Un mundo ciego

Aún recuerdo nuestra primera noche en aquel tejado con vistas al lago. Recuerdo cada palabra, cada suspiro. Recuerdo también tus ojos, brillantes, ansiosos por comprenderme. ¡Ah, como temblaba yo! Parecía una gota de lluvia a punto de caer al vacío. Oscilante, débil, desprotegida pero transparente. Subí allí dispuesto a desnudarme de todas mis mentiras.
Miramos el lago durante unos minutos. Sabía que estabas esperando a que hablara, pues en cuanto comencé, tus ojos se clavaron en los míos.
- ¿Nunca has pensado que pasaría si no tuviéramos estos cinco sentidos?
- Bueno, eso es como ser ciego, o sordo, o mudo, ¿no?
- No, no me refiero a eso. Me refiero a si tuviéramos otros sentidos completamente distintos a estos que tenemos ahora mismo.
- Creo que no llego a entenderte.
- Bien, vale, empezamos por otro lado entonces. ¿De qué color es aquel prado?
- Verde, bueno, lo sería si fuese de día.
- Vale, bien. Y tú sabes que es verde porque lo has visto muchas veces e identificas la imagen que crea tu cerebro con el color, pero ¿y un ciego? ¿Tú crees que un ciego podría saber qué es el verde?
- No sé, supongo que si ha nacido sin vista sería difícil.
- Bien, hagamos la prueba. Intenta imaginarte algún color que no exista.
- ¡Es imposible!
- Y sin embargo, deberían estar ahí, ¿no? Al fin y al cabo, el color es la imagen que crea nuestro celebro a partir de una onda electromagnética con una frecuencia determinada. El espectro no se acaba donde se acaban nuestros colores, sin embargo, no podemos ver más allá. Esto mismo le pasa a un ciego, solo que él sería incapaz de imaginar cualquier color. ¡La cantidad de cosas que se tiene que estar perdiendo!, ¿verdad? Los paisajes, los rostros, las películas, un buen cuadro… acerqué mi rostro al tuyo, para poder mirarte más de cerca. ¡Cuánto mundo que jamás podrán conocer!
- Cierto...
- Y ahora bien, ¿no crees que podríamos estar nosotros en la misma situación? Me explicaré: ¿Qué es el color? Distintas longitudes de ondas electromagnéticas que percibimos con las células de la retina. ¿Qué son los olores? Distintas partículas aromáticas desprendidas por sustancias volátiles que luego interpreta nuestro sistema olfativo. ¿Qué es el sonido? Nada más que vibraciones que se propagan por el aire. ¿Y por qué percibimos todo esto? Porque hemos evolucionado para tener estos sentidos. Nada más que por eso. Al fin y al cabo, el color, olor o sonido, no son más que unas cuantas propiedades físicas y químicas. Hay infinitas más. Por eso digo que estamos ciegos si entonces me hubiera estremecido nuestras narices se hubieran rozado. Lo afirmo ahora, y lo afirmaré siempre. Estamos todos ciegos, sordos, mudos. Porque hay un océano infinito de características que podríamos percibir si nuestros sentidos hubieran sido diferentes. Un océano infinito que no podemos llegar siquiera a imaginar.
Al acabar mi discurso, giraste la cabeza hacia el lago. Recuerdo que permanecimos así largos minutos, yo observando tu rostro, tú contemplando ensimismada el paisaje nocturno.
De pronto, me miraste con expresión aterrada y supe que habías comprendido.
- ¿Quieres decir que este mundo es así tan solo porque nosotros lo percibimos de esta forma? ¿Qué existen muchos mundos distintos a la vez que este, formados por las propiedades que nuestros sentidos no llegan a interpretar?
- Exactamente.
- Pero, ¿esto qué tiene que ver contigo?
- A partir de aquí tendrás que creerme. ¿Confías en mí?
- Si no lo hiciera, nunca hubiera subido a este tejado.
- De acuerdo. Entonces, imagínate que por una mutación genética hubieras nacido con otro sentido distinto. Digamos, por ejemplo, que no tuvieras tacto. Que tuvieras otra cosa totalmente distinta. Supongamos que pudieras percibir con tu piel la composición química de los materiales, pero no conocer su fórmula, simplemente poder percibirlo como una sensación.
- Pero, esto no es solo una suposición, ¿verdad?
- No, este es mi secreto. Cada vez que toco algo, la parte de mi piel que entra en contacto con esa sustancia se siente desplazada, como si estuviera en otro lugar en vez de pertenecer a mi cuerpo. Es algo difícil de explicar, como nadie lo ha experimentado antes, nunca se han creado las palabras para describirlo. Podría decirse que esa sensación equivale al color y la composición de ese material a la longitud de onda. Y ese desplazamiento puede ser agradable, molesto, y multitud de adjetivos más, que nunca han sido definidos. Es un mundo nuevo.
Otra vez mi rostro contra el tuyo.
- ¿Y qué se siente al besar?
- Que mis labios se transportan hasta un lago, como navegando
- Naveguemos juntos entonces.
Tan solo que esta vez no fue un lago, sino un océano eterno.