Pescando Sueños

30/3/2096

El mundo en el que actualmente vivimos se divide en 20 países. Uno de ellos, donde yo vivo, se llama Ukami, situado en lo que nuestros antepasados llamaban Europa. Es el país más peculiar de todos y a su vez está dividido en 15 regiones diferentes. Más allá de los cálidos desiertos de "Wakani" o de los bosques tropicales con exóticas aves de "Kameku" localizados al sur del País, yo vivo al Norte, en la región de "Galeg", la más fría de todas.


La economía de este País depende mucho de la pesca en los Glaciares, de donde procede una especie de peces muy suculentos y sabrosos. Aquí es donde entro yo en escena, soy Alfred Red y soy un humilde pescador. Desde que era bien pequeñito, acompañaba a mi padre a sus largos y duros días de pesca porque amo la naturaleza y también hay que decir, que a veces él me obligaba, para que cuando fuese mayor, no muriese de hambre. Ahora tengo 27 años y me encanta mi trabajo, o mejor dicho, me encantaba...

26/2/2090

Suena el despertador, son las 6:30, no sé ni qué día es. Vale si, es Miércoles, me levanto de la cama, me pego una ducha caliente como solo a mí me gustan, bajo a desayunar mi leche con esos cereales en forma de dinosaurio y mi zumo de Guayaba, vuelvo a subir para lavarme los dientes y a las 7 estoy en la puerta de casa esperando a que lleguen Benny y Stefan, para irnos juntos al trabajo como cualquier otro día. Hoy llegan diez minutos tarde así que tenemos que correr hasta la estación de Autobuses. Al llegar a la estación lo vemos pasar pero nos apresuramos y conseguimos cogerlo a tiempo, antes de que despegue. Somos la última parada, el puerto.

Cuando el enorme vehículo blanquiazul aterriza, salimos pitando hacia nuestro barco para empezar la jornada laboral. Llegamos y lo que vemos me pone la piel de gallina. Había un despliegue de agentes especiales y un montón de curiosos observando el panorama. Nos hacemos hueco entre la muchedumbre y vemos un camión del cual salen una serie de "personas" todas igual uniformadas, exactamente iguales de cara y de cuerpo. Por fin oigo algo, es nuestro jefe, que desde un megáfono dice: "AQUÍ ESTÁN VUESTROS NUEVOS COMPAÑEROS, SON PERSONAS QUE HAN SIDO MODIFICADAS PARA SOPORTAR EL INMENSO FRÍO QUE ÉSTA PRÁCTICA CONLLEVA, DADLES LA BIENVENIDA."
Cuando todo se había tranquilizado, se montaron el el barco con nosotros y partimos hacia los glaciares.

No les dirigí ni una sola palabra al igual que mis compañeros porque no parecían para nada personas amables. Cuando llegamos al gran Lago, comenzamos a trabajar. Entre los tres, Benny, Stefan y yo, solíamos pescar unos 30 peces en 8 horas en un día con suerte porque a las 6 de la tarde ya era de noche y no hay quien aguantara ese trepidante frío, excepto esos tipos. Ellos aún seguían ahí cuando nosotros ya nos íbamos por el terrible frío que hacía.


Todos los días ocurría lo mismo, eran claramente superiores a nosotros, hasta que llegó el día en el que Tom, nuestro jefe tuvo que despedirnos a todos. No quedó ningún humano... Solo había "tranges", que era así como los llamábamos. Meses después, la región de Galeg fue azotada por numerosas manifestaciones, represiones, discusiones fortísimas con los "tranges" y hasta incluso unas revueltas contra el Estado. Era increíble de creer pero unas "personas" nos habían dejado completamente K.O en lo que a trabajo se refiere. Había claramente una gran diferencia entre los "tranges" y nosotros. Mucha gente emigró a otros lugares para una vida más próspera, pero yo no podía, tenía que quedarme aquí para recuperar lo que me habían arrebatado.

Lo intentamos durante mucho tiempo con todas las posibilidades que nos quedaban, pero estaba claro que, nada ni nadie podía hacerle frente a esto. Al final, sintiéndolo mucho, tuve que irme al pueblo de mi abuela Casey. Pasé buena parte de mi vida cuidándola y trabajando de carpintero. No pasaba un día de mi vida, que no mirase atrás y me preguntase: ¿Y si no hubieran llegado ellos?¿Sería feliz?

No he encontrado la respuesta a esa pregunta, pero lo que mi padre me decía desde cuando yo era chico era: "Alfred, las cosas en esta vida siempre pasan por algo". Eso me reconfortaba en mis momentos de bajón, aunque no mucho, solo lo justo para no ponerme a llorar.