Locura

Me desperté en la madrugada, eran las tres y había tenido una pesadilla. De repente, sentí algo extraño, un escalofrío me recorrió, algo pasaba, no estaba en mi habitación. Me levanté de la cama y fui a la cocina a por un vaso de agua pensando que solo había sido un susto. Estaba descolocada, las habitaciones no estaban donde debían, ni siquiera los muebles ni los colores de las paredes eran los mimos. Corrí a mojarme la cara al baño, después de encontrarlo, ¡claro!, seguía confusa. Lo único que se me ocurría era seguir durmiendo, probablemente era una pesadilla. Volví a mi habitación cuando me di cuenta ¡de que ya no estaba! Me di la vuelta y una caja gigante apareció ante mí, ¿Qué era eso? No me podía estar quieta, tenía que saber lo que contenía... Abrí la puerta de esta y parecía una máquina del tiempo. Empecé a observar los botones; había de muchos colores y tamaños. También algunas etiquetas pero, ¿qué idioma era ese?, ¿mandarín? No entendía nada y decidí salir. ¡Pero la puerta estaba cerrada! Tenía que hacer algo antes de asfixiarme... Lo único que se me ocurría era apretar algún botón, y apreté al más grande que había donde ponía “yún”, transportarse en castellano.
Comenzó a emitirse un pitido espantoso, me hacía daño al oído. Acabé en el suelo tapándome las orejas, era insoportable. Cuando paró, me levanté del suelo y abrí la puerta, no estaba en mi casa. ¿Qué estaba haciendo ahí?

Entré a un salón y vi a un chico. Me acerqué a él, le toqué la espalda y le pregunté quién era y si sabía porque estaba allí, él hizo caso omiso a mi presencia ¿Acaso estaba sordo? Fui a la cocina y cogí dos tapas de metal y empecé a aporrearlas con fuerza, pero seguía sin inmutarse. Decidí salir de ahí pero algo me lo impedía, me hacía estar al lado de él y me empecé a asustar. Alguien entró en la casa. Era una señora rubia. Le pregunté si sabía por qué estaba en ese lugar, pero tampoco parecía oírme. ¿Era invisible? Cuando me giré a la ventana vi algo escrito, "¿Quieres saber sobre la locura? No puedes separarte de él, descubre qué pasa”. Seguía asustada, como iba a salir de ahí, ¿Era real? ¿Cuánto tiempo iba a tener que estar acompañándole? ¿Quién había escrito eso? Quieta, respira. Escuché a mi conciencia y decidí calmarme. Empecé a observar todos los comportamientos de ese chico. Pasadas unas horas, aquel chico no hacía nada diferente, empezaba a dudar si tenía algún trastorno o no. Iba a acabarse el día. Fui a la cocina a por algo de comer. Cogí un trozo de lasaña. Eso sí que lo notaron, empezaron a pelear por quién se la había comido. A la hora de acostarse, vi que la madre del chico le acompañaba a su habitación, la cual estaba decorada de manera infantil. Su madre le daba el pijama y mientras él se lo ponía, ella le preparaba la ropa, después le colocaba una pequeña luz, y le apagaba la lámpara. Apunté todo lo que vi y me puse a pensar.

A la mañana siguiente, la señora le llevaba en coche al instituto, y yo como no, con él. Al entrar, me fijé en que no se acercaba a hablar con nadie, ni nadie con él, algunos se le miraban, otros se reían... Al comienzo de la primera clase, entró al aula y fue a saludar a unos chicos, quien no le hicieron caso, me empezaba a dar un poco de pena... Llegó la hora del recreo, y él se sentó solo en un banco. Unos chicos se acercaron a él y le preguntaron cómo estaba. Se sentaron a su lado, uno de ellos me aplastó con su enorme trasero, y con tono de burla empezaron a preguntarle sobre un videojuego, él no contestaba. Acabaron las clases y volvimos a casa.

Su madre empezó a preguntarle, cómo le había ido, si le habían hecho algo... Viendo su cara supe que eso ocurría continuamente. Él fue a su habitación y comenzó a escribir:

“Soy Dani y soy autista. Tengo una enfermedad asociada a la locura, pero no me asusta... Me ha tocado, y no me voy a venir abajo. Lo sé desde hace tiempo. Soy una persona con sentimientos, que puede valerse por sí sola. Paso de lo que me digan en el instituto. No necesito que me traten como alguien especial. Así nací y así moriré.

El autismo es un trastorno psicológico. Él vive en su mundo y le cuesta socializar. De repente, desperté en una camilla de hospital. Mis padres me explicaron que me caí escalando. Había estado en coma. Confusa, giré la cara, y ¿a qué no sabéis quien había en el pasillo?