El amor…

El amor es una droga, nunca mejor dicho, ya que la parte del celebro que estimula el amor también es en la parte que se regulan las drogadicciones.
Esto no hace falta decírselo a Miranda, ella si sabe de lo que se habla. Esta es su historia:
-¿Miranda estas con nosotras?
-Qué guapo es…
-Miranda deja de decir bobadas i céntrate.
-Me derrite el corazón.
Así empezó todo, una chica joven y guapa enamorada de un joven, más grande que ella, y muy guapo. Cada día, cada hora, cada segundo Miranda estaba pensando en él. Veía su cara en todas partes, como si hubiera consumido drogas que hacen ver alucinaciones.
-Miranda, empiezas a asustarnos.- Le decían sus amigas.
Miranda decía que no sabían lo que ocurría porqué ellas nunca se habían enamorado. Enamorado, una palabra muy fuerte según sus amigas. Pero Miranda estaba muy ilusionada y contenta. Llego un punto en el que sus padres creían que se había drogado y estaban tan asustados que llamaron a un especialista. La llevaron a un centro especializado en tratamiento de drogadicciones. Sus padres no la entendían, Miranda creía que nadie la entendía. También creía que se estaba volviendo loca. I puede que se estuviera volviendo loca, loca por amor.
Mientras él, él tonteaba con todas, Miranda no era importante para él. Y esto la frustraba cada vez más. No lo soportaba, hacia lo que estaba en su mano para llamar su atención, pero él no le hacía caso. Si él supiera lo que estaba sufriendo. Había veces que lloraba sola en su cama, sin nadie que la entendiese ni la consolase. Lo pasaba muy mal. Llego a tal punto que hasta pensó en suicidarse, hasta que se dio cuenta que no valía la pena estar así por un chico, que si estaba así debería ser por una persona que de verdad la valorara y la quisiera y que le hiciera caso. Debería estar así por su familia, sus amigas de verdad, pero no por un chico.
Cuando Miranda aprendió la lección nada se interpuso ante ella para barrarle el paso a un futuro lleno de una vida feliz, y si llegaba la persona perfecta, viviría una vida a su lado, y con hijos, tres en concreto, Miranda aprendió a ser feliz.
Esto no solo le ocurrió a Miranda, hay muchas niñas, adolescentes, hasta mujeres ya adultas que sufren por amor, pero deben ser fuertes, como si alguna persona consume drogas, debe tener mucha fuerza de voluntad y dejarlo, por él, por su familia y por sus amigos. La vida es mejor sin drogas y sin sufrir. Ahora Miranda ya no sufre por amor, su familia duerme tranquila al saber que está bien y sabe que nunca más dejara que nadie le haga sufrir más. Todos deberíamos aprender del error de Miranda.