Así no se juega

"Y el conjunto del CD Huerva vuelve a ganar contra el equipo local, por 0-4, en una jornada que muchos calificarían de aburrida..." - apago el televisor del salón tras escuchar las palabras de aquella periodista cañón, que aquel equipo volviera a ganar su 35º partido consecutivo esta temporada me sacó de mis casillas, parecían perfectos y a mí eso no me gustaba lo más mínimo.

La Federación Española de Fútbol fue a las instalaciones del club para realizar un seguimiento de los jugadores. Es obligatorio realizar estas pruebas cada cierto tiempo para asegurarse de que todos los jugadores cumplen las normas y no se encuentran bajo los efectos de las drogas.

Este caso era diferente, no se trataba ya simplemente de sustancias en el cuerpo o del estado físico de los jugadores, lo que los médicos de la federación se encontraron fue algo que ya se conocía pero que jamás había sido visto antes en humanos. Se trataba de organismos cuyo material genético había sido alterado usando técnicas de ingeniería genética, se trataba de personas transgénicas.

Este rasgo les distinguía de las demás personas que jugaban al fútbol porque calculaban en décimas de segundo la velocidad y ángulo con los que debían pegarle a la bola para hacer pases o tiros a puerta perfectos, tenían una mayor resistencia física y no se cansaban, podían correr más rápido, eran más altos y ligeramente más fuertes para poder rematar mejor los balones altos...

El caso recorrió el mundo entero; fue tal el escándalo mediático que incluso llamó la atención de aquellas personas a las que no les interesaba el fútbol. La gente conocía las lechugas o los tomates transgénicos, pues porque es necesario aumentar la producción de éstos y que tengan ciertas características que atraigan al consumidor, pero las personas transgénicas... sonaba a relato ciencia ficción.

La FIFA quiso llevar este caso a juicio y denunciar al club por ensuciar el buen nombre del fútbol. Al parecer esto es una injusticia ya que poseen unas características que les permiten ser superiores en el juego sin apenas ir a entrenar, mientras que el resto de los clubes se sacrifican y dedican el tiempo de su vida a entrenar y aprender cada día un poco más. Pero siempre hay algún "pero". En este caso, la justicia y el comité deportivo español no cuentan con leyes que sirvan para sancionar a los clubes que jueguen con personas genéticamente modificadas y por tanto, ellos no podían hacer nada al respecto.

Este acontecimiento llegó a oídos de algunas leyendas del fútbol mundial y no gustó, no querían ver cómo el deporte al que le habían dedicado tanto y que les había hecho vivir pasaba de ser un juego a convertirse en una industria, cegados por obtener resultados y así rentabilidad. Pero qué ocurre cuando no haces caso a instituciones del fútbol tales como Johan Cruyff, quien defendía que la calidad sin resultados no tiene sentido y que los resultados sin calidad son aburridos. Lo que ocurre es que destrozas el fútbol, el deporte que más pasiones levanta en todo el mundo.




Ya que la justicia no pudo hacer nada al respecto, fueron ellos mismos quienes decidieron hacer algo para salvar el fútbol. Se reunieron todos los grandes y decidieron cómo iban a afrontar esta situación, surgían discrepancias entre unos y otros, roces y piques que acababan desquiciándolos a todos, nadie se ponía de acuerdo sobre cómo debían enfrentarse a los transgénicos, había tanta diferencia cultural acerca del fútbol y sobre cómo jugar que aquel propósito parecía inalcanzable.

Todo se decidiría en un sólo partido, si los transgénicos ganaban seguirían en la competición, en caso contrario tendrían que despedirse del fútbol para siempre.

Y ahí estaban todos esos grandes entrenando como jamás lo habían hecho, más duro que nunca, debían estar a la altura físicamente si querían tener alguna posibilidad por remota que fuera.

Por fin llegó el gran día, 16 de Julio de 2020, apenas quedaban unos minutos para que comenzara el partido que definiría el curso de la historia del fútbol y los jugadores que se encargarían de acabar con los transgénicos estaban en el vestuario atentos a las palabras de Pelé, quien se encargó de la charla motivadora antes del partido.

El partido transcurrió como no, aburrido durante casi los 90 minutos, unos que lo arriesgaban todo y los otros que dormían el partido. Se añadieron 4 minutos más y en una jugada favorable para el conjunto de Pelé un transgénico comete falta. El encargado de transformarla sería el inconfundible y guapo David Beckham quien coge carrerilla, arma la pierna y dispara. El balón coge altura y baja rápidamente, entra por la escuadra y agujerea la red. El árbitro pita el final del partido.

El fútbol volvía a ser lo que era antes.