Un profundo sueño

Me desperté sofocada y rápidamente me senté en la cama con las manos en la cabeza, bebí agua del vaso de mi mesilla y tras ello miré el reloj, las 5:47 a.m. Respiré hondo varias veces e intenté tranquilizarme y cuando lo conseguí pensé en mi horrible sueño: Estaba entre cuatro paredes que cada vez iban acercándose más a mí, tanto que acababan aplastándome. Volví a tumbarme en la cama e intenté dormir. Por la mañana me levanté y mientras desayunaba le conté a mi madre la pesadilla que había tenido. Mi madre no le dio mucha importancia ya que apenas me había escuchado y respondió con un simple “muy bien cariño” yo no quería discutir así que decidí pasar del tema. Miré el reloj y vi que se me hacía tarde así que cogí mis cosas y sin acabar ni siquiera de desayunar me fui al instituto. Las tres primeras horas, se me hicieron eternas pero por fin llegó la hora del recreo, cogí mi almuerzo y me reuní con mis amigas. Nos dirigíamos al patio. Yo ya había empezado a comer, ya que al no acabar de desayunar estaba hambrienta. Al llegar, nos sentamos en el banco de siempre y cuando ellas empezaron a comer yo ya había acabado así que me dispuse a contarles mi sueño. A mis amigas les fascinó bastante mi historia pero pronto cambiamos de tema. Horas después llegué a casa, comí, hice mis deberes, me duché, cené y nada más terminar me fui a dormir porque estaba muy cansada porque mi pesadilla no me había dejado descansar. Al día siguiente me desperté y me preparé para ir a clase. Mientras desayunaba intentaba recordar lo que había soñado la noche anterior, pero no conseguía recordarlo. Pasaron los días y yo llevaba varias noches sin recordar lo que soñaba, hasta que una mañana conseguí recordarlo: Yo iba caminando con una chica a la que no conocía de nada pero parecía ser mi amiga, de repente empezó a seguirnos un gato, el cual no le dimos importancia, pero cuando volvimos a girarnos hacía como doscientos gatos detrás nuestro, echamos a correr y hasta ahí es donde recuerdo. Me fascinaba lo extraños que podían llegar a ser los sueños y empecé a pregúntame... ¿Por qué lo hacemos? ¿Por qué a veces recordábamos los sueños y otras no? ¿Por qué tenemos pesadillas? De repente todo mi mundo giraba en torno a eso, los sueños, así que me puse a investigar. Descubrí que para soñar se necesita el cerebro casi en su totalidad y que la única parte que no funciona mientras soñamos es el centro lógico y por eso muchas veces nuestros sueños son tan irreales. Soñamos por la simple razón de que nuestro cerebro desecha y selecciona recuerdos durante ello. Pensaba en lo maravillosa que era la mente y de pronto, una idea se me vino a la cabeza. ¿Por qué no fabricaba una máquina con la que consiguiera meterme en los sueños de la gente? Por muy loca que pareciera mi idea yo me puse manos a la obra. Pasó mucho tiempo hasta que acabe mi artefacto. Había tenido muchos percances y lo repetí varias veces dando con los fallos hasta conseguirlo. Esa misma noche tenía que probarlo, así que a la 1:24 a.m. me escapé de casa y me colé encasa de Ana, mi mejor amiga. Lo enchufé, me lo coloqué a modo casco y conecté una pequeña pegatina en la sien de Ana. Conté del tres al uno y cuando abrí los ojos me veía en un mundo irreal donde Ana aparecía. ¡Lo había conseguido, estaba metida en el sueño de Ana! Era tan fascinante… Cuando acabó ese sueño recogí mi artefacto y me dirigí a casa. Me había quedado con ganas de más así que pensé que parar por algunas casas más no estaría mal. Pensé a donde ir y decidí que iría a casa de Marina, de Sofía, de Manu, de Elena… pasé por todos sussueños, era maravilloso. Al día siguiente en la hora del recreo todos mis amigos me dijeron que aquella noche había aparecido en sus sueños. Yo quería guardar mi secreto así que puse cara de sorpresa. Todas las noches fueron así, una detrás de otra. Yo cada vez estaba más obsesionada y acabé por enloquecer. Quise mejorar mi invención pero algo salió mal. A la noche siguiente fui a casa de Ana de nuevo, como todas las anteriores. Seguí el proceso de siempre y me metí en su sueño. Cuando acabó me dispuse a salir de su mente pero no podía. Probé de todas las maneras posibles pero nada funcionó. ¡Había quedado atrapada en la mente de Ana! Y poco a poco había acabado convertida en un simple sueño.