MILENIUM

Nunca se sabe lo que va a pasar, hasta que ocurre, eso pensaba Marina, pero a veces puede sorprenderte.
Marina tiene 15 años, es de mediana estatura, sus ojos son los más bonitos que nunca habrás visto, aunque son marrón avellana, son preciosos por que transmiten tantas cosas con su mirada…pero aquella mañana transmitían miedo. Marina tiene leucemia, cuando recibió la noticia tenía 10 años, pensó que todo pasaría rápido, pero se equivocó.
La semana pasada cuando el doctor la visitó le informó de que su organismo y su sangre estaban peor de lo que todos esperaban. Su padre es gemólogo, él ha criado a Marina y le ha inculcado muchos valores. Su madre murió cuando ella apenas tenía 2 años.

Pasados algunos meses…

Todo ha empeorado, Marina lleva mascarilla allá donde va, el médico le da como mucho 1 año de vida. En estos meses como Marina no acude a la escuela por su enfermedad, acompaña a su padre en busca de preciosas piedras. Un día encuentra una cueva un poco alejada que está llena de piedras de todos los colores, hay piedras que contienen agradables olores nunca descubiertos y eso la llena de felicidad, desde ese día su padre y ella construyen una pequeña cabaña en aquel preciosos valle, así, están más cerca de la cueva. Marina se siente bien cuando está en aquel lugar.

La mañana del 18 de noviembre de 1998 Marina, fue ingresada en el hospital, se estaba muriendo. Pidió que la llevaran a la pequeña cueva que había descubierto. Allí se dio cuenta de que era su hora, se reuniría con su mamá, a la que había echado tanto de menos. Antes de morir le dijo a su padre que había encontrado una preciosa piedra de color perla, la había guardado porque quería que su padre fuera reconocido por ello.

Después de su muerte, el mundo se enteró de el descubrimiento de aquella piedra, a la que llamaron Milenium ya que con ella se habían salvado miles y miles de vidas de personas con leucemia, todo el mundo se preguntaba que era lo que contenía esa piedra para poder salvar tantas vidas, contenía una sustancia muy poco conocida que hacía que el organismo y la sangre de personas con leucemia se limpiara y no provocara la muerte.

Marina fue enterrada en un precioso ataúd fabricado con aquella piedra. Ella tenía la certeza de que con aquella piedra todo cambiaría y así sucedió, no se equivocó cuando pensó que la vida de personas con leucemia cambiaría a mejor y la de su padre también cambiaría. El padre de Marina iba a visitarla al cementerio todos los días, ¡La echaba demasiado de menos! Pero, ¿Qué había sido de aquella cueva en la que Marina murió? Ahora era un museo construido en su honor donde había un montón de piedras recolectadas que daban por perdidas y allí era el único lugar donde había miles de piedras curativas para los enfermos de leucemia.

Las cosas malas vienen pero las cosas buenas también pueden ocurrir. La muerte de Marina dolió, pero gracias a ella, miles de personas vivían. Aunque aquella muchacha estaba muriendo, nunca dejó de pensar en los demás y nunca dejó de luchar. Estaba llena de vida, y aunque su luz se apagó nunca dejó de alumbrar.