Subidas y bajadas en el aparato circulatorio

Me desperté como cada día. Mi casa ya estaba vacía a excepción de mí. Me aseé, desayuné y fui a un centro situado en la aurícula derecha del corazón, allí me reencontré con mis amigos y estuvimos hablando un rato. Aquel día me informaron que habíamos perdido a unos compañeros en una herida en la rodilla que se había abierto aquella noche. Más tarde nos asignaron una función, y una zona (más bien parte superior o inferior del cuerpo), en mi caso fue de glóbulo rojo, así que nos organizamos para coger nuestros eritrocitrajes. Tras pasar por las válvulas tricúspide y pulmonar, además del ventrículo derecho, llegamos a mi parte favorita, la “Aorta´s Mountain”, con dirección al cerebro, la montaña rusa fue haciendo varias paradas y fuimos despidiéndonos de nuestros compañeros. En mi caso bajé en la última parada junto con mi grupo, fuimos dejando el oxígeno y nutrientes, y recogiendo el dióxido de carbono y desechos, poco a poco mi traje fue cambiando de rojo vivo a azul.
Tras ello comenzamos el descenso por la vena cava superior, con dirección al corazón, íbamos reencontrándonos con nuestros compañeros, tras hacer una pequeña parada nos dirigimos a los pulmones por la arteria pulmonar, donde nos volvimos a separar y tomamos diferentes capilares. Ese trayecto se me hizo eterno, nuestro cuerpo estaba resfriado y no hacía otra cosa que toser y toser, con lo cual el intercambio gaseoso se realizó muy despacio, al llegar a los alveolos, vaciamos nuestras mochilas con dióxido de carbono, las llenamos de partículas de oxígeno, y volvimos de nuevo a la base por la vena pulmonar.
Cuando estábamos llegando a la aurícula izquierda, escuchamos la alerta roja y echamos a correr, estaban todos muy preocupados. Nunca había vivido aquella situación, y estaba bastante nervioso. Cuando todos recuperamos la tranquilidad, nos informaron de la situación, había un pequeño desgarro en la arteria humeral. En una situación normal no ocurriría nada, o simplemente con el número de plaquetas normales sería suficiente para detener la hemorragia, pero en nuestro caso la sangre era más fluida de lo adecuado, y normalmente podía circular con normalidad, nuestro cuerpo padecía una enfermedad llamada hemofilia (es un trastorno de la sangre con tendencia al sangrado o enfermedades hemorrágicas).
A los que llevaban mucho tiempo en el cuerpo se les notaba especialmente nerviosos, intentaban no transmitirnos ese estado, aunque parecía que la situación se agravaba por momentos, nos dijeron que teníamos que colocarnos en filas, y no preguntar.
- La situación es grave- Añadió el coordinador del centro.
- Vamos a realizar un proceso delicado y muy arriesgado- continuó uno de los científicos que se encontraban en el cerebro observando lo que ocurría tanto dentro como fuera del cuerpo.
- Tenemos que actuar con velocidad, todos los presentes tenéis que cambiaros vuestro trajes, por los trombocitrajes de emergencia e ir a la zona de la alerta- dijo con un tono serio el coordinador
- Necesitamos la colaboración de todos los elegidos, no hay más que hablar, ahora toca actuar- dijo finalmente el científico.
En aquel momento estaba muy nervioso, pero tenía que mantener la calma y sobre todo la sangre fría. Durante el trayecto nadie conversaba, todo estaba en silencio a excepción del sonido de los otros compañeros que seguían trabajando con normalidad. Fue un poco costoso llegar hasta aquella arteria ya que había una gran cantidad de colesterol en las paredes.
Cuando llegamos a la zona de la alerta nos informaron de que la hemorragia estaba más o menos controlada, pero en cualquier momento podía haber percances por lo que no podíamos bajar la calma. Estuvimos en aquel infierno escasos minutos aunque se me hicieron eternos, perdimos a muchos compañeros, pero finalmente la arteria fue taponada con éxito.
- Nuestro más sentido agradecimiento a vuestro trabajo y dedicación de parte de todo el equipo- dijo el coordinador.
- Hoy hemos conseguido algo grande, me complace informaros de que Paco (nuestro cuerpo) ha llegado a emergencias y se está recuperando satisfactoriamente.
- Como sabéis esto no acaba aquí, el aparato circulatorio continua, así que hay volver a vuestra función- finalizó el coordinador
Aquellos días siguientes, fueron días de incertidumbre, de nerviosismo, de alegría, de tristeza, de ilusión o simplemente de aquellos en los que lo das todo por perdido. Pero todo acaba tanto lo bueno como lo malo. Tras ese gran susto tuvimos otros, pero por mucho que nosotros ayudáramos a Paco, si él no ponía de su parte no íbamos a llegar a ningún sitio. Su anciano cuerpo se fue debilitando, agotando y empeorando hasta que finalmente un día se fue, y con él, todos nosotros.