Cara a la pared

Dónde me he metido pienso yo. Esta es la pregunta que inunda mis días de soledad, una soledad que parece un pozo oscuro sin salida, donde nada es posible. Pero de repente dentro de mi algo se ilumina. ¿Qué es eso me pregunto? Nada, no debe ser nada, solo una fuerza en mi interior que va a durar muy poco y en seguida se marchará. Como decía, ya ha desaparecido...

¿Por qué he caído en esto, por qué he sido tan tonta de caer en la trampa, por qué? Necesito que alguien me lo responda. Ser preciosa o aunque sea gustar a la gente no lo es todo, pero parece ser que mi cabeza no lo asimila. Ella solo quiere ser perfecta, ¿es mucho pedir? Se ve que si, nunca tiene bastante, siempre quiere ir más allá.
Una vez empiezas ya no sabes parar, es tan difícil y, por mucho que la otra gente te diga que pares, no sirve de nada. Yo sigo en mi mundo, un mundo donde cada día cuesta más levantarse y luchar para la curación.

Ya llevo mucho tiempo así y no hay manera, y aunque me diga: ¡Mar, tú puedes! No es bastante. Estoy atrapada dentro de un malsueño que nunca despierta. ¡Quiero salir! Digo. El sentimiento de frustración invade y se apodera de mí y, sobretodo de las persones que me quieren y desean con todo su alma que me cure. La impotencia también les es presente, la impotencia al ver que un ser querido cada vez es menos persona y ellos no pueden hacer nada para remediarlo. Todo depende de mí.

100 son las veces que he deseado que una simple pastilla fuera la solución de esta enfermedad y que al tomármela pudiera despertar en un mundo mejor. Pero no es así de fácil, todo tiene un porque y cada persona, por muy pequeña que sea, lo tiene que buscar para poderse encontrar a sí mismo.

Mis manos al notar las teclas del teclado esrciben sin parar. Nunca he sido capaz de verbalizarlo, pero puede que esto sea el principio de una vida mejor. Una vida que sólo está en mis manos cambiarla.