la cura

LA CURA
Suena el despertador y abro los ojos lentamente. Miro a mí alrededor, ¿cómo en tan solo dos años ha cambiado todo tanto?, ¿cómo es posible que todos los pocos humanos que quedamos tengamos que estar retenidos en bases militares? hace dos años era más inofensivo que un simple resfriado y ahora persona infectada, persona muerta. Casi nadie sabe nada sobre esa enfermedad solo que afecta al sistema nervioso central y que conforme pasan los minutos tu cuerpo se autodestruye por eso hay que tener mucho cuidado. Yo no sé de mis familiares desde hace año y medio, hace siete meses que me convencí de que estarían muertos en alguna parte de este destrozado mundo.
Me levanto de la cama y me dirijo hacia el comedor donde ya están todos en fila para coger la comida. Obviamente los científicos tienen prioridad sobre el resto puesto que excepto comer y dormir solo viven estudiando formas de curar la enfermedad. Veo a mi amigo Jorge y me reúno con él. Hablo con él un rato y me doy cuenta de que Jorge se ha apuntado al curso de científicos igual que yo
Al día siguiente Jorge y yo fuimos al laboratorio y nos hacen las pruebas pertinentes sorprendentemente nos aceptan a los dos. Nos explican los avances de la investigación y nos pusimos manos a la obra. Jorge pregunto por dónde podemos empezar y el científico dice que miremos los informes sobre el Uninovo Yo me quede callada y asiento, no me gustaba demasiado hablar.
Me paso el día analizando y comparando una persona muerta por una causa común y por el uninovo y puedo llegar a la conclusión de que la enfermedad se introduce en la médula espinal y de ahí se extiende por todo el organismo pero ¿cómo se extiende? ¿Cómo frenarla? Estas preguntas resuenan en mi cabeza y por más que lo intento no encuentro respuesta y mi mente se transporta a otro lugar en el que puedo ser feliz y estar con mi familia. Familia que probablemente esté muerta. Les debo esto, les debo encontrar la manera de frenar la destrucción de la humanidad. Sabía que no sería fácil pero esto está siendo decepcionante me paso las noches con insomnio pensando en el uninovo y cómo frenarlo.
Un día, como de costumbre estoy con Jorge en la fila del desayuno cogiendo algo para comer y de repente saltan las alarmas ¡Había un infectado dentro de la base! ¿Qué se supone que debo hacer? Nos han preparado para esto durante el tiempo que llevamos aquí pero se me ha olvidado todo. Estoy aterrada, creo que como los demás. Jorge me coge de la mano y tira de mí para sacarme de aquel lugar e ir al a el laboratorio. Es el único lugar protegido. Recorremos todos los pasillos hasta allí pero cuando quedan unos pocos metros para llegar veo a mi hermana de tan solo diez años llorando junto a mis padres. Suelto la mano de Jorge y corro hacia ellos como si no hubiera un mañana, como si ellos fueran mi salvación. Cuando me ven la cara les cambia. Pasa de una expresión de terror y tristeza a una chispa de felicidad. Cada vez corro más en mí y en que la vida se escapa de ella. No puedo remediarlo, ni detenerlo me siento impotente mi pequeña hermana fallece entre mis brazos y aunque había pensado que habían muerto ver cómo me deja es demasiado para mí. Entonces lo comprendí todo, me di cuenta de cómo funcionaba esa enfermedad. Como pude me levanté de allí y entre llantos me dirigí hacia al laboratorio. No salí de ahí durante semanas desarrollando la cura, todo por ella pero nada. Las semanas se convertían en meses y cuando estaba a punto de rendirme me di cuenta de por qué fallaba, por qué mi formula no funcionaba. Tras afectar el sistema nervioso se dirigía al corazón donde producía un paro cardiaco y morían. Jorge me ayudaba en todo se había convertido en un gran apoyo para mi, el me ayudó a desarrollar el suero que contrarrestaba la enfermedad.
Todo había acabado por fin. Lo mejor fue cuando pudimos salir al exterior y volver a nuestras “casas”. Yo me mudé a Washington y Jorge se vino conmigo. Éramos, como un gran equipo. Y aunque no hay día que no recuerde el cuerpo inerte de mi hermana mirándome ahora todo se hace más llevadero.
FIN