tan familiar para él.
      Había estado estudiándola con el microscopio durante semanas, y por fin había obtenido el resultado que buscaba.
      Se levantó rápidamente de la silla y salió del laboratorio. Atravesó el pasillo a toda prisa y entró en su despacho. Después descolgó el teléfono y marcó el número de su compañero.
      Fue entonces cuando se dio cuenta de que le temblaban las manos y no podía estarse quieto. Tampoco podía dejar de sonreír.
      Mientras esperaba que Raúl lo cogiera, respiró hondo, y pensó que su vida acababa de cambiar. La suya y la de miles de personas.
      -¿Sí?
      -¿Raúl? ¡Lo he conseguido! ¡Ha funcionado! Estoy que no puedo ni hablar.
      -Tranquilo, José. Cálmate. ¿De qué me estás hablando?
      -¡De la muestra de leucocitos! ¡Funcionan!
      Hubo un silencio, y José se dio cuenta de que su colega estaba tomando conciencia de la situación.
      -¡Madre mía...! Vale, voy ahora mismo. Quédate allí, que yo llegaré en veinte minutos.
      José colgó el teléfono y tomó aire nuevamente. Tuvo que hacer un esfuerzo para no echarse a llorar. Estaba emocionadísimo.
      Volvió al laboratorio y se sentó frente a la muestra. La miraba como si fuera la niña de sus ojos.
      Así estuvo hasta que llegó Raúl. Solo entonces se levantó de la silla.
      Las palabras -hasta el "hola"- sobraban. Raúl tomó asiento y observó a través del microscopio aquellas diminutas células moverse de un lado a otro sobre el pequeño cristal. Después de unos minutos miró a su amigo. José nunca le había visto tan feliz.
      -¡Cuéntame! ¿Cómo lo has hecho?
      José empezó a explicar todo el proceso aceleradamente.
      -Pues, como ya te dije, hace unos meses mi hija me pidió que la ayudara a preparar un examen de biología. Mientras ella me hablaba de los glóbulos blancos, se encendió una bombilla en mi cabeza. Como bien sabes, los leucocitos combaten agentes externos, y así nos protegen de infecciones. Y entonces me dije: "¿Y si pudiéramos cambiar su mecanismo para discernir qué es lo malo y qué es lo bueno?". Sería como cambiar la mentalidad de una persona, para que deje de proteger a nuestro enemigo y nos ayude a derrotarlo. Si lográramos hacer esto se acabaría todo el problema. Desde entonces he estado meses intentándolo . Modifiqué el ADN de los leucocitos de todas las maneras que se me ocurrieron, pero el resultado siempre acababa siendo el mismo...
      -Empezaban a atacar a células sanas, lo sé.
      -¡Sí! Y era desesperante. Por eso me cogí unos días libres la semana pasada. Estaba al borde de un ataque de ansiedad. Pero ayer por la mañana, poco después de llegar aquí, tuve otra idea. ¿Y si la clave ni estaba en modificar el ADN? ¿Y si no tenía que modificar el código genético del glóbulo blanco, sino simplemente "convencerle" de qué células eran amigas y cuáles no?
      -¿Y eso es posible?
      José se rió.
      -¡Al parecer, sí! La verdad es que todo lo he comparado con el comportamiento humano, aunque parezca que no tiene sentido. No puedo demostrar que tenga ninguna relación. De hecho, no creo que la tenga, pero los hechos están ahí -señaló el microscopio- y la realidad es que ha funcionado. Suerte, supongo.
      Raúl sonrió y dijo:
      -Si ha sido, como tú dices, suerte, entonces la humanidad ha avanzado más por azar que por cualquier otra cosa. Aunque, personalmente, no creo que una idea afortunada sea suerte. Pero, volviendo a los glóbulos blancos, todavía no me ha quedado claro cómo has conseguido que atacaran sólo aquello que tú querías.
      -Los engañé. Alteré la superficie de las células que me interesaban para que parecieran los microbios de un resfriado. ¡De un simple resfriado! Los leucocitos, al examinarlas, no los reconocieron y acabaron con ellas. ¡Y lo mejor de todo es que esta sustancia que se asemeja a los microbios solo se adhiere a las células dañinas, por lo que los glóbulos blancos sólo las atacarán a ellas!
      -Brillante...- Raúl se levantó de la silla y puso su mano sobre el hombro de su amigo. Después a su alrededor, como si hubiera un público escuchando-. Damas y caballeros: les presento a José Rodríguez, el hombre que encontró la cura para la leucemia.
    • Accident en recerca

      Accident en recerca

      Al laboratori de recerca biològica, en cap de setmana, el silenci és absolut.
      En aquest moment, aparentment, l’únic habitant és l’Eloi.

      Dintre d’una estufa d’incubació, i en una de les plaques de cultiu, creixen dues colònies: hi a una sembra en un costat i un altra a l’extrem oposat. Una cèl•lula, en un racó de la placa, capta del medi ambient una amenaça greu per la seva supervivència. Un adenovirus modificat genèticament i el seu objectiu és entrar al ADN tumoral i trencar-lo per a ser desactivat. És el treball de recerca de l’Eloi.
      Des del comandament del nucli, l’ ADN, s’emet una ordre anomenada “G0” i que causa l’entrada de tota la cèl•lula en fase d’hibernació.
      S’emeten senyals a l’exterior que es van repetint i repetint periòdicament. La resta de cèl•lules que l’envolten reben la informació de “G0” i totes queden en repòs.

      Sona el mòbil de l’Eloi que l’agafa d’esme.
      Sols s’escolta amb ressò, la seva veu:
      - Hola Ramón, encara sóc aquí amb la merda aquesta del portàtil.
      - A informàtica m’han dit que arriben senyals a l’escriptori d’algun lloc proper, però que ningú sap interpretar. Si surto del recinte del laboratori, s’aturen els senyals.
      - Ja ho he fet. He anat traient d’un a un tot allò que pugui estar connectat al corrent i fins i tot he aturat el wifi. Sols queda el meu mòbil i l’estufa d’incubació. He provat de deixar el telèfon fora i no té res a veure.
      - Sí, ara estic portant cada cultiu a la incubadora de l’habitació del costat sols en queden deu plaques.
      - Cada 3 segons i catorze dècimes, capta com un missatge que està vuit. Ja en tinc uns tres milions.

      Torna el silenci. Probablement l’Eloi escolta l’explicació d’en Ramón.

      Dins les cèl•lules en hibernació i novament per ordre del seu nucli, s’organitza una inspecció, per tal de procedir a fer la reparació de tots els fragments d’ ADN. Així, quan es detecten ruptures, s’incorporen pedaços nous. El procés és llarg i laboriós i el resultat és una modificació significativa de l’original.
      Tot un èxit, perquè amb les reparacions fetes, l’amenaça inicial ja no afecta gens, a la nova cèl•lula. Surt d’hibernació i comença una activitat febril, enviant uns senyals diferents.
      De sobte, una cèl•lula es parteix i en resulten dos i de dos quatre. El cultiu està creixent a una gran velocitat. Quasi tota la placa està plena i ha canviat de color.

      Se sent una alarma acústica de l’ordinador.
      - Ep, Ramón, et deixo perquè ara han començat a entrar duplicats. ¡Apa noi!, i ara quadruplicats i els missatges són diferents. Ja parlarem. Adéu.

      A l’interior de la nova cèl•lula, al mig del seu citoplasma, apareixen dues petites molècules idèntiques i amb aparença inofensiva . Simultàniament, al costat es formen dues molt més grans,amb estructura molt tòxica, però inactives.
      En una mil•lèsima de segon s’ajunten les quatre per constituir una autèntica bomba i les escup a l’exterior. Totes a la vegada fan el mateix. En un segon, de cada una, en surten més de vint mil molècules. Un líquid viscós s’escampa per la placa.
      Les cèl•lules del cultiu que estan a l’altre extrem de la placa, tenen com missió frenar qualsevol possible excés de creixement del primer cultiu.
      El líquid viscós les destrueix. Ara, sense cap mena de fre, la velocitat de creixement és terrorífica.

      L’Eloi, està segut davant l’ordinador, mirant fix la pantalla. Acaben d’entrar de cop dos mil en xifrats, una mica més pesants. Sent un soroll. Al cap d’un moment es sent com trencar de vidres. S’aixeca i va directe a l’estufa i obre la porta. Una placa ha fet saltar la tapa i dintre hi a una massa gelatinosa de color marró, creixent com una magdalena al forn. Cauen uns vidres de la placa. De manera reflexa, tanca la portà de cop. Agafa el telèfon i truca:

      - Hola Ramón, torno a ser jo.
      - No, no s’ha cremat res, encara, però quelcom greu i molt estrany està succeint en un cultiu.
      - Necessito que vinguis de seguida. Per favor. ¡ Estic acollonit !

      Nota picor a la mà. S’ho mira i veu un vidret clavat a sota del dit gros i just a la bora, una piga que no recordava que tingues abans . Va anar a buscar el registre dels cultius.
      La tapa de vidre on estava el número d’identificació està feta miques. Descartant les altres nou plaques de la llista, la troba dins la secció de tumors: “melanoma molt agressiu”.
      La piga de la mà ja es grossa com una taronja i ocupa tot el dit. ¡ Té molt dolor !

      Al laboratori de recerca biològica, en cap de setmana, el silenci és absolut.
      En aquest moment, aparentment, l’únic habitant és l’Eloi.

      Dintre d’una estufa d’incubació, i en una de les plaques de cultiu, creixen dues colònies: hi a una sembra en un costat i un altra a l’extrem oposat. Una cèl•lula, en un racó de la placa, capta del medi ambient una amenaça greu per la seva supervivència. Un adenovirus modificat genèticament i el seu objectiu és entrar al ADN tumoral i trencar-lo per a ser desactivat. És el treball de recerca de l’Eloi.
      Des del comandament del nucli, l’ ADN, s’emet una ordre anomenada “G0” i que causa l’entrada de tota la cèl•lula en fase d’hibernació.
      S’emeten senyals a l’exterior que es van repetint i repetint periòdicament. La resta de cèl•lules que l’envolten reben la informació de “G0” i totes queden en repòs.

      Sona el mòbil de l’Eloi que l’agafa d’esme.
      Sols s’escolta amb ressò, la seva veu:
      - Hola Ramón, encara sóc aquí amb la merda aquesta del portàtil.
      - A informàtica m’han dit que arriben senyals a l’escriptori d’algun lloc proper, però que ningú sap interpretar. Si surto del recinte del laboratori, s’aturen els senyals.
      - Ja ho he fet. He anat traient d’un a un tot allò que pugui estar connectat al corrent i fins i tot he aturat el wifi. Sols queda el meu mòbil i l’estufa d’incubació. He provat de deixar el telèfon fora i no té res a veure.
      - Sí, ara estic portant cada cultiu a la incubadora de l’habitació del costat sols en queden deu plaques.
      - Cada 3 segons i catorze dècimes, capta com un missatge que està vuit. Ja en tinc uns tres milions.

      Torna el silenci. Probablement l’Eloi escolta l’explicació d’en Ramón.

      Dins les cèl•lules en hibernació i novament per ordre del seu nucli, s’organitza una inspecció, per tal de procedir a fer la reparació de tots els fragments d’ ADN. Així, quan es detecten ruptures, s’incorporen pedaços nous. El procés és llarg i laboriós i el resultat és una modificació significativa de l’original.
      Tot un èxit, perquè amb les reparacions fetes, l’amenaça inicial ja no afecta gens, a la nova cèl•lula. Surt d’hibernació i comença una activitat febril, enviant uns senyals diferents.
      De sobte, una cèl•lula es parteix i en resulten dos i de dos quatre. El cultiu està creixent a una gran velocitat. Quasi tota la placa està plena i ha canviat de color.

      Se sent una alarma acústica de l’ordinador.
      - Ep, Ramón, et deixo perquè ara han començat a entrar duplicats. ¡Apa noi!, i ara quadruplicats i els missatges són diferents. Ja parlarem. Adéu.

      A l’interior de la nova cèl•lula, al mig del seu citoplasma, apareixen dues petites molècules idèntiques i amb aparença inofensiva . Simultàniament, al costat es formen dues molt més grans,amb estructura molt tòxica, però inactives.
      En una mil•lèsima de segon s’ajunten les quatre per constituir una autèntica bomba i les escup a l’exterior. Totes a la vegada fan el mateix. En un segon, de cada una, en surten més de vint mil molècules. Un líquid viscós s’escampa per la placa.
      Les cèl•lules del cultiu que estan a l’altre extrem de la placa, tenen com missió frenar qualsevol possible excés de creixement del primer cultiu.
      El líquid viscós les destrueix. Ara, sense cap mena de fre, la velocitat de creixement és terrorífica.

      L’Eloi, està segut davant l’ordinador, mirant fix la pantalla. Acaben d’entrar de cop dos mil en xifrats, una mica més pesants. Sent un soroll. Al cap d’un moment es sent com trencar de vidres. S’aixeca i va directe a l’estufa i obre la porta. Una placa ha fet saltar la tapa i dintre hi a una massa gelatinosa de color marró, creixent com una magdalena al forn. Cauen uns vidres de la placa. De manera reflexa, tanca la portà de cop. Agafa el telèfon i truca:

      - Hola Ramón, torno a ser jo.
      - No, no s’ha cremat res, encara, però quelcom greu i molt estrany està succeint en un cultiu.
      - Necessito que vinguis de seguida. Per favor. ¡ Estic acollonit !

      Nota picor a la mà. S’ho mira i veu un vidret clavat a sota del dit gros i just a la bora, una piga que no recordava que tingues abans . Va anar a buscar el registre dels cultius.
      La tapa de vidre on estava el número d’identificació està feta miques. Descartant les altres nou plaques de la llista, la troba dins la secció de tumors: “melanoma molt agressiu”.
      La piga de la mà ja es grossa com una taronja i ocupa tot el dit. ¡ Té molt dolor !

      ATZAR

      ATZAR

      Entro a l’estudi, l’habitació més decadent i abandonada de la casa; no té personalitat ni caliu i acumula moltes coses: llibres llegits i rellegits, llibres que no s’han llegit mai, guies de viatges per somniar, àlbums de fotografies, reproduccions de pedres i taules antigues, imitacions de papirs egipcis...
      Em fixo en la reproducció de la pedra de Rosetta, la que van trobar els oficials de Napoleó al 1799; penso en la sort que va suposar trobar-la per aconseguir desxifrar els jeroglífics egipcis i també en la sort que va suposar que en Champollion, egiptòleg erudit, s’interessés pel tema. Ell va ser qui després d’anys d’estudi va treure’n l’entrellat, dels jeroglífics. Una idea altera la meva serenor: i si mai ningú l’hagués trobat? L’atzar, la casualitat, l’oportunitat! De sobte he sentit molta tristor perquè encara no se sap del cert qui en va ser el descobridor, ha quedat perdut en les teranyines del passat. Potser un tal Dhautpoul, cap de l’exèrcit francès o el lloctinent Bouchard, encarregat de dirigir la restauració de la fortificació del Rashid (Rosetta). Uf! Quantes persones que han canviat el rumb de la història i la ciència han mort a l’anonimat? Quantes persones que han malmès la humanitat són recordades per sempre?
      Ara la meva mirada s’atura en els ordinadors antics que s’amunteguen en un racó; els compto, n’hi ha exactament 7, m’agafa un calfred! El 7, el número màgic per a moltes civilitzacions antigues, el número de la sort. Set dies té la setmana; set pecats capitals ens tempten; set notes musicals; set vides té un gat. Torno als ordinadors i a la informació que amaguen; qui la recuperarà? Faig una mirada panoràmica a l’habitació i penso: que fàcil és obrir un llibre i llegir-lo, que fàcil és observar un papir i extreure’n el missatge, que complicat és buidar el contingut d’un ordinador! D’aquí 4000 anys quina informació clau es recuperarà? Com es farà?
      Centro la vista en els papirs que vaig portar d’Egipte, l’any que em va tocar la loteria; sort! Un número comprat per casualitat em va brindar l’oportunitat de fer-ho. Recordant l’apassionant viatge he connectat amb el papir del Rhind, un papir de 33cm d’ample per 5m de llarg i escrit per les dues cares; de nou l’atzar va fer possible aquesta meravellosa troballa, fantàstic! Gràcies al papir del Rhind hem pogut conèixer alguns aspectes matemàtics que treballaven els antics egipcis, és el papir més important dels que es coneixen sobre matemàtiques egípcies. Ostres! Penso que el papir del Rhind no s’hagués pogut interpretar si abans no s’hagués trobat la pedra de Rosetta; de nou la casualitat. Quina sort que en Henry Rhind, un reconegut egiptòleg escocès, comprés el papir a un venedor d’antiguitats il·legal de Luxor al 1858. I si el papir l’hagués comprat una persona sense escrúpols per decorar la seva mansió? I si més tard, cansat de veure’l l’hagués llençat a la brossa? Quants altres tresors no han sortit ni sortiran mai a la llum? Sort, casualitat! Al papir del Rhind hi ha 87 problemes i la seva resolució. Uf! El número de problemes acaba en 7! Les qüestions són sobre aritmètica bàsica, fraccions, etc. Va ser escrit per l’escriba Ahmes cap a l’any 1650 aC a partir d’altres documents anteriors. També conté un joc divertit: hi ha 7 cases, cada casa té 7 gats, cada gat s’ha menjat 7 ratolins, cadascun dels ratolins s’havia menjat 7 espigues i cada espiga hagués donat 7 mesures de blat. Al papir hi ha la suma entre cases, gats, ratolins, espigues i mesures de blat. Diuen que és l’únic problema conegut dels egipcis sobre progressions geomètriques i també l’únic de matemàtiques recreatives. Se’m dibuixa un somriure, les matemàtiques també són un joc des de fa milers d’anys! D’altres qüestions del papir em vénen al cap: no hi ha generalitzacions, només resolucions de casos particulars: com repartir 9 pans entre 10 homes, com repartir el menjar del bestiar, com calcular l’àrea d’un cercle (donaven una aproximació molt bona del número pi: 3.1605), com calcular àrees de triangles diversos...
      Un estrèpit fort i un cop sec em treuen de l’atordiment, uns quants llibres han caigut de la prestatgeria, exactament 7. Els col·loco de nou al seu lloc i mentre ho faig inconscientment compto els papirs que hi ha penjats a la mateixa paret, 7. M’agafa tremolor. Ja en tinc prou per avui. Surto de l’habitació, vaig al dormitori, he deixat el mòbil carregant: 7 trucades perdudes, 7 converses de whatsApp, estic somniant? Miro les trucades i els whatsApps, somric, hi ha una proposta d’en Martí, l’home que em fa somniar. Vols venir amb mi a Londres pel pont de la Constitució? Somric de nou, la pedra de Rosetta i el papir del Rhind m’esperen al Britànic. Avui és el meu dia, la sort m’acompanya!

      Bon vent i barca nova

      Bon vent i barca nova

      Bon vent i barca nova
      Diu una llegenda grega que Teseu va tornar a port després d’un viatge a Creta després de passar innumerables aventures. Degut a les inclemències, al vaixell van arribar a canviar-li totes les fustes i els rems que el formaven, cosa que va donar de pensar (i molt) als filòsofs de l’època: si al vaixell de Teseu li han substituït totes les fustes que el formen, continua essent el mateix vaixell que va salpar uns anys abans? Uns opinaven que si, els altres que era un vaixell completament diferent. Evidentment com a bons filòsofs, no van consensuar cap resposta a l’excel•lent pregunta.
      Ara se sap que el cos humà és un vaixell de Teseu, en el sentit que es van renovant les cèl•lules que el formen de manera constant i regular. De promig al cap de set anys, totes les nostres cèl•lules han mort i han estat substituïdes per una d’igual o de molt similar. Fins i tot el que crèiem que era estàtic, les cèl•lules neuronals, han canviat totes les molècules i els àtoms que les formen també al cap de set anys. Resumint, el nostre cos d’ara no té res del que era fa un temps enrere. I per a qui li agradin les imatges més poètiques, podem imaginar-nos els nostres cossos com vaixells de Teseu en constant canvi navegant pels mars de la vida. I ara podem tornar a preguntar als filòsofs... sabent que hem mudat unes quantes vegades pel camí, som la mateixa persona ara que quan vam néixer? Ara tampoc esperaria una resposta clara. És més, si busqués respostes clares mai preguntaria a filòsofs...
      Tot això ve a que l’altre dia vaig estar fent un cafè amb un vell conegut. No el veia des de feia un munt d’anys, setze o disset, quan sortíem a les nits i si ens veiem fèiem una cervesa plegats. Llavors em semblava un paio simpàtic, agradable i sociable. Sempre feia bromes i crec que ens aveníem força. Ell va marxar fora per feina i ara molt de tant torna per la zona només per veure la família. En una d’aquestes ocasions ens vam veure pel carrer i vam aprofitar per a fer el cafè. Parlant amb ell però, la imatge que tenia va canviar per complet. Quan portava mitja hora amb ell em va donar la sensació d’estar amb persona egoista, superficial i buida. Vam redirigir la conversa als vells temps.
      Des de l’època que fèiem cerveses i sortíem a les nits, l’amic i jo hem canviat prou com per tenir poques coses en comú. De les persones que érem abans a ara, ni les nostres cèl•lules ni les aficions ni la manera d’enfocar la vida són les mateixes. El seu vaixell ha agafat una ruta completament diferent a la meva i la persona que ha creat l’ha portat a ser ara una persona que coincideix poc amb la persona que he creat jo.
      Per sort, pels mars que naveguem anem trobant nous vaixells afins i amb els que ens trobem bé. Una de les coses que vaig aprenent també amb el temps, és a saber no deixar-me acompanyar de vaixells que veig que no m’agraden o que em poden fer mal. A tots ells només cal dir-los –bon vent i barca nova!

      Buscant el vent

      Buscant el vent

      Hi havia una vegada un vent tan trist que no podia volar. Des de feia temps, sense adonar-se, s’havia anat movent cada cop més a poc a poc, feixuc, pesat, fins quedar totalment parat.
      Amunt i avall havia viscut movent arbres i arbrots, branques i branquillons i fulles de tots colors que queien al seu pas en arribar la tardor. La seva vida havia estat molt atrafegada; arrissava onades, transportava llavors o suportava els esternuts de tothom, viatjant lent o molt ràpid i això el feia sentir molt cansat.
      Sobretot, el que l’abatia eren els murmuris de la gent “Uf! Quin vent fa!” i les queixes “Quan s’acabarà aquest vent?” que es repetien al seu pas. Veia com tothom l’evitava o s’arraulia per racons amagats fugint d’ell. Allò l’enfadava tant que sovint rugia encabritat i volava ràpid en forma de gegantins huracans destarotant al seu pas cases, reixes i fanals.
      El dia que va decidir aturar-se, va observar que tothom semblava més tranquil i més feliç; car, ja no hi havia barrets voladors, ni ulls plorosos, ni fullaraca fora de lloc.
      Tot i això, la canalla el trobava a faltar perquè sense ell no es podien enlairar els estels ni fer bombolles de sabó. El viatjant del globus aerostàtic estava indignat i en arribar l’estiu cigonyes i altres ocells no van poder tornar a la seva terra per visitar els parents, i allò va desencadenar les pitjors baralles familiars.
      Tristos també, nens i nenes veien com la pols quedava amuntegat allà on queia, el fum dels cotxes no es movia de la ciutat i la humitat de l’aire no arribava a fer núvols. Aquell va ser un estiu feixuc i ben gris.
      El que semblava un descans va començar a ser un autèntic desastre. “Quan tornarà el vent?” va començar a preguntar-se tothom.
      La tardor va arribar, cobrint de fulles tots els carrers, i també l’hivern i el fred. Ningú no sortia de casa i mentre els dies passaven, aquella tristor que havia envaït el vent va començar a escampar-se adormint –ho tot i a tothom.
      En arribar la primavera un ós maldestre i dormilec va despertar-se. Havia hivernat d’allò més bé al seu cau i afamat va sortir a buscar alguna cosa per portar-se al pap, tenia una fam voraç!
      A poc a poc, va anar adonant-se que alguna cosa no rutllava bé. Les flors estaven pansides i els ocells no cantaven, i allò el va fer pensar que potser s’havia llevat massa d’hora. El pastor, que passejava per allí li explicà:
      - El vent ens ha abandonat! Un bon dia es va parar i ara res no es mou, tot s’amuntega i s’embruta, ni tan sols torna la primavera!- li contà plorós.
      - Caram! això és un gran desastre! – va respondre l’ós mentre recordava aquells deliciosos ruscos de mel que potser no tornaria a provar.
      Així que decidit, es va treure les quatre lleganyes que li quedaven i va anar-se’n muntanya avall a rescatar aquell vent entristit.
      L’empresa de l’ós, però, no va resultar gens fàcil. La seva poca traça el feia ensopegar a cada passa, i rodava per terra més que caminava. La baixada, plena de cops i sacsons va ser observada per tots els animalons del bosc, que anaven rient sota el nas sense poder-ho evitar.
      - Guaiteu aquell ós sapastre – anaven dient entre dents – mira endavant, dropo!- Fins que els murmuris es van convertir en autèntiques rialles que van acabar despertant tothom.
      - Calleu gamarussos! Tinc una missió importantíssima! - cridava l’ós mentre lluitava per no topar amb cap arbre més.
      Els esquirols van decidir seguir-lo, ja que els semblava un espectacle d’allò més divertit. Altres animalons curiosos també s’hi van anar sumant i a poc a poc, en un tres i no res tots els tafaners del bosc seguien aquell ós sapastre, preguntant-se on anava tan decidit.

      Ves per on, al pas d’aquella bandada, la pols es va anar enlairant, les fulles es bellugaven sota les cames i braços i la llum fins i tot va començar a aclarir. En arribar al poble, homes i dones van treure el nas per la porta per veure què era aquella cridòria, i, lluny d’espantar-se, van sortir a rebre l’alegria muntanyenca que arribava. Ara el cel semblava una mica més blau, l’aire menys brut i els carrers plens de vida i rialles com feia molt de temps ja no se sentien.
      De sobte les campanes van moure’s sota una brisa suau i repicaren, tot i que el rellotge feia temps que romania aturat.
      Així va ser que sota aquell ning –nong, el veïnat , l’ós i companyia van celebrar la tornada del vent que ara semblava ben content i mentre volava feia giravoltar les paraules que des de feia molt de temps romanien callades.

      CAMÍ D'ESTRELLES

      CAMÍ D'ESTRELLES

      Li van donar una habitació amb vistes a l’onzè pis. Des del llit situat al costat de la finestra immensa veia passar el temps lentament. El paisatge anava canviant al llarg del dia depenent de la llum. Al fons la muntanya de la Mola vigilava inamovible i serena tot el que passava. La plaça i els carres s’omplien de gent a riuades depenent de l’hora del dia.
      La metgesa va entrar a l’habitació 1101. Sota els llençols del segon llit hi havia la Maria amb el cos encongit en posició fetal. El seu marit li feia companyia. La Maria havia perdut la gana i s'havia aprimat. Es va girar i li oferí un mig somriu en veure-la.
      —Veig que t’han deixat sola? —digué assenyalant el llit buit. Què se n’ha fet de la teva companya?
      —Li van donar l’alta ahir —va respondre amb resignació.
      —Bé i tu com et trobes?
      — Aquí tots em tracten com una reina.Tenen ja els resultats de les proves?
      —Maria, no la podem operar. El nostre objectiu és que el tumor no faci metàstasis. Per començar, li farem deu sessions de quimio aquí a la Mútua. Després li farem radio a l’Hospital General. No s’amoïni pels desplaçaments fins l’hospital, la vindran a buscar a casa amb l’ambulància. En el seu cas no li caurà el cabell.
      A partir de la paraula operar ella va deixar d’escoltar la metgessa i va prémer amb força la mà del seu marit. No s’esperava aquella bufetada que li reservava el destí abans de fer-ne quaranta.
      Tenia els dies comptats. Què li diria al fill quan vingués a veure-la a la tarda i li preguntés.
      —Mama que t’ha dit el metge, et curaràs oi ?
      El que més greu li sabia era no veure’l créixer. L’any i mig següent el va dedicar a deixar-ho tot ben arreglat, el testament, les assegurances, acomiadar-se del poble...mentre lluitava contra la malaltia. Els dies bons anava a comprar al mercat i preparava el menjar que li venia més de gust, els dies dolents es prenia una dosi extra de morfina. Cada dia per a ella era un regal. Poder gaudir de la família fent-li costat era el millor de tot. A més tenien el suport de l’Oncolliga. Els ingressos a la Mútua eren constants. Allí va passar els seus dos últims aniversaris, el dia de Sant Esteve i quinze dies de juliol.
      Quan venia la germana a veure-la parlaven de l’últim llibre que s’havia llegit i recordaven plegades com era la vida al poble. El fred que passaven quan recollien olives, les anècdotes de la iaia a la vora del foc sobre la guerra, la vida al mas el dia que es van trobar amb el porc senglar ferit i com el tiet, que era caçador. el va abatre...La germana no li parlava mai de la malaltia. El que feia era explicar coses que li servien per recordar, per no oblidar, per adonar-se que la vida havia estat profitosa i que l’ajudaven a emportar-se un bon record de tot plegat.
      Els dies que el seu cap ja no era capaç de concentrar-se feien juntes els mots encreuat de la revista Pronto i continuaven recordant anècdotes i persones perquè era massa dur parlar del futur.
      Quan la Maria va veure entrar a l’habitació la seva metgessa va notar preocupació en la seva mirada.
      —Maria avui... no se com dir-li. Finalment ha passat el que ens temíem. Els resultats indiquen que el càncer ha fet metàstasi.
      Durant aquell últim any intentava no pensar en aquesta possibilitat. Les llàgrimes li van sorgir del no res.
      —Tenim un tractament experimental amb el que estem treballant. No hi ha estudis suficients per poder-li assegurar que serà un èxit en el seu cas. Si dóna el seu consentiment podem incloure-la en l’estudi i començar amb la nova medicació. Vol pensar-s’ho? Vol consultar-ho amb el seu marit?
      —E... em poso a les seves mans doctora. Quan comencem?
      És difícil esquivar la mort quan en el joc de la vida tu treus la carta més baixa i no saps per què ella t’ha triat. El duel sense treva va començar el dia que li van anunciar allò que ella temia. Amb la determinació que l´havia caracteritzat va continuar la lluita contra l’intrús que tenia dins seu. Es sentia acorralada contra les cordes del quadrilàter pel seu contrincant.
      Recordava les paraules del seu pare abans de morir: Has de ser forta, Maria, i pensa que ens retrobarem al final del camí.
      L’ insomni li havia fet comprovar que a partir de les tres de la matinada els carrers il•luminats restaven deserts. Llavors les llums dibuixaven un camí d’estrelles per les quals li agradaria passejar-se si la malaltia no li ho impedís.

      Clic

      Clic

      Son les vuit quan tornem de l’enterrament de l’avi. El sol ja es pon i amb ell un dia d’acomiadament. Tinc quinze anys i ploro la seva pèrdua, allibero així tota la ràbia que porto dins per no poder-li dir adéu. La nostàlgia que m’omple el pit em duu directament a la taula del seu despatx. Recordo quan era petit, m’asseia sobre els seus genolls en aquella taula que aleshores em semblava gegant. Ara ja no ho sembla tant, sense ell. Obro els calaixos buscant encara no sé què. Hi trobo de tot, una lupa de plata vella, uns llapis afilats a navalla, segells de països on no sabia que hi havia estat, algunes esqueles de vells coneguts seus i una caixa de clips rovellats. Sota una grapadora sense grapes hi ha un munt de papers, escrits a mà. M’agrada veure la seva lletra, hi ha rebuts de factures i documents, hi ha cartes i poemes que parlen de la mar, d’aventures i de conflictes polítics, hi ha anotacions de coses a fer: llibres que llegir, restaurants que provar i països que visitar. Entre tots aquells documents, hi ha un sobre amb el meu nom, dintre, el dibuix d’un mapa fet a toscament a bolígraf sobre un tros de paper ja esgrogueït. Encapçalant el mapa: “L’enfonsament del buc Solpor. 1929”. Em quedo bocabadat amb el mapa a les mans, tremoloses. El meu avi m’havia parlat moltes vegades de l’enfonsament d’aquell buc de contrabandistes de tabac. Tot i que sempre m’havia sonat a conte, m’ho contava amb tant entusiasme que sempre havia volgut visitar aquell derelicte. Però ara tenia un mapa, un lloc precís on poder trobar aquell buc i fer realitat una història que per mi, fins ara, no tenia res de cert. Ho tinc clar, vull veure el Solpor amb els meus propis ulls.
      CLIC.
      Han passat ja vint anys d’ençà vaig començat la fita de trobar el Solpor. Tot i amb un mapa a la cartera que em devia portar a la seva precisa ubicació, mai no l’he trobat. Ja no sé si tot fou una història del meu avi o si realment es va enfonsar un vaixell allà. M’hi he deixat la pell i, tot i que no he trobat el Solpor, he pogut créixer dins la mar. He desenvolupat el meu coneixement, he visitat mars i oceans, he estudiat peixos, he vist el comportament dels animals marins, he vist la vida que s’amaga allà on no hi ha arribat mai ningú. He estudiat la dinàmica sedimentària de la zona, he bussejat aquí i allà, he datat, nomenat i classificat els bucs enfonsats de més de la meitat de la Mar Mediterrània. La tranquil•litat de la mar m’envolta quan sóc allà abaix, el silenci inquiet de sota la mar, el blau marí quan mires endavant i els raigs de llum que entren perpendiculars sobre les nostres bombolles. Aquesta recerca m’ha permès desenvolupar la meva vida professional, m’ha permès sentir-me realitzat com a persona. Avui sóc un reconegut científic, arqueòleg marí, i dedico la meva vida no sols a cercar el Solpor, entre altres derelictes, si no a motivar i entusiasmar als més joves a estudiar, a perseguir els somnis i a fer-los veure que de la ciència es pot viure, que de l’esperit crític i de les ànsies de conèixer se’n pot treure un bon profit. Avui tinc la sort de portar als nous alumnes a les pràctiques de la meva assignatura. Avui comença una nova remesa d’alumnes i els diré allò que sempre dic el primer dia durant les pràctiques de camp: “Jo, avui, sóc aquí per l’enfonsament del buc Solpor. Una història que em contava el meu avi, una història que em va fer CLIC. Busqueu el vostre CLIC i porteu-lo sempre amb vosaltres”, i després els hi mostro el mapa.

      Coses de la vida

      Coses de la vida

      Sovint penses que el món seria un lloc millor si jo no en formés part. Ho sé i em dol, no soc de pedra. De fet soc molt més fràgil del que et penses, però això a tu tant se te’n dóna. Mai diries que cal algú com jo, tan comú i tan poca cosa, per garantir la resplendent existència d’algú com tu.

      Mira’t asseguda al metro i pendent d’un mascle de llarga cabellera envaïda pels polls (ell no ho sap, però hi son) que t’ha clavat la mirada. Enlluernada com estàs no em veus venir. Estic tan a prop dels teus cabells que podria moure’ls només pel gust de fer-ho, però soc dèbil i no goso. Podria dir-te a cau d’orella les paraules més precioses aquesta nit, però jo no en sé, de parlar. Voldria ser capaç de taral·larejar una cançó i emocionar-te, servil i acabat, boig per tu, però dins del meu embolcall lipídic no hi ha ni un enzim d’emoció. Així que ja ho veus, la nostra relació només pot ser el que és, i m’enfado.

      M’enfada que m’ignoris. M’enfada que t’hagis passat la teva parada i tot per què? Tot per ell. Si et deixessis estar de romanços i poguessis veure tot el que t’envolta... L’aire que respires en va ple, d’éssers com jo, coses de la vida que romanen ocultes a la vista dels de la teva espècie: àcars rosegadors, tan menuts i sempre amb presses, devorant epidermis sense descans; flaires, aromes, olors que evoquen records i invoquen nàusees; gasos ofensius que intenten dissimular; bacteris que passaven per aquí, fongs de secà i de regadiu, plagues famèliques que busquen matèria que cruspir-se, bestioles rurals i urbanes, nacionals i d’importació, puces, bitxos, patògens assortits, molècules d’oxigen i de diòxid de carboni... i regnant per sobre de tots està ell. Sempre ell. Allà on menys l’esperes. Tot ho vol, tot ho reclama, mai no en té prou.

      Però vosaltres ni cas, vosaltres embadalits, bocabadats, indefensos. Vamos, hombre! Com pot ser que us continuï enganyant d’aquesta manera, després de tants segles? Com pot ser que no el veieu venir? Encara no sabeu que el seu atac és més letal que el de tots nosaltres junts? És el pitjor virus, el paràsit per excel·lència... Si el compares amb mi, per exemple, quina és la diferència? Abatrà les teves defenses, et farà plorar, moquejar, suar i delirar, et prendrà la gana i la son, et deprimirà i fins i tot et pot provocar febre alta, trastorns circulatoris, respiratoris i cardíacs. I això no és el pitjor, jo com a mínim tinc la decència d’estar-me només uns dies, però ell... Ell no té cura, ni vacuna ni antídot conegut! El pots enganxar per tota la vida. T-O-T-A-L-A-V-I-D-A, sents?

      Què li veus, de romàntica, a aquesta penúria?

      Tu rai, tu p'alante. Tu et mires el xicot cabellut que s’ha passat la parada perquè ja no té més parada que tu, amiga, i ni tan sols algú com jo, tan comú i tan poca cosa, pot evitar una descàrrega de fascinació en tota la neuraminidasa. I tot i que sovint penso que el món seria un lloc millor sense ell, sé que necessiteu l’amor; sé que cal algú com ell per compensar moltes altres coses de la vida, per mantenir l’equilibri, per no caure. I et deixo a les seves mans sana i estàlvia, amb les defenses intactes, que bona falta et faran.

      De seguida trobo un altre organisme a qui honorar amb la meva visita. És un impresentable que està fent una pintada transcendental a la paret del vagó: kikus was here. Ai, kikus! Després diuen de mi... Prepara’t i no oposis resistència, de res no et serviran ni bífidus ni lactobacils ni vitamina C, ni molt menys aquestes defenses escanyolides que intenten barrar-me el pas. Només faltaria! Tant sí com no, aviat em submergiré en l’escalfor del teu torrent sanguini, aviat descansaré. Alegra’m el dia i lliura’t, benvolgut kikus, a l’acte reflex irreprimible constituït per una inspiració brusca, seguida d’una expiració violenta, espasmòdica i sorollosa, produïda per la irritació de la mucosa nasal... Au, va, delecta’m amb la meva onomatopeia favorita, que ja ve, ja surt, ja hi soc...

      - Atxim!

      DILEMA

      DILEMA

      Com pot ser? Acabo de néixer i ja haig de morir?

      Per què la vida ha de ser tan curta?

      S’acaba de formar el meu cos aquí, tan amunt que puc dominar el món sencer. Però he anat creixent fins pesar tant que, per això, ara caic cap a l’abisme. Quina condemna per éssers celestials com nosaltres! Éssers que podem desfer la llum en tots el colors possibles.

      Què trobaré allà a baix? Sospito que en xocar amb el terra em fragmentaré en mil còpies de mi mateixa i quedaré aniquilada... O potser no.

      Algunes companyes, molt poques, diuen que tenen records de vides anteriors. Jo no recordo res. Diuen que la vida no s’acaba. Que hom torna a néixer una i una altra vegada. I que, de fet, les nostres vides només són una minúscula part de la nostra existència infinita.

      Quan morim perdem la nostra individualitat. Elles li donen un nom estrany: “Nirvana”. Som totes una mateixa cosa. Som la totalitat. SOM DÉU! Donem la vida al món.

      També recorden que, molt ocasionalment, una part del Tot desapareix i és quan tornem a néixer. En el nostre cas no plorem com el nounat quan la mare el deixa anar a la vida, sinó que ens plora el nostre pare Cel.
      Diuen que al terra ens reunirem en petits rierols que acabaran essent rius i que, finalment, arribarem al “Nirvana”, que els homes anomenen mar.

      No sé si creurem tot això. Aviat ho comprovaré. Però tinc por que no sigui així. Tinc por de morir. NO VULL MORIR!

      GOTA

      Discontinuació

      Discontinuació

      De totes les tasques que feia l’A.I., la que menys li agradava era la discontinuació d’ítems. Era més avorrida que fer bolcats al núvol, que fer likes a les xarxes dels usuaris premium o fer hype als reviews dels qui havien pagat el pack bestseller.
      Molts es pensaven que aquella feina era una mena de privilegi. Creien que un administrador tenia accés gratuït al repositori immens de la Companyia. Però la realitat era que, si volia adquirir algun ítem, l’A.I. l’havia de carregar al seu crèdit, com qualsevol usuari. És cert que, de tant en tant, tenia un petit codi-regal en alguns ítems, però això depenia del seu IMP, l’Índex Mensual de Productivitat que el sistema mesurava en temps real.
      L’A.I. va escriure el títol al buscador del repositori i 0,09 segons més tard va obtenir un llistat amb 245 resultats. Revisar-los, però, seria entretingut, perquè el títol estava tant en lletres (Mil nou-cents vuitanta-quatre), com en números (1984), i el comptador de llengües marcava 98. «Tants n’hi ha, al web, d’idiomes?», va pensar. Fins i tot hi apareixien edicions en l’obsolet suport paper, les quals, tot i constar-hi com a «No disponible en aquest moment», seguirien al repositori fins que fossin discontinuades definitivament.
      Quan l’A.I. es va haver assegurat que havia seleccionat tots els ítems d’aquell títol, va clicar a «Discontinuar» i, després, a «Afegir comentari». En el menú desplegable va seleccionar el TED, el Tiquet Estàndard de Discontinuació que veurien els usuaris que haguessin adquirit l’ítem si el buscaven als seus dispositius –cosa que pocs feien després de l’adquisició–: «Ítem discontinuat a causa d’una disconformitat de permisos i/o drets». Tot seguit va seleccionar el TEP, el Tiquet Error+Promoció per als subscriptors unlimited que hi accedissin online: «Ens sap greu. La teva cerca no ha donat resultats. Potser volies dir:...». A continuació hi va inserir el giny que suggeriria a l’usuari un seguit d’ítems relacionats amb les seves cerques recents.
      «Quins seran, en aquest cas?», es va preguntar l’A.I., i va fer una simulació que 0,11 segons després va donar com a resultat: «Anuari esportiu de 1984», «Mil nou-centes vuitanta-quatre maneres de cuinar el soylent green» i l’ítem que ocupava la posició 1984 del top-best-seller, a saber, «Llepades i fuetades. Una guia per a dones madures».
      Va consultar el checklist de la tasca. Ja només li quedava revisar que aquell ítem no hagués estat publicat amb cap altre títol. «Hi ha molt aprofitat que comercialitza ítems com si fos el propietari dels permisos i/o drets», es va dir l’A.I. Com indicava el procediment associat a la tasca, no va fer servir l’inici del text a discontinuar –que els no-propietaris de permisos i/o drets solien canviar per dissimular el pirateig–. «Com si els administradors fóssim beneits!» es va dir l’A.I., i va fer copypaste a la pantalla de revisió d’un fragment aleatori: «En el fons del cor prefereixes ser fidel a la vellaparla amb totes les seves vaguetats i inútils significats confusos. Sabies que la novaparla és l’única llengua del món amb un vocabulari que disminueix cada any que passa?»
      El comptador d’alertes va marcar 198, gairebé dos-cents ítems que contenien aquell fragment. «Sí que té èxit, aquesta rampoina», va pensar l’A.I. i a continuació els va seleccionar tots, va clicar «Discontinuar» i va activar el TED corresponent.
      Va clicar l’últim checkbox del checklist i la tasca va quedar completada. Mentre passava al següent punt del formulari de treball es va preguntar per què el propietari dels permisos i/o drets d’un ítem amb tanta difusió n’hauria decidit la discontinuació. «Preocupar-se de coses extra-laborals només abaixa l’IMP», es va dir, però igualment va clicar l’enllaç «Propietari» de l’ítem que acabava de discontinuar.
      Se li va obrir una pantalla que deia: «Ministeri de la Veritat», amb el NIF i l’URL del govern central. No hi va trobar cap relació. «Potser l’ítem contenia conceptes i/o expressions ofensius i/o ofensives per a alguna minoria», es va dir, i va tornar al formulari deixant de banda aquells pensaments improductius.
      La següent tasca de l’A.I. era: «Discontinuació de l’ítem Farenheit 451», d’un tal Bradbury, Ray.

      Doppelgänger

      Doppelgänger

      Ja és hora que el tregui a passeig. No sé què fem aquí asseguts al sofà mirant la tele i bevent birres dia rere dia. Ara toca fer turisme, anar a veure la Moreneta.

      Hi ha una teoria que assegura que tots tenim un doble, un bessó fals en alguna part del món, ben lluny. Un bessó de diferent origen biològic. Tots en tenim un voltant pel món. El meu em va venir a veure.
      Van trucar a la porta i en obrir em vaig quedar de pedra. El primer que vaig pensar va ser que algú em feia una broma; després, que patia un dejavú o un desdoblament de personalitat; al final em vaig netejar les ulleres i vaig comprovar que no tenia una ressaca de cavall.
      L’individu no deia res, només em mirava. Li vaig dir Hola, què tal? Qui ets? Però només somreia. El vaig fer entrar, gairebé el vaig entaforar dins, preocupat per les reaccions dels veïns si el veien (si em veien) allà palplantat.
      Li vaig oferir alguna cosa per beure i el vaig fer seure al sofà. No deia res, em mirava i somreia. Jo també l’observava intentant trobar les set diferències, però no n’hi havia tantes: duia les celles ben depilades, no es mossegava les ungles i tenia un gust boníssim per a la roba. Es podria dir que era la meva versió pija.
      Quan acabà de beure, em va fer una pregunta que es quedà sense resposta. Ho vaig saber pel to, esclar, perquè aquell individu parlava en arameu del sud. Així que si jo no l’entenia segurament ell a mi tampoc. Fotut.
      Vam mirar la tele mentre arribaven un parell de pizzes; després li vaig posar una manta al sofà i vam dormir. L’endemà vaig trucar a la feina per dir que em trobava fatal de la panxa i vaig dedicar el dia a esbrinar d’on havia sortit aquell individu. Si em fixava bé, però molt, molt bé, podia distingir una petita diferència en els seus ulls: no eren idèntics als meus, eren gairebé imperceptiblement més allargats, tirant a asiàtics. De ben segur aquest tret era una pista del seu origen. Seria oriental?
      Després d’esmorzar engegà la tele i no tornà a parlar-me. De fet, m’ignorava bastant. Em vaig asseure al seu costat.
      Més pizzes per dinar i migdiada (jo; ell seguia empassant-se programes i pelis). Al vespre em va dir A mi agrada mol pitza quatra astasions i la Verja da Monster rat. Quin invent, la tele!
      Vaig tornar a trucar a la feina. Gastroenteritis, vaig dir.
      Divendres em va trucar la Cuqui i li vaig posar excuses versemblants per no quedar. Em va fer més ràbia estar diversos dies sense follar que pensar com fer-li passar el cabreig que li va agafar per una suposada infidelitat. Però no la podia deixar venir a casa, no podia veure aquell individu. No ho entendria. A més, el pis és tan petit que no hi havia racó on amagar-lo.
      La casa em queia a sobre i les capses de pizza i les llaunes de birra buides començaven a fer-me nosa. Una tarda l’individu va treure un mòbil i es posà a fer fotos del pis i a teclejar de pressa. Com és que no l’havia utilitzat encara? Potser demanava per WhatsApp que el vinguessin a buscar? Tant de bo! No sabia com desfer-me’n.
      Ara les nits són força tranquil•les. Només m’he despertat dos o tres cops avui per la pudor a pizza podrida i a cervesa rància, i perquè encara se’m fa estrany escoltar com l’individu ronca al sofà. Demà al matí hauré de fer dissabte sens falta i demanar-li la roba: fa olor de socarrat.
      Ens hem llevat abans del migdia, avui. Hem esmorzat bé, hem netejat el pis, ens hem vestit de diumenge, ens hem assegut al sofà i ha engegat la tele. He agafat dues birretes fresques i amb el primer glop m’ha vingut una imatge potent de la Moreneta, així en èxtasi, com una revelació divina, i he canviat d’idea: ja és hora que el tregui a passeig.

      El portal

      El portal

      Vaig tenir la idea de l'embrolladora quàntica tot creuant un pas de peatons. Era dissabte per la tarda i el carrer estava inundat de gent. Havent de creuar un dels carrers amples, crec que Passeig de Gràcia amb Aragó, vaig observar la lava de gent del costat muntanya baixant i trobant-se amb la multitud ascendent del costat mar. Érem un munt de persones passant les unes al costat de les altres, sense xocar. Una imatge impressionant a vista d'ocell. Si això passava amb una massa de gent, per què no hauria de funcionar amb àtoms?

      Un àtom està format bàsicament per un nucli pesat, al voltant del qual orbiten electrons lleugers i molt distants. Per fer-nos una idea, si un nucli fos una pilota de futbol a Badalona, els electrons més propers estarien volant per Mataró. Per tant, els objectes tal i com els coneixem estan quasi buits, és a dir, hi ha molt poc espai ocupat per matèria. La idea consistiria en aprofitar intel.ligentment l'immens espai deixat entre els àtoms per superposar objectes físics.

      Finalment, vaig disenyar la primera embrolladora. Després de mesos de treball, la màquina s’erigia davant meu. En poques paraules, es tractava d'un codificador de matèria que permetria superposar dos o més cossos sense dificultat, tal i com un fantasma travessaria una paret. Mitjançant una escombrada amb làser i un superordinador, l'instrument enregistraria les coordenades de tots els àtoms que constitueixen cada entitat i els forçaria a estar separats sense perjudici de les seves trajectòries. En aquest divorci microscòpic, les partícules de dos cossos embrollats seguirien el seu moviment inicial però estarien lligades de manera que no col.lisionarien mai, encara que els cossos ocupessin el mateix espai. Aquest fenomen s'assembla a la maniobra del Passeig de Gràcia amb Aragó, però en el món dels àtoms, les normes d'urbanitat són de bon tros diferents. La idea de llegir les posicions de cada àtom podria servir també per teletransportar objectes i persones a grans distàncies. En cada invent, no obstant, caldria preveure les possibilitats i limitacions imposades per la mecànica quàntica.

      Els cossos amb els estats enregistrats podrien interpenetrar-se, fet que permetria actes avui impensables com travessar parets sense ni tan sols tocar-les. Amb aquest invent es podria embrollar un cotxe amb el seu amo. Qui no s'ha oblidat les claus del cotxe a casa? Si això passés i el conductor tingués una embrolladora, cap problema. Només caldria lligar els estats quàntics dels àtoms del cotxe amb els cossos del conductor i la família, per tal que aquests fossin els únics que hi poguessin entrar. La resta de gent no hi podria accedir ja que es donaria de nassos amb el metall de la carrosseria. Tampoc caldria reventar les butxaques amb grans clauers, n'hi hauria prou amb enregistrar la porta de casa i els seus habitants serien admesos automàticament. D'altra banda, les operacions a cor obert serien menys arriscades. En el seu lloc, les mans del cirurjà i dels assistents es podrien embrollar amb el pit del pacient per minimitzar incissions i sutures. Tampoc caldria tanta parafernàlia per guardar valors i secrets d'estat, doncs les caixes fortes donarien pas a habitacions hermètiques, sense portes ni finestres, només accessibles als autoritzats. Un món amb parets permeables esdevindria, per tant, possible.

      No imaginava que embrollar objectes fos tan fàcil i tan enigmàtic. Com reaccionaria la nostra pell al travessar sòlids? Potser no serà la mateixa sensació que nedar en una piscina. Potser la primera sensació seria la d'una cremor deguda al fregament, però a aquestes alçades no m'havia atrevit a provar-ho. Una altra conseqüència que se’m va ocórrer més tard consistiria en la possibilitat de paradoxes temporals. Segons la teoria de la relativitat, espai i temps estan interconnectats, pel que el viatge a travès d'un sòlid es podria convertir en un viatge en el temps. D'haver pensat això en el seu moment, hauria evitat la paradoxa que anava a succeir...

      Havia caigut en la meva pròpia trampa. Per provar la màquina, havia embrollat una pilota de bàsquet amb una paret de casa. Havia llençat la pilota a la paret, que la va travessar com si fos una cortina de fum. La pilota no havia caigut al passadís del costat, sinó que havia estat misteriosament engolida per la paret. A través del portal obert, havia arrossegat una càmera de vídeo per mirar a l'altre costat. En el monitor, apareixia una imatge de mi mateix al passadís, de nen, mentre recollia la pilota i la guardava com aquell objecte caigut del cel. Ara me'n recordava. Un objecte especial, que guardaria fins gran, vint anys després, quan l'havia perduda per sempre en llençar-la al portal. Així d'impotent em sentia llavors, mentre estava a un pas de creuar el portal i de saludar-me a mi mateix de nen. Però això no ho recordava...

      El so dels fractals

      El so dels fractals

      Havia arribat l’hora, per fi podria entendre la llum.
      Sota les indicacions de l’amable doctor, va iniciar l’esperat però temut moviment d’obertura de les parpelles, sense descuidar l’aprenentatge que havia rebut durant aquells interminables mesos, això és, una velocitat inhumanament lenta en aquell obrir de portes dels ulls així com la total relaxació de cada múscul del seu cos menut per tal de rebre l’immens dolor que s’avenia...
      La Natàlia esperava aquest moment d’ençà que es va assabentar de l’existència de la llum: tan bon punt va tenir consciència sobre ella mateixa i va dominar la comunicació verbal, va entendre que ella no era la versió estàndard d’humà, sinó una persona incapaç de reconèixer allò que tenia al front sense haver d’estirar la mà; una persona que, malauradament per a ella, no podia distingir els colors, que els seus iguals jutjaven d’imprescindibles per a gaudir la bellesa de la vida. Ella era cega.
      Com no és difícil de concebre, saber-se negada d’aquest miraculós sentit, era per a ella una tortura. Aviat, però, la Natàlia va haver de recapacitar per tal de no veure’s sumida a la tristesa. Va recolzar-se en allò que més alleugerava el seu dolor: l’oïda. Així, tot i no poder veure els colors, ella es va proposar ser l’ésser mortal que més joia trobés en els sons.
      D’aquesta manera, la nostra amiga cega es va aficionar a la música, tenint una especial decantació per a les obres de Beethoven, les quals sovint provocaven que ella pogués somiar desperta que era una vident, que nedava entre tot de colors que la portaven al cel.
      Un dia, la Natàlia va saber que la seva ceguesa no era provocada per un problema de salut al conjunt del seu ull, sinó en algun punt del seu cervell que hauria d’haver analitzat les imatges captades per l’ull. Tanmateix, era possible curar aquesta ceguesa, ja que es podia resoldre per tractaments psicològics.
      El tractament consistia a aconseguir imaginar els colors –tasca pràcticament impossible per a algú que no n’ha vist mai-, amb l’ajuda de relacionar-los amb algun concepte sonor.
      Per aquest fet, se li va recomanar donar forma a les peces de Beethoven a la seva ment, de manera que associés cada frase de cada peça a un moviment, sensació...
      Això, de manera inconscient, li permetria de poder assimilar un fractal, un tipus de figura matemàtica que està feta per ella mateixa en cada punt imaginable, de manera que quan algú mira un fractal, pot tenir diverses sensacions, com la de moviment, atès què veu la figura general en molts trossos d’aquesta.
      El fet que pogués relacionar a Beethoven amb els fractals prové de què les partitures de Beethoven tenen en la seva estructura fractals, ja que les frases de les seves obres són versions amplificades de les subfrases que la formen.
      Finalment, el doctor que ara es trobava al costat de la Natàlia li hauria de modificar el comportament cerebral mitjançant elèctrodes amb la finalitat de transformar els conceptes dels fractals que tant havia assimilat auditivament en sensacions visuals.
      Així, la Natàlia estava a punt de veure per primera vegada, probablement un fractal –qui sap quin-, sempre que el dolor que pateix aquell qui veu per primer cop li ho permet.

      El soma de l’ocàs

      El soma de l’ocàs

      Potser sí que somien els androides amb xais elèctrics. Potser el soma d’Huxley no fa un món feliç. Sembla, però, que ara com ara, la felicitat d’hom es redueix a no envellir. M’empasso d’un glop la càpsula extensiva de telòmers mentre sona el concert per a arpa en la menor, de Dittersdorf. El so de la música només em fa pensar en l’arpa i les arpes en cordes i la teoria de supercordes en la possibilitat de viatjar en el temps i canviar-ho tot des del començament. Em fa somiar amb la possibilitat de la redempció.

      Però la ciència només ha allargat els nostres cicles vitals. En l’entretant hem oblidat el sentit de la vida més profund i ens capfiquem amb una lluita contra una dimensió cronològica impassible. En Kai farà aviat 142 anys. Déu meu, sovint penso que ja no sé comptar. Jo en tinc 13 menys. Abans això suposava un gran què. Ara és una menudesa.

      Certament, vivim més. De fet, encara ens queden un bon grapat d’anys de vida, abans que la nostra obsolescència programada es posi de manifest. Gairebé tot ens és assequible, per això treballen els científics de la nostra globalitat. Per a això hem treballat en Kai i jo tants anys de les nostres vides als Centres d’Investigació. Ja no podrem recuperar, però, allò que entre tots vam destruir.

      En Kai i jo sortim cada dia, gairebé sempre plegats, al hub ultracapitalista de davant de casa per a comprar alguna cosa, menjar normalment. Succedani de menjar -aliments biotecnològics liofilitzats, en el millor dels casos. Ens posem les mascaretes i ens disposem a creuar, en primer lloc, el llindar del nostre petit apartament; després, el carrer. Per a trajectes més llargs hauríem de carregar amb les motxilles. A dins hi portem les nostres recàrregues d’oxigen: bombones d’un, dos o fins a cinc litres d’oxigen líquid. És el nostre or blau pàl·lid, paramagnètic i criogènic. I més econòmic que en cilindres de gas. Tot i ser preciós, costa de respirar. Però ens hi hem acostumat. Al hub en comprem sempre, d’ampolles d’oxigen.

      Els nostres residus són nets; de fet, són reciclats de manera autosostenible i autònoma per a ser reutilitzats en qualsevol de les maneres possibles. Però l’aire és brut, és material particulat nociu, fotoquímics enemics, radiacions ionitzants assassines. Encara patim les conseqüències de tants centenars d’anys de contaminació compulsiva. Van ser períodes en què convulsions de poder dictaminaven lleis de consum, sense respondre mai a l’apel·lació del sentit comú científic.

      A casa ja no s’obren les finestres. Només són quadrangles que permeten de mirar enfora. Però mai ser oberts. A canvi, totes les construccions posseeixen extraordinaris sistemes regeneradors d’oxigen. Sovint recordo, de petita, quan obríem les finestres de la casa i sentíem la flaire del camp, una remor llunyana que generació rere generació s’ha anat dissipant però que jo vaig arribar a conèixer. En el present, rarament visitem en Kai i jo àrees biològiques restringides. Gairebé n’hi queden ja. Quant les trobo a faltar!

      Avui he anat sola al hub. En tornar, obro la porta de casa. Creuo el passadís i trec el cap a la nostra cambra. Al llit hi ha un cos. M’hi atanso. Mateix perfil, mateixos volums. És un cos com el meu, l’alteritat sóc jo. En Kai també hi és a l’habitació, no m’havia adonat. S’acosta cap a mi, travessa el meu cos sortint de l’habitació, torna a entrar-hi, em torna a travessar. Rodola pel llit esquinçant idènticament el meu altre cos. Recull un dispensador i unes càrregues si més no singulars.

      -No ho suporto... Avui en fa un any...

      ...de la meva mort. Gemega. Es clava el dispensador al braç i les càrregues es comencen a alliberar. Cau estabornit i jo només desitjo que siguin hipnòtics intravenosos de curta durada.

      Giro el cap i aconsegueixo veure sobre la tauleta, una ombra en el passat del meu flascó de càpsules extensives de telòmers. A dins, però, hi ha Pentobarbital. Fa molts anys va arribar una estranya càrrega al centre d’investigació. Recordo haver-ne infringit els protocols -com tants cops abans- i guardat una mica d’aquella matèria. Més tard sabria que era susceptible de ser emprada per a execucions vitals. Va ser premeditat? M’havia traït el meu inconscient?

      Sona, ja avançat, el concert per a arpa en la menor, de Dittersdorf. En Kai jau de bocaterrosa. El so de la música només em fa pensar en arpes i les arpes en cordes i la teoria de supercordes en la possibilitat de viatjar en el temps i canviar-ho tot des del començament. Jec al llit i somio amb la possibilitat de la redempció. Desitjava assolir-la.

      El somni d'un infant

      El somni d'un infant

      El viatge va acabar de manera immillorable. “Influència dels druides gals sobre l’alquímia medieval a les Highlands escoceses” estava pràcticament enllestida. De tornada a Barcelona, endreçar idees i donar forma. En dos mesos la presentació al tribunal. L’avió s’enlairà, vaig dir adéu mentalment a Edimburg i em va venir al cap la figura del que ha estat el principal mentor de la meva tesis, John Detsreo. Com definir aquest vellet entranyable? Doctor en Història medieval, doctor en Ciències Químiques, membre d’honor de la Real Societat Britànica de Ciències Físiques, inventor, poeta de renom.. Druida, s’autoanomenava. Mai podré oblidar el contrast entre les seves arrugues centenàries i els seus ulls espurnejants, plens de vida eterna. Em vaig guardar com a punt i final del viatge la quartilla esgrogueïda que em va donar a l’acomiadar-nos al nostre darrer sopar. “Té. Ho guardo des de fa molts anys. És el somni d’un infant. No t’oblidis mai dels teus somnis”. Vaig començar la lectura sabent que no em deixaria indiferent.


      “Ahir vaig tornar a somiar amb la mare, però va ser un somni molt diferent dels que he anat tenint al llarg de tot aquest any que no ha estat amb nosaltres. Ahir no apareixia des del mig de la foscor, no em mirava amb cara de pena, ni desapareixia quan corria a abraçar-la.

      El somni d’ahir va ser molt estrany. Em trobava a la nostra ciutat -ho sé perquè vaig reconèixer l’edifici de correus i la porxada de l’avinguda- però tot era diferent. Els edificis eren més alts, la gent vestia de forma rara i un munt de vehicles a motor, de formes inimaginables, circulaven sobre un terra negre i dur que no havia vist mai abans. Tinc la sensació –li demanaré al pare si és possible- que podia ser la nostra ciutat en un futur no massa llunyà.

