Las raízes del esfuerzo

Ahmad era un joven sirio de 17 años. Por las guerras constantes de su país, su familia y él se vieron obligados a emigrar. Ahmad era muy curioso y le encantaba leer libros. Sobre todo le gustaba leer enciclopedias sobre la medicina. Su familia era muy pobre además, lo poco que tenían se vieron obligados a dejarlo atrás.
Ahmad además, estaba muy triste aunque intentaba disimularlo, ya que no quería que su hermana pequeña Lina lo estuviera también. La familia Ahvés se quería dirigir a Grecia, pero tras pasar varias fronteras y llegar a su último paso hacia una nueva vida se encontraron con la frontera cerrada. Ahmad y su familia se establecieron en un campamento de refugiados situado a pocos kilómetros de la frontera.
La familia con poco era feliz e intentaban pensar que todo eso era una pesadilla y que al despertar estarían a salvo, en su cama. La pequeña de la familia no entendía qué estaba pasando, pero aun así seguía con una sonrisa en la cara. Ahmad conoció a muchos niños en su misma situación y eso le ayudó a coger fuerzas. Todos los días quedaban unos cuantos y jugaban con lo poco que tenían, por ejemplo, al escondite…
Ahmad leía todos los días las enciclopedias que se había podido llevar antes de marchar pero pronto se acabó de leer todas. Lo que más le gustaba era curar a la gente. Con las malas condiciones de vida de esos campamentos había muchos enfermos y aunque él no pudiera hacer nada para curarles conocía perfectamente la enfermedad y sus síntomas.
Con el paso de los días se convirtió en el médico improvisado del campamento y pudo salvar con lo poco que tenía a muchos pacientes. Todo el mundo estaba encantado con él y le trataban con mucho respeto.
Tras un año atrapados en el campamento abrieron la frontera durante unas horas. La familia Ahvés nada más llegar a Grecia se instaló en un pequeño piso que el Gobierno griego prestó 1 año hasta que la familia encontraran un nuevo hogar. En ese tiempo Ahmad empezó a estudiar una carrera de medicina subvencionada por el Gobierno de Grecia.
Seis años más tarde Ahmad se graduó en medicina y su familia estuvo muy orgullosa de él. Nada más acabar la carrera encontró un trabajo maravilloso en un laboratorio de investigación y muy bien pagado. Él sin pensarlo aceptó el trabajo en el que destacó mucho. Tras 3 años de investigación descubrió una inyección la cual sería la cura para el cáncer. Con ese descubrimiento Ahmad fue premiado con el Premio Nobel De Medicina.
Además, realizó muchas charlas para jóvenes. En ellas explicaba que no hacía falta tener mucho dinero para ser feliz o para destacar en algo, que lo importante eran las ganas que le pones. Gracias a su experiencia como refugiado aprendió mucho de la vida, pero también sufrió mucho ya que allí las condiciones eran pésimas.
Ahmad tenía mucho dinero gracias a sus descubrimientos pero no quiso cambiarse de casa, comprarse un coche nuevo…,es decir lo que habría hecho cualquier persona. Él y su familia habían sufrido mucho y no querían que a nadie le pasara lo mismo y por eso donó una cantidad de 500.000€ a una asociación en ayuda a los refugiados.
Él no se dio por satisfecho nunca y tras el descubrimiento de la cura del cáncer se puso a investigar en una enfermedad llamada diabetes. Un tiempo más tarde descubrió la procedencia de esa enfermedad e inventó una vacuna que te permitía consumir todo tipo de alimentos sin ningún peligro.
Años más tarde decidió jubilarse debido a su avanzada edad, pero pese a su jubilación siempre estuvo presente en la medicina.
Ahmad Ahvés murió con 98 años en su domicilio de Atenas, pero dejó huella en la medicina y nadie jamás podrá olvidar su nombre.