Y tú, ¿qué quieres ser de mayor?

Era un día normal y corriente. Pedro había ido a la escuela, en la cual solo llevaba un par de meses, ya que él, junto a sus padre, se habían cambiado de ciudad debido a que su madre había encontrado un trabajo mejor del que tenía anteriormente. Como ya he dicho, no era un día diferente, o al menos, eso pensaba Pedro. Al entrar a clase a las 8:30 h, no solo entraron la profesora y los alumnos, si no que entró también otra persona. Al parecer, había entrado con ellos un chico de 25 años que se definía como “orientador”. El “orientador” (una palabra que Pedro nunca había oído decir) les iba preguntando a todos los niños a que se querían dedicar en el futuro. Los compañeros de Pedro iban diciendo lo que querían ser de mayor. Todos iban diciendo los típicos oficios: bombero/a, veterinario/a, médico/a… También estaban los que se creían graciosos, en este caso, Carlos y José. Carlos dijo que a lo que él se iba a dedicar era a ver la tele tumbado en el sofá; y José dijo que él iba a ser profesor, ya que así podría fastidiar a sus alumnos, al igual que lo hace ahora su profesora (estos comentarios no le gustó nada a su profesora, que le miró con mala cara). Todos estaban riéndose de lo que acababa de decir José, cuando el orientador le preguntó a Pedro:
- Y tú… ¿cómo te llamabas? – le dijo el orientador.
- Pedro – le contestó este
- Ah es verdad, lo siento, pero soy muy malo para los nombres – dijo el orientador.
- No pasa nada – le contestó Pedro
- Y bien Pedro, ¿tú, qué quieres ser de mayor?
- Pueeeees………………. No lo sé. Déjame un poco más de tiempo para pensarlo, la próxima vez que vengas te lo digo – le dijo Pedro. Nunca se había hecho esa pregunta, y necesitaba tiempo.
- Vale, perfecto, vengo otra vez mañana – añadió el orientador antes de irse- ¡Adiós!
- ¡Adiós! – le respondió la clase al unísono.
Durante el camino de vuelta a su casa, Pedro no sabía que iba a ser de mayor, así que decidió que se lo iba a decir a su madre, por si a ella se le ocurría algo. Al llegar a su casa, Pedro le dijo a su madre:
- ¡Hola mamá! – dijo Pedro al entrar.
- ¡Hola Pedro! Me voy ya, que tengo que ir a trabajar. Por cierto, hoy llegaré más tarde, que iré a visitar a tu padre al hospital, te he dejado la comida encima de la encimera - dijo su madre – Me tengo que ir. ¡No te quedes mucho rato viendo la tele! ¡Hasta luego!
- ¡Adiós mamá! – dijo Pedro entristecido, ya que no le había podido contar su problema.
La madre de Pedro, Carlota, trabaja como dependienta en una tienda de ropa. Carlota tenía que trabajar el doble para poder pagar la operación de Carlos, el padre de Pedro. Carlos llevaba 2 meses hospitalizado por una insuficiencia renal crónica que sufría. La insuficiencia renal crónica significa que tenía una disminución progresiva de la función del riñón, haciendo que se aumentaran el número de sustancias tóxicas en la sangre. Esto hacía que Carlos se tuviera que someter a una operación de riñón. Pero desgraciadamente, la familia de Pedro no tenía ese dinero, ya que, para esa operación, se necesitaban unos utensilios muy costosos y que no se encontraban allí. Así que,los médicos habían decidido mantener a Carlos en el hospital hasta que la pudieran pagar.
Al día siguiente, ya una vez en clase, el orientador le volvió a preguntar a Pedro:
- Pedro, ¿ya sabes a que te vas a dedicar en el futuro? – dijo el orientador.
- Sí, ya lo sé – le contestó Pedro
- ¿Y bien? – añadió el orientador
- Quiero ser médico – dijo Pedro – Pero no de esos médicos que solo se preocupan de cuántos minutos les quedan para acabar su turno; ni de esos que, parecen que no sepan nada, que, a la mínima, ya tienes con yeso el brazo entero (lo dijo por su propia experiencia). Yo seré un médico de los buenos. Me especializaré en enfermedades relacionadas con el riñón, para que todos los puedan estar con sus padres, y no que, solo lo puedan ver yendo al hospital
- Muy bien Pedro, me parece perfecto, ve a por ello – añadió el orientador.
Y eso hizo tras muchos años de estudio, Pedro consiguió lo que quería y se puso a trabajar en un prestigioso hospital en Barcelona. Allí vivía junto con su madre, que había conseguido un trabajo mejor, y con su padre, que, gracias al trabajo de Carlota, le habían podido operar.