      Jo tenia una clara missió: fer preguntes a la gent. Amb un llapis i uns fulls de paper a les mans, aturava als vianants. Repetia la mateixa pregunta sense sentit (ho recordo amb tanta nitidesa!): si ara mateix li fessin un regal per casa seva, què triaria, una cadira o una guitarra? La gent responia amablement; alguns s’ho rumiaven, d’altres contestaven d’immediat. Jo anotava les respostes. Recordo que havia d’entrevistar 50 persones. Amb totes les respostes anotades, vaig córrer cap a la porxada, on m’esperava la mare asseguda a la terrassa d’un bar, em sentia excitat, content: mira, mira, mare, les respostes estan molt dividides; 27 persones volen la cadira i 23 volen la guitarra...El somriure encoratjador de la mare. Molt bé fill, fes la segona part de la feina. Vaig tornar al passeig central de l’avinguda. La pregunta ara era encara més estranya. De fet, ho era molt: si ara mateix li fessin un regal per casa seva, què triaria, una cadira elèctrica o una guitarra elèctrica? No sé perquè, però les respostes no van ser tan amables. Alguns marxaven sense contestar i em va portar una bona estona aconseguir 50 respostes. Quan les vaig tenir i vaig fer el recompte, una sensació molt forta es va anar apoderant de mi. Vaig arribar esbufegant a la porxada i gairebé cridant li vaig dir a la mare: mare, mare! És tal com em vas dir, és tal com em vas dir! L’electricitat ha desviat totalment les respostes, 49 persones volen la guitarra i només una la cadira. Què vol dir, mare, què vol dir? Què és el que té l’electricitat que és capaç de desviar les respostes com la magnetita del pare desvia la brúixola que em va regalar l’oncle? Mare, mare....

      Suposo que em devia moure nerviós al llit, potser fins i tot cridava, perquè de molt lluny, la veu inconfusible del pare em va anar arribant de forma cada cop més audible : James Clerk, James Clerk, desperta, només ha estat un somni....”

      Vaig rellegir el manuscrit uns quants cops. El vaig guardar, com si fos –ho era- la cosa més delicada del món. La lluna damunt del Mediterrani em saludà i m’avisà que el viatge estava arribant a la seva fi ; vaig contestar amb un somriure somiador, feliç.

      Nota de l’autor:
      Petit homenatge a James Clerk Maxwell, orfe de mare als vuit anys i creador d’unes de les equacions més potents i elegants que ens regala la física: les equacions de Maxwell.

      Falgueres musicals

      Falgueres musicals

      No hi havia manera. Havia anat a buscar la inspiració a la natura, a veure si se m’acudien idees per fer la composició que m’havien encomanat. Bé, al capdavall era jo la que m’hi havia compromès; el Dídac, un amic meu de tota la vida, havia invertit tot el poc que li quedava en un projecte, ja que fins llavors res li havia sortit bé. I, és clar, com podia dir-li que no? Tanmateix, n’era molta, la responsabilitat: l’èxit i el futur del meu amic a les meves mans i, per més inri, no se m’acudia res aquest cop.
      I allà era jo, en un joiós camp verd des d’on es veia el Pedraforca. Al costat de la roca on era, una jove falguera s’obria pas entre les seves grans germanes. Vaig recordar les paraules d’un amic que, com a mi, li agradaven les matemàtiques: «Has sentit mai a parlar sobre els fractals? Són uns objectes que es defineixen amb una geometria diferent, la fractal, i tenen una dimensió fraccionària; a més de ser autosemblants a diferent escala. És a dir... per exemple, pensa en una falguera: si n’agafes una fulla, és com una reducció de la planta sencera, i passa el mateix si es torna a agafar una fulleta de la fulla: es torna a trobar el mateix patró. Fa relativament poc que es van començar a estudiar, malgrat que ja Sierpinski, Koch i d’altres matemàtics haguessin inventat objectes fractals anteriorment, i malgrat que, de fet, la natura n’estigui plena. Els fractals són brutals! No trobes?». Tot i que m’encuriosís això de la dimensió fraccionària i el món que em presentava, no hi havia tornat a pensar.
      Vaig tornar a casa sense haver aconseguit res. Els dies van anar passant i cada cop s’apropava més la data límit per haver acabat aquesta cançó que havia de ser captivadora, que no deixés la gent indiferent. Ja no sabia què fer perquè em sorgís una idea. Havia provat tot el que sabia, però res del que em sortia em satisfeia.
      Dos dies abans de l’entrega, encara seguia en la mateixa situació, i ara ja estava angoixada de veritat. De sobte, vaig recordar la falguera i els fractals. Com que no sabia què més podia fer, vaig valorar que no perdria res per fer una petita recerca dels fractals i conèixer-los, així que m’hi vaig posar. Fascinada, vaig trobar que es podien connectar amb la música en l’anomenada música fractal. Molts compositors l’havien utilitzada com a eina per les seves creacions. Vaig estar-me la nit endinsant-m’hi i absorbint totes aquelles maneres que estava descobrint de crear música a partir d’aquests conceptes matemàtics.
      L’endemà, ja inspirada i amb tantes idees que em desbordaven, vaig posar-hi fil a l’agulla i, en unes hores i àgilment, vaig fer la composició. Ben orgullosa, amb la meva creativitat, les matemàtiques i algunes modificacions per aconseguir un acabat digne, tenia la composició.
      Com era propi de la música fractal, la composició era una música diferent, que sí, sonava bé, però no era com la resta. En presentar-li al Dídac, aquest va fer cara de pomes agres i digué:
      - No m’acaba de convèncer. És massa estranya i poc convencional. A la gent no li agrada allò que és rar. Però bé, no tinc més remei, s’acaba el temps.
      Jo, entristida per la valoració, no vaig saber què dir, pensava que el que esperava era una música una mica diferent per cridar l’atenció.
      No obstant, uns dies després, ell em trucà:
      - Perdona’m per no haver sabut apreciar la teva música. El meu projecte s’està donant a conèixer a una velocitat esfereïdora! I tot és gràcies a tu. He de reconèixer que estava equivocat, la teva música agrada molt: és electritzant, captivadora, innovadora, sorprenent i agradable alhora. No pel fet de sortir-se dels cànons ha de ser dolenta, sinó més bé el contrari, en alguns casos! És un èxit! Moltes gràcies, de veritat, i ho sento.
      I vet aquí com va començar la meva vida professional com a compositora. A partir d’aquest moment em van començar a ploure ofertes. Intentant ajudar al meu amic, al final els dos havíem triomfat. I res d’això hauria estat possible si no hagués combinat la ciència i l’art mitjançant els fractals i la creativitat.

      FUGIDA

      FUGIDA

      Nit del 2 de març de 1944
      En Francesco començava a pensar que entrar en aquell tren havia estat molt mala idea. Havia actuat així perquè, tot i que corrien rumors que el final de la guerra estava a prop, ell no en podia estar segur; a més, veure el seu fill Paolo i la seva dona consumir-se per la fam i la tristesa el deixava en un estat de desesperació que no havia conegut mai fins llavors. Per ell ho eren tot. A la seva dona la va estimar des del primer moment. No hi havia dia que no pensés en tot el que havien viscut junts. Ja des de ben petita era una nena molt desperta i intel·ligent que devorava tots els llibres que els mestres li deixaven i que ell li portava de la biblioteca on el seu pare treballava. Li encantaven els reptes, els estudiava de forma incansable i escrivia tot el que se li acudia en trossos de paper. Encara ara recordava la cara de concentració que feia davant dels problemes més difícils i com somreia de felicitat si els resolia. El dia del casament ell li va regalar una llibreta preciosa perquè hi pogués escriure tot el que resolgués. Havia volgut donar-los una vida millor, fins i tot contemplava la possibilitat que la seva dona estudiés alguna cosa de ciències. Ara es trobaven tots en un tren camí a Nàpols, però per desgracia ella estava uns quants vagons més endavant i això li feia pensar que potser s'havia equivocat. El seu fill estava estret contra el seu pit i somicava perquè no tenia la Valentina a prop. Feia poc havien sortit de Romagnano i ja portaven més de 10 minuts parats.

      La Valentina estava espantada. El túnel era molt fosc. Dintre el vagó ningú veia res. Hi havia un silenci sepulcral, el silenci de qui sap que alguna cosa no va bé, però que no ho vol admetre per por a ser conscient del propi final. No podia deixar de pensar amb en Paolo i en Francesco. Ell li havia dit que havien de marxar aquella mateixa nit, que hi havia un tren que els portaria cap a una vida millor. No sabia si perquè feia dies que estava delirant entre números i equacions que no la deixaven viure o perquè estava morta de fam, però el cas és que hi va accedir. Des de sempre li havien fascinat les matemàtiques per la seva claredat, tan difícil de trobar, però que quan l'assolia l'omplia de joia. Li encantaven els nombres primers, de fet feia temps que estava capficada buscant la solució d'una conjectura que l'havia captivat des del moment que havia sabut que se la considerava un gran repte encara per resoldre. Tot això ara no importava, dalt del tren sola no deixava de veure la imatge del seu fill caient mentre intentava pujar. En Francesco li havia cridat que pugés, que ja es trobarien a dalt. Desitjava que no ho haguessin aconseguit perquè tenia l'estranya certesa que s’estava morint. Li pesaven les cames i els braços, ni tan sols podia aguantar la llibreta entre les mans. Mentre una llàgrima li queia i una passió de son infinita l’envaïa va treure forces d'on no en tenia per escriure-li un missatge d’amor al seu fill.

      5 de juny de 2014
      En Marcos ha acabat la carrera de matemàtiques amb cum laude. El seu avi, en Paolo, se'l mira amb els ulls negats pel plor. Sap que són llàgrimes d’orgull, però també de tristesa. Està segur que està pensant en la seva mare, la Valentina, morta 70 anys enrere en aquell maleït tren de Balvano. Moltes vegades li ha explicat la història de com ell corria agafat a la seva mare, de com va caure i de com això va fer que pugessin a l’últim vagó. Van voler arribar fins on era ella, però el tren no es comunicava. La misèria de la guerra es va reflectir també en la baixa qualitat del carbó i més de 520 persones hi van morir asfixiades pels gasos. Encara que no li hagi dit, ell sap que es sent culpable per haver estat al vagó que va quedar fora del túnel.
      En Paolo està tan orgullós del seu nét que ha decidit regalar-li la llibreta on la Valentina hi va deixar escrit un missatge amb el traç de la desesperació i la pressa: T'estimo, fill meu.
      L'endemà en Marcos es va posar a fullejar la llibreta tranquil·lament quan, de sobte, el va envair una gran tristesa, no només pel fet d'haver llegit la frase que li havia deixat al seu avi, sinó també perquè, sense ella saber-ho, li havia deixat la clau per resoldre la conjectura dels nombres primers bessons.

      Insignificant

      Insignificant

      Empenyo la motxilla amb el peu, avanço, badallo. Odio fer cua. Des de l'incident de Berlín, els de la Xarxa Novoeuropea de Portes s'han pres molt seriosament la seguretat. Hi ha qui diu que la culpa de tot això la tenen les notícies, que al canviar "accident" per "atemptat" van desencadenar el pànic per tota la Xarxa. I òbviament, tancar les Estacions fins a nou avís hauria sigut com posar mitja Europa en quarantena i a l’altra meitat de vaga, així que es van mantenir els horaris habituals, i es va augmentar la probabilitat de retard dels trens, marca distintiva de la Xarxa.

      Total, que ara hi ha controls de seguretat a totes les Estacions, on et revisen des de l’historial de viatge fins al tupper del dinar. Un recurs primitiu que només ens dóna una falsa tranquil·litat, perquè els atacs convencionals tenen més sentit abans del control, i els accidents segueixen sent inevitables. Què passa entre una Porta i l'altra, això és el que haurien de controlar.

      L'home de davant s'ha cansat de la seva mare i treu el mòbil. L'imito. Desbloquejo el telèfon i em trobo diversos missatges d’en Jan, el primer del migdia. Que si tinc un moment per parlar. Que com m’ha anat per aquestes latituds. Tinc també una perduda. Les notificacions acaben amb un missatge de fa un quart d’hora, on em diu que ja ha aparcat i m’espera a la sortida. Li dic que no seran més de vint minuts i guardo el mòbil. Sense adonar-me’n, somric. Tinc ganes de veure’l. Deu minuts per al tren de Sants, diuen pels altaveus en rus.

      En el control s’enduen el meu equipatge per revisar-lo. No és per res en especial, em diuen, és el protocol. Coses que passen quan vas tard. Quan em tornen la motxilla i el bitllet surto corrents cap a l’andana, i em pujo al primer vagó, intentant localitzar un seient lliure. El tren ja s’està posant en marxa.

      Quan per fi m’assec, el puntet de la pantalla on es marquen les parades ja és a la meitat del trajecte entre l’Estació de Sant Petersburg i la Porta. Els llums es comencen a atenuar i entrem en el túnel d’accelerat. Ens endinsem en la Porta, les pantalles s’apaguen, i comencen els pitjors minuts del viatge. Dos minuts de foscor i incertesa, on un es pregunta si el viatge canviarà quelcom. Respires poc a poc, intentant copsar el sospir infinitesimal en el que no ets més que una barreja de probabilitats de ser i no ser, quan deixes d’existir en una Porta per a tornar a existir, gairebé inalterat, en la Porta de destinació.

      Però el teu cor et distreu, va massa ràpid, i la respiració se't desboca per a seguir-li el ritme. En aquest moment, els més acostumats s’hauran adormit, mentre que els altres segurament estaran pensant en el que va passar fa dos mesos a Berlín. El tren d’Schrödinger, li’n deien al principi, perquè no se sabia si els passatgers eren vius o morts. Tampoc es va aclarir si havien deixat d’existir o simplement se'ls considerava desapareguts. Per ara, només és una petita incoherència.


      Durant el trajecte, el passatger no nota res. Primer sent com el tren accelera, i després d’uns segons a la màxima velocitat, comença a frenar. Dos minuts. Set euros amb cinquanta el bitllet d’anada i tornada per a distàncies llargues. Els canvis són insignificants. Val la pena!


      Sembla que al final m'he adormit. Quan obro els ulls els altaveus ens donen la benvinguda en català. M’aixeco marejada, envoltada de cares endormiscades. Lentament, els passatgers desfilem cap a la sortida, carregant amb les nostres bosses i els nostres dubtes.

      Decideixo que avui aniré a peu, així que surto al carrer. Em rep una brisa càlida i polsegosa que em recorda que s'acosta l'estiu. Em dic que caminar em farà bé, encara que la veritat és que no vull tornar al pis. Que per arribar aviat i trobar-me'l buit i deixat millor arribar-hi entrada la nit, sense més remei que anar-me'n al llit. Per això vaig acceptar el treball itinerant.

      Penso en el mes de descans, que només hauré de treballar unes poques hores al dia, des de casa. Hauré de reprendre els dinars familiars, les visites a l’àvia, les tardes de lectura. I netejar el pis, abans que la porqueria acabi amb mi. Tornar a la normalitat.

      Però no vull. Durant uns segons em deixo enlluernar pels últims rajos de sol, que s’escolen per entre els gratacels de la ciutat, i tanco els ulls. Haig de fer-ho, encara que no vulgui.

      Em repenjo la motxilla mentre li dono l’esquena al sol, i em trobo desfent el camí i creuant les portes de l’Estació, corrent cap al metro i llençant-me escales avall, com un dimoni de tornada a l'infern.

      JOHARI PAGA LA RONDA

      JOHARI PAGA LA RONDA

      Un home mira sorprès el seu braçalet INCISAL i s’acosta a una dona que es troba a la barra de la discoteca. Aquella polsera és un dispositiu personal de monitorització i control dels interessos i gustos en xarxes socials de la gent que porti dispositius semblants a sobre. El seu nom és un divertit anagrama: Intelligent Controlling Likes&Affinities In Social Networks. L’aparell pot mostrar un mapa en temps real de l’entorn immediat assenyalant amb puntets de colors la classificació ràpida de les persones tot estudiant els seus perfils a les xarxes socials i comparant-lo amb el del portador. També oferia una referència ràpida amb informació del contacte i elements ràpids de conversa.
      - Hola, em dic Vincent Erickson. –Saluda ell.
      - Encantada, jo sóc la Nettie Glover.
      - La veritat és que no sé com començar, com és que...
      - No porto un INCISAL? No són gaire útils.
      - Com pots dir aixó? És un dels invents que ha revolucionat totalment les relacions humanes al segle XXI!
      - Estàs segur? Jo no crec que hagi revolucionat res.
      En Vincent cada cop més sorprès, intenta portar la batuta en aquella trobada.
      - Vols una altre copa? M’aposto una ronda a que no em convenceràs de que les INCISAL no són un gran avenç.
      - D’acord.- Va dir ella mirant el barman que va venir de seguida- Per començar, en situacions com aquesta, no necessito saber qui està interessat en mi o no. Tu has vingut a mi, i no duc dispositiu. I ara parlem. Per tant, estem tots dos interessats l’un en l’altre. Es triga poc temps a trobar algú amb un cop de vista i es pot descartar fàcilment preguntant si vol conversa. Amés, el dispositiu es basa només en l’àrea lliure de la informació que hom vol mostrar per que els altres accedeixin lliurement. Quina és la teva fitxa INCISAL, Vincent?
      - Ell llegeix la pantalleta en veu alta:

      Vincent Erickson 39 anys Solter
      Lab manager Amant dels animals Té dos mastins americans
      Li agrada fer esport Juga a pàdel Catòlic

      - Molt bé. Ja tinc la informació que tu- el va assenyalar amb el dit- comparteixes a les xarxes socials i que vols que se sàpiga. Et diré moltes més dades, sense cap aparell, de la teva àrea cega:
      Ets nou en aquest local, portes el distintiu d’una sessió. Als que venim sovint, els relacions públiques ens ofereixen passis de temporada. T’agraden els animals però tu no passeges els teus gossos, tindries marques amb la corretja a les mans. Fa temps que no jugues a pàdel, tens la pell ben blanca. No sempre has estat solter, ja que la teva corbata és el típic regal d’una parella amb la clara intenció de marcar-te.
      - A mi m’agrada aquesta corbata, si veiessis les altres... Bé, tens raó, fa un mes que vam partir peres. – Va confessar Vincent força divertit amb aquell joc.
      - Així que és ella qui passeja els gossos?
      - Se’ls va quedar ella, jo m’he mudat a un pis més petit i no tinc lloc pels animals. Me’ls deixa veure al parc un cop a la setmana.
      - Vols que passi a llegir la teva àrea oculta?
      - Com d’oculta?
      - Com que no la vols compartir, però jo la sé llarga i perdràs la ronda.
      - Prova. No crec que puguis afegir gaire cosa més.
      - No? Fa temps que no fas pàdel perquè darrerament comences a tenir mals d’esquena, concretament en la part esquerra, cap on desvies el cap per centrar la mirada per culpa d’un lleuger estrabisme no corregit de petit.
      - Com?- Va dir ell, empassant saliva. – Ets fisioterapeuta o què?
      - Observadora. El motiu del trencament ha estat la teva culpa, com a bon catòlic. Vas tenir sexe amb algú al laboratori, ho diu la teva cremada amb fenol del palmell de la ma, substància que no es nota com et lesiona i que deixa una marca molt característica. Un director de laboratori posant la ma en un taulell moll? El fenol era d’algun flascó que vas tombar amb la passió del moment. Per això la corbata i la culpa.
      - Qui ets? Va preguntar Vincent nerviós, a qui de sobte li havia deixat de fer gràcia el joc.
      - Algú que t’ha fet veure que has llençat els diners comprant aquesta andròmina. Si ens donem una oportunitat, potser jo seré qui descobreixi i et mostri la teva darrera àrea, la desconeguda. Aquella part del teu inconscient que ningú pot conèixer.
      En Vincent es mira la Nettie tan sols un segon abans de preguntar encisat:
      - Vols sortir amb mi?
      - No.- Diu ella somriguent.- Però potser tu vols venir a visitar-me.- Li ofereix una tarja de visita que posa:
      Nettie A. Glover
      Psicòloga
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      L'excusa perfecta

      L'excusa perfecta

      Faltaven tres dies per a l’entrega del treball de recerca i encara no havíem acabat la part pràctica; l’objectiu era construir un emissor d’FM per tal de transmetre una seqüència de tons que pogués captar un receptor i demostrar, així, la possibilitat de comunicar dades digitals mitjançant aquest mètode.
      Per sort comptàvem amb els materials necessaris. Així doncs, aquell mateix dia vaig quedar amb el Joel, el meu company per al treball, per fabricar d’una vegada per totes el nostre emissor i, a continuació, fer les proves adients.
      Dues hores més tard, havíem acabat el nostre radiotransmissor, sense cap incidència; bé, el Joel es va cremar un parell de vegades amb el soldador (ja li deia jo que l’estava agafant per on no tocava...). Sigui com sigui, ho havíem finalitzat i només quedava provar-lo.
      Tot seguit, vam preparar una seqüència de tons aleatòriament i els vam emetre durant uns segons. Tot funcionava correctament fins que, sorprenentment, vam sentir a través del receptor:
      -Rebut! Codi correcte. Tot preparat per a l’entrega. En dues hores ens veiem al “forat de la muntanya”. Porteu els diners.-
      En aquell moment ens vam quedar trasbalsats, qui era aquella veu? Era una broma? Estàvem davant d’una autèntica operació de tràfic de drogues? A què es referia la veu amb “ el forat de la muntanya”?. Només teníem resposta per a l’ultima qüestió, estava clar que parlaven de la roca foradada de Montserrat. En relació a les altres preguntes, només n’hi havia una forma de contestar-les.
      Com que no teníem gaires ganes de seguir treballant, vam agafar les bicicletes i ens vam dirigir al lloc de trobada. Quan hi vam ser no hi havia ningú, de manera que vam decidir amagar-nos darrere d’uns arbustos a la bora del camí. Un quart d’hora després vam sentir unes passes i va aparèixer un home de mitjana edat calb i amb una barba prominent; realment tenia un aspecte deplorable . A continuació, en l’altra direcció vam observar que s’apropava un altre personatge, aquest, però, tenia el cabell ros i llarg, semblava estranger. El segon portava un paquet sota el braç i l’altre un maletí. No van creuar paraula, simplement es van intercanviar la mercaderia.
      -Ai!!- va cridar el Joel.
      Una abella havia picat el Joel just en una de les seves ferides en el pitjor moment.
      Els dos subjectes van fer un bot i van mirar en la nostra direcció. Ens havien vist!
      Ens vam quedar glaçats. L’últim que recordo és l’home calb amb cara d’assassí i amb els ulls injectats de sang.
      Quan vaig despertar no sabia on em trobava, a més em feia molt mal el cap. Com vaig saber més tard estava en una petita illa del pacífic, segrestat. El Joel es trobava en la mateixa situació, però en una illa veïna.
      Primerament em vaig espantar molt, però em vaig adonar que de fet no s’estava tan malament allà: el clima és esplèndid i les platges paradisíaques.
      I aquí estic jo, malgastant l’única carta que em permeten enviar per comunicar les condicions del rescat. Espero que almenys serveixi d’excusa per no poder entregar el treball de recerca.

      L’última partícula

      L’última partícula

      La materia és quelcom que sempre m’ha tingut obsessionat. Una cosa tan abstracte com l’un, l’infinit o l’amor cap a Gena, la meva dona. He intentat persuadir sense èxit a tots els meus col·legues per fundar el Royal Institute of Boundary Matter, però em sembla que ningú s'ha adonat encara de la urgència de la meva postulació. Em faig cada vegada més vell i lamentaria considerablement no haver pogut tocar de veritat a la meva dona ni una sola vegada. He estat desenvolupant en secret una fórmula bevible modulada d'una modificació combinada de dits de zinc amb tècniques ARN interferent, que m'ajudi a mantenir la funcionalitat de tots els meus òrgans mentre el meu cos es redueix fins a la mida de la partícula final, només així podré per primera vegada donar-li una carícia a la meva dona sense que s'interposi un devessall d'espai buit.
      I aquí em trobo, estirat al llit contemplant l'angèlic rostre de la meva estimada un cop més, per última vegada. Ja he deixat una carta de comiat al costat de les seves ulleres per a què sàpiga que no he tingut la boja idea de abandonar-la, sinó tot el contrari, que he decidit estar al seu costat de veritat. Ella ho entendrà. Evidentment l'he sedat prou com per a què no es desperti i no interfereixi amb el meu experiment, és a dir, no m'agradaria que, sent jo tan petit, em pensi que estic tocant la partícula última de la meva dona quan en realitat estic en comunió amb el coixí, o amb una de les puces de Lucas —el nostre gat— perquè la meva dona ha anat a saber on. Sense més postergació, bec tot el potet. L'efecte és summament lent i intens, o almenys això em sembla. Miro el rellotge sobre la còmoda i veig que han passat escassos segons, però per a mi han estat hores de retracció.
      Sent de la mida d'un rossinyol em pòsit sobre el ventre de la Gena, des d' aquí puc notar clarament tots els seus porus, l'exquisit aroma de la seva pell. Ara que sóc de la mida d' una formiga, decideixo escalar pel seu pit per col·locar-me sobre el seu cor, els seus batecs m'ensordeixen, la calor de la seva pell em crema els peus. M'introdueixo en una de les gotes de suor i em perdo en un mar vermellós de filaments destellants, de fines capes vibrant en diferents freqüències, cadascuna impregnant la següent, tots els meus sentits es veuen arrabassats, el colorit no cessa, un so que no silencia, una aroma que roman. Però pel que sembla, segueixo sense sentir-la.
      No deixo de minvar, no deixa de passar el temps. Tinc por de morir sense aconseguir-ho, de ser infinitament petit. He perdut el compte dels mesos, del temps. Aquest és un sistema complex que escapa a les xarxes de la meva lògica, he esperat abastar tot dins de la meva investigació i ara sé que la realitat no és més una manifestació que es presenta fora de la consciència, és aquesta qui juga amb ella creant-li processos binaris per confondre-la. Aquest pot ser el seu prolegomen.
      Aquí, tan infinitament petit, sent ningú ni res i confonent-me amb tot he començat a oblidar-me. Disposat a perdre la fe, percebo una espurna purpúria que per alguna raó destaca de la resta, m'apropo de qualsevol manera, i a mesura que ho faig, m’empetiteixo alhora que veig més clarament les seves formes, és una llunyana esfera blava que intento agafar, que intento abraçar amb tot el meu ésser. M’esvaeixo al seu costat i tanco els ulls. Crec que m'he perdut per sempre.
      Després d'un temps insondable i immortal obro els ulls. Em pesen les parpelles, em pesen tant que no aconsegueixo enfocar, tot em sembla estranyament fosc com feia una eternitat. A mesura que torno en mi, comencen a espavilar els meus sentits, el so, l'aroma, les llums i ombres i l'abraçada. Tinc una sensació estranyament familiar al palpís dels meus dits, un tebi i humida calor que recorre tot el meu cos. I m'enfoco una vegada més en el perfum, la textura. És…és Gena al meu costat. 
      És possible, ara ho entenc, potser perquè sóc més vell. Col·loco suau i delicadament els meus llavis sobre el seu fi front, temo que el meu tosc frec la desperti. Però és en va, sense esperar-ho el vapor de la meva respiració ja l'ha acariciat i s'ha despertat. Em mira amb aquests enormes ulls de lluna que em toquen l'ànima. La miro, la prenc de la galta: – Gena, els teus recovecos són incerts però infinitament sublims. En intentar tocar-te, buscar-te, m'he trobat a l'univers sencer dins d'una espiral que no cessa. Ets una petita part que pertany al cosmos, però el cosmos sencer et pertany a tu.

      La capella dels miracles

      La capella dels miracles

      La capella dels miracles

      Tots dos homes hi van arribar gairebé al mateix temps. Se segueren al primer banc, un al costat de l’altre. Un silenci sepulcral, només interromput de tant en tant per el lleu crepitar de la flama del ciri que coronava una mena d’altar situat davant d’ells, els incomodava més que reconfortava.
      El que hi havia arribat amb dues crosses i que, amb penes i treballs, havia aconseguit superar les limitacions de la seva coixesa per finalment asseure’s al banc, va ser el primer en trencar l’atmosfera de quietud que hi regnava.
      –Bona tarda. Vostè també ha vingut per això dels miracles?– va demanar al seu company amb una mirada escrutadora, com si l’examinés de dalt a baix a la recerca de qualsevol anomalia.
      –Bona tarda. Zí zenyor. Diuen que funziona. La capella dez miraclez li’n diuen. Zupozo que voztè ha vigut per la coixeza, oi?
      –Sí, és clar.
      –I què li paza a lez camez?
      –És de naixement. Els metges mai no ho han esbrinat. No puc posar-me dempeus. Només que faig la intenció caic a terra rodó. És un cas estrany. Mai descrit en la literatura mèdica. I vostè? La parla, oi?
      –Zi, zóc papizot. També de naizement. Elz metgez no zaben d’on bé ni com zolucionar-ho. Em zurten les zetes a tortz i a dret i no puc evitarz-ho.
      –I què diuen els logopedes?
      –Rez de rez. Mai no han vizt un caz com elz meu. M’han fet totez lez provez del món i no han trobatz cap anomalia.
      –Vol dir escàners, endoscòpies, tomografies, ressonàncies, ecografies, Tacs...
      –I tantz, he voltat per tot el monz, visitant elz millorz ezpezializtez, i cap ha tretz l’entrallat. I voztè, elz metzgez diuent rez de bo?
      –Res de res, tampoc. M’han escorcollat el cos de cap a peus i tot està normal. Es fan creus que només en posar-me dempeus caigui tan llarg com sóc. Ni neuròlegs ni traumatòlegs se n’han sortit. Sembla mentida que amb tants avenços la ciència no sigui capaç de trobar-ne almenys la causa.
      –Jo ho he intentatz amb l’homeopatia, la reflexzoteràpia, l’acupuntura, l’aromapatia, la zineziologia, la hipnoteràpia, la talazoteràpia... Un fotimer de medizinez per parar un carro i tampoc rez de rez.
      –Veig que hem seguit el mateix pelegrinatge. Jo, fins i tot, he visitat curanderos i sanadors de tota mena.
      –Zí. Jo vaig anar a veure un chamanz molt famós i el pobre noméz va dir que era coza del dimoniz.
      De sobte, les notes d’una música plàcida van començar a sonar atraient l’atenció dels dos homes que, amb un esguard encuriosit van començar a mirar per tot arreu com si volguessin trobar el lloc d’on sortia aquella melodia.
      De seguida la música s’aturà i tot seguit una veu càlida va començar a parlar.
      –Benvolguts germans! Sou aquí, en aquesta capella dels miracles, perquè la fe us hi ha dut –els dos homes es miraren amb ulls sorpresos–. Ben segur que hi trobareu l’alleujament i la pau que heu vingut a cercar. La mà de l’esperit Sant, que tot ho pot i tot ho resol, acariciarà les vostres nafres i corregirà allò que la natura va errar en el moment de la vostra concepció.
      Els dos pelegrins tensaren els seus muscles i movent el cap d’un costat a l’altre miraren de cercar d’on provenia aquella veu misteriosa.
      –Germans! Prepareu-vos per al fet miraculós! Tot seguit els vostres cossos malforjats s’alliberaran de les tares que els afligeixen!
      L’expectació dels dos homes va arribar al màxim.
      ...
      -Atenció coix! Posa’t dempeus! Sense por... Fes una passa endavant!
      ...
      -Papissot! Amb veu clara i ferma, digues alguna cosa!
      ...
      -El coixz z’ha caigutz.

      La fe en miniatura

      La fe en miniatura

      Vaig coincidir amb Sant Pere a l'ascensor de l'Hospital Josep Trueta de Girona. Suposo que és normal trobar Sants extraviats als hospitals. La frontera entre el Cel i la Terra no pot estar enlloc més. Fixeu-vos, si no, en el tràfic i en el mestissatge, en el blanc, en l'olor, i en el que té de sospitós tot el que s'hi fa.

      Jo pujava a la vuitena planta per visitar la meva àvia, que des del dia de Sant Esteve està ingressada per una infecció greu a la sang. Sant Pere havia pitjat el botó del setè pis, no sé si per costum o perquè hi anava a fer alguna cosa. Era un home alt i ossut, portava una bata blanca i, sota el braç, un bloc de fulles rosa que tenia tota la pinta de ser un test psicotècnic. La clau del Cel era diminuta i li penjava del coll.

      —Veig que han canviat el pany —vaig observar, per dir alguna cosa—, la clau que li entregaven al fresc de Perugino era molt més grossa.

      —Era una clau simbòlica —va aclarir Sant Pere—. Aquesta també ho és, però ara les fem més ergonòmiques. En realitat, funcionem per reconeixement dactilar des del principi.

      —Ja.

      Va seguir reflexionant absurdament sobre la conveniència dels símbols i la miniaturització de la fe. La gent creu en els medicaments pel que tenen de minúsculs, el més natural seria que tinguessin la mida d'un entrepà, etcètera. Vaig interrompre'l per preguntar-li d'una vegada per la meva àvia.

      —A la Maria encara no li toca —va informar-me amb el to de qui ha negat a Crist fins a tres vegades en una nit i segueix treballant per ell.

      És clar que no li toca. La Maria en té per anys, amb això no s'hi ficciona. L'ascensor va arribar a la setena planta de seguida i Sant Pere va baixar.

      —Puc considerar-ho una aparició? —vaig preguntar-li, a favor del relat.

      —Estrictament, ha estat vostè qui se m'ha aparegut.

      I això va ser tot. Vaig arribar alleugerit a l'habitació de la meva àvia i, per alguna raó, li vaig poder dir que l'estimava: t'estimo, iaia. La veritat és que es trobava molt millor, en part gràcies a uns antibiòtics que, segons ella, eren tan petits que no podien servir per a res.

      La quàntica de l'ànima

      La quàntica de l'ànima

      El dia comença, com sempre, amb el doble regust amarg: el del cafè, i el de les notícies.
      De camí a l'institut avui no poso la ràdio, decideixo fer una excepció amb un recopilatori de Revólver que jo mateix m'he fet. Sona 21 gramos. M'encanta! Brutal. Però tornem-hi... ja ho havia sentit, això de que l'ànima pesa 21 grams. Mare meva...l'han pesat algun cop? Totes pesen igual? Començo a buscar una explicació...hi ha gasos a la sang al morir, també als pulmons, fins i tot després "d'expirar" mai millor dit. La pressió ha de ser superior a l'atmosfèrica, han d'acabar difonent poc a poc de dins cap en fora...és això? Se li suma la transpiració del que teníem a flor de pell? Mai millor dit, la flor s'acaba pansint.

      El dia continua amb sabor agredolç, es podria dir que la cosa va millorant. M'encanta fer classe, però als alumnes no sempre els agrada tant com a mi. Avui comentem un text científic que versa sobre el flogist. Jo mateix he dissenyat les preguntes...la primera és òbvia: "segons el text, què és el flogist?" però al final tot acaba derivant en la visió humanista d'aquella època, en la qual l'ésser humà contenia quelcom més que la matèria orgànica, a diferència dels altres éssers vius.

      Tarda dolça, croissantets. Fins que arriba la meva esposa de la feina, i m’explica que ha anat a gravar un reportatge sobre l’arquitectura del cementiri de Montjuic, i que li ha passat una cosa sorprenent: mentre capturava imatges d’un passadís d’allò més anodí se li ha vetllat la pantalleta de la càmera. A l’arribar a la redacció ha portat la càmera al tècnic, i sense explicar-li res de com ha anat li ha dit “això passa quan hi ha canvis bruscos de temperatura o humitat”. És impossible no pensar en moments com aquest en un famós programa de televisió, en el que asseguren que aquests són indicis de la presència d’esperits, i es dediquen a fer mesures en cases, hotels i sanatoris amb un passat més farcit de llegendes que realitats. També asseguren que les “energies” com ho acostumen a anomenar, es poden transmutar en una altra manifestació perceptible per a l’ésser humà: la sonora, en forma de psicofonies. Aquesta idea sempre em va semblar absurda. Caldria partir de que les ànimes que vaguen pel nostre món tenen energies diferents, i que algunes poden fer vibrar l’aire de manera controlada i voluntària, en unes freqüències dins el llindar audible, i creant així impulsos que nosaltres podrem interpretar com paraules comprensibles. I a més...tot això sense anar perdent energia? Els esperits són capaços de portar el principi de consevació de l’energia a un extrem que l’ésser humà és incapaç d’aconseguir? Deixen d’existir les lleis de la termodinàmica?

      Doncs sí, sempre em va semblar absurd fins que, amb la llicenciatura tot just acabada, vaig buidar la casa dels meus avis que al cel siguin. Hi vaig anar amb amics. Van fer fotos, i en una d’elles els objectes van aparèixer absolutament distorsionats. Això em va portar a pensar en les teories d’interacció energia-matèria. D’acord que un mantra fonamental de la quàntica és “si interaccionem amb la matèria en podem modificar l’estat”. Però de veritat pot passar això amb fotons del rang visible?
      Els meus amics van tenir la brillant idea de deixar una gravadora, fins que s’aturés en rodar tota la cinta capturant sons.
      El dia següent la vam sentir. No només ens van cridar l’atenció els sons roncs que se sentien de tant en tant, sino que la cinta es va aturar al cap de 10 minuts. I la gravadora ja no va funcionar mai més. No eren les piles, ho vam comprovar. Els meus amics no van tornar a trepitjar la casa, i jo hi vaig tornar un sol cop més. Una nit. Plovia. Vaig anar-hi per tancar finestres, i just quan entrava a l’habitació dels meus avis i movia la mà per la paret buscant l’interruptor vaig tenir el que la gent anomena “premonició”: vaig pensar “t’imagines que ara la bombeta es fon?” El llum es va encendre, i durant una dècima de segon va brillar com mai. I mai més ho tornaria a fer: la bombeta va esclatar, i l’esglai em va portar a córrer com només ho fas quan creus que t’hi jugues la vida.

      La raó i les vivències de vegades es contradiuen, i la ment et porta amb freqüència a aquells records que són com nodes en el que voldries que fós un coneixement científic racional amb l’amplitud màxima.
      Massa, humitat, temperatura, energia en diverses manifestacions...s’entesten en buscar evidències de quelcom que avui dia no trobo demostrable. Però el que sí que tinc clar és que tot em porta a una conclusió: en cas que existeixi, l’ànima ha de ser quantitzable.

      LES BÈSTIES DE DISSENY

      LES BÈSTIES DE DISSENY

      - Així és la història, estimats oients:
      Els “transgènics” eren una realitat, havien pres el món a la força moltes dècades abans i s’hi havien instal·lat fent fora a l’economia “natural”, com una espècie invasora que eliminava les autòctones. Des de llavors la producció natural i la transgènica havien estat en conflicte. Els partidaris de la natura, radicals, seguien defensant-la amb arguments de més de cent anys d’antiguitat, religió, moralisme i mentides sobre inseguretat. Eren reaccionaris que s’havien organitzat en associacions, intentant fer caure la industria dels organismes modificats genèticament (OMG) per vies legals, socials o violentes. Eren uns pobres desgraciats incapaços de negar l’evidència d’un món que havia deixat enrere les carències de la natura.
      Els OMG havien trobat un altre mercat fora del clàssic agroalimentari, el de les mascotes. La creació d’animals transgènics havia tingut origen en els intents de fer animals de companyia hipoal·lergènics i sans, però més enllà d’aquests intents poc significatius, va néixer per fi la indústria dels animals de disseny.
      Els animals de disseny es van crear primer com un conjunt de races i subespècies d’éssers vius ja existents, la majoria eren, simplement, animals amb formes estranyes generats amb uns criteris basats en la moda, els gustos i el mercat. No cal dir que igual que amb els transgènics agroalimentaris, els animals de disseny van tenir un fort rebuig en la societat abans de ser àmpliament acceptats i desitjats per tothom. Els gossos artístics van arribar a assolir preus extraordinaris i alguns dels seus dissenyadors van guanyar gran fama.
      Però la ciència dels animals de disseny no es va aturar aquí, va haver diferents etapes on aparegueren, per exemple, els animals amb aspectes d’altres espècies (gossos-com-gats i ratolins amb aspecte de cavall), les quimeres amb parts de diferents animals i l’antropomorfització de mascotes (els anomenats “gossos amb cara humana”), que van tenir la seva aparició i desaparició, amb sort segons alguns.
      Però l’arribada dels gens artificials i dels avenços en la investigació del desenvolupament embrionari dels animals feren aparèixer el que serien realment els animals de disseny, essers vius sense predecessors, creats de zero a partir del disseny de cromosomes i xarxes gèniques. L’home s’havia convertit en Deu i ara creava les espècies.
      Es crearen empreses per tot el món que produïen animals i els venien a un públic àvid de carn retorçada i de xarxes gèniques complexes, que s’enorgullia de lluir-los pel carrer. Algunes societats ecològiques varen demanar la recreació d’espècies extingides, o en perill d’extinció, apareixent alguns “dinosaures” al més pur estil “Jurasic Park”, i els dodos i els llops marsupials, els quals no provenien, ni molt menys, d’aus o mamífers.
      Però va arribar la crisi de la globalització i les empreses de generació d’animals de disseny es veieren finalment sumides en una guerra de competències i fusions massives que van donar lloc a les dues grans corporacions actuals, que mantenen el monopoli de gairebé tota la tecnologia de creació d’animals convertint-la en un procés de producció massiva. Una d’aquestes corporacions és SerSer, que empra una tecnologia modular de creació d’essers vius, un conjunt de “pacs genètics” combinables per a generar les estructures desitjades, que poden ser fàcilment compatibilitzables i modificables per a cada situació. Aquesta tecnologia va ser anomenada, per algun estudiant aficionat als videojocs, com “tecnologia spore”, nom que la companyia va adoptar.
      L’altre corporació és la Massive Bioediting, que empra un punt de vista més complex i difícil de realitzar però potser més avançat respecte a SerSer. Basa les seves creacions en l’anomenada “tecnologia Life-editing”, segons la qual crea de zero cada un dels seus productes combinant tot un conjunt de gens de desenvolupament que manipula segons el producte a obtenir. Actua, per lo tant, generant embrions que passen per etapes de desenvolupament coherents, emprant primer gens d’efecte matern, després gens GAP, Pair-rule, Segment-polarity i fins i tot Hox. La tecnologia Life-editing permet a l’empresa crear essers vius amb capacitat de reproducció, fet que SerSer i la seva tecnologia spore no ha aconseguit i que alça a Massive Bioediting per davant de la seva opositora.
      La industria dels animals de disseny ha creat veritables aberracions, abominacions de carn i potes que la societat ha acollit gustosament, plena de ganes de viure amb essers fets a base de tubs d’assaig i micropipetes. La humanitat desitja tenir una mascota bavejant i estúpida en una societat on els animals són complements, simples objectes que embelleixen els seus cubicles, les magres habitacions on viuen. L’home mira morbosament com la seva bèstia innombrable mor lentament a la seva gàbia o, en el cas de les poques creacions exitoses de Massive Bioediting, pon o pareix un nou engendre, una nova aberració de la natura artificial de l’home.
      I així progressa la societat, la vida, la ciència i l’esser humà com a individu.

      Les seves olors

      Les seves olors

      Amb el cap cot torno a passar per davant. Sempre forço la ruta. És cert que me’n avergonyeixo una mica, no sé si algú deu sospitar. Procuro fer veure que tot és fruit de l’atzar o la rutina, passo xiulant, cantant fluixet o amb la mirada fixada estratègicament en un punt, com si res del que faig fos a consciència. Si em sento molt desesperada dissimulo com puc la desacceleració del pas, agafo el telèfon o remeno la bossa. I quan ja he passat de llarg, respiro profundament i m’enduc amb mi el que m’interessa d’aquest vici secret.
      Passo a primera hora del matí, quan els veïns encara no s’han llevat, però ja hi ha moviment. La furgoneta, les caixes amb totes les comandes ben embolicades i la composició simfònica d’inici de jornada amb les tisores de podar marcant el tempo. No puc evitar la temptació de passar també al vespre, quan canvia la música, amb els crescendo de les persianes de les botigues tancant el dia i l’aigua dels cubells brollant a les reixes del clavegueram. Camino amb compte, perquè el terra ha quedat ple de fulles i poncelles. Encara queden un parell de testos a fora i algun que d’altre ram.
      L’altre dia gairebé em descobreixen. A dues passes d’aquest temple del plaer, em vaig topar de cara amb el meu antic professor de botànica. Em va reconèixer a l’instant, amb un somriure amable i sincer va fer-me un interrogatori sobre el meu recorregut acadèmic i professional. Jo, que l’últim a qui esperava trobar-me era aquell home encantador, l’únic capaç de descobrir-me, vaig enrogir de dalt a baix. Les galtes em cremaven, les mans em suaven, la veu tremolosa lluitava per mantenir la calma. Devia notar que alguna cosa em preocupava més que la il•lusió del retrobament, així que amb una palmada a l’esquena i la seva mirada de “sempre vas ser una alumna peculiar, veig que els anys només t’arruguen”, em va desitjar sort i va marxar. Tan bon punt es va allunyar, em vaig desinflar. Necessitava una dosi més gran de l’habitual d’allò que havia vingut a buscar.
      Per primer cop, després de tants mesos, vaig seure al banc del davant. Abandonant la vergonya, vaig tancar els ulls i inspirar amb tota la força dels pulmons fins a omplir-los a vessar d’aquella olor. Era fresca i neta, després de dues voltes respiratòries més, vaig arribar a l’èxtasi. En aquest estat mental, vaig ser conscient de la meva debilitat. Un local petit, ple de gerres d’aigua amb flors tallades, rams de flors, corones de flors, testos amb terra o gelatines on hi creixen petites plantes de grans flors, dibuixos de flors, flors de ceràmica, flors de tela, flors seques... quina perversió. De sobte me’n vaig adonar que era davant el sex-shop del món vegetal. Quina torbació, quines suors em van pujar de cop. Portava mesos perseguint les pobres plantes, castrades, nascudes per a l’exposició dels seus òrgans reproductors. Pervertides i maltractades, encreuades sense compassió o filles de cultius in vitro massius, sense cap pol•linitzador lliure, sense cap decisió a les seves mans. No sabia on ficar-me, jo còmplice de tot això, tan decent pel que es refereix al sexe humà i aquí em trobava, davant de centenars de gineceus i androceus vestits pels pètals més vistosos, per la corol•la més sexy.
      Discernint el meu desenfré ocult, nimfòmana d’angiospermes, vaig resoldre que havia de posar punt i final a la meva malaltia: si m’apropava a una planta, que fos també per les seves fulles, tiges i arrels, que les volia silvestres, només condemnades a la seva pròpia biologia.

      Lluitant contra el soroll

      Lluitant contra el soroll

      Em tocava un canvi d’aires realment, l’any sabàtic a les afores de moment m’està fent bé, prop del camp i amb cap molèstia externa. Portava deu anys treballant a l’aeroport, si no era donant senyals a l’estació, era carregant i descarregant equipatge, sempre a metres dels avions. M’agradava veure’ls enlairar, inspiraven tranquil·litat i emoció alhora... Jo no me n’adonava, però any rere any, la gent em veia canviar i m’ho deia, però qui sabia que era el meu propi treball que m’estava consumint? Sí, era un treball cansat, però ja ens havien avisat que es requeria un gran esforç físic, però no ens van avisar de cap problema d’oïda, i menys que es desenvolupés d’aquella manera.
      Coneixeu els decibels? És la unitat amb la qual es mesura el soroll. El màxim nivell de decibels al qual puc arribar actualment estant així d’aïllat és a 50 dB. Aproximadament equivalent al soroll que es crea al menjador sopant amb la família. Quan surto a fora són uns 10 dB, com el so de les fulles caient, o 20 dB quan la meva dona em xiuxiueja.
      El meu doctor em té prohibit apropar-me a les zones urbanes a causa del trànsit, ja que que pot arribar a crear uns 90 dB de contaminació acústica, cosa que ja és perjudicial a causa de la intensitat de les ones sonores provinents dels vehicles. Ara, a l’estació hi havia un soroll constant de 150 dB que venia dels avions. És només ara me’n adono de lo perillós que era. M’aixecava a les 6,00 h i a les 7:00h ja estava als descampats controlant l’aterratge dels avions. Quan carregava l’equipatge, normalment tenia la turbina al costat, però no em molestava, o això pensava, fins que el meu cos em va començar a enviar senyals que alguna cosa anava malament.
      Si diuen que una persona presenta pèrdua auditiva a partir de soroll constant de 90 dB, anava apanyat...i això no és el que em va fer donar compte que tenia un problema. Tot va començar amb el cansament i la dificultat per dormir. Vaig començar a sentir molta fatiga l’últim any que vaig estar treballant. Em degradava el propi estrès el qual no sabia d’on provenia. La meva família em veia més irritable i agressiu. La meva capacitat de productivitat decreixia a causa de la manca de concentració, i això em va fer entrar en depressió i tenir brots psicòtics per una pressió que sentia dins meu, la que em torturava per no saber d’on venia. No va ser fins el dia que de cop vaig notar un tensament dels músculs brutal, sobretot del coll i l’esquena. La meva agitació respiratòria era exagerada fins que vaig col·lapsar a terra. En efecte, era una aturada cardíaca. El meu doctor em va remarcar la sort que he tingut, però que la meva recuperació seria lenta. Em va informar del risc que hi havia a l’exposició de 90 dB de soroll, i dels mapes de capacitat acústica que es creen actualment per evitar la superació de soroll que afecta directament a l’oïda i la salut, i la seva importància.
      Actualment estic treballant amb un equip de consultors acústics. Des de casa estic elaborant el mapa de contaminació acústica de l’aeroport amb les dades que prenen i proporcionen els treballadors amb sonòmetres. Junts, presentarem un pla d’acció. Ja no es tracta del treball, sinó de fer una obra significativa. No donem suficient importància als detalls que ens van matant dia rere dia i a vegades els assassins més letals no es veuen.

      LOVE CODE

      LOVE CODE

      -Es va tornar boig. De sobte, començà a escriure línies de codi aparentment inservibles. Sembla que intercalava missatges d'amor amb les instruccions. Si haguera estat una persona més sociable, potser que amb una cridada telefònica hauria resolt els seus assumptes personals. Per contra, penso que la seva misantropia li va agreujar el desordre emocional. No vam detectar res d'especial a l'empresa fins que va ser massa tard, i mira que tenim instal·lat un programa espia en l'entorn de desenvolupament que utilitzem. Ens avisa si, per exemple, no s' estan escrivint línies de codi, o la quantitat d'errors en els comandaments és significativa. Això ens indica si el treballador s'està escaquejant, no sap com desenvolupar el programa o no domina la plataforma.
      -¿I què feia? ¿Intercalava cartes d'amor com comentaris de programació? ¿Escrivia: print(“el meu amor és més pur que un lector de disc dur”)? ¿O es posava brut i picant?
      -No introduïa frases d'amor als llistats sense més. Més aviat, les mesclava amb el codi. Era com un java poètic, no com un C# en versió triple X. A més hi ha que assenyalar que el seu llenguatge de programació tenia coherència sintàctica, però sense funcionalitat. L'aplicació arrencava, s'executava a l'ordinador, els botons feien accions, però les funcionalitats principals del programa no estaven implementades. El programa no fa res útil i hi han tones de codi aparentment innecessari mesclades amb la resta d'instruccions.
      -La veritat és que no m'imagine com pot estar escrita l'aplicació i com us vàreu assabentar de que dins hi ha una declaració d'amor.
      -Home, quan li vam interrogar al veure les seves reaccions estranyes-i dir comportament estrany per a un geek informàtic ja és dir molt estrany- ell mateix ens va confessar que el seu treball era un acte d'estima i una declaració d'amor. I mirant per damunt de seguida comences a veure els noms de les variables, i sospites.
      -¿Es sap de qui s'havia enamorat? ¿Era algú de la feina?
      -No, ni molt menys, però al menys criem que no li feia ullets a cap de les nostres computadores. ¡Sí, sí, no em miris amb eixa cara! Tenim un assessor virtual al nostre servidor principal amb veu i nom de dona, inclús té un avatar animat amb un motor 3D i és força sexi. Tanmateix no sembla que aquell fóra l'origen de la seva mania.

      -Aleshores, ¿què voleu que faci? ¿He de descobrir qui era la xica?
      -Res d'això. Ni d'ell tampoc has d'esbrinar res. L'hem apartar del servei, l'hem donat llicència, per dir-ho així, i està reposant en un centre especialitzat, ja m'entens. No l'hem acomiadat, de moment, per si torna al seu seny, però per si no es recupera, necessitem que et facis càrrec.
      -¿Començo des de zero?
      -Ni parlar-ne. No et volem per que re escriguis el programa. Et volem per que implementis un algoritme que sigui capaç de fer un garbell de les instruccions i les separi del que podríem denominar metadades i metallenguatge amatori.
      -¡Això és una feinada! Si comences construint sobre la sorra acabes escarbant a sota d'ella. Segur que treballaré millor si li dono el meu estil i al final, encara que aneu curts amb el termini de lliurament, serà més probable que ho aconsegueixi.
      -De cap manera. Volem dividir el que tenim i poder gestionar per separat ambdues parts, consultar-les i executar-les. Encara que, ja saps, el temps és or.
      -Si accepte la feina és a contracor. Sembla que m'estàs ocultant alguna cosa. I, d'altra banda, em proposes que elimini la poesia i el factor humà en la programació. Que el codi, una vegada depurar, el pogués haver redactar un autòmat, traint a més a l'autor. ¿Com li diuen al pobre?
      -El seu cognom és anglès, li diuen Bartleby, em sembla.
      -¿Com? ¿Bartleby? ¡Deu meu! Serà broma. ¿Però és que no saps qui era Bartleby? ¿De veritat no et sona el conte de Mellville? Segur que ha de ser un nom fals. És veritat, em necessiteu. Aquí hi ha un misteri. Ja va entrar a la companyia amb manes intencions. ¡Què no tindrà el codi!
      -¿Pot ser penses que pot ser una mena de troià amb instruccions malicioses?
      -¿Que no t'ho penses tu també? ¿Per què si no vols que ho separe? ¿Pot ser espionatge? ¿O quelcom menys misteriós, com per exemple un treball en negre per a un altre desenvolupador?
      -Tot això està en l'aire. Pot ser qualsevol cosa o pot no ser res. Però també pot inaugurar un nou estil, un nou llenguatge o, pitjor, donar a llum un nou gènere literari. O ser una carta d'amor en format de programari, ni més ni menys.
      -¡Què vols que et digui! Em demanes que crei un bot que acabi amb la màgia de la informàtica. ¡Preferiria no fer-ho!
      -Ja, però, ¿ho faràs?

      Mar de fons

      Mar de fons

      És a la platja, creu, quan es desperta i sent la remor del mar de fons. Però de seguida troba a faltar el gust de sal als llavis, l’olor intensa de les algues, el xiscle agut i estrident de les gavines. Obre els ulls i les parets, pintades de fa poc, gairebé l’enlluernen de tan blanques. L’habitació és cega, sense finestres, la porta tancada, veu, i l’envaeix una sensació d’ofec. Quan tomba el cap, distingeix, a un parell de passes, un llit bessó del seu i un home tapat fins al coll amb una flassada blau cel, que dorm. El pit puja i baixa, rítmicament, i l’aire li entra i surt per la boca un xic badada amb suavitat, com una mà oberta que s’estira i s’arrossa, que frega amb el tou dels dits un teixit lleugerament aspre. Ha confós la respiració compassada amb el vaivé suau de les onades d’Okinawa.
      Qui sap quantes hores, quants dies fa que és aquí, a l’hospital. Perquè no en té cap dubte, ara. Els llits, la pudor intensa de desinfectant, de resclosit, la repicadissa constant de passes rere la porta, amunt i avall, el brunzit apagat de les converses, l’esclat d’alguna rialla ocasional que una mà ofega, avergonyida… A l’hospital, sí. I llavors recorda. Recorda la nau negra, brillant, que solca el cel, que l’esquinça, esvelta, poderosa, mentre el sol despunta. I de cop un esclat viu de llum, una explosió propera, el fum espès que l’embolcalla, la nau que va caient, com un drac ferit, el frec del metall contra el metall. La nau que s’estimba, fràgil, que es trenca, que s’esbocina, i amb la nau, ella.
      Com la porcellana, pensa. I pensa també en la nena que va ser, la nena que estén els braços i xiscla com les gavines, que no ofega el riure, que salta, corre, empaita. Que empeny sense voler la taula que la mare acaba de parar i, per tant, el bol preferit del pare. El de les carpes ataronjades sobre un fons blanc, esmaltat, que semblen nedar en cercles concèntrics cada cop més estrets, més atapeïts, com en un remolí. El bol es trenca en mil bocins, que queden escampats a terra, i ella s’atura de cop, i busca el pare amb la mirada. Ara els cullo, otou-san, diu amb un fil de veu, el cap cot. Enganxaré els trossos amb cura i no es notarà. Però ell fa que no. Kintsugi, diu, mentre l’aparta amb delicadesa i aplega amb cura els fragments per no tallar-se. Al cap d’un parell de dies, el bol torna a ser a taula, sencer, les esquerdes daurades a la vista, cobertes amb pols d’or. Ara és més resistent i més bonic, diu la mare mentre l’estreny i ella, o la nena que va ser, somriu una mica.
      Ja sap què trobarà sota el llençol abans d’apartar-lo. El braç dret, intacte. Alça el braç esquerre i amb la mà contrària, que encara és només carn, acarona amb reverència la pròtesi metàl·lica que neix al colze. Plega els dits de la mà esquerra, freds i aspres al tacte, i sent com grinyolen una mica. Amb un gest maldestre, enretira del tot la flassada i deixa les cames al descobert: els peus de tres dits, platejats, rugosos, com si estiguessin coberts d’escates. Els flexiona lentament, primer, després amb rapidesa, com quan aprenia a nedar a les platges d’Okinawa, aferrada a la cintura del pare. Tanca els ulls un instant, tan sols, mentre es pregunta si sentirà la carícia de la sorra fina a la planta dels peus, entre els dits, l’escuma llepant-li els turmells metàl·lics, l’aigua enfilant-se cuixa amunt, múrria. Mentre escolta la respiració rítmica, pausada, del desconegut que jeu al llit del costat, es pregunta també, si les cicatrius visibles, daurades, com camins que recorren el seu cos de dalt a baix, refulgiran sota el sol.

      MECANO

      MECANO

      Un dia que vaig anar a visitar l’avi —ja amollava, el pobre— em va preguntar si al lloc on jo vivia hi havia mar. A vegades me n’oblidava i passaven mesos que no el veia, però sí que n’hi havia. Sí, avi, visc a tocar del mar. Llavors, reunint tota la consciència que era capaç, va demanar que abans de morir el volia veure.

      Durant el trajecte, l’avi anava al seient de darrere. A través del retrovisor, jo podia veure com feia una capcinada rere l’altra i només li vaig sentir la veu en el peatge de l’autopista, quan va preguntar com era que feien pagar per entrar a la meva ciutat. ¿És perquè té mar? Al poble, tothom entra de franc!
      Va caminar amb dificultat per la sorra de la platja fins que es va plantar a unes passes del trencar de les ones. Es va quedar allí immòbil, amb una mà a la butxaca de la jaqueta i l’altra al mànec del gaiato. Tota l’energia la concentrava en els ulls empetitits. Al cap d’una bona estona, va sentenciar que allò era com una bassa gran i em va preguntar si tenia tap. No, avi, el mar no el buiden mai; l’aigua és salada i no serveix ni per beure ni per regar. Va assentir amb solemnitat, va fer mitja volta i va caminar cap on havíem aparcat el cotxe. El seu posat em va recordar el que li vaig veure, feia anys, l’últim cop que vam anar a la parada on hi sembrava el blat.
      —Ara que he vist el mar ja ho he vist tot —va reflexionar en veu alta mentre tornàvem—. Ara ja em puc morir.

      No es va morir aviat, però tampoc no va tardar. Ara, quan de tant en tant recordo que la meva ciutat té mar, m’hi atanso. Miro l’horitzó i em veig terra endins quan era petit. Anava a l’hort amb l’avi i, a l’hora de regar, deixava que fos jo qui tragués el tap de la bassa. També deixava que l’acompanyés a llaurar la parada on sembrava el blat. Jo m’asseia en un tauló de fusta que anava travesser entre els dos parafangs de les rodes grosses del tractor. Agafa’t bé, cridava l’avi perquè el sentis per sobre del brogit del motor. Jo premia les mans al cantell del tauló tan fort com podia.
      Un dia es van presentar dos forasters. Duien vestits foscos, corbates negres i maletes primes. D’una en van treure papers i els mostraven a l’avi alhora que senyalaven el centre del tros; també aixecaven els braços i semblava que dibuixaven, al cel, unes línies que anaven des de darrere del pins de la solana fins més enllà dels rebolls de l’obac.
      A partir d’aquell moment van passar coses noves. No de forma sobtada ni totes al mateix temps, sinó una rere l’altra, com si seguissin una partitura estricta.
      Un dia l’avi em va dir que ja no llauraríem més la parada on hi sembrava el blat. Llavors jo era molt petit i no va ser fins anys més tard que vaig entendre que li havien expropiat aquell tros de terra. Des d’aleshores hi vam anar sovint però no hi acabàvem d’arribar. Ens asseiem a mig coster del turonet i seguíem els esdeveniments. A dia d’avui puc entendre què hi van fer, al tros, però llavors vaig pensar que aquells homes que duien cascos de plàstic blancs jugaven a muntar un mecano gegant. Van aixecar una torre a base de travessers de ferro que unien amb cargols i, finalment, al capdamunt hi van penjar uns llibants que venien de més enllà dels pins de la solana i es perdien de vista darrere dels rebolls de l’obac. A partir de llavors, si el vent no feia soroll, es podia sentir com d’aquells cables sortia un brunzit semblant al que fa un eixam d’abelles inquietes.
      Els últims a intervenir van ser els llenyataires. Se’ls distingia pels braços musculats i farcits de tatuatges. Tots cinc van engegar les motoserres al mateix temps. El bram era ensordidor. Les cadenes giraven a gran velocitat i en un no-res tallaven les bases de les soques; el pins i els rebolls queien com els afusellats. Un d’aquells homes va explicar a l’avi que el Reglament ho deia clar: no hi podia haver arbres sota les línies elèctriques d’alta tensió. Per prevenir els incendis, va precisar.
      L’avi em va agafar la mà i vam enfilar el camí del coster. Quan vam arribar al capdamunt, es va aturar i va girar el cap en direcció a la parada on tota la vida hi havia sembrat el blat. Em vaig fixar que tenia humitat als ulls. I em premia la mà amb tanta força que anava a dir-li que em feia mal, però em vaig aguantar.

