El viajero solitario

Aspiraba a que todo pareciera normal, pero era muy difícil. El jardín sí lo era, porque yo mismo lo creé. Nenúfares, el agua borboteando desde la fuente….. las rosas, los gladiolos, las abejas haciendo su trabajo y las hormigas y escarabajos recogiendo todo lo comestible. Un escaparate que cualquiera diría “natural” si no se supiese que estábamos en el Yukon A2, la mayor de las tres naves interestelares creadas en el 2315.

Intenté proseguir pareciendo normal; mi campo de golf, mi barquita para pescar salmones en el pequeño lago de agua artificial….. pero no, esto nunca podrá ser corriente, esto fue todo creado por el hombre, en este caso creado por mi en mis cuarenta años de viaje. Seguía siendo ese pobre piloto dejado de la mano de Dios.

No podía continuar engañándome, pero era la única forma de seguir vivo. Sentir y vivir como en la Tierra, era mi única vía de escape.

Me reclutaron por ser el mejor piloto y por tener la mayor capacidad psico-física para soportar el viaje. Sabían con quien trabajaban. Mi expediente era extenso; varios viajes a Europa, Ganimedes, Titán, Sedna….. experiencia no me faltaba. Y experiencias vividas tampoco.

Había sido descubridor de nuevas especies de vida, tanto vegetales como animales, colonizador de nuevos sistemas planetarios. Todo un orgullo para la humanidad. Pero me encontraba solo en la inmensidad del espacio alrededor de Alfa Centauri B.

La soledad humana es el peor de los castigos a los que se puede someter una persona. No hay forma de soportar tanto tiempo, tan lejos y completamente solo. La única forma de entretenimiento era aprender y recibir conocimientos del lugar donde aterrizaría en breve.

El planeta Alfa Centauri B era el punto de mi diana. Años atrás estuvimos estudiándolo porque intuíamos que los mal llamados objetos voladores de siglos atrás, eran realmente nuestros visitantes provenientes de este conjunto estelar. Estaba tan solo a unos cuantos miles de kilómetros de salir de dudas.

Muchas preguntas rondaban mi cabeza. ¿Qué me encontraría allí? ¿Se confirmarían las sospechas de la existencia de vida inteligente? ¿Estarían esperándome? O por el contrario ¿Sería posible montar allí una base permanente para los futuros viajes?

Procedí a realizar la maniobra de aproximación. Era impresionante el espectáculo lumínico que estaban observando mis ojos. El espacio infinito era color rosáceo. Alfa Centauri A, el planeta gaseoso estaba burbujeante, de colores cálidos, amarillos, rojos intensos, azules fulgurantes….. de vez en cuando algún que otro bólido pasaba cerca de mi con su cola majestuosa, dejando una estela de polvo y restos de ellos mismos.

Mi aportación a la Humanidad resultó ser muy útil porque certifiqué que había vida inteligente mas allá de Titán. Eran unos seres muy amigables y estaban esperándome con los brazos abiertos. Resultaron ser unos seres únicos. Muy altos, debido a la falta casi total de gravedad en su mundo. Seres con una luminosidad extrema y ojos enormes. Los brazos colgaban hasta casi las rodillas y unas piernas largas y escuálidas. Unos movimientos extremadamente agiles hacían de estos seres unos seres especiales.

Estaban exultantes de nuestros progresos, nos alababan porque por fin podían ser visitados por nosotros, cuando me confirmaron que ellos, en siglos atrás, habían sido nuestros visitantes, desde tiempos inmemoriales antes incluso de la existencia de los dinosaurios.

Me informaron que fueron ellos los que nos graduaron los avances tecnológicos para que fuésemos avanzando hasta llegar donde habíamos llegado. Fueron nuestros mentores. Su trabajo consistió en visitarnos a lo largo de nuestra joven historia e instruirnos inconscientemente hasta conseguir que desarrolláramos toda la tecnología según sus previsiones. Todo un orgullo para ellos, de ahí tanta fiesta por mi llegada, porque consiguieron que la Humanidad rompiera con la energía atómica y se deshiciera de todas las armas nucleares, algo impensable en el siglo XXI.

Procedimos al intercambio de conocimientos, seres vivos; yo les pasé insectos y animales de granjas antiguos, como los cerdos primigenios, y alguna vaca (conseguí clonar cinco ejemplares antes de su extinción total). Por su parte, ellos me dieron unos seres diminutos, que no cabían en mi mano, que por lo visto devoraban toda la basura biológica que generaban estos seres, o sea sus excrementos y orines. No se que valor tendría para nosotros, pero bueno, los llevé también a mi nave. Otros animalitos que me regalaron fueron unos del tamaño de un perro pero altos y bípedos, con cabezas alargadas, cola gorda y cuyos gritos o gorgojeos me producían escalofríos de lo horripilante que sonaban.

Mi vida cambió radicalmente y gracias a esos avances tecnológicos, en tres años terrestres preparamos una expedición para volver a la Tierra, acompañados con una comitiva para realizar un encuentro con la Humanidad por parte de esta civilización, y cargado de nuevos conocimientos, nuevas experiencias.