UN ARCO IRIS EN MI JARDÍN.

Estaba pensando hacer algo nuevo una tarde de otoño gris.

Salí al jardín, era un atardecer suave e iluminado por un halo de arco iris reflejado en el inmenso cielo que caía sobre mi.

Sus arcos de colores partían de un pequeño agujero que apenas lograban ver con claridad mis ojos.

No llovía pero sé que mi arco iris nació de una sola gota de agua que cruzó delante de un pequeño rayo de sol apenas imperceptible.

Fue cuando se descompuso en multitud de colores que, en agradecimiento, volvió hacia su creador; ese pequeño rayo de sol apenas imperceptible para mi.

Inmediatamente, otras gotas quisieron participar de tan maravilloso colorido y se atravesaron para que el pequeño rayo de sol los atravesara y nacieran nuevos dibujos de colores en la inmensidad del cielo.

Cada vez más gotas se unían felices de formar parte de los creadores del maravilloso arco de colores en el cielo.

Eran tantas las gotas que entre ellas decidieron trabajar en grupo y se dividieron de forma tal que formaron diversos grupos de colores para hacer más luminoso el arco iris de mi jardín.

Yo creí que ya lo podía tocar. Cada vez era más nítido.

Pero, entonces, sucedió algo extraordinario.

Nació otro arco iris.

Este era más débil. Menos nítido que su creador; el que caía con lucidez sobre mi jardín, pero tan bonito como él y con los colores ordenados al revés.

Entre ellos, nació un cielo claro y difuminado, incluso me parecía un poco grisáceo, pero claro, todo era maravilloso e increíblemente vivo.

Yo creí que había descubierto ese cielo difuso pero al comentárselo a mi tía, tristemente la escuché decirme, que ya estaba descrito por un comentarista de Aristóteles, Alejandro de Afrodisias, filósofo, como mi tía, pero griego y que ya la descubrió en el año 200 ac.

¿ Vaya decepción me llevé!. De hecho, tiene el nombre de “banda de Alejandro”...claro... en su honor.

Eran muchos los colores; rojo, naranja, amarillo, verde, violeta, rosa.

Pero un color lo distinguía en la parte interior del arco iris contrastando el arco rojo del exterior.

Como mi arco iris estaba muy alto, supuse que el sol estaba muy bajo...claro, era el atardecer de mi jardín y el sol ya se iba a dormir.

Recuerdo una vez en Maracaibo, en el lago que visitaba con apenas tres años de edad, para ver los inmensos petroleros cruzando sus aguas, que vi un arco iris circular. Mi madre me dijo que no era fácil verlos. Que tenía estar el sol ya reposando en el horizonte como estaba sucediendo en ese preciso momento delante de nosotras.

Qué tiempos aquellos y que pausa en mi mente me produjo cuando mi madre me comentó que las gotas del arco iris no son círculos, como la gente piensa, sino esferas y que como tales se comportan.

He oído que Descartes, también filósofo, aunque también matemático y físico, en 1637, ya se percató de los Arco Iris. Pero, seguro que él no ha visto los arco iris de mi jardín.

Pero también Aristóteles, Newton o Descartes hablaron de los arco iris intentando aportar datos que nos facilitaran disfrutar de sus colores.

Sin embargo, ellos no han podido aportar datos de mis arco iris, esos arco iris que estoy disfrutando en el atardecer de mi acogedor jardín.