      N=1

      N=1

      Números i més números. Mai podran vèncer el poder d’una mirada. Aquella tarda, tornava a estar submergida entre papers i estadístiques, fent el que més m’agrada, trobant respostes a preguntes, aportant el meu gra de sorra al coneixement de la ciència.
      Les xifres eren esfereïdores! Sola en el despatx, sumant i restant malalts, efectes secundaris, defuncions, trobant relacions i associacions, descartant-ne d’altres. Hi ha nombres massa greus per posar-hi el cor. No podem ser amics, els hi explico una i altra vegada, només simples companys de feina. No obstant, ells em fan senyals des de la pantalla de l’ordinador, intenten aixecar la seva veu i fer-me veure la seva pròpia història. Què s’amaga darrera d’un percentatge? Quines vides hi ha? Com afronten formar part de tan macabres xifres? Gat vell, jo m’hi resisteixo. No puc rendir-me a les seves súpliques. Si deixés que aquests petits companys numèrics em sepultessin amb les seves històries, no podria continuar, m’enfonsarien, em tornaria boja i la petita aliança laboral que tenim no donaria cap fruit.
      Però aquella tarda la realitat volia no ser ignorada tan brutalment. Es sentia massa ofesa per deixar-me fer la meva feina. Estava a l’aguait, esperant-me per llançar-se amb tota la seva força contra mi, per convertir-me en la seva espectadora privilegiada, donant-me una entrada per la llotja principal del teatre de la vida.
      Sona el telèfon: una reunió d’última hora amb l’equip per valorar les troballes. Altre cop números que ens parlen. Aquest cop el seu clam queda difós entre les nostres pròpies veus. Ells segueixen la seva protesta, en veu baixa, mentre els separem i ajuntem, els tallem i els tornem a unir. Finalment, davant la nostra insistència, ens contesten el que realment volem saber: hipòtesi nul•la o hipòtesi alternativa? Ja satisfets, els deixem de banda en un racó de la taula mentre, orgullosos, omplim les nostres boques amb paraules, teories i noves idees.
      No obstant, allà segueix la realitat, amagada, esperant el moment oportú per fer-nos callar a tots. Un cop a la porta, un dubte d’un resident, una taca sospitosa que no s’acaba d’expressar: progressió fatal o una simple berruga?
      Em conviden a anar amb ells. Entrem tres bates blanques a l’habitació, el resident dubtós, el metge expert, jo callada. I allà la veig, la realitat vestida de dona silent, prima, petita, molt petita, encongida a la cadira. Amb el rostre contrafet pel dolor i la desesperança observa el seu fill al llit. Ens acostem al noi i ell em clava els seus ulls. Tota la seva vida està escrita en ells. La vida dura que ha tingut i que ja ens han explicat, i la vida que creu encara tenir per davant.
      El seu mirar em fa sentir com un genet de l’apocalipsi, o com l’heroi del seu còmic preferit que acaba d’aparèixer per salvar-lo de la pitjor maledicció. Som tres cavallers de l’antigor que, amb capes blanques i espasses, garantim la retirada de l’enemic. M’atrapa en el seu esguard i em porta cap el seu terreny. Els nostres cossos no es mouen, els nostres llavis no pronuncien paraula, però, mentre el metge l’explora, la seva ànima agafa la meva, l’arrossega al seu abisme i em crida amb força que el tregui d’allà, que l’alliberi, que creu en nosaltres. Em confessa en silenci que ara ja està tranquil, que ja hem arribat, que només espera la redempció, sortir d’allà i tornar a la vida.
      Encara presonera en el seu interior, tombo el cap per trobar respostes, necessito poder dir-li el que vol sentir. Miro el metge, masses anys de conèixer-nos em permeten llegir en la seva cara que no trobaré les paraules que jo voldria dir. L’adolescent se n’adona però no ho vol admetre i, inconscientment, em deixa anar.
      El noi rep la carícia reconfortant del metge i la mare esbossa un somriure, intenta creure. L’ànima de l’adolescent torna a saltar d’alegria, s’abraça a l’esperit del metge i, amb idèntica intensitat, li professa la mateixa fe que m’ha professat a mi. No hi ha força més gran que la d’aquell que vol viure, ni dolor més immens que dir adéu a algú massa aviat.
      Sortim de l’habitació i el diagnòstic fatal és anunciat al resident: sí, és un Kaposi. La mare segueix arraulida a la cadira, davant el llit. El noi obre un còmic. El resident abaixa el cap. Jo marxaré cap a casa, s’han acabat els càlculs per avui. Dos ulls han pogut més que mil històries clíniques. Demà, en el silenci del meu despatx, continuaré tractant els meus companys numèrics amb la fredor i el rigor que es mereixen. Aquest serà el meu petit i continu homenatge a tots les vides que hi representen fins que, entre tots, evitem que mai més ens tornin a picar a la porta demanant un diagnòstic.

      Pensaments

      Pensaments

      Llibertat, justícia, amor, societat, diners, felicitat, vida... Diguin el que diguin, vist amb perspectiva, els humans som éssers ben senzills.
      Som egoistes, narcisistes, cecs i descuidats.
      Creiem que estem al final de l'evolució quan tan sols portem 10.000 anys pensant i vam trigar mig milió a fer el pas d'Homo neardenthalensis a Homo sapiens.
      Pensem que som els éssers més avançats per tenir raonament, quan inclús l'ecosistema més senzill aprèn que no pot créixer exponencialment una població: hi ha d'haver un moment en el qual s'estabilitzi el número d'individus. Això nosaltres no ho tenim en compte justament a causa del que ens permet arribar a la conclusió que som únics: el raonament.
      L'ecosistema d'animals simples es guia per una única llei: la de la naturalesa. Això el fa perfecte, els animals moren i viuen, sense motiu, simplement ho fan. No pensen, no tenen sentiments, no van més enllà, no desafien la sagrada llei. Això fa que s'acabin estabilitzant les espècies, es creen relacions de cooperació en comptes de relacions de competència entre els organismes. Els dèbils moren, els forts es reprodueixen i tot segueix el seu curs amb tranquil·litat.
      Ara bé, nosaltres creem les nostres pròpies lleis, inofensives i essencials a primera vista, cancerígenes i destructives si hi reflexionem. En principi no amenacen la sagrada llei, però els fets ens han demostrat el contrari: quan més avancem intel·lectualment i en coneixements, més ens suïcidem i desintegrem el nostre voltant. Seguim lluitant entre nosaltres en comptes d'establir relacions de cooperació, seguim multiplicant-nos sense control. En un ecosistema, si no hi ha aliment els animals es moren; nosaltres hem avançat tant que ens el podem crear, no ens cal seguir la llei natural, tenim raonament, estem per sobre d'això. Vivim cada cop més, mengem més i millor, protegim i ajudem als dèbils; a canvi de no parar-nos a pensar, a reflexionar sobre com avancem. Tirem pel dret sense control ja que és el que pensem ètic i correcte, fet que ens portarà a l'extermini. Fins on arribarà la medicina? Algú ho ha pensat mai? Fins fer-nos inmortals? Fins poder triar quan morir? I si és així, qui triarà qui mor i qui viu? Els rics? Els poderosos? Hem de parar abans que sigui massa tard, la pregunta és com.
      I si un Déu ens va crear, no esperava això (a no ser que fos malèfic, és clar). Però, ben mirat, la no-intervenció divina podria justificar aquest comportament humà: Déu no fa res ja que els humans s'han d'espavilar sols, però això no fa més que afirmar la seva no-existència: si Déu no fa res, com sabem que existeix? I si existeix, el podríem eliminar, ja que si la seva feina és no fer res, ja pot anar-se'n.
      Partint d'aquí, Déu només ens ha creat a nosaltres i a tot l'Univers, va ser la seva única feina. Anem a contestar a això també: la ciència ens va crear. No ha de ser un dissenyador intel·ligent, simplement prova i error. Els nostres avantpassats creien que el Sol era un Déu i ara sabem del cert que no és així, qui et diu que d'aquí a uns anys no esbrinem com vam aparèixer exactament? No és una barbaritat pensar-ho, ja que vam trigar uns milenis a adonar-nos que el Sol era un astre i tan sols portem un segle pensant com hem arribat fins aquí... La pregunta és més complexa, és cert, però nosaltres també ho som.
      La qüestió que em formulo a partir d'això és: viurem per arribar a la resposta? L'única resposta que ens ha de treure la son: d'on venim i per què estem aquí. No ho crec, ja que la nostra "complexitat" ens ha fet crear indústries i marques i economies de diferents tipus. És la nostra "complexitat" la que ha causat que violem les lleis de la naturalesa. Per això dic que som senzills, simplement no hem evolucionat del tot, tenim dret a créixer exponencialment perquè encara no hem tingut limitacions de recursos ni malalties que ens hagin frenat el suficient, hem d'arribar a l'estabilitat, però la Terra no ens permetrà arribar-hi, ja que la nostra evolució passa per sobre de la naturalesa. Però en principi sense ella no podrem evolucionar del tot, oi? Llavors necessitem arribar a una prematura estabilitat: evolucionar a marxes forçades per evitar el suïcidi i l'extinció. Ho estem intentant cada cop més, però pensem un moment: una espècie triga centenars de milers d'anys en evolucionar, la vida va trigar desenes de milers de milions d'anys en formar-se; i portem tan sols uns segles avançant tan exponencialment, entre els quals ja hem destruït la naturalesa de mil maneres diferents, voleu dir que arribarem a evolucionar?

      Podant la deontologia

      Podant la deontologia

      Els anys de glòria de la manipulació genètica havien passat, no és que n’hi hagués menys, ni que escapessin de l’abast d’una llar humil, simplement s’havien normalitzat, ja no eren trending topic i ara els titellaires del segle XXI havien decidit que es portaven els productes exòtics (transgènics en lletra petita a l’etiqueta del revers), i que tornaven els pantalons de campana.
      En Pau i la Laia però pensaven diferent; hi ha qui els titllava de tradicionals i aquell qui els defensava deia que eren gent de poble tot etzibant-los-hi un cop a l’esquena. Feia anys que esperaven trobar el seu racó, on acomodar-se, amb un trosset on sentir-se pagesos. Ambdós estaven entusiasmats amb la sembra de llavors autòctones, respectant el llunari i els capricis de la terra amb tot l’amor i paciència que aquesta requereix. Comptaven amb la saviesa i experiència popular i 5 GB de banda ampla.
      Ja estaven amb l’ai al cor, quan un 10 d’abril l’erosió de l’aigua al regar va deixar veure el primer brot verd. Llavors es dibuixà un plàcid somriure a la cara dels joves, que els va acompanyar en els mesos següents.
      Cofois de com creixia, qualsevol ocasió era bona per comentar, amb un entusiasme envejable, els avenços de l’hort: com se les havien i tenien amb cada cuc i amb cada tempesta.... o demanaven consell a l’avi, qui sempre enllestia amb la mateixa cançoneta: “Ai colons aquest jovent, com us agrada complicar-vos la vida! A la meva època no ens quedava més remei, però ara rai, que ho teniu tot al súper! I ben polit i maco!”
      Part de raó tenia l’avi Ramon, al supermercat hi tenien tot allò que hom es pogués imaginar: del racó més recòndit del món, de qualsevol color i en qualsevol època de l’any. Els avenços, competència i llibertat científica havien permès fer barreges que mai ningú s’hagués plantejat, no necessàriament bones ni boniques, però això si, originals ho eren d’una hora lluny.
      La nostra jove parella no tenia temps per perdre davant dels aparadors tant llaminers i curiosos de les grans superfícies. Aliens al calendari de festius i rebaixes no hi havia dia que no dediquessin una estoneta a la terra. Els veïns, quan els sentien cantar i llegir al patí se’n feien creus que quedés gent així al món.
      El dia de la collita va arribar, esperaven aquell dia amb tantes ganes que no es van permetre dubtar ni un instant. El pau l’aguantava mentre la Laia en tallava la tija. Amb prou feines van tenir temps d’aixecar la mirada que en Roc va obrir els ulls i va començar a plorar.

      RECOMPOSICIÓ ABSTRACTA

      RECOMPOSICIÓ ABSTRACTA

      Provà a posar-se dempeus d’un salt però, així que les mans li van tocar a terra, s’adonà que alguna cosa no havia acabat d’anar del tot bé. Comprovà que per caminar havia de flexionar els colzes cap enrere, agafar impuls i saltar una passa endavant, i que en fer-ho se li tancaven sistemàticament els ulls, ara situats als extrems dels avantbraços a l’alçada en la qual tenia anteriorment els genolls. Allò no era el que li havien promès en la simulació. Havia fallat l’experiment?
      Dret i en posició de flexió, es va repassar la nova estructura de la punta dels dits fins on li arribava la vista, el seu membre... ara completament erèctil! Quina escandalosa venjança de la tecnologia. De no aconseguir aixecar-lo, que s’havia passat mitja vida d’estudi mèdic i farmacològic en estudi, a tenir-lo hissat com una bandera, hi anava un abisme. Ara hauria d’empescar-se-les per no haver d’anar així pel món, empalmat a la vista de tothom. La següent curiositat que va descobrir amb fàstic era que ensumava pel melic: sentia les olors intensificades i, degut a la nova situació nasal estratègica, hauria de perfumar-se constantment la zona abdominal. I el seu inventari orgànic només acabava de començar! Advertí també que les cames se li projectaven d’espatlles cap enfora i només es doblegaven cap amunt, se li havien posat del revés. I... oh, no! Li acabaven en dues immenses orelles! De què li servirien, si no podien fer la funció prènsil necessària? De sobte notà un pes extraordinari on abans exhibia els pavellons auditius. Bellugà aquells nous apèndixs i hi trobà els seus peus amb les sabates posades i tot. Allò ja era massa. Maleí a crits tota aquella colla de científics ineptes que van oferir-li la prova iniciàtica de la teletransportació. No li caldrien més que dos aparells, li digueren, un d’emissor i un altre de receptor, per bellugar-se lliurament pel món en qüestió de segons. Sí, un privilegiat. I havia anat com la seda. Seguí amb el seu propi reconeixement, acollonit. I ara, què era allò que li feia pessigolles a la boca? Cabells? No fotem! Tenia els llavis al clatell! Encara que parlés pels descosits, o xisclava com un animal o ningú no el sentiria. Llevat que donés l’esquena constantment al personal, és clar. Era com si l’haguessin volgut treure d’enmig. Mentre continuava maleint els avantpassats i els óssos de tota aquella colla de criminals de la biologia mirà d’acostar-se el mòbil a l’orella per demanar auxili amb una mà, però per més que ho intentà, no aconseguia arribar-s’hi, allò era de bojos. Ho provà de nou estirant-se al terra i recargolant-se tot el que va poder fent servir la marcació automàtica, però fracassà. Haurien de repetir la prova o bé operar-li el cos per tornar-li tots els òrgans al seu lloc, els externs i els interns si és que també se li havien descol•locat, com es temia. I recompondre’l com un trencaclosques. Sentí unes ganes boges de plorar però decidí contenir-les per no inundar el sòl sobre el qual avançava a prou penes. No va aconseguir fer el mateix, però, amb les ganes de pixar, i es desplaçà corrents fins al vàter amb grans braçades. Aquest cop hagué d’inclinar-se endavant amb precisió i apuntar l’apèndix nasal cap al forat tot vigilant pels colzes que la paràbola dibuixada fes diana, cosa que no va aconseguir en un primer intent, com bé haureu imaginat. I va ser llavors quan el sorprengué LA pregunta: on li hauria quedat l’anus i com s’ho faria, per evacuar? Per ara no en tenia ni idea. S’hauria d’esperar a tenir-ne la necessitat. Però com era molt obsessiu no es va voler conformar: es concentrà molt i provà sort, i llavors... s’adonà que la cosa no podia haver anat pitjor. Els seus llavis expulsaren a l’exterior un alè fecal que li estarrufà les grenyes i notà com a la seva gola hi havia quelcom sòlid que lluitava per sortir. Els aliments li circulaven ara per la mateixa via d’anada i de tornada! Hagué de girar-se de sobte i arquejar-se enrere per vomitar dins el mateix vàter, un altre cop sense èxit. Quan va voler sortir d’allà li relliscaren les mans i va quedar estès damunt de tota aquella immundícia acumulada. Així que aquest era el preu que finalment li havien fet pagar. Trobava que era un preu massa alt només per haver-los robat la patent del seu nou elixir d’eternitat.
      I allà es va quedar, rumiant i redimint tots els seus pecats fins que va despertar bruscament, suat i trasbalsat, palpant-se i magrejant-se el cos sencer mentre descobria horroritzat com el tancaven a la càpsula emissora que el teletransportaria, en missió inaugural, a la primera colònia espacial on la raça humana havia decidit establir l’assentament primigeni.

      Retro

      Retro

      L'artefacte (és realment un algoritme procedimental o un tràmit, pero ell prefereix denominacions establertes) val només per a enviar

      coses cap avant. L'ha provat ja moltes vegades i no sembla haver-hi manera d'invertir la Laufrichtung per a poder enviar matèria al

      passat, només va en direcció futur (tampoc ha cavil·lat massa sobre un eventual Morphail, autoconsistència Novikov o retrocausalitat).

      Durant les proves s'envia missatges en paper i sempre dins la legalitat malgrat que, de vegades i per escrupolositat científica, s'ha

      enviat cronòmetres en marxa o rellotges analògics. Ell -remitent- ho envía a l'ell de tres dies més tard -receptor- però, què escriure a

      la persona que encara no ets? Com dirigir-te a tu? Pel moment, com dic, va tot bé i l'artefacte (que és realment un algoritme

      procedimental o un tràmit) envia matèria al futur a una velocitat en l'SI d'un segon al segon. Només ha de posar-li un segell i clavar-lo

      dins la bústia groga que es troba enfront de la pescateria.

      Sírius

      Sírius

      Per molts un simple punt blanc al cel nocturn.
      Per altres una estrella d’una magnitud aparent de -1,46 i binària, formada per una estrella de seqüència principal blanca de tipus espectral A1V, anomenada Sírius A, i una nana blanca tènue de tipus espectral DA2, anomenada Sírius B.
      I per a mi, el meu astre preferit per ser el primer que vaig saber reconèixer, un recordatori d'un dels meus personatges preferits i per últim, el reflex d'allò què vull ser.

      Cada any, quan l'hivern està a tocar, inicio el meu ritual personal: alçar la mirada amb l’esperança de veure’l. La meva il·lusió augmenta quan, al vespre de camí cap a casa, veig aparèixer Orió per l’horitzó: sé que l’hora en la què Sírius farà acte de presència està propera. Teoria que corroboro al matí següent quan, en sortir de casa i de camí al metro, el reconec titil·lant amb tots els seus colors al capdamunt del cel.

      Cantant-me una melodia que només jo sé reconèixer.
      Blanc, blau, vermell, verd, blanc i tornada a començar.

      Els mesos van passant i Sírius continua la seva travessia pel mar nocturn. En aquest moment, el puc veure tant al matí desitjant-me un bon dia, com a la nit prometent-me vigilar el meu son.
      No importa com em senti, només necessito alçar la mirada i en veure’l, els mals sentiments s’esborren i són reemplaçats per una sensació càlida al pit.
      Els dies que preveig difícils, ell m’envia les forces per enfrontar-lo:
      - “Ànims, tu pots!”
      Els dies que m’aixeco animada, ell titil·la content pel meu estat d’ànim:
      - “Així m’agrada!”
      Els dies que vaig tard a classes, ell remuga:
      - “Això et passa per entretenir-te amb el mòbil...”
      Les nits que torno cansada, ell m’aconsella preocupat:
      - “Ara a sopar i a descansar”.
      Les nits que torno trista o la situació em supera, ell m’anima amb un:
      - “No passa res, demà serà millor! Tard o d’hora tot s’acabarà solucionant”
      Les nits que torno amb la sensació que no sé fer res de bo, ell em consola:
      - “Tranquil·la, no és així, a la pròxima ho faràs millor”.

      Cada cop que alço la mirada i veig la seva brillantor que no es veu minvada per l’excessiva llum de la ciutat ni per la lluna en el seu màxim esplendor ni per la llum morta dels planetes, puc notar renéixer amb força el meu desig de ser com ell: de brillar amb força, igual que ho fan aquelles persones que admiro i aprecio, de ser algú amb qui els altres es puguin recolzar sense temor a caure, de ser algú capaç d’ajudar els altres amb una mà amiga. Ser una llum més enmig de totes les què bateguen sobre la superfície terrestre.
      Ah...
      Però fins i tot Sírius amb tota la seva lluminositat té moments de debilitat quan es veu atacat i engolit pel seu enemic personal: els núvols. Quan això passa, quan el cel es veu cobert pels densos núvols, alguns cops regant la Terra i en d’altres com a simples viatgers, rondino disconforme amb la situació per acte seguit, consolar-me pensant en què el dia següent el podré veure.

      El temps, regit per les lleis de la física, va avançant fent més propera l’hora del comiat. Quan m’adono que la primavera està fent acte de presència, amb els ametllers mudats de verd i les primeres orenetes fent acrobàcies pel gran cel blau, no puc evitar angoixar-me i entristir-me davant del pensament de no poder-lo tornar a veure en sortir o en arribar a casa al capdamunt de la cúpula celeste. Però, com sempre, Sírius sap com tranquil·litzar-me i, en els últims cops abans de desaparèixer darrere l’horitzó, en alçar la mirada recordo la promesa mai pronunciada:
      - “Ens veure’m d’aquí un any”.
      Amb un somriure pintat al rostre, m’acomiado murmurant:
      - Gràcies per tot i fins l’any que ve...

      Tectònica fàcil per a sentimentals

      Tectònica fàcil per a sentimentals

      Recordo que quan vam venir a viure en aquest barri ara fa uns quatre milions d’anys la casa del senyor Pepet estava just al davant de la nostra i era una cosa fabulosa espiar la seva filla les nits d’estiu quan es desvestia per posar-se a dormir. Quan no em veien els pares, m’aixecava del llit i m’esmunyia per anar a lligar una corda des de l’arbre del nostre pati al fanal de l’altra vorera, en un esforç fútil per mantenir les finestres encarades. Inexorablement, l’endemà la corda sempre apareixia trencada, excepte aquell dia quan vaig trenar-ne tres per augmentar-ne la resistència i al matí següent el fanal estava arrencat de soca-rel. A mesura que els blocs de l’escorça terrestre lliscaven a banda i banda de la profunda esquerda que corria tot al llarg de l’Avinguda de la Falla, la casa número 4 es va anar posant lentament al davant de la nostra. Aquesta va ser una època fosca doncs els Garcia no tenien fills i tot i que eren una gent molt agradable jo em mirava amb tendra enyorança la casa número 2 que seguia el seu parsimoniós camí pendent enllà. Van anar passant els veïns del 6, els del 8, els del bloc 10-12, i des de fa ja uns quants centenars de milers d’anys que està passant el tros dels Carrió, que com que són masovers tenen un terreny molt gran i encara trigarà abans no acabi de desfilar.

      Viure a sobre d’una falla té aquestes coses divertides, però altres esdeveniments relacionats amb els moviments tectònics del planeta són molt més dramàtics. El meu avi, per exemple, sempre explica el cas tristíssim de la tieta Ngo, que viu a l’Àfrica i quan era jove es va enamorar amb bogeria d’un noi que vivia a l’altra banda del Carrer Atlàntic. Un dia, en llevar-se van veure com al bell mig de la calçada hi havia aparegut un fil d’aigua intermitent que passats pocs anys es va fer un petit rierol, de manera que van haver de construir passarel•les per anar d’una vorera a l’altra. Amb els segles, el riu es va anar eixamplant i ben aviat ja no es van poder fer ponts tan llargs, i la tieta i el seu estimat havien d’agafar una barca per a trobar-se. Arribà un moment, però, en que la distància es va fer tan gran que s’inventaren un alfabet de senyals lluminoses, sense cap mena de dubte ancestre dels fars d’avui en dia. Al cap dels mil•lennis, l’estesa d’aigua era tan imponent que estava clar que s’havia transformat en un braç de mar, fins el punt que l’altra riba ja ni es veia. L’oceà va anar creixent i creixent i les terres es van anar allunyant i allunyant, fins que finalment la tieta Ngo i el seu amor van acabar deixant de veure’s.

      Ara bé, per drama, el que li va passar a l’oncle Atahualpa. El tiet vivia en una petita illa al davant de les costes de l’Amèrica del Sud, un lloc paradisíac. Quan els meus pares ens van dur a visitar-lo, cap allà al final del període Juràssic, anàvem cada tarda a banyar-nos en una platja de sorra rosada, sota una paret immensa d’arbres d’un verd llampant que omplien tot l’interior de l’Illa Subducció. Mentre ens remullàvem a les aigües tèbies i transparents de tonalitats maragda, de tan clara que era l’atmosfera es distingia perfectament la llunyana silueta dels Andes, desenes de quilòmetres mar enllà. Van ser les millors vacances de les nostres vides, però recordo que a l’oncle sempre se’l veia inquiet i neguitós, tot i que aleshores no vaig saber veure’n la raó. Amb els segles les seves cartes s’anaven tornant més desesperades, encara que segons la mare això era degut als freqüents terratrèmols que sovint patia tota la zona i no calia amoïnar-se gaire. Tanmateix, allà sempre n’hi havia hagut, de terratrèmols, i l’oncle Atahualpa no era pas una persona poruga. Els darrers temps les seves missives s’havien anat fent més explícites i ens deia que l’Amèrica del Sud s’albirava fins i tot els dies més calitjosos, que no hi havia dubte del seu apropament incessant. Més endavant ens explicava que per les nits els llums de les ciutats de la costa del Perú es veien cada cop més brillants, i que fins i tot distingia les persones dins les habitacions. L’última vegada que ens va escriure ens informava amb un punt de terror que durant les marees baixes es podia arribar caminant al continent. El desenllaç, malauradament, el vam poder seguir per televisió fa només uns anys: com a punt final d’una sèrie de violents moviments de terra que van sacsejar tota la regió durant dies, l’Illa Subducció va ser engolida per la placa sud-americana i enviada cap al centre de la Terra.

      Temps de guerra

      Temps de guerra

      S'enceta l'octubre, i amb el recull de les fulles a terra, sota totes les branques, sent la teva presència junt amb mí en la mateixa foscor. Com en aquelles nits on la nuesa no tenía cap vigilància ni punt de localització.

      Els homes ací s'han tornat sords i absents. Hi han boscos de relacions humanes empobrides on cada dia els egos es descentralitzen i no troben el seu lloc de fe ni l'acceptació popular digital.

      Tots els murs, enderrocats, sota les nostres pells blanques criden ben fort al desig, i en un intent de perdre'ns en el temps, les parpelles ens donen el ritme silent de la intoxicació alimentaria. En un matoll absurd de dies aleatoris que fem nostres, milers de servidors i adreces ip generen fruites transgèniques plenes de poesia visual.

      El risc de pensar només en un mateix, lligat al ball dels algoritmes permanents que ocupen tot el nostre temps ens enlaira a un lloc on trobem la glòria permanent.

      Estem plens de glifosat i encara seguim corrent i tenint pressa, amb la incertesa feble d'una tardor que engendra nous retalls. Caminem disposats a descubrir noves dimensions que ompliguen cada vegada més, tota la boira d'uns dies que imagino freds com esclats de sang sota les parets de les nostres cases. Es dibuixen exactes els rius tòxics de la nostra inconsciència.

      Han vingut aquest matí, els homes del nord, amb les mans plenes de fusells totalitaris. Han matat totes les gallines, espoliat les poques llavors de què disposàvem i en ells s'han endut la poca vida que ens quedava. Tots els ànims i l'energia que teníem dins del cor. Han caigut els homes a terra esfondrats en les seves pròpies comarques plenes de tenebres, i tota la cendra virtual, és pols esquinçat en l'aire.

      A cau d´orella, encara sent la respiració accelerada de la teva boca que té fam. Encara recordo les teves mans als meus pits desesperades, i tota sencera et busco ara amb els dits, pensant que encara hi ets i que cap megalòman podrà controlar el que mengem ni podrà desnodrir el nostre esperit que encara resisteix.

      Que no hem anat mai a cap guerra, ni volem anar. No ens hem dirigit a cap front però lluitarem. Que tota la sang que coneixíem era la que brollava nerviosa dins de les nostres artèries, flotant animosa en l'equipatge de les carícies eternes.

      Que els mots ni la ciència no entenien cap disciplina al nostre llit. Que la tropa de l'il•limitat abisme de la meva esquena era l'única que coneixies. I l'abans, com l'ara és tan sols un dietari devastat. Una casa sense gana i sense res que sembrar.

      La santa devoció de la dificultat envers la terra no deixava mai decaure els nostres crits.
      Que la trompada de pluja dels darrers octubres, mai va detenir-se a la portalada del menyspreu. El paisatge de tot allò que estimàvem ara és una figura ferotge.

      I si no hagués arribat mai aquesta guerra agroalimentària? I si el nostre destí no hagués sigut més que palla desfeta o una simple proveta en un laboratori? Pot ser en la mort i en tots els estrets mai hagueren provocat absències urgents ni rius violats per l'avarícia de l'home modern.

      Un globus peculiar

      Un globus peculiar

      Avui dia, som cada vegada més conscients de tots aquells fenòmens que ens envolten, i les seves causes i conseqüències, com són la pluja o la gravetat. Però a vegades ens sorprenem quan una cosa que veiem cada dia i d’aparença senzilla realment ens és un absolut misteri.
      Així doncs, un dia mentre que anava a fer la compra de cada dissabte al matí em vaig preguntar a mi mateix si sabia d’on provenia cadascun dels aliments que comprava i si tenia algunes nocions bàsiques sobre la seva elaboració.
      Vet aquí que del primer aliment que vaig comprar, sigui per ignorància o per menysvaloració, no sabia ben bé com era possible la seva elaboració. Malgrat la seva popularitat actual i durant tota la història de la humanitat, no sabia del tot segur com era possible que la major part de l’elaboració d’aquest aliment fos totalment automàtica i independent al “cuiner” . Llavors, li vaig plantejar el meu dubte al propietari de la botiga: com era possible que quatre ingredients treballessin conjuntament durant la major part de l’elaboració per així després d’un enfornat obtenir el producte final. Ell em va somriure i a continuació em va explicar amb múltiples comparacions com s’aconseguia el producte final.
      Em va dir que m’havia d’imaginar els quatre ingredients com si fossin els materials necessaris per fabricar i inflar un globus peculiar. D’aquesta manera, de la mescla dels ingredients, en resulta una pasta que és capaç d’absorbir energia i convertir-se així en una fibra resistent i elàstica que pot contenir aire. A continuació em va dir que m’imaginés que amb aquesta fibra féssim un globus i en el seu interior fiquéssim uns petits cotxes capaços de produir CO2 amb un consum de combustible. D’aquesta manera els gasos despresos pels cotxes inflaven el globus, que si creixia massa i ningú s’assabentava, podia arribar a tenir alguna fruita i fins i tot perdre tot l’aire, però mai arriba a esclatar. A més, quan el globus s’havia inflat, i si “el cuiner” no s’havia despitat, el globus passava per un procés d’enfornat. En aquest procés els cotxes deixen de funcionar a causa de les altes temperatures i fibra del plàstic que constituïa el globus s’enduria i perdia la seva propietat elàstica i es reconvertia en alguna cosa similar a un gerro amb forma de globus.
      Després d’aquesta gran metàfora em va dir que per acabar, m’imagines que els materials per fer la pasta en realitat fossin aigua i farina; que l’energia que cal aplicar a la pasta en realitat fos l’energia mecànica que aporta “el cuiner” durant el pastat, que aquesta fibra en realitat fos una xarxa proteica, concretament una xarxa de gluten; que aquests petits cotxes en realitat fossin microorganismes que trobem al llevat; i que la benzina que consumeixen els cotxes, fos en realitat el sucre.
      Acabada la seva peculiar explicació, em va dir, que ara que sabia suficient sobre aquest peculiar globus, que em preguntés si la temperatura podia influir en el funcionament dels cotxes, si les proporcions dels materials de la fibra podien influir en el globus, o si podríem, d’alguna manera, solucionar el problema de les fuites.
      Finalment, amb més dubtes dels que vaig entrar, vaig sortir de la fleca amb un pa peculiar que havia comprat.

      Una gran llicó

      Una gran llicó

      En Dàmas mirava ensopit per la finestra, mentre el tedi aturava els minuts del rellotge, eternitzant el seu avorriment.
      -Eh, President, desperta. Sempre estàs a les estrelles, burinot –xiuxiuejà en Roc.
      El bot de sorpresa del Dàmas hagués estat recompensat per un càstig de la professora si aquesta no s’hagués trobat de cara la pissarra, traçant línies d’interminables apunts.
      Tranquil de nou, en Dàmas mirà al seu company, esperant una explicació a la sobtada interrupció. Tot i la enveja que en Roc despertava en el Damàs, ja que els astres li havien concedit una indecorosa bellesa que eclipsava qualsevol que l’envoltés, era l’únic a qui en Dàmas permetia que el molestés sense posar-li mala cara. Al fi i al cap, els millors amics no estan per retreure’s nimietats.
      -No es que m’interessi la lliçó gaire més que a tu, però aviat et tocarà corregir els deures i aquesta dona et deixarà sense esbarjo si tardes més de dos segons en reaccionar. I el President no es pot pas permetre un càstig –apuntà en Roc amb un somriure.
      En Dàmas somrigué. Feia temps que el Roc havia pescat que el seu nom escurçat era idèntic al del president català i el sobrenom no s’havia fet esperar.
      -I no pots passar deixar-me sol. A les grades que hi ha a l’altre extrem del pati ens esperen la María i una amiga seva que va un curs per sobre nostre –exclamà en Roc amb avidesa.
      I tant aviat digué això, el somriure d’en Dàmas s’esvaí més de pressa que les seves ganes per trepitjar el pati. Perquè anar a l’esbarjo amb el Roc implicava anar a conèixer noies. I encara no havia trobat res que l’esglaies més que fer-se valdre davant dels ulls de les noies.
      Es podia saber la tabla periòdica de memòria o conèixer al detall l’anatomia humana, però en Dàmas només podia quedar-se glaçat quan tenia que intercanviar paraules amb alguna companya de classe o donar-li gràcies al cel si tenia una conversa de més d’un minut amb qualsevol d’elles.
      -Dàmas, no em fallis –afegí en Roc. –I baixa dels núvols d’una vegada.
      -Vull canviar el planeta –parlà en Dàmas per primer cop.
      -Com? –respongué en Roc. –Que t’empatolles?
      - Vull canviar Mart –replicà en Dàmas.
      -Què? – interrogà en Roc, confós. –Que vols fer amb els marcians? Si aquell tros de terra seca esta molt lluny d’aquí.
      -Saps que el nostre planeta es mor? – explicà en Dàmas.
      -Què? Ah, parles del calentament global i totes aquestes tonteries que surten a la tele, no? – desdenyà en Roc.
      -No son tonteries, Roc. A la Terra no li queden gaires anys i jo vull fer el possible per salvar-nos.
      - I que penses fer?
      -Terraformació, Roc. Vull fer habitable Mart per als humans, per a que un dia tots puguem viure allà.
      -President, ets increïble –respongué sorprès en Roc.
      -Però, francament, lo d’acompanyar-te a veure a la María i la seva ami...
      -Dàmas –interrompé en Roc –sempre fas el mateix. Ets el més llest que conec . Treus millors notes que tota la classe junta i quan surtis d’aquí, segur que acabés fent aquesta cosa que dius i un dia ens portes a viure a tots amb els marcians. Però et parlo de noies i tremoles com un cadellet.
      -Jo no..
      -Si–torna a interrompre en Roc –t’amoïnes d’una cosa super fàcil. Aquesta es l’única assignatura en la que m’hauries de fer cas a mi. Dàmas, et pots tornar un geni i tot i així, lligar una mica. Si una cosa se, es que no fa falta ser ningú especial per emportar-te a les noies. Els que investiguen les coses que tu em dius son els científics, no?
      -Com? –preguntà en Dàmas, atordit desprès del monòleg del seu amic. –Si, si, son científics.
      -Doncs xaval, seràs un científic dels millors. I al futur cap de tots els científics de la Terra, tindré l’orgull d’ensenyar-li a lligar i diré a tothom que jo et vaig poder donar classes en quelcom – finalitza orgullós en Roc.
      En aquell moment la professora es girà cap als dos alumnes i els hi increpà, enfadada.
      -Roc, de tu m’ho esperava, però Dàmas, no sabia que tu també l’hi havies agafat el gust a molestar durant les classes. Os quedareu per aquí, castigats, i així aprendreu a estar callats i no interrompre les classes.
      I mentre en Roc discutia a viva veu amb la professora, argumentant que tenia una cosa molt important a fer i no es podia quedar castigat, en Dàmas es somrigué a si mateix i pensà que si algun dia arribava a canviar tant el seu món com que el que l’esperava a milions de quilòmetres de distancia, en Roc es mereixeria una pàgina sencera de discurs per agrair-li el seu impagable suport.

      Vint-i-un grams

      Vint-i-un grams

      Fa cosa d’un any vaig haver d’enfrontar-me a una de les situacions més doloroses que ha d’enfrontar un humà: la pèrdua d’un ésser estimat. Es tractava del meu avi. L’últim cop que el vaig veure es trobava estés al llit de l’hospital, connectat a un munió de tubs i sondes que el mantenien amb vida, però la morfina l’impedí adonar-se’n de la meva presència. El següent cop que el vaig veure pesava vint-i-un grams menys. És curiós com aquesta minúscula quantitat de matèria pot suposar la diferència entre la vida i la mort.

      Ara que el temps ha passat, he prosseguit amb la meva vida com a investigador. El dolor em retroba cada moment que deixe de banda els treballs, i em tornen a enviar els records i la nostàlgia. Per això vaig decidir centrar-me en el treball, que em manté prou ocupat per esvair aquests pensaments durant unes hores. El dia del seu aniversari, sabedor del dolor que em suposaria la seva imatge, vaig decidir quedar-me a passar la nit al laboratori, treballant amb l’accelerador de partícules. Endollava i desendollava la màquina com un possés, canviant els paràmetres aleatoriament i analitzant els resultats. Però la meva ment, coneixedora de la situació, no podia desempollegar-se del seu record. Així que decidí canviar els paràmetres de la màquina, i fer una última prova… creant el buit absolut al seu interior. D’aquesta forma no hi hauria partículas que pogueren col•lisionar. Sense cap esperança obserbava els sensors, però de sobte un intens esclafit em va sobtar, seguit d’una cegadora brillantor fluorescent, gairebé espectral. Les càmeres mostraven un cúmul borrós que surava, confinat entre les parets magnetitzades d’aquell aparell. I les dades no mentien, aquest cúmul inmaterial pesava… vint-i-un grams! Com era possible? En aquell instant la ment deixà de respondre, i em vaig veure envaït pels instints més primitius, empentats pel cor que bategava frenèticament. Desobeïnt qualsevol instint de supervivència, vaig obrir la portella de l’accelerador de partícules, i per aquella escletxa vaig posar el braç a dintre, disposat a tocar aquella singularitat còsmica que continuava surant a dintre.

      Una llum blanca em va cegar. I de sobte el vaig veure. Allí estava ell, dintre de la meva ment. Recorde que tractava de preguntar-li coses, però els músculs de la boca no em responien. Però no va ser necessari, ell era capaç d’anticipar-se a tot allò que volia preguntar-li. El vaig sentir dintre de la meva ment. I em vaig trobar en pau.

      Al matí següent, els companys de laboratori em trobaren estés a terra, inconscient. Ningú entenia què havia passat. Els sensors i les màquines havien embogit, i escopien un torrent de dades sense sentit. Pero jo, seré, vaig saber que aquests vint-i-un grams, els seus vint-i-un grams, m’acompanyarien per sempre fins que ens tornarem a retrobar, convertits en antimatèria i surant per l’espai fins la fi dels temps.
    • Auto zaharrak

      Auto zaharrak

      Lehen mementotik oso ondo moldatu ziren elkarrekin. Tabernaren giro beroaren artean, beren solasaldia. Ia mozkortuta zebiltzan. Hosto hori-horiek bidea estaltzen zuten. Alfonbra leun eta busti baten gainetik zihoazen, errekatxo baten albotik. Ihintz tantek ilaran zeuden autoen gainean lo egiten zuten. Behin-behineko aparkalekua argiantzetan aurkitu zuten amoranteek: farolatxo bat nekaturik, oherako bidean. Zerua egusentiak lilaz tindatua. Elkarrizketa bizi-bizia, baten eskuak bestearen gerriari heltzen. Barrez hordiak, bikotearen batek armonia astindu nahi zuen:

      - Nirekin lo egitera geratuko zara nire autoan, zein den asmatzen baduzu.
      - Txantxetan ari zara!... Benetan?
      - Bai, noski! Begira, nirea hemengo autorik zaharrena da.

      Han 15 auto zeuden gutxi gorabehera. Ez markarik, ezta modelorik ez zuen ezagutzen, orduan, matrikulek lagunduko zioten.

      - Ba, erraza da! Han dagoen gorria da: bere matrikula Bilbokoa da eta AB batek amaituta. Honek hemengo kotxerik zaharrena izan behar du.
      - Ba ez. Oker zaude! - burla egin zion.
      - Nola ezetz? - irribarre egin zuen - Adarra jotzen zabiltza!
      - Ezetz!! Imajina ezazu: hain da zaharra, non zenbaki erromatarrak dauzkan matrikulan. Horretaz gain, zenbaki horiek palindromoak dira eta haien batuketa egiten baduzu, zenbaki lehen bihurtzen dira.

      Orduan, bere amorantea barrez hasi zen auto batengana hurbiltzen zen bitartean: Vitoria-Gasteizko matrikula eta V batek amaituta...

      BIZITZAREN INERTZIAK

      BIZITZAREN INERTZIAK

      Ohetik jaiki, eta lehenengo pausua eman bezain pronto, makulu harturik eta ordezko hortzak ahoan ipiniz, leihora abiatu naiz. Bizitzea gogaikarri bihurtzen ari zaidan bizitzaren etapa honetan, egunsentiaren lehen arnasa dastatzera irten naiz, eguzkiak mendiko baserri guztiak banan-banan argiztatzen dituen bitartean.
      Hor, arnasarekin batera etorri zait pentsamendua burura, ez ote nauen korronteak gehiegi eraman. Bai, bizitzak sortu dizkidan egoerak aurrera eraman ditut, ezertan pentsatu gabe. Korronteari kasu egin diot, inertzia hutsa izan da nire bizitzaren zentzua. Konformismoak urteak aurrera azkar pasatzearen madarikazioa ekarri dit.

      Urteak pasatu dira, baita hamarkadak ere, baserria aurrera eramaten jarraitu dut, baina seme-alabek ihes egin didate hirira. Eta nik zer egin dut horren kontra? Jada zelai osoko belarra jatea kosta egiten zaie ditudan lau ardiei. Orain konturatu naiz, nahiz eta inertzia izatez ez den ezer, eta berataz gauza asko esan ezin den arren, une batez pentsatzen jarrita, bizitzan aurrera jarraitzeko joera zikina besterik ez dela. Inolaz ere gelditu gabe, izan ere, inertziak harrapatzen bazaitu, zureak egin du, nirekin egin duen bezala. Horregatik botatzen diot errua berari, orain, nire begiekin ikusten dudan pertzepzioak, inertziaren eragin indartsua frogatzen duelako. Horretan erreparatzeak, gauza asko azaltzen dizkit.
      Egunero amestu izan dut, eta ametsak izan ditut buruan. Bai, ameslaria izan naiz, inoiz betetzen ez diren ametsen ameslaria. Nire barnean ez da inoiz ilusiozko helmugarik egon, oinak betik lurrean eduki ditudala esan daiteke. Ametsez gain, izan ditut borrokak ere buruan, baina nire ahoa ez omen dago injustiziak salatzeko edo barreneko egonezina azaltzeko egina. Emaztea maitatu izan dut, maitasuna izoztu eta denboran galdurik gelditu zen arte, eta nik, nire konformismo ustelagatik, aurrera segitu dut, trenean zutik doan bidaiari bezala, trena gelditu eta gorputza aurrera eramateko mugimendu kontrolagaitza jasaten duenean bezala. Eta bai, oraingoan trenaren kristalarekin bete-betean jo dut, kristala apurtu da eta trenbidearen errailetan botata gelditu naiz. Momentu batean hausnartu, eta geltoki egokian jaitsi izan banintz, zer litzateke nitaz? Ausarta banintz, eta trena nik gidatzearen ardura hartuko banu, zer litzateke nitaz?
      Makulua erortzen sentitu dut, lurra geroz eta hurbilago, egunsentiaren lehen arnasa motz geratu zait, eta trenak jada ez nau inora eramango. Inertziak ordea, toki zehatz batetara heltzen lagundu dit, inoiz ezagutu ez dudan tokira, amaierara.

      Denboraren makina

      Denboraren makina

      Denboraren makina

      Azkenean, heldu zitzaion Joneri bere etorkizuna markatuko zuen aukera egiteko unea: unibertsitateko matrikula egin behar zuen. “Biokimika eta Biologia Molekularreko gradua” egitea pentsatuta zeukan, molekulen mailako prozesu biologikoen ezagutza lortu eta osasunean izan zezakeen eragina ikertzeko, baina ez zuen etorkizuna oso argi ikusten. Gainera oraindik ez zuen unibertsitateko onarpen-gutuna jaso. Txikitatik bazekien ondo asko zientziaren alorrean lan egin nahi zuela; zientziaren abantailak gaixotasun larriak sendatzeko erabiltzea zen bere ametsa. Baina, hala ere, bazegoen atzera botatzen zuen zerbait: horretara bideratzen ziren baliabide ekonomikoak oso urriak ziren, eta, urtetik urtera, gobernuak murrizketak handiagotzen zituela ikusten zuen etsipenez. Zenbat ikerketa geratu ote ziren bidean interes ekonomikoak zirela eta! Gainera, entzuna zuen ikerlarien lana oso gogorra zela, gehienetan, emaitzarik gabeko lana baitzen. Amak dudarik ez egiteko esaten zion; zientzia gustuko bazuen, zientziari loturiko zerbait ikasteko. Ikertzailea izatera ez iritsita ere, irakaskuntzan edo beste hainbat alorretan ere aritu zitekeela esan ohi zion. Eta oso ondo zekien zer zioen; izan ere, Joneren amak, zuzenbidea ikasi zuen bere gurasoen ilusioa betetzeko, eta urte askotan abokatu lanetan aritu ondoren, loradenda bat ireki berri zuen orain hilabete. Hori baitzen bere pasioa: loreak. Ez zuen Jonek akats bera egiterik nahi.

      Bor-bor sentitzen zuen burua, nahasmena eragiten zioten neuronak elkarren artean talkaka zeudela zirudien. Lo kuluxka bat egiteko etzan zen egongelako sofan, eta telebistako berriak entzunez logura sartu zitzaion. Begiak ixtearekin batera horrela hasi zen aurkezlea: “ Ardashir Bazag zientzialari iraniarrak denboraren makina asmatu duela baieztatu du Espaziotik izeneko zientzia aldizkariak egin dion elkarrizketan. Makina honi esker gai izango omen gara denboran aurrera zein atzera egiteko. Ardashir Bazagen hitzetan… “ Zzzzzzzzzzzz.

      Bat-batean zerbaitek aztoratu zuen. Begiak irekitzeko saiakera egin zuen, baina egongelako leihotik sartzen ziren eguzki-izpiek ez zioten horretan askorik laguntzen. Nagiak ateratzeko besoak luzatzean zerbait bota zuen lurrera. Gutun bat zirudien. Eskuetan hartu eta bere izenean zetorrela ikusi zuen baina ez zen agertzen igorlearen daturik. Nork bidali ote zuen? Jakin-minez irrikan, eta oraindik ere begiak erdi itxita zituela, ireki zuen kartazala. Honela zioen:

      “ Jone maitea:

      Atrebentzia handia izan dut zugana zuzentzean. Gauza askoren berri izan dezazun idazten dizut, inoiz hitz hauek iritsiko zaizkizun ziurtatu ezin dudan arren.

      Ni naiz idazten ari natzaizuna, edo zu urte batzuk beranduago… Ez dakit ongi nola azaldu.

      Harri eta zur geratu zara, ezta? Oraintxe zeure buruari galdetzen ariko zara nola arraio ote den posible zuk zeuk idatzitako gutun bat jasotzea. Ez da magia kontua, badakizu denak duela azalpen zientifikoa. Etorkizunetik ari naiz, noski.

      Urte hauetan guztietan, buruan bueltaka izan dut zuri idazteko ideia, eta, azkenean, eman dut pausua. Labur-labur azalduko dizut esan nahi dizudan guztia:

      Hamaika kontu konta diezazkizuket zure bizitzari buruz; dena den, labur esateko, aipatuko dizut osasun arloan ikerketak egiten ari den zientzialari preziatua bihurtu zarela, baina ez dizut etorkizunean biziko duzuna gehiago argituko.

      Azken finean, eskerrak ematea da gutun honen xedea. Hemen nago, eta zugatik da guztia; erabaki onak hartu dituzu bizitzan. Harro nago zutaz. Entzun beharreko jendeari entzuteak eta hartutako erabaki zuhurrek bide onetik eraman zaituzte .

      Amaitzeko aholkutxo bat emango dizut: egin ezazu beti bihotzak eskatzen dizuna, buruari kasu handirik egin gabe, eta bizitzak berak eramango zaitu amesten duzun lekura. Ustez zarena eta izan nahiko zenukeena gaur egun zarenetik ez dabiltza oso urrun, beraz, argi izan, nahi duzun hori izatera iritsiko zarela.

      Muxu handi bat!

      Jone

      Etorkizunetik, 2035eko maiatzaren 2an.”


      Telebistatik zetorkion iragarki baten musika ozenak iratzarri zuen. Ametsa izan zen guztia; arinegi desagertu zen ametsa. Gogoan zuen denboraren makinaren berria entzun izana eta horrek eraman zuela amets arraro horretara! Gutun hark hain erreala zirudien! Benetan jakingo bagenu etorkizunak zer ekarriko digun, beste modu batera jokatuko genuke… Nagiak ateratzen hasi zen eta eskuarekin zerbait ukitu zuen. Gutun bat zen. Amak utziko zion magalean. A zer kasualitatea! Ia zer zioen, bada:


      Zientzia eta Teknologia fakultatea

      Jone Agirre Etxebeste:

      Atsegin handiz jakinarazten dizut hurrengo gradua egiteko onartua izan zarela:

      Biokimika eta Biologia Molekularreko gradua

      Matrikula egunak: Maiatzaren 20, 21 eta 22

      Adeitasunez,

      Maite Bengoa Zurutuza
      Harrera koordinatzailea

      Pozez txoratzen sentitu zen Jone! Onartu egin zuten unibertsitatean. Gutuna irakurtzearekin batera amaren hitzak ekarri zituen gogora; baita ametsetako gutuna ere. Seinale bat izan zen: erabakia hartzen lagundu zion etorkizunetik iritsitako seinalea. Zientziaren bidea jarraituko zuen, bai horixe! Gehienetan emaitzarik gabeko lana izango zen, bai, baina aurkikuntza txiki bat nahikoa zen alferrikako lana ez zela frogatzeko . Agian bera izango zen minbiziari irtenbidea aurkituko zion ikerlaria. Eta, ze demontre! Bestela, beti izango zuen atzera egiteko aukera zientzialari iraniarrak asmatutako denboraren makinari esker.

      Inspiratu

      Inspiratu

      Inspiratu eta jarri da ordenagailuaren aurrean Irene. Zabaldu du laneko postontzia. Hara, lehiaketa baten berri ematen duen berria dago botilan: http://www.inspiraciencia.es/eu/. Arnasa hartu du, inspiratu. Segituan irudikatu du ipuina. Azken boladan, zenbait ikerketa zientifikoren harira, buruan darabiltzan zenbait ideia orriratzeko nahiz burua husteko aukera paregabea. Aurreko hitzak idatzi ondoren, berriro itzuli da helbidera, sarien berri jakitera, saria sari, idazteko aitzakia ere badela jakinean. Gainera, batek daki, izan liteke denboran bidaiatzea: Julio Verne-k urpeko itsasontzi elektrikoaz idatzi zuen, oraindik asmatu gabe zegoela. Bestalde, maite ditu zientzian inspiratutako filmak, Tú que sabes, kasu; orobat, esperimentu zein ikerketa zientifikoen berri ematen dituzten dokumentalak, bideoak, Masaru Emotok urarekin egindako esperimentu biziki inspiragarria, besteak beste, aurrerago azalduko dena atzera. Ideia horiek ehunduaz, neurona konexio harrigarrien bidez, ea zer nolako ipuina sortzen duen. Meta literaturarako joera duenez, erabaki du meta literaturarekin ere jolastea, hizkera zientifiko xamarra ere tartekatuaz han hemenka.
      Aurkeztuko duen ideia denboran aurreratzen den horietakoa izango ote da? Horrela izanez gero, zenbat urte barru egiaztatuko edo frogatuko da?
      Galderak aurreko paragrafotxoan idatzita, azken aldian aurkitutako berri zientifikoen berri emateari helduko dio, gogoan dituen beste bizpahirurekin batera, berak gauzatu nahiko lukeen esperimentu-ikerketaren aurrekariak nahiz osagarriak izan litezkeenak zelanbait. Bukaeran azalduko du bere ideia; ipuinetan, jakin minari, misterioari eustea komeni dela diote-eta. Ipuinarekin ere esperimentatu egin nahi du.
      Ipuinak 800 hitz izan behar duenez gehienez, inspirazio iturri izan diren ikerketen berri ematen duten artikulu zein bideoen lauzpabost esteka erantsiko ditu: laburtzen eta ideiarekin duten lotura azaltzen hasiz gero, 800 hitzetik gora idatziko bailituzke. Irakurleak egin beza bere lana, otu zaio, beti ere jakin mina baleuka, jakina. Hona ikerketa zientifikook:
      https://www.youtube.com/watch?v=gUyqfUut8lA
      http://www.livescience.com/43250-mind-controlled-quadcopter.html
      http://www.nature.com/news/quantum-physics-what-is-really-real-1.17585
      https://www.youtube.com/watch?v=01gYfRr4boI
      http://hipertextual.com/2014/05/teletransportacion-cuantica
      Arnasa hartuz sakon, atseginez, ideia ipuina ipuinean txertatutako ipuin hiper labur gisa aurkeztearen hautua egin du azken unean; Béla Tarr zuzendariaren antzera, zeinaren filmetan inprobisazioa zein esperimentazioa badiren protagonista (Tarr, d.g.), baita matriuskaren irudiaren ohorez ere, eta, nola ez, bizitza lasaiarekin (slow life) fusiona daitekeen “less is more” esaerarekin bat eginik.
      “Sartu da Penelope interneteko mare magnumean igeri egitera, gainontzekoek ehuntzen diharduela pentsatzen dutelarik; aurkitu ditu, argi ibilita, zenbait ikerketa-perla. Egin du perla-diadema. Diadema bihurtu da ikerketa zientifikorako galdera. Autoa gidatzerik egongo litzateke, gasolinarik bota gabe, pentsamenduaren bidez? Aipatu dio Telemakori burutazioa. Erantzuna izan da bat-batekoa: horretarako autoak gasolina gabe dabiltzan mundu batean jaio beharko luke pertsona horrek. Eureka! Bota du Arkimidesek legez. Ondoko galderak piztu zaizkio jarraian itakarrari: ustekizunek badute eraginik, pentsamenduek edukiko dute horretarako indarrik? Galdera-hipotesia egin du: pentsamenduak izango dira etorkizuneko energia berriztagarriak? Bururatu zaio agian norbaiti bururatuko zaiola haurren bat haztea autoak gasolina gabe mugi daitezkeela simulatzen duen mundu batean. Penelopek egin du tupustean jauzi unibertso paralelo batera: gizakiek auto gabe telegarraiotzen dituzte euren buruak.”
      Irenek azkenengo aldiz goitik behera idazlana birpasatuta, du inspiratu.

      BIBLIOGRAFIA:
      Tarr, B. (d.g.) Béla Tarr Regis dialogue with Howard Feinstein.(Bideoa).
      Hemendik jasoa: https://www.youtube.com/watch?v=K104Srbj7h0


      Ur hura

      Ur hura

      Hiltzear nengoela hartu nuen lana uzteko erabakia. Beste edozein une bezain egokia iruditu zitzaidan hil aurreko hura.

      Olatu batek harrapatua ninduen, bere zurrunbiloan irentsia eta itsasoaren barrenera ninderaman. Nire birikiek ezin zuten gehiago eutsi, eta barnean gordetzen zuten oxigeno eta nitrogenoa, jadanik CO2 bilakatua, kanporatu zuten. Burbuilek inguratu ninduten eta, goialdea eta behealdea bereizi ezin horretan, hilko nintzela ulertu nuen. Konortea galduko nuela suposatu nuen, eta mingarria izango zela baita.

      Baina ez nintzen hil. Eta ez zuen minik egin.

      Urak nire birikien barrenera egin zuen eta dena bete zuen, baina ez zituen nire birikiak gelditu. Nola-hala hura prozesatzeko gai izan ziren eta uraren hidrolisia egin zuten, oxigenoa aprobetxatuz eta hidrogenoarengandik bananduz. Uraren oxigenoa arnasten hasi nintzen. Zaila da atomo lotura horiek apurtzea, zaila hiru atomo horiek bata bestearengandik banatzea. Ez da aireko nitrogenoa ez erabiltzearen parekoa, airean nitrogenoa eta oxigenoa ez baitaude lotuta, urak duen hidrogenoa eta oxigenoa ez bezala.

      Banaketa horrek, gainera, beroa sortu zuen, bero itzela, eta itsasoaren magalean sentitzen hasi berri nintzen hotza gainditzen lagundu ninduen. Ez dakit nire gorputzak sortzen zuen beroa edota nire biriketan gertatzen ari zen erreakzioak sortzen ote zuen beroa, baina han zen.

      Eta uretatik irtetea lortu nuen, eta berriz ere airea arnasteari ekin nion, ezer gertatu ez balitz bezala.

      Inor ez nuen zain ur ertzean, inork ez zuen gertatu berri zitzaidana ikusi, baina bizitza aldatuko zidala ulertu nuen. Sinisten nuen guztia, egi zalantzaezintzat nuen hura, gezurra zela.

      Gero uretara egin nuen berriz. Ura gerri inguruan izan arte oinez barneratu nintzen, eta orduan ur azpira egin nuen.

      Eta ura arnasten hasi nintzen berriz.

      ***

      Ikerketa zentro batean egiten nuen lan. Kimikaria nintzen. Sustantzien arteko loturak ulertu nitzakeen, atomoak haien artean nola lotzen diren nire golko barnean ikus nezakeen, elektroiak protoi eta neutroien inguruan biratzen irudikatu nitzakeen, Schrödinger-en paradoxa ulertzeko gai ere banintzen, Einstein-ek onartu ezin zuen quantum-a uler nezakeen. Eta ez nintzen bakarra: mundu horretan murgilduta bizi ziren askoz inguratua nengoen.

      Eta, hala ere, banekien nire lankideetariko batek ere ez zuela gertatu berri zitzaidana sinistuko. Ez edo onartuko. Banekien.

      Saiatu nintzen, bai. Ez gehiegi, laster jarri baitzizkidaten trabak, baina ahalegina egin nuen.

      –Aurpegi ona duzu! –esan zidan nagusiak atetik sartu bezain pronto. Bere bulego erosoko aulki handi horietako batean nengoen bere zain, gertatutakoa elkar banatzeko asmotan– Zer duzu kontatzeko? Larrituta zenirudien telefonoan…
      Eta gertatu zitzaidana kontatu nion. Hurrengo egunetan egindako froga guztiak baita, eta nire gertaeraren inguruan hartutako neurketa guztiak (nire gorputzaren tenperatura zelan aldatzen zen, nire pultsuan egon zitezkeen aldaketa eta halakoak) ere bai. Adi-adi entzun zituen guztiak, eta amaitu nuenean isilik geratu zen. Behera begiratu zuen une batez, eta gero leihotik egin zuen so. Minutu bat behar izan zuen berriz hitz egiteko.
      –Ea zelan azaldu diezazuket… Benetan uste duzu gurea bezalako zentro entzutetsu batera etor zaitezkela eta zientziaren mundua hankaz gora jarri?
      –Baina… –saiatu nintzen protestatzen.
      –Gure zentroa zientziaren barregarri izatea nahi al duzu?
      –Baina ni…
      –Diru laguntza guztiak galtzea nahi duzu? Hori al da nahi duzuna? Jendeak bere enplegua galtzea al da bilatzen duzuna?
      –Baina ezin dut…
      –Berdin zait zer ahal duzun eta zer ez. Irten ate horretatik eta har itzazu egun libre batzuk behar izanez gero. Baina honen ingurukoei buruz tutik ere ez ezazu aipatu gela honetatik kanpo, mesedez.

      Antzerako erantzunak jaso nituen beste kide askorengandik. "Zerbait edan duzu ala? Mesedez!” zioten zenbaitek, edo “frogak?!? Horrek ez du frogarik behar! Ez, ez dut frogarik ikusi nahi!” “Argitaratu diozu… Halakorik argitaratuko bagenu zentro honen izena zikinduko genuke!" besteek. Baziren “utzi iezaiozu tontakeriak esateari eta hasi lanean!" leporatu zidatenak.

      Medikuengana egitea ere alferrikakoa izan zen. Nire istorioa entzun bezain pronto ez ninduten aztertu nahi izan, eta atsedena gomendatu zidaten. Sikologo baten helbidea eman zidan lagun batek. Beste lagun askok zenbait opor-egun har nitzala gomendatu zidaten baita.

      Eta hiltzear nengoela hartutako erabaki hari eustea erabaki nion. Agian hasieratik jakin nuen hura gertatuko zela, baina erantzun haiek jaso behar nituen erabateko ziurtasuna izateko.

      Lana utzi nuen.

      ***

      Zientziak ezin zuen azaldu gertatu berri zitzaidana, edo ez behintzat nik ezagutzen nuen zientziak, bizitza guztian ezagutu eta ikasi eta ulertu nuen horrek. Horrekin ezin nuen lan gehiagorik egin, jadanik ez bainuen hartan sinisten. Baina aldatzeko egin nituen ahaleginek ere kale egin zidaten: zientzi hark ez zuen egia nahi, subentzioak eta lan egonkorrak eta soldatak nahi zituen zientziaz inguratua nengoen. Errealitateari uko egiten dion zientziaren inguruan ez dut lanik egin nahi, nik beste zientzia batean sinisten nuen.

      Eta lana utzi nuen. Eta beste hainbat gauza baita.

