Radu y el insólito experimento

La carta decía así: estas líneas,Ana, son solo para ti y te serán entregadas poco después de que te deje. No te alarmes, intento explicarte lo que Ionescu pretende hacer conmigo después de morir. Estos últimos días he puesto un gran empeño en hablarte de él pero tú te has negado .Si tan sólo comprendieras las intenciones de Ionescu... Prométeme que, a partir de este punto, leerás detenidamente mi relato entero.
No me hace falta mencionar la situación en la que me llevó mi enfermedad. Aún lamento la irresponsabilidad de no haber acudido antes al médico. El cáncer es uno de los pocos males que no pueden curar los fármacos. Sin embargo, queda la cirugía que extirpa el cáncer a condición de que no se haya extendido demasiado. Pero en mi caso, demasiado avanzado, la invasión del páncreas acabó con mis expectativas de sobrevivir.
Estaba yo, en el hospital, con esperanzas de vida entre 1 o 5 meses, hasta que aparece Ionescu. Ocurrió hace 4 semanas antes de tu hora de visita. Estaba muy contento. ¡Radu! Eres justo la persona que estaba buscando.
Es cierto que Ionescu y yo nos entendimos muy bien. El es un mágnifico neurocirujano.
- “Dentro de unas semanas estarás muerto, ¿cierto?”
Era una pregunta ruda y demasiado directa.Creí razonable evitar ese tema
-“Todo se puede evitar mi querido Radu”- dijo entonces.
-“¿Qué quieres decir?” - pregunté nervioso.
-“ Quiero decir que estoy trabajando en un experimento y a ti podría aportarte grandes beneficios incluso después de muerto.”
-“No te entiendo ”
-Escucha atentamente, te tengo preparada una propuesta bastante interesante. Hace tiempo contemplé un corto donde se mostraba que el cerebro puede seguir con sus actividades siempre que reciba sangre suficientemente oxigenada. Quiero probarlo en un humano. ¿Qué te parece?
- Es una idea repugnante.
-Radu,piensa en tu cerebro. Está en perfectas condiciones.Almacena una vida de estudio. Te ha costado años convertirlo en lo que es para que ahora se vea obligado a morir con el resto del cuerpo.
-¿De qué podría servir mantener vivo mi cerebro si prescindo de los sentidos?
-Creo que podría proporcionarte un cierto grado de visión. Ahora cabe decir que, mientras estás vivo, no te tocaré ni un pelo.
-No quiero oír más.
-Espera, aún no has oído mi manera de proceder.
No me dejó protestar.
-Lo primero que haría sería asegurar el aporte de sangre con la ayuda de un corazón artificial. Una vez que el corazón para de bombear, los tejidos cerebrales mueren con gran rapidez. Luego localizaría los conductos por los que discurre la sangre hacía el cerebro. El cerebro recibe sangre de las arterías carótidas y esta es evacuada por dos venas: las venas yugulares.
-¿A continuación qué harías?
-Hincaría en cada una de ellas una aguja hueca, estas, a su vez, las conectaría al corazón mecánico mediante tubos. Lo pongo en marcha y tu cerebro tendría restablecida la circulación sanguínea.
Continue inmóvil.
El siguiente problema estaría en retirar el cadáver de tu cabeza. El cráneo también lo desprendería con una sierra. Este cuenta con tres capas independientes a su alrededor: la duramadre, la aracnoides, y la piamadre. Entre esas membranas se fábrica el líquido cerebroespinal, yo las dejaría intactas. El paso que sigue a continuación es el más complejo: descortezarte el cráneo y retirar los laterales del cerebro. Ahora queda unido por la columna vertebral y debo seccionar justo por primera vértebra cervical. Asimismo tendré preparada una cubeta llena de formol. Trasladaría todo a la cubeta: cerebro y arterías y venas y, en cuestión de segundos, activaría el corazón mecánico.
-Por supuesto. Por cierto, podría conseguirte un ojo dejando intacto un nervio óptico. He construído una especie de funda que sustituye la cuenca del ojo, esta y el globo ocular flotarán sobre la superficie del formol. Desde ahí, estarás observando el mundo desde tu cubeta.
-Una úlima pregunta. ¿Cuánto tiempo podrás mantenerlo vivo?
-¿El cerebro? Quien sabe... Las condiciones serían ideales, temperatura, presión... Calculo que podría vivir casi doscientos años. Mañana pasaré a verte.
Y así es como se marchó,dejándome en un estado turbador.
No estaba seguro, quería retroceder. Había algo muy repulsivo en que yo, accediera voluntariamente a verme reducido a un cerebro en un poco de agua. ¿Y si esa experiencia era realmente insufrible y dolorosa? Ya no podría ni siquiera echar a correr o gritar...
Me pasé largo rato pensando en aquello. De pronto se me ocurrió que,al igual que los que han sufrido una amputación de piernas experimentan la ilusión de que aún la tienen, podría suceder algo parecido respecto a mi cuerpo y cerebro. Seguir sintiendo calambres en la pierna, o un dolor de muelas muy atroz...
Aún así, al avanzar el día, cambíé de actitud y consideré verdaderamente la propuesta de Ionescu.