Azul cielo

"AZUL CIELO"

Era una tarde de agosto y hacía mucho calor. Juan y su padre estaban tumbados en la hierba al lado de la piscina a la sombra de la palmera. Carlos, que así se llamaba el padre de Juan, se estaba quedando dormido cuando un pájaro se posó en su frente. A su hijo le hizo mucha gracia el salto que Carlos pegó al sentir algo en su cara, y no paraba de reír.
Entonces le entró la duda a Juan y le preguntó:
- Papá, ¿por qué las aves pueden volar y nosotros no?
Era de esas preguntas que Juan siempre hacía, ya que con cinco años empezaba a descubrir los secretos de la vida y todo le parecía raro.
- Verás hijo, no todas las aves pueden volar. Algunas aves no están preparadas para volar como las gallinas, los pavos o el avestruz. Sin embargo, la mayoría de las aves pueden volar porque tienen los huesos huecos y pesan muy poco. Sus alas que son musculosas y muy fuertes hacen de motor, su timón es la cola y sus patas están preparadas como tren de aterrizaje. Cada una de las plumas de sus cuerpos están preparadas de forma que faciliten el vuelo y no pongan resistencia al aire.
Juan se quedó maravillado con la explicación de su padre y no perdía de vista a un gorrión que estaba volando alrededor de la palmera. Lo estaba observando tan detenidamente viendo el movimiento de sus alas y su cola para confirmar lo que su padre le acababa de decir, que enseguida le surgió otra pregunta.
- ¿Y por qué el cielo es azul?
Esa pregunta cogió a Carlos por sorpresa, ya que no se esperaba de su hijo, que estaba observando a un pájaro, que le surgiera una duda totalmente distinta en ese momento. Pero no le extrañaba, ya que estaba acostumbrado a este tipo de inquietudes.
- Eso no es muy fácil de explicar, pero lo voy a intentar. Realmente el cielo no es azul, eres tú el que lo ve azul. Juan miró a su padre con cara de no entender nada y de necesitar una respuesta más concreta.
- Vamos a ver cómo te lo explico, le contestó su padre.
- Lo que tú ves es la luz del sol que se refleja en la atmósfera, que es la capa de aire que hay sobre nosotros y que recubre la Tierra. La luz del Sol, en realidad, tiene los mismos colores que el arcoíris, rojo, naranja, amarillo, verde, cian, azul, y violeta. Para que la luz del Sol llegue hasta nosotros, tiene que cruzar esa capa de aire. Hay colores muy valientes que consiguen cruzar y llegar a nosotros y otros, que son más torpecillos y no lo consiguen. Ese es el caso del color azul, que no consigue cruzar y se queda allí atrapado chocando con el aire. Y eso es lo que nosotros vemos, la luz azul del Sol chocando con el aire.
A Juan le gustó la explicación de su padre, pero enseguida le entró otra duda.
- ¿Y porqué a veces cuando el sol se está ocultando el cielo es rojo?
- Cuanto más cerca de la Tierra, más partículas de humedad y polvo hay, y por eso, cuando la luz nos llega casi de lado, como de buena mañana y cuando anochece, tiene mucha menos fuerza y se encuentra con muchas de estas partículas. En el encuentro con esas partículas, la parte cálida de la
luz (los tonos naranjas y rojos) es la que más fuerza tiene y los colores más fríos, como el azul o el verde, se quedan por el camino y rebotan contra las partículas. Por eso la luz que tú ves es el rojo reflejado en esas partículas.
El niño estaba cada vez más sorprendido con las explicaciones de su padre pensando que este lo sabía todo y que podía explicar cualquier cosa.
- Papá, me voy a quedar con los ojos bien abiertos hasta que anochezca, para poder ver como los colores rebotan con el aire.
Carlos se fue a limpiar la piscina y dejó a su hijo allí tumbado viendo al cielo sin mover ni una pestaña. Había quedado fascinado con las explicaciones que su padre le había dado a sus preguntas.
Eran las siete de la tarde y Carlos que ya había terminado se fue junto a su hijo y vio que éste se había quedado dormido viendo al cielo. Lo recogió y lo llevó en brazos para su habitación, necesitaba descansar después de todo lo que había aprendido ese día.