      Orain gustura bizi naiz hemen azpian. Birikiek sortzen didaten beroak ere ezin du estali zenbaitetan hemen egiten duen hotza, baina inork ez nau molestatzen. Ura geroz eta kutsatuago dago, metalak nabaritu ditzaket, baina kanpoko airea ez dago garbiagoa, eta NOx-ez nazkatu naiz. Berriz hil artean hemen jarraituko dut. Zientziatik urrun, hemen jarraituko dut. Inork aurkitzen banau ere, ziurrenik ukatu egingo du. Zientziaren izenean. Edo haien zientziaren izenean, behintzat.

      ZER GERTATU OTE ZAIO TXITARI?

      ZER GERTATU OTE ZAIO TXITARI?

      Bazen behin 8 urteko umetxo bat Julen deitzen zena. Julenek aiton amonaren baserrian ematen zuen uda osoa, animaliak zaintzen, baratza lantzen eta aitonarekin istorioak asmatzen. Izugarri ondo pasatzen zuen! Gehien gustatzen zitzaion lana animaliei janaria ematea zen, goizero egunsentiarekin batera esnatu eta gosaldu ondoren aitonarekin joaten zen ukuilura. Aitonak dena txukuntzen zuen bitartean bera oiloekin jolasten zen, txitak oso barregarri iruditzen baitzitzaizkion; eta horrela, egunak joan egunak etorri pasatzen zuen uda Julenek.
      Goiz batean umea oiloekin baserri alboan zegoen gari landara atera zen– hainbeste janarirekin, hemen zoragarri egongo dira!- pentsatu zuen. Hala izan zen, oiloek gariz ase bukatu zuten. Hurrengo goizean ukuilura heltzean iskina batean txita txikitxoa etzanda ikusi zuen eta azkar batean bere ondoan makurtu zen. Txita gaixoak ez zuen ezer jaten, tripako mina zuen eta baita beherakoa ere. – Zer gertatu ote zaio? Zergatik gaixotu da txita?- galdetu zion bere buruari. Txitaren gaixotasuna zela eta ez zela bazkaltzeko ordua heldu zen eta Julen etxera sartu zen amonari gertatutakoa azaltzeko. Amonak arreta handiz entzun zion eta azalpena amaitzerakoan galdetu zion – Eta zein uste duzu zuk izango dela kausa?-. – Ez dakit amama, baina saiatuko naiz zure galderari erantzuna topatzen!-erantzun zion umeak. Arratsalde horretan bertan lanari ekin zion eta aurreko eguna aztertzen hasi zen.
      - Txita txikitxoa gaixorik dagoen bakarra al da? bai, bakarra da.
      - Oilo guztiak leku berdinean egon dira? Bai, guztiak batera daude beti.
      - Atzo osasuntsu zegoen, gaur, aldiz, gaixorik… Beraz, zer egin zuen txitak atzo beste egun batzuetan egiten ez duena? ba… atzo landara joan ginen, eta han gari pilo jan zuen! Baina… egunero jaten du garia, ezta?
      Azken galdera horretarako erantzunik ez zuela ohartu zenean, aitonarengana hurbildu zen erantzunaren bila. – Aitita, zer jaten dute gure oiloek?- galdetu zion Julenek aitonari, – artoa maitea, zergatik?- erantzun zion aitonak. – Eskerrik asko aitita, jakin-nahia besterik ez- esan zion Julenek. Ziztu bizian egongelara abiatu zen ordurako bere buruan zuen informazio guztia patxadaz antolatzeko.
      - Orain arte oilo guztiek egunero artoa jan dute eta osasuntsu egon dira, atzo berriz garia jan zuten eta txita txikitxoa gaixotu egin da, beraz zereal aldaketa gaixotasunaren kausa izan daitekeela pentsa dezakegu... baina, zergatik gaixotu da txita bakarra?- Bazuen bere hipotesia: garia artoaren ordez jateak txita gaixotzea eragiten zuen, beste oilo guztiak ordea ez ziren gaixotu.
      Gakoa zerealetan zegoela jabetu zenean, aitonaren laborantza liburura jo eta zerealen inguruan informazio asko topatu zuen. Zerealak talde desberdinetan sailkatzen zirela ikasi zuen. Zereal batzuen hazietan glutena zegoela irakurri zuen, hala nola garian, garagarrean, zekalean edo oloan. Beste batzuetan, berriz, ez zen agertzen glutena, artoan, arrozean edo artatxikian adibidez.
      Entzunda zeukan “gluten” hitza, ikastolan zerbait azaldu zioten horretaz, baina nahiko berritsua zen Julen eta ez zuen arreta handirik jarri irakasleak azaldu zuen egunean. Hortaz, amamarengana joan zen eta gertatutakoa kontatu zion: aurreko egunean gari landara egindako txangoa, txitaren gaixotasuna, egindako bilaketa guztiak eta, noski, baita bere hipotesia ere. Azalpena bukatzerakoan esan zion:
      – Amama, artoa gluten-gabeko zereal taldean kokatzen dela konturatu naiz eta garia berriz glutendun zerealen taldean, beharbada glutena hartzeak min egin dio txitari? Baina, zergatik gaixotu da txita bakarrik? Zergatik jarraitzen dute osasuntsu gainerakoek?
      Orduan, amonak, zeliakia zer zen azaldu zion.
      - Begira Julen,gaixotasun zeliakoa glutenarekiko jasanezintasun jarraia da. Zeliakoek ezin dute glutena duten elikagairik jan euren heste-paretan kalte larria eragiten baitie, eta ondorioz, gaixotu egiten dira. Sintoma ohikoenak beherakoa, sabelaren hantura, tripako mina eta egonezina dira. Ideia bat izan dezazun, Julen, gozoki gehiegi jaten duzunean daukazun antzeko egoeran aurkitzen dira.
      - Ba nik ez dut pertsona zeliakorik ezagutzen amama!- esan zion Julenek.
      - Ziur zaude Julen? Zeliakoek glutenik gabeko dieta zorrotz bat jarraitzen dutenean hestearen egitura normala berreskuratzen dute, eta aipatutako sintomak desagertzen dira. Beraz, haientzako egokia eta segurua den dieta jarraitu ezkero ez dira gaixotuko, osasuntsu biziko dira.
      - Eta zuk uste duzu gure txita zeliakoa izango dela? – berriz Julen.
      - Baliteke. Zergatik ez zara ukuilura jaisten txitak aipatu ditugun sintomak dituen ala ez egiaztatzera?- Amonak ez zuen esaldia bukatu ere egin umea eskaileratik behera korrika hasi zenean. Ukuilura heltzean bertan zegoen aitona.
      -Zertan zabiltza, ume? esan zion gizonak Julen txitaren alboan makurtuta animaliaren tripa ukitzen ikusi zuenean.
      - Tripa puztuta dauka aitita, gainera begira, botaka egin du eta ez da batere ondo sentitzen … txita hau zeliakoa da!-. Aitonak ez zuen ezer ez ulertzen eta Julenek, berriz ere, istorio osoa azaldu zion.
      Azkenik! bazuen txitaren diagnostikoa. Tratamendua jartzea zen hurrengo pausua. Amonak azaldu zion zeliakoak diren pertsonek osasuntsu bizitzeko gluten gabeko dieta jarraitzea besterik ez dutela egin behar. Beraz, Julenek txitaren eguneroko dieta zaindu zuen, gluten gabekoa izan zedin, eta, jakina, txita txikia guztiz sendatu zen.
      Harrezkero gari-landara txangoak bukatu ziren, txita txikiak egunero jaten zuen baserrian ematen zioten artoa. Poliki-poliki txita handitzen joan zen eta udaren amaierarako ukuiluaren oilorik politena bihurtu zen!
    • (In)combustión

      (In)combustión

      Miraba os teus ollos a través das faíscas que se elevaban cara o ceo. A leña combustionaba na fogata e tamén combustionaban as nosas mans, os nosos beizos, o noso todo. Aqueles garabullos transformábanse en dióxido de carbono e auga mentres ti e mais eu nos transformabamos en dous pampos a piques de amosárense os sentimentos. Abofé que o home tería descuberto antes o lume de nos coñecer a nós. Disque a materia orgánica arde moi ben. E por riba eu debía ter queroseno no canto de sangue.
      Aquela noite decateime de cales son as reaccións exotérmicas por excelencia. Unha delas é evidente. A outra non aparece nos libros, só no que chaman o libro da vida: é a que se produce cando reaccionan as almas. Nela hai agochada unha ciencia que non entende de números nin hipóteses, na que a práctica lle leva vantaxe á teoría; unha ciencia universal que tódalas persoas poden entender, e iso é inexplicablemente maravilloso.
      Cara o amencer a leña e os teus apuntes de filosofía acabaron de arder e só quedou un rastro de fume saíndo dos paus carbonizados. E nolos dous na praia. Pensei que aquela maxia da nosa fogata do San Xoan era feble coma os fíos dos que están feitas as utopías. Pero equivoqueime. Inda os teus ollos estaban moi preto de min, tentando acender a chispa nas miñas meniñas. Ámbolos dous foramos combustible e comburente ao mesmo tempo. Despois decidimos que non estaría nada mal ser incombustibles a partir de entón.

      Astrolóxico

      Astrolóxico

      Ti naceches coa nucleosíntese primordial, ao tempo que todas as cousas inprescindibles deste universo. Tes uns aires de antaño que non se renovan por moitas Xemínidas que pasen. Agóchaste alí arriba, onde a vista dos ananos humanos non alcanza. Es xigante e nunca ninguén poderá pousarse nos teus ombros, pois vives moi lonxe de todos. Sínteste afelio, es afelio. Non hai ninguén máis solitario que o que decide prescindir das prioridades terrenas, da superficialidade do “eu”. Afelio é igual que non ser comprendido, afelio é como non existir. Mágoa, porén, que o mundo non siga os teus pasos, que a terra non xire na órbita que te rodea. Es un astro raro. Xiras sobre ti mesmo sen esquecerte de contornar todos os astros luminosos que achas. Aliméntaste da luz, non da escuridade. Paradóxico que o mundo, envíe a corpos coma ti alén do río Aqueronte cando, en realidade, debería acortar a periapside.

      Pregúntoche o nome e non me respondes. Supoño que te acostumaches a ser un misterio, a estar por descubrir. Volvo encontrarte tumbado sobre a herba, nese espazo terrestre que non queres desvelar. Tumbado fronte a bóveda celestial, convídasme a ir ao teu carón e observar as constelacións. Sempre andiveches nas nubes! Delátasme cada segredo universal e entendo porque te encerras neste mundo de cabalos voadores en outono, cazadores de touros, leóns que acadan o seu oasis no río Nilo... Buscaría anacos de manteiga na túa boca sen encontrar máis que enigmas que se presentan con voz propia. O teu saber, nin ocupa lugar nin maltrata humildades. O teu elitismo nace na mesma destrución do termo. Verche máis preto ou máis lonxe non depende tanto de ti como da paralaxe que impera neste mundo de tortos e cegos. Ti convertícheste no moucho cos ollos máis grandes, de máis visión.

      Pregúntoche o nome, esta vez respondes:
      - Son a curiosidade na procura de respostas lóxicas. Venero a unha deusa acompañada de aves nocturnas. Posúo moitos nomes, todos distintos, pero ao final, o que importa é que busco a verdade.

      Axudando ao meu compañeiro, Murci.

      Axudando ao meu compañeiro, Murci.

      Axudando ao meu compañeiro, Murci.
      Pois si, trátase dun dous meus compañeiros mais fieis. Dende que vivo na miña casa de Cerdido, fai trece anos, goza dá miña leira pola noite, e polo día, vive adherido a calquera greta de madeira dás vigas dá casa.
      Ao chegar Maio ou Xuño ata Setembro, Outubro, son os donos dá terceira parte do meu alpendre porque van criar alí; teñen espazo para aprender a voar aos seus fillos, por iso, cando entro a buscar unha ferramenta, véxoos, boca abaixo, colgados do tellado, movendo as orelliñas ao ritmo do son. Eu fálolles baixiño e non se inmutan, case, pero se oen voces extrañas, voan a outro sitio. Son moi sensibéis ao son.
      Polo visto, o Ortegal, é un paraíso para o morcego de ferradura, en perigro de extinción en case toda Europa; temos auga, masas arboladas, casas abandoadas e unha temperatura suave. Ademais, ou seu güano é un bó fertilizante.
      Pois Evita dixo: vounos deixar, góstame relacionarme ben con eles, apoio á biodiversidade e aproveito ou seu güano para facer compost. En canto chega o primeiro, poño uns cartóns no chán, no seu radio de acción, e cando se van, recollo a colleita do ano.
      Onte, dispoñíame a recollelos, pois xa se foran, ou iso parecía, porque cando estaba fora limpando os cartóns, dentre eles caeu un. Pobriño! Vímonos cara a cara; estaba sentado, e respirando a douscentos por hora, coas súas ás entreabertas, pasandoo fatal e nunha postura moi incómoda para el, pensei.
      Sempre están boca abaixo ou voando. Púxenme moi nerviosa, pero dixen: vou facer algo para salvalo. Collín unha pa de mango longo, pois din que poden trasmitila rabia se che morden, e dinlle un toque para tombalo boca abaixo, coas ás abertas tapando ou seu corpiño reboludo; protestou, cric-cric, como fai cando o molesto, ás veces, sen darme nin conta. Entón acordeime tamén do incómoda que lles resulta a luz, voteille unha folla de xornal por enrriba, e seguín facendo, perto del, o ruído silencioso que acostumo cando sei que me están escoitando, coma se pensase que lle facía ben.
      Pasados uns minutos, veu ou vento e levantou ou seu abrigo. Aí seguía. Eu, coma se nada pasase, pero expectante. Cando volvín a mirar de erreollo, xa non estaba. Que alegría!, de verdade. O estaba a pasar fatal! Que emoción!
      Coma dicía Blanche, protagonista de "Un tranvía chamado desexo": sempre confiei na bondade dos descoñecidos.

      Cando en Galicia había icebergs

      Cando en Galicia había icebergs

      Buah, acordaste de cando vimos os icebergs dende a Torre, vaia pasada, que frío ía! Había xeo alí para tomar os vermús de toda a sesión da orquestra.

      Lémbraste cando chegaron os icebergs a Galicia?

      Vaia comezo sería este para unha boa conversa desta de rememorar batallas. Unha conversa que ao mellor, noutro contexto, con outros protagonistas, puido existir. Imaxinade como sería:

      Máis ou menos todos os que temos o acordo de máis aló de 30 anos lembramos perfectamente o Hortensia e as súas consecuencias na nosa contorna. O Hortensia foi un fito común para poñer un marco temporal á esctructura dos recordos da infancia. Eu lembro pouco máis sei ben como neses días o Horreo do Outeiro desapareceu da leira para sempre. Cal é a túa anécdota? Seguro que algunha tes e que podemos falar longo e tendido do Hortensia. Todo isto, todo un recordo colectivo nace dun vendaval, de ar e vento e chuvia como sinais característicos e as súas cicatrices. Non me quero nin imaxinar como recordariamos eses momentos, como sería o recordo colectivo ou como sería unha conversa se na vez de vento e chuvia, a imaxe que se nos viñera á cabeza para relembrar un fito común, non fora outra que icebergs, icebergs frotando polas proximidades da ría do Burgo, polo Golfo Ártabro, polo mar de María Luisa, pola zona da Selva alén do Prior... Unha imaxe fotográfica na que os icebergs estarían presentes dende as proximidades da costa cosendo con liñas de xeo a liña do horizonte, a fronteira da friaxe, e incluso máis, chegando até onde lindaba Galicia en textos antigos, mar por diante até as illas británicas. Icebergs e frío.

      Sería unha conversa ou un conto para remomemorar sempre que houbera algún reencontro ou festa de gardar. Onde estabas ti cando chegaron os icebergs? A ti tamén che trouxeron unha pedriña de xeo para botarlle ao licor café? Como sabía eh, prestaba moitismo! A min unha pedra de xeo duroume toda a noite no vaso. Eu aínda teño algún xeo daquelas metido no arcón....
      E se pasara, e se esa conversa ou algo parecido puidera ter pasado neste mesmo lugar, na mesma zona que agora ocupamos e chamamos Galicia. Vexamos se podería ser, expoñamos razóns:

      As covas de Altamira e os rastros que os humanos deixaron nelas teñen unha idade superior aos 15.000 anos, e tamén se di que as covas encontradas nos Ancares poderían estar habitadas hai 30.000 anos.
      Igual que había humanos no interior, seguro que tamén os había perto da costa, onde o clima en plena glaciación podería ser un pouco máis amábel.
      Con todo isto poderíamos dicir que hai 15.000 anos non sería extraño atopar polas proximidades da zona das Mariñas, un pouco máis extendida que a actual debido a que o nivel do mar estaría máis baixo, humanos que gozaran e viviran na contorna.
      Con todo isto..... só nos faltan os icebergs...e agora ímolos a poñer.
      Porque hai15.000 anos?, que importancia ten esa data. Pois porque hai aproximadamente 15.000 anos, unha armada de icebergs encheu este curruncho da península Ibérica de témpanos de xeo. Non foi a única vez que isto pasou, pero si foi a última até o momento, e a máis próxima ao periodo actual cálido no que vivimos.
      Estes icebergs que se liberaron dende todas as terras xeadas do Atlántico Norte a este oceano viaxarían movidos polas correntes oceánicas e o vento até aquí, até unha Galicia que non se chamaba aínda así..
      Que como o sabemos? Pois estes icebergs procedentes dos glaciares continentais do máis ao norte do hemisferio norte que erosionan a terra pola que pasan, incorporan no seu interior estas partículas que arrancan da rocha, e viaxan con elas. Os icebergs derrítense ao chegar a zonas tan alonxadas como a península ibérica por ser climas máis templado, e ao fundirse liberan esta carga ao fondo do océano, e estas partículas pódense recoñecer facilmente. Ademais, imaxinade, onde viven os osos polares? só nas partes máis frías do hemisferio norte. Se o xeo chega máis ao sur, os osos polares chegan máis ao sur, pero á Galicia non chegaron os osos polares, chegaron outros seres, habitantes do plancton, que tamén actualmente só viven nas proximidades do círculo polar ártico e que grazas ao enfriamento producido polos icebergs ao afundirse, encontraronse nas costas galegas como na súa casa. E é certo.
      Temos icebergs e temos xente nas Mariñas hai xa máis ou menos 15.000 anos. Só faltaba o licor café para estos galegos primitivos, e tamén o idioma, xa que daquelas non existía o Galego para ter esa conversa que queremos reproducir, pero seguro que tiñan unha fala de seu que lles permitiría rememorar o día que no que viron os icebergs.

      Déjá vu

      Déjá vu

      Martes, o primeiro do mes de outubro. Como ven sucedendo nos últimos anos, o doutor Arquímedes Fidias encérrase no baño para repetir o ritual. Desoíndo os sinais de advertencia que lle envían os xeonllos e as lumbares, anícase para virar as rollas nun e noutro sentido ata abrir a última das botellas da fileira. O estoupido dos tapóns ao saír do estreito cilindro da boca na que foron introducidos a presión, acompañados da escuma que zarrapican, fano gozar como se viñese de calcular con exactitude a esquiva masa dos neutrinos. A continuación, coa meticulosidade que lle é propia, adquirida tras innúmeras xornadas de traballo no laboratorio, verte o líquido no interior da bañeira. O Champagne, malia ao prezo prohibitivo e o seu exiguo salario, é do mellor que se pode conseguir na cidade. Unha ducia de botellas de Dom Perignon Vintage: o soldo dun mes de traballo.
      O doutor Arquímedes Fidias entorna as ventás que dan ao Largo Aretusa, a escasos metros da fonte da náiade, ateigada acotío de turistas, e, alleo ao balbordo do mundo, íspese no seu cuarto. O reloxo de pulso herdado do pai queda pousado sobre a mesa de luz; as pezas de roupa dobradas con coidado, no moble ao pé da cama; na cesta da roupa sucia, as prendas recollidas entre o índice e o polgar.
      Outra volta no baño, achega unha cadeira ata o bordo da bañeira e deixa sobre ela o teléfono. No respaldo, precaución necesaria, colga unha toalla: podería recibir unha chamada inesperada e ter que secar o aparello antes de responder. Logo, con parsimonia, introduce o corpo na bañeira: de primeiro apenas unha deda, intentando determinar, a súa pel a xeito de termómetro, a temperatura do fluído; deseguido move o pé arriba e abaixo apenas uns milímetros, tenteando desta volta a presión crecente a medida que a extremidade descende. As cóxegas, nacendo dende algures na súa derme, recórdanlle ao Gerris lacustris, insecto ao que os nenos chamaban zapateiro, que o levou a descubrir, aínda un cativo de primaria, a tensión superficial. Nese intre detense, saca o pé e sécao, vai ao estudo e, sempre parsimonioso, volve cun rotulador na man. Arquímedes Fidias continúa co xogo demorado: deleitase desta volta na observación de como a marca que ven de trazar no lateral da pía queda mergullada e o champaña ascende e ascende a medida que el se deita e a escuma o cubre ata o pescozo.
      Ao doutor préstalle soñar cos ollos abertos. Mentres bota man da copa que deixou pousada na cadeira a rentes do móbil, rememora os seus primeiros experimentos fallidos, investigador aínda imberbe, encamiñados a explicar a interconversión entre os tres sabores de neutrinos. Recolle dous dedos de champaña e saboréao a pequenos grolos. A súa mente continúa enfrascada nos billóns de partículas subatómicas que atravesan o seu corpo cada segundo a unha velocidade próxima á da luz; como non intentar evidenciar a súa influencia no sistema límbico, fonte das nosas emocións? Nin Marconi nin Carlo Rubbia, nin tan sequera Enrico Fermi; as súas mentes abstrusas non tiñan a clarividencia e brillantez da súa: xamais ousarían buscar resposta a preguntas semellantes.
      O ton de chamada entrante do seu móbil interrompe os pensamentos do doutor Arquímedes Fidias. O número, cun feixe de díxitos, resúltalle descoñecido; sen descolgar, escoita as palabras exactas que levan anos ecoando no seu cerebro: o interlocutor, tras preguntar cerimonioso pola súa persoa, identifícase, con pronunciación case perfecta e sen asomo de afectación na voz, como o secretario da Academia sueca. O motivo da chamada, anúncialle, é comunicarlle que, despois das reunións e deliberacións pertinentes, un xurado designado pola institución á que pertence, ven de proclamalo como o novo galardoado co Premio Novel de Física. A acta do xurado é contundente: alén das súas achegas encamiñadas á construción do telescopio co que foi posible enxergar a antimateria, destaca de xeito sobranceiro o seu traballo pioneiro nos estudos teóricos que conduciron a explicar os principios da hidrostática de xeito acorde aos postulados relativistas, xogando de xeito brillante cos conceptos de materia e enerxía...
      O doutor Fidias deixa caer o teléfono sen escoitar o final da acta; o trebello, tras apenas un segundo sostido pola escuma, mergúllase e afoga. Mais Arquímedes bule; xa está na rúa e, cunha axilidade impropia da súa idade, corre e brinca polas rúas da Isola de Ortigia, na estrema da siciliana cidade de Siracusa, exhibindo sen pudor a súa nudez. Corre Arquímedes, corre e brinca mentres berra alporizado: conseguino, conseguino! Eureka! Eureka!

      Depresión con amor

      Depresión con amor

      Cada noite, dende varios meses atrás, coincidindo co finamento da nai, segue un ritual de modo automático antes de deitarse. Cear algo lixeiro, cepilla-los dentes, baleira-la vexiga, botar a crema hidratante con coláxeno e levar un vaso de auga mineral para a habitación. Unha vez no leito, continúa coa segunda parte das costumes cotiás nocturnas. Colle unha pílula antidepresiva, que modifica os niveis de serotonina do corpo, deseguido media neuroléptica para calma-la axitación e inquietude, e por último a hipnótica, coa cal se abraza a Morfeo. Unha vez seleccionada a dose de substancias receitadas polo seu doutor, tómaa con resignación.
      Máis tarde chega o marido do traballo. O primeiro que fai é ir até a habitación a falar con ela. Interésase por como se encontra, felicítaa polos esforzos do día, arríncalle un sorriso con algunha pallasada improvisada e acaba bicándoa. Isto faina sentir ben, pois para ela é a mellor menciña que hai: o amor.

      Do CUM LAUDE ao INEM

      Do CUM LAUDE ao INEM

      Facer un doutorado é como ir loitar á guerra: sábese cando comeza a batalla pero non cando remata…si é que rematas.
      Sobrevivir a unha adicación única e exclusiva durante anos non é sinxelo. O teu día a día redúcese a ler papers, dominar bases de datos, saber idiomas, manexar complexos paquetes estadísticos, analizar variables… día tras día, faga sol, chova, vente, día lectivo ou festivo. Por esa mesma razón os doutorandos son uns seres incomprendidos. Xa que ademáis se aíllan evitando distraccións innecesarias para rendir máis no seu traballo e o peor de todo: gratis.
      ¿Quén demo está disposto a levar unha vida así?. Só os do mesmo gremio entenden esta complexa situación. Para ser alumno de doutoramento tamén se require de competitividade e ser ambicioso, idolotrar ao teu titor e destacar no teu grupo de investigación.
      No momento no que alguén se matricula nun Doutorado, estase casando coa súa tese. Unha boda na que o titor será o testigo e o despacho ou laboratorio será o seu novo fogar. Non terá tempo nin atención para ninguén máis. Amigos, familia, incluso parella pasan a un segundo plano. Crerías antes que está sendo infiel, que crer que sigue no laboratorio as 23,00h dun Sábado lendo artigos. Incríbel pero certo.
      Saber máis e máis, sobre menos e menos. A iso se reduce, en ser experto sobre o que che apasiona. O que significa que o teu perfil terá un máximo de palabras clave/ Topics e a túa rede social favorita será ResearchGate.
      Os grupos de investigación vólvense puras competicións ata o punto de que os propios compañeiros mídense entre eles. Non chega con publicar artigos, hai que facelo nas mellores revistas científicas de investigación. Coma no Futbol, todo o mundo segue esa Primeira División de publicacións científicas, os ansiados JCR. Un ata pode fardar nomeando o índice de impacto, indicando así o prestixio de dita revista. Os enemigos vólvense amigos por conveniencia con tal de inflar o currículum:
      - Eu cítoche no meu paper, se ti me citas no teu.
      O teu tempo de lecer pasan a ser viaxes a congresos, conferencias, seminarios… incluso descansas lendo artigos de outras temáticas (“Menudo descanso!” pensarán moitos).
      E todo isto costa cartos. As becas son como a Lotería; sabes que existen pero a probabilidade de que che toque é minúscula. Se es unha desas persoas á que se lle concede unha, podes sentirte ben afortunado e orgulloso porque no terás a incómoda conversa pola que todos pasan:
      - Estou coa tesis.
      - ¿Segues estudiando?
      - En realidade traballo na Universidade.
      - ¿De profesor?
      - Non, ainda non.
      - ¿E páganche¿
      Que difícil é aportar o graniño de area á ciencia e que pouco valorado é o solitario sendeiro do doutorando no noso país. Lamentablemente o camiño do Cum Laude remata no INEM ou emigrando.
      Asique non habrá outra que facer ciencia noutro país, porque algo estase a facer mal cando no INEM che contestan:
      - Hoxe en día non es ninguén si non tes polo menos doús másteres.

      INO-CIENCIA

      INO-CIENCIA

      -Un científico negro e un branco discuten sobre a terraza dun edificio, sobre cal de
      os dous chegaría antes ao chan -contábame Darío, mentres volviamos de clase-. Veña
      Papá, escoitáchesme?

      - Si, fillo, escoiteiche? -contestei mecanicamente- Pero se son científicos xa deberían
      saber a resposta a esa cuestión, os científicos somos xente moi intelixente.

      - Bo, xa papá, pero son científicos moi novos - Darío inducía que os veteranos
      saben máis que os mozos- veña xa . A que non sabes cal dos dous chega antes ao
      chan?

      - Pois non sei neniño, nin idea.

      - Pois o branco! - contestou Darío expectante.

      - Ah si? E iso por que? - pregunteille, adiantándome á súa pregunta.

      - Pois porque o negro quedouse limpando cristais - e botouse a rir.

      Entón detívenme, zarandeado polas alarmas que saltan cando algo ameaza a boa
      educación dun fillo.

      - Pero Darío fillo, iso é racismo, por que tería que ser o home negro o que
      limpase os cristais e non o branco?

      Darío tamén se detivo; tanto o ton da miña voz como o xesto do meu rostro fixéronlle ver
      que algo grave e inesperado estaba a pasar. Xusto onde debía xurdir a risa, emerxeu unha
      escena de reproche.

      - Pero…pero, papá, eu pensaba que… que o científico negro púxose a limpar
      cristais para non ter que tirarse ao baleiro, e… e así enganar ao científico branco.
      Ademais, que é iso de racismo?

      Entón enmudecí e pasei de mestre a alumno no mesmo segundo. Lembrei a frase que
      facía uns instantes dixéralle a Darío: “Os científicos somos xente moi intelixente”, e me
      sentín o máis inútil de todos os seres do mundo. Biquei ao meu fillo, nun intento
      inútil de cortar a hemorraxia de inocencia que eu mesmo provocara, agarrei con forza
      a súa man e nun doloroso silencio volvemos a casa.

      O Remedio de Averroes

      O Remedio de Averroes

      No refluxo do seu caótico devalar, brincando sobre as ondas mariñas, arremuiñadas en harmoniosas sinusoidais celestes, enxerguei unha misteriosa garrafa viaxeira. Era portadora dunha insólita mensaxe escrita con sangue humana, aínda morna, cuxas letras estaban deseñadas cun arame cinza arxénteo, de infame arrecendo a morte. Souben así, da existencia dun sabio doutor nas terras de Oriente. Tiña el descuberto, afanosamente, e por ventura das súas innumerábeis pescudas farmacolóxicas -desenvolvidas no maior dos segredos, a carón mesmo das escarnecidas murallas da cidade mártir de Palmira- un remedio fabuloso, milagreiro, especialmente, contra os tumores malignos. Estaba elaborado a base de microscópicas esencias de loureiro, algas mariñas catalizadoras e afrodisíacas herbas de namorar, das que agroman vizosas en Teixido, traídas, mesmamente, de Santo André do Lonxe. Xa que logo, o composto químico formaba unha máxica mestura coloidal.

      Averroes, que así se chamaba o investigador -en lembranza do excelso médico da corte medieval do Califato de Córdoba- fuxira da cidade siria cando unha grea de desalmados fanáticos comezaran a mallar na inerme poboación civil con armas químicas e bacteriolóxicas. No paroxismo da súa tolemia, os bárbaros remataran por derrubar, á toa, as xoias artísticas milenarias que deran sona universal e inmorredoira á urbe malfadada. Tivera el, o tempo xusto para arranxar un vello papiro, onde despois pretendía anotar o proceso de síntese química da súa xenial descuberta, e acochouno, á presa, no falso peto dun esfarrapado gabán. Camiñou descalzo, día e noite, en forzado xaxún, até axexar os lindeiros da fronteira turca, onde unha marea humana de refuxiados, con choído porvir, eran tratados como animais salvaxes por mercenarios armados até os dentes con modernísimas armas occidentais, traficantes de almas apátridas, e outros voitres varios, da peor caste. Cunha pequena dose da súa receita secreta, Averroes, conseguiu rescatar dunha morte certa a moreas de miúdos, mulleres e anciáns, entangarañados no labirinto dun noxento campo de concentración, e abandonados á súa infeliz sorte polos gobernos dunha Europa, sen honra nin memoria de seu. Pasaron os días, e canda eles, a esperanza virouse en pranto, en grito esgazado, tinguindo os últimos corazóns latexantes coa tépeda cor das tebras enloitadas.Foi entón cando, Averroes, verteu as derradeiras pingas do seu propio sangue nun pequeno escrito, usando a modo de pluma un arame tirado do valado que o apreixaba, para así legar á humanidade a fórmula do seu sublime achado. Daquela, el non podía ter imaxinado que, por acaso, unha onda mariña, brava demais, ía estragar, de súpeto, o papiro coa fórmula secreta contra o cancro. Incrédulo e magoado, volvín a pór o esnaquizado papiro no interior da garrafa. Entre bágoas, pecheina coa cortiza e deiteina con arrepío no océano. Teño por certo que aínda continúa a viaxar no seu seo, en azaroso devalar oceánico, na xusticeira compaña do seu insondábel misterio.

      QUERIDA FAMILIA

      QUERIDA FAMILIA

      “Quérovos e síntoo.
      Reescribín moitas veces este inicio, mais creo que estas son as mellores palabras para comezar esta carta. Levo moito tempo pensando nisto e non son capaz de levantar cabeza. Como sabedes, a presión á que estiven sometido foi moi grande, e cada vez é maior. Levo moitos anos loitando por investigar, por facer o que sei facer. Levo moitas bolsas pedidas e moitos proxectos presentados e, aínda que din que estamos a saír da crise, eu sigo sen conseguir nada. Síntome un fracasado. Sinto que despois de dedicar a miña vida enteira a formarme, doutorarme e a investigar, non son suficientemente bo para facelo, mais agora xa non sei facer outra cosa. Son un covarde que non se atreve a dicirvos adeus en persoa e, por iso, fágoo a través desta carta, con bágoas nos ollos e un sentimento de liberación, sabendo que axiña vou acabar con esta dor.
      Dóeme moito dicirvos adeus e quero pedirvos perdón a todos polo sufrimento que isto vos cause:
      A vós, nai e pai, por quererme, por coidarme e por apoiarme durante tantos anos. Por permitirme facer o que sempre desexei, aínda que moitos me dicían que iso non tiña futuro. Non, non o tiña.
      A ti, miña queridísima irmá, por apoiarme sempre, por quererme, por confiar en min. Sinto defraudarte, pero non podo mais. Pode que esas longas horas falando axudasen a que isto non pasase antes, pero nada bo pasa xa pola miña testa.
      A ti, miña vida, meu amor. Ana, quérote. Desde que te coñecín todo foi máis fácil para min, por iso me custa tanto escribirche estas liñas. Quixera poderche dicir que podes facer que sexa o suficientemente feliz como para seguir vivindo, pero vai máis aló. Sinto que son máis unha carga que un descanso, sinto que son a negatividade que foi minguando a túa personalidade irresistible facéndote cada día un pouquiño menos feliz, sen te decatares. Quero que sexas forte, que sigas coa vida que eu non che puiden dar. Quero que volvas ser feliz.
      Non esquezades nunca que vos quero con toda a miña alma. Co meu corazón cheo de pena por non podervos apertar por última vez, despídome.
      O voso fillo, irmán e marido.
      Quérovos e ”

      Ese día, o día que tiña decidido terminar coa miña vida, chegou Ana co maior sorriso que lle vía nos últimos anos. Chegou pronto do traballo e pilloume escribindo esta carta. Díxome que viña do médico, que estaba embarazada. Entón, imaxineime cos nenos na praia, de vacacións. Imaxinei a vida que estiven a piques de perder e entroume un arrepío por todo o corpo. Imaxinei todas as cousas que lles podería ensinar, as ondas, os ourizos, os peixes, o mar. Entón, notei que o sorriso de Ana debuxábase tamén na miña cara. Alégrome que Ana chegase pronto aquel día. Lembro con vergoña cando escribín esta carta. Lembro a dor, lembro cada punto e cada coma. Alégrome tanto de non chegala a deixar xunto ao meu corpo sen vida aquela mañá...
      Hoxe son feliz coa miña familia; véxoos todos xuntos no soportal de casa, ao redor da mesa cunha gran enchente xa terminada, cos pratos xa baleiros, celebrando o nacemento da nosa neta. Eu, baixo o sol, sorrío mentres gozo desa estampa. Recollo os últimos amorodos da nosa horta para comelos de sobremesa. Esta horta que me deu a vida cando nos mudamos aquí. Xunto a Ana e os nenos, conseguín facer desaparecer ese desacougo que me embargaba. Nesta horta non só creceron froitas e verduras, se non que creceron tamén as miñas ganas de vivir. Esta horta fixo que me sentise útil, podendo alimentar a miña familia, mentres a miña muller traballaba para pagar as facturas e o aluguer.
      Sosteño esta carta entre as miñas mans, xa engurrada. Tantas veces desdobrada que o papel hai tempo que se quebra polos seus bordos. Relín esta carta tantas veces que a podo recitar de memoria. Téñoa tan gravada que xa non a preciso. Sosteño esta carta nas miñas mans para lela por última vez antes de rompela.

      Refracción ou reflexión?

      Refracción ou reflexión?

      Tombada sobre a mesa do estudio, esquecida hai moito tempo, un tempo no que fun unha fermosa pirámide; duro vidro pulido para conter o viscoso liquido ambarino recordo dalgunha das súas viaxes, agardo...
      Agora só un máis entre todos os cacharachos que Hana vai deixando polos currunchos.
      Tiven máis sorte que o elefantiño hindú ou que aquel horrendo prato Anasazi. Eu gozo dunha posición privilexiada na parte esquerda da mesa, estratexicamente colocada na diagonal da fiestra orientada ao leste.
      E alí …agardo…
      Agardo cada mañá a que chegue o momento, ese momento que me fai sentir viva, que me recorda que son especial, que son poderosa, que teño no meu interior o poder de mudar a percepción das cousas, o poder de facerlle crer a Hana que o arco da vella pode nacer no seu estudio de vinte metros cadrados,
      Unha raiola de luz atravesa a miña face, sinto como me invade a súa calor, como se desliza no meu interior, como me percorre buscando un lugar para saír, para escapar desta cárcere imposta polas leis da óptica.
      Recupero os folgos, e agardo…outro amencer,

      Relatividade

      Relatividade

      Dous compoñentes químicos viraban dentro dunha esfera metálica.

      Endexamais bateron o un contra o outro, perseguíanse, conformando perfectas elipses o seu camiño. Eles pensaban que nunca atoparíanse pois levaban a mesma velocidade mais eles non sabían que todo depende do ollo co que se mirase, e non tiña un haz de luz que lles proporcionara unha referencia verdadeira. O tempo no que estaban a existir quizá non era o mesmo, todo é relativo. Quizais un dia futuro, cando as fauzes do tempo tiveran devorado o mundo, estes dous compoñentes químicos atoparanse e colisionarán, orixinando un gran estoupido, e alumarán a esfera coa potencia de dez mil soles.

      Neste caso, tería lugar unha reacción en cadea, isto quere dicir que os compoñentes ó tocarse, convertirianse en radicais libres (como se antes non o foramos, pensaban), e comenzarán a propagarse e espallarse, provocando así unha reacción ainda máis virulenta. Aínda así, nunca ninguén saberá da existencia de dito estoupido, pois a esfera metálica é capaz de manter o ruido e mais a luz nos seus adentros, illando o que pase dentro dela do resto do mundo.

      O único xeito de rematar a cadea sería que un dos compoñentes se agotase. Sempre un ten que perder. Non importa o osíxeno nin outras magnitudes fríxidas. Apremiante, a esfera engaiola os movementos e as guerrillas que no seu interior poidan ocorrer. Por moito barullo que teña no seu interior, ela aguanta, sempiterna.

      Mantén o silencio. A reacción podería estar ocurrindo no interior, pero por fora o mundo segiría sen sabelo. A esfera minte. A esfera é enganosa.

      A esfera luce morna, case fría, mais por dentro esta verdadeiramente quente. Todo depende cos ollos cos que se mire, ou co sistema de referencia que estase a utilizar.

      Xeo ecuatorial

      Xeo ecuatorial

      LE JOURNAL DE L’AFRIQUE ÉQUATORIALE
      “NOVO ASALTO DOS ECOLOXISTAS A UNHA EMPRESA AMERICANA
      Milleiros de chimpancés foron onte postos en liberdade por grupos ecoloxistas en Minago, Burundi. A sede da farmacéutica norteamericana “Vac&Drug” na costa leste do lago Tanganica estivo envolta nos últimos meses nun escándalo froito de certas acusacións polo seu trato ós animais cos que experimentaban. Dita empresa tamén fora relacionada na última década do século pasado co ensaio clínico “Trivac”, que custou a vida de ducias de cameruneses que non foron informados legalmente antes de recibir a dose vacinal. (...)”

      - É aquí. Por fin chegamos.
      - Si, pero dezasete pouco podemos facer. Aínda que teñamos o apoio de milleiros de persoas.
      - Xa, pero non están aquí.
      - Non me digades que poñer en perigo a nosa vida e traballar durante estes meses foi en balde. Agora hai que rematar o comezado, polo menos facelo polos que quedaron no camiño; eles si o farían.
      - Tamén, pero sobre todo por unha causa coma esta.
      - Non, non podo facelo.
      - Moi ben, algún covarde máis ou podemos actuar?
      - Esperade! Irei. Prefiro morrer así que de vello sen ter feito nada de proveito polo mundo.
      - Veña logo. Adiante!

      A empresa estadounidense “Bye-ViBa” ten un espírito xoven que investiga novas estratexias terapéuticas e preventivas fronte a enfermidades infecciosas que especialmente afectan a África, coma a infección por VIH, a malaria ou a tuberculose. Tan só arredor do 40% dos seus traballadores proveñen de fóra de África, xa que a empresa inverte en bolsas para a formación dos cidadáns dos países nos que ten as súas sedes. A meirande parte dos seus estudos baséase na Bioloxía de sistemas e utilizan ferramentas bioinformáticas para definir os ensaios in vitro e in vivo. A cuarta parte dos seus gastos van ó coidado e ás instalacións dos animais que utilizan, que só son manipulados por 10 expertos. Polo de agora non chegou á fase clínica con ningún dos seus estudos.
      Un día máis, na sede de Kainaki, ó sur de Kisangani, á beira do río Congo na República Democrática do Congo, só se escoita o son típico de calquera centro de investigación occidental: o son de equipamentos en funcionamento, o son do pipeteo, o son das voces en reunións, interrompidos de cando en vez por algún que outro alarido cando algo sae ó revés do esperado. Fóra, o habitual caer da chuvia. No piso superior, tres encargados falan preocupados:
      - Volveron asaltar outra farmacéutica a noite pasada. Sei que nós non xogamos coa mesma baralla, pero todo isto dáme mala espiña.
      - A min tamén... Estes das teorías do complot fan o que sexa por saírse coa súa. E a nosa compañía está baixo o seu punto de mira, non sei por ven pantasmas onde non as hai!
      - É incrible! E que non me entra na cachola como poden retorcer feitos transparentes e mandarnos esas ameazas!
      - A sociedade da información desinformada. O mundo toleou!

      Os ecoloxistas están preparados para entrar na nave no que será un novo asalto a unha empresa que cren que enmascara unha situación de violencia e explotación animal e humana. Despois de meses de investigación e mobilización de masas, os que decidiran participar activamente no chamado “Proxecto África Libre” dividíronse en varios grupos para repartir a súa acción por todo o continente. O colectivo que agora estaba en Kainaki atravesou quilómetros de selva virxe para chegar alí, perdendo no camiño a moitos dos seus integrantes, que, ou caeran mortos (devorados por animais, afogados ou por contraer algunha enfermidade), ou se extraviaran na inmensidade. As cataratas Tshungu, ríos, pantanos e ollos escintilantes na escuridade son testemuñas da súa aventura.
      Tiñan que entrar en silencio. Mentres uns reterían pola forza (ata matar, se fose preciso) ós gardas de seguridade e a quen atopasen, outros soltarían ós animais engaiolados e outros ós escravos. Unha tarefa complicada, ademais de arriscada.

      Bandexa de entrada (1)
      Proxecto África Libre: éxito en Bye-ViBa de Kainaki.
      Os animais engaiolados foron postos en liberdade. Mais hai que dicir que estes estaban nunhas condicións que non nos topáramos nos anteriores asaltos. Sen embargo, non tivemos nada que facer cos escravos, non os atopamos. Os gardas dixéronnos que están alí voluntariamente e con boas condicións laborais. Probablemente se trate dalgún tipo de escravitude sectaria. Tivemos que acabar con eles e cun par de investigadores que nos atopamos.

      Ó día seguinte, nalgún lugar do mundo desenvolvido volve a levantarse a alarma social por un novo caso de morte dun neno a causa de sarampelo – ou calquera outra infección case erradicada – por ser fillo duns pais contrarios ás vacinas.
    • ¡Qué me embarro!

      ¡Qué me embarro!

      Era más rápida y más fuerte y todo del día a la mañana… Al principio todo fue muy raro y todo desde aquel “accidente”, no me podía imaginar cómo caer en aquella especie de piscina llena de barro (a simple apariencia) podía causarme semejante reacción.
      Al despertar en el hospital vi que mis músculos eran más fuertes y mis movimientos más rápidos, en ningún momento pensé que sería por el barro. Al principio creí que era porque perdí el conocimiento y al despertar aún me estaba acostumbrando a la luz, pero al ver que los días y las semanas pasaban y todo seguía igual, supe que era real.
      En ningún momento lo vi como una desventaja, al contrario era tener el cuerpo que siempre quise. Yo desde pequeña aspiré a ser atleta profesional, sin embargo era débil y el ser atleta era un sueño al que nunca había podido llegar, eso no significa que no hubiese luchado por él, pero mi nuevo cuerpo me lo iba a poner mucho más fácil.
      Enseguida hice las pruebas para entrar en el mejor club de atletismo que hay en toda España, el Rapis, muchos de sus atletas han conseguido llegar a campeonatos del mundo. ¡Impresionante! Alguno, como mi amigo Pedro ha conseguido quedar primero de Europa, es un claro ejemplo a seguir. Desde que fui admitida paso mucho tiempo entrenando con él, pero veo que cuanto más tiempo pasamos juntos, más débil está. Cada vez coge más resfriados, su madre le ha llevado al médico y le han dicho que es porque ha estado expuesto a una radiación. En cuanto me lo contó el jueves entrenando sospeché que era culpa mía.
      Al llegar el viernes, fui en bici al lugar donde me caí, pero esta vez fue distinto. Diez metros antes de llegar al lugar de la piscina, vi un cartel que decía, ¡Atención, no pasar! Sabía que no debía continuar, pero el ansia por conocer la verdad sobre lo que me sucedió de alguna manera me mataba por dentro. Entré en el recinto y la piscina ya no estaba, asía que me dispuse a entrar al edificio al que iba a entrar la última vez que estuve, pero mi despiste hizo que no me fijase en la piscina y cayese en ella. Aunque por fuera pareciese antiguo y abandonado, dentro estaba lleno de artilugios que no había visto nunca, lleno de científicos, con trajes de los típicos que aparecen en las películas que son para la radiación. No obstante lo que más me sorprendió fue una sala llena de ratones. Algo raro pasaba, había uno más grande y más fuerte y todos los que estaban a su alrededor parecían desnutridos, enfermos y eso me recordó a mi situación. La verdad que esta primera impresión no hizo nada más que dejar a mi imaginación volar y no fue nada bueno ya que las ideas que se pasaban por mi cabeza eran disparatadas. Me colé en el despacho del que parecía mandar allí y oí una conversación que podía salvarme a mí y a Pedro. Resultaba que la “pócima” no era eficaz y el efecto de rapidez y fuerza en unos meses se pasaba, pero el cuerpo seguía emitiendo radiación durante tres años. El director le preguntó sobre el antídoto que habían estado creando y probando, para mi buena suerte, este era eficaz y en apenas unos días podía estar recuperada. Fui a la sala donde lo guardaban, cogí uno me lo llevé a casa.
      Algunos de los que conocen mi historia pueden pensar que dudé antes de tomar la fórmula, ya que con ello dejaba atrás mi sueño, pero no podía hacerle eso a Pedro y a todos mis seres queridos ya que solo sería cuestión de tiempo que ellos también se vieran afectados y me tomé, sin pensármelo dos veces. Pasaron tres días y ya vi el efecto, volvía a mi cuerpo inicial. El siguiente miércoles fui a comisaría a denunciar lo sucedido. Les guié al lugar y enseguida pusieron remedio. Me acompaño Pedro, quien apoyó mi valentía de haber sacrificado mi sueño por no hacer mal a mis seres queridos, yo sigo pensando que no fue para tanto porque… ¿quién no habría hecho lo mismo en mi lugar?
      Por mi parte, seguí con el atletismo, aunque no en el Rapis, ahora en el club de mi instituto. Lo único que me quedaba de allí era Pedro, un amigo para toda la vida y muchos recuerdos.

      ¿Cómo ocurrió?

      ¿Cómo ocurrió?

      Era una fría tarde del 22 de Abril de 1616, en la que España lloraba al oir que se había declarado que Miguel de Cervantes había muerto. Lo que no estaba declarado con exactitud era la forma en la que murió; unos dicen que de fiebre, otros que se había ahogado, otros que estaba de vacaciones en Asia cazando y lo mató un tigre y otros que lo raptaron y al cobrar el rescate lo eliminaron. Sin embargo, la verdadera causa fue una diabetes que se llevó a Miguel de Cervantes cuando el escritor sólo tenía 68 años. La muerte le sorprendió en su casa, situada en la esquina entre la calle León y la calle Francos, en pleno barrio de las Letras madrileño. Dos semanas antes, el escritor había profesado en la Orden Tercera de los Franciscanos y había anunciado su deseo de ser enterrado en la Iglesia del Convento de las Trinitarias Descalzas, en el mismo barrio donde vivía. Al pueblo Español le costó asimilarlo.
      Fernando estaba particularmente abatido. Admiraba a D. Miguel de Cervantes Saavedra. Había tenido el privilegio de conocerlo personalmente. Y, en su interior, estaba convencido de que el episodio del Quijote de los molinos estaba inspirado en él, puesto que tenía algún molino en sus tierras y "peleaba" contra ellos.
      Sí, peleaba. Peleaba porque estaba convencido de que los molinos podían servir para algo más que moler grano. Había inventado un aparato que el giro de las aspas con el viento, en lugar de mover la piedra de moler, producía un fluido lumínico como el de los rayos de las tormentas. Y había comprobado cómo este fluido era capaz de matar a un gato...pero también de revivirlo. Todo dependía de la fuerza y cantidad de ese fluido, por dónde entraba en el cuerpo y el tiempo que había pasado desde que el animal había muerto.
      Cuando tuvo noticia de lo ocurrido con D. Miguel, se dirigió rápidamente a dar sus condolencias a la familia y se ofreció a encargarse del traslado del cuerpo al Convento de las Trinitarias. Y así lo aceptaron.
      Recogió el cuerpo de su admirado amigo y lo colocó en un carromato engalanado con adornos fúnebres que a todos pareció muy adecuado a la grandeza del personaje. Y puso rumbo al convento...con un "ligero" desvío pasando por uno de sus molinos. Aquél en el que estaba su invento. Tenía todo preparado. Afianzó el carro de madera para que no se moviera, abrió las lujosas telas que rodeaban a su amigo, le abrió la camisa, le colocó sobre el pecho unos hilos de plata que conectó a su invención. Las diversas pruebas realizadas con los gatos le habían hecho concluir que el lugar más adecuado era junto al corazón y que la plata era el material por el que el fluido luminoso pasaba mejor. El cielo colaboró, quizá estaba también enfadado por la pérdida de tan insigne personaje o quizá Dios facilitó la posibilidad de una segunda oportunidad; en cualquier caso se levantó un viento fortísimo y el fluido pasó a través del metal y lo que ocurrió después no se me ha dado a conocer ¿fue llevado el cuerpo al convento y enterrado según nos dijeron?¿o fue otro cuerpo el que terminó en las Trinitarias?¿Para encubrir este hecho se trasladaron los restos a un lugar desconocido años después?¿Tuvo éxito el fluido luminoso del invento de Fernando?¿Quizá este es el motivo por el que la obra "Los trabajos de Persiles y Sigismunda" apareció un año tras "su muerte"?¿La terminó cerrando así la etapa como escritor que, según dicen algunos, ya le abrumaba?¿Siguió escribiendo bajo otro nombre? ¿Volvió a su querida Nápoles o a algún lugar de la Mancha de cuyo nombre yo tampoco quiero acordarme?

      ¿Hasta donde llega la ciencia?

      ¿Hasta donde llega la ciencia?

      Todo lo que abarcaba con la vista era profunda negrura. Una oscuridad que se sentía asfixiante. Se pegaba a la piel y se adentraba en los pulmones, impidiendo respirar con normalidad.
      La sensación era espantosa, un agobio irritante le invadía y se sentía inseguro, perdido en la nada. No podía aferrarse a la esperanza de encontrar una salida, pues a su alrededor lo único que había era nada, y dentro de nada, no hay cabida para el escape.
      Era tan irritante. Tampoco oía. Los únicos sonidos que podía apreciar eran los de su respiración y los inminentes latidos de su corazón, lo cual intensificaba todavía más ese sentimiento de vértigo que le invadía poco a poco.
      Tenía miedo de moverse, pues no era capaz de orientarse y no sabía con qué se podía encontrar si se movía unos pasos. Pero tras algunos minutos, el estar parado sintiendo únicamente su cuerpo, se hizo extremadamente insoportable. Decidió desplazarse en por el espacio, tanteando y coordinando cada movimiento con mucha precisión. Cerró los ojos. El terror se sentía más liviano si la oscuridad se formaba bajos sus propios párpados, y no tras ellos.
      Así se movió, despacio. Pronto, el miedo que había sentido antes por encontrar algo se convirtió en una necesidad por encontrarlo, por aferrarse a algo dentro de esa estúpida soledad. El cuidado con el que antes se había movido se convirtió ahora en un incontrolable frenesí que se sentía interminable.



      - ¿Cuánto crees que durará este?
      - Lleva ya doce horas. Ha superado con creces al anterior, pero está llegando ya al límite.
      Tecleó unas letras en el ordenador y se quedaron en silencio, con ganas de acabar deprisa el informe.
      Al cabo de un rato se dejó de escuchar el sonido de los pasos. Esperaron unos minutos más como dictaba el protocolo, y luego encendieron la luz. Entraron en la habitación y se acercaron al cuerpo que yacía en el suelo.
      - Por lo menos este ha sido limpio. No tenía ganas de quedarme desinfectando hasta tarde.
      Su compañero no respondió. Retiraron el cuerpo inerte y salieron apagando la luz tras ellos.
      Dentro, en la oscuridad, unos gastados cordones de cuero, liberadores de angustia y horror.

      ¿Otra vocación?

      ¿Otra vocación?

      ¿Otra vocación?

      Era viernes 16 de abril de 2010, salí al jardín, ya había anochecido, había muchas estrellas en el cielo, me tumbé en la hierba, y estuve aproximadamente dos horas observando las estrellas intentando identificar cual era la osa mayor y el resto de constelaciones, eso me llevó a pensar en el movimiento circular uniforme que hace la Tierra alrededor del Sol.
      Seguí contemplando la maravilla que tenía encima de mi cabeza, cuando vi la hora eran las doce, me levanté exhausta, entré en casa y me acosté en cama, estuve gran parte de la noche pensando si yo podría llegar a ser una física, acabé dormida y todo lo que soñé aquella noche fue sobre los movimientos rectilíneos uniformes, en el movimiento circular uniforme, etc.
      Al día siguiente no podía parar de pensar en la física, era lo que realmente me apasionaba, así que me arriesgué, me llené de valor y de confianza y dejé mi trabajo, para dedicarme en profundidad a mi verdadera vocación. Fui corriendo a la biblioteca y tomé prestados todos los libros que estuvieran relacionados con este tema, me fui a casa y comencé a leer con detención todos los libros, las horas pasaban volando, no sentía hambre ni sed, estaba enganchada a esos libros, no podía dejar de leerlos, eran muy interesantes, apasionantes e increíbles, poco a poco se me iban cerrando los ojos hasta que acabé dormida encima de los libros, en la mesa de la cocina, al día siguiente estaba agotada así que decidí dormir hasta las 3 de la tarde. Comí un yogurt de fresa y me fijé en las Kcal, eso también me llevó a pensar en los tipos de energía como la cinética o la potencial, y seguí devorando los libros con los ojos, pasaron horas, días, semanas, meses, hasta que acabé todos los libros que contenían cosas de física, sabía lo suficiente sobre ese tema. Me fui al observatorio para desconectar un poco, estaba perdiendo el tiempo, necesitaba material profesional e involucrarme a fondo en esto, compré lo necesario, conocí a físicos y empecé a investigar, a ver si encontraba alguna teoría.
      No sabía si había sido muy precipitado haber dejado mi trabajo, porque me parecía imposible encontrar algo, una teoría, un planeta, una constelación, otra galaxia, todo me parecía ya imposible.
      Fui a recuperar mi trabajo y me volvieron a contratar, y poco a poco fui olvidando mi obsesión por la física, pero lo que no olvidé fue todo lo que aprendí leyendo todos esos libros. Estaba agotada de estar tanto tiempo metida en casa, así que después de ir a trabajar fui a dar una vuelta y a respirar un poco de aire, reflexionado si había perdido el tiempo en involucrarme tanto en la física o no; pensé y pensé hasta que se me hizo tarde y tuve que volver a casa, al final pensé que había hecho lo correcto, y ahora tenía mucha cultura, pero haber dejado mi trabajo fue un poco precipitado, llegué a casa, me tumbé en cama y me quedé dormida.
      Cuando me desperté vi la hora, era tarde, así que me fui corriendo al trabajo, cuando llegué estaba cerrado, no sabía qué pasaba, ¿era festivo y no me acordaba? Me encontré a mi secretaria en la cafetería que está frente al edificio donde trabajo, me acerqué a ella y le pregunté cual era el motivo por el que estaba cerrado, me miró insólita y aturdida, me dijo que si estaba bromeando o que no sabía en qué día vivimos, me quedé perpleja mirándola con aire de confusión, me dijo que era sábado y que los sábados no se trabaja. Miré el calendario, y efectivamente era sábado, pero sábado 17 de abril del 2010, lo que quiere decir que todo había sido un sueño, eso si mi pasión por la física continua a día de hoy.

      ¿Viajas con la ciencia?

      ¿Viajas con la ciencia?

      Por fin sonó el despertador y el día más duro y peligroso de mi vida estaba comenzando. A las nueve y media había quedado con Stephen Hawking. Me imagino que todos lo conoceréis y si no os lo presento ahora mismo Stephen es un físico teórico muy bueno. Yo lo conocí hace unos años y desde entonces somos muy amigos. El otro día me mando un email en el que me decía que había conseguido crear junto con otros amigos de profesión, una máquina del tiempo. Y como viajar entre dimensiones es muy peligroso me pidió que le acompañara. Yo le dije que sí sin pensármelo dos veces, no sabía que era un viaje muy arriesgado.
      Me dirigí hacia un pequeño almacén a las afueras de la ciudad, allí me esperaba él y dos colegas suyos. Entramos en el interior del almacén en el que había un aparato muy extraño, debía ser la máquina. Era como una cápsula de cristal en cuyo interior había miles de botones y cables. Stephen, me explicó, que quería reunir a los mejores científicos de la historia, para crear un aparato que nos pudiera proteger de una gran lluvia de meteoritos 100.000 veces más grande que la que extinguió a los dinosaurios. Esta se dirigía hacia a la tierra a una velocidad de 100.000km/s Me dijeron que esta tardaría solo unos 3 días en llegar a nuestro planeta. Así que nos quedaban menos de 72 horas para poder salvar la humanidad y conseguir crear una máquina que nos protegiese.
      Necesitábamos las mentes más brillantes de la historia para llevar a cabo nuestro gran y dificilísimo proyecto. El primer candidato que elegimos fue Arquímedes uno de los primeros físicos de la historia. Este vivió en Grecia en el siglo III antes de Cristo. Le pusimos bastante gasolina a la máquina ya que teníamos que remontarnos muy atrás en el tiempo hasta llegar a su época. Una vez estuvo lista entramos y la programamos para el año 250 a.C Una vez listo salimos hacia allí, se abrió un portal el cual nos abdujo y en tres minutos nos escupió muy bruscamente. A continuación, se abrió la puerta y aparecimos en Siracusa una pequeña ciudad muy bonita. Nos dirigimos hacía su casa entramos y lo encontramos trabajando con una palanca, como ya sabéis Arquímedes fue el que explicó la teoría de la palanca. Le contamos todo lo que ocurría y se vino con nosotros. Una vez devuelta en el almacén, pensamos quien podría ser el siguiente en ayudarnos. Al cabo de un rato lo teníamos claro, Nicolás Copérnico un gran astrónomo que con los recursos de su época elaboró la teoría heliocéntrica. Programamos la máquina hacía el año 1520. Se abrió otro portal y aparecimos en Polonia nos dirigimos hacia la casa de Copérnico nos lo encontramos trabajando en su gran teoría. Después de estar un rato hablando con el dijo que podría ayudarnos y se sumo a nuestro proyecto.
      Una vez en el almacén vimos que no era suficiente y nos aventuramos a buscar más voluntarios, le estuvimos dando vueltas en la cabeza hasta que encontramos el candidato perfecto un gran astrónomo como Galileo Galilei. La gente le llama el padre de la ciencia, pensamos que se llevaría muy bien con Copérnico ya que Galileo apoyó su teoría. Programamos la máquina para el año 1600 aparecimos en Florencia, una ciudad de Italia, nos encontramos a Galileo en una gran explanada viendo las estrellas con su telescopio. Él fue el que lo inventó. Le contamos la desgracia que iba a ocurrir y se sumo al grupo.
      Cuando llegamos al almacen nos dimos cuenta de que durante los viajes pasan muy deprisa las horas y habíamos consumido ya 24 haciendo que solo nos quedaran 2 dias para la llegada de la lluvia. Como íbamos contra reloj decidimos dejar a Galileo, Arquímedes y Copérnico con uno de los amigos de Stephen para que comenzaran el proyecto así para cuando llegáramos ya
      tendríamos algo con lo que trabajar. Ellos se pusieron manos a la obra y Stephen y yo seguimos viajando en el tiempo. Todo parecía ir sobre ruedas (dentro de lo que cabe) pero a la hora de partir con la máquina nos dimos cuenta que solo quedaba combustible para viajar como máximo 65 años hacia atrás tuvimos que dejar algunos grandes científicos atrás como Isaac Newton o Louis Pasteur. Así que decidimos ir a buscar a Albert Einstein nos desplazamos a 1930 nos dirigimos hacia su casa en estados unidos donde estaba muy ocupado trabajando en una fórmula que unos años más tarde presentaría…
      Por suerte conseguimos reunir a tiempo a todos los grandes científicos de la historia para poder salvar la humanidad. Lo logramos trabajando en equipo y creando un gran escudo magnético que evitó nuestra extinción.

      ¿Y SI DESCONECTAMOS?

      ¿Y SI DESCONECTAMOS?

