Diferentemente perfecto.

Tomás despertó y sintió como unos pequeños tambores resonaban en su cabeza. Hoy era el día. Era el día de salir de allí, de salir de una ciudad programada. Se levantó de la cama y fue llamando a sus veinte compañeros, los veinte delincuentes. Los únicos que se atrevían a desafiar a los científicos.
En menos de diez minutos estaban todos en frente de las puertas. Las únicas puertas que había en toda la pequeña ciudad y que solo se abrían por las mañanas treinta segundos perfectamente contados. Miraban su hogar sabiendo que nunca regresarían. Miraban un hogar con personas perfectas y perfectamente programada para ser perfecta. Ellos veían como muchas personas miraban con curiosidad, pero todos sabían que no dirían nada. Ellos no podían amar. En esa sociedad el amor era una enfermedad de la cual se había encontrado cura una década antes.
Las puertas comenzaron a abrirse dejando ver el bosque. El lugar donde nadie iba, el lugar que no era perfecto. Tomás y los demás salieron de allí haciendo que las pulsera de preso pasará al rojo y comenzará a sonar la alarma de la torre. Cuando los Ccientíficos pasaron a la acción las puertas ya se habían. Ellos se adentraron en el bosque.
El bosque no era como en los libros de Tomás. En sus libros aparecían pequeños árboles y arbustos; esto era todo multiplicando su tamaño por diez. Allí, en libertad, miraban cohibidos la altitud de los árboles. Cuando el sol se puso ellos encontraron agua. El agua era cristalina. Tomás se acerco a tocarla .
Una chica a su derecha parecía oler el agua, como si pudiese ver más allá. La chica se levantó y se llevó el agua a la boca para luego beberla con desesperación. Los demás al ver que a la chica no le afectaba comenzaron a beber agradecidos.
-¿Cómo sabías que no estaba contaminada? -Preguntó Tomás. Ella le enseño su muñeca y Tomás pudo ver que no tenía la pulsera de presa. A cambio tenía un tatuaje señal de que estaba vacunada contra la enfermedad del amor. Tenía dos señales más que las reconoció como la señal de programada y otra que no supo reconocer.
-¿Eres una Perfecta? -Ella hizo una mueca y finalmente dijo que sí con la cabeza.
Siguieron su camino por el bosque y hasta el anocheció no ocurrió nada raro. Se dieron cuenta de que no había estrellas, ni tampoco luna y se asustaron al darse cuenta de que significaba que la luna y estrellas de dónde venían era artificial. Como todos los demás.
La chica cogió bayas y las repartió asegurando de que había dado ese tema apenas unos meses antes, y para demostrarlo los comió ella primero dejando atónicos a los veinte chicos que nunca habían visto a nadie actuar con tal valentía. Ellos durmieron tapándose con las grandes hojas de los árboles.
Por la mañana Tomás sintió los movimientos de muchos de los del grupo y se levantó asustado. La chica estaba oliendo y los demás intentaban hacer lo mismo para saber que se traía entre manos.
-CORRED. –Gritó ella.
Tomás no supo el por qué pero obedeció sin decir nada. No sabía por qué confiaba en esa chica tan rara.
-Tapaos la nariz.
Tomás vio como por detrás de ellos había unos grandes monos saltando de árbol a árbol conteniendo una sonrisa e iluminando todavía lo que quedaba de noche. En frente de ellos había una masa de gases de todo tipo de colores obstruyendo el camino. Tomás se sentía mareado y veía como mucho de sus compañeros iban cayendo como si se tratase de un domino. Los gases no olían y si no hubiese sido por la chica habrían muerto sin saberlo. De cualquier manera iban a morir. Se sintió mareado, sus piernas parecían controladas por alguien y no querían hacer caso a lo que él pedía. Correr. A cambio ellas se flexionaron y cayó al suelo.

Tomás se despertó y miro a sus lados. Estaba entre dos chicos con cara pálida y tumbado en una cama blanca. Tomás sintió como su vista se iba poco a poco haciéndose más nítida y cuando se levantó se sintió mareado. Fue hacia delante reconociendo los rostros de los chicos a sus laterales y se acercó a la puerta. Antes de llegar a la puerta sintió una descarga eléctrica, la descarga le había hecho una quemadura perfectamente redonda en la muñeca. Volvió a intentarlo y le creó otra quemadura.
En la puerta apareció un hombre con barba que lo saludó amablemente.
-¿Ya estas despierto? Eres el único que ha superado la prueba. –Tomás no sabía por qué pero sintió unos deseos increíbles por borrarle la sonrisa. Él le dio a un botón que le hizo desmayarse-. Sujeto 6 Grupo C, único robot superviviente.