Mi tabla de salvción

Sentada en la butaca del cine se olvidaba de todos sus problemas. Le encantaba leer. Así que primero se leía el libro y después iba a ver la película para comprobar si el guionista se había adaptado a la idea del autor, y a lo que ella se había imaginado en la lectura previa. No siempre coincidía, pero jamás se sintió decepcionada.
Viendo la película podía expulsar de su mente los problemas que la agobiaban. Se sentía muy agradecida a sus inventores y estudiaba todo lo que encontraba relacionado con el cine. Incluso había intentado montar su propia película…pero no llegó ni a ser un “corto”. En clase de tecnología aprendía todo lo posible y experimentaba con lo que su profesor le permitía.
Estudiaba primero de la ESO y las dificultades ya habían comenzado el año anterior. Leer no estaba de moda y por eso la llamaban “friki”. Ella no se consideraba ninguna “friki” porque le gustase leer. Al contrario, se sentía mejor porque era la única que sabía redactar correctamente y además, gracias a los libros, era la que más vocabulario poseía. La insultaban y se reían de ella, pero siempre les regalaba la mejor de sus sonrisas para demostrarles que le daba igual su opinión. A pesar del odio de una rubia envidiosa, tenía muchos amigos que la ayudaban y la defendían siempre que alguien se metía con ella. Estaba muy agradecida a su familia por todo el apoyo y el cariño que le habían brindado siempre que las cosas se torcían.
Había ido a ver una película que se llamaba “Wonder, la lección de August” y se sentía completamente identificada con el protagonista. A él no le trataban bien porque tenía una cara diferente a la de los demás, pero conoció a Summer y a Jack Will, que lo ayudaban en los momentos difíciles. Había un niño que le hacía la vida imposible, se inventaba juegos malos y le enviaba notas diciéndole que se fuera del colegio. Al final del libro, Auggie se hizo amigo de toda la clase y de todos los profesores y consiguió —siendo una buena persona y no dejando que nada le afectase—, el aprecio y la solidaridad de todos sus compañeros. Esto nos demuestra que el bien siempre acaba triunfando, pase lo que pase, pese a quien le pese.
El cine era genial, podías ir a lugares fantásticos y ver cosas extraordinarias sin la necesidad de moverte de tu acogedora butaca. Gracias a sus amigos, al cine y a sus libros, logró alcanzar la máxima felicidad y el afecto de sus colegas, como le había pasado a August.