      Estoy en un ascensor abarrotado de gente, muchos de ellos hablan por el móvil a voz en grito como si no hubiera nadie al alrededor y te juro que este instante me hace reflexionar en el beneficio del nuevo mundo con “nueva tecnologías”. Sí, sé que lo piensas, eso de las nuevas tecnologías suena muy bien para muchos, muy técnico, muy moderno, intelectual y a la vez un punto profesional. Sin embargo, si nos paramos a pensar en todos los problemas que estas causan, podríamos escribir una larga lista.
      Te despiertas un lunes a las 11 y te preguntas que haces despierto a esas tardes horas. Después recuerdas que la alarma no sonó porque la noche antes, el típico grupo de Whatsapp, no paraba de enviar fotos y videos de la goleada del Barça, que el pesado de tu primo enviaba e-mails de su fin de semana en el Puigmal como si fuera la expedición al Kilimanjaro y que tu amiga daba me gustas a todas tus fotos, de todos tus álbumes de Facebook. No pudiste más! Estabas muy cansado ya del sonido ¡TING! cada 20 segundos. Era molesto e insoportable y decidiste pararlo. La mañana siguiente cuando ves la cara de pocos amigos de tu jefe empiezas a pensar que eso de las “nuevas tecnologías” a veces te la puede jugar.
      Existe ahora un nuevo sistema en los dispositivos electrónicos el cual tus fotos personales son automáticamente compartidas en una nube familiar. Llega una tarde tu padre y te muestra una foto que ha encontrado en la nube de su ordenador. De repente, sorprendido, avergonzado y a la vez nervioso tu padre te enseña una foto que apareces besando una chica en la Barceloneta. Tú, enfadado y ansioso te preguntas como habrá esa fotografía llegado a tu padre. Unos minutos después, te das cuenta que el ICloud de que todo el mundo flipaba hizo su faena pero para lo malo. Empiezas a pensar que la tecnología es malvada y te enfadas masivamente con tu móvil.
      Vuelves del trabajo camino hacia casa y te cruzas con una adolescente que está totalmente pegada a la pantalla de su móvil. Tan concentrada y pendiente está de sus seguidores en Instagram que de repente tropieza con la cera y cae de cara al suelo. ¿Su primera preocupación? Mira ansiosamente si la pantalla tiene alguna grieta. Al ver que nada se ha roto, sigue caminando entrando otra vez en el mundo virtual mediatizado. En este caso tu cerebro no aguanta más y te preguntas, ¿dónde está el siguiente Mandela? y deseas profundamente que la siguiente generación haga el gran cambio de mentalidad de los jóvenes del siglo XXI.

      (No)s(otros)

      (No)s(otros)

      La luz de un nuevo día se deja ver por los agujeros de las margaritas que tanto te gustan. Flores amarillas bordadas a mano, forman unas enormes cortinas que cubren las cuatro cristaleras de nuestra habitación. Abro los ojos y una especie de nube blanca me da la bienvenida un día más. Me levanto (primero el pie derecho, luego el izquierdo) y con el batín puesto me dirijo hacia el cuarto de baño más próximo, oigo como resbalan las gotas de agua por tu delicado cuerpo, y desvío mi trayectoria hacia el piso de arriba.

      Mientras preparo dos tostadas con mantequilla y mermelada de arándanos, dos cafés solos y un zumo de naranja, miro por la ventana y veo el coche de Natalia. Justo cuando el café empieza a entonar las primeras notas de su canto, llaman a la puerta. Ya voy yo, digo, y veo la cara angustiada de Natalia por el telefonillo. ¿Sí?, soy Natalia papá. Abro la puerta y voy a la cocina a acabar con mi desayuno. Pasa cielo, como estás dice ella, muy bien contesto, ya sabes, como siempre. Me sonríe con una mirada cansada, de dolor y se da cuenta de que su teléfono móvil estaba sonando. Lo coge, sin oír como le decía que su madre había vuelto para estar conmigo, y que estaba hermosa vestida de blanco. Natalia sigue sumergida en su conversación telefónica y se despide tal y como había entrado. Que raro pienso, me aseguro que la luz del baño sigue encendida y voy al salón a terminar de leer el periódico. En la portada anunciaban la muerte de una mujer esa misma noche, de nombre aun desconocido, y todo apuntaba a ser un asesinato. Una sonrisa se escapa de mi boca y abro el periódico por la sección de deportes.

      Hace una día soleado de invierno, el viento , que empuja las hojas de los árboles que aun las tienen, parece repetir la melodía de una canción de Coldplay, la de tu canción favorita, esa que tarareabas siempre que te ocurría algo bueno. Parece ser un día de lo más normal, aun que algo agitado, ya que a lo lejos, se oyen en un permanente eco las sirenas de la policía. Después de digerir mi desayuno, voy a ver como esta Claudia, la luz de mi vida. La puerta de la habitacion esta entreabierta, y desde el pasillo puedo ver la marca que ha dejado con sus pies mojados, y la toalla encima de la puerta lanzada con arbitraria puntería.

      Las voces, esas voces que a veces oigo, me recuerdan que ahora eres mía, tan mía que más mía no puedes ser. Y yo soy tuyo, yo y estas voces que al parecer forman parte de mi, estamos entregados enteramente a ti. Y formamos un nosotros, algo tan nuestro, donde tu tuya tan mía y mi mía tan nuestra hablan desde fuera para enseñarnos desde la pasión, como vivir la vida y como morir la muerte.

      Entro en la sala, y veo tu pelo rubio justo como lo deje ayer, tu cuerpo desnudo reflejado en el espejo del tocador, y en tu frente, el agujero marca de nuestro amor, fruto de nuestras voces, y te veo viva, tan viva que más viva no te puedo ver. Tu cuerpo flota como las nubes mientras tarareas esa canción de Coldplay, las sirenas cada vez más cerca, me privan de escuchar la dulzura de tu voz y toda la felicidad que desprendes. Entran tirando la puerta abajo, aullando como lobos, mientras tú y yo bailamos al ritmo de la música. Las voces, las nuestras, nos aplauden mientras los lobos aullando me lanzan contra el suelo haciendo llorar a Natalia que venia detrás gritando, ¿Porqué lo has hecho? ¿Porqué la mataste? Me arrastran por el suelo creyendo alejarme de mi amada y nosotros no reímos, nos reímos de ellos. No os dais cuenta digo, ahora empezamos a vivir, ahora, juntos, somos como pájaros que planean por el cielo de la vida, infinitos, eternos, y siempre seré eternamente suyo, y ella, eternamente mía.

      - Cuando Natalia fue a la clínica a visitar a su padre, él seguía riéndose, batiendo las alas como un pájaro, y tarareando una melodía desafinada mientras hablaba con su difunta mujer, a la que él había matado. El viejo estaba loco.

      115

      115

      Todo empezó hace mucho tiempo en el frente de la Gran Guerra. Unos científicos alemanes quisieron dominar fuerzas oscuras y misteriosas, ocultas durante siglos. Pensaban que su descubrimiento garantizaría la victoria para Alemania. Pero nunca podrían imaginar lo que saldría a la luz con sus investigaciones.
      Mientras un antiguo mal devastaba el frente, la esperanza de los aliados hizo que enviaran tropas para detenerlo y entre ellos encontraron a Rictofen en una de las habitaciones investigado uno de los muertos vivientes que estaban atacando a todo el mundo. Fueron pasando las horas y los soldados fueron muriendo hasta que quedaron solo cuatro. Entraron en una de las trincheras. Y en una habitación encontraron una caja, se encontraron armes y cuatro bastones.
      Nikolai, el ruso, lo disparó sin querer y parecia un bastón con poderes, el bastón de fuego. Rictofen y los otros dos cogieron los bastones restantes y volvieron a salir. Riktofen que era alemán, sabia donde estaba todo y fueron al centro de la trinchera. Takeo, el japonès, sufrió un rasguño por parte de uno de los muertos vivientes. Pero no se infectó. Dempsey, el estadounidense, se negó a utilitzar el bastón del demonio como lo llamaba él. Cuando llegaron empezaron a ver muertos vivientes que no eran alemanes sino que, parecian templarios. Al final llegaron al centro donde todos los muertos vivientes eran templarios y allá encontraron una roca enorme de color azul con rayos del color aleatorios. Uno de esos rayos los tocó y los cuatro se transformaron en muertos vivientes.
      Esa roca extraña era el elemento 115 de ta tabla periòdica, el ilano.

      19 de mayo

      19 de mayo

      19 de mayo. Imagina cualquier año superior al que estás ahora. 21:04 pm. Alcoy.

      -¡Nora! Corre, ven aquí. Vamos mi nena, y a ver si dejas ya esa rebeldía que cada vez nos tenemos que ir más pronto. Això no pot ser, relaxa’t una miqueta.- le decía acariciando su pelaje azabache con energía.

      Esas palabras dolían como arrancar trozos de piel con pinzas para depilar. Ciertamente no podía negarle a estas alturas esas carreras que ella tanto deseaba. Cómo hacerlo si había pasado media vida con una carreta enganchada a su trasero.
      Esa carreta era horrenda pero las primeras bombillas tampoco eran perfectas, además, ¿cómo se puede juzgar un invento? Después de todo, fue la misma ciencia quien consiguió darle libertad a esta perra loca. Lo que nos faltaba.
      Pero la estuìdez humana es tan grande, que pensamos que podemos exigirle a un perro que deje de ser perro.

      -Vine ací, a vore si la propera volta no vens amb mi. Aquestos trastos valen molts diners o et penses que me’ls han regalat?- Continuaba hablándole como si la perra le entendiese.

      Ya bajábamos del terreno y sin muchas ganas de hablar, los dos mantuvimos una patética conversación alentadora, intentando camuflar nuestra decepción dejando caer la culpa de los malos resultados en la perra. Siempre está por medio.
      En el fondo sabíamos que no era su culpa, pero era preferible a pensar que la teoría no se podía demostrar.

      La perra se escapó y volvió donde estaban todos esos trastos y Jordi corrió detrás de ella.

      -¡Nora, vine ací!- se escuchó a lo lejos.

      19 de mayo del mismo año que has imaginado antes. 19:13 pm. Israel.

      Los enfermeros corrían, las personas esperaban, algunas sollozaban y otras se doblaban de atrás para delante a punto de romper sus diafragmas, ignorando donde se encontraban, incluso podía escuchar sus risas.
      Entró la matrona en la habitación donde estaba y con un gesto desinteresado midió cuánto había dilatado y mirándome a los ojos me dijo que el doctor llegaría pronto.

      Lo que la matrona no sabía era que el doctor no iba a llegar nunca.
      Postré mi cuerpo en la silla para ver un rato la televisión donde me recibió una hermosa mujer con exceso de maquillaje y expresión seria.
      Noticias de última hora:
      “Unos científicos albaneses consiguieron diseñar un herramienta que permite la perforación de las capas más profundas de la Tierra sin que estas vuelvan a cerrarse y sin producir daños colaterales. Hace unos día empezó el descenso...”

      Meses antes, un geólogo albanés, K. Ademi encontró un nuevo elemento super estable y denso, el Adonio.
      Esto suponía un enorme avance tecnológico y este nuevo elemento sería utilizado en la construcción de la cabina de almacenamiento.
      Todo estaba preparado, nada podía salir mal. La máquina perforaría la superficie poco a poco y un robot construiría estructuras de retención para evitar que el magma brotara ¿Qué podría salir mal?

      En el hospital, la parturienta se desesperaba y el médico no llegaba. La rotura de la estructura de retención de una cámara magmática muy profunda ocasionó un terremoto.
      De pronto solo se escuchaban gritos, llantos y lamentos. Había demasiado polvo, se escuchaban las ambulancias, los perros buscaban cuerpos y una moribunda mujer le dió un gorrito de bebé a quién parecía ser su marido.
      Un médico que estaba cerca de ellos observaba impotente. Se acercó cuando aquel hombre cerró los ojos sin vida de su mujer y pronunció una horribles palabras:

      -Hora de la muerte, veintiuna horas con tres minutos.

      19 de mayo del mismo año. 15:00 pm. Alcoy.

      -Vinga Pif, potser hui ens adonem d’allò que hem fet mal.- Me dijo con entusiasmo pero yo no entendía nada.

      No dejaba de darle vueltas, todo estaba perfecto, la aplicación de la ecuación, los cálculos, los materiales, era muy frustrante no crear el agujero de gusano.
      Muchos meses atrás el astrofísico Kayla deGrasse postuló la Teoría de la incompresibilidad de los túneles cuánticos a base de litiones superfluidos y su capacidad de adhesión.
      Su teoría solucionaba el problema de la atracción ejercida entre las paredes de los túneles temporales que impedía el viaje a través de ellos.
      Los litiones superfluidos se adherían a las paredes de los túneles y ejercían la misma cantidad de presión pero contraria y así se mantenía estable el conducto.
      Disgustados por los resultados y hartos de la perra, decidimos marcharnos.

      -Otra tarde perdida intentando crear este dichoso túnel. Deberíamos dejarlo, la teoría es falsa.
      -¡Nora, vine ací!- se escuchó a lo lejos.

      Lo que Pif no sabía es que estaba dentro de su propia creación.
      Un agujero de gusano cerrado que siempre volvía en el tiempo a las 21:04 pm.
      El mundo entero revivirá este día.


      Amagi.

      2056

      2056

      Todo había quedado aniquilado. Lo peor es que sólo era el principio.
      Nada hacia parecer que el aquel 12 de noviembre, que ahora veo tan lejos,fuese el inicio de todo. El despertador sonaba y un día tras otro comenzaba. Pero aquel día saldría de mi rutina matándola para siempre porque no sería un día normal, sería el principio del final.
      Estabámos en matemáticas cuando las luces empezaron a apagarse y a encenderse descontroladamente. Después, las paredes y el suelo comenzaron a temblar. Todos nos mirabamos buscando respuesta a lo que estaba sucediendo. El señor Mafiu pedía calma cuando un trozo de techo se descolgó cayendo justo encima de él.
      De aquel día sólo recuerdo angustia, pánico, cuerpos y escombros por todos lados.
      Más tarde descubrimos que los terremotos estaban sucediendo en todo el mundo, un país tras otro sufría fuertemente las sacudidas de la tierra. Afortunados o desafortunados fuimos los que sobrevivimos al octavo terremoto, la mayor liberación de energía que ha podido ser medida el cual alcanzó una magnitud de 9,5, dejando tan sólo dos millones de supervivientes sobre la faz de la tierra. En las calles de cualquier ciudad se  amontonaban miles de cadáveres, entre ellos el de mi hermana Cloe.
      Los estados se reunían para buscar alternativas, pues temían que hubiese llegado el momento en el que la humanidad se extinguiese. Durante unos meses los terremotos cesaron y el mundo entero intentaba recomponerse de aquella brutalidad por muy imposible que pareciese. Entonces fue cuando nos pilló por sorpresa la siguiente fase. Los mares se alzaron y miles de tsunamis arrasaron todas las costas del mundo. Ya sólo quedábamos alrededor de un millón de supervivientes. Los países menos desarrollados fueron desalojados y traídos a Europa. Aquí habíamos montado refugios y hospitales. Yo aún seguía  buscando a mi hermano Stevie desesperadamente, aunque con pocas esperanzas
      Mi padre era médico voluntario en uno de los refugios. Ahí fue donde conocí a John. Cuando me dieron la noticia de que mi hermano había sido encontrado muerto, intentó consolarme como pudo. Me contó que perdió a su familia en los terremotos y tuvo que presenciar como morían todos sin poder hacer nada. Juntos íbamos en busca de comida todos los días, pero los recursos se acababan, los medicamentos, las inyecciones, comida, agua... Eso si fue un verdadero caos.
      Geólogos, oceanógrafos, biólogos y meteorólogos se reunían para encontrar soluciones a estas catástrofes. Entonces llegó la peor de las noticias. Pronto se abriría paso la tercera fase: volcanes. Y no se equivocaron. Esto era una lucha contrareloj e íbamos perdiendo.
      Todas las zonas próximas a los volcanes se desalojaron pero aún así algunos refugios fueron arrasados. John y yo seguíamos pasando el tiempo intentando evadirnos de todo esto, pero la cuarta fase no tardó en llegar. Lluvias ácidas, fuertes tormentas eléctricas, inundaciones, nevadas, temperaturas extremas y todo esto acompañado de más muertes. Incluida la de mi padre. Meses después esta fase desapareció, pero el frío parecía no querer irse.
      John se limitó a abrazarme y decir que todo saldría bien. Después narró un futuro juntos. A mi me encantaba la idea de una casa en Florida y pequeños Jhonis correteando por el porche. Siguió hablando hasta que me quedé dormida sobre su pecho. Soñé con que al despertar estaba en la aburrida clase de matemáticas del señor Mafiu. En ese momento era lo que más deseaba, volver a la rutina. Ese deseo se vio roto por completo cuando los entomólogos anunciaron una plaga.
      La mordedura de la mosca tse-tse transmitia un parásito mortal que atacaba a la sangre y al sistema nervioso de sus víctimas. Produciendo tripanosomiasis, con un 80% de muertes de las víctimas infectadas. Y John perteneció a ese porcentaje. Había pasado un año desde que el fin comenzó y me había arrebatado todo lo que tenía. Sólo quedábamos unos 20.000 supervivientes. Y sin dar tregua llegó la siguiente noticia: el final se acercaba a unos 70.000 kilómetros por hora. Si, el sol. Calcularon que en dos días todo quedaría reducido a cenizas. Entonces me mandaron escribir esto para después enviarlo al espacio con esperanza de que los próximos habitantes de nuestro planeta no cometiesen nuestros errores. Cuando la fase de los terremotos comenzó era el año 2056. Los niveles de contaminación eran extremadamente elevados. La capa de ozono estaba casi destruida. Teníamos que llevar mascarillas para poder respirar, los polos derretidos, el agua en niveles escasos... Y esta fue la manera en la que la tierra se tomó su venganza. Nosotros la destruimos poco a poco y ella nos destruyó de golpe. Por favor cuidadla como nosotros no hemos sabido hacer. Cuando crezcan de nuevo árboles, no los taléis, cuando el aire vuelva a estar limpio no lo contaminéis, pero sobretodo aprended a amar y cuidar algo tan valioso como la tierra. ¡Qué irresponsables hemos sido! Destruimos nuestro propio hogar. Aunque no lo parezca, la queríamos. Protegedla, porque no tendréis otro tesoro como la tierra.

      23 Minutos, Una Sobreviviente

      23 Minutos, Una Sobreviviente

      Negro. Lo había presenciado todo. La destrucción, los gritos, los desmayos. Marcoooos…. Sin respuesta. Anaaaaa…. nada. Hace dos semanas, con una taza de té en mi mano, un pastel en el horno, y el aroma a vainilla en mi hogar, nunca hubiera imaginado que un éxito para la humanidad pondría, sí, a nuestra Tierra, en la cuerda floja.
      Toc, toc, toc….- ¿Qué necesita? -Contesté medio dormida. - ¿Es usted Laura Gil? Le llegó un paquete- dijo el cartero. Era domingo, estaba desayunando aún en mi piyama, recibí la carta y le agradecí a Gabriel, el cartero. Me senté y abrí el sobre, parecía hecho de improviso; contenía dos recortes del periódico, y tenía 3 palabras: LHC, ATLAS, YA. Instantáneamente, supe que hacer. Eran 57 minutos por carretera, desde Chambéry (Francia) a Ginebra (Suiza), destino: CERN.
      Al medio día vi una muchedumbre rodeando el centro de investigación de física de partículas más grande del mundo, ya había llegado. Toda paciencia se desvaneció, y resulté entrando por la salida de emergencia.
      -Presente su identificación- me dijo el guardia de seguridad. -¡Tiene más de mil personas allá afuera y me detiene a mí!- dije.
      Entendí, por su ceño fruncido, que no me iba a abrir las puertas. Entonces saqué mi billetera y le mostré mi carné del trabajo, se cayeron todas las monedas. Logré pasar y corrí de inmediato, no había tiempo para dinero.
      “….y acelera partículas a velocidades muy cercanas a la de la luz, las maneja por medio de campos electromagnéticos, y se enfoca en hacer colisionar a los hadrones, como los protones y neutrones. Se ha podido investigar sobre la antimateria, el Big Bang, y lo más polémico: el Bosón de Higgs. ¿Alguien sabe….” - escuché a un guía decir a unos niños. Uno de ellos teñía un emparedado de pavo. Ahhhhh…. Cómo me recordaban a las tardes de otoño con mi abuela…
      Recordé cuando supe del LHC, el Large Hadron Collider por las siglas en inglés, mis ojos brillaban. Me enteré que existe una partícula subatómica, los Quarks, que componen a los protones y neutrones, y con tamaño similar al de los electrones, tienen mucha más masa que éstos. Cuando supe que un objetivo del LHC era saber por qué ese fenómeno ocurría, y que además contaba con cuatro partes para los distintos experimentos, quedé impresionada. Desde ese momento, supe que me dedicaría a la física de partículas.
      Posteriormente, conocí la teoría de Peter Higgs, la cual afirmaba que toda partícula está sometida a un campo de bosones, que se desintegra muy rápido y es casi imposible de detectar, el cual otorga masa de acuerdo a la interacción con éste. Al tener mucha interacción, se adquiere más masa que cuando no, como en el caso del fotón – que carece de masa.
      -¡Laura!- gritó alguien. - ¿Me están llamando?- me pregunté. De pronto distinguí unos rizos dorados, ojos cafés, y una sonrisa amplia. Era Marcos, mi compañero en la investigación. Mientras bajábamos al experimento ATLAS del LHC, Marcos me presentó a Ana, amiga suya, y dijo: “¿Y si has visto los noticieros, habrás visto a Higgs conmovido cuando lo supo, cierto? Si leíste el articulo que te mandé ¿no?” –Tranquilo Marcos, después habrá tiempo para eso- dije.
      Lo cierto, es que el tiempo vuela.
      Era hermoso. Esa gráfica, esa simple imagen, el experimento. Empecé a temblar, la emoción era tan grande. Frente a mis ojos tenía el fruto de arduo trabajo y observación continua, era un pequeño bosón dándole masa a las nuevas partículas de la colisión, vi la energía en la que se convertía, tan próximo a desintegrarse y ser ignorado. Pero no, lo podía evidenciar. Después de 50 años, la teoría del Bosón de Higgs había sido confirmada.
      Le tenía que tomar una foto, ¡ah!, me tuve que devolver al carro por el celular, 23 minutos perdidos. Ya en la bahía de carros, escuché un terrible estruendo ensordecedor, sentí que el piso temblaba y se rompía, vi al edificio desplomarse en pedazos, una ola de calor me azotó, sólo escuchaba alaridos, vi gente tumbada en el suelo, y mucha sangre. Pronto, yo era una de esas.
      Oscuridad.
      Bip.... Bip..... Suenan los aparatos médicos, estoy.....¿En un hospital? Llega mi prima a la habitación, me relata todo lo sucedido. Mi resumen: el LHC generó un microagujero negro, pero la radiación de Hawking no hizo efecto. Al contrario, éste siguió creciendo, y se tragó todo, hasta la misma luz y gravedad. Habían dos opciones, o atacar el área con fuerzas que aniquilarían a toda forma de vida, o esperar. Perdí a Marcos y a 2.504 personas más, al final todo se resume a números. En cuestión de segundos , y así de rápido como la muerte espanta a la vida, el agujero desapareció.

      50Km/h

      50Km/h

      Pasaban los días y yo seguía sin acordarme de nada. Al abrir los ojos lo único que veía eran blancas paredes y ramos de flores, supuse que estaba en el hospital. Lo único que conseguía entender de los médicos era 50Km/h, moto, cruce y poca cosa más.
      Iba paseando por las grandes calles de Madrid, reflexionando sobre cosas de la vida, típico en mí, ¿quiénes somos y de dónde venimos?, me pregunté, pero no conseguí respuesta alguna.
      Minutos más tarde me llamó mi hermana y estuvimos hablando un buen rato de sus vacaciones por Nueva York.
      Al atardecer, iba corriendo hacia la parada del autobús porque éste pasaba dentro de dos minutos y si no llegaba puntual mi madre me iba a castigar. Con las prisas tuve la mala suerte de tropezar en la acera y caí justo al borde de la calzada. Pasó una moto, y sí, me atropelló.
      Recuerdo el sonido de las ambulancias, el claxon de los coches por el tráfico que se había producido y las voces de gente a la que desconocía pidiendo auxilio a la espera de algún experto, pero sobre todo recuerdo el escozor de mis heridas y mi insensibilidad en la pierna izquierda, fue la sensación más desagradable que había podido experimentar nunca.
      Me abrieron paso entre la multitud del hospital, me llevaron a una sala de operaciones y en ese instante opté por no venirme abajo y no entrar en pánico, lo cual fue muy difícil porque soy de esas personas a las que la sangre les aterra.
      La operación fue larguísima y hasta el día siguiente no me desperté por las anestesias que corrían por mi cuerpo.
      Es allí cuando no recordé nada, cuando lo veía todo blanco y los colores que distinguía eran flores que mis familiares y amigos me habían traído en cada una de sus visitas.
      Conforme pasaban los días podía recordar lo sucedido aquel 7 de mayo, mis pensamientos, mis emociones, todo lo que sentí. Todo. Y justo al querer mover la pierna, la pierna ya no estaba. No estaba. Me la habían amputado.
      Era presa del pánico y empecé a temblar, los médicos me dieron tranquilizantes, pero no hacían efecto.
      ¿Qué iba a hacer yo con tan solo una pierna? No podía caminar, ni ir en bici ni practicar ningún tipo de deporte. Pensé que mi vida se había acabado por completo, pero lo que nunca supe y hasta ahora no lo había descubierto era que en esta vida puedes lograr todo si te lo propones, aunque carezcas de alguna extremidad y aunque te cueste mucho esfuerzo conseguirlo, pero vale más la pena haberlo intentado y haberlo conseguirlo que no haberlo intentado y pensar toda la vida en un y si hubiera… , sin resolver.

      Acorralados en el mundo de los sueños

      Acorralados en el mundo de los sueños

      ¿Y si las cosas no son lo que parecen?¿Qué pasaría si al alba se despertaran los sueños y se durmieran los ojos?¿Y si todo esto no fuese más que una falacia?¿Y si estuviésemos viviendo otra vida en el subconsciencia de esta?¿Qué pasaría si yo no estuviese escribiendo esto y tu no lo estuvieses leyendo?

      Esta es la historia de Oniria, una joven de 28 años que había dedicado toda su vida a la ciencia, la pasión que sus padres le habían inculcado y ella como última voluntad de ellos ya muertos se sacrificó y ahora es una de las científicas con mayor prestigio del mundo. Ella siempre se había dedicado a estudiar y de cuidar de sus padres y nunca había tenido tiempo para saber lo que realmente quería hacer, no sabía donde quería llevar el barco de sus sueños ahora guiado por su consciencia, o eso creía. Estaba sola en este mundo oscuro que no la dejaba respirar, que no la dejaba vivir. En esta vida a ella solo le quedaba su hermano Erik.

      Oniria siempre había sido muy creativa y nunca llegó a ser una persona especialmente rara, el único momento en el que se comportaba de manera distinta era en sus sueños, sus sueños eran muy extraños ,soñaba que era una hoja solo movida por el viento, soñaba con palabras que juntas no tenían significado alguno y eran incoherentes entre sí pero había unas que siempre se repetían y se clavaban en su cabeza al despertar: libertad, sueño y realidad. Soñaba que se subía en un tren que nunca se paraba, no se quería parar, no encontraba su lugar. Sin duda el que más la atormentó fue uno en el que se encontraba en una habitación en la que nadie podía entrar ni salir, era un habitación siempre iluminada no había ni un rincón de oscuridad exceptuando la sombra de Oniria, ella estaba alucinando era como si esto ya lo hubiese vivido no podía dejar de mirar aquella habitación en la que no había nada. Después de unos segundos aparecía una puerta detrás de Oniria y al abrir la puerta, se dormía.

      Esto le estuvo pasando durante más de ocho años, cada noche soñaba lo mismo y siempre al abrir la puerta se despertaba, o se dormía, ya no diferenciaba la realidad de los sueños. Un día, ya nada era igual ahora estaba lloviendo y todo estaba oscuro no había ni un rincón de claridad y la puerta continuaba allí. Oniria tenía miedo ya estaba acostumbrada a la claridad de aquél sitio y sabía que algo iba a pasar, por eso tenía miedo estuvo unos momentos dudando si abrir la puerta o no, finalmente la abrió y se adentró, esta habitación era más oscura que la anterior, en ella se encontraban dos mesas, en una habían dos sombras y en la otra había un objeto que resplandecía y la única luz que había en la habitación pertenecía a él, ella no se fijó mucho en este y fue directamente hacía aquellas dos sombras, era como si estas le empujaran hacia ellas era algo que no podía evitar, ella se iba acercando pero no conseguía ver sus rostros y de repente escuchó “Este es tu camino, vuelve a casa cariño, aquí eres feliz” entonces lo reconoció, esa era la voz de su padre, su padre era uno de los rostros que no pudo conseguir ver, cuando el padre de Oniria acabó de hablar todo se iluminó y cuando intentó ver el objeto de la otra mesa se volvió a dormir. Estaba llorando no entendía lo que acababa de pasar y en su cabeza rondaban muchísimas preguntas pero la que más le llamaba la atención era saber que era el objeto que no pudo ver y que su padre quería que viese.

      Ella lo que quería hacer era despertar o dormirse de aquello que la estaba atormentando no podía más se estaba volviendo loca, no podía hacer más que quedarse en casa nunca más volvió a soñar con aquello y esto solo la enloquecía más, nadie sabía que había sido de ella ya no iba a trabajar no quería salir a la calle tenía miedo a la realidad y a la fantasía, a la fantasía y a la realidad, que más da quien será el valiente en diferenciarlas. Ella sabía que estaba viviendo una doble vida, todo cuadraba pero solo había una manera de saber la realidad.

      Nadie sabía nada de Oniria, ya llevaba una semana que no iba a trabajar y nadie cerca de su casa la había visto, su hermano la había llamado para preguntarle porque no había ido a trabajar pero nadie respondió. Entonces Erik se empezó a asustar y fue a visitarla, cuando llegó a donde vivía la casa ya no estaba, era como si nunca hubiese habido nada, Erik no sabía que hacer, le temblaban las manos y no entendía nada. Cuando se puso a mirar detenidamente pudo ver que había algo, en efecto, se acercó y vió que en el suelo había una cuerda y una pequeña nota escrita por Oniria, la carta ponía “ahora sé de donde vengo, ahora sé donde estoy, ahora sé lo que me pertenece, solo necesito conseguirlo, siento si esto te duele pero sé que en otro mundo estaré mejor ,en el que pueda ser libre como la hoja de mis sueños, donde mi tren se pueda detener, donde pueda ser lo que soy y lo que quiero ser”.

      Esta es la historia de Oniria y de cómo consiguió salir de las garras de la oscuridad, de las garras de la soledad, de la mentira que vivía y de la que verdad que encontró. ¿Puede responder esto a la pregunta” que hay detrás de la muerte”? Yo solo te puedo dar el tablero, las posiciones de las fichas las has de encontrar tú.

      Alguien

      Alguien

      Hola.
      Realmente no sé quién soy ni qué hago pero sé que soy algo.
      Estoy dentro de un lugar extraño que, por el momento, no sé qué es.
      Llevo días escuchando pulsaciones por todas partes que ya me empiezan a molestar.
      Bueno, pues ha pasado un poco de tiempo desde que soy consciente de que existo, y, por alguna razón, la vida ha querido que crezca o algo porque me noto más grande, al final, a ver si me voy a convertir en algún gigante de esos que vive en las nubes.
      ¡Buf! Cada vez me aburro más, no se puede jugar a nada, además del detalle de que está todo oscuro.
      De repente, veo un flash rapidísimo pasar delante de mis narices, aunque, menos mal, porque por un momento pensaba que era un ovni que venía a absorberme, y, aunque, si hubiera sido un ovni tampoco habría reaccionado porque ahora mismo no estoy tan capacitado para saber lo que es el miedo a algo.
      Lo juro que peso más pero no sé cómo porque no como chocolate ni siquiera algo de comida, puede que me muera, no sé cómo va esto.
      Hasta que por fin, puedo ver dónde estoy y… sigo sin saber dónde estoy, pero al menos puedo ver, tanto rezar ha valido la pena.
      Voy mirando a mí alrededor y lo único que reconozco es una burbuja extraña que a lo mejor me puede hasta dar más miedo que los ovnis come lo que sea que yo sea.
      En un momento dado, (no os puedo decir cuando porqué no llevo reloj, y tampoco tengo día y noche), me llega algo, no sé si es comestible o no pero me lo como igual, y así día tras otro, ¡Qué bien!
      Mientras duermo, sueño que me persigue alguien y empiezo a correr, (vale sí, es un sueño de lo más normal, pero era la primera vez). Lo más sorprendente es que al despertarme, estoy boca arriba, y estoy la mar de tranquilo, no me noto la sangre en la cabeza ni nada ¡Qué suerte!
      No os lo vais a creer, pero ¡he roto la burbuja, por fin!.
      Poco a poco, voy desplazándome y, a lo lejos, veo una luz que no había visto nunca, (no son los ovnis, tranquilos).
      De repente, mi cabeza sale de dónde he estado ocho meses y tres semanas metido.
      Salgo poco a poco, al principio me cuesta ver i respirar pero que al final me acostumbro.
      Una cosa extraña con una cosa negra en la cabeza y dos puntos verdes en la cara me habla y me abraza, y aunque no la había visto en mi vida, parecía que hubiera estado conmigo siempre, y noto que siempre estará ahí, a mi lado.
      Al final ha valido la pena estar tanto tiempo metido en su barriga para sentir lo mucho que significa para mí, mi madre.

      Apolo XI

      Apolo XI

      – ¡Mamá, mamá!, ¡ya empieza! – dijo Eric sentado sobre la alfombra del salón en frente del televisor.
      Su hermana pequeña, Karen, está sentada junto a él. Janet deja inmediatamente lo que está haciendo para acudir a la sala de estar. El 16 de julio se iba a convertir en uno de los días más importantes para la historia de la Humanidad y la Tecnología.
      Suena la alarma. El reloj marca las 05:00h am, pero mi mirada lleva perdida un buen rato por el techo de la habitación. Me cambio y oigo por megafonía el aviso para que todo el equipo se reúna. Los médicos deciden hacernos el último chequeo para comprobar, una vez más, que el examen físico realizado hace dos semanas es perfecto.
      Tras un gran desayuno los tres nos dirigimos a ponernos los monos. Después de tanto tiempo parece que mi cuerpo está más cómodo con estos siete kilos de más. Mientras nos ponemos el Bonny, observo a mis dos colegas, Collins y Aldrin. La imagen de sus rostros la primera vez que los vi viene a mi memoria. Collins era un esbelto joven italiano, que registró más de 4.200 horas de vuelo como piloto militar; humilde y tranquilo, que te contaba todas y cada una de las formas en que su madre hacía la pasta, siempre con una sonrisa en la boca. Por otro lado, Aldrin era todo lo contrario: un muchacho de cabeza redonda y pelo corto, que hacía que sus orejas pareciesen más grandes, de temperamento fuerte pero con una mirada sincera y amistosa. Son las personas con las que más tiempo he entrenado y me he preparado y, de verdad, me alegro de que haya sido así.
      Nos conducen a la plataforma de lanzamiento, a 75 metros del suelo. Pienso en el día que pisé estos pasillos por primera vez, hace siete años ya, cuando me convertí en el primer civil astronauta. Como comandante de la misión entro primero en la cápsula. Miro la cara de mis compañeros y parecen más emocionados que mi hijo en la primera visita al zoo. Por fin ha llegado, ¡hoy es el día!
      Son las 06:50 am. No estoy nervioso, el ensayo general de hace dos semanas fue todo un éxito y hemos entrenado durante meses de 12 a 14 horas diarias. Nos sentamos cada uno en nuestro sitio y el Centro Espacial de Houston contacta con nosotros. Durante la cuenta atrás pienso en mi familia, Eric, Janet y Karen, en lo orgullosos que tienen que estar y en lo agradecido que estoy por tenerlos.
      El cohete Saturno 5 despega con un ensordecedor sonido y una gigantesca llama roja. Gracias a nuestros cinco motores conseguimos la velocidad necesaria para vencer la fuerza de gravedad. Alcanzamos los 160 metros de altura, colocándonos en la órbita del planeta. Las tres etapas del cohete se desprenden a medida que cada una agota su combustible de oxígeno e hidrógeno líquidos. A 185 kilómetros sobre la superficie terrestre la cosmonave madre alcanza una velocidad de 27.300 kilómetros por hora. Miro la cara de mis compañeros y me transmiten seguridad y confianza.
      La Apolo 11 hace funcionar el cohete de la tercera etapa. En ese instante aumenta la velocidad, a casi el doble de la que llevábamos, para iniciar el viaje de 400.000 kilómetros a la Luna. El objetivo es salir de la gravedad terrestre.
      Aprovechamos para descansar y comer algo. Más de 20 horas después del despegue ya hemos recorrido 700.000 kilómetros.
      El viaje continúa sin ningún problema y el 19 de julio comunicamos a Houston que estamos entrando en la fuerza gravitacional de la Luna, cobrando aún mayor velocidad. Nos encontramos a 15.000 kilómetros del objetivo y decidimos descansar.
      Nos despertamos y ya es 20 de julio. Estamos sobrevolando la parte no visible de la Luna, es momento de iniciar el descenso. Miro a Aldrin que ya está pasando por la compuerta que comunica la cápsula del “Columbia” con el módulo de alunizaje “Águila”. Hago funcionar las baterías solares, me pongo el traje espacial y me reúno con él. Collins cierra la compuerta y permanece pilotando el módulo de control “Columbia”, esperando la separación de la cápsula y apoyando las maniobras del módulo lunar.
      Ha llegado el momento de la verdad, el motivo de este viaje y por el que nos hemos preparado tanto. Millones de personas están pendientes de nosotros. Aterrizamos en el Mar de la Tranquilidad. Tiene gracia porque, aunque intento parecer tranquilo, noto la adrenalina aumentando dentro de mí.
      – A por ello, Armstrong – dice Aldrin.
      Le respondo con un cálido abrazo, bajo los nueve peldaños de la escalerilla y pongo el pie izquierdo sobre la superficie de la Luna.
      – Éste es un pequeño paso para el hombre, un gran salto para la humanidad – digo.

      Apriende a ser fuerte

      Apriende a ser fuerte

      Un buen día en Mali un grupo de periodistas fueron a buscar información sobre la pobreza y la vida en un tercer mundo. Un periodista llamado Héctor hizo una foto a un niño de 3 años que estaba en un parque jugando con sus amigos después de salir del colegio. Este pobre niño tenía un bulto en el ojo, lo tenía muy hinchado. Después de dos días, esta foto fue colgada en el diario nacional de España. Una agencia de adopción le afectó muchísima aquella imagen y decidieron ir a buscarlo para saber que enfermedad tenía.

      Dos semanas después, dos trabajadores de la agencia fueron a Mali a buscarlo, en la capital de este pobre país. Al final lo encontraron. Primero de todo prendieron la decisión de llevarlo al hospital de la capital, se hablaba que era un buen hospital. Una vez allí, esperaron 5 horas a una sala con los trabajadores de la agencia i la madre del niño llamado Rek de 11 años. Al final les atendió un médico, les dijo que era un murado que se había dado un golpe y se marcharon del hospital. Ana i Alex, los dos trabajadores, no se les veía muy convencidos de que fuese solo un golpe. La madre del niño les dijo que estuvieran tranquilos que no era nada y gracias por preocuparse.

      Un mes después, llegó un mail a la agencia de adopción. Esta carta se trataba de una familia de Mali, la misma que fueron a ver hacía un mes, el mail decía que viniesen urgentemente a Mali porque el bulto del ojo del niño había incrementado mucho. La agencia volvió y se lo llevó en Barcelona para saber exactamente que tenía. No le extrañaba que en un país tan pobre tuviesen aquel tipo de médicos.

      Primero de todo fueron al hospital Clínico de Barcelona. Un hospital muy famoso. Una vez allí les dijeron que se trataba de un tumor, una leucemia. Rek, su familia y la agencia se comprometieron a llevar a cabo el tratamiento para llevar a cabo la enfermedad. Para tener un mejor tratamiento especializado en niños con leucemia, el hospital clínico les dijo que sería mejor que fueran a Sant Joan de Déu, un hospital para niños.

      Una vez allí en Sant Joan de Déu, volvieron a hacer un tac y se trataba de un tumor que se manifestaba en muchas partes del cuerpo. Pero el gran problema era que para realizar el tratamiento se necesitaban células compatibles con las de su cuerpo. Primero de todo fueron a buscar a sus hermanos que podrían ser una solución buena para dejarle células compatibles ero hubo un problema y era que no dejaban pasar células así como así y era un proceso muy largo porque la policía no dejaba. La familia de Rek, preocupada, no encontraba solución, él se estaba muriendo. El hospital les dijo que uno de cada un millón de personas tenía esas células. Estuvieron 3 meses buscando las malditas células. Al final las encontraron. Se sintieron muy satisfechos con el trabajo y Rek empezó a hacer el tratamiento. Fue todo bien i correctamente, se sanó al cabo de 8 meses. A pesar de todo, todo un éxito.

      Ahora Rek tiene 24 años, es ingeniero y vive en Barcelona. Ha hecho un libro sobre su enfermedad y ha tenido un verdadero éxito.

      Así no se juega

      Así no se juega

      "Y el conjunto del CD Huerva vuelve a ganar contra el equipo local, por 0-4, en una jornada que muchos calificarían de aburrida..." - apago el televisor del salón tras escuchar las palabras de aquella periodista cañón, que aquel equipo volviera a ganar su 35º partido consecutivo esta temporada me sacó de mis casillas, parecían perfectos y a mí eso no me gustaba lo más mínimo.

      La Federación Española de Fútbol fue a las instalaciones del club para realizar un seguimiento de los jugadores. Es obligatorio realizar estas pruebas cada cierto tiempo para asegurarse de que todos los jugadores cumplen las normas y no se encuentran bajo los efectos de las drogas.

      Este caso era diferente, no se trataba ya simplemente de sustancias en el cuerpo o del estado físico de los jugadores, lo que los médicos de la federación se encontraron fue algo que ya se conocía pero que jamás había sido visto antes en humanos. Se trataba de organismos cuyo material genético había sido alterado usando técnicas de ingeniería genética, se trataba de personas transgénicas.

      Este rasgo les distinguía de las demás personas que jugaban al fútbol porque calculaban en décimas de segundo la velocidad y ángulo con los que debían pegarle a la bola para hacer pases o tiros a puerta perfectos, tenían una mayor resistencia física y no se cansaban, podían correr más rápido, eran más altos y ligeramente más fuertes para poder rematar mejor los balones altos...

      El caso recorrió el mundo entero; fue tal el escándalo mediático que incluso llamó la atención de aquellas personas a las que no les interesaba el fútbol. La gente conocía las lechugas o los tomates transgénicos, pues porque es necesario aumentar la producción de éstos y que tengan ciertas características que atraigan al consumidor, pero las personas transgénicas... sonaba a relato ciencia ficción.

      La FIFA quiso llevar este caso a juicio y denunciar al club por ensuciar el buen nombre del fútbol. Al parecer esto es una injusticia ya que poseen unas características que les permiten ser superiores en el juego sin apenas ir a entrenar, mientras que el resto de los clubes se sacrifican y dedican el tiempo de su vida a entrenar y aprender cada día un poco más. Pero siempre hay algún "pero". En este caso, la justicia y el comité deportivo español no cuentan con leyes que sirvan para sancionar a los clubes que jueguen con personas genéticamente modificadas y por tanto, ellos no podían hacer nada al respecto.

      Este acontecimiento llegó a oídos de algunas leyendas del fútbol mundial y no gustó, no querían ver cómo el deporte al que le habían dedicado tanto y que les había hecho vivir pasaba de ser un juego a convertirse en una industria, cegados por obtener resultados y así rentabilidad. Pero qué ocurre cuando no haces caso a instituciones del fútbol tales como Johan Cruyff, quien defendía que la calidad sin resultados no tiene sentido y que los resultados sin calidad son aburridos. Lo que ocurre es que destrozas el fútbol, el deporte que más pasiones levanta en todo el mundo.




      Ya que la justicia no pudo hacer nada al respecto, fueron ellos mismos quienes decidieron hacer algo para salvar el fútbol. Se reunieron todos los grandes y decidieron cómo iban a afrontar esta situación, surgían discrepancias entre unos y otros, roces y piques que acababan desquiciándolos a todos, nadie se ponía de acuerdo sobre cómo debían enfrentarse a los transgénicos, había tanta diferencia cultural acerca del fútbol y sobre cómo jugar que aquel propósito parecía inalcanzable.

      Todo se decidiría en un sólo partido, si los transgénicos ganaban seguirían en la competición, en caso contrario tendrían que despedirse del fútbol para siempre.

      Y ahí estaban todos esos grandes entrenando como jamás lo habían hecho, más duro que nunca, debían estar a la altura físicamente si querían tener alguna posibilidad por remota que fuera.

      Por fin llegó el gran día, 16 de Julio de 2020, apenas quedaban unos minutos para que comenzara el partido que definiría el curso de la historia del fútbol y los jugadores que se encargarían de acabar con los transgénicos estaban en el vestuario atentos a las palabras de Pelé, quien se encargó de la charla motivadora antes del partido.

      El partido transcurrió como no, aburrido durante casi los 90 minutos, unos que lo arriesgaban todo y los otros que dormían el partido. Se añadieron 4 minutos más y en una jugada favorable para el conjunto de Pelé un transgénico comete falta. El encargado de transformarla sería el inconfundible y guapo David Beckham quien coge carrerilla, arma la pierna y dispara. El balón coge altura y baja rápidamente, entra por la escuadra y agujerea la red. El árbitro pita el final del partido.

      El fútbol volvía a ser lo que era antes.

      Autosalvado

      Autosalvado

      Mi historia empieza presentándome: soy un chico de 13 años que vive en una pequeña villa, por cierto me llamo Franbow, soy un chico de pelo castaño, ojos marrones, mido un metro con setenta y cinco centímetros, nariz chata, boca grande, robusto, fuerte, deportista, empático y bastantes adjetivos más, pero hoy estoy aquí para contaros mi experiencia sobre los viajes del tiempo al pasado.
      Mi idea sobre lo de viajar en el espacio-tiempo fue inspirada por mi hermano Jacob, mi hermano se parece bastante a mi pero la diferencia es que él es más bajito que yo por lo que en baloncesto siempre le gano.
      Mi hermano es un gran amante de las películas de ciencia ficción pero sobre todos los géneros que hay dentro de la ciencia ficción es los viajes espacio-temporales y su película favorita es regreso al futuro III, el es muy importante para mí ya que cuando se murieron mis padres él era todo lo que tenía y lo único que me hacia seguir adelante era su perseverancia por lo que estudie mucho y entonces cree la máquina del tiempo solo para hacer feliz a mi hermano.
      Mi primer viaje espacio temporal fue a la edad del humanismo el año 1490 para ver como dibujaba Da Vinci el Hombre de Vitruvio, la cual quiere representar la perfección del ser humano.
      Después de ese viaje y comprobar que mi máquina funcionaba, llame a mi hermano y le pregunte que si tuviese la oportunidad de ir a cualquier momento histórico a cual seria, y él me respondió que el 11 de septiembre del 2001 y así poder evacuar todo el edificio y así salvar todas esas vidas inocentes.
      El día de su cumpleaños decidí enseñarle la máquina y así llevarle a la fecha que el deseara; cuando fuimos al laboratorio (que estaba a la otra punta de la ciudad) mi hermano fue arrollado por un coche, yo me eche a llorar en medio de la carretera, sentía que ya no tenía nada por lo que luchar ni seguir adelante, entonces se me ocurrió la forma de cómo salvarle y era gracias a él.
      Entonces decidí ir 15 minutos atrás del accidente para decirme a mí mismo que no fueran ese día porque Jacob moriría en un accidente de tráfico, entonces me vi a mi mismo asustado y estaba en estado de shock, entonces me prometió que no saldrían de casa esa noche.
      Al volver al presente volví a casa y me encontré con Jacob y me puse muy feliz, entonces comprendí que la máquina del tiempo sería un secreto para él y para todos porque no quiero que muera nadie más por una invención mía.

      Aviones de papel

      Aviones de papel

      Julia era su nombre. Tristeza en sus ojos y una delicadeza inimaginable en sus manos. Era de cristal, al igual que sus ojos color mar. Belleza inexplicable que el mundo no conocía por culpa de aquel maldito accidente. Era paralítica. Y con unos padres protectores. Demasiado.

      Su vida era una burbuja enorme. Además residía en una casa lo suficientemente grande como para aislarse completamente cada día. ¡Y cuánto se aburría allí sola! ¡Y cuántas lágrimas cayeron los primeros años! ¡Y cuántas horas tumbada en la cama! ¡Y cuántas noches mirando al techo sin poder dormir! El brillo de sus ojos desapareció muy rápido. Antes eran terciopelo. Ahora, lija. Una mirada que te clavaba un puñal.

      Desde pequeña, Julia fue una niña especial. Julia no tenía amigos. O eso les hacía creer a sus padres. Julia no estaba loca, solo era especial. Sí, eso. ESPECIAL.

      Un día, sus padres salieron y dejaron a su hermano a cargo. Julia se asomó por la ventana a ver a sus padres. Su hermano le dijo que no se asomara.

      Los mejores amigos de Julia (esos de su cabeza) compartían ventana con ella. Aprovecharon cuando su hermano se dio la vuelta y le gritaron a Julia que saltara a ver a sus padres. ¡Qué gran idea! ¡Qué buenos amigos tenía Julia!

      Julia saltó. Y con cuatro años no conocía mundo. Tampoco lo conocería jamás. Entonces se enfadó mucho con sus amigos y no volvió a hablarles. Se quedó paralítica.


      Pasaron los años y Julia seguía igual. Era gracioso. Cuando sus padres salían de casa siempre le decían. “No te muevas.” Qué padres tan geniales.

      Se aburría tanto… Un día, su madre descubrió el odio de los ojos de Julia. Le dio más de mil folios y le dijo sonriendo que se desahogara. A Julia le pareció una estupidez y decidió lanzárselos a la cara. ¡Muy buena, Julia!

      Observó estos volar y se paró a contemplar aquella maravilla.

      A Julia se le iba a ocurrir la mejor idea de todas: aviones de papel. Iban a cambiar su vida.


      Desde ese día Julia escribía palabras y frases sin sentido. Para sus padres… Para Julia, ¡claro que tenían sentido! Todos y cada uno de los aviones con aquellas palabras los lanzaba cada día por la ventana. Aquella. Abierta desde hace 13 años.

      Solo Julia entendía aquel gracioso juego de acertijos. A veces llamaba a su madre y se reía de ella porque no lo entendía. Se reía muy, muy fuerte. Reía y reía con maldad.

      Día tras día. Se entretenía. Cuando se acababan los papeles, se ponía extremadamente roja. La casa temblaba. Sus cuerdas vocales llegaban al máximo. Se revolvía en la cama haciendo cosas raras con las manos y los brazos. Las sábanas desaparecían. Veía sus piernas e intentaba moverlas. No podía. Así que las lesionaba con sus uñas, tan largas y afiladas como los puñales de sus ojos.

      Un día su padre pasó apresurado por el umbral. Y tan rápido iba que tropezó. Julia fue a salvar lo más preciado que tenía. Los papeles, claro. Alargó la mano y una gota de sangre cayó de su dedo. Un movimiento rápido. Pareció que se rompía el cuello. Entonces fulminó con la mirada a su padre. Esta vez no eran puñales. Eran machetes.

      Pero pronto se calmó. Una idea llegó a su mente: tirar el bolígrafo. ¿Dónde? A un lugar donde no lo volviera a coger nunca con sus manos. Esa tinta azul no volvería a tocar uno de sus aviones. Sabéis a lo que me refiero, ¿no?

      Julia recibió un avión de papel con una respuesta a sus acertijos. Había hecho un amigo. Meses y meses de conversaciones confesándose con ese extraño “amigo”. Hasta que llegó el momento.

      Era de noche y el viento soplaba excesivamente fuerte. Julia estaba triste porque se acercaba el invierno y sus padres le obligaban a cerrar la ventana. “Él” le dio la solución en uno de sus aviones. Se leía:

      ANA SE VENDA SALSA. LAT LAT LAI

      Julia se puso blanca. Estaba muy confusa. ¿Debía hacerlo?

      Y lo último que se supo de Julia fue que su cuerpo apareció donde lo hizo la última vez que salió de casa. Tirado inerte, bajo la ventana de su cuarto con un avión agarrado fuertemente contra su pecho. En ese mensaje mortal, lo que en realidad ponía era:

      LA VENTANA ES LA SALIDA. SALTA

      Vaya amigo tenía Julia, ¿eh? Te preguntarás quién es.

      Fue el mismo que le incitó a saltar la primera vez. En los aviones vio la manera de volver a contactar con ella. Fue aquel que siempre estaba ahí viéndolo todo. Fue quien la conocía plenamente. Fue quien lo estuvo escribiendo todo. Fue quien estaba en su mente. Fue aquel personaje imaginario. Exacto. Fui yo.

      Azul cielo

      Azul cielo

      "AZUL CIELO"

      Era una tarde de agosto y hacía mucho calor. Juan y su padre estaban tumbados en la hierba al lado de la piscina a la sombra de la palmera. Carlos, que así se llamaba el padre de Juan, se estaba quedando dormido cuando un pájaro se posó en su frente. A su hijo le hizo mucha gracia el salto que Carlos pegó al sentir algo en su cara, y no paraba de reír.
      Entonces le entró la duda a Juan y le preguntó:
      - Papá, ¿por qué las aves pueden volar y nosotros no?
      Era de esas preguntas que Juan siempre hacía, ya que con cinco años empezaba a descubrir los secretos de la vida y todo le parecía raro.
      - Verás hijo, no todas las aves pueden volar. Algunas aves no están preparadas para volar como las gallinas, los pavos o el avestruz. Sin embargo, la mayoría de las aves pueden volar porque tienen los huesos huecos y pesan muy poco. Sus alas que son musculosas y muy fuertes hacen de motor, su timón es la cola y sus patas están preparadas como tren de aterrizaje. Cada una de las plumas de sus cuerpos están preparadas de forma que faciliten el vuelo y no pongan resistencia al aire.
      Juan se quedó maravillado con la explicación de su padre y no perdía de vista a un gorrión que estaba volando alrededor de la palmera. Lo estaba observando tan detenidamente viendo el movimiento de sus alas y su cola para confirmar lo que su padre le acababa de decir, que enseguida le surgió otra pregunta.
      - ¿Y por qué el cielo es azul?
      Esa pregunta cogió a Carlos por sorpresa, ya que no se esperaba de su hijo, que estaba observando a un pájaro, que le surgiera una duda totalmente distinta en ese momento. Pero no le extrañaba, ya que estaba acostumbrado a este tipo de inquietudes.
      - Eso no es muy fácil de explicar, pero lo voy a intentar. Realmente el cielo no es azul, eres tú el que lo ve azul. Juan miró a su padre con cara de no entender nada y de necesitar una respuesta más concreta.
      - Vamos a ver cómo te lo explico, le contestó su padre.
      - Lo que tú ves es la luz del sol que se refleja en la atmósfera, que es la capa de aire que hay sobre nosotros y que recubre la Tierra. La luz del Sol, en realidad, tiene los mismos colores que el arcoíris, rojo, naranja, amarillo, verde, cian, azul, y violeta. Para que la luz del Sol llegue hasta nosotros, tiene que cruzar esa capa de aire. Hay colores muy valientes que consiguen cruzar y llegar a nosotros y otros, que son más torpecillos y no lo consiguen. Ese es el caso del color azul, que no consigue cruzar y se queda allí atrapado chocando con el aire. Y eso es lo que nosotros vemos, la luz azul del Sol chocando con el aire.
      A Juan le gustó la explicación de su padre, pero enseguida le entró otra duda.
      - ¿Y porqué a veces cuando el sol se está ocultando el cielo es rojo?
      - Cuanto más cerca de la Tierra, más partículas de humedad y polvo hay, y por eso, cuando la luz nos llega casi de lado, como de buena mañana y cuando anochece, tiene mucha menos fuerza y se encuentra con muchas de estas partículas. En el encuentro con esas partículas, la parte cálida de la
      luz (los tonos naranjas y rojos) es la que más fuerza tiene y los colores más fríos, como el azul o el verde, se quedan por el camino y rebotan contra las partículas. Por eso la luz que tú ves es el rojo reflejado en esas partículas.
      El niño estaba cada vez más sorprendido con las explicaciones de su padre pensando que este lo sabía todo y que podía explicar cualquier cosa.
      - Papá, me voy a quedar con los ojos bien abiertos hasta que anochezca, para poder ver como los colores rebotan con el aire.
      Carlos se fue a limpiar la piscina y dejó a su hijo allí tumbado viendo al cielo sin mover ni una pestaña. Había quedado fascinado con las explicaciones que su padre le había dado a sus preguntas.
      Eran las siete de la tarde y Carlos que ya había terminado se fue junto a su hijo y vio que éste se había quedado dormido viendo al cielo. Lo recogió y lo llevó en brazos para su habitación, necesitaba descansar después de todo lo que había aprendido ese día.

      Bajo la Luna

      Bajo la Luna

      Se suele decir que la paciencia es la madre de la ciencia. ¿Pero, y el padre?
      Todo empezó cuando, bajo el sol abrumador de verano, un hombre estaba haciendo cola para comprar un refresco. Éste se caracteriza por ser impaciente y poco a poco fue perdiendo la calma hasta que una mujer que estaba también en la cola lo agarró de los hombros y le dijo que se relajase. La mujer le sugirió sentarse en una mesa cerca del chiringuito, y el accedió. Después, la mujer apareció con dos refrescos con hielo y empezaron a charlar.
      Primero, se presentaron. La mujer dijo “me llamo Paciencia”. “Bonito nombre”, dijo él. “Yo me llamo… ¿ De qué me has pedido el refresco?. “De limón”, aclaró ella. La conversación avanzó y él nunca se presentó, eso sí, le contó toda su vida, al detalle.
      “Soy un hombre ambicioso, con una meta, un sueño claro, conseguir el conocimiento total de todo nuestro mundo, e incluso el universo. Por eso es que soy tan impaciente, porque para mi, el tiempo es oro”. “El tiempo es oro, si lo utilizas bien”, añadió ella, con un tono burlesco. Acto seguido, el hombre se levantó y, sin razón aparente se largó.
      El mismo día por la noche, él salió a dar un paseo por la playa, descalzo, sintiendo como las suaves olas del mar penetraban por su cuerpo hasta alcanzar su joyoso corazón. Un fugaz pensamiento le pasó por la cabeza: el lindo rostro de esa mujer.
      Paró en seco de andar por la playa, miró al cielo y dijo en voz alta: “donde estará…”
      A lo lejos vio un fuego encendido, que iluminaba una silueta femenina. Él no le dio importancia alguna, hasta que al llegar al lado del fuego, por primera vez en su amarga vida, se quedó sin palabras. Era ella, la mujer que con sólo su rostro le alejó de cualquier meta o sueño para convertirla en su único destino.
      Se sentó a su lado y se disculpó. Continuó con un típico: “que agradables vistas”, seguido de “que buen tiempo hace por la noche”. Paciencia se rió. Esa sonrisa, esa sonrisa le mató por dentro e impulsivamente, la besó. Ambos se quedaron sin palabras, ya que en esa situación las palabras sobraban. Paciencia se acerco a él y susurrándole a la oreja le dijo: “Aún no sé tu nombre” a lo que él le respondió: “Ni yo mismo lo sé”. Con un rosto confuso, Paciencia dijo: ”Tu meta es conocer todo lo desconocido, saber todo lo no aprendido por nadie, sin embargo no sabes tu nombre”. Hubo un silencio cautivador y después él procedió: “te equivocas, mi meta ya no es saberlo todo. Mi meta está justo a mi lado”. Ni una sola palabra más salió de ambas bocas. Se apagó el fuego, para que se pudiera encender otro. Entonces, bajo la luna llena, en una noche de verano, abrazado por el mar, nació la ciencia.

      Belson, el gusano auditivo

      Belson, el gusano auditivo

      El gusano auditivo

      No sé por qué, pero la gente me quiere al principio, al final me repudian. Me presentaré antes que nada, yo soy Belson, y soy un gusano auditivo al que he “afectado” a 1.000.000 de personas. Me acuerdo de todas las canciones a las que he enganchado a la gente desde hace ya unos 40 años. La primera que enganché fue una muy boba llamada “el tren chuchu”, luego una de Queen, llamada “We are the champions”, y la más reciente fue una canción de ópera. La última que he enganchado no me acuerdo de cual ha sido, pero ya estoy un poco cansado de hacer esto, ya hice demasiado trabajo con un hombre al cual estuve en su cabeza aproximadamente unos 6 meses y, no se podía concentrar en nada. Lo hice porque me pareció una persona la cual no utilizaba su cerebro y por lo tanto, quise darle un poco de “vidilla” a su horrible y patética vida. Cuando me aburro mucho los humanos dicen que soy crónico. Y lo que hago es que todo lo que escucha se me quedaba en la mente y se lo pasaba a la suya, haciendo que todo el rato la cantara o la tarareaba. Ahora, por supuesto me gusta más por ejemplo escuchar los bellos sonidos de la naturaleza, o escuchar conversaciones de humanos. Con eso, hago mis propias canciones y, luego si me apetece se las engancho a los humanos. Pensaba que a mí esto pegar las canciones, no me afectaba, pero estaba muy equivocado, porque me puse a escuchar mí propia música y se me enganchaba, y todo el día estaba cantando. Fui a ver a un humano y engancharle alguna canción, y si en un día, ya estaba contagiado. Seguí en su cabeza hasta que, fue a un hombre al que llaman psicólogo o algo así para que le curase y así yo tomar nota de cómo quitarme la enfermedad que yo mismo contagiaba. Le dijo que escuchara música con mucho ritmo y con mucha letra, lo que llaman ellos “Rap”. Así que me quede un poquito más en su cabeza para escuchar ese tipo de canciones y al cabo de unos meses se curó del todo, pero yo no. Fui a otra cabeza y volví a hacer lo mismo salvo que a esta persona le dijeron que escuchara música “Pop”, y así lo hice, pero… Tampoco dio resultado. Me fui ha otra cabeza y lo mismo pero a este le dijeron que escuchara música “Rock, pero supongo que sabréis la respuesta, no dio resultado. Estaba ansioso por no tener esa enfermedad, pero no había terapia para mí. Al final me fui a otra cabeza y escuche música “electrónica” y tampoco, me fui a otra y escuche música “trap”, pero tampoco y al final me fui a un sitio lejano escuche mis propias canciones y dio resultado, estaba bien no tenía nada en mi cabeza. Desde ese momento Belson dejó de enganchar canciones a los humanos y vivió tranquilamente en el bosque. Por desgracia, Belosn no supero su propia enfermedad y murió en dicembre de 2015, a causa de estrés postraumático. La familia de Belson murió por contagio, y nada más quedo su hijo, el pequeño Marley que sigue vivo por ahora.
      FIN

      Brain

      Brain

      Y como una niña pequeña continuaba corriendo, hasta que sus piernas se detuvieron ante la incesante petición de sus pulmones por recuperar el aliento. Le resultó curioso en ese momento como unas parejas de oxígeno podían resultar tan vitales y necesarias para un ser, ante la aparente importancia que tenían todas las cosas que rondaban por su cabeza en el momento.
      Llevaba horas dando vueltas por la ciudad, y se sentía tan mareada como si hubiese subido por horas a un tiovivo con una fuerza centrípeta inagotable. Continuó caminando, todavía jadeante, por aquel pequeño y precioso parque. Estaba lejos de la zona en la que habitaba, y teniendo en cuenta la avanzada edad de los transeúntes y el estrés al que estaban sometidos los padres por andar detrás de sus hijos, pensó que nadie la reconocería y decidió relajarse un poco.

