Relato de una maratón

Me llamo Vermiculus i soy un glóbulo rojo hematíes. Nací hace dos horas en la médula ósea, con unos cientos de miles de hermanos míos y voy a participar en la maratón del cuerpo humano que consiste en recorrer por todo el planeta humano pero sin salir de unas carreteras llamadas vasos sanguíneos. La carrera consta de 96.560 km i solo podremos descansar en unos países llamados aurículas i ventrículos en un continente llamado corazón. Será indispensable descansar porque además, llevaremos encima oxigeno y otras substancias metabólicas hacia las células de los países del cuerpo.
El día de salida era mañana y todos estábamos descansando en la médula ósea esperando el disparo de salida.
Día dos de mi vida y nos disponíamos todos a salir en el corazón, concretamente en el ventrículo derecho. La salida consistía en esperar al chorro de la sangre que venía de la aurícula derecha y aprovechar la fuerza muscular de la aurícula para salir y recorrer los primeros metros hacia el primer país llamado los pulmones para descargar nuestra primera dosis de oxigeno.
Así fue, y en seguida volvíamos a ser al corazón concretamente en la aurícula izquierda y tenia un breve momento para descansar físicamente y mentalmente por el gran en la gran casa llamada corazón.
En seguida bajaríamos a el ventrículo izquierdo para conectar con la arteria aorta y dirigirnos hacia órganos como el estómago, el riñón o el hígado. Con todo eso ya pasaban 50 días desde mi nacimiento y continuaba con el reto de la maratón.

Día cincuenta y uno de mi vida y estoy llegando a un país llamado cuádriceps y tenia que descargar un poco de oxigeno en este país para que tenga energía.
En mi día 75, al fin llego a los pies, el país situado a mayor latitud respecto al cerebro y ya somos menos al grupo delantero.
Me encuentro subiendo por unas carreteras llamadas venas en mi día 100 de vida y me acerco a mi meta, ya debo llevar 80.000 km y solo somos diez glóbulos rojos en el grupo delantero. Me estoy quedando sin fuerza.
En el día 110 de mi vida ya veo la pancarta de los 95.000 km y quedamos cinco al grupo delantero y ya no me quedan fuerzas.
Ese fue mi diario que hice hablando a partir de mi día cincuenta de vida y ahora os voy a contar lo que me pasó al final.
Solo me quedaban 300 metros después de haber recorrido todo el mundo humano, después de haber atravesado continentes como el tronco o la pierna, después de haber atravesado países como el bíceps o el pulmón, me caí. Iba yo por delante y tenía un grupo detrás que me perseguía de unos 1000 glóbulos. Yo estaba en el suelo y vi como me iban a atropellar y de repente me veo ganador en la línea de meta y todo el mundo aplaudía. Lo que me pasó, fue que me empujaron por la velocidad del “sprint” hasta llegar a la meta y pude ganar la carrera de mi vida, nunca mejor dicho porque iba a morir en seguida.