Brain

Y como una niña pequeña continuaba corriendo, hasta que sus piernas se detuvieron ante la incesante petición de sus pulmones por recuperar el aliento. Le resultó curioso en ese momento como unas parejas de oxígeno podían resultar tan vitales y necesarias para un ser, ante la aparente importancia que tenían todas las cosas que rondaban por su cabeza en el momento.
Llevaba horas dando vueltas por la ciudad, y se sentía tan mareada como si hubiese subido por horas a un tiovivo con una fuerza centrípeta inagotable. Continuó caminando, todavía jadeante, por aquel pequeño y precioso parque. Estaba lejos de la zona en la que habitaba, y teniendo en cuenta la avanzada edad de los transeúntes y el estrés al que estaban sometidos los padres por andar detrás de sus hijos, pensó que nadie la reconocería y decidió relajarse un poco.

A veces ser una bióloga reconocida era complicado. Dentro del mundo de la ciencia había sufrido bastante discriminación, obviamente por el mero hecho de ser mujer, aunque eso, lejos de frenarla, la había hecho reaccionar y luchar con mayor convicción por sus metas. Pero últimamente, tras realizar varios descubrimientos y colaboraciones en proyectos diversos que la lanzaron al mundo de la fama, todo su mundo se había vuelto estresante. Fuera del ámbito científico se la reconocía por “la mujer científica que descubrió…” y dentro de el todos eran demasiado exigentes y escépticos, a la espera del mínimo error, quizás por su desconcertante capacidad a pesar de su escasa edad y sí, ser mujer; todavía hay mucho burro suelto por ahí.

Decidió descansar un poco y se sentó en un carcomido y estropeado banco, muy cercano al pequeño lago y bajo la sombra de la frondosa arboleda que daba comienzo al monte donde tanto tiempo había pasado. Con una risa recordó como había llegado a allí; se había escapado corriendo del laboratorio. Todo el mundo la había mirado desconcertado, pero sinceramente no le importó, pues todavía no terminaba de asimilar lo que había ocurrido. Llevaba un par de meses enfrascada en una investigación sobre las partes del cerebro junto al doctor Coimbra y al psicólogo Albert Bandura.

Hacían un buen equipo, ya que el doctor Coimbra aportaba la veteranía sobre el tema, Albert Bandura daba un punto de vista distinto por sus conocimientos psicológicos y ella tenía nuevas técnicas e inmensas ganas de investigar este tema a fondo. Cada uno investigaba por su cuenta, pero una vez al mes se juntaban para poner en común lo que habían descubierto y consolidar teorías o mismo derribarlas. La próxima reunión era el día siguiente, y estaba ansiosa por saber si sus cálculos y pruebas eran acertadas.

Como todo el mundo sabe, se rumorea que los humanos únicamente usamos el 10 % de nuestro cerebro, y que por lo tanto el cerebro es todavía terreno desconocido y no se sabe con exactitud todas las funciones que tienen sus partes. O al menos, eso hasta ahora. Tras varias pruebas, consiguió crear una pastilla que activa el sistema límbico y hace que este produzca unas hormonas/células semejantes a las células madre. Pero estas tienen la mejora de que no hay que “activarlas” artificialmente en laboratorio para que se especialicen y regeneren la parte deseada. De forma natural eran creadas por el sistema límbico tras tomar la pastilla para frenar un cáncer, unir un hueso roto, regenerar algún órgano deteriorado… Ante ella tenía la solución a cualquier problema que hubiese en el ser humano.