      A veces ser una bióloga reconocida era complicado. Dentro del mundo de la ciencia había sufrido bastante discriminación, obviamente por el mero hecho de ser mujer, aunque eso, lejos de frenarla, la había hecho reaccionar y luchar con mayor convicción por sus metas. Pero últimamente, tras realizar varios descubrimientos y colaboraciones en proyectos diversos que la lanzaron al mundo de la fama, todo su mundo se había vuelto estresante. Fuera del ámbito científico se la reconocía por “la mujer científica que descubrió…” y dentro de el todos eran demasiado exigentes y escépticos, a la espera del mínimo error, quizás por su desconcertante capacidad a pesar de su escasa edad y sí, ser mujer; todavía hay mucho burro suelto por ahí.

      Decidió descansar un poco y se sentó en un carcomido y estropeado banco, muy cercano al pequeño lago y bajo la sombra de la frondosa arboleda que daba comienzo al monte donde tanto tiempo había pasado. Con una risa recordó como había llegado a allí; se había escapado corriendo del laboratorio. Todo el mundo la había mirado desconcertado, pero sinceramente no le importó, pues todavía no terminaba de asimilar lo que había ocurrido. Llevaba un par de meses enfrascada en una investigación sobre las partes del cerebro junto al doctor Coimbra y al psicólogo Albert Bandura.

      Hacían un buen equipo, ya que el doctor Coimbra aportaba la veteranía sobre el tema, Albert Bandura daba un punto de vista distinto por sus conocimientos psicológicos y ella tenía nuevas técnicas e inmensas ganas de investigar este tema a fondo. Cada uno investigaba por su cuenta, pero una vez al mes se juntaban para poner en común lo que habían descubierto y consolidar teorías o mismo derribarlas. La próxima reunión era el día siguiente, y estaba ansiosa por saber si sus cálculos y pruebas eran acertadas.

      Como todo el mundo sabe, se rumorea que los humanos únicamente usamos el 10 % de nuestro cerebro, y que por lo tanto el cerebro es todavía terreno desconocido y no se sabe con exactitud todas las funciones que tienen sus partes. O al menos, eso hasta ahora. Tras varias pruebas, consiguió crear una pastilla que activa el sistema límbico y hace que este produzca unas hormonas/células semejantes a las células madre. Pero estas tienen la mejora de que no hay que “activarlas” artificialmente en laboratorio para que se especialicen y regeneren la parte deseada. De forma natural eran creadas por el sistema límbico tras tomar la pastilla para frenar un cáncer, unir un hueso roto, regenerar algún órgano deteriorado… Ante ella tenía la solución a cualquier problema que hubiese en el ser humano.

      Cada siete años

      Cada siete años

      -¿Pero qué…?.- dije mientras mi vista se volvía borrosa por las lágrimas que abarcaban todo mi ojo.
      -Lo que escuchaste.- dijo con tono seco y cabeza gacha, el cobarde no se atrevía ni a mirarme pero yo si a él. Me lo quede observando mientras las lágrimas corrían por mis mejillas y él, seguía sin mirarme… Si tuvo el coraje de decirme esto bueno que más que me vea a la cara ¿no?
      -Mírame- le exigí.
      Él siguió con la cabeza gacha.

      Cuando me invito a salir no me lo creía. ¿Yo? ¿Con el capitán del equipo de lacrosse? ¿Con el tío que casi todas las niñas de la escuela sueñan y desean?
      Haberse fijado en mí fue un milagro… y a la vez de las peores cosas que me pudo haber pasado.
      Era primer día de bachillerato, yo elegí el área de ciencias de la salud ya que me quiero dedicar a ser oncóloga… pero bueno. Es un área en la que casi nadie se mete ya que es muy difícil, la mayoría se va a arte o algo por el estilo y no es por nada pero hay una diferencia en tener un lápiz de color en la mano que un bisturí. Cheque la lista de alumnos, éramos 10 en total. Entre, me senté y empecé a platicar con los demás.
      El señor Andreu entró y nos dio la bienvenida a todos y al parecer el igual estaba satisfecho como yo… Y ahí paso. Tocó la puerta.
      -En serio lo siento, no volverá a pasar, se lo juro.
      -Está bien, pase pero… ¿Qué hace usted aquí?
      -A lo que los demás vienen- sonrió de lado mirando a la clase, es que yo estaba alucinando.
      -Si es así… tome un asiento por favor ¿señor…?
      -Santiago… soy Santiago.
      -Perfecto… empecemos.
      Al lado mío no por favor, no quiero tener a un presumido, bueno para nada como compañero.
      -¿Me puedo sentar aquí?
      Aparte mi mochila y la puse a mis pies sin decirle nada. Nunca lo había visto de cerca, solo iba a los partidos porque la escuela nos obligaba a apoyarlos. Pero Dios… nunca había visto un ser tan magnifico en mi vida.
      Yo que iba a saber que dejarle mi asiento iba a ser el comienzo de una gran historia.
      Era muy tonto, la medicina no era lo suyo pero la verdad era tierno ver como se equivocaba, exclamaba y se reía de él mismo.
      -¿Te puedo hacer una pregunta?-dije con timidez.
      -¿Qué? ¿Tu? ¿Hacerme una pregunta? No me lo creo- se rio.
      Es que ya habíamos sido compañeros de mesa por un mes y nunca le había dirigido la palabra aunque él a mi si pero lo ignoraba, como hago con todo lo que me molesta.
      Me le quede viendo fijo y le pregunte:
      -¿Qué haces aquí? Quiero decir, casi todos tus amigos se fueron por áreas menos difíciles y la verdad es que medicina no se te da muy bien.
      -Tienes unos ojos preciosos.
      -No contestaste a mi pregunta.
      -Perdón, es que… ¿Quién eres?
      Le señale la portada de mi libro donde había una etiqueta que decía mi nombre.
      -¿Por qué no te había visto antes Maya?
      Baje la mirada y noté las mejillas calientes.
      -Contestare a tu pregunta con una condición- se acercó a mi hasta que su cara estaba casi tocando la suya.
      -¿Cuál?
      -Me ayudaras a estudiar para el examen de la siguiente semana.
      -Lo pensare pero contesta.
      Se separó y subió la mirada hasta que nuestros ojos se encontraron.
      -Mi padre tiene varios hospitales donde recibe a demasiada gente y me gustaría ayudarlo a salvar vidas ¿sabes? Sentir esa satisfacción de mejorarle la vida a una persona y…
      -No me lo esperaba de ti.
      -Si… no soy la que lo gente piensa, ¿quedamos hoy?

      Esa misma noche se la paso diciéndome cumplidos. Al día siguiente me buscaba en la escuela y me presento en frente de sus amigos que sorprendentemente son muy simpáticos.
      Una semana después fue nuestra primera cita.
      En nuestra segunda cita fue nuestro primer beso.
      Después de un mes conoció a mis papas y yo a los suyos.
      Lo iba a ver a todos sus partidos y cada vez que notaba venia corriendo a darme un beso.
      A los tres meses me entregue a él.
      A los cinco y medio, empezamos a ahorrar para todas nuestras aventuras que moríamos por hacer.
      A los ocho, nos volvimos la droga del otro.
      Y al año, éramos completos adictos.


      -¡Que me mires Santiago!
      Subió la mirada con las mejillas empapadas.
      -Maya…
      -¡No me toques!
      Más que tristeza, era rabia lo que sentía, me entregue más de un año a este niño.
      -En serio lo siento…
      -Que no te acerques.
      La rabia y decepción se apoderaban de mi cuerpo, sentía que iba a explotar pero me calmé, respiré hondo y me dirigí a él.
      -Maya, podemos hablar de esto… en serio lo siento… pero lo podemos solucionar.
      - No te preocupes- dije limpiándome las lágrimas-fue mi culpa, yo malinterprete las cosas.
      -¿Qué?
      -Talvez lo nuestro era conocernos pero no estar juntos.
      -Maya solo escúchame…
      -El señor Andreu nos dijo que cada célula en nuestro cuerpo entero se destruye y es reemplazada cada siete años. Que reconfortante es saber que un día tendré un cuerpo el cual tú nunca tocaste.

      Entonces me alejé y él no me siguió, fue ahí cuando noté que había tomado la decisión correcta, la había tomado desde el principio.

      CAFÉ PARA DOS

      CAFÉ PARA DOS

      Café para dos

      Andaba tan metida en el taconeo de mis zapatos que no me di cuenta que Ángel llevaba un buen rato llamándome, tres llamadas perdidas y un SMS para ser exactos. Ángel siempre ha sido muy puntual y yo era más de llegar cinco minutos tarde, lo que casi siempre me costaba muchas llamadas y encontrármelo de morros. Conozco a Ángel des de que tengo uso de razón, y cada vez que siento que voy a caer por un extremo de la Tierra es él quien me agarra.
      Aceleré el paso y a los pocos minutos ya estaba en la cafetería. Como siempre me esperaba en la puerta con dos cafés en la mano, uno descafeinado y otro con extra de leche.
      Solo acercarme noté algo diferente, algo en su manera de mirar que me puso en alerta. Al saludarme me dio un abrazo forzado, y me di cuenta que algo no estaba en orden. Debí haber preguntado en el primer momento, pero pensé que estaría enfadado por haber tenido que esperar y no le di mayor importancia.
      Empezó a hablarme sobre la entrevista que tenía pendiente pero yo no podía escucharle, algo dentro de mi cabeza no paraba de recordarme que no era el Ángel de siempre. Su manera de hablar, los gestos, incluso su manera de acercarse el café a la boca me hacían pensar que aquel no era él, que era una persona con los mismos ojos achinados y la misma sonrisa impecable, pero aquel no era Ángel.
      Estaba muerta de miedo, aunque necesitaba saber quién era ese chico y porque conocía hasta el último detalle de mi vida. Quería salir corriendo pero sabía que no podía, no era justo. Debía permanecer quieta, debía abrir bien los ojos y aguantarle la mirada a ese miedo. Pero no pude. Cuando me quise dar cuenta ya estaba chillando, y lo siguiente que recuerdo es estar en una camilla escuchando como desafiaba la lluvia aquella mañana.
      Recuerdo ver a “Ángel” llorar desconsolado cuando hablaba con un médico, decía que no entendía nada, que yo parecía una chica normal, ya ves tú, si solo me conocía de veinte minutos.
      A día de hoy vivo en una casa muy grande donde todas las paredes son blancas y vamos disfrazados con unas batas de médico, cada uno lleva una pulsera y en la mía dice : “Síndrome de Frégoli”.
      Alguien llama a la puerta, abro y como siempre a estas horas aparece Dafne, una chica que siempre me trae café y me explica cosas interesantes. Un día le pregunté por mi pulsera y me enseño una ficha donde ponía : Síndrome de Frégoli, es un trastorno delirante que consiste en la creencia de que personas conocidas tienen otra identidad, no entendí muy bien el significado pero me conformé con el café caliente a primera hora de la mañana.
      El de aquel día era descafeinado, como le gustaba a Ángel, al Ángel verdadero, lo que me hizo preguntarme si todavía me esperaba en la puerta de la cafetería con un café en cada mano, enfadado por verme llegar esos cinco minutos tarde.

      Caja de ratones

      Caja de ratones

      Martes, 19 de octubre de 2219. Comenzamos con la recogida de datos del experimento. Las primeras observaciones recogidas parecen favorables para llevar a cabo este proyecto. Los habitantes de Hilltown conviven pacíficamente, no saben que forman parte del acontecimiento científico de la historia. Seleccionados para ser los progenitores de los primeros humanos considerados superhombres, con la capacidad de mejorar la especie humana que ahora está en vías de extinción.
      Viernes, 20 de octubre de 2219. Habiéndose establecido la población, iniciamos el tratamiento en los sujetos seleccionados. Procedemos a la inseminación sin que sepan que los embriones están modificados genéticamente.
      Miércoles, 18 de junio de 2220. Han nacido el 75% de los embriones implantados, el 25% restante no llegó a término por diversas causas, ninguna de ellas relacionadas con el embrión, todas ellas fueron por problemas de la gestante. Comienza la observación sistemática de los recién nacidos, a los que los llamaremos generación T.
      Sábado 28, de julio de 2221. A partir del sexto mes, han convivido en guarderías con niños normales. La generación T ha sido expuesta a diferentes virus gástricos, respiratorios, enfermedades producidas por bacterias, que los otros niños han padecido, resultando inmunes a todas ellas los bebés T.
      Jueves 12, de marzo de 2229. Hemos observado en los primeros años de escolarización, que su rendimiento frente a los niños normales es mayor debido a su CI de 160 en la mayoría de los casos, destacar su atención sostenida y plena que es el doble de los otros niños, físicamente son superiores a sus compañeros, tanto en resistencia, desarrollo motriz, estabilidad y destrezas motoras. Durante este periodo de tiempo se hayan diferencias en cuanto al desarrollo socio-afectivo, siendo niños poco empáticos, nada asertivos y muestran poco interés por relacionarse con los otros niños, parecen estar mejor en soledad o con sus iguales T con los que prefieren relacionarse.
      Domingo, 15 de julio de 2236. Los sujetos están en plena adolescencia, observamos que con el cambio hormonal, normal de esta edad, los niveles de agresividad son muy superiores a los demás, tanto en hombres como en mujeres. Aunque ninguno de ellos son conscientes del experimento, la generación T tiene tendencia a desafiar las normas y a cuestionar el sistema de vida de la ciudad, como si sospecharan que detrás de los poderes de mando hubiera algo. Por ello, mis superiores han mandado administrar un nuevo fármaco sobre la generación T.
      Viernes, 10 de diciembre de 2236. Un grupo de individuos de la generación T ha estado cometiendo actos vandálicos recientemente, el nuevo fármaco no resulta eficaz, solo los hace más violentos. Han llegado a amenazar a las autoridades y a quemar zonas urbanas. Tendremos que realizar una nueva reunión para cambiar la medicación y debatir sobre el rumbo de la nueva humanidad, esto no puede seguir así.
      Lunes, 2 de agosto de 2244. Tras años y años de experimentos sobre los sujetos para reducir el nivel de agresividad, por fin dimos con la tecla, pero el destinar tanto tiempo y recursos al completo desarrollo de la generación T, ha causado problemas en los demás civiles. Los recursos de Hilltown se empiezan a agotar poco a poco, necesitamos apresurarnos para que la generación T sea capaz de adaptarse a las nuevas condiciones medioambientales de la Tierra tras la Gran Radiación.
      Viernes, 19 de septiembre de 2244. A partir de hoy vamos a realizar una serie de entrenamientos físicos y mentales, los cuales solo la generación T está capacitada para soportar. Gracias a estar genéticamente modificados, se espera que sus capacidades físicas aumenten en un 40% a las de una persona corriente. Estoy a cargo de la supervisión de las pruebas físicas… será mi último trabajo, se acerca el fin de Hilltown.
      Lunes, 28 de enero de 2245. Hemos completado el entrenamiento. Las pruebas han salido positivas, puede que el experimento al fin y al cabo sea un éxito. Hemos reunido a la generación T para explicarles la situación. La mayoría se lo ha tomado bien. La utopía de Hilltown está por terminar, tendrán que salir de esta caja de ratones para sobrevivir e ir al norte hacia la antigua base del ejército americano, donde se encuentran otros sujetos de la generación. La Gran Radiación hizo muy difícil la vida en la Tierra, no será trabajo sencillo. Se despide el científico Roy Hawkeye.
      Miércoles, 10 de febrero de 2245. Soy Edward Mustang, elegido líder de la generación T de la zona este, es hora de partir, ya nos hemos despedido de nuestras familias. Nos vemos en el norte…

      Caminando hacia la autodestrucción.

      Caminando hacia la autodestrucción.

      Mi madre a menudo me repite que no quería que yo hubiese nacido, que no fui una hija deseada. Esto no quiere decir que no me quiera, ni mucho menos. Por el contrario, cada vez que me dice que hubiera preferido no haberme concebido, me recuerda que me quiere más que a su vida. Y yo la creo. Entre ella y yo no hay mentiras, no hay secretos. Desde pequeña me ha contado las cosas tal y como son, suavizándolas acorde a mi edad en ese momento, claro, pero nunca me ha ocultado el verdadero porqué de mi existencia en este horrible mundo.
      En el año 2023 el planeta Tierra sufrió una crisis mundial por superpoblación, la cual a su vez vino acompañada de una crisis económica y política internacional. Todo empezó cuando el petróleo, después de muchos años de advertencias y búsqueda de fuentes de energía alternativas, se agotó. No quedaba ni una sola gota. Los vehículos constituían un gran problema, por supuesto, pero cuando el planeta entero se vio en la situación real, se percató de que el petróleo estaba mucho más presente en nuestras vidas que solamente en forma de combustible. Además, dejando a un lado la crisis del petróleo, hasta el actual año 2023 la población mundial se había disparado, llevando al límite la explotación de los pocos recursos naturales de los que disponía lo que en un tiempo fue un bello planeta.
      Hasta que un día, pasando prácticamente inadvertida, como si de una asesina sigilosa se tratase, una fuerte sequía azotó decenas de países a lo largo y ancho del planeta. En los países desarrollados, la población no fue debidamente informada de los cortes en el suministro del agua que pronto acaecerían, limitando el uso del agua a tan solo 3 horas diarias y una asignación concreta de litros por persona. En los países subdesarrollados, pues aún lo eran muchos, directamente no se advirtió a la población de la falta de agua; al fin y al cabo llevaban sufriendo sequía cerca de 2 años, sobre todo en el continente africano.
      Como es lógico, sin agua tampoco se podían regar los extensos campos de cultivo, ni se podían satisfacer las necesidades de la industria ganadera. La falta de lluvia hizo que aumentase la cantidad de contaminación en la atmósfera, haciendo el aire de las ciudades altamente tóxico y prácticamente irrespirable. De hecho, los casos de afecciones pulmonares derivadas de la contaminación aumentaron en un 65%.
      Ahora estamos en el año 2052. Sí, la humanidad sigue en pie. Bueno, se podría decir que sigue en pie pero coja, manca y tuerta. En el colegio nos enseñaron los errores que cometieron nuestros antepasados, supongo que con la esperanza de que no volviésemos a autodestruirnos los unos a los otros ni a nuestro planeta, pues es la mano que nos alimenta. Pero viendo los libros de historia, está claro que el ser humano es el único animal que tropieza no dos, sino cien veces con la misma piedra hasta que la coge para lanzársela a un igual.
      Mi madre no quería tener hijos, y cada vez comprendo mejor por qué. Yo tampoco quiero tenerlos. No es justo traer obligado a alguien a este mundo en el que sabes que va a sufrir, que no va a ser completamente feliz, que va a vivir una vida que no le va a pertenecer al 100%. Pero me veo obligada a procrear, al igual que se vio obligada mi madre hace 17 años.
      Cuando se desató la crisis mundial, los gobiernos eran sumamente frágiles. Pero apenas 10 meses después, lo único que importaba en esos momentos era mantenerse con vida. La población se redujo drásticamente (y lo haría aún más) debido a la inanición y a la deshidratación, además de las enfermedades que causó la contaminación, pero seguía sin haber suficientes recursos para todos. Cada cual sacaba adelante a su familia como podía, el mundo estaba sumido en un completo caos, hasta que se desató la 3ª Guerra Mundial. No fue una guerra con un armamento increíble, con tanques por las ciudades y bombarderos sobrevolando el firmamento. No. Fue aún peor. En apenas 5 años, mediante el uso de armas biológicas, el 97% de la población murió. Mucha gente cree que todo estaba planeado, que cuando nos viéramos sin recursos deberíamos recurrir al genocidio masivo, donde solo los más fuertes, biológicamente hablando, sobrevivirían. Y mi madre fue una de ellas.
      Después de aquel exterminio era necesario repoblar el planeta para garantizar la supervivencia de la especie, y todas las mujeres se vieron obligadas a dejarse fecundar en contra de su voluntad, tuvieran 13 o 60 años. El mundo se volvió aún más cruel y sádico. No me sorprende que mi madre no quisiera haberme engendrado. A mí tampoco me gustaría haber nacido.

      Cara a la pared

      Cara a la pared

      Dónde me he metido pienso yo. Esta es la pregunta que inunda mis días de soledad, una soledad que parece un pozo oscuro sin salida, donde nada es posible. Pero de repente dentro de mi algo se ilumina. ¿Qué es eso me pregunto? Nada, no debe ser nada, solo una fuerza en mi interior que va a durar muy poco y en seguida se marchará. Como decía, ya ha desaparecido...

      ¿Por qué he caído en esto, por qué he sido tan tonta de caer en la trampa, por qué? Necesito que alguien me lo responda. Ser preciosa o aunque sea gustar a la gente no lo es todo, pero parece ser que mi cabeza no lo asimila. Ella solo quiere ser perfecta, ¿es mucho pedir? Se ve que si, nunca tiene bastante, siempre quiere ir más allá.
      Una vez empiezas ya no sabes parar, es tan difícil y, por mucho que la otra gente te diga que pares, no sirve de nada. Yo sigo en mi mundo, un mundo donde cada día cuesta más levantarse y luchar para la curación.

      Ya llevo mucho tiempo así y no hay manera, y aunque me diga: ¡Mar, tú puedes! No es bastante. Estoy atrapada dentro de un malsueño que nunca despierta. ¡Quiero salir! Digo. El sentimiento de frustración invade y se apodera de mí y, sobretodo de las persones que me quieren y desean con todo su alma que me cure. La impotencia también les es presente, la impotencia al ver que un ser querido cada vez es menos persona y ellos no pueden hacer nada para remediarlo. Todo depende de mí.

      100 son las veces que he deseado que una simple pastilla fuera la solución de esta enfermedad y que al tomármela pudiera despertar en un mundo mejor. Pero no es así de fácil, todo tiene un porque y cada persona, por muy pequeña que sea, lo tiene que buscar para poderse encontrar a sí mismo.

      Mis manos al notar las teclas del teclado esrciben sin parar. Nunca he sido capaz de verbalizarlo, pero puede que esto sea el principio de una vida mejor. Una vida que sólo está en mis manos cambiarla.

      Casi libre

      Casi libre

      Salgo al balcón, cojo un cigarro de la caja y me lo meto en la boca. A veces me gustaría que mi vida fuera eso, una calada detrás de otra, consumirse poco a poco, vivir por un momento y ser libre como el humo que sale de mi boca.

      Las vistas son horribles, sobretodo por la tarde, todo edificado, todo destruido. Dañado por la mano del hombre, así como los humanos, pero me encanta el paisaje, la contaminación le da un toque desagradable, indescriptible.

      Me gusta mirar a la gente que anda por la calle, a veces pienso que puedo cambiar sus vidas solo contemplando un instante. Como en un accidente de coche, te distraes un segundo y las consecuencias son imparables; pero no de esa forma.

      Por eso hay días en que observo mis piernas y las comparo con las suyas. Casi todo es igual.

      Casi.

      Caminar, correr, saltar y trotar. Los doctores siempre me han dicho que seré capaz de realizar todas esas acciones, pero no sentiré la hierba entre mis dedos, el dolor de unos zapatos nuevos ni hará falta que me corte las uñas de los dedos.

      La cuestión es que es una especie de esqueleto formado de acero y estructurado por un fémur, tibia y peroné en cada pierna, añadir los 26 huesitos formados de acero que estructuran los pies y gracias a unos sensores conectados a mi cerebro entienden si quiero ir hacia atrás, hacia delante o a los lados.

      Es complicado andar con el esqueleto de acero puesto, los doctores no dejan de repetirme que tengo que conseguir sintonía completa con cuerpo y mente. Pero no entiendo cómo quieren que consiga sintonía con dos piernas con las que no he caminado la mitad de mi vida.

      La parte divertida es cuando conectan el sensor en mi cerebro. Y digo divertida porque si toca algo que no debe, adiós piernas y adiós vida.

      El sistema límbico es intocable. Rózalo y el descontrol de las emociones sería imparable. Por esa razón hay que conectarlo en el sistema nervioso simpático, que controla las acciones voluntarias. Los médicos sin embargo, barajan la posibilidad de conectarlo al sistema nervioso autónomo, que es un sistema extra piramidal y no llegaría a la parte consciente del cerebro. Sinceramente, opino que de la parte involuntaria se puede prescindir, pero ellos dicen que podría quitarme libertad e independencia en mis movimientos.

      Hace mucho tiempo que no me siento libre, ni tampoco independiente. Tengo que utilizar coches para discapacitados, plazas para discapacitados, baños para discapacitados… ¿Y qué significa ser discapacitado?

      Ser dependiente.

      Por eso este experimento me emociona tanto, puede salir bien o puede salir mal. Es una oportunidad para volver a reír o puedo seguir paralítico o incluso morir. Literalmente. Soy un conejillo de indias.

      Confío en la tecnología del siglo XXII, si hemos conseguido adaptarnos a la alta contaminación del planeta, podemos crear piernas artificiales.

      Cierro los ojos y me visualizo en la camilla, preparado para entrar en quirófano… noto la anestesia haciendo efecto, entro en un sueño profundo y cuando despierte no habrá vuelta atrás…

      CIENCIA = SALVAR VIDAS

      CIENCIA = SALVAR VIDAS

      CIENCIA = SALVAR VIDAS

      Corre el año 2050, estoy en la gala de los premios Nobel, y mi nombre suena favorito para ganar el premio de medicina por mi gran invento, conseguir adaptar el material más versátil del mundo al campo de la medicina, lo que ha abierto las puertas a muchos avances, desde detectar enfermedades con muchísima antelación, hasta la creación de prótesis con unas características que se asemejan muchísimo a las de cualquier parte del cuerpo humano. Sí, les estoy hablando del grafeno. Aunque no tenga ningún discurso preparado, sé perfectamente que es lo que voy a decir.
      - Bien, señoras y señores, ahora vamos a pasar a la entrega de premios del campo de la medicina – Anuncia el presentador con bastante entusiasmo - La tecnología de todo tipo, ya sea medicinal, educativa, e incluso aeroespacial ha avanzado mucho en los últimos años, pero en esta sala hay un hombre que lo ha llevado hasta el extremo para poder salvar la vida de su hermano, y más tarde la de muchos más hombres que necesiten la ayuda de su invento.
      - Señoras y señores con ustedes!… - Anuncia ahora la presentadora – ¡Jordi de la Cruz!
      Me levanto de la butaca mientras todo el mundo me aplaude, mi cara no refleja mucha satisfacción, subo las escaleras del escenario, me entregan el premio y me sitúo detrás del atril para decir unas palabras, espero a que la gente deje de aplaudir, y entonces, empiezo:
      - Gracias, gracias; es un gran honor para mí ganar este premio, sabiendo que muchos más doctores también han tenido esta oportunidad ya que no solo yo he conseguido avanzar tanto en el campo de la medicina; sois vosotros los que me habéis elegido, pero pienso que lo que hice, lo tenía que hacer, era mi obligación como doctor y como hermano pequeño, ya que si fracasaba no me lo hubiera perdonado nunca. ¡Gracias!
      Bajo las escaleras y me siento en la butaca.
      - Para finalizar, la actuación del grupo de música ColdPlay!
      Al finalizar el concierto, todos fuimos a nuestras respectivas casas.
      La mañana siguiente, me levanté bastante tarde ya que tuvo que despertarme “Javier”, el sistema operativo instalado en mi casa. Ese día tenía fiesta así que lo hice todo tranquilamente y sin prisas. Al terminar de desayunar, encendí el ordenador y entré en mis redes sociales, como ya esperaba estaba todo lleno de felicitaciones, pero mucha gente quería saber más detalles de mi camino hacia el invento revolucionario que salvaría muchísimas vidas. Había todo tipo de preguntas, así que decidí contar toda la historia desde el principio. Pero lo hice para que todo el mundo se enterara, mediante una entrevista para el periódico más influyente del momento. Envié la petición, y antes de 24 horas, ya habían aceptado. La entrevista se realizaría en mi casa y harían solamente una pregunta.
      Llegó el día, y el entrevistador llego a mi casa junto con un redactor que iría copiando todos los detalles de la historia.
      - Bien, Jorge de la Cruz, empecemos, ¿Cuál es la respuesta a todas las preguntas realizadas por las redes sociales? - preguntó el entrevistador.
      - Bueno pues la respuesta a todas esas preguntas, estoy seguro de que es, contar la historia desde el principio: Todo empezó cuando a mi hermano le diagnostiqué una enfermedad muy rara, la cual todavía no tiene nombre, esta atacaba a los órganos vitales y al tejido de la piel. Esta enfermedad, ya se predecía que solamente tenía dos curas, si la enfermedad solo atacaba al tejido, la solución era el amputamiento precoz para que no se pudiera extender por el resto del cuerpo; o si atacaba a los órganos, no había solución posible, a no ser que hubiera una forma de crear órganos artificiales, los cuales pudieran realizar la misma función que los originales sin afectar al funcionamiento de los demás. Al principio, la enfermedad se extendía por la parte del hombro izquierdo, entonces, nosotros no sabíamos que podría ser, así que estaba en investigación; la mancha negra cada vez se extendía más por el pecho y el brazo, hasta que un día empezó la arritmia del corazón con peligro de infarto, descubrimos que la mancha había llegado al corazón, y teníamos que actuar rápido si no queríamos perderle. Yo estaba muy preocupado, cuando se me ocurrió la idea, era muy eficaz y en un par de pruebas lo pusimos en práctica con humanos, funcionó a la perfección. Ahora mi hermano vive con su mujer e hijos, tiene un corazón hecho de grafeno funcionando a la perfección además de un brazo robótico también hecho de grafeno el cual tiene la misma funcionalidad que un brazo humano. Él es feliz.

      COMEBACK

      COMEBACK

      20 de Mayo 2025
      La raza humana dió un gran salto avolutivo, con grandes inventos, como son: el coche volador o la realidad virtual entre otros muchos.
      22 de Septiembre 2036
      Este es el año en el que la raza humana llega a su máximo apogeo. No solo mundialmente, sino interestelarmente. Todo esto gracias al proyecto de Stephen Hawking llamado Breakthrouht Starshot. Este proyecto consiste en crear un ejército de minúsculas naves ( tan pequeñas que tenían el tamaño de un chip de ordenador) que fueron lanzadas hacia el sistema solar Alfa Centauri, en el que se encontró un planeta con las condiciones similares a las de la Tierra.
      Este fué el último año de gloria para la raza humana.
      2037
      Estalla la tercera guerra mundial. Rusia y Estados Unidos entran en conflicto por tener el control de los viajes interestelares. El mundo se divide en dos bandos; los que están con Estados Unidos y los que están con Rusia.
      2045
      El conflicto parecía estar terminando, ya que ambos bandos habían sufrido muchas bajas. Debido a la guerra, el mundo había dejado de lado una amenaza muy cercana, los terroristas. En el 3 de Diciembre del año 2045, los terroristas se habían hecho con el poder de potentes bombas nucleares capaces de destruir varios paises. El 31 de Diciembre, los terroristas lanzaron las bombas nucleares a Rusia, Estados Unidos y China. El mundo se sumió en caos. Los paises restantes se unieron para formar túneles en los que sobrevivir a la radiación.
      2047
      Solo el 20% de la población mundial, reside en los túneles. El resto ha sido abandonado en la superficie.
      Los túneles albergaban toda clase de comida que se pudo conseguir de la superficie, y adenás, mucho espacio para cultivar comida.
      Se calculaban unos 3 o 4 años de radiación en la superficie.
      2050
      Yo y un grupo de exploradores, fuimos de exploración a la superficie. La primera vez que alguien sale al exterior después de 3 años. La imagen que vimos era desgarradora. Una ciudad inundada de la naturaleza, y miles de cuerpos humanos en el suelo.
      La radiación casi había desaparecido, aunque aun costaba respirar.
      2051
      La especie humana vuelve a la superficie. La radiación ha desaparecido y es tiempo de volver a colonizar la Tierra.
      2070
      La especie humana lleva 19 años expandiendose y recuperando su antiguo explendor. Pero justo el 3 de Marzo se divisa ina plataforma de las dimensiones de la Luna acercandose a la atmósfera terrestre. Las naciones se quedan en estado de shock. Los aliens han llegado y no se sabe si serán aliados o enemigos. El 6 de Marzo la humanidad casi esta extinguida. Al parecer, los extraterrestres querian apropiarse de los recursos naturales de la Tierra.
      El 10 de Marzo, las fuerzas armadas consiguen apropiarse de una nave extraterrestre. En su interior había una base de datos con información. En ella se podía observar un mensaje que se había enviado desde la Tierra an el año 1974. También se encontraron unos planos indescifrables de una nave.
      El 20 de Mrzo la especie humana decide retirarse a los túneles que antes les habían ayudado a protegerse de la radiación.
      2072
      Las mentes mas inteligentes de la Tierra consigues descifrar los planos de la nave, y descubren como hacerla.
      Además, pretenden hacer que la nave pueda hacer viajes interestelares basandose en el proyecto starshot. El plan es crear una especie de maquina del tiempo que permita avisar al pasado de lo que va a suceder en su futuro. La idea parece descabellada, pero se logra crear una nave capaz de hacer viajes interestelares más rapido que la luz. La idea era ir al sistema solar mas cercanoy desde allí ver la Tierra varios años atras, para así lanzar una cápsula que vuelva a la Tierra en ese momento.
      2073
      La misión Comeback comienza el 25 de Diciembre. La nave sería lanzada con tres astronautas en su interior.
      A la Tierra le quedaban pocas horas de vida debido a la extracción de recursos por parte de los extraterrestres, así que hebía que hacerlo todo muy rápido.
      A las 16:00, yo y mis dos acompañantes fuimos lanzados al espacio dirección Alfa Cenauri. Justo al salir, vimos como los extraterrestres se iban y la Tierra explotaba debido al sobreenfriamiento del núcleo. Mas o menos calculabamos que ibamos a tardar unos 7 u 8 años en llegar, así que nos metimos en una cámara de criocongelación que nos despertaría al llegar al destino.
      3081
      Nos hemos despertado y nos hemos praparado para enviar esta carta. A la nave no le queda mucha enrgía, asi que cuando enviemos esta carta, la nave explotara. Esperemos que llegue al pasado. Y si estas leyendo esta carta avisa a todo el mundo y no cometas los errores del futuro.

      COMO ALICIA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS

      COMO ALICIA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS

      Era todo muy extraño, no sabia si era real o no, pero parcia un sueño. La gente de mi alrededor cada vez se hacia mas pequeña, los libros crecían, yo crecía.
      Era dificil de creer, pero era cierto, catorze de febrero, el dia de san valentín, todo el mundo con sus parejas y yo en una clínica donde habia gente con diferentes diagnósticos y todos cada vez mas raro, pero sin duda el mio era el ganador ese dia.
      Síndrome de Alicia en el país de las maravillas, o lo que viene a ser un transtorno neurológico. Síndrome que afectaba a niños pequeños o a adultos con cierto grado de migraña, y uno de esos niños era yo, a ver, niña, niña, lo que se viene a decir niña, no era, solo unos dieciseis añitos.
      Me diagnosticaron terápia de grupo, donde se suponía que irían chicos y chicas de mi edad (más o menos) y me ayudarían a recuperarme (solo un poquito). Allí conocí a mi actual mejor amiga, Julie; padecia de un transtorno del sabio, tenia memrizados de pies a cabeza más de 2.000 libros aunque no todo era increible, sino que eso le hacia olvidar o no saber hacer cosas básicas y eso era un poco chocante.
      Hizimos montones de planes para irnos de viaje, de acampada o a cualquier sitio exepto esa estúpida terápia que no servia para nada (bueno para algo si pero...) la ilusión era tan grande que ninguna de las dos pensaba que todo hubiera acabado en esta situación, a ella le dieron "el alta" y se recupero (no del todo) bastante bien.
      Se fue, le dije que me llamara, aunque no lo hizo tantas veces como yo esperaba, a veces me mandaba fotos, tenía un piso y un novio (un possible futuro marido), ella siempre me decía que le encantaría tener un marido que la quisiera (bueno eso todas las mujeres) y dos hijos o tres, un niño y una niña preferentemente; Jack y Melodie.
      Y parecía que lo iba a conseguir, quiza era la persona más valiente que habia conocido jamás.
      Increible.
      Yo sin embargo, seguía allí sin hacer nada de lo que propusimos, bueno, en algo si que acerté porque tenia una família que me cería y una amiga que sin duda iba a llegar muy lejos.
      Y estaba decidida a comerme el mundo haciendo lo que más quería.
      Porque ni la reina de corazones me iba a ganar esta vez.

      COMO DOS GOTAS DE AGUA

      COMO DOS GOTAS DE AGUA

      Como dos gotas de agua

      Un miércoles por la mañana se encontraba una ciudad un poco triste con unas nubes muy grises, un típico día de lluvia. En esas nubes habitaban diferentes familias, como por ejemplo la familia de Valentina. Ella era la más pequeña de su familia, no le gustaba mucho por que algunas veces se reían de ella por su edad, pero siempre lo afrontaba con su poderoso carácter. Valentina era una gota muy simpática, tímida y abecés un poco marimandona, pero era lo que se hacía llamar una gota bien puesta. Cuando ya eran casi las nueve y media, anunciaron que todos se fueran preparando para caer, y tal como dijeron Valentina empezó a prepararse. Cuando ya estaba todo el mundo, empezaron a caer las primeras gotas. En esa mañana, cuando Valentina ya se había lanzado, por el camino, se encontró la gota más maravillosa que se había encontrado jamás. Esa gota misteriosa en la que se había fijado ella, se llamaba Matías. Al verlo no tuvo más opción que ir a presentarse y le dijo muy convencida de si misma y a la vez un poco tímida, hola me llamo Valentina encantada, y él le dijo su nombre y los dos empezaron a hablar. Cuando llevaban un tiempo hablando, Valentina se enteró de que él le gustaba muchísimo, y ella por dentro pensaba continuamente que era la gota perfecta, que era la gota con quien ella siempre había querido un futuro, de aquellas gotas que solo al abrir los ojos por la mañana las ves enfrente tuyo. Los dos no paraban de hablar de su vida y de los anécdotas que habían vivido, por lo que se veía tenían muchas cosas en común, los dos todo el rato se admiraban uno al otro, los dos habían sufrido un flechazo amoroso, los dos cuando se miraban a los ojos sentían mariposas que les recorría por todo su cuerpo, eran como dos gotas de agua.

      Cuando ya se estaban acercando a la superficie, tanto el uno como el otro habían de actuar cada vez un poco mas rápido y Matías como era una gota impaciente, decidió ofrecer su primer beso a Valentina, ella sin esperárselo se quedo sin habla pero a la vez era su mejor día. Por desgracia sus vidas no eran muy largas y siempre tenían que aprovechar cada minuto e incluso segundo de sus vidas.

      Matías y Valentina estaban preparados para aterrizar encima del paraguas rojo para poder sobrevivir. Los dos estaban muy bien cogidos, seguros de donde iban a caer, pero un viento inesperado les vino por detrás y por desgracia los separo y hizo que Valentina se cayese encima de una triste y gris calle dejando su rastro de agua caer por una grieta, pero los dos, seguían siendo como dos gotas de agua.

      Conceder un sueño

      Conceder un sueño

      Cada día cuando me tumbaba en la cama mi cabeza solo podía pensar en eso que soñaba ser des de los tres años, cada tarde cuando volvía del colegio me enganchaba a ver la serie de “hospital central”, mi sueño era ser como Laura la protagonista de la serie, tenia una bata blanca como la suya que solo la usaba para ver la serie. Tenia diecisiete años apunto de los dieciocho apunto de jugármelo todo y a punto de hacer selectividad, quedaba una semana para el examen los días cada vez que se iba acercando el momento se iban haciendo mas largos y cada vez mas nerviosa pero quería que pasase ya lo antes posible y lo más rápido posible, tenia que entrar en la universidad pública si o si, o no podría estudiar medicina, mis padres estaban pasando por una mala época económica y no se podían permitir que su hija fuera a una universidad privada casi cuando no llegábamos a fin de mes, yo tenia mi pequeño trabajo del chiringuito de la playa pero solo en verano. Mi madre estaba convencida que sacaría más de un doce con siete sobre catorce simplemente por que me lo merecía por la voluntad y el estudio que he mostrado des de siempre con esto, solo quedaba un día para el momento al día siguiente había de estar a las ocho allí haría un último repaso y ya no me lo miraría mas ni pensaría en eso más, una profesora de catalán que era mi tutora en quinto de primaria me dijo que me había de dejar de mirar los apuntes unas horas antes porque si te lo lees a última hora te pones mas nervioso y vas pensando que no vas a aprobar, que no te lo sabes y te quedes totalmente en blanco. Llego el día mi madre me dejo, y me di cuenta que me había olvidado los apuntes en casa, me acorde de mi antigua profesora y dije que me quería ayudar. A la semana siguiente de haber realizado el examen me habían dicho que había sacado un doce con nueve y que entraba sin ningún problema para entrar en la universidad pública de medicina, de la emoción no sabia que hacer ni como expresar como me sentía cuando llegue al coche donde mi madre me vino a recoger, ella sabia que ese doce de diciembre nos daban las notas, entre al coche y le dije a mi madre: he aprobado y empecé a llorar no sabia por que si era de la emoción o de que era y me di cuenta que había cumplido una parte de mi sueño que quería que se concediera des de los tres años. Hoy tengo veintisiete años vivo en Estados Unidos y trabajo en uno de los mejores hospitales de Nueva York como cirujana, he cumplido mi sueño y estoy muy orgullosa por la pena que ha valido el estudio y las noches estudiando sin poder dormir, he podido sacar a delante a mis padres que han sabido como llevarme por el buen camino y educarme de la mejor manera que ellos sabían o podían. El otro día con mi primera operación de mas riesgo me di cuenta de lo que es para una familia que su hijo que se esta muriendo por un tumor en una de las extremidades del cuerpo, encontrado muy grande y extendido por más partes del cuerpo y tu puedes conseguir de alguna manera salvarle la vida, sabes que luego habrá de pasar por muchos ciclos de quimioterapia y perderá la extremidad pero sabes que has salvado una vida. Para mi salvar una vida es como para un policía encontrar el asesino o el ladrón. Simplemente doy gracias a la gente que me ha animado y me ha levantado cuando había caído y estaba hundida, sobre todo a mi familia con sus ánimos y ayudas que podían hacer por los pocos recursos que habían podido tener, hoy en día me siento orgullosa de hasta donde se puede llegar con un poco de ganas y de voluntad.

      CREER ES CREAR

      CREER ES CREAR

      CREER ES CREAR

      Os presentaré a alguien el cual me da su propio punto de vista y me dice, eso si, no a ciencia cierta, ya que es prácticamente imposible, que va a suceder meteorológicamente. Se trata de mi Bolita mágica que todo lo ve. ¿De locos verdad? Pues la respuesta es negativa. La única pega es que no pueda tener una comunicación directa con vosotros, creadores de la Bola, aunque para eso estoy yo aquí, para interpretarla y cuidarla como una reina. Gracias a ella he conseguido abrir los ojos y me he dado cuenta de muchas cosas que son falsas. Yo antes me creía todo lo decían los medios de no solo este país, si no de todo el mundo, acerca de un fenómeno el cual cada día que pasa, se hace cada vez más y más famoso, se trata del cambio climático. Éste está relacionado con el calentamiento global, un término que se utiliza para referirse al aumento de temperatura del planeta, es decir, de la superficie oceánica y terrestre. Sólo con esta definición la Bola ya da una razón para que no nos creamos esta “moda” impuesta por los gobiernos. ¿Los gobiernos? ¿Qué tienen que ver ahora los gobiernos con un esto? Pues mucho amigos míos, pero claro, los medios también enseñan lo que quieren y también lo que pueden, si lo que pueden, ya que nunca han informado a la población de que en el caso de España se está fumigando para que haga el ya conocido efecto invernadero (Ups, esto me suena a algo llamado contaminación , que raro…)lo que desembocaría al aumento de la temperatura, con lo que este país se convierte en un atractivo para los turistas, de manera que el gobierno se frota las manos al ganar y ganar dinero procedente de los extranjeros. ¿A qué no sabías esto? Normal si los medios, lo dicho… Mirad, ya os vais a la cama sabiendo una cosa más, entre más cositas que van a venir…
      Este invierno se ha caracterizado por conseguir récords de altas temperaturas y de la escasa nieve en el país. ¿Esto si es por la contaminación o calentamiento global, no? Pues ni uno ni otro, ya que el culpable de esta sequía y temperaturas anormales para la época no es ni más ni menos que “El Niño”. Éste es un fenómeno climático relacionado con el calentamiento del Pacífico oriental, con ciclos entre tres y ocho años. El agua de dicho océano aumenta unos 2 grados centígrados. A mi me costaba de entender, ya que entran en juego bastantes factores, pero para que me fuera más fácil, mi amiga, la Bolita, me dijo que esto del calentamiento global en verdad es “El Niño” un fenómeno natural donde las aguas del Pacífico oriental entran en un proceso de subida de la temperatura, y si queremos formalizar y educar a este niño la mejor forma es teniendo fe en la Bola y uno mismo, ya que los creadores tenemos esa virtud y la tenemos que aprovechar.
      Pero si, “el Niño” es el culpable, pero… ¿Dónde está el frío? ¿Ha desaparecido? El frío ha estado escondido todo este tiempo en su base, en el Ártico, el cual también la Bolita me dijo hace unos días que este año el hielo ha aumentado y por el contrario, el deshielo ha disminuido, lo contrario a lo que nos exponen. Como decía el frío ha estado en el hemisferio norte, dentro de su mamá, el llamado Vórtex Polar, un conjunto de vientos circulares que han estado girando en torno a este hemisferio, a tal velocidad, que allí ahora mismo hay concentrado mucho, mucho frío, de manera que los vientos al girar tan rápido no han permitido que esta bolsa de aire frío se “pinchase” y todo el frío concentrado pudiese hacernos unas cuantas visitas. Pero tranquilos, mucha fe, ya que hará un par de semanitas ( Estoy interpretando a la Bola un 18 de febrero de 2016), estos vientos giratorios empezaran a disminuir su velocidad, de manera que el vórtex se debilitará y todo el frío embolsado… Ya sabéis… Otro factor a tener en cuenta, el aire frío vendría con viento asociado de componente noroeste o norte, lo que llevaría a que el aire frío interactuase con el mar, de manera que este aire frío, en vez de llegar seco, llegaría húmedo, hecho que podría traernos a la península grandes y bellos episodios de hermosa nieve… ¡en cotas bajas, es decir, en zonas no habituales! ¡Gracias Bolita por darnos esta ilusión!, ya que viniendo de ti, es difícil que no se cumpla… Me temo que nuestra querida Bolita va a tomarse un descansito, que falta le hace, y como diría ella, “rica nieve por esperar, rica nieve por gozar”…

      Crónicas de León

      Crónicas de León

      Las persianas de mi habitación se abren y una tenue luz del amanecer atraviesa los cristales de las ventanas e ilumina la estancia. Me tapo la cabeza con las sábanas en un intento de continuar durmiendo pero resulta en vano pues, cómo todas las mañanas, mi despertador realiza su labor.
      -Hora de despertar Tasha. Me dice el holograma de pie al lado de mi cama. Podría ignorarlo, pero no me dejaría en paz hasta que me levantase. Así que despacio me levanto, me pongo mi bata y salgo al balcón. Los primeros rayos de luz del sol iluminan los altos edificios metálicos de León.
      Aun que sea muy temprano el tráfico de coches y aerocoches ya es denso, y los trabajadores de la parte baja y la parte alta de la ciudad están a todo vapor. Los carteles holográficos de anuncios nunca desaparecen de las fachadas de los edificios más importantes. Y se extiendo la vista hacia el horizonte se puede ver la alta valla electrificada que marca los límites de la ciudad.
      -Llegarás tarde al entrenamiento Tasha. Me comunica el holograma.
      -Voy ahora mismo. Le contesto. Enseguida me visto, desayuno y voy al ascensor. Pongo mi mano sobre una placa que escanea mis huellas digitales y el ascensor se pone rumbo al subsuelo, que es donde se encuentran, además de las carreteras para camiones de carga y plantas de reciclaje y depuración, las instalaciones militares de la ciudad, que están en el último nivel del subsuelo.
      Al llegar, me encuentro con Dek, un amigo que tengo desde que llegué aquí.
      -¿Listo para recibir una paliza? Le pico.
      -Hoy no Pelirroja. El capitán quiere verte.
      -¿Para qué?
      -Ni idea. Pero no parecía de buen humor.
      -Genial, no hay nada mejor que recibir gritos para empezar bien la mañana-Digo con sarcasmo-Bueno, nos vemos más tarde.
      -Vale, adiós.
      Doy media vuelta y subo en ascensor hasta la sección de la sala de comando, donde me encuentro con el capitán Ramos.
      -Capitán.
      -¿Porqué ha tardado tanto soldado?
      -Vine lo más rápido que pude ¿Qué ocurre?
      -Nuestros radares detectaron a una unidad de biónicos acercándose a la base leste de la valla.
      -¿A qué distancia están? Al preguntarlo, se escucha un disparo y la alarma comienza a sonar.
      -Señor, los biónicos llegaron al a la valla. Informa otro soldado.
      Yo rápidamente me siento en una de las cillas de disparo. Las cámaras de la base enfocan los aerodeslizadores que se acercan.
      -Preparen y apunten los cañones de plasma. Ordena el capitán. Lo hago, enfoco bien en uno de los aerodeslizadores y…
      -Disparen!
      -Disparo. Consigo acertar el objetivo, el cual cae en picado. Sigo disparando a los demás que se acercan hasta que uno de sus disparos acierta el cañón.
      Los demás soldados continúan disparando, pero los aerodeslizadores llegan a montones, los cuales fueron inutilizando los cañones uno a uno, hasta que al final consiguen pasar la valla.
      -El capitán avisa la aleta roja y ordena que todas las unidades de defensa suban a la superficie.
      Unos segundos después, se pueden ver y escuchar a través de las cameras de seguridad los estruendosos disparos de los atacantes, y gritos de los civiles. Al cabo de un rato todo se silencia, y lo único que se escucha es la voz de un soldado.
      -Se retiran! Los aerodeslizadores se retiran!
      En la sala de comando todos aplauden y suspiran de alivio. El capitán sobre todo.
      Después de estar toda la tarde vigilando a ver si no volvía los biónicos, vuelvo a casa. Me siento agotada y todavía tensa por el ataque. Bajo del ascensor, abro la puerta de mi apartamento y entro.
      Enciendo las luces y, le veo, sentado en mi sofá. Intento volver salir, pero dispara a la cerradura con el laser que le sale de los ojos y la funde.
      -Cuanto tiempo sin verte Tasha. Dice Sam con una sonrisa ladeada.
      -¿Qué quieres Sam? Pregunto tajante.
      -Quiero hacerte una oferta. Quiero ese colgante que tienes.
      -Yo no hago tratos con biónicos.
      -No tienes elección. A menos que quieras que tu madre muera.
      -¿Mi madre? Murió hace años.
      A su derecha se proyecta un holograma de una mujer sucia y llena de cicatrices. Es mi madre.
      -¿Eso crees? Si no quieres que muera, mañana llévame el colgante a la valla. Lo dice y se desvanece.
      Es un farol. Mi madre no está viva. La vi morir con mis propios ojos y, ese colgante es lo único que me une a ella y a Cato, mi hermano.
      No le veo desde que empezó la guerra. Él y la mayoría de los seres humanos abandonaron el planeta. Yo, sin embargo, cómo muchos otros me quedé abandonada aquí. Él intentó salvarme pero no consiguió.
      No sé que puedo hacer ¿Hay alguna posibilidad de que mi madre siga con viva?

      Crucero intracelular

      Crucero intracelular

      ¿Alguna vez te has preguntado a dónde te gustaría viajar? Pues eso mismo es lo que se nos ha ocurrido a nosotros. Somos Pepa y Jesús, una pareja de amigos que comparten muchas cualidades, entre ellas nuestra gran pasión por la ciencia y nuestra enorme imaginación. Muchos niños de nuestra edad habrían decidido viajar a otro país, pero nosotros hemos pensado viajar a una célula animal; aunque parezca complicado lo tenemos todo planificado.
      Para empezar, deberíamos reducir nuestro tamaño menor al de un orgánulo celular, tendríamos que construir una nave que también reduciríamos y que fuese capaz de atravesar la membrana plasmática (que es semipermeable) y nos condujese por el citoplasma, a sus distintos componentes ¡Iremos directos al núcleo! Allí podremos observar los distintos procesos celulares. Tras un ajetreado día descansaremos en nuestra nave aparcada sobre algún cromosoma. Después de un día increíble en el núcleo iremos a visitar algunas mitocondrias,donde se produce la energía por oxidación y donde la molécula ATP participa ,y el aparato de Golgi, en el que podremos observar cómo se expulsan sustancias por las vesículas de secreción .
      En este viaje nos saltaremos el retículo endoplasmático, pero aun así por el tamaño del depósito ya estaremos sin combustible así que para salir de la célula, nos dirigiremos al lisosoma más próximo y seremos expulsados junto a otros desechos difíciles de digerir. Por último, queda ampliarnos. ¡No nos queremos quedar así!¡Será un viaje increíble!

      Cuando no hay nada que perder, solo se puede ganar.

      Cuando no hay nada que perder, solo se puede ganar.

      Como ya sabéis me llamo Jessica Serrano y estas son las últimas hojas de mi Diario.


      Querido Diario,

      Hoy es día 3 de enero de 2009. Ya no soy la misma que fui en un entonces. He cambiado. La ciencia me ha cambiado. Me ha hecho sentirme como hace mucho que no me sentía. Me siento viva, como la típica niña de mi edad. Una chica sin problemas sanitarios.

      Comienzo a respirar con facilidad, he comprobado que mi capacidad pulmonar se ha duplicado. Los constantes tests que me hacen muestran que mis latidos son estables, y que mejoro a medida que pasa el tiempo. La digestión de alimentos aún me presenta problemas. Desde la operación parece que mi nuevo sistema digestivo carece de su funcionamiento habitual. Por lo demás, es como si el resto de mi cuerpo se hubiese regenerado. Ya no padezco los síntomas que me provocaba ese cáncer tan devastador que se iba apoderando de mí, en poco tiempo. Me lo detectaron hacía no más de 5 meses, y pasadas unas semanas se había expandido desde una décima parte de mi pulmón izquierdo hasta gran parte de mi aparato respiratorio. Había sido una situación difícil de masticar, ya que no había tenido tiempo para asimilarlo. Ni mi madre tampoco. Era lo único que le quedaba. Mi padre falleció cuando yo tenia 3 años; 4 menos de los que tengo ahora. No terminaba de entender por qué me estaba ocurriendo esto. Aunque al parecer, no era tan inusual hoy en día.

      Una mañana llegaron unas enfermeras a la habitación 221 de la segunda planta en el Hospital Miguel Servet, Zaragoza. Llamaron a la puerta, y como de costumbre, supuse que me realizarían algún análisis para comprobar mi estado. En pocas semanas, supe analizar cada una de las expresiones de los médicos cuando venían a ponerme al día. Gracias a ello, y a los sollozos de mi madre por las noches cuando se quedaba dormida a mi lado, agarrándome la mano, pude darme cuenta de que mi salud caía en picado. No me quedaba mucho mas tiempo de vida.

      Una noche, oí como mi madre hablaba con mi médico, el señor Hernan. Al principio solo oía susurros sin poder distinguir muy bien las palabras que se decían. Hubo un momento que mi madre alzo la voz, y entonces distinguí una pequeña parte de la conversación. Decía así: "Pero Pablo,¿sabes con certeza si hará desaparecer el cáncer?"

      Días después, vino a mi habitación una enfermera. Llevaba en su mano una jeringuilla. A medida que me inyectaba el líquido, iba cerrando los ojos. Caí dormida. A las horas, me desperté. Me sentía diferente. Ya no necesitaba respirar mediante una mascarilla. Note el aire en mis pulmones, el aire fresco, que daba gusto respirar. Hacía mucho que no lo sentía así, ya no notaba pinchazos cuando lo inhalaba. Me incorporé y acto seguido, salté de la cama eufórica. Vi como mi madre se dirigía hacia mi cuarto con su café mañanero lleno de espuma, y con buena cantidad de azúcar, que la animase. Vi como fruncía el ceño al verme correr en dirección hacia ella. De inmediato, tiró el café por los aires y una sonrisa se esbozo es su rostro de par en par. Levantó los brazos y vino corriendo hacia mí. Me agarro tan fuerte, que apenas sentía mi cuerpo. Y entonces le dije: "Gracias". Comenzamos a llorar sin parar. Me beso la frente, y no me soltó hasta que Pablo nos volvió en sí.

      ¿Qué es este escándalo?- soltó alegremente.- ¿Te encuentras bien Jessica? Parece que no te ha quedado marca.- dijo, examinando mis brazos.
      ¿Cómo lo habéis hecho?- pregunté intrigada.
      Como pudiste comprobar, te hicimos varios análisis de sangre estos últimos meses. Al analizar esa sangre en laboratorio, después de mucho tiempo dimos con el gen que te estaba causando esa enfermedad. Realizamos varios experimentos día tras día, y mediante ese gen, encontramos otro en una especie de planta poco frecuente. Vimos como ese gen, modifico tu ADN haciendo que el gen causante del cáncer dejase de reproducirse y cesase. De hecho, lo reduce, cada minuto que pasa desde que te lo inyectamos.

      ***

      Quedé abrumada ante tal perspicacia. Jamás había oído hablar de tal experimento. Se dicen llamar transgénicos. Y a partir de ese día puedo decir que, gracias a ellos, soy como soy ahora. Mi vida cambió por completo desde aquel momento. Así que, hoy, día 12 de abril de 2016, siete años después; vivo felizmente acompañada de mi madre y su nuevo marido. A quien si no fuera por esos transgénicos no habría conocido ni podido compartir todos aquellos momentos que he compartido, junto a mi madre. Y a lo que me concierna, voy a poder compartir muchos más años.Y con esto me despido.

      Descanse en paz, mi Señor

      Descanse en paz, mi Señor

      Descanse en paz, mi Señor

      Hoy día 20 de Abril de 1616, Sancho Panza y yo, temíamos que Don Quijote de la Mancha, nos abandonará hoy dejando tras él un rastro de tristeza y nostalgia. Pero antes de que nos dejara, le contó una historia que Sancho Panza había escrito para él:

      Érase una vez, un día cualquiera, Don Quijote soñaba con ser un famoso inventor científico, y ese mismo día, se le iluminó la mente, y tuvo una idea que marcaría un antes y un después en la astronomía. Soñó con conseguir observar y por tanto, explorar el universo a través de un invento que te permitiría ver todo más de cerca. Él se lo imaginó con forma de tubo y unas lupas en su interior. En cuanto pudo, fue a contárselo a Sancho, su fiel escudero, el cual le dijo que dejara de soñar, que eso era prácticamente imposible. ¡Tonterías! Exclamó Don Quijote, y acto seguido ordenó a Sancho que le ayudará a crear esa magnífica idea que había tenido. En cuanto encontraron una oportunidad se pusieron manos a la obra. Sancho Panza, le trajo una lente, y un estrecho tubo que había encontrado, tal como le había ordenado Don Quijote . Ahora faltaba el paso de unir las dos piezas. Don Quijote miró a través de la lente, y pudo observar que todo parecía más próximo a él, e incluso más grande. Recortó la lente, de manera que tuviera el mismo diámetro que el tubo, y lo encajo con suavidad en el interior del tubo.
      Esperó a que cayera la noche, y se subió a la azotea de su humilde casa. Desde allí, pudo observar que el universo era mucho más distinto de lo que la gente pensaba. Pudo observar el tamaño de las estrellas, los cráteres de la luna, pero poco más, ya que esa lente no era suficientemente efectiva. Lo importante, es que a partir de ese momento y ese invento, el mundo de la astronomía iría más allá, haciendo los telescopios más expertos y efectivos, y descubriendo el universo poco a poco. Y todo gracias a él, al queridísimo Don Quijote de la Mancha, y a su fiel escudero Sancho Panza, el cual se quedó atónito al conocer la magnífica mente de ese hombre.
      Los dos pasaron toda la noche observando la historia del universo, de la cual habían descubierto una parte y la cual irían descubriendo más adelante diferentes hombres que pasarían a formar parte de la historia.

      En la dedicatoria ponía:
      Usted no ha sido un héroe en aspecto científico únicamente, sino que ha sido un héroe en todos los sentidos. Por eso le doy mis más sentidas gracias.

      Tras oír esa historia el magnífico Don Quijote, se emocionó, y le agradeció a su escudero haber pasado con él todo esos años, incluso le llego a decir que fue su mejor amigo y que le extrañaría mucho, tras esas dulces palabras Don Quijote cerró sus dulces ojos y se durmió, se durmió para siempre.
      Finalmente, Don Quijote murió el día 22 de Abril de 1616, acompañado de la presencia de su fiel escudero, y recordando una y otra vez esa increíble historia.

      Lo gracioso de todo esto, pensé, es que esta ficticia historia era más o menos una realidad, ya que el primer telescopio se inventó en 1608, aunque eso todavía no había llegado a los oídos de esos dos hombres.

      Fin.

      Desde otro punto de vista.

      Desde otro punto de vista.

