Cuando no hay nada que perder, solo se puede ganar.

Como ya sabéis me llamo Jessica Serrano y estas son las últimas hojas de mi Diario.


Querido Diario,

Hoy es día 3 de enero de 2009. Ya no soy la misma que fui en un entonces. He cambiado. La ciencia me ha cambiado. Me ha hecho sentirme como hace mucho que no me sentía. Me siento viva, como la típica niña de mi edad. Una chica sin problemas sanitarios.

Comienzo a respirar con facilidad, he comprobado que mi capacidad pulmonar se ha duplicado. Los constantes tests que me hacen muestran que mis latidos son estables, y que mejoro a medida que pasa el tiempo. La digestión de alimentos aún me presenta problemas. Desde la operación parece que mi nuevo sistema digestivo carece de su funcionamiento habitual. Por lo demás, es como si el resto de mi cuerpo se hubiese regenerado. Ya no padezco los síntomas que me provocaba ese cáncer tan devastador que se iba apoderando de mí, en poco tiempo. Me lo detectaron hacía no más de 5 meses, y pasadas unas semanas se había expandido desde una décima parte de mi pulmón izquierdo hasta gran parte de mi aparato respiratorio. Había sido una situación difícil de masticar, ya que no había tenido tiempo para asimilarlo. Ni mi madre tampoco. Era lo único que le quedaba. Mi padre falleció cuando yo tenia 3 años; 4 menos de los que tengo ahora. No terminaba de entender por qué me estaba ocurriendo esto. Aunque al parecer, no era tan inusual hoy en día.

Una mañana llegaron unas enfermeras a la habitación 221 de la segunda planta en el Hospital Miguel Servet, Zaragoza. Llamaron a la puerta, y como de costumbre, supuse que me realizarían algún análisis para comprobar mi estado. En pocas semanas, supe analizar cada una de las expresiones de los médicos cuando venían a ponerme al día. Gracias a ello, y a los sollozos de mi madre por las noches cuando se quedaba dormida a mi lado, agarrándome la mano, pude darme cuenta de que mi salud caía en picado. No me quedaba mucho mas tiempo de vida.

Una noche, oí como mi madre hablaba con mi médico, el señor Hernan. Al principio solo oía susurros sin poder distinguir muy bien las palabras que se decían. Hubo un momento que mi madre alzo la voz, y entonces distinguí una pequeña parte de la conversación. Decía así: "Pero Pablo,¿sabes con certeza si hará desaparecer el cáncer?"

Días después, vino a mi habitación una enfermera. Llevaba en su mano una jeringuilla. A medida que me inyectaba el líquido, iba cerrando los ojos. Caí dormida. A las horas, me desperté. Me sentía diferente. Ya no necesitaba respirar mediante una mascarilla. Note el aire en mis pulmones, el aire fresco, que daba gusto respirar. Hacía mucho que no lo sentía así, ya no notaba pinchazos cuando lo inhalaba. Me incorporé y acto seguido, salté de la cama eufórica. Vi como mi madre se dirigía hacia mi cuarto con su café mañanero lleno de espuma, y con buena cantidad de azúcar, que la animase. Vi como fruncía el ceño al verme correr en dirección hacia ella. De inmediato, tiró el café por los aires y una sonrisa se esbozo es su rostro de par en par. Levantó los brazos y vino corriendo hacia mí. Me agarro tan fuerte, que apenas sentía mi cuerpo. Y entonces le dije: "Gracias". Comenzamos a llorar sin parar. Me beso la frente, y no me soltó hasta que Pablo nos volvió en sí.

¿Qué es este escándalo?- soltó alegremente.- ¿Te encuentras bien Jessica? Parece que no te ha quedado marca.- dijo, examinando mis brazos.
¿Cómo lo habéis hecho?- pregunté intrigada.
Como pudiste comprobar, te hicimos varios análisis de sangre estos últimos meses. Al analizar esa sangre en laboratorio, después de mucho tiempo dimos con el gen que te estaba causando esa enfermedad. Realizamos varios experimentos día tras día, y mediante ese gen, encontramos otro en una especie de planta poco frecuente. Vimos como ese gen, modifico tu ADN haciendo que el gen causante del cáncer dejase de reproducirse y cesase. De hecho, lo reduce, cada minuto que pasa desde que te lo inyectamos.

***

Quedé abrumada ante tal perspicacia. Jamás había oído hablar de tal experimento. Se dicen llamar transgénicos. Y a partir de ese día puedo decir que, gracias a ellos, soy como soy ahora. Mi vida cambió por completo desde aquel momento. Así que, hoy, día 12 de abril de 2016, siete años después; vivo felizmente acompañada de mi madre y su nuevo marido. A quien si no fuera por esos transgénicos no habría conocido ni podido compartir todos aquellos momentos que he compartido, junto a mi madre. Y a lo que me concierna, voy a poder compartir muchos más años.Y con esto me despido.