Crónicas de León

Las persianas de mi habitación se abren y una tenue luz del amanecer atraviesa los cristales de las ventanas e ilumina la estancia. Me tapo la cabeza con las sábanas en un intento de continuar durmiendo pero resulta en vano pues, cómo todas las mañanas, mi despertador realiza su labor.
-Hora de despertar Tasha. Me dice el holograma de pie al lado de mi cama. Podría ignorarlo, pero no me dejaría en paz hasta que me levantase. Así que despacio me levanto, me pongo mi bata y salgo al balcón. Los primeros rayos de luz del sol iluminan los altos edificios metálicos de León.
Aun que sea muy temprano el tráfico de coches y aerocoches ya es denso, y los trabajadores de la parte baja y la parte alta de la ciudad están a todo vapor. Los carteles holográficos de anuncios nunca desaparecen de las fachadas de los edificios más importantes. Y se extiendo la vista hacia el horizonte se puede ver la alta valla electrificada que marca los límites de la ciudad.
-Llegarás tarde al entrenamiento Tasha. Me comunica el holograma.
-Voy ahora mismo. Le contesto. Enseguida me visto, desayuno y voy al ascensor. Pongo mi mano sobre una placa que escanea mis huellas digitales y el ascensor se pone rumbo al subsuelo, que es donde se encuentran, además de las carreteras para camiones de carga y plantas de reciclaje y depuración, las instalaciones militares de la ciudad, que están en el último nivel del subsuelo.
Al llegar, me encuentro con Dek, un amigo que tengo desde que llegué aquí.
-¿Listo para recibir una paliza? Le pico.
-Hoy no Pelirroja. El capitán quiere verte.
-¿Para qué?
-Ni idea. Pero no parecía de buen humor.
-Genial, no hay nada mejor que recibir gritos para empezar bien la mañana-Digo con sarcasmo-Bueno, nos vemos más tarde.
-Vale, adiós.
Doy media vuelta y subo en ascensor hasta la sección de la sala de comando, donde me encuentro con el capitán Ramos.
-Capitán.
-¿Porqué ha tardado tanto soldado?
-Vine lo más rápido que pude ¿Qué ocurre?
-Nuestros radares detectaron a una unidad de biónicos acercándose a la base leste de la valla.
-¿A qué distancia están? Al preguntarlo, se escucha un disparo y la alarma comienza a sonar.
-Señor, los biónicos llegaron al a la valla. Informa otro soldado.
Yo rápidamente me siento en una de las cillas de disparo. Las cámaras de la base enfocan los aerodeslizadores que se acercan.
-Preparen y apunten los cañones de plasma. Ordena el capitán. Lo hago, enfoco bien en uno de los aerodeslizadores y…
-Disparen!
-Disparo. Consigo acertar el objetivo, el cual cae en picado. Sigo disparando a los demás que se acercan hasta que uno de sus disparos acierta el cañón.
Los demás soldados continúan disparando, pero los aerodeslizadores llegan a montones, los cuales fueron inutilizando los cañones uno a uno, hasta que al final consiguen pasar la valla.
-El capitán avisa la aleta roja y ordena que todas las unidades de defensa suban a la superficie.
Unos segundos después, se pueden ver y escuchar a través de las cameras de seguridad los estruendosos disparos de los atacantes, y gritos de los civiles. Al cabo de un rato todo se silencia, y lo único que se escucha es la voz de un soldado.
-Se retiran! Los aerodeslizadores se retiran!
En la sala de comando todos aplauden y suspiran de alivio. El capitán sobre todo.
Después de estar toda la tarde vigilando a ver si no volvía los biónicos, vuelvo a casa. Me siento agotada y todavía tensa por el ataque. Bajo del ascensor, abro la puerta de mi apartamento y entro.
Enciendo las luces y, le veo, sentado en mi sofá. Intento volver salir, pero dispara a la cerradura con el laser que le sale de los ojos y la funde.
-Cuanto tiempo sin verte Tasha. Dice Sam con una sonrisa ladeada.
-¿Qué quieres Sam? Pregunto tajante.
-Quiero hacerte una oferta. Quiero ese colgante que tienes.
-Yo no hago tratos con biónicos.
-No tienes elección. A menos que quieras que tu madre muera.
-¿Mi madre? Murió hace años.
A su derecha se proyecta un holograma de una mujer sucia y llena de cicatrices. Es mi madre.
-¿Eso crees? Si no quieres que muera, mañana llévame el colgante a la valla. Lo dice y se desvanece.
Es un farol. Mi madre no está viva. La vi morir con mis propios ojos y, ese colgante es lo único que me une a ella y a Cato, mi hermano.
No le veo desde que empezó la guerra. Él y la mayoría de los seres humanos abandonaron el planeta. Yo, sin embargo, cómo muchos otros me quedé abandonada aquí. Él intentó salvarme pero no consiguió.
No sé que puedo hacer ¿Hay alguna posibilidad de que mi madre siga con viva?