      DESDE OTRO PUNTO DE VISTA


      En un lugar de la mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme...vivía un asno, al que nadie nunca le dio importancia.
      Sancho, mi dueño, me separo de mi familia de équidos. La verdad es que casi no me acuerdo de ellos, excepto de mi tío, que fue como un padre para mí, hasta que dejó a mi tía y se fue con una yegua.
      Al tiempo me lo encontré, mientras pastaba. Ahí es cuando me enamore, me enamore de la hermosa mula que salió de ese amor que parecía imposible entre mi tío y la yegua. Me enamore hasta las pezuñas, nos empezamos a ver a escondidas, ya que entre mi familia no estaba bien visto juntarse con mulas, ya que, las mulas no suelen ser fértiles y en el caso tendríamos hijos débiles y pequeños.
      Estábamos casi convencidos, casi decididos a intentarlo a pesar de todo, cuando Sancho vino preguntando por un asno, al rato se me llevo, no me despedí de ella, manda a mi madre a decírselo, que le dijera a Julieta que la amaba, y desde entonces no hay una luna llena que no piense en ella.
      Ahora me recorro la mancha con mi fiel amigo Rocinante, es un joven caballo, que espera ser un gran caballo de guerra. A pesar de que sea joven e ingenuo, le admiro muchísimo, sus grandes brazos y piernas, esas grandes pezuñas que resuenan como cañones, las largas crines blancas, y sus grandes dientes blancos, yo, en cambio, que hasta la cruz no mediré más de 1,4m. Soy viejo, tengo 25 años y Rocinante está en la flor de la vida, tiene 10 años. Aún me acuerdo cuando con tan solo 2 años alcance la madurez sexual. Mi querida Julieta...
      La verdad que la vida junto a Sancho era de lo más interesante, aunque no estoy seguro de que Don Quijote, dueño de Rocinante, este en buen estado mental, por lo menos no nos aburrimos. Una de nuestras hazañas, nunca contada, fue la historia de la Pitonisa Rosalina.
      Las pitonisas no estaban tampoco bien vistas, eso me recordó a Julieta... Bueno, se pensaba que eran brujas, pero Don Quijote sin miedo alguno, contacto con una de ellas y decidió ir a visitarla. Una vez allí, Rocinante y yo esperamos fuera, yo preferí no beber del agua que nos ofreció, pero "Ro" bebió . Sancho y Don Quijote entraron.
      Vuestra vida va a ser prospera, manteneros en equipo, ser el uno por el otro- dijo mirando una bola de cristal.
      Vuestras hazañas serán contadas, serán famosas, serán leídas por todo el mundo, y un hombre llamado Miguel de Cervantes las escribirá, él será vuestro pase a la fama, pero no os aseguro que lo lleguéis a conocer. El os ve, pero vosotros no lo veis.- concluyó, y con eso desapareció.
      Eso nos dio tema de conversación para semanas, Don Quijote, Sancho Panza, El Rucio ( yo ) y Rocinante.
      La vida continuo como siempre.
      Al pasar por un pueblo las vimos, vimos a las más preciosas yeguas que había visto jamás, blancas, negras, pintas, tordas...de todas las capas...
      Ro dio el primer paso, yo fui después, una yegua no muy grande rápidamente fijo su mirada en mí.
      Don Quijote también pareció enamorarse de Dulcinea, y mira tú por dónde, de la dueña de Amapola que es la amada de Rocinante. A Sancho le costó más pero encontró el amor en Pepa y yo, en la yegua de Pepa, se llamaba Princesa.
      Princesa y yo no tardamos en traer un hijo al mundo, y aunque parecíamos una pareja peculiar, nos queríamos. Y si os preguntáis cómo fue posible, un burro/asno tiene núcleos de 62 cromosomas mientras los caballos los tienen de 64 cromosomas. Nadie sabia si sería chico o chica, si fuese chico sería estéril por un problema en la glándula seminal, sin embargo si fuese chica podría llegar a tener un hijo, generando óvulos fértiles, cuando los cromosomas se recombinan, antes de quedarse con la mitad de la dotación genética de la hembra y formar así un gameto, se reparten al azar. Todos aquellos ovillos generados con parte de los genes procedentes de yegua y burro( progenitores de la mula) mezclados, son ovulo se estériles y no podrán ser fecundados. Sin embargo existen caso con el ADN solo de uno, yegua/asno que sí que pueden ser fecundados.
      Bueno, con esta pequeña explicación, os dejo y espero que vosotros me hagáis con este relato tan famoso como Cervantes me hizo con el suyo.

      desgarrada

      desgarrada

      DESGARRADA


      Mi sueño siempre fue ser fotógrafa. El hecho de recopilar momentos en un papel me parece fascinante. Cuando éramos pequeñas, mi madre nos fotografiaba sin parar. Decía que los recuerdos en un momento de nuestras vidas se iban, pero las fotos perduraban para siempre.
      Conocí a mi marido en una exposición de fotografía en Blanes, el me explicó una historia fascinante sobre un calamar que salía fotografiado en la pared. Su ojo media 38 cm, era el calamar mas grande del mundo. Siempre he tenido pánico a todo lo relacionado con el mar, pero al verle a él hablar de algo con tanta pasión, me cegó. Al cabo de los años nos fuimos encontrando hasta que decidimos intentarlo, estuvimos juntos aproximadamente 5 años. En esos 5 años, nos casamos y nos compramos un perro, Dubi. Borja enfermó y la muerte me lo arrebató de mis brazos.
      Los días después de su muerte agradecí que mi madre me hubiera inculcado el amor hacia la fotografía, a los videos y cosas por el estilo. Nuestra relación estaba guardada en dos discos duros, el del ordenador y mi corazón.
      El hecho de perder a una persona querida, a quien amas, y que nunca quieras olvidar, es imposible. Al cabo de los años, meses, semanas, días... el recuerdo de su voz, de su olor, de su sonrisa, se te borran. No es por que ya te hayas olvidado de esa persona, es por que intentas pasar pagina.
      A veces siento que con las brisas del mar me habla, y intenta comunicarse conmigo. Queriéndome decir ‘ no pasa nada Ann, todo esta bien… yo te protejo y cuido de ti aunque este lejos. Y por favor, sigue cuidando tan bien de Dubi’. Puede que sea yo quien piense cosas raras, pero al imaginarme estas chorradas, siento que le tengo mas cerca.


      Mi vida después de este acontecimiento nunca fue la misma otra vez. Él llenaba la habitación solo con estar presente, una mirada suya hacía cuestionarme todos mis conocimientos. El amor que llegué a sentir por é es irrecuperable. Mis sentidos se magnificaban solo con el roce de su boca en mi mejilla, y perderle… perderle fue el bache mas alto que he tenido que saltar durante toda mi vida. A veces me derrumbo y tengo ganas de que el sol se apague, porque siento que sin él el mundo no merece la pena. Pero después pienso en Dubi, y en que no lo puedo dejar solo. También él ha perdido a su dueño…y después de dos años, aquí estoy, sentada en su sofá preferido y acariciando el perro que los dos juntos compramos

      DIARIO DE UN SUPERVIVIENTE

      DIARIO DE UN SUPERVIVIENTE

      Me levanto como cada mañana, junto con mi camarada Carlos y vamos a las otras habitaciones del edificio para despertar a nuestros compañeros.
      El sol sale tiñendo de un bonito color el cielo y por un momento olvidamos el infierno que estamos viviendo. Los compañeros que han estado haciendo guardia nos informan de que no hay rastro de ningún IPE en la zona.
      Después de preparar las armas salimos de la central militar con los coches para ir a buscar más supervivientes a la ciudad. Somos 86 personas de las cuales 62 són civiles y el resto somos miembros del cuerpo militar. Durante el viaje recuerdo la suerte que tuvimos de que el desastre nos pillara en la central, con todo el armamento disponible. Recuerdo que ya hacía tiempo que entre los soldados corría el rumor de que el gobierno estaba experimentando con el virus del ébola para crear una nueva arma biológica. Por lo que había oído se decía que estaban modificando el virus para que fuera mucho más agresivo y que el huésped que lo tuviera perdiera el control total del cuerpo y de la mente actuando por instinto intentando propagar el virus con su mordida.
      Yo no creía en todo eso así que ignoré todos los rumores hasta el día, ese terrible dia en el que mi superior me informó de una llamada del Pentágono en la que informaban que un paciente con el cual estaban experimentando había escapado y estaba a punto de llegar a la ciudad. El sujeto había huido de un laboratorio secreto de las fuerzas especiales y era portador del virus del ébola modificado y en fase de pruebas.
      Cuando me disponía a movilizar mi unidad para ir hacia allí mi superior me lo prohibió ya que según él, ya estaban perdidos y como él sabía de la existencia de ese virus me dijo que con lo letal que llegaba a ser ya sería demasiado tarde cuando llegáramos.
      Entonces llegó el caos, por la televisión informaron de lo que estaba sucediendo, que la ciudad de Washington había caído y era imposible contactar con el Pentágono. Puesto que estábamos cerca de Washington, la histeria no tardó en expandirse y la gente intentó de cualquier forma huir lejos de la ciudad. Nuestro deber era intentar que mantuvieran la calma y que nos escucharan pero fue imposible. Solo conseguimos salvar a unos pocos cuando llegaron los IPEs (infectados por ébola). Muchos soldados cayeron delante de nuestras narices mientras veíamos como los humanos infectados que ya no podían ser considerados humanos, infectaban a nuestros compañeros y amigos.
      Desde ese día las cosas no han cambiado. Nos levantamos como siempre y salimos a rescatar todos los supervivientes que podemos y a matar a tantos IPEs como sea posible. Con los supervivientes recatados lo que hacemos es enseñarles a usar armas para defenderse.
      El sonido de los frenos y las órdenes del general deshacen mi nube de recuerdos para volver al mundo real. Ya hemos llegado a la ciudad y los primeros infectados se acercan para atacar. Mi compañero Marcus los abate con su automática mientras me da señal para que avance. Entramos en el edificio de administración de Sony para buscar refugiados en él. Mientras atravieso la puerta de cristal rota en mil pedazos escucho el sonido de las armas disparando contra algo que fue un humano en su momento.
      No creo que podamos quedarnos aquí mucho más. Las reservas de comida empiezan a escasear pero no sabemos cómo estará el resto del mundo. Este es nuestro hogar, nuestra casa. Hay heridos y niños que no podrán hacer el viaje y no pienso dejar a ningún hombre atrás.
      Ésta es una guerra que no merecemos sufrir. Espero que pronto encontremos una cura para un virus que tuvimos controlado y por el capricho de ser los mejores en armamento, ha acabado con nuestro planeta. No podemos jugar con fuerzas que no sabemos controlar.

      Diferentemente perfecto.

      Diferentemente perfecto.

      Tomás despertó y sintió como unos pequeños tambores resonaban en su cabeza. Hoy era el día. Era el día de salir de allí, de salir de una ciudad programada. Se levantó de la cama y fue llamando a sus veinte compañeros, los veinte delincuentes. Los únicos que se atrevían a desafiar a los científicos.
      En menos de diez minutos estaban todos en frente de las puertas. Las únicas puertas que había en toda la pequeña ciudad y que solo se abrían por las mañanas treinta segundos perfectamente contados. Miraban su hogar sabiendo que nunca regresarían. Miraban un hogar con personas perfectas y perfectamente programada para ser perfecta. Ellos veían como muchas personas miraban con curiosidad, pero todos sabían que no dirían nada. Ellos no podían amar. En esa sociedad el amor era una enfermedad de la cual se había encontrado cura una década antes.
      Las puertas comenzaron a abrirse dejando ver el bosque. El lugar donde nadie iba, el lugar que no era perfecto. Tomás y los demás salieron de allí haciendo que las pulsera de preso pasará al rojo y comenzará a sonar la alarma de la torre. Cuando los Ccientíficos pasaron a la acción las puertas ya se habían. Ellos se adentraron en el bosque.
      El bosque no era como en los libros de Tomás. En sus libros aparecían pequeños árboles y arbustos; esto era todo multiplicando su tamaño por diez. Allí, en libertad, miraban cohibidos la altitud de los árboles. Cuando el sol se puso ellos encontraron agua. El agua era cristalina. Tomás se acerco a tocarla .
      Una chica a su derecha parecía oler el agua, como si pudiese ver más allá. La chica se levantó y se llevó el agua a la boca para luego beberla con desesperación. Los demás al ver que a la chica no le afectaba comenzaron a beber agradecidos.
      -¿Cómo sabías que no estaba contaminada? -Preguntó Tomás. Ella le enseño su muñeca y Tomás pudo ver que no tenía la pulsera de presa. A cambio tenía un tatuaje señal de que estaba vacunada contra la enfermedad del amor. Tenía dos señales más que las reconoció como la señal de programada y otra que no supo reconocer.
      -¿Eres una Perfecta? -Ella hizo una mueca y finalmente dijo que sí con la cabeza.
      Siguieron su camino por el bosque y hasta el anocheció no ocurrió nada raro. Se dieron cuenta de que no había estrellas, ni tampoco luna y se asustaron al darse cuenta de que significaba que la luna y estrellas de dónde venían era artificial. Como todos los demás.
      La chica cogió bayas y las repartió asegurando de que había dado ese tema apenas unos meses antes, y para demostrarlo los comió ella primero dejando atónicos a los veinte chicos que nunca habían visto a nadie actuar con tal valentía. Ellos durmieron tapándose con las grandes hojas de los árboles.
      Por la mañana Tomás sintió los movimientos de muchos de los del grupo y se levantó asustado. La chica estaba oliendo y los demás intentaban hacer lo mismo para saber que se traía entre manos.
      -CORRED. –Gritó ella.
      Tomás no supo el por qué pero obedeció sin decir nada. No sabía por qué confiaba en esa chica tan rara.
      -Tapaos la nariz.
      Tomás vio como por detrás de ellos había unos grandes monos saltando de árbol a árbol conteniendo una sonrisa e iluminando todavía lo que quedaba de noche. En frente de ellos había una masa de gases de todo tipo de colores obstruyendo el camino. Tomás se sentía mareado y veía como mucho de sus compañeros iban cayendo como si se tratase de un domino. Los gases no olían y si no hubiese sido por la chica habrían muerto sin saberlo. De cualquier manera iban a morir. Se sintió mareado, sus piernas parecían controladas por alguien y no querían hacer caso a lo que él pedía. Correr. A cambio ellas se flexionaron y cayó al suelo.

      Tomás se despertó y miro a sus lados. Estaba entre dos chicos con cara pálida y tumbado en una cama blanca. Tomás sintió como su vista se iba poco a poco haciéndose más nítida y cuando se levantó se sintió mareado. Fue hacia delante reconociendo los rostros de los chicos a sus laterales y se acercó a la puerta. Antes de llegar a la puerta sintió una descarga eléctrica, la descarga le había hecho una quemadura perfectamente redonda en la muñeca. Volvió a intentarlo y le creó otra quemadura.
      En la puerta apareció un hombre con barba que lo saludó amablemente.
      -¿Ya estas despierto? Eres el único que ha superado la prueba. –Tomás no sabía por qué pero sintió unos deseos increíbles por borrarle la sonrisa. Él le dio a un botón que le hizo desmayarse-. Sujeto 6 Grupo C, único robot superviviente.

      Disyuntiva

      Disyuntiva

      Nos pasamos toda la vida tomando decisiones, ya sea por alguien o por algo, difícil o no tan complicada; todos elegimos constantemente, de una manera u otra, y lo realmente complicado no es el hecho de seguir un rumbo u otro, creo que lo difícil está en aprender a convivir toda tu vida con esa decisión. Al fin y al cabo, es una manera de vivir, mi manera de vivir, inclusive.
      Es el último curso de bachillerato y después de seis años en el instituto, a tan solo un mes por terminar, las dudas asaltan mi cabeza. Desde que empezamos bachiller, las palabras selectividad, universidad, futuro estan constantemente presentes, y este año han sido el vocabulario de uso diario desde el primer día. Aunque siempre les he dado importancia, nunca han llegado a preocuparme tanto como ahora; cuando se acerca el momento y empiezas a creer que va a ocurrir es cuando las cosas cambian y debes plantearte seriamente que va a ser de ti. Llevo medio año pensando en futuras posibilidades, pero a falta de unos treinta días para la selectividad no sé qué camino tomar; siempre he sido indecisa, nunca he tomado una decisión sin pensarlo mucho previamente, demasiado incluso, diría yo. De momento, después de haberme informado en páginas webs, de haber preguntado y solicitado más información sobre todas aquellas posibilidades que me interesaban, finalmente, he logrado centrarme en dos: la medicina o la ingeniería. ¿El problema? No lo sé ni yo, hay algo que me frena a decidir; por un lado intento seguir mi instinto, lo que de verdad quiero hacer, pero por otro pienso en mi futuro, en lo que debe de ser mejor para mí, ahí está la dificultad, tengo miedo al error, a equivocarme tomando una decisión que creo que puede condicionar mi futuro en bastantes aspectos: es a lo que me quiero dedicar toda la vida, al fin y al cabo.
      Los días han ido pasando y casi no he sido consciente de ello, todo me ha pasado demasiado deprisa, todos estos años, pero sobretodo este curso. Creo que ha sido el más duro con diferencia, pero también sé que lo es porque debe serlo; es el final de una etapa que ha sido importante para llegar hasta aquí, y también el principio de otra muy diferente. Creo que es el puente entre dos conceptos muy distintos pero semejantes a la vez, todo es importante para tu futuro, no importa cuando lo hagas, ya que todo te va a llevar a un momento concreto si así lo deseas y si trabajas para ello. Y es muy curioso, después de ciertos meses con incertidumbre, el día de hoy me ha hecho ver de manera diferente lo que me preocupaba hasta ahora.
      Benditas clases de física y bendita mecánica cuántica, bueno, bendito Erwin Schrödinger y su famosa paradoja. Quién me iba a decir a mí, que un experimento mental, que una incógnita para la cuántica, me haría abrir los ojos a mi manera. Tan sólo se debe imaginar un gato en el interior de una caja opaca junto a un mecanismo que une un detector de electrones a un martillo; si el detector capta un electrón, el mecanismo se activaría y caería rompiendo así el frasco de cristal con veneno letal situado debajo. Pero, si no llega a ser detectado, el mecanismo no se activaría, el martillo no caería y el frasco nunca se rompería, por lo tanto el gato seguiría vivo. La cuestión es, que el electrón es onda y partícula a la vez, toma distintos caminos, el del detector y el contrario, resultando así que sea detectado y ocasione la muerte del gato, y al mismo tiempo que no sea detectado y le permita seguir con vida. Pero tan solo al abrir la caja, lo veríamos o vivo o muerto, pero nunca ambas opciones, ya que la cuántica es válida en partículas aisladas, y cualquier interacción como es abrir la caja, haría que las leyes de ésta se dejaran de aplicar. Conclusión: nuestra realidad no se asemeja a la realidad cuántica, nuestra realidad es tan solo una realidad, de esta forma tan solo se define por una de las dos opciones posibles.
      Aquí me di cuenta de una vez por todas, de que para una única realidad, debes tomar la decisión para que así sea; nadie sabe si el gato estará vivo o muerto, o en mi caso, no sé que me deparará un futuro camino u otro, pero más claro está que no lo sabré si no me decido a decidir. En nuestra realidad no hay partículas aisladas, se deben tomar caminos que te lleven a donde te deban llevar, hacia una única realidad. Puedes pensar qué podría haber pasado si hubieras elegido otro rumbo, pero es eso, otro rumbo.

      Documento Nacional de Identidad

      Documento Nacional de Identidad

      No paro de jugar con mis manos. Noto el sudor en ellas. Tomarse la foto para el DNI no es cosa de bromas. Esta foto puede marcarte y serle útil a tu madre para ridiculizarte delante de sus amigas mientras toman el brunch. Y, es que, sí, mi madre es de esas que sacan el monedero y presumen de hija con tus peores fotos. Lo que estaba diciendo, que me voy del tema, es que, ahí estoy yo, aguardando mi turno en la dichosa cola, al final de la cual me enfrento a la cámara.
      Parece que la hora nunca llega y con el paso del tiempo aumentan también mis nervios. Poco a poco voy avanzando. Y, cuando voy a revisar por quinta vez el muro de Instagram, los mensajes de WhatsApp y las historias de Snapchat , llega mi turno. Entro lentamente en la luminosa habitación donde el fotógrafo me espera y me indica que tome asiento en el pequeño taburete. Realmente me doy cuenta de lo que voy a hacer cuando el fotógrafo me pide que levante la cabeza, me aparte el cabello del rostro y mire fijamente a la cámara. En ese instante el tiempo se ralentiza y me enfrento cara a cara con mi peor enemigo. Mientras el muchacho prepara la cámara me asaltan las dudas: ¿Tendré restos de comida entre los dientes? No lo sé, no he podido resistirme a ese croissant que tan buena pinta tenia. ¿Destacarán mucho mis ojeras consecuencia de una larga noche de estudio? ¿O quizás capte toda la atención la enorme espinilla que habita en mi mejilla? La vida del adolescente es demasiado ajetreada como para acordarse todos los días de maquillarse. Y, es que, hoy no llevo ni pintalabios ni mascara de pestañas y, mucho menos, tapa ojeras. En la foto saldré al natural. Estando sumergida en mis pensamientos no me he dado cuenta de que el fotógrafo tomará la foto en breve. Si antes ya estaba nerviosa ahora ya, casi vomito. No por favor, ahora no. El joven empieza la cuenta atrás: 3… Noto la aceleración del corazón y a sí mismo la de mi respiración. Se me seca la garganta. 2… Sí, confirmado, en el peor momento me vienen ganas de estornudar pero debo evitarlo y para ello sigo posando con mi mejor sonrisa que, poco a poco, se convierte en falsa. 1… El estornudo es casi inevitable, y parece que el tiempo no avanza. Como mínimo, si voy a estornudar, que sea con los ojos abierto para no estropear tanto la foto. Pero, en cuanto la aguja segundera del reloj de pared marca el segundo “0”, un flash se dispara junto con mi estornudo. Me levanto temblorosa para mirar como he quedado en la fotografía. Cruzo los dedos y deseo haber estornudado con los ojos abiertos como mínimo.
      El domingo siguiente me encuentro a mi madre almorzando en el cetro comercial. Oh no, otro de su brunch. Me acerco para saludarla y veo una foto en la mesa. Deseo que no sea mía pero, efectivamente, lo es. Odio esa foto. Salgo con los ojos cerrados y la cara arrugada.
      Y, es que, amigos míos, la ciencia ha demostrado que es imposible estornudar con los ojos abiertos.

      Edward Johnson

      Edward Johnson

      En el año 1983, a las afueras de Estados Unidos vivía un científico llamado Edward Johnson. Este había tenido un retraso mental que le había afectado la inteligencia que cuando joven había tenido; por eso se había ido a vivir a las islas Canarias. Allí se le había ocurrido una loca idea, la de crear unos microchips para controlar la mente de las personas. “Para mi maravilloso invento necesitaré un ayudante” dijo Juan. -Iré a la Universidad Nacional de Francia, porque dicen que allí hay muchos científicos buenos, pero no tanto como yo.
      Cuando llegó a la ciudad de París, se dirigió a la Universidad disfrazado de profesor. Dentro de ella, se encontró con el científico Brian Grey. Juan lo invitó a comer, cuando llegaron al restaurante Juan le puso una sustancia en el trago para dormirlo sin que él se diera cuenta. Luego que la sustancia hiciera efecto se lo llevó a las Islas Canarias a su malvado laboratorio.
      Al despertar Brian se preguntó que hacía allí, y Juan le dijo: tienes que ayudarme en mi proyecto para controlar a las personas; Edward le explicó su plan a Brian, aunque este se negó, no podía hacer nada.
      Al día siguiente comenzaron a trabajar en su maléfico plan. A las tres semanas ya habían hecho más de 300 microchips. “Empezaremos a implantarlos en la ciudad de Roma” dijo Edward. Brian quería hacer algo pero no podía.
      Al llegar a Roma se dirigieron a un banquete que está ofreciendo el gobierno de esa ciudad.
      En este banquete haría presencia el Gobernador, y se aprovecharon de que él fue al baño para dormirlo e implantarle el microchip. Brian conocía a uno de los vigilantes del lugar donde se realizaba el banquete y le contó lo que sucedía. Este le dijo que se escapara mientras Edward le implantaba el microchip al Gobernador. El vigilante le dijo que se escondiera en la casa de éste. Brian aceptó, entonces con mucha discreción se fueron para la casa del vigilante. Allí estuvo durante una semana hasta que pasara el peligro de que Edward lo volviera a encontrar. Después, Brian tomó la decisión de volver a París. Al llegar a París fue a la Universidad y le contó todo al comité científico que luego se lo hizo saber a las autoridades para que detuvieran al profesor y lo encerraran en un psiquiátrico.
      Pasados cuatro días Brian se enteró que habían capturado a Edward; éste se sintió muy tranquilo porque sabía que el peligro había pasado. Después de un mes, Brian continúo con su proyecto científico en la Universidad de París, y así todo volvió a la normalidad.

      El amor…

      El amor…

      El amor es una droga, nunca mejor dicho, ya que la parte del celebro que estimula el amor también es en la parte que se regulan las drogadicciones.
      Esto no hace falta decírselo a Miranda, ella si sabe de lo que se habla. Esta es su historia:
      -¿Miranda estas con nosotras?
      -Qué guapo es…
      -Miranda deja de decir bobadas i céntrate.
      -Me derrite el corazón.
      Así empezó todo, una chica joven y guapa enamorada de un joven, más grande que ella, y muy guapo. Cada día, cada hora, cada segundo Miranda estaba pensando en él. Veía su cara en todas partes, como si hubiera consumido drogas que hacen ver alucinaciones.
      -Miranda, empiezas a asustarnos.- Le decían sus amigas.
      Miranda decía que no sabían lo que ocurría porqué ellas nunca se habían enamorado. Enamorado, una palabra muy fuerte según sus amigas. Pero Miranda estaba muy ilusionada y contenta. Llego un punto en el que sus padres creían que se había drogado y estaban tan asustados que llamaron a un especialista. La llevaron a un centro especializado en tratamiento de drogadicciones. Sus padres no la entendían, Miranda creía que nadie la entendía. También creía que se estaba volviendo loca. I puede que se estuviera volviendo loca, loca por amor.
      Mientras él, él tonteaba con todas, Miranda no era importante para él. Y esto la frustraba cada vez más. No lo soportaba, hacia lo que estaba en su mano para llamar su atención, pero él no le hacía caso. Si él supiera lo que estaba sufriendo. Había veces que lloraba sola en su cama, sin nadie que la entendiese ni la consolase. Lo pasaba muy mal. Llego a tal punto que hasta pensó en suicidarse, hasta que se dio cuenta que no valía la pena estar así por un chico, que si estaba así debería ser por una persona que de verdad la valorara y la quisiera y que le hiciera caso. Debería estar así por su familia, sus amigas de verdad, pero no por un chico.
      Cuando Miranda aprendió la lección nada se interpuso ante ella para barrarle el paso a un futuro lleno de una vida feliz, y si llegaba la persona perfecta, viviría una vida a su lado, y con hijos, tres en concreto, Miranda aprendió a ser feliz.
      Esto no solo le ocurrió a Miranda, hay muchas niñas, adolescentes, hasta mujeres ya adultas que sufren por amor, pero deben ser fuertes, como si alguna persona consume drogas, debe tener mucha fuerza de voluntad y dejarlo, por él, por su familia y por sus amigos. La vida es mejor sin drogas y sin sufrir. Ahora Miranda ya no sufre por amor, su familia duerme tranquila al saber que está bien y sabe que nunca más dejara que nadie le haga sufrir más. Todos deberíamos aprender del error de Miranda.

      EL ASTRONAUTA

      EL ASTRONAUTA

      INSPIRACIENCIA

      Yo tengo… tengo una gran pregunta, y la pregunta es, si ¿los astronautas se tiran pedos? O si tienen que hacer sus necesidades ¿cómo lo hacen? Y después dónde van esos excrementos los echan en una bolsita. Pues mira os voy a explicar cómo obtuve mi respuesta.
      Empecé a estudiar para ser astronauta y saqué matrícula de honor. La NASA me fichó y me dijo que un satélite se estaba desviando de su ruta y que lo tenía que arreglar porque sino en vez de ver el tiempo de la Tierra veríamos el de Marte. Yo les dije que ningún problema pero les pregunté cuanto tiempo tardaría más o menos y me contestaron que aproximadamente 4 días ir, medio día repararlo y otros 4 días volver. En total 8 días y medio. Total que fui a despedirme de mí familia i me subí en el Cohete. Cuando llegué al satélite sentí que tenía necesidades para ir al baño y buscando por la nave encontré un tubo que ponía W.C y no me lo podía creer esa cosa te la metías por tus partes y después lo tiraba al espacio. Yo me quedé de piedra y súper contento a la vez por fin sabía la respuesta. Arreglé el satélite y puse rumbo para casa. Cuando llegué a casa me hice profesor de la ESO y siempre que hablamos de los astronautas les explico mi gran anécdota y todos se parten de risa. Hubo una vez un alumno me dijo que no se lo creía y yo le respondí que si no se lo creía que fuera a comprobarlo cuando fuera mayor. Y no os lo vais a creer pero lo hizo se fue a Marte y volvió cuándo yo era bastante mayor y me dijo cuánta razón que tenia. Y es que a veces más vale dejar de ser cabezota y escuchar a alguien que de verdad sabe lo que dice.

      EL BARCO..

      EL BARCO..

      Sobre el año 1500 el aventurero Cristian queria cruzar el Atlántico y para eso tenia que flotar en el agua, pero solo disponía de una plancha de metal de dos metro de largo por uno de ancho.EL joven criaturillo pensaba que podía flotar .
      Como todo el mundo sabe solo pueden flotar los objetos ligeros y su placa pesaba mucho.
      Entoces estudio y investigo como poder flotar con una plancha de metal.
      Insvestigo y investigo mucho sobre el tema.
      El joven dio con la solucion a su problema. Engancho a los dos lados de la plancha dos trocos de madera, los cuales dieron soporte y mayor superficie y mas peso que esto conlleva a que la fuerza de empuje hacia arriba sea mas grande y asi flotara . Fantastico descubrimiento el cual hizo que Cristian consiguiese cruzar el Océano Atlántico con una simple placa de metal y dos troncos, poco a poco fue mejorando su descubrimiento y asi consiguió inventar el llamado actualmente BARCO!!!!!!

      El camino de Peter

      El camino de Peter

      El camino de Peter

      Peter era un niño de 7 años que acudía cada día a su escuela. Era una escuela católica, oscura y fría. Peter no tenía muchos amigos. En realidad no tenía ninguno. Era un niño bastante introvertido.
      Peter no tenía madre, murió siendo él muy niño, y ni si quiera conseguía recordarla. Sólo tenía un pequeño recuerdo gracias a la foto que tenía su padre en la mesita del salón.
      Un día a la salida de clase el profesor le dijo a Peter que pasara por el despacho del director. Éste le dio una carta para su padre. El padre leyó la carta con detenimiento y le dijo a Peter que no se preocupara, que el director decía que no podía seguir yendo a la escuela porque ya había aprendido todo lo que le podían enseñar y que a partir de entonces sería el Sr. Smith quien le ayudaría en su aprendizaje.
      A partir de ese día, el Sr. Smith, que trabajaba de contable en una fábrica textil de Manchester, iba cada día a la biblioteca pública y allí se encontraba con Peter. Juntos empezaron a buscar libros que interesaran a Peter. Pronto el Sr. Smith se dio cuenta de que los libros que provocaban mayor interés y curiosidad en su hijo eran los de ciencias naturales, y en especial los de biología.
      Aquello se convirtió en una costumbre. Peter se llevaba libros a casa, y a las cinco en punto esperaba en la puerta de la biblioteca para entrar junto con su padre y disfrutar de los nuevos descubrimientos y conocimientos que iba realizando.
      Peter creció, y con él sus conocimientos.
      Un día cuando esperaba a su padre en la escalera de la biblioteca, lucía una impresionante sonrisa, impropia de él. Tenía una carta en la mano y se la entregó a su padre. Su padre la leyó y con los ojos humedecidos por la emoción, supo que su hijo había realizado las pruebas para entrar en la universidad de Oxford, para estudiar biología. Padre e hijo se abrazaron.
      Peter fue a la universidad, y acabó biología con una calificación excelente. Peter consiguió un puesto de investigador en la prestigiosa universidad donde había estudiado.
      La ciencia le daba a Peter lo que los amigos, y la sociedad le habían negado. Era feliz.
      Un día recibió una carta. Cuando la abrió no se lo podía creer: lo habían nominado para un premio nobel por su investigación en el campo de la biología. Peter no lo dudó, fue a buscar a su padre porque quería compartir con el hombre que le había abierto los ojos a la ciencia aquel premio que en realidad era de los dos.

      EL CEREBRO

      EL CEREBRO

      El cerebro, que cosa tan curiosa en la que pensar. Me despierto de un sueño profundo y pienso en como puede ser que mi cerebro no se canse de trabajar. En todo momento está enviando órdenes a mi cuerpo a la vez que pienso en lo que me apetece hoy de comer. Hago el pensamiento de mover las piernas para levantarme de la cama y al segundo mi cerebro ya envía una señal diciéndoles -¡Eh vosotras, despertad! Pongo un pie en la alfombra, el otro en el suelo, a medida que mis dedos van posándose lentamente en él, noto un frío horrible y en seguida saco el pie para ponerlo en la alfombra junto al otro, son estímulos rapidísimos del cerebro, increíble. Enciendo el móvil y le doy play a mi canción favorita de las mañanas, la sintonía me entra por una oreja y me hace bailar al compás mientras que la letra me entra por la otra y me provoca escalofríos con su mensaje. Salgo de la habitación de puntillas para no despertar el cerebro dormido de mi marido y corro hacia la ducha. Me desnudo y me miro al espejo, hoy mi cerebro está mas activo que nunca y me hace pensar en lo asombroso que es nuestro cuerpo. Me paso las manos por los hombros, la cintura y aunque no me guste lo que veo por la parte subjetiva de mi pensamiento, la objetiva me dice que el cuerpo es precioso, que solo los humanos disponemos de él y que por lo tanto debemos tenerle el mayor respeto seamos como seamos. Entro en la ducha, pongo el agua hirviendo y la enciendo. Las primeras gotas salen frías y noto como se me contraen los músculos, pero el agua sigue corriendo hasta ponerse caliente. A medida que el agua fluye, mis ideas fluyen con ella, que si hoy tengo que hacer no se que, que si luego tengo que ir a no se donde… por un instante desearía dejar de pensar y centrarme en sentir el agua corriendo por mi espalda. Cuando logro dejar a mi parte imaginativa ser libre y dejarse ir, la parte lógica me interrumpe y me advierte de que si no salgo de la ducha, voy a llegar tarde. Abro las cortinas, una corriente de aire helado me recorre la nuca, provocándome un escalofrío, rápidamente me enredo con la toalla sintiendo al fin un poco de calor y me seco para vestirme. Abro la puerta del baño y me sorprende mi gata al otro lado. Pasa restregándose primero por una pierna, luego la otra y finalmente suelta un maullido, entonces pienso en que si ese sonido que para mi no es más que un ruido significará algo para ella, imagino que me dice buenos días y le devuelvo el saludo con un beso en la cabeza. Vuelvo a mi habitación y escojo el conjunto para hoy. Instintivamente escojo las prendas que más me gustan y que mejor combinan entre si. ¿Quién fue que decidió como deben conjuntar los colores? Al hacerme esa pregunta decido dejar escoger los colores a mi yo menos racional y me sale un conjunto de lo más bonito y especial. Camino al trabajo, en el tren, miro por la ventanilla y me doy cuenta de que proceso las imágenes a una velocidad espantosa, ahora un árbol, ahora un edificio rosa, uno amarillo, uno blanco, ahora empieza un rio y ahora termina. Llego al trabajo y me siento en mi misma mesa de cada día, y la veo distinta, en vez de ver un ordenador, veo una máquina muy eficaz creada por un ser humano como yo, en vez de ver un café, veo un líquido milagroso del que alguien se fijó una vez y seguramente no pensó en que llegaría a ser consumido por todo el mundo. A la hora de ponerme a escribir el artículo para la revista de este mes, me siento poderosa, poderosa por estar ordenando letras y palabras de forma que no lo había hecho nadie antes y por estar escribiendo y creando un contenido del que nunca antes alguien en su casa sentado en el sofá había leído.

      Al llegar a casa reflexiono sobre mi día de hoy, he hecho exactamente lo que hice ayer o lo que hice el jueves pasado, pero hoy ha sido muy distinto, por un vez me he parado a pensar en la real importancia de la vida, y en la suerte que hemos tenido por haber estado creados con tal cerebro.

      El codiciado secreto

      El codiciado secreto

      Era un hombre misterioso. Se había hecho rico a costa de un secreto que nadie jamás ha conocido. Estaba recostado en el sillón de su lujosa casa cuando yo aparecí por la puerta. Él me miró esperando que iniciara la conversación:
      -¿Me ha llamado, señor?
      -Así es - se aclaró la garganta y se acomodó en el sillón analizando el siguiente paso que iba a dar.
      A veces abría la boca, pero más tarde la volvía a cerrar, aumentando la intriga que se respiraba en el salón.
      -Y… ¿cuál es el motivo de su llamada? - decidí preguntar antes de que los nervios me consumieran por completo.
      -Yo también fui universitario, ¿sabes?
      Asentí y me quedé callado al intuir que aquella pregunta no había sido formulada para ser respondida.
      -Pero lo que seguro que no sabes es qué estudié.
      Al ser cirujano, yo siempre imaginé que estudió medicina, pero nunca entendí cómo un médico podía lograr lo imposible. En sus operaciones, jamás dejaba huella, ni cicatriz que advirtiera de una intervención quirúrgica. En cambio, como única condición para operar a un paciente, establecía que debía quedarse solo en quirófano.
      Siempre me he preguntado cómo lo consigue. No cómo consigue operar de tal forma, sino cómo lo conserva en secreto y cómo soporta las miradas de envidia y las críticas que lanzan contra él sus compañeros.
      -Bueno, yo estudié matemáticas.
      No pude evitar adquirir una cara de asombro. Él se extrañó.
      -¿Por qué te sobresaltas?
      -No es nada, es sólo que no me lo esperaba, señor. Quiero decir, ¿qué tienen que ver las matemáticas con la cirugía?
      -Más de lo crees, muchacho, más de lo que crees.
      Tras estas palabras, el tren del silencio estacionó en aquella habitación. Yo estaba demasiado perplejo como para pensar qué decir, y él…, él simplemente continuaba conservando ese aspecto misterioso.
      -El tiempo pasa muy rápido -soltó de repente.
      El famoso hombre me tenía totalmente desconcertado. No entendía a dónde quería llegar.
      -Sí, por desgracia -añadí torpemente.
      -O por virtud. Con los años, las experiencias me han enseñado todo lo que sé.
      Se acarició la barbilla.
      -Aunque mi mayor hallazgo se produjo cuando tenía tu edad. Acompáñame -terminó por decir levantándose lentamente con la única ayuda de un viejo y desgastado bastón. Me acerqué a ayudarlo y juntos abandonamos la casa.
      Me invitó a montarme en su coche y a continuación el chófer personal de aquel curioso anciano nos llevó hasta el famoso edificio que reconocí al instante, en el que se situaba su quirófano en el que nadie jamás había entrado ni salido consciente. Nos bajamos del coche y me invitó a pasar dentro. Yo estaba temblando de la emoción. Entramos en una sala que yo habría imaginado más grande. No había ni un solo artilugio de cirugía, ni siquiera un bisturí. La estancia estaba únicamente ocupada por nuestros cuerpos y una máquina colocada en una esquina, que a mí me pareció una máquina de refrescos. Miré alrededor por si había otra puerta que diera a otra habitación en la que situar el quirófano. Nada. El misterio había pasado a ser incredibilidad, los nervios pasaron a ser disgusto.
      -Éste es mi quirófano -dijo abriendo los brazos dándome la bienvenida. -Aquel nunca visto.
      -No lo entiendo. ¡Aquí no hay nada!
      -¿Cómo que nada? Yo veo todo lo que necesito justo allí-señaló la máquina con el dedo.
      -¿Una máquina? ¿De bebidas?-empezaba a pensar que se había vuelto loco con la edad.
      -¡Insensato! No es una máquina de bebidas. Esta máquina es el hallazgo del que te he hablado, pues la descubrí con tu edad. Cuando era sólo un universitario que estudiaba matemáticas, me encargaron un trabajo de investigación basado en las dimensiones. Mientras estudiaba la perturbación del espacio, descubrí la forma de hacerlo con una máquina, y transportar un cuerpo de una dimensión a otra.
      -No lo entiendo. Entonces, ¿cómo operas de esa forma?
      -Transportando mi cuerpo a la cuarta dimensión.
      Yo puse cara de no entender nada.
      -Imagina que existieran cuerpos que solamente tuvieran medida de ancho y de largo, es decir, cuerpos de la segunda dimensión. Nosotros que somos seres de la tercera dimensión, podríamos incidir en su interior sin necesidad de abrirlos. Y del mismo modo, los cuerpos desde la cuarta dimensión pueden incidir en los seres de la tercera. Entonces…
      -¡Al perturbar el espacio gracias a la máquina, te transportas a la cuarta dimensión, y no tienes por qué abrir a los pacientes para operarlos! -interrumpí quedándome con la boca abierta de par en par.
      -Exacto -sonrió él.
      -Es increíble. Usted es increíble, señor.
      -Yo sólo tuve suerte, al igual que tú la vas a tener. Serás el único que conoce este secreto y te ruego que lo guardes bien.
      -Y ¿qué pasa con usted?
      -Simplemente, se me acabó el tiempo.

      El compuesto

      El compuesto

      ‘’Tenemos que bajar los niveles de contaminación este año. Estamos destruyendo la preciada capa de ozono que nos protege’’. Las palabras del presidente de la ONU sonaron por los altavoces de la televisión de Sergio Casablanca. Este joven de 19 años acababa de llegar de la universidad y se disponía a comer cuando oyó la noticia.
      ‘’Qué más nos puede pasar’’, pensó. Tenía claro que se enfrentaban a un gran problema. Al momento, recibió un mensaje en su teléfono. Su amigo Fernando le dejó un mensaje claro:
      ‘’Tengo una idea para lo de la contaminación y necesito tu ayuda. Esta tarde a las 7 en la biblioteca’’.
      A la hora acordada, entró en la biblioteca y lo encontró en una mesa entre libros y papeles llenos de ecuaciones químicas tachadas. Fernando le explicó que estaba buscando un compuesto químico que reaccionara negativamente con los gases destructores de la capa de ozono. Sergio accedió a ayudarle. Empezaron a buscar información sobre compuestos que reaccionaban negativamente contra gases, pero ninguno de los muchos ejemplos que encontraron les servía y decidieron dejar la búsqueda para los días siguientes.
      Los días iban pasando, sin encontrar el compuesto definitivo para aniquilar los gases contaminantes. Una noche, sobre las 2 de la madrugada, Sergio recibió una llamada que lo despertó y, a la vez, le alegró:
      -Sergio, la encontré- dijo Fernando ilusionado.
      -¿Qué has encontrado?- contestó Sergio, medio dormido.
      -La fórmula del compuesto que salvará la capa de ozono. Mañana en el laboratorio de la universidad lo probamos.
      Y eso hicieron durante unos 3 meses. Al terminar las clases iban a uno de los muchos laboratorios de la universidad y, con la ayuda del profesor Serrano, probaban el compuesto. Hasta que llegó el día que, tras varios intentos, consiguieron crearlo.
      -Por fin lo tenemos. Tenemos que testar primero si es perjudicial para los seres vivos -dijo Sergio.
      Al instante, el profesor Serrano trajo un pequeño ratón para probarlo. Se lo echó encima y no le hizo nada.
      -Está bien el animal -afirmó el profesor.
      -Perfecto -dijo Sergio- Ahora tenemos que comprobar si funciona con los gases contaminantes.
      Para probarlo con gases, decidieron salir al aparcamiento para hacer una prueba con el humo de los coches. Arrancaron el coche de Fernando y, cuando salió el humo por el tubo de escape, le echaron el compuesto y el humo desapareció.
      -Lo hemos conseguido -dijo Sergio emocionado.
      Al día siguiente, mientras estaban en clase, el rector los sacó y los llevó a su despacho para felicitarles y otorgarles un premio:
      -¡Estoy asombrado con el trabajo que habéis hecho! Quiero entregaros un premio honorífico a ambos por el descubrimiento que habéis hecho.
      Y ese no sería el único. Recibieron también varios premios nacionales por colaborar en la lucha de la contaminación.
      Al tiempo, decidieron llevar el compuesto a las distintas organizaciones internacionales, como Greenpeace y a la ONU, decidiendo que el compuesto sería liberado en las capas de la atmósfera para frenar la contaminación. Y llegó el gran día.
      Fueron enviados a Florida, al mundialmente conocido Cabo Cañaveral, de donde saldría en dirección al espacio la nave que soltaría el compuesto a la atmósfera.
      -Espero que funcione.- le dijo Fernando, muy nerviosamente, a Sergio.
      - Ya verás como sí que funciona.- le contestó, muy seguro de sí mismo.
      Y funcionó. Habían conseguido frenar la destrucción de la capa de ozono con su gran invento.

      El corazón

      El corazón

      Hola, mi nombre es... En realidad no tengo nombre, solo sé que soy el más importante de mis compañeros, sin mi, no serían nada, soy el corazón.
      Con mis ochenta y ocho años de vida he pasado por muchas fases, como todos unas eran más buenas y otras menos, a eso iba, hay cosas que me han pasado que no he acabado de entender aún, y que creo que moriré sin saberlo.
      En una etapa mía, cuando solo era un joven y saludable corazón de diecisiete años empecé a notar un dolor intenso que era diferente del que tengo ahora, un dolor que no era de enfermedad, un dolor que hacía que mis amigas las defensas bajaran y todos tuvieran menos ganas de hacer cosas.
      Yo estaba allí, era el que peor lo pasaba, así que tomé la decisión de enviar a una célula al cerebro y que le preguntase que es todo lo que estaba pasando, porque por lo que veía, él era el único que no lo pasaba mal.
      Cuando volvió, me explicó que mi compañero le habló de algo llamado amor y otra cosa llamada sentimientos, no entendía nada, ¿qué me intentaba decir con eso? Pues la verdad es que no lo sé, lo único que sé, es que esa fue la primera pero no la última vez que me pasaba.
      Ahora tengo un dolor muy diferente de ese, se trata de que tengo un nuevo compañero, que me está intentando hacer la vida imposible, y lo esta logrando, ese compañero es la cosa más malvada que nunca he conocido, ¡Maldito tumor!
      He estado siendo su rival durante unos siete meses, me he cansado ya de intentar que no me venza, ¿por qué necesito ganarle?, total, solo estoy pasándolo peor y estoy demasiado cansado ya…
      ¿Por qué no dejarle ganar? Creo que ya he vivido todo lo que he querido vivir y además todos mis otros compañeros lo están pasando mal por mi culpa, creo que es hora de descansar…

      El día del resultado

      El día del resultado

      Estoy en el hospital y tengo unos nervios que ni os los podeis imaginar, hoy es mi día. En este bonito martes me darán mi resultado, el resultado de los diagnósticios de las pruebas del cancer de colon.
      Hace unos cuantos meses me empezó a doler mucho la barriga y me empezó a salir sangre por el ano. Le dije a mi madre pero ella dijo que no era nada y que podía ser que estaba malo pero que no nada importante. Pasó una semana y empezé a perder peso de manera exagerada y le volví a decir a mi madre pero ella decía lo mismo, así que le dije a mi padre y estubieron hablando los dos juntos y decidieron llebarme al médico.
      La mañana siguiente no fuí al colegio sino que me llebaron al hospital para hacerme diferentes pruebas y analíticas de sangre. Entre esas pruebas la primera que me hicieron era para comprobar si tenía cancer de colon o algun tumor en el intestino fue una colondoscopia, en la cual me detectaron unos bultos, más tarde nos llebaron a una sala muy extraña para hacerme un TAC abdominal que era para detectar si existía un tumor, su localización y tamaño. La última prueba fue una analítica de sangre completa que esa fue la más rápida.
      Yo no sabia para que servian esas pruebas y le pregunté a mis padres para que me habían hecho tantas pruebas. Mis padres serios y preocupados me explicaron que todas estas pruebas me las habían hecho para comprobar si tenia alguna anomalía intestinal ya que por genética en la familia se habían dado casos de cancer de colon.
      Mis padres intentaron quitar importancia para que no me preocupara. Yo solo tenía 14 años y estaba lleno de miedo en mi interior. Nada más tenía ganas de que llegara el día en el que me dieran todos los resultados de esas indeseadas pruebas.
      Ese día es hoy...
      Estando en la sala de espera del médico, viene una enfermera y pronuncia mi nombre. Enseguida nos levantamos mis padres y yo para entrar en la consulta del médico.
      Nada más entrar el doctor nos estaba esperando sentado en su silla para atendernos y explicarnos el resultado. Lo primero que nos a dicho es que estubieramos tranquilos que todo tenía solución y que confiemos en él y su equipo. Después de estas palabras nos ha dicho que si se ha detectado un tumor en el colon. Nos ha explicado el proceso que habría de hacer. Estoy tan nervioso que no puedo entender nada de lo que me estan diciendo, aun así he empezado a llorar junto a mis padres.
      Grácias a mis padres y médicos se que me recuperaré pronto.

      El elemento del 1789

      El elemento del 1789

      Ese día me había despertado a las ocho y media de la mañana. Era un día lluvioso , de eses en los que tenías ganas de quedarte en cama sin hacer nada .Me levanté sin despertar a mi mujer ni a mi hija y me fui a desayunar a la cocina , en la planta baja ya se escuchaba a los mercaderes por las calles de Berlín. Era un miércoles por lo que me tocaba ir a abrir la botica que me dejara mi viejo amigo Valentín Rose el Viejo. Este año , 1789, no estaba siendo muy bueno para mi negocio , parecía que la gente estaba cada vez más sana y eso no me agradaba mucho.
      Ya había desayunado, me había vestido, y estaba listo para irme cuando empezó a llover , fue mala suerte. Me fui rápido a abrir la botica y a atender a una señora mayor , de estas señoras que se asoman al balcón a controlar el panorama y me pidió todos las medicinas y más que le recetara el médico.
      Ese día no podía ir a mejor hasta que un viejo amigo me llamó y me propuso ir a investigar un precipitado de pechblenda.
      La aventura prometía , era un material muy raro y yo no me esperaba que sus características fuesen menos . Quedamos en un lugar alejado, en su antiguo laboratorio a las afueras de la ciudad. El ya me estaba esperando impaciente por examinar el material. Comenzamos certificando su origen y el me contó donde lo encontrara.
      Pero tenía algo raro , había otra substancia que no se veía muy bien, eso nos llamó la atención. La substrajimos y descubrimos que no era ningún material ya conocido, con unas propiedades muy diferentes a cualquier otro material antes descubierto.DEsde ese día estaría ligado a este elemento para siempre.
      Estuvimos semanas investigando sin parar y mi negocio se lo cedí a un conocido.
      Era un material asombroso. Lo clasificamos, le pusimos nombre, determinamos sus características , lo introdujimos en la tabla periódica...
      En hacer todo esto tardamos al rededor de dos años de duro trabajo, día a día.
      Así y todo lo terminamos antes de lo previsto, y así quedo:
      Era un elemento químico metálico radioactivo de color plateado-grisáceo de la serie de los actínidos.
      Le pusimos de símbolo U y numero atómico 92 por lo que posee 92 protones y 92 electrones con una valencia de 6. Su núcleo puede llegar a contener entre 141 y 146 neutrones. Sus isótopos más abundantes son: el U-238 que posee 146 neutrones y el U-235 que posee 143 neutrones.
      Pertenece al período 7 y al grupo 3.
      Es un 70% más denso que el plomo.
      También descubrimos que se originó de forma natural durante las explosiones de las supernovas hace millones de años.
      Eses datos fueron todos los que conseguimos obtener durante eses años.

      Más tarde me convertí en profesor de química y durante una charla en la Academia de Ciencias de Berlín propuse uran como nombre a este peculiar elemento. Más tarde se le llamó uranio ,. y todo esto en honor al nuevo planeta del Sistema Solar descubierto unos años atrás :Urano.
      También trabajé como químico en el desarrollo de la química analítica, y no es por fardar, pero me conocen como su padre.
      Mi último trabajo fue en la Universidad de Berlín que fue fundada en 1810 como, obviamente, profesor de química.
      Desde ese año he estado trabajando ahí y ahora antes de morir quiero dejar esto escrito para que me recuerden por algo.

      Maarten Heinrich Klaproth descubridor del uranio.

      El ente

      El ente

      EL ENTE
      Sentado en su videoconsola, como siempre, se aburría enormemente. Pensó que ya era hora de hacer algo que lo sacara de la rutina. Pero algo grande.
      Los acontecimientos a los que iba asistiendo eran cada vez menos de su interés. Hacía tiempo que la vida iba desapareciendo de algunos sistemas solares. Se acuerda aún, porque formaron mucho jaleo, de aquel pequeño planeta de la Vía Láctea. Aquel pequeño y estúpido planeta llamado Tierra.

      Cuando los planetas se quedaban sin recursos, los seres vivos habían intentado irse a otros planetas deshabitados, pero no habían tenido éxito. Lo ponía de mal humor que los seres vivos fueran tan idiotas. Tan destructivos.
      ¿Qué tal si pasaba a la acción en vez de seguir observando? Miró un rato todos los mandos de su videoconsola. Se decidió por uno de los botones, el de la temperatura. Empezó a subirla, muy despacio. A medida que la flecha del cursor ascendía contemplaba lo fácilmente que se iban extinguiendo las formas de vida de todos los planetas de todas las galaxias. ¿Y las estrellas? El espectáculo era increíble. Se le escapaba la risa al ver cómo millones de estrellas iban desapareciendo y cómo se llenaba todo de cadáveres estelares.
      Un poco más de suspense.
      Se le ocurrió crear un efecto invernadero a escala universal. Cuando subió la temperatura a 300 grados ya había conseguido que todos los planetas fueran inhabitables. La contracción del universo era cada vez más rápida. Cuando llegó a 2000 grados hubo una radiación cósmica. Las pocas estrellas que quedaban chocaban entre sí porque ya no tenían espacio. Otras, al no poder deshacerse del calor acumulado en su interior, pasaban a absorberlo del exterior hasta llegar a estallar.
      Ahora solo quedaban los agujeros negros que dejaban el estallido de las estrellas y un plasma como lava ardiente y de muy diferente densidad. La temperatura de este plasma, cada vez más alta, destruyó los átomos y las partículas elementales, dejando solo quarks. Para divertirse un rato más, empezó a fusionar los agujeros entre sí. Al fusionarse, empezaron a absorber materia hasta dejar el super agujero negro.
      Final del juego. El fin del espacio, del tiempo y de todo.
      Impresionante.
      ¿Y ahora?
      El ente inmortal se sentó de nuevo en su consola. Pensó en cómo seguir el juego, en qué hacer para no acabar con la diversión.
      Así que se dispuso a desencadenar un nuevo Big Ban.

      EL GRAN GOLPE DE ESTADO TRANSGÉNICO

      EL GRAN GOLPE DE ESTADO TRANSGÉNICO

      Alrededor del año 2440, cobró una gran importancia la manipulación humana con ingeniería genética para diseñar a los futuros policías de la ciudad de Nueva York. Así nació un varón llamado Scott, cuya información genética fue corregida para evitar problemas hereditarios, como la miopía, el cáncer...; y proporcionarle una mejor resistencia física. Scott empezó a asistir a la escuela y desde pequeñito ya tenía claro que su sueño era ser policía. Soñaba con patrullar las calles de la ciudad, persiguiendo y deteniendo a delincuentes, haciendo justicia en aquel lugar, especialmente en el barrio de Brooklyn, lugar que le traía malos recuerdos a la cabeza.

      Pasaron los años y más años y, cuando el joven hubo acabado sus estudios, decidió alistarse en la lista a candidatos para realizar las oposiciones a guardia, pero para el momento que quiso hacerlo, su madre ya le había inscrito en una determinada academia. Se presentó allí el primer día, rellenó todo el papeleo sobre el curso y le pidieron una muestra de su ADN, él se extrañó pero no hizo demasiadas preguntas el primer día. Además, conoció al que sería su profesor y tal vez algún día futuro jefe, el señor Watson. Este le ordenó quedarse hasta que finalizarán varias pruebas a las que debían de ser sometidos sus muestras para confirmar su posible aceptación y así hizo. Más tarde, al leer los resultados, desconocía una parte, así que al regresar a casa le preguntó a su padre, ya que también era policía y se había formado en la misma academia en la que él iba a hacerlo. En ese momento fue cuando Scott descubrió el secreto que sus padres le habían ocultado durante toda la vida, su primera reacción fue de enfado pero varios segundos después se le olvidó y comenzó a hacer preguntas serias como si de un interrogatorio se tratara. Su padre le contó toda la historia con todo detalle. Consistía en que, cada año, un determinado número de niños serían modificados para poder trabajar para la CIA (Agencia Central de Inteligencia) y ahí tal secretismo porque nadie podía enterarse de que ese pequeño niño algún día estaría buscando a traficantes, mafiosos, ladrones... Pero Scott no era un niño cualquiera, ya que su padre, ya retirado de dicho puesto de comisario, había sido uno de los soldados que más medallas de honor y méritos había conseguido, así que la CIA tras enterarse de su futuro niño no quiso perder esa oportunidad.

      El muchacho comenzó las prácticas en el cuerpo de policía varios días después y no podía estar más encantado, no sólo porque le interesaban esos temas sino por el simple hecho de haber sido seleccionado antes de haber nacido. Le aburría un poco tener que estudiarse todas las leyes, sanciones, etc. pero solo con pensar en el futuro que tenía por delante, se motivaba más y más para asegurarse que conseguiría seguir los pasos de su padre. Pasados duros años de entrenamientos físicos, largas noches en vela estudiando y diversos proyectos, Scott se graduó. Fue destinado a trabajar en la central de la CIA, que estaba situada en las afueras de la ciudad. Llegó allí el primer día y al ver todo lo que sucedía a tan solos unos kilómetros de su casa, se quedó atónito con la boca abierta. Jamás hubiera podido imaginar tal cosa y menos en la cantidad de personas que se encontraban haciendo en ese momento o pruebas atléticas, o experimentos... El señor Watson fue su guía, le resolvió toda las dudas que tenía y le contó un poco como funcionaba todo. Tenían alredor de unas 5.000 personas transgénicas trabajando para ellos, con grandes habilidades e impresionantes coeficientes intelectuales. Watson le mostró su equipo de compañeros y el camarada que sería su nuevo profesor. Scott aprendía rápido, tanto que tuvo que ser cambiado varias veces de nivel por el increíble avance que había tenido en tan poco tiempo. Además, aparte de los entrenamientos, en alguna ocasión había salido con los profesionales a cumplir las misiones.

      Años más tarde, tras Scott haber adquirido todas las técnicas de perfeccionamiento de su trabajo fue nombrado jefe supremo de la CIA, cosa que a su padre no le pudo hacer más feliz en la vida. Todo parecía genial, la vida le iba bien, había conocido a una chica, tenía un buen trabajo... pero a él con eso no le bastaba, ya que nunca había llegado a entender la injusticia de que él fuera una persona transgénica y el resto no, siendo que eso conllevaría una mejor vida. Sin pensárselo mucho más, reclutó a las 5.000 personas modificadas e hicieron un golpe de Estado proclamando la igualdad para todos. Finalmente, toda la sociedad se modificó genéticamente produciendo así grandes mejorías en la vida de aquella ciudad de Nueva York.

      El matrimonio

      El matrimonio

      Esta es la historia de un noviazgo. En ella un joven, de aspecto extraño, con una familia de lo más aérea, casi se diría que etérea. Por más que iba de Norte a Sur, de Este a Oeste, no encontraba a su media naranja. Tanto era asi, que su primo que era tres veces mayor que él, se llamaba Ozono, le dijo te vas a quedar soltero y yo de eso se un rato.
      Pero el siguió buscando, llegó incluso al espacio, el quería casarse, pero todo estaba en su contra. Pero insistió y nunca desistió, hasta que un día,conoció a dos gemelas idénticas, eran como dos gotas, para ser exactos, era imposible diferenciarlas. Se llamaban igual, pero a él no le importó, eran tan iguales que importaba el nombre. Ambas se llamaban Hidrógeno, y nada más verlo, quedaron prendadas de él, tanto fue su amor que no se lo pensaron y decidieron casarse ya. Y se casaron, las hermanas hidrógeno con el joven oxígeno, y de su matrimonio perfecto y maravilloso, de su unión y su fusión apareció el agua. Un matrimonio de lo más llamativo.

