El camino de Peter

El camino de Peter

Peter era un niño de 7 años que acudía cada día a su escuela. Era una escuela católica, oscura y fría. Peter no tenía muchos amigos. En realidad no tenía ninguno. Era un niño bastante introvertido.
Peter no tenía madre, murió siendo él muy niño, y ni si quiera conseguía recordarla. Sólo tenía un pequeño recuerdo gracias a la foto que tenía su padre en la mesita del salón.
Un día a la salida de clase el profesor le dijo a Peter que pasara por el despacho del director. Éste le dio una carta para su padre. El padre leyó la carta con detenimiento y le dijo a Peter que no se preocupara, que el director decía que no podía seguir yendo a la escuela porque ya había aprendido todo lo que le podían enseñar y que a partir de entonces sería el Sr. Smith quien le ayudaría en su aprendizaje.
A partir de ese día, el Sr. Smith, que trabajaba de contable en una fábrica textil de Manchester, iba cada día a la biblioteca pública y allí se encontraba con Peter. Juntos empezaron a buscar libros que interesaran a Peter. Pronto el Sr. Smith se dio cuenta de que los libros que provocaban mayor interés y curiosidad en su hijo eran los de ciencias naturales, y en especial los de biología.
Aquello se convirtió en una costumbre. Peter se llevaba libros a casa, y a las cinco en punto esperaba en la puerta de la biblioteca para entrar junto con su padre y disfrutar de los nuevos descubrimientos y conocimientos que iba realizando.
Peter creció, y con él sus conocimientos.
Un día cuando esperaba a su padre en la escalera de la biblioteca, lucía una impresionante sonrisa, impropia de él. Tenía una carta en la mano y se la entregó a su padre. Su padre la leyó y con los ojos humedecidos por la emoción, supo que su hijo había realizado las pruebas para entrar en la universidad de Oxford, para estudiar biología. Padre e hijo se abrazaron.
Peter fue a la universidad, y acabó biología con una calificación excelente. Peter consiguió un puesto de investigador en la prestigiosa universidad donde había estudiado.
La ciencia le daba a Peter lo que los amigos, y la sociedad le habían negado. Era feliz.
Un día recibió una carta. Cuando la abrió no se lo podía creer: lo habían nominado para un premio nobel por su investigación en el campo de la biología. Peter no lo dudó, fue a buscar a su padre porque quería compartir con el hombre que le había abierto los ojos a la ciencia aquel premio que en realidad era de los dos.