La ciencia, el portal hacia el cambio.

En un poblado de África-Subsahariana, aquel que sabemos que existe pero que ignoramos por miedo, unos niños de apenas 13, intentan cambiar su situación, haciendo lo que muchos no sabemos, inventar.
-Mira, lo ves, te lo dije, nada es imposible. -dijo orgulloso Iro. -
-Madre mía, mira. Tengo miedo, ¿ahora como bajo? -respondió Alaia asustada-
-Tranquila lo hemos repasado miles de veces, piensa, sé que tú puedes sola.
-No no, ayúdame, por favor. - gritó Alaia nerviosa-
-Me niego, como dice mi papa hay que arriesgar para obtener resultados. -replicó testarudo-
-Si no me ayudas, me enfado, irás tú solo a recoger los granos de café-dijo resignada-
-Vale, pero no sabrás como bajar, tú dirás. -tentó arrogante-
Alaia descendió suavemente, como un ave en una mañana soleada.
-Bueno, solo tenía que activar el segundo control y girar poco a poco la llave, da por perdida tu compañía bajo el sol-dijo Alaia regocijándose-
-No por favor, Alaia, no me dejes solo, sabes que no podré acabar el turno, y los señores son muy malos-contestó lloriqueando casi suplicando-
-De acuerdo tranquilo, te ayudaré, pero nunca más me vuelvas a hablar así-comentó satisfecha-
-Claro, claro, ¿pero sabes que en realidad sí que puedo no? es más, debo, mi papá siempre habla así a mi mamá y ésta nunca se queja como tú. -replicó-
-Ya, pero eso no está bien, ¿porque qué diferencia hay entre tú y yo? Es más, yo he diseñado la gran mayoría del proyecto. -debatió vanidosamente-
-Bueno yo también he hecho, a ver si ahora quedas tú de protagonista…-balbuceó Irio-
-Sí, sí…-contestó irónicamente-
-Bueno vamos a hacer los últimos retoques, coge esa piedra y esos metales que encontraste en el campo, vamos a unirlos con el alambre, para que circule la corriente. -
-Y ¿de dónde has sacado una pila? Nadie en el poblado tiene…
-La robé cuando fuimos a la ciudad grande- contesta Iro mientras este une los alambres y los metales.
-Así no tonto, está en el sentido equivocado, pon los polos al revés, así…-
-Y ¿tú como sabes todo eso?
-Yo también tengo mis secretitos, fui a la casa de los señores, un día que me tocaba limpiar el interior, y vi en un libro dibujos que se parecían a lo que queremos hacer, y lo cogí.
-Bueno esto ya está, dale al botón.
-Perfecto, vamos a enseñárselo a los demás.
- Nos podrían meter en una cárcel, nuestro invento, es traición, ciencia malvada…
- ¡Ya, pero...lo hemos conseguido! ¿Sabes lo que podría ayudar a la gente? Podrían ir a recoger agua al rio mucho más rápido y...
- ¿Te crees que no lo sé? Veo sufrir a mi familia como tú todos los días, desde el alba hasta el anochecer.
-Y ¿qué vamos a hacer? ¿Quedarnos parados, tirarlo al rio?
-Quizás sea mejor así, un sueño más hundido en el río bajo el agua.
-No, coge las alas, que vamos al poblado, cambiemos el orden, derroquemos al dictador…
- ¿Estás loca? Soltará al ejército y no llegaremos a nada.
-Eso dijiste el primer día cuando robamos aquellas primeras herramientas, recuerdas?
-Pero, ¿qué pretendes?
-Muy sencillo, compartir con la aldea nuestra ayuda y esperanza.
-Pero si ni siquiera acabamos de entender el proyecto nosotros mismos, su mecanismo sigue siendo un misterio, se podría decir magia.
-No, no es magia se llama ciencia, y tu yo lo hemos inventado, no dejes que tu mente se oscurezca con las limitaciones de nuestro pasado, es cierto que no comprendemos exactamente su funcionamiento, pero ven, siéntate, vamos a desmontarlo y a volver a montarlo.
- ¿Cómo? ¿Estás segura de que lo conseguiremos?
-Confía en ti.
Y así pasaron las siguientes semanas, bajo aquel árbol centenario, montando y desmontando, consultando aquel libro, que desgraciadamente no conseguía proporcionarles todas las respuestas con sus imágenes, reflexionando, escribiendo, creando. Con los pocos recursos de la vista y la deducción, una suma de voluntad y talento natural. Después de un tiempo, ya se podía percibir la silueta del objeto, su sombra contra la hierba. Y finalmente, un día, cuando el sol ya desaparecía por a montañas…
-Ya está, por fin, ¿quieres que volvamos a probar? -dijo Iro-
-Claro, pero ahora te toca a ti. -contestó Alaia-
-Ay Mungu Wangu, puedo sentir el aire, me siento…
-Libre?
-Sí, libre.
-Vamos, baja, rápido, antes de que oscurezca.
-Mostremos… nuestras alas (dijeron simultáneamente).

Sí, nosotros creamos, diseñamos, prácticamente cada día alguien en este planeta inventa algo, porque esa es la distinción del ser humano, evolucionamos, y el mundo con nosotros. Pero no he querido quedarme en este hecho sino hacer una crítica a nuestro egoísmo, porque hay millones de niños y adultos, que pueden y seguramente quieren colaborar en este proyecto, pero que están limitados por nuestra sociedad, dejemos volar la imaginación, o mejor dicho inventemos unas alas.