      El mejor regalo

      El mejor regalo

      Recuerdo aquel día como si fuera ayer, era un día soleado de abril. Fui a clase, como cualquier otro miércoles. El día de antes mi hermano Jorge y yo habíamos estado enredando, resulta que él no iba a ir a clase, tenía revisión médica. Esto se debía a que hacía ya algunas semanas, mi hermano se llevaba encontrando no muy bien. En el entrenamiento no rendía igual, se cansaba antes. Y los últimos días le había salido un hematoma de muy mal aspecto en el brazo.
      Acabaron las clases aquel día, y mi padre, como de costumbre, vino a recogerme. Para mi sorpresa algo malo había pasado. Lo note en su cara en cuanto lo vi. Era mi hermano. Aquel día a mi hermano le habían hecho un análisis de sangre y algo no marchaba bien. El doctor insistió en que no era concluyente, que había que realizar algún estudio más. Esa noticia cambió la vida de mi familia y la mía como nadie esperaba. Aquel día la cena fue más incómoda de lo normal. Silencio. El silencio lo decía todo, aquella sensación de preocupación, de miedo, de saber que algo escapaba a nuestro alcance y que podía repercutir en mi hermano.
      Esa noche pude oír a mi madre llorando. Al día siguiente me dirigí al colegio, con una sensación de incertidumbre, mi hermano se disponía a ir de nuevo al médico, iban a realizarle una biopsia. Aquella era la prueba a la que el doctor se refería como concluyente. Pasé aquel día en la escuela como un mal sueño que nunca acababa, solo quería oír aquellas palabras que me rondaban la cabeza: está bien. Mi padre vino a recogerme, al entrar en el coche me cogió la mano, me miró fijamente y me dijo: -Haremos esto juntos, tu hermano nos necesita-. Una lágrima efímera recorría su rostro. Ahí lo entendí, mi hermano merecía mi apoyo y yo iba a hacer todo lo posible por ayudarle. Cuando llegamos a casa, una desesperanzada reunión familiar en la que mi hermano no estaba presente me hizo enterarme de lo que pasaba realmente.
      Mi hermano tenía leucemia aguda. No pude contener las lágrimas y fui corriendo a la habitación de mi hermano, allí estaba mirando por la ventana. Dejé a un lado mi orgullo y corriendo me acerque a él, le di un beso en la mejilla y le susurré al oído: -Te quiero-. Fue en ese momento cuando me dí cuenta de que él también estaba llorando. Un gran abrazo entre los dos es lo último que recuerdo de aquel día.
      Las próximas tres semanas fueron más duras, le empezaron a administrar quimioterapia, para intentar frenar el avance de la enfermedad. Poco a poco íbamos dándonos cuenta de la gravedad de la situación, a mi hermano se le empezaba a caer el pelo. Después de algunos días yendo al hospital y volviendo Jorge lo había perdido completamente. Uno de los siguientes días, para sorpresa de mi hermano, decidí apoyar a mi hermano peculiarmente, y opté por raparme al cero. Cuando Jorge me vio, recuerdo que afloró en su cara la primera sonrisa sincera en mucho tiempo, las lágrimas de mis padres, mi hermano y mías sellaron en aquel momento un pacto de fuerza y amor. Fue uno de los momentos más felices de mi vida. El mes siguiente mi hermano lo iba a pasar en una cámara de aislamiento, donde estaría a salvo de las posibles infecciones que lo pudieran amenazar. Ya que iba a empezar con una quimioterapia más persistente. Según como lo entendí en aquel momento, el plan trataba de dejar a mi hermano sin defensas, ya que la quimioterapia acabaría con las células malignas, pero también con las que le protegían. Una autotransfusión de sangre era la primera opción, pero no dio resultado. Aquello nos dejó conmocionados, pero había más opciones. Yo veía a mi hermano mayor, el fuerte, cansado, triste, pero las largas tardes en el hospital hablando a través de aquel cristal me hicieron darme cuenta de que era mucho más que eso. Entonces surgió la luz. Una serie de pruebas de compatibilidad a los familiares desveló que había alguien que podía ayudarle a salir de la enfermedad. Aquel era yo. Pasé alrededor de tres horas conectado a una máquina que me extraía sangre, y finalmente, de allí surgió el milagro que curaría a mi hermano y acabaría con aquella pesadilla. Separando las células madre del resto de componentes sanguíneos. Recuerdo las siguientes palabras de mi hermano: -Te debo mi vida-.
      Han pasado diez años desde aquel instante, pienso en todo ello como un mal trago que quedó en eso. Me acuerdo de todo esto porque hoy, un miércoles soleado de abril, un chico de 16 años ha sido ingresado en la planta de hematología donde trabajo.

      El momento de los números

      El mundo de las espadas

      El mundo de las espadas

      Estamos en el 2022, donde la humanidad finalmente ha hecho realidad un mundo virtual completo. Acaban de poner a la venta un nuevo videojuego, un título de lanzamiento, para un dispositivo apodado “Nerve Gear” con forma de casco que se conecta tanto a la red eléctrica como a la red de internet y permite experimentar en primera persona mundos virtuales generados por ordenador. La gente ha estado haciendo cola durante días para poder conseguir su copia de este nuevo juego “El mundo de las espadas”, por suerte, fuí uno de los mil afortunados ‘beta-tester’, quienes se encargaron de probar el juego tiempo antes del lanzamiento para solucionar posibles errores de programación. Estaba sentado delante de mi escritorio junto a mi cama mirando fijamente al monitor del ordenador mientras daban la transmisión de juegos MMO semanal, en la que hablan justamente del lanzamiento de dicho juego, al cabo de haber terminado, decidí conectarme, me coloque el casco, lo enchufé a la red y me tumbé en la cama. “Inicio del enlace” oí a medida que se encendía el aparato. De repente empecé a ver infinidad de luces de colores pasar rápidamente delante de mis ojos y apareció un formulario pidiéndome iniciar sesión con mis detalles de usuario. Luego de rellenarlo aparecí en el punto de reunión del mundo virtuales, la ciudad de los inicios, me costó acostumbrarme a los movimientos, hacía tiempo que no me conectaba, pensé. Eché una ojeada a los alrededores, estaba todo lleno de gente, de repente, oigo gritos de un hombre joven dirigiéndose corriendo hacia mí. Me preguntó si había participado en la etapa de beta-test, me pidió que por favor le mostrará lo básico para progresar, acepté a medias, pero ya era demasiado tarde. “Me llamo Klein, mucho gusto.”, dijo. Me presenté, mi seudónimo es Kirito respondí mientras nos dirigimos a un campo cercano, quería enseñarle a subir de nivel, para ello debía eliminar las criaturas que habitaban aquellos lares, para empezar, le propuse combatir contra uno de los enemigos de nivel más bajo, un jabalí. No duró ni quince segundos, lo tuve que ayudar a levantarse del suelo mientras se quejaba de un golpe en la entrepierna. Le sugerí que intentara usar una habilidad de espada y hacer el movimiento de entrada correctamente. No me entendió así que se lo repetí, le dije que hiciera una pequeña pausa antes de atacar y que cuando notara que se empezaba a activar la habilidad la ejecutara y listo. Se puso en posición de ataque, blandiendo su espada a medida que el jabalí corría hacia él con la intención de embestirle, al estar a unos pequeños centímetros de distancia, Klein logró bajar todos sus puntos de salud de un solo golpe y saltó de felicidad cuando se dió cuenta de su hazaña. “Felicidades”, le dije, “pero ese jabalí es casi tan débil como un ‘slime’ lo sería en otro juego.”, añadí. “¡¿En serio?!” contestó, “Imaginaba que era un jefe o algo por el estilo.” dijo. “Por supuesto que no.”, respondí, riendome. Me pregunto si habían muchas habilidades, y le aseguré que había una infinidad de ellas. Aunque en cambio, no hay magia, argumenté. “¿Un juego de rol sin magia?” dijo, “Una decisión muy atrevida.” objetó al mismo tiempo que probaba las nuevas habilidades que había desbloqueado combatiendo al jabalí. Decidí continuar y mostrarle lo siguiente, acabamos sentados en una colina y dijo que por muchas veces lo viera seguía sin creer que de verdad estuviera en un juego. “Quien lo haya hecho es un genio.”, dijo. Se sintió contento de haber nacido en aquel momento en el tiempo, donde esto era posible. “Siempre exageras con todo.” dije, “¡Es la primera vez que experimento un mundo virtual completo!” replicó. Entonces le pregunté si era la primera vez que jugaba a un juego de Nerve Gear, dijo que no, al parecer fue uno de los diez mil afortunados que logró pre-comprar el juego antes de que se esfumaran todas las unidades en menos de tres segundos. “¿Hasta dónde llegaste en la beta?” preguntó Klein. “Solo hasta el piso 8, en dos meses.”, contesté. “Aunque esta vez solo me va a tomar un mes.” añadí. Le pregunté si quería seguir cazando un poco más, respondió que le encantaría, pero dijo que tenía hambre y que se desconectaría, dentro de un mundo virtual la comida no llena solo te hace pensar que no tienes hambre. Me dio las gracias por todo y dijo que me debía una. Klein se apartó a un lado y abrió el menú de juego. “Qué raro.”, dijo Klein, “No hay botón para desconectarse.” añadió extrañado. Le pedí que se fijara bien. “No, no lo veo por ninguna parte.” respondió. Al final del menú principal, dije a la vez que abría el menú por mí mismo, aquí está… me quede mudo al comprobar que de verdad había desaparecido el botón de desconexión. “¿Ves? No esta.”, dijo Klein, “Bueno, es el primer día de servicio oficial, habrán algunos errores.”, “Estoy seguro que administración debe estar a punto de llegar.” añadió. “Son las cinco y media.”, dije. “¡Va a llegar el repartidor de pizza a domicilio y no le voy a poder abrir!”. “Llama de una vez a un moderador, entonces.” le respondí. “Lo intenté pero no responden.” dijo, “No había alguna otra forma de desconectarse.” añadió. “No. Cuando un jugador quiere desconectarse tiene que hacerlo por el menú.” contesté. “Que cosa más ridícula. Debe de haber otra forma.” rebatió. “Tampoco hay ningún cierre de sesión de emergencia en el manual.” respondí. “Estás bromeando, ¿verdad?” dijo. “Ya sé, solo tengo que quitarme el Nerve Gear de la cabeza.” añadió mientras acercaba sus brazos a la cabeza como para quitarse un casco inexistente. “No puedes.” le contesté. “No podemos mover nuestros cuerpos reales.” dije, “El Nerve Gear cancela todas las órdenes que le mandamos a nuestro cuerpo desde nuestro cerebro.” señalé. De repente un humo azulado nos envolvió y fuimos teletransportados de vuelta al punto de reaparición. Al parecer no habíamos sido los únicos, de hecho, parecía que todo el mundo estuviera allí. Al cabo de unos instantes empezó a sonar una campana y el cielo se volvió de color sangre al mismo tiempo que aparecía una gran figura como de un hombre, flotando en el cielo, llevaba una capucha que no le dejaba ver la cara y decía en voz solemne:
      “Atención, jugadores. Bienvenidos a mi mundo, soy el creador de este juego. Actualmente, soy la única persona que controla este mundo. Estoy seguro que ya habrán notado que el botón de desconectarse no está en el menú. Pero eso no es un bug en el juego. Es una característica de El mundo de las espadas. No pueden salir de salir de aquí por sí mismos. Y nadie del exterior puede apagar o quitarles el Nerve Gear. Si alguien lo intenta, el dispositivo de alerta dentro del Nerve Gear, enviará una microonda poderosa que destruirá sus cerebros y terminará con sus vidas. Desafortunadamente, muchos amigos y familiares de los jugadores han ignorado esta advertencia e intentaron quitarles el Nerve Gear. Como resultado, 213 jugadores ya no están ni en El mundo de las espadas ni en el mundo real. Todos los métodos de resucitar a alguien dentro del juego han dejado de funcionar. Si sus puntos de vida llegan a 0, su avatar se perderá para siempre, y al mismo tiempo, su cerebro será destruido por el Nerve Gear. Solo hay una forma de salir: Terminando el juego.”

      El ojo de cristal

      El ojo de cristal

      Cuando era pequeña, con cinco años, estaba en la playa y vi a un señor que se acercaba con un perro. Tenía una correa muy extraña yo me pregunté que para que la utilizaría. También me fijé en que llevaba unas gafas. Me estuve un rato preguntando el “porqué” hasta que se lo pregunté a mi madre. Después de esto yo seguía sin entender porqué el no veía y yo sí. En este momento decidí que de mayor quería estudiar medicina, pasé primaria, secundaria, bachiller y finalmente llegue a la universidad y me puse a estudiar lo que quería.
      No era una universidad muy bonita ni tampoco muy prestigiosa, pero para esto habían alcanzado mis notas; así que me bastaba. Empecé a estudiar y buscando encontré un tipo de cristal que me valdría para lograr mi invento.
      Al acabar la universidad comencé investigando sobre ese material y cómo podría crear un instrumento para curar a las personas ciegas. Después de muchos años conseguí hacer un ojo de cristal con una mini cámara. El ojo se implantaba en el hueco si la persona no tenía ojo y si tenía ojo se le ponía una capa del cristal por encima. Luego se le implantaba un micro chip en el cerebro al que le transmitía las imágenes con los colores y formas. Continué investigando hasta que una universidad americana se ofreció a poner el invento en prueba. Por fin, el invento, en las personas que lo ensayaron iba bien, así que lo sacaron al mercado
      Hice mi mayor fortuna, por haber querido ayudar a un señor, ser una gran científica al servicio de personas que lo necesitan.

      El origen de nuestra especie

      El origen de nuestra especie

      Este de África, sabana, hace 3,7 millones de años.

      Hace más de ocho lunas que perdí el rastro de mi grupo, y desde entonces no he podido llevarme nada a la boca. Me siento débil y cansado. Ya está atardeciendo, y subo a un árbol para pasar la noche. Me tumbo en el pliegue de una rama baja; no puedo ni trepar a una altura más segura. Al rato de dormirme, un débil ruido me pone en alerta. Miro abajo y veo un ser de enormes colmillos que me mira fijamente, listo para el ataque. Aterrorizado, asciendo todo lo que puedo para ponerme fuera de su alcance, pero sé que tarde o temprano se me acabarán las fuerzas, y será el fin para mí. De pronto, la rama que me sostenía (más débil de lo que yo hubiera deseado) se rompe, y caigo al vacío, con la suerte de que aterrizo sobre una rama más baja a la que me engancho con ambas patas, sin darme cuenta de que, en las extremidades superiores, aún sostenía con fuerza la vara a la que antes estaba agarrado. Entonces, una idea nace en mi mente. Una idea. Algo en mi interior me dice que me descuelgue y use la vara para batir con fuerza sobre la cabeza de mi enemigo. Con un rugido, la fiera da media vuelta y se interna en un bosque. Una idea. Tuve una idea. Nunca antes había utilizado otros objetos para ayudarme... ¿Qué más podré hacer? ¿Para qué me podrá servir esa piedra, ese tronco seco, ese barro?

      Ya ha pasado mucho tiempo desde el episodio de la rama, y he reencontrado la manada. Gracias a mi ingenio, ahora soy el nuevo líder. Ahora nos es más fácil conseguir alimento y defendernos. Sin embargo, temo que mi descubrimiento pueda acabar con nosotros, ya que ahora dependemos demasiado de las herramientas, se nos está adormeciendo el instinto... Espero que esto no acabe llevándonos al desastre, y que mi legado tenga un buen uso.


      Centroamérica, selva, 2016:

      Un accidente. Estoy perdido, solo, lejos de todo, desprovisto. ¿Podré sobrevivir sin otros objetos que mis manos? Mi viaje será un viaje atrás en el tiempo. Hasta entender el mundo como si fuera el primer hombre.

      El pequeño inventor

      El pequeño inventor

      Era el día 6 de mayo de 2018, cuando aquel pequeño hombrecito de tan solo 18 años estaba a punto de encontrar un invento que revolucionaria el mundo.
      Estaba como era habitual en su casa en el laboratorio personal, intentando encontrar esa forma de fusión donde podría conseguir crear O2 de manera artificial. Era las tantas de la noche, y no conseguía aún que le saliera, pero él no se rendía, seguía intentando poner H2O por aquí, CO2 por allá, estaba a punto de conseguirlo, pero aun no era el momento en el que encontraría ese invento, tuvieron que pasar muchas más horas para que al fin se hiciera famoso, él lo hacía solamente por encontrar la fama.
      Pasaron 3 días más cuando al fin sin apenas salir del laboratorio encontró la solución para el oxígeno artificial creado por el, fue un invento que le dio muchísima fama acerca del mundo, pero lo que él no sabía con certeza era que es invento se usaría tan mal, él lo había encontrado pensando en una posibilidad aparte de por encontrar la fama mundial, y por el premio nobel, él había escogido este invento pensando en una posibilidad de crear algún tipo de bases marinas, o en un futuro no muy lejano, ir a exploraciones espaciales, pero usaron este tipo de oxigeno por hacer armas nucleares, pero antes de que consiguieran hacer estas armas nucleares, también consiguió crear hidrogeno en su punto más alto de la su carrera profesional, consiguiendo su segundo premio nobel, pero más adelante sí que fue un error este invento, ya que conseguirían crear la bomba más importante que se haya construido en el mundo.
      No obstante todos estos inventos espectaculares, siguió intentando hacer los mejores inventos que uno pueda imaginar, pero en todas esas ocasiones fracaso una vez detrás de la otra, lo que le llevo a perder su buena fama, a hacer cosas que no poseían ningún sentido.
      Pero a base de tiempo y esfuerzo, al fin pudo encontrar un nuevo invento, que es verdad que triunfo, pero también le llevo a su perdición, ya que pudo inventar un robot muy perfeccionado, pero este no estaba del todo bien programado, así que el robot tubo un deslice de personalidad y mato al gran científico, un científico que aun habiendo inventado muchas cosas sin sentido, fue uno de los mejores científicos que tuvo la historia, y este robot lo pudo perfeccionar su nieto, quien también gano algún premio nobel

      El perro con sorpresa

      El perro con sorpresa

      Todo empezó el día de final de curso, yo llegué del colegio a casa, donde me estaban esperando mis padres. Lo primero que hice fue enseñarles las notas que había sacado. Entonces cuando mis padres hubieron visto todas mis notas me felicitaron porque había mejorado mucho desde el segundo trimestre, y al fin llegó el momento importante. Primero me dijeron que tenían una sorpresa para mi, pero que me la darían mañana, me dijeron que era una cosa que hacía mucho tiempo que les pedía pero que nunca me la habían comprado. En ese instante me di cuenta de lo que estaban hablando, de lo que más ilusión me hacia del mundo, que era tener un perro. Les pregunte si era un perro la sorpresa que tenían para mi y me respondieron que sí.
      Al día siguiente nos fuimos hasta el criadero donde nos dieron el cachorro que encargó mi padre, era un macho que apenas tenía 3 meses. Cuando me lo dieron lo cogí y me lo puse en brazos y él me empezó a lamer. En aquel momento supe que aquel perro y yo íbamos a pasar muchas cosas juntos. Estuvimos un par de horas más donde el criador nos enseño su padre y su madre y también como estaban los cachorros de bien tratados. Nos explicó un poco como teníamos que alimentarlo y cada cuanto más o menos teníamos que llevarlo a la peluquería, etc. Después nos lo llevamos para casa y mis padres me hicieron prometer que iría a pasear al perro y que me ocuparía de cualquier cosa que le ocurriese cuando ellos no pudieran ocuparse de él.
      Pasaron los días y los meses y el cachorro se hizo más grande, él era un perro de una raza poco común y desde que era pequeño había tenido problemas en los ojos, desde pequeño siempre le habíamos puesto gotas en los ojos. Los perros de su raza, que eran muy pocos en el país, tenían problemas de estos, pero además esta raza tiene mucho pelo en la cara y le tapan un poco la visión. Nos empezamos a dar cuenta que comenzaba a darse muchos golpes porque no veía el obstáculo. A veces jugando con otros perros se daba contra un árbol, cuando los otros perros lo esquivaban o incluso por la calle si había una columna se había dado alguna vez contra ella. Cuando estas cosas empezaron a frecuentar, nos fuimos al veterinario y este le hizo una revisión a fondo del ojo. Cuando este acabo nos dijo que en el ojo tenia algo muy extraño, como unas burbujitas dentro y nos dijo que tenia que mirarlo con más calma. Le administro unas gotas para dilatar el ojo y verlo mejor. Cuando el veterinario hubo acabado nos dijo que antes de asegurarnos lo que tenia el perro, quería hacerle una ecografía en el ojo donde había visto el problema. Cuando la ecografía estuvo echa nos dijo que al perro tenía una malformación congénita, y que además ésta le provocaba una catarata. Nos dijo que la malformación era irremediable pero que la catarata se le podía operar cuando fuese más madura. Nosotros nos quedamos muy sorprendidos al ver que le pasaba esto porque el perro tenia pedigrí y tenían la obligación de dárnoslo sin ningún problema hereditario. Estuvimos hablando con el criador y nos dijo que nunca le había pasado una cosa igual, aunque des de entonces los padres de nuestro perro no han vuelto a hacer ninguna camada.
      Llegó el día de la operación y fuimos todos a acompañar a nuestro perro a la operación, estábamos todos muy nerviosos porque podía quedar ciego del ojo que le operaban. Tardaron unas cinco horas pero se nos hicieron eternas y cuando llegamos nos dijeron que había salido todo bien. Estábamos todos muy contentos y al cabo de un par de minutos nos trajeron a nuestro perro. Todos empezamos a decirle cosas y el estuvo muy feliz de vernos, lo supe por como movía su colita. No pudimos abrazarlo mucho porque llevaba campana y no se le podía tocar mucho el ojo. Durante los próximos días tuvimos que echarle muchas gotas, y aunque no le gustaba nos recompensaba ver como cada vez abría más el ojo. Tuvimos que llevarlo a parques donde no hubiesen perros para que no jugara y se hiciera daño. Al cabo de los meses tuvimos que ir a menudo al veterinario para controlar que todo estuviese bien.
      Desde entonces no tuvo más problemas, aunque sabemos que va a perder la visión del ojo donde tiene la malformación más deprisa que los demás. Pero hasta que no llegue ese momento, vamos a disfrutar de largos paseos que recordará tota la vida.

      EL PRECIO DE SER UN SÚPER-HOMBRE

      EL PRECIO DE SER UN SÚPER-HOMBRE

      ¡Qué paradoja! En un quirófano fue donde me convirtieron en lo que hoy en día llaman "súper-hombre" y en ese mismo quirófano mi mujer perdió la vida dando a luz a aquello que se convertiría en lo más valioso de mi vida.

      Durante muchos años me he considerado un hombre muy afortunado, y ya me ves, sentado en el suelo de mi despacho con la mirada perdida en la pared repleta de diplomas, títulos y premios en los que se puede leer: "Orden Estatal de Mérito Científico de Massachusetts", "Premio Internacional de Biología", "Medalla Darwin".... Todos estos reconocimientos científicos a mi nombre: Matthew Brown, y sin embargo, ya me ves...

      Nací en una familia humilde como la de muchas otras, mi juventud se caracterizó por su monotonía, como la de muchos otros, y ahora en cambio daría lo que fuera por haber seguido siendo como uno más de aquellos otros...

      Fueron mis ganas de cambiar esa vida y mis ansias de ser alguien mejor lo que me llevaron a centrarme de forma obsesiva en mis estudios de biología, especializándome en la rama de la genética. Siempre me llamó mucho la atención el área de los transgénicos, hasta entonces los podíamos encontrar en plantas y animales, pero yo fui más allá, y persiguiendo mi propósito por destacar sobre los demás, conseguí la forma de aplicar estas modificaciones en el ADN humano, que garantizaban la ausencia de enfermedades además de unas condiciones físicas de "súper-hombre" que permitían disfrutar de una vida larga y saludable. Esa obsesión me pudo más que el miedo a las posibles consecuencias y decidí entrar en quirófano para probar estas modificaciones en mi propio cuerpo.

      Ante los espectaculares resultados, mi descubrimiento tuvo una gran aceptación, hasta tal punto que a pesar del elevado coste económico del complejo proceso de transformación, gran parte de la población quiso dar todo lo que tenia por conseguir someterse a ese tratamiento. Es fácil imaginar, la riqueza que con todo esto acumulé, proporcionándome una vida rodeada de lujos y abundancia desmesurada que no supe controlar y pronto me llevó a una vida desordenada y de derroche excesivo, que me hizo perderlo todo, haciéndome volver a la situación humilde y monótona de la que siempre había huido.

      Fue entonces cuando conocí a mi mujer, a la que tanto le debo, ya que me enseñó a valorar y a ser feliz con esa vida que tanto había despreciado. Consiguió que yo me olvidara por un tiempo de mi condición de "súper-hombre" hasta que ella falleció al nacer nuestro hijo que con tanta ilusión esperábamos.

      Desde entonces cada vez que me miraba al espejo y recordaba lo que era, no podía evitar culparme por su muerte, ya que nuestro bajo poder adquisitivo no nos permitió que ella pudiera someterse a mí mismo tratamiento, el cual la hubiera salvado. En esos momentos mi vida se centró en mi hijo, que era lo único que me quedaba. Esa angustia se agravó cuando leí un artículo sobre recientes estudios científicos, que revelaban las horribles consecuencias que mi descubrimiento causaba a los descendientes de todas aquellas personas transgénicas, que al poco tiempo se manifestaron en mi hijo.

      De inmediato me puse en contacto con los investigadores que habían descubierto esas alteraciones, proponiéndoles trabajar con ellos en busca de una solución para el problema. Mis grandes conocimientos sobre el tema y la urgencia por encontrar el método para salvar a la población afectada hizo que aceptaran sin pensarlo dos veces mi ayuda. Mi propuesta fue basar nuestros estudios en analizar los animales transgénicos ya que en sus crías no se producían estos efectos.

      El tiempo pasaba, el estado de salud de mi hijo empeoraba cada vez más, y las investigaciones no daban sus frutos, la cura no llegaba....

      Mi ojos se inundan de lágrimas. Recordar mi historia se me hace muy duro pero aún más cuando pienso que por mi culpa otras muchas personas han sufrido lo mismo que yo. Como te decía, ya me ves.... Sigo aquí sentado en el suelo de mi despacho con la mirada perdida, tras haber recibido hace unos minutos la llamada del laboratorio confirmando los resultados positivos de nuestra investigación, por fin hemos hallado la solución a la enfermedad que afecta a los hijos de los transgénicos.

      Mañana hará seis años que murió mi hijo.

      Vuelvo a mirar los reconocimientos a mi trabajo y esfuerzo, que de nada me ha servido para salvar a mi hijo. Ya me ves... Aquí, lamentándome por haber querido buscar la perfección de un ser humano, y no haber sido capaz de comprender, que la perfección del hombre se consigue cuando es feliz. Y yo he desaprovechado esa oportunidad.

      Ya ves qué precio tan alto he tenido que pagar por querer ser un "súper-hombre".

      El profundo sueño

      El profundo sueño

      Juan era un niño de 12 años vivía en una ciudad cual quiera, le encantaba jugar a futbol, aunque no era una persona que no destacaba especialmente en el equipo. Tenía dos hermanos, ambos mayores que él. La casa en la que vivían era más bien pequeña a pesar de que tenía un baño, tres habitaciones, una cocina y un pequeño comedor donde pasaban mucho rato toda la familia. Juan era un niño muy reservado aunque sorprendente porque a la que hablaba un poco, con pocas palabas todo lo dejaba más que claro.
      Des de que Juan es pequeño que es sonámbulo. En su casa ya lo saben ya que cuando ni tan solo tenía 4 años se levantó de la cama y fue a la habitación de sus padres. Ellos creían que había tenido un mal sueño y que por ello estaba allí, pero enseguida se dieron cuenta de que hablaba mientras dormía. Al detectarlo tomaron medidas, aún así tienen esa cosa que les impide dormir profundamente por temor a que pase algo alguna noche. `
      Al principio fue un tanto curioso porque se dieron cuenta que la mayoría de veces que era sonámbulo coincidía con los días que entrenaba. Hablaron con bastantes personas, algunos amigos de los padres que pasaban por los mismo con sus hijos, familiares, médicos, etc. Llegaron a la conclusión que eso pasaba porque venía tan cansado que su sueño era más profundo e aquí la respuesta de porqué esos días.
      También les informaron de que aquello era algo normal y que no se preocuparan demasiado, sin embargo así lo hicieron porque a medida que iban pasando los años cada vez eran menos los días que se levantaba por las noches, así que el temor cada vez era menor y podían dormir más tranquilos.
      Un día a Juan le pidieron que después de su entrenamiento se quedara para entrenar con otro equipo de categoría mayor porque necesitaban gente urgentemente. Ese día acabó que no sentía las piernas, no tenía fuerzas. Tan solo al llegar a casa cenó y se fue a su cuarto, donde había su hermano mediano, con el que compartía habitación.
      Se dejó caer en la cama y resopló. ¡Que día tan duro aquél La primera hora en el colegio exámen de Matemáticas y por la tarde doble entreno. Sin pensárselo dos veces cerró el luz y se puso a dormir.
      A media noche Marc, su hermano notó como la corriente de aire acariciaba su cara. Al principio no le dio importancia, hasta que quiso darle. Se levantó de la cama y vio cómo su hermano caminaba lentamente hacia el pasillo, y siguiendo el pasillo se dirigía a la puerta que daba directamente a la calle. Marc se puso muy nervioso, no sabía cómo racionar, mientras le daba vueltas iba recordando lo que una vez le dijeron cuando era más pequeño y era que no puedes despertar nunca a un sonámbulo o puede ser peligroso.
      Al final decidió avisar rápidamente a sus padres. Ellos se levantaron de un salto y entre todos lo hicieron entrar acompañándolo con palabras y gestos muy suaves. A la mañana siguiente todos recordaron el profundo sueño que debía estar teniendo para no enterarse absolutamente de nada y decidieron poner unos cascabeles en la puerta para que no pasara de nuevo.

      El resfriado

      El resfriado

      El resfriado
      Estaba en la calle con mis amigas en una noche fría de invierno, me estaba helando de pies a cabeza, ya se habían ido todas, menos una. Estaba esperando a los padres de mi amiga para que la vinieran a buscar. Ella estaba, con guantes, bufanda y un abrigo tan largo que solo se le veían los tobillos y la nariz, mientras que yo solo me había traído, una chaqueta muy fina, que abrigaba poco. Al fin llegaron sus padres, me despedí y me fui a casa caminando poco más de una hora a cuello destapado. El viento era fuerte, frío y constante, era como si estuviera a pocos kilómetros del Polo Norte. Llegué a casa, saqué las llaves de mi bolsillo, entré, y mis padres se quedaron boquiabiertos al verme, yo a esas horas, con esa temperatura y con esas pintas, total, que directamente me tomé una ducha calentita y después fui a la cama.
      Al día siguiente me levanté por la mañana con dolor de cabeza, le resté importancia, pero después hacia el mediodía me fui encontrando peor, y los estornudos hicieron su aparición. Acumulaciones de pañuelos en mi bolsillo, la cabeza parecía rodarme en círculos, me sentía mal. Cogí el móvil y anulé la cita que tenía con mis amigas, yo no podía ir en ese estado.
      ¡Me había resfriado!
      Me acosté en el sofá, para ver si se me pasaba el dolor de cabeza, pero nada. Al entrar mi madre en el comedor, me puso el termómetro, i sí, tenía fiebre. Los mocos no paraban de aparecer, me goteaba la nariz, luego me vinieron los dolores en la cabeza, era horrible, me encontraba fatal, era como tener rocas en la cabeza. Empecé a hacer vahos para destapar la nariz. Ahora no eran sólo la cabeza y la nariz, sino también los ojos, me lloraban y estaban rojísimos, igual que la garganta, que me dolía mucho. No paré de toser durante un día entero, tenía una sensación de malestar general. Lo que mejor iba para estos casos era dormir, porque el dolor de los músculos se iba relajando, y seguro que me iba a sentir mejor.
      En la mañana del tercer día, seguía igual, no mejoraba. Para almorzar, mi madre, me había preparado un yogurt con miel, para que se me calmara el dolor de garganta, y dos medicamentos que me tenía que tomar varias veces al día. Iba con una manta con la que me hubiera gustado desaparecer durante unos días y una mascarilla en la boca para no contagiar al resto de mi familia mientras estornudaba, tosía, o simplemente hablaba.
      Mi garganta estaba al rojo vivo, mi cabeza a punto de explotar y todos mis huesos me pedían urgentemente que me metiera en la cama. ¡Los virus estaban ganando! Pero no podía permitirlo. Me fui a la cama con tres mantas encima y empecé a sudar. Sudé y sudé hasta mojar todas las sábanas.
      Al cuarto día ya me encontraba mucho mejor, las aspirinas habían hecho su efecto, y el calor de la noche había conseguido matar a la mayoría de virus. Ahora ya no era contagiosa. Podía tragar de nuevo, mis bolsillos volvían a estar vacíos de pañuelos, mis ojos eran trasparentes como siempre. Mi vida social reaparecía. Si esto había sido un vulgar resfriado, no podía imaginar qué sería estar enfermo de verdad.

      Alba Ginovart

      El robot… ¿humano?

      El robot… ¿humano?

      Todo estaba perdido. El experimento acabaría con toda la ciudad. En ese instante el robot salió descontrolado del centro de investigación. La policía lo intentó de todas las formas posibles: le lanzaron balas, granadas, ácidos… Nada consiguió pararlo. Luego un grupo de científicos se puso manos a la obra para intentar destruir la capacidad de autoaprendizaje del robot.
      Mientras tanto el profesor seguía en su laboratorio lamentándose. Todo era culpa suya, él había inventado el software que le permitía aprender y tener sentimientos. Nunca estuvo convencido de que los robots pudieran aprender pero le pagaban para que lo intentara. El robot que había creado (y que estaba destinado a ser el gran invento del siglo) estaba siendo desarrollado para trabajar como sirviente en todas las casas.
      El profesor decidió dejar de lamentarse y ponerse manos a la obra para buscar el error que se había cometido en la programación del robot. Solo descubriendo sus puntos débiles se podría parar. Al parecer, al tener la capacidad de autoaprendizaje descubrió que iba a ser utilizado como un esclavo y comenzó a desarrollar sistemas de autodefensa. Cada hora que pasaba, el robot se hacía más y más inteligente.
      Los habitantes de las ciudades cercanas fueron a refugiarse al centro de investigación. Era el lugar más seguro de la zona, pero eso no quería decir que el robot no sería capaz de entrar. La búsqueda de errores en la programación no daba frutos puesto que el robot tenía la capacidad de ir modificándose a sí mismo. En esos momentos no sabían cómo sería la programación del robot ya que la habría cambiado al menos un par de veces.
      El profesor sabía que para poder pararlo se necesitaría algo más que un software. Él lo había creado y había hecho demasiado bien su trabajo: el robot pensaba como un humano. Así que se puso a pensar como pararlo teniendo en cuenta que pensaba como un humano. Creyó que para poder pararlo habría que pensar como humano. “Si yo estuviera en esa situación, ¿cómo reaccionaría?”-pensaba el profesor. Inmediatamente se dio cuenta de que a él no le gustaría ser esclavizado y tener que trabajar sin descanso cumpliendo las órdenes de una familia. Creyó entonces que para poder pararlo debían apelar a sus sentimientos humanos (que también le habían sido programados) para que dejara de destruir todo a su paso.
      El profesor fue a comunicar sus avances a los militares que llevaban a cabo la misión. Cuando el profesor expuso su teoría, los militares comenzaron a reír mientras el general le contestaba: -¿Enserio crees que dejando de lanzar armas y dándole un ramo de flores se parará el robot? Mientras tú has pensado estas pamplinas, nosotros hemos desarrollado una estrategia de verdad: vamos a lanzarle una bomba atómica que destruya la ciudad… y por supuesto también al robot.
      El profesor se entristeció. Si los militares llevaban a cabo su plan, perdería su ciudad, su casa y todos los recuerdos que allí tenía. Sabía que eso destruiría al robot, pero estaba convencido de que debía ser el último recurso. Por eso decidió arriesgarse y salir a la calle (o lo que quedaba de ella) e ir a buscar al robot. Sin más armas que la palabra. Cuando estuvo frente al robot le dijo:
      - “Yo te he creado y yo tengo la culpa de haber facilitado que seas esclavizado, así que mátame solo a mí en vez de matar a toda la ciudad. Pero antes quiero proponerte un trato: sé que piensas y sientes como un humano, ¿por qué no eres un humano? Sé uno de nosotros y nadie te hará daño si tú no nos lo haces.
      Entonces el robot se paró, el profesor respiró aliviado y contestó que aceptaba el trato. Desde ese momento el robot fue tratado como una persona normal: debía ir a trabar, aunque tenía derecho a descansar. Enseguida la sociedad lo aceptó como uno más y vivió felizmente siendo un humano. El gobierno creó unas leyes que prohibían la inteligencia artificial para evitar otra situación parecida. Finalmente, aunque el robot estaba programado para vivir doscientos años, cuando pasaron noventa, vio que todos sus amigos habían muerto, decidió apagarse ya que él lo que quería era vivir como un humano.

      El sexo, cadena opresora de la libertad

      El sexo, cadena opresora de la libertad

      Desde el principio de los tiempos hasta la actualidad ha habido discriminación tanto positiva como negativa según el sexo. Si eres hombre la sociedad dicta que tienes que tener una complexión fuerte, tienes que ser alto, valiente y estar siempre dispuesto a brindar protección a una mujer. Si eres mujer tienes que ser más bien baja, delicada y delgada y con predisposición a complacer a los hombres. Incluso a pesar de que ahora los estereotipos han ido siendo más flexibles sigue habiendo exigencias sobre todo para el sexo femenino que tienen que tener un pelo perfecto, las medidas ideales, ir siempre depiladas, vestir según la última tendencia… ¿Y qué hay de las supermujeres? Capaces de levantarse por la mañana hacer la comida, ir a trabajar, llegar a casa y hacer las tareas del hogar sin olvidarse de prestar atención al resto de miembros que compongan su familia. ¿Y de los superhombres? Trabajan, juegan con los niños, ayudan a hacer las tareas domésticas… Esto ocurre en la edad adulta, pero lo cierto es que nos vamos adentrando poco a poco en esta dinámica. Desde que somos niños estamos condicionados por nuestro sexo; nos visten de una determinada forma, nos tienen que gustar determinados colores… ¡Hasta tenemos que jugar a determinados juegos! ¿A que se deben estas diferencias? Claramente el factor que más influye es el sexo que viene determinado desde que nacemos (o incluso antes) y que condiciona el resto de nuestra vida pero… ¿Por qué hombres y mujeres somos diferentes? ¿Desde qué momento lo somos?

      Para responder a estas preguntas, es fundamental conocer los factores que interactúan para generar la diferenciación sexual. Es indiscutible, el papel que juega el material genético en estos eventos, y la interacción con el medio ambiente desde el periodo prenatal los dos factores principales.

      En primer lugar, desde la fecundación se produce una diferenciación que viene dada por el espermatozoide que aportará un cromosoma X o un cromosoma Y al óvulo siempre X dando lugar a varones (XY) y a hembras (XX). Secundariamente, se precipitan una serie de eventos consecutivos, para lograr la meta final. Es así, como la diferenciación anatómica y fisiológica se apoya principalmente en eventos del desarrollo prenatal y de los efectos postnatales del crecimiento y el desarrollo. El sexo de un feto determinará no solo su vida a nivel social sino también a nivel sanitario puesto que recientes estudios han demostrado que los hombres tienen menos reconstrucción neuronal que las mujeres y mayor riesgos de padecer trastornos de demencia, hiperactividad y autismo entre otros que se desarrollarán a una edad temprana. Al contrario de las mujeres que tienen predisposición a trastornos alimenticios,ansiedad y depresión que aparecerán después de la pubertad.




      En segundo lugar hombres y mujeres están expuestos a diferentes ambientes hormonales antes de nacer y esto se traduce en diferencias de sexo en el cerebro por lo que es posible obtener un ser humano nacido con características sexuales primarias, por ejemplo tener distinciones físicas clásicas del sexo femenino y poseer un cerebro con características típicas del sexo masculino, siempre y cuando todo acontezca en el periodo prenatal.

      Por lo tanto, realmente somos diferentes, es indudable que nuestra fisiología, nuestro sistema hormonal e incluso nuestro comportamiento es distinto. Pero realmente fisiología y comportamiento no tienen que ir siempre ligadas por lo que nuestra anatomía no debería ser la clave de nuestro comportamiento. Creo que deberíamos desesclavizar a la libertad de expresión y de pensamiento, de actuación y de ser. Este objetivo un tanto ambicioso debería ser una de las claves principales en una sociedad futura para que haya una verdadera heterogeneidad en todos esos puntos enriqueciendo la creatividad principal fuente de cambio y progreso. Para conseguirlo debemos dejar a un lado los estereotipos, las clasificaciones y los clichés individualmente puesto que gente pequeña en lugares pequeños puede cambiar el mundo.

      EL SUEÑO DE JAIME

      EL SUEÑO DE JAIME

      EL SUEÑO DE JAIME

      Jaime acababa de despertarse de un sueño profundo el cual había tenido en la clase de matemáticas, como le pasaba en todas las clases, siempre se ponía a soñar con los ojos abiertos, es decir, se empanaba.
      Sin darse cuenta, Jaime se encontraba en clase de naturales donde el profesor Morató estaba explicando sobre posible vida en el espacio y de cómo el universo se creó.
      El tiempo pasaba y pasaba y Jaime seguía empanado en su mundo, el profesor se dio cuenta sobre esto así que decidió preguntarle sobre el tema del que estaban hablando.
      -Jaime?
      -Cómo crees que se creó el universo?
      En ese instante, Jaime se sumergió en uno de sus sueños:
      -Jaime? Jaime!
      -Eh…Donde estoy?
      -Tío…Estábamos intentando crear vida humana en una mota de polvo para saber nuestro origen, para eso nos reclutaron… No te acuerdas?
      -Aaah si ya me acuerdo.. – inventó Jaime
      -Bien! Pues prosigamos! – el compañero de Jaime se puso a hacer diversos cálculos en una pizarra, a veces cogía frascos con líquidos de diversos colores, etc…
      -Acércate Jaime acércate –dijo su compañero enseñándole una cúpula con una mota de polvo -vamos a hacer magia… Mira por ese microscopio!
      Jaime miró por el telescopio al mismo tiempo que su compañero inyectaba la substancia que había dentro de la jeringuilla y lo que vio fue una civilización, era como la vida real.
      Jaime se despertó de su sueño y vio a todos sus compañeros y al profesor Morató que le estaban mirando, todos estaban esperando una respuesta.
      -Vas a contestar a mi pregunta? –dijo el profesor
      -Yo creo que el mundo en realidad fue creado por humanos o una especie ajena la cual quería saber sobre el origen de la vida humana, es como las típicas granjas de hormigas donde las vas observando.
      -Que imaginación tiene este niño –dijo el profesor riendo
      Su cara cambió y dijo: Estas castigado.

      EL SUSTITUTO

      EL SUSTITUTO

      Se puso su camisa blanca perfectamente planchada por su madre y cogió la americana oscura del armario, los pantalones y las curiosas zapatillas verdes que llevaba cada día importante desde el instituto. Mientras sujetaba su precioso y destrozado maletín con la mano izquierda, la derecha desayunaba un bollo de chocolate y nata que se derramaban por los lados haciendo que su lengua los lamiera sin dejar rastro. El reloj de pulsera hizo ese pip- pip presente en cada hora que pasaba, ¡ya eran las nueve de la mañana! Se despidió a toda prisa de su madre mediante un beso rápido y pegajoso, salió corriendo por la puerta y con su bici roja “vintage” recorrió todas las calles hasta llegar al hermoso edificio de cristal situado a tres avenidas más lejos del hospital.
      Ató la bici con una cuerda como si de su mascota se tratara y atravesó la puerta, también de cristal, sujetada por un hombre de constitución armario. Fue directo al ascensor y subió hasta la última planta.
      Sabía que había una docena de personas sentadas en círculo esperando que un hombre de casa rica y elegante se presentara para hablarles de las últimas novedades en fábricas muy eficientes pero con una gran emisión de dióxido de carbono. Por todo eso, nuestro querido John ha querido embarcarse en el viaje hacia comisaría con el motivo de quitarle la reunión al señor de trajes hechos a medida.
      Entró en la sala con aire de superioridad como lo habría hecho el otro y, dejando el maletín encima de la mesa, se puso enfrente de todos los presentes y empezó a hablar.
      - Buenos días, todos sabemos que estoy aquí para hablarles de las novedades para vuestras empresas que las lanzaran al Olimpo de las grandes cotizaciones en bolsa, pero no me apetece hablar sobre ello- todos se quedaron mirándolo mientras fruncían el ceño y preguntaban qué estaba pasando a sus consultores-. Los conozco un poco a todos- el señor Maurice se levantó y se disponía a irse- , como por ejemplo a usted- dijo John señalando a Maurice-: cada día pasa frente la casa de su vecina con la excusa de sacar a pasear el perro, se muere por besarla y tenerla entre sus brazos, necesita que el mundo siga igual para poder espiarla con tranquilidad mientras ella hace sus ejercicios aeróbicos.
      Maurice se volvió a sentar y sacó su móvil para contemplar la foto de ella que había hecho tres días antes detrás de un arbusto.
      John fue uno por uno. Les decía esos secretos ocultos que tanto deseaban sacar a la luz pero, por miedo a lo que dirían los otros, optaban por el silencio. Cuando terminó todos se quedaron perplejos y esperaban lo próximo que iba a decirles, había llamado su atención.
      - Para hacer todo esto necesitáis estar vivos y para ello nuestro planeta, nuestro entorno, necesita estar limpio de productos químicos difíciles de descomponer y latir entorno a un aire puro para que todos sus habitantes permanezcan sanos. ¿Saben cuántas enfermedades hay nuevas en el mundo? Cada día muere más gente que no le proporcionan curas ni alimentos esterilizados mientras, gente que vive en unas condiciones óptimas, pueden llegar a la vejez. ¿Por qué no hacemos que el mundo sea mejor en todas partes y no solo en unos determinados países? ¿Tanto cuesta buscar otras soluciones medioambientales que no sean el uso de uranio y los grandes cementerios nucleares? Puede que se viva mejor aquí, sin preocuparnos de beber agua de un río cercano que está contaminado porque, para eso, tenemos el agua embotellada.
      John terminó de hablar. Todos se levantaron con expresión seria. Al ver que no ocurría nada, John cogió su maletín con intención de marcharse triste por no haber resultado lo suficiente convincente como para que ellos respondieran. Alargó el brazo hasta tocar con la manecilla de la puerta y fue entonces cuando la sala de reuniones se llenó por completo de aplausos. Se giró. El señor Mathew apaciguó los aplausos y la euforia para poder hablar:
      - Señoras y señores supongo que os habréis sorprendido tanto como yo al escuchar este hombre hablar de que nuestro planeta se muere por momentos y nosotros lo estamos enviando directo al cementerio. Hablo de hombre porque este robot creado por un humano ha sido más inteligente y tiene más sangre caliente que cualquiera de todos los humanos podrían llegar a tener. Chico- esta vez se dirigía a John-, nos has hecho dar cuenta que cada vez nos volvemos máquinas de producir dinero y pensar solo en nosotros mismos mientras máquinas que hemos creado nosotros, se vuelven más humanas.

      El tour de europa

      El tour de europa

      El tour de Europa
      Era una vez un gran ciclista llamado Juan Ramón de la Rosa, el había ganado todos los premios de cursas de ciclistas tanto de montaña como de carretera. Este era muy rico gracias a sus carreras ganadas. Era un hombre aun joven con 32 años de edad, vivía en Barcelona en una mansión con coches, piscina... Tenía todas las medallas y trofeos enmarcados o en vitrinas de vidrio, pero su medalla más preciada sin duda y con razón era la medalla del tour de Europa. El tour de Europa era la cursa mas larga i complicada de todo el mundo. Todo tipo de ciclistas de todo el mundo iban con objetivo de ganar esa carrera. El tour trata de rodear toda Europa. La competición podía tardar hasta 15 meses de duración, en un principio unas 50,000 personas participaban en la cursa, a la mitad solo llegaban unos 5,000 personas y hasta el final solo 100 personas. Era una cursa en la que se necesitaba muchísima fuerza física tanto psicológica. Juan Ramón, se había estado preparando por esta competición desde que tenía 17 años, el padre de Juan Ramón era José de la Rosa, el también había sido de los mejores ciclistas y mas reconocidos de todo el mundo el apellido "de la Rosa" había ganado muchísima fama ya que José tenía 3 medallas de ganador del tour de Europa. Juan Ramón inspirado con la fama de su padre tenía en mente ganar el tour desde bien pequeño. Para Juan Ramón cuando llegó a la meta con primera posición fue la mayor sensación del mundo para el, tras haber estado 13 meses en bici solamente parando para comer y dormir.
      Una tarde normal estaba Juan Ramón en su casa en su gran piscina, cuando llegaron unos hombres trajeados. Juan Ramón se fue a abrirlos. Los hombres trajeados le dijeron a Juan si podían hacerle unas preguntas, Juan los invitó a entrar y los llevo al estudio, ahí estaban todas sus medallas i justo al medio se encontraba la gran medalla del tour de Europa. Y finalmente empezó la entrevista.
      - Es usted Juan Ramón de la Rosa ganador del gran tour de Europa 2,046-2,047?
      -Si
      -Vera usted, nos han llegado fuentes de información que afirman que usted se dopó para hacer el tour de Europa. Sabe usted que es el doping?
      -No mucho la verdad.
      -El doping es una substancia química que te permite no tener tanta fatiga al realizar deporte i tener más fuerza en el cuerpo. Es evidente que en el mundo del deporte está completamente prohibido.
      -Quieren decir con eso? Que yo me dopé?
      -No es una suposición señor es una afirmación. Hay muchas fuentes que afirman incluso usted sale en unas grabaciones mientras se dopaba. Así que queda usted totalmente penalizado, i por supuesto se le retira la medalla del tour de Europa i todas las fortunas que ganó gracias a todas las carreras que usted gano haciendo trampas.
      -Pero ustedes no pueden hacer eso, me llevarían a ruina!
      -Ese no es nuestro problema señor. Usted a manchado el apellido "de la Rosa" que tanto le costó a tu padre de hacerlo famoso.
      Juan Ramón se quedó completamente pobre. Un día ya no aguantaba mas la vida de pobre que llevaba así que salto de un puente y cayó al mayor rio de la ciudad. No se supo nada mas de el y su famoso apellido no se recordó nunca mas.

      El trágico viernes

      El trágico viernes

      El trágico viernes

      -Hola Juan soy Teresa de tv1. ¿Me podrías explicar cómo sucedió todo detallasamente?
      -Eran un sábado un sábado por la tarde. Encendí el ordenador y busque por internet Autoescuela Terrassa. Entre en la página principal apreté el botón de inscribirse. Rellene el formulario me dieron hora para el martes. Por fin tendría coche como todos mis amigos me puse a estudiar todo el fin de semana para el examen teórico y haciendo practicas . El lunes fue un día normal mis amigos se rieron un poco de mi porque aún no tenía coche, como siempre. Por fin martes tenía muchas ganas porque seguramente hoy tendría el carnet de conducir. Lo tenía a primera hora. Aprobé el teórico pero suspendí el practico. Me dieron hora para la semana siguiente. En esta semana fue al concesionario para comprar el coche. Ahora solo tenía que aprobar el examen. Practique mucho con el coche de mi padre.
      Por fin, hoy era el día , el día en que me sacaría el carnet de conducir estaba muy nervioso. Salude a la que me examinaba se llamaba Rocío. Entre en el coche y al coger el volante las manos me temblaban estaba muy nervioso. Pero por surte todo salió bien y aprobé el examen. Para celebrar-lo quede el viernes con Miguel para irnos de fiesta. Por fin viernes, quedamos un poco antes para acabar unos deberes que los hacíamos en grupo. Fuimos ya para Barcelona pero para entrar en la discoteca estuvimos haciendo una hora de cola. Había un montón de gente. Me lo pase muy bien. Ya era muy tarde y Miguel mañana madrugaba así que nos fuimos para Terrassa. En la primera rotonda hubo un control de alcoholemia. Era la primera vez que unos policías me paraban estaba muy nervioso porque había bebido un poco. Me hicieron soplar pero nada, no di positivo. Fue un viaje tranquilo. Pero de repente veo un coche que iba en contra dirección muy rápido estaba muy lejos. Todo el mundo estaba pitando, incluido yo. Los coches pasaban como podían cada vez estaba más cerca de nosotros. Tenía miedo porque no había mucho. Suelto a poco a poco el acelerador. Giro suavemente hacía la derecha y el también giro a mi derecha. Cuando vi que estaba en frente mío no me dio tiempo a reaccionar y chocamos de frente. No recuerdo muy bien lo que pasó solo que escuchaba sirenas. De repente me despierto en un hospital. Juan, el médico me ha dicho que me han reanimado y que mi amigo está bien. Llevo tres semanas en el hospital ingresado i ahora acabo de salir.
      - ¿Sabes porque te hemos hecho esta pregunta?
      - Supongo que si para explicar en las noticias que ha sucedido. Contesto
      - Muy bien pero no simplemente por esto sino porque has sido la persona que más tiempo has estado muerto. Lo normal son entre cinco y veinte minutos.

      El viaje a la revelación

      El viaje a la revelación

      Ya, es el momento. Es la hora. Es el momento de cambiar al mundo. Es la hora de hacer historia.
      Y sobre mis hombros está el deber de hacerlo. ¿Quién más lo hará si pocos creen en esta posibilidad?
      Los generadores están listos, la computadora está programada, la máquina está arrancando con un suave murmullo y yo ya estoy dentro de ella.
      Mi respiración se agita pero me obligo a mantener la calma, es crucial mantener un completo autocontrol y estar sereno hasta que todo termine. Mi vista vaga hasta la mesa sobre la que se encuentran todas mis investigaciones de los últimos años, encuadernadas y organizadas de manera que si algo sale mal alguien pueda acceder a ellas y continuar con esto. Si alguien lo hace, si llega el caso… incluso podría traerme de vuelta.
      Una pequeña voz en lo recóndito de mi mente, que reconozco muy bien, murmura algo sobre paradojas temporales, pero no le presto atención a la irritante voz de Philip, mi antiguo ayudante, ¡ojalá pudiera despedirlo de mi mente como lo hice de este proyecto!
      Mi mirada pasa de la mesa a la chimenea en la que chisporrotea un alegre fuego, ajeno al evento extraordinario que está por suceder frente a él, y de allí a otra mesa sobre la que se encuentra una fila de manzanas. Sonrío. Cada una de las frutas está junto a un papel que indica el día de la semana en el que la puse allí, así podré saber cuántos días atrás he viajado en el tiempo; y por su putrefacción sabré si he viajado hacia el futuro. ¡¿No es brillante?!
      Un poco más a la derecha está un montón de trece tapas de botella que fui poniendo cada hora a lo largo del día, por si el viaje no resulta ser tan largo.
      Me encantaría que la máquina fuese llamativa y sencilla, pero es una enorme mole de cables y piezas pesadas; si alguien lo viera ya creería haber viajado en el tiempo al pensar que se encuentra frente a la imprenta de Gutenberg, o a la primera computadora programable, Z1, del alemán Zuse. También me gustaría que tuviese la opción de elegir exactamente a qué fecha quiero ir, como en las películas, pero eso vendrá después. Primero debo probar que funciona y luego perfeccionaré cada mínimo detalle.
      La máquina lanza unos cuántos pitidos y mentalmente hago una lista de las cosas que haré cuando pueda moverme a través del tiempo a mi gusto, todo lo que podré cambiar. El reloj colgado de la pared frente a mí marca los segundos que pasan, tic tac. Lo primero será evitar decirle a Madeleine lo que le dije aquella tarde, y así arreglar las cosas entre ambos; debo admitir que esa fue una de las principales razones que me impulsaron a embarcarme en esta travesía, a encerrarme en mí mismo. Luego seguirán cosas de menor importancia, como concientizar al mundo sobre el calentamiento global desde muchos años antes, e incluso evitar dos o tres guerras, poner un poco de arsénico en la bebida de Hitler y tal vez publicar en su tiempo esa foto suya en pantalón corto y pose sexy. Será genial.
      Pero ¿acaso no podría hacer algunas de esas cosas ahora? Podría hablar con Madeleine y pedirle perdón, aún no es tarde para hacer algo contra el calentamiento global e incluso hay muchas guerras futuras que podrían evitarse. Lo de Hitler… es arena de otro costal. Pero podría cambiar muchas cosas aquí y ahora.
      ¡¿Qué hago entonces dentro de esta cosa?! ¿Tratar de ganar tiempo perdiendo el tiempo creando una máquina del tiempo?
      ¿Por qué depender de una máquina?
      Desesperadamente desabrocho el cinturón de seguridad (que nunca está demás), pero antes de que pueda bajarme la máquina empieza a soltar sonidos estridentes y vaharadas de humo pestilente. Siento un retorcijón en el estómago y al bajar trastabillo hasta estrellarme contra la mesa de las manzanas, frente a las tapas. Un vistazo a ellas me hace dar varios pasos hacia atrás hasta chocar contra la humeante cosa. Once. Solamente once de ellas.
      Esto no puede estar ocurriendo. Dos horas.
      En un arrebato tomo las carpetas con todas mis anotaciones y las arrojo al fuego. Mi labio inferior tiembla pero no puedo permitir que llegue a saberse, no debe ocurrir. La máquina ya no se encuentra en un estado funcional, los cables están derretidos y el humo son prueba suficiente. Por mi mente pasan todas las consecuencias que podría causar mi descubrimiento, y ya no hay vuelta atrás.
      Ya solo quedan cenizas.
      Antes de que mi determinación flaquee, abandono la habitación, cerrando la puerta con ímpetu mientras busco el número de Madeleine en mi lista de contactos, porque nunca lo borré. Haré que mi sacrificio valga la pena.

      Elegía a los que no volverán

      Elegía a los que no volverán

      El día está triste, ¿Qué tendrá el día?
      Andas, hablas, escuchas, lloras, sueñas, ríes, pero sin ella, aunque siempre pensando en ella. Andas y piensas: ¿La gente lo sabrá? ¿Notarán mi cara? ¿Serán conscientes de que el mundo sigue siendo el mismo aunque con menos esencia ya que falta ella?
      Hablas de la vida y de la muerte como si fuera un juego, como si pudieras controlarlo, pero realmente, ¿entiendes los dos significados? ¿Vida? ¿Qué es la vida? ¿Esperar a que llegue la muerte? O ¿Qué es la muerte? ¿Volver a nacer? No lo sé pero lo que creo es que para morir se debe entender el significado de vivir. Escuchas y reflexionas, oyes problemas de la gente que en su momento te parecían grandes agujeros negros, ¿pero que es ahora mismo? Ahora mismo son agujas en pajares. Lloras sin saber porque, a veces por felicidad otras por tristeza pero a la fin ¿Por qué? ¿Para que vuelva todo aquello que ya no está? Sueñas, sueñas en que no se vaya, en que vuelva, pero mas que nada porque estas en un sueño, en una gran pesadilla de la vida, en el mismo túnel que te encuentras antes de despertar. Y ríes, ríes…
      No sé qué pensar, ¿Quién lo sabe? Solo sé que no lleva ni un día con él y aquí abajo ya se la echa en falta, pero no vale llorar, no sin sonreír primero y recordar todo lo bueno que nos ha dejado aquí, todas esas sonrisas que nos ha sacado y todas aquellas reflexiones que nos ha aportado. Ahora mismo es como una estrella fugaz, esos meteoros, intensos flashes de luces que se mueven producidos por pequeños trozos de rocas interplanetarias y escombros colisionando e incendiándose al entrar en las capas altas de la atmósfera terrestre, como aquellas cometas que las ves, pides el deseo y no vuelven jamás, pero tu deseo queda allí, igual que su presencia. Ella se va, pero su presencia nunca, ya que nosotros somos parte de ella. La gente dice es ley de vida ahora ella descansa en paz y no sufre mas. Muy bien, pero nosotros también estamos aquí y aunque sepas como terminará todo, asumirlo cuesta y nuestro corazón no está en paz. Pero ¿Por qué? Tampoco tenemos con quien enfadarnos…
      Un día me dijeron, no lo puedo asumir, y yo contesté ¿sabes porque la gente no lo puede asumir? Porque tiene miedo, miedo a olvidar, pero eso nunca, nunca, ¿y sabes porque? Porque asumir es llorar el dolor con alegría y quedarte con lo bueno, con aquello que te hace feliz. Pero tiempo al tiempo, no hace falta asumir con un día.
      El día está triste, ¿Qué tendrá el día?
      El día no está triste, tú lo ves triste, tu acompañas al día, tú lo quieres ver triste porque tu corazón está oscuro, ha anochecido, pero tranquilo, renacerá, volverá a aclarecerse, algún día, pero con ella, siempre con la ayuda de su presencia. Siempre con esa sonrisa que ella le dedicaba a la vida, y que ahora tú, le dedicas a ella.

      Encerradas

      Encerradas

      ENCERRADAS

      15:32
      Hola, soy Gala y me he quedado encerrada en el ascensor de mi piso con mi vecina, que por cierto tiene ¡28 gatos! Esta loca, lleva la media hora que llevamos encerrades en el ascensor hablando de sus gatos, de como se llaman de sus historias de todo lo que les pasa, y además se cree que me interesa pero no es cierto, ni nada parecido, me parece un palo como la copa de un pino. Me esta poniendo muy nerviosa, es claustrofobica y esta todo el maldito rato pegada a mi, con su jersey de lana gruesa de color mostaza, que ya tiene mil años que hasta hace bolitas, que con solo verla ya me entra calor, sus pantalones de pana de color índigo están mugrientos y asquerosos.... ew! Me da un asco.

      16:14
      Ya llevamos tres cuartos de hora y me continua hablando de sus gatos, y ya no puedo mas, por favor que alguien nos saque de aquí, me está taladrando la oreja.

      Y si cae el ascensor? Que voy a hacer? Los ascensores van a aproximadamente a 72 km/h (cuando cae) y si a mi me pasa? Tendria que morirme con la vecina? Vaia muerte...

      16:57
      Perfecto lo que faltaba ahora va y se apaga la luz y mi vecina MªDel Carmen esta cada vez mas pegada a mi , la lana de su jersey me esta empezando a irritar la piel, ella, lleva un sombrero, que le queda horroroso, es de color fucsia con reflejos marrones o algo así.

      17:08
      Aleluya la luz ha vuelto a aparecer, la señora continua abrazada a mi, ya tengo suficiente calor como estar encerrada aquí, en medio del agosto que los del Servicio deben estar de vacaciones y por eso no nos oyen, y yo me iba de vacaciones al caribe, y voy a llegar tarde al aeropuerto, y probablemente perder el avión, y mis vacaciones se Irán al garete, vaya desaste.

      17:11
      No me lo puedo creer creo que he sentido vozes que decían que nos venian a recatar, por favor que vayan rápido.

      17:14
      Si! Porfin!Un bombero esta abriendo la Puerta del ascensor, madre mia al final al cabo de una hora y cuarto que hemos pasado juntas creo que nunca mas le voy a dirigir la palabra, como me vuelva a hablar de un gato, de un solo gato os juro que la mato. Un momento,que es eso? había un botón de y no lo hemos pulsado, que estupida soy, voy a decírselo a la vecina .

      -¿Mª del Carmen, tu has visto el botón de alarma que había en la pared del ascensor?
      -Si, ¿por?
      -¿como?! Y no lo has pulsado!
      -no
      -por que?
      -porque quería pasar un rato con tigo, no tengo amigas , nadie con quien confiar, no tengo famila, estoy sola solo tengo gatos, pero no me hacen demasiada compañía, yo solo quería probar de conocerte ya que casi nunca hablamos ...
      -pero Mª del Carmen todo esto por querer hablar con migo? Pero si podías venir un dia a mi casa a tomar un café, y podíamos charlar como ahora, pero sin estar tan apretadas y pasar tanto calor.
      -lo se pero seguro que no me hubieses abierto la Puerta. (me mira durante unos instantes y se va)

      Me voy corriendo al aeropuerto que no llego.

      20:28
      Al final he llegado, ya estoy en el avión, y de camino al Caribe voy a pensar sobre mi vecina que puede que esté tan loca por que no tiene a nadie con quien confiar ni nadie con quien contarle tus miedos, no me extraña que este loca si con las únicas cosas en las que puede confiar son sus gatos, pero ningúna persona. Sabes que? voy a echar una cabezadita y a pensar sobre lo dicho.

      